Mi esposa argentina 8 parte 6
El teléfono suena en la oscuridad de la noche. Es ella, pero su voz no es la de una esposa asustada, sino la de una mujer que ha cruzado un límite del que no hay retorno. Mientras él lucha contra el tiempo para salvarla, ella descubre que el miedo se transforma en placer bajo las manos de sus captores.
MI ESPOSA ARGENTINA 8 Parte 6
_Hola, Fer…._
_Hola amor….._ dijo ella y entonces escuché como un ruido sordo, como si alguien batiera las manos, como un suave aplauso.
_ ¿Te han dejado llamar? ¿Estás bien? ¿No te han hecho daño?_
_No….no me han hecho daño… ¿cómo están los chicos? ¿Cómo está el bebé?_ dijo ella, su voz sonaba tensa, contenida, era normal que así fuera y luego escuché ese sonido ahogado y ella que parecía contener la respiración.
_Están bien, el niño se alimenta bien con el biberón, dicen las autoridades que es cuestión de horas para que depongan el motín _
Hubo un silencio.
_ ¿Fernanda, estás ahí?_
_Si Carlos, no te preocupes por mí, sé cómo arreglármelas……_
Entonces escuché una voz, grave, arrastrada, rasposa.
_Su esposa es una buena chica, muy obediente….._ dijo la voz, pero como desde lejos, no hablaba directamente al móvil.
Plasssss!!....plasssss!!!
Entonces no tuve dudas, le estaban azotando el culo mientras hablaba, era evidente, por los respingos que daba ello, luego de cada golpe.
_Pronto acabará esta pesadilla….._ dije
_Son dos viejos, Eladio y su amigo, los que me están azotando el culo, yo estoy contra la pared_ dijo Fernanda
_Le vamos a desfondar el culo a esta puta, cornudo…._ dijo la voz cavernosa y la llamada se cortó.
El móvil me temblaba en las manos.
_A ver cómo estás de llenita_ dijo Eladio y me tiró de la camiseta para arriba, el otro viejo abrió los ojos como platos al ver mis tetas desnudas, levanté los brazos
_Quítatela y siéntate en la silla_ dijo, obedecí
Ellos estaban de pie, mirándome los pechos.
_La madre que me parió, en mi vida había visto semejante par de berzas como estas…_ dijo el viejo Marcelino
_ ¿Has visto? Ahora hay que sacarle la leche a esta vaca…_dijo Eladio y me acarició la barbilla, le miré con reproche
_Coge esas sillas_ le dijo a Marcelino
El viejo cogió las sillas en las que habían estado jugando a las cartas.
_ ¿Cuál te mola más, la derecha o la izquierda?_ dijo Eladio y sopesó mis pechos, estos cayeron pesadamente luego de cada toque.
_Me da igual_ dijo el viejo
_Pues siéntate aquí_ dijo Eladio y le señalo la silla a mi izquierda.
_ ¿Qué pasa? ¿No te bastas solo para humillarme?_ dije
PLASSSSSS!!!
Eladio me dio un bofetón en la mejilla que me dio vuelta la cara.
_Las putas solo hablan cuando se les ordena_ dijo y se sentó en la silla a mi derecha, nuestras piernas se tocaban.
Una mano de Marcelino, se deslizaba por mi pierna.
_Hay que chupar de estas ubres como dos terneros sin madre_ dijo Eladio, la cicatriz de su cara parecía latir, me daba cuenta que cuando se ponía así, sobre excitado y furioso, el párpado de la cicatriz se le movía compulsivamente.
_A mamar se ha dicho, Eladio, bendita sea tu gracia, hijo_ dijo Marcelino y su boca fue hasta mi pezón que ya estaba humedecido por las secreciones.
Sentí el chupetón feroz, violento, la leche comenzó a brotar, la boca del viejo era áspera y presionaba el pezón como un cerrojo de hierro.
Eladio miraba con los ojos desorbitados y llevó su boca hasta el otro pezón, también sentí la leche materna brotar de ese otro pecho cuando el viejo comenzó a sorber
Era succionada por los dos viejos al mismo tiempo, el culo me ardía por los azotes, sobre la silla.
Mmmmmm…. chup….chuppp glup…… las bocas sobre mis pezones hacían ese ruido de sorbete, pegadas las dos cabezas a mi pecho, la calva de Eladio y el pelo canoso y pajoso de Marcelino.
Y sus manos sarmentosas recorrían mis piernas, mis muslos firmes y sobre ellos esas manos arrugadas y luego las manos se metían por dentro del tanga y lo estiraban y arrugaban y llegaban hasta mi coño y también apretaban mis tetas mientras mamaban, como ordeñándome.
Y luego sus dedos me penetraban y cerré los ojos y todo mi cuerpo era mancillado y sobado de una manera como nunca antes y era humillante, ser rebajada a un animal que da leche, que debe ser ordeñado y exprimido y entonces mis manos fueron hasta las cabezas de esos dos viejos y las toqué y luego las acaricié, su nucas y sus pelos ralos y sus orejas deformadas por la edad y cubiertas de arrugas y suspiré.
Y después gemí, a pesar mío, contra mi voluntad.
AH….oh!.....OHH!!!.......AHH!!!....
Eran gemidos cortos y sus dedos ya estaban dentro de mi coño mojado y ellos redoblaron la mamada de mis tetas al escuchar esos gemidos indisimulables de placer.
Y yo acariciaba sus cabezas, mis dedos se enroscaban en los pelos canosos de Marcelino y presionaba ambas cabezas contra mis tetas y me retorcí en la silla y ellos se ponían como locos en la medida en que yo reaccionaba a sus caricias y a sus bocas.
_Como me chupan las tetas….hijos……..hijos de puta….._
Y casi el fallido de haberles llamado hijos, la conciencia de estar alimentándolos con mi leche y el alivio que sentía de vaciar mis pechos.
_Como me chupáis las tetas….hijos….hijos míos….hijos de puta……_ la necesidad y el morbo de decirlo simulando un acento castizo, de usar el vosotros.
_Me estáis vaciando…….hijos de puta………chupen mi leche….forros…..hijos de puta….._
Pensé en Rómulo y Remo, amantados por una loba, yo era esa loba, yo era la madre tetuda de estos miserables.
En ese momento la puerta se abrió, era el chileno, se quedó mirando, mi rostro lloroso, descompuesto, esos dos viejos prendidos a mis tetas.
El chileno sonrió maliciosamente, se pasó la lengua por los labios, tenía un rostro cobrizo, aindiado, luego se tocó la verga por sobre el pantalón.
_Dios…..me están matando…..me están….me van a hacer acabar….hijos de puta….pelotudos de mierda….._ dije y mi espalda se arqueó con el primer espasmo.
_Mmmmmmm….!!!!........glup……..glupp……
_Ah!.....Ohh!!!......Ah!!.....AHHH!!!_
Se solapaban los ruidos de la penetración acuosa de los dedos sobre mi concha empapada y los gorgotones y chupeteos de las bocas sobre mis pezones y me di cuenta de que iba a acabar como una yegua, que era una cosa, un trapo en sus manos y que les iba a dar el putísimo gusto de correrme como una zorra.
_Voy a acabar…forros de mierda….no respetan nada….no respetan una madre………_ dije
El chileno seguía sonriendo, el cigalita estaba también mirando en el marco de la puerta, su rostro de malayo andaluz miraba sin expresión ninguna pero sus ojos estaban dilatados y fijos en mí.
_¡¡¡ACABO…..LA PUTA MADRE!!!!!!!......... ¡¡ACABO!!!!!!!!.......... AHHHHHHHHHHHHHHH!!!!_
Mis tacones empezaban a resbalar sobre el suelo, sin poder afirmarme, las bocas seguían sobre mis tetas y los dedos gruesos de esos viejos me apuñalaban el coño.
El chileno cerró la puerta con lentitud y se marchó.
Eladio fue el primero en levantar su cabeza y comenzar a besarme en la boca, mientras Marcelino seguía succionando mi teta.
Yo respondía a sus besos, nada me importaba, era suya, era su puta, decidí asumir ese papel y hacer de él mi refugio, el caparazón de la tortuga, la vulva de la ostra y luego Marcelino también levantó su cara y nos besamos, esa nueva boca de viejo tomaba posesión de la mía y los dos me besaban, el cuello, las mejillas, las orejas, la boca, las dos bocas de esos viejos ahora me babeaban y lamian toda la cara, como antes habían hecho con mis pechos.
Y yo con mi lengua respondía la lengua sucia de esos dos y mi boca se chocaba con la de ellos y se separaba con un ruido de succión, me chupaban la boca como antes las tetas
_Ahora debes sacarnos nuestra leche_ dijo Eladio
Y entonces bajó sus pantalones y liberó su verga monstruosa.
_Dame tu pija, hijo de puta…..que la voy a chupar toda….-_dije y entonces el otro viejo también dejó caer sus pantalones y su verga era más pequeña que la de Eladio, pero muy gorda, y curva.
Me la metí en la boca y enseguida mi nariz se saturó de ese olor fuerte y acido, como de leche cortada y agria, no me importó, el viejo me agarraba del pelo y yo con mi mano pajeaba esa cosa bestial que era la verga de Eladio.
_ ¿Ves lo buena mamona que es?_ dijo Eladio
_Que boquita tiene….la muy putilla_ dijo Marcelino
_Psicóloga, argentina, pija…..y zorra, calienta pollas, putilla, tetuda, coño caliente, culo traga pollas_ dijo Eladio y con cada adjetivo parecía que mi coño se mojaba otro poco y con una mano cogí la polla de Eladio y me la engullí como para hacer que se calle de una vez y sacudí la gorda y venosa polla del otro viejo y una mano me retorció un pezón.
_Que guapa es esta zorrita_ dijo Marcelino
_Que careto tiene…..cara de ángel, cuerpo de puta, traga pollas…._ dijo Eladio
Mi boca iba de una polla a la otra y ellos empujaban mi nuca y tironeaban de mi pelo con violencia y mientras le mamaba la polla a Marcelino, Eladio golpeaba con su polla mi mejilla abultada por la polla del otro y luego también azotaba con su verga mi pecho derecho y mi cuello.
_A esta hay que follarla bien para que aprenda lo que es un verdadero macho_ dijo Eladio.
_Yo la secuestraría y me la follaría por el culo un mes seguido, sin parar_ dijo el viejo
_Yo haría que comiera mi mierda y tragara mi meada, la alimentaría así y la haría engordar hasta que se convierta en una vaca gorda y carnosa…._ dijo Eladio
_Le tatuaría mi nombre en cada teta y en las nalgas le haría tatuar, Soy la puta de Marcelino_
_Vamos a llamar al chaval de los tatuajes y la vamos a marcar como un buey_ dijo Eladio, de pronto sentí miedo, de que me desfiguraran, de que me marcaran y me mataran.
Me refregué las pollas de los dos por la cara, por los labios me saturé de los olores fuertes de esos dos viejos.
_Mira, se le ve el miedo en los ojos…._ dijo Eladio y entonces me escupió en la cara y luego me besó en la boca cogiéndome fuerte la cara con las dos manos.
_Descuida, no voy a arruinar algo tan bello_ me dijo en el oído y me golpeo con su polla, los pómulos y la boca, el otro viejo se masturbaba a pocos centímetros de mi cara.
Vi sus huevos rugosos, colgándole, fláccidos y les pasé la lengua, la mano de Marcelino presionó mi nuca y lamí y comí esas pelotas peludas y colgantes, me llené la boca de pelillos, escupí a un costado como una guarra, ordinaria, vulgar y volví a besar esas bolas de viejo y lamer y chupar y luego bese y lamí los huevos de Eladio.
_Como le gusta comer las pelotas de su macho_ dijo Eladio
_Ponte un huevo en la boca, cariño_ dijo Marcelino, por primera vez se dirigía a mi directamente, atrapé un testículo y tiré de él y lo mire, el viejo acarició mi pelo, como quien acaricia una mascota.
_Ahora el otro huevo_ dijo, atrapé el otro y me lo metí en la boca y le estiré el pellejo con piel de pollo y volví a mirarle a la cara.
_Que ojos tienes, me cago en dios_ dijo y aferró mi pelo y luego metió su polla en mi boca y comenzó a correrse, sentí alivio y placer, había acabado con él, sentí el semen acido penetrar mi garganta y tragué, todo, los chorretones impactaban en el fondo de mi garganta y yo los deglutía, agrios, leche agria de viejo entrando en mi cuerpo.
Las piernas le temblaban y me aferré a ellas, tropezó y estuvo a punto de caer sobre mí, lo sostuve, como un muñeco que perdía vida a medida que vaciaba sus pelotas en mi estómago.
_Gracias……niña…_ dijo y me acarició la cabeza y le correspondí acariciando el costado de su pierna, casi maternalmente.
_Sois dos tortolitos…_ dijo Eladio, cogió mi cara con las dos manos y me encastró la polla en la boca.
_Abre bien la boquita, joder y mírame……._
Le miré con los ojos bien abierta, su polla era tan grande que mi boca se abría desmesuradamente y una sensación de arcada me llegó desde la boca del estómago.
_Que cría más malcriada eres, todos te bailan el agua ¿verdad? Pero aquí vas a aprender……yo te enseñaré_ dijo y me folló la boca, una, dos, tres veces y luego comenzó a correrse dentro de mí garganta.
Acabé el trabajo, llegué a casa, mi madre distraía a la niña, le di su biberón al pequeño Manuel.
Miré el telediario, era el segundo día del motín y se esperaba que no durara mucho, alguien de la policía me había dejado su número, le llamé, no había novedades por el momento.
Las horas pasaron como un sueño, me metí en la cama, no podía dormir.
_Son dos viejos, Eladio y su amigo, los que me están azotando el culo, yo estoy contra la pared_ me había dicho Fernanda, entendía perfectamente porque había hecho eso.
Era un mensaje secreto a través de las líneas enemigas, un código que solo ella y yo podíamos entender.
En definitiva éramos una pareja y teníamos nuestro propio lenguaje, nuestro propio idioma.
Me imaginé a esos dos viejos, azotando el perfecto y blanco culo de mi esposa hasta dejarlo rojizo y ardiendo. Me masturbé, me corrí, dormí unas horas, hasta que el niño se despertó en medio de la noche.
Luego de que Eladio se corriera en mi boca me dormí, estaba rebajada a esa servidumbre, dar de amamantar a ese viejo, follar con él y dormir, como una forma de evasión.
Me desperté, me pareció que comenzaba a anochecer, encendí una lámpara. Escuchaba voces del otro lado de la puerta, en el pasillo.
Llevaba puesta esa camiseta celeste y las bragas, me levanté descalza y miré el vestido azul que estaba sobre la cama de enfrente.
No era un vestido.
Era un uniforme, de guardia cárcel, de guardia femenino. Lo sostuve entre mis manos.
Era muy pequeño, no era de mi talla.
Mis pies chocaron con algo que estaba en el suelo.
Botas, de cuero y altas, me quedarían hasta las rodillas por lo menos.
¿Eladio esperaba disfrazarme con eso? Era evidente que sí.
¿Qué planes tendría para conmigo? Tal vez fuera la última noche del motín, no creía que pudiera hacer durar esto indefinidamente.
Toqué la tela áspera del uniforme, servicio interior decía en la solapa. Me quité la camiseta, Me lo puse, era muy pequeño y la falda quedaba muy corta, fui hasta el baño, descalza, me quedaba muy ceñido, me lo abotoné, los pechos me dolían otra vez.
Escuché la puerta abrirse.
_ ¿Dónde está mi doctora favorita?_ dijo
Salí del baño, la cicatriz de su ojo izquierdo fue como un imán para mis ojos, nunca me acostumbraba a ella.
Ese hombre era esa cicatriz y su verga, esa inmensa pija larga y venosa, las dos cosas eran los atributos del mando, los símbolos de su poder.
_Joder, ya te lo ha probado, que guay te queda, tía_ dijo admirativamente
Yo todavía estaba descalza, se acercó a besarme, su aliento a tabaco y alcohol me llenó la boca y la nariz.
_ Es muy pequeño, de talle, digo-
_Puedes desabrocharte unos botones y debes ponerte el cinturón.
Era un cinturón tipo militar, con una hebilla de plástico, Eladio me lo ajustó a la cintura.
_Ahora las botas_ dijo luego
_ ¿Es necesario? No creo que sean de mi talla_
_Son de tu talla, no te preocupes_ dijo
Tenía razón el maldito, me fui poniendo esas botas, tenían un tacón muy fino, eran botas de putón de eso no cabía duda, me llegaban hasta las rodillas.
_Te diviertes ¿no es verdad?_ dije
_Joder que sí, quiero verte desfilar_ dijo
_ ¿Tienes una pasarela de modas también?_ le dije
_Joder que guapa eres, pero maquíllate un poco, ya verás que pasarela de moda tengo para ti_ dijo con una sonrisa mefistofélica.
Cogí el maquillaje de mi bolso, me puse un poco de base e iluminador y muy poco rubor, apenas me pinté los labios, difuminando con el dedo.
_ ¿Así estoy bien?_ dije, de pronto me sentía poderosa, también me había subido la adrenalina.
_Estás de muerte_
La palabra muerte, en su voz sonaba aterradora, aunque la usara como un elogio.
_ ¿Has tenido miedo en tu vida?_ preguntó
_Si, algunas veces_ dije
_Pero eres valiente, se nota eso_ dijo
_No lo sé, nunca había estado frente a un peligro real, hasta ahora_ dije
_Ya te he dicho que no corres ningún peligro_
_Si, ya me lo has dicho_ dije
Salimos al pasillo, una corriente de aire frio me pegó en el rostro, allí estaban el chileno, Marcelino, el cigalita, y Chema, el gigante de los tatuajes.
_ ¿Vamos con los colombianos, mi jefe?_ dijo el chileno
_Vamos a hacerle una visita a esos caballeros_
Un temblor de miedo me sacudió el cuerpo.
Cruzamos otra vez un largo patio y un pasillo desierto y luego otro, mis taconazos resonaban en el suelo desnudo, con ese eco lúgubre del lugar, ya estaba muy oscuro, de pronto vi uno presos cerca de una puerta con rejas, tenían el pelo rapado y ojos achinados, me miraron de una manera bovina, parecían vacas mirando el paso del tren.
Me estremecí de miedo.
Y luego dimos con un largo pasillo, a cada costado había celdas, me di cuenta por las puertas de hierro abiertas y los presos fumando, no se habían percatado de mi presencia.
_Aquí tienes tu pasarela de moda, es un público de lo más exigente_ dijo don Eladio.
Le miré, el viejo sonreía, los otros estaba serios, los rostros comprimidos en una mueca de crispación.
_Bueno, vete caminando hasta el fin de ese pasillo y luego das la vuelta de regreso, te aconsejó que no mires a los costados_ dijo don Eladio
_Tú…….tu vienes conmigo ¿No es verdad?_
_No, doctora, debes ir solita, yo haría una mala figura caminando contigo_
_No….no puedo….no…..-
_ ¿Confías en mi o no?_ dijo cogiéndome de los brazos, su rostro era un amasijo de ira, nunca tuve tanto miedo de él como en ese momento.
No tenía opción.
Avancé un paso, al primer eco de mi tacón golpeando en el suelo, varios rostros se giraron hacía mí, un preso salió al medio del pasillo.
Había varios rostros achinados, aindiados y algunos negros también.
Avancé, las piernas me temblaban, alcé los ojos al frente, traté concentrarme en la última luz en el techo al final de ese pasillo.
Me giré para ver a Eladio, estaba de pie junto a sus hombres, en las manos creí ver armas, pinchos, puñales carcelarios.
Creo que en ese momento tuve miedo por mi vida, no que me violaran, sino a morir, en medio de una pelea de pandillas.
Don Eladio me estaba usando como carnada o provocación y me iban a matar a puñaladas en medio de la sordidez de una cárcel, y así acabaría todo, la preciosa e inútil vida de Fernanda Barton.
Adelante una pierna, los muslos quedaban al descubierto pero ya nada podía hacer, miré hacia abajo, a mis senos, el botón desbrochado insinuaba el nacimiento de las tetas y el uniforme era tan ceñido que estaba a punto de reventar.
Levanté la vista y un gigante con el torso desnudo y la cabeza rapada y brillosa estaba a mi lado, mirándome fijamente, entreví la primera puerta de una celda abierta, una brasa de cigarro relumbraba en la oscuridad.
_ ¿Se te ha perdido algo, mamacita?_ dijo una voz, traté de mirar al frente.
_Pero que muslazos mi seño, por aquí no es la agencia de modelos_ dijo otro o el mismo, las voces tenían un acento centro americano, tropical.
_Me estas poniendo arrecho perdido, mi amor_ dijo otro, ahora veía como algunas figuras se cruzaban en el camino, alguien caminaba a mi lado, de pronto sentí una mano pesada en la cintura, seguí caminando, la mano me soltó.
_ ¿Estás perdida mi amorcito?_
_Que culito más rico, bebé_
Ahora ya los hombres se cruzaban en mi camino todo el tiempo y debía detenerme, me miraban directamente a centímetros de los ojos y luego se apartaban.
_Ven para mi chabolo, mi amor_ dijo otro y me tomó la mano, seguí caminando, ahora mis pasos eran firmes, necesitaba llegar hasta el fin del pasillo, mis tacones resonaban con cierta autoridad, el corazón me palpitaba en el pecho con violencia.
_ ¿Qué hacemos con esta perra, Ignacio?_ dijo una voz
_Tendríamos que sacarle las tripas afuera al viejo y darle por el ojete a esta puta_ dijo alguien a mi costado.
_Déjenla a esta cosita rica que haga lo suyo, ya le daremos lo suyo al verraco ese_ dijo una voz cantarina, también parecía caminar a mi lado.
_Como usted diga, mi jefe_ dijo otro
_Yo a esta me la cogía a pinga floja contra la pared_ dijo otra voz.
Llegué al final del pasillo, me giré, todos los rostros estaban vueltos hacía mí, serían unos 20 por lo menos.
Pensé que no iba a ser capaz de hacerlo.
Comencé a caminar hacia ellos, algunos sonreían, otros tragaban saliva y en otros vi deseo y admiración y en otros vi temor.
Mi presencia los cohibía, los atemorizaba también, caminé con más firmeza, mis caderas se movieron de un modo sinuoso sin que pudiera evitarlo, mis pechos, hinchados de leche hicieron fuerza sobre las costuras del uniforme.
Se apartaron como las aguas del mar, me hicieron lugar para que pasara, los rostros achinados, los torsos tatuados, los brazos y los cuellos llenos de tatuajes.
Y luego como una mar que abre sus aguas y luego se cierra, se cerraron sobre mí y me vi cara con alguien.
Era alto y tenía el rostro magullado, la boca lastimada y un ojo tumefacto, la calva rasurada, tendría unos cincuenta años.
_Así que tú eres la puta argentina del viejo, la psicóloga_ dijo
_Si_ dije, me había detenido frente a él, sentí todos los cuerpos sudorosos y musculosos apretujarse a mí alrededor.
_Tus chillidos de cerda se escuchan por toda la cárcel, dicen que te da por el culo y que te encanta eso…._
_ ¿Sí?.......debe ser verdad entonces….._ dije, de pronto me sentí crecida frente a él, porque se veía la admiración y el deseo que había en su único ojo sano.
_Dicen que el viejo tiene una verga enorme, mi reina ¿te gusta eso?_ dijo
Ahora los cuerpos se apretujaban contra mí de un modo descarado, sentía dedos y manos que me tocaban el culo y la cintura.
_Si….me gusta eso…….a don Eladio no va a gustarle que no me dejen avanzar….._ dije, inexplicablemente no tenía miedo en ese momento.
_ ¿Y usted cree mi reinita que va a venir aquí a pasearse con esos tetones y ese culo y esa carita y que no va a pasarle nada?_
Entonces escuché un ruido desde el fondo del pasillo, como un cuchillo golpeando contra el suelo.
_Mi nombre es Ignacio….Ignacio Varga, volveremos a vernos mi reina _ dijo y se apartó, los demás también se echaron hacía atrás, fue como si mi presencia los barriera, seguí avanzando, don Eladio, me miraba sonriente.
_Muy bien, doctora, lo has hecho muy bien_ dijo y me tomó de la cintura, con los tacones de las botas quedaba yo más alta que él, así que debí inclinarme para besarle, nos dimos un largo morreo, mientras los hombres de las celdas nos miraban y frente a los propios compinches del viejo.
Esta vez me cogió de la mano y así caminamos hasta la enfermería, al llegar al quirófano que usaban de comedor, me llegó un olor penetrante a comida.
El andaluz que había matado a la mujer estaba cocinando una paella en un hornillo, la mesa estaba puesta, alguien destapó una botella de vino, me ofrecieron un vaso.
_No puedo beber alcohol, estoy dando el pecho_ dije
_Ahora vas a beber, a los niños que vas a amamantar esta noche no les hará daño_ dijo el viejo con una risita cínica.
Bebí vino y luego sirvieron la paella y comí y más vino. Los hombres me miraban como una extraña.
Daniel, el chileno, era quien más hablaba conmigo, me preguntaba si conocía su país y que él había estado muchas veces en Buenos Aires.
_ ¿De qué barrio eres tú?_
_De Belgrano_
_Una cheta, como dicen ustedes ¿Jugabas al hockey?_ dijo
_Si, lo jugaba cuando era chica_
_Me imaginé, pues, con esas piernas que tienes_ dijo
_A ver, vamos a animarnos un poquillo, un poco de música_ dijo don Eladio
_ ¿Puedo bailar con la doctora?_ dijo el chileno
__Claro, hija, todos queremos verlo_ dijo el viejo y entonces vi que sacaban un polvo blanco y lo esparcían sobre la mesa y hacían líneas finas y delgadas.
Entonces comenzó a sonar una cumbia, una canción que no conocía y el chileno me daba la mano.
Y luego estaba bailando con él.
_Que bien bailas, Fernanda_ me dijo.
También él bailaba bien, no me cuesta nada acoplarme a los pasos de cualquier bailarín, tantos años de danza me habían dado esa habilidad.
_Ustedes las argentinas son las mejores_ dijo y me enlazó la cintura con una mano y me pegó a él, su mano derecha se entrelazó con los dedos de mi mano izquierda.
_Pues mira como mola la hermandad chilena-argentina_ dijo don Eladio
_Eso chavalote, a bailar se ha dicho, a mover el culito_ dijo Marcelino
Mis pies se acoplaban a los movimientos de Daniel y su pierna derecha se metía entre mis piernas, me hizo girar y entonces pegó su verga, parada y dura como una estaca, contra mi culo, ceñido por ese uniforme.
Las manos cobrizas del chileno me abrazaban por detrás, vi como sobre la mesa todos procedían a esnifar coca.
Me follarían, me cogerían como una perra, entre todos, no me daba miedo una orgía, había hecho varias ya, pero aquí todo era el doble de sórdido y marginal y no sabía cuan violentos podían ponerse.
_Que se besen, coño_ dijo Chema, el gigantón, la coca le había desinhibido de repente.
Daniel me giró la cara hacia él y me besó, muy dulcemente, tenía los labios carnosos, marrones, le faltaban algunos dientes, su lengua jugó con la mía, mientras me apoyaba la polla sobre el culo, sus brazos me presionaban los pechos, que me dolían de tan hinchados que estaban.
Besaba bien, era agradable, nos movíamos al ritmo de la cumbia.
_Ven aquí, doctora, tú también vas a probar de esta_ dijo don Eladio.
_No puedo hacerlo, debo seguir amamantando a mi bebé_
_Una vez no te hará daño_ dijo él.
No podía negarme, así que me incliné sobre la mesa y esnifé, todo se clarificó de golpe, la luz se hizo mucha más intensa, alguien apoyaba su pelvis contra mi culo.
Unas manos me levantaron en andas, tomándome por la cintura,
De pronto estaba de pie sobre la mesa.
La música era de reggaetón.
_Mueve ese culito, hija_ dijo Marcelino, batiendo palmas.
_Fuera ese vestidito, doctora_ rugió Eladio, ahora bebían de una botella de whisky, directamente del pico, comencé a bailar.
Don Eladio me estaba filmando con su móvil, me desabroché los botones delanteros del uniforme, a cada botón desabrochado, los seis hombres rugían y hacían palmas, las botas tenían unas punteras exageradas, sentía que mis piernas se movían solas, independientemente de mi cuerpo.
Me quité el cinturón tipo militar y lo arrojé al suelo, sin dejar de bailar, de moverme sinuosamente.
El uniforme tenía una cremallera en la espalda, llevé mis manos atrás y bajé el cierre, me lo quité, levantando los brazos.
Hubo un rugido ensordecedor, la música que salía de uno de los móviles pareció cobrar fuerza, vi mis tetas blancas y enormes bambolearse, comprendí que estaba desnuda ante ellos.
Chema el gigantón se tocaba la polla sobre los pantalones, el cigalita tenía la vista fija en mí y le sonreí, él no respondió a mi gesto.
El chileno también estaba filmándome con su móvil.
Toqué uno de mis pechos para aliviarlo un poco, una gota de leche asomó.
_Vaya culo que tienes_ dijo el andaluz, estaba detrás de mí, yo solo llevaba el tanga blanca que me habían dado en las duchas, era diminuto y lo tenía clavado en medio del ojete.
_Coge, ponte esto_ dijo don Eladio y me alcanzó el cinturón militar, me lo puse a la cintura y lo ajusté, agité mi cabeza, acomodé mi pelo con las manos, necesitaba que me chuparan las tetas, mis pechos estaban a reventar.
Eladio pareció leerme el pensamiento.
_Vamos a ordeñar a esta vaca argentina, chicos y luego la vamos a follar como ella se merece_ dijo
Continúa en
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