Fantasías sexuales de españolas 2 (Alessandra) V
Entre el polvo del pasado y las cajas olvidadas, la protagonista encuentra algo que no esperaba: la confesión escrita de un placer prohibido. No es solo la traición a la familia lo que la golpea, sino la revelación de una pasión cruda y secreta que su padre guardaba celosamente.
Alessandra
Hoy he estado revolviendo entre las cosas de mi padre. Por fin me decidí hacer limpieza en el trastero, empeñada en hacer sitio para poder meter la bicicleta con la que ahora me desplazo al trabajo. La mayor parte del cuarto de los trastos permaneció ocupada por cajas que él dejó cuando se separó de mi madre. Cajas que nunca vino a reclamar y que quedaron allí amontonadas, llenándose de polvo, abandonadas como los restos de un naufragio en una playa. Existía la vaga promesa de volver un día a recuperarlas como durante tanto tiempo existió en mí la vaga idea de que podían llegar a reconciliarse, que esto solo era un paréntesis y que al final él volvería. Esperanzas vanas, esas cajas deben representar para mi padre ir al pasado y ha preferido dejarlo atrás, encerrado bajo llave, abandonado a su suerte. Quizás no sea mala idea, quizás sea lo que hay que hacer. Ojalá mi madre hubiera hecho lo mismo porque han pasado dos años y aún hoy todavía no se hace a estar sola, ni tampoco se decide a iniciar una nueva vida en compañía de otra persona. Viéndolo egoístamente a mí me conviene porque no me gustaría ver por aquí a otro hombre, no me gustaría que ella dejara de volcarse en mí y de atenderme, no me gustaría tener que compartirla y que ella dejara de depender tanto de mí porque así la tengo en exclusividad, pero no debo ser egoísta, mi madre nunca lo fue conmigo, siempre se sacrificó, así que ahora yo debo velar por lo que sea mejor para ella y lo mejor es volver a vivir, con todo lo que eso significa, bueno y malo.
No es fácil para ella. Hay que ir poquito a poco. Yo creo que ya ha pasado el momento del duelo y ahora viene el momento de enfrentarse al presente. Toca empezar a andar sola y una de las primeras decisiones que hemos tomado es que esas cajas deben desaparecer. En el trastero solo hay sitio ya para nosotras dos, él ya no forma parte de esto. Es mi padre, le quiero, pero ya no está, ya no convive con nosotras y yo necesito el espacio que ahora ocupan estos objetos. Es extraño lo rápido que se acostumbra una al vacío que ha dejado y que ahora estas cajas me recuerdan.
Las voy abriendo una a una. La mayoría solo contienen ropa. El cambio de armarios de verano a invierno que nunca llegó a hacer porque se fue antes de que llegara el otoño. Suéteres con olor a naftalina, camisas arrugadas, chándales, pantalones de pana. Dos inviernos ya sin reclamar nada de esto, lo cual significa que no lo necesita ¿nos necesitará a nosotras? No lo parece porque sus comunicaciones son más bien formales ¿Lo necesitamos nosotras a él? Mi madre más que yo. En realidad, creo que solo necesitamos a la figura, no a la persona. Necesitamos a alguien que ocupe la butaca vacía frente a la tele, en la que por algún extraño acuerdo mi madre y yo evitamos sentamos. Necesitamos el sueldo que traía a casa y también que se hiciera cargo de su parte en la intendencia, de llevarnos de un lado a otro, mi madre no conduce. Su capacidad de organización, para organizar el día a día, para pagar las facturas, para que acuda a las reuniones de vecinos, para gestionar presupuestos y las averías de la casa, para tomar decisiones evitando las vueltas sin fin que mi madre les da a las cosas. Es curioso pero la procesión va por dentro y más que echar de menos al marido y al padre, lo que echamos de menos es esa pieza que falta en la familia y que hace que todo marchara como el mecanismo de un reloj. No puede fallar ninguno de los componentes, son pocas piezas y simples pero indispensables para que todo funcione. Igual hubiera sucedido si se hubiera ido mi madre o quizás si fuera yo lo que se hubiera marchado intempestivamente.
Abro más cajas. Zapatos viejos. Útiles de pesca, algunas herramientas…Hasta el momento nada salvable, todo acabará en la basura o en el centro reto del barrio. Al fondo del todo la última caja, que parece respirar agradecida tras haberle quitado todo el peso de encima. Una caja de cartón con los bordes ya rotos y agrietados. Hay que ver lo que pesan las cosas que ya no sirven. Intento moverla y me cuesta trabajo, tengo que abrirla y tirar de una solapa para conseguir arrastrarla hasta la puerta ¿Que hay dentro que pesa tanto? Un plástico cubre el interior, es plástico de forrar libros, amarillo ya del tiempo ¿Qué habrá querido proteger mi padre del agua, de la humedad? ¿tan importante es lo que había en esta caja?
Retiro el plástico y debajo encuentro revistas de pesca. Ahora las recuerdo, él solía comprarlas y le gustaba sentarse a leerlas en su sofá favorito. Lo recuerdo allí sentado con los pies en alto, hojeándolas ensimismado, como si se imaginara en aquellos lugares y no en el salón de su casa.
- Mira, aquí iré yo un día a pescar: hay unas truchas arco iris gigantes. Mira qué pasada estos siluros - Me decía cuando pequeña. Yo miraba por encima para ver qué es lo que es tanto atraía su atención ¿Seguirá pescando? ¿Habrá cumplido su sueño de visitar alguno de estos lugares?
Saco varias revistas de la caja. Pesa demasiado y no puedo moverla. Cuando la tengo medio vacía veo algo blanco al fondo que me llama la atención. Un papel claro. Termino de sacar las revistas y para mi sorpresa veo que son sobres tamaño folio. Acumulan polvo y se pegan unos a otros por el tiempo transcurrido. Abro uno de ellos y lo miro con curiosidad. Son copias impresas de mensajes de correo electrónico ¿Qué será esto? Parecen correos que mi padre haya decidido imprimir para guardarlos en papel. Es muy propio de él, odiaba leer en el ordenador o en pantallas. Por el mismo motivo que se compraba la revista de pesca, decía que lo que se leía en un formato físico calaba y se degustaba mejor. Jamás tuvo un libro digital y le costaba hasta leer los mensajes de los chats de WhatsApp. Pero ¿qué era tan importante como para que él decidiera imprimirlo y guardarlo?
Tomo el primero de los folios y empiezo a leer…
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Hola mi amor.
Quizá te sorprenda recibir este correo mío, pero es que necesitaba escribirte. Tenía la necesidad urgente de contarte todo lo que en nuestra cita no te pude decir. Cuando estoy contigo no sé qué me pasa, es tal el cúmulo de sensaciones, de sentimientos intensos y de placer que siento que no soy capaz de ponerle voz hasta que pasan unas horas. Me ocurrió la primera vez que estuvimos juntos y me ha vuelto a pasar hoy. Me cuesta encontrar las palabras, me cuesta centrarme en articularlas y darles sentido, me cuesta hacer cualquier otra cosa que no sea devorarte y ser devorada por ti. Mi única meta cuando estamos juntos es esa, consumirme junto a ti en esa hoguera que se prende cuando tu piel y la mía establecen contacto. Luego, cuando mis sentidos vuelven a ser normales, cuando no lo amplifican todo, cuando soy capaz de razonar, me doy cuenta de todo lo que has significado para mí y de que una vez más, no he sido capaz de decírtelo.
He pensado en llamarte, en ponerte un audio, en quedar solo para hablar, pero me resulta mucho más fácil escribir, siempre ha sido así, desde pequeña ya escribía un diario y es mi mejor manera de explicarme, de describir lo que siento con precisión.
Solo te pido que, si significo algo para ti, hagas tres cosas.
La primera es leer con atención lo que te escribo porque sale de mi corazón. Con la misma atención que pones en acariciarme, con el mismo ímpetu que pones en penetrarme, con la misma intensidad que pones en poseerme cuando estamos en la cama. Estas líneas son muy importantes porque expresan lo que me cuesta decirte cuando estamos juntos y tu presencia difumina mi razón.
La segunda cosa que te pido es que cuando hayas leído mis mensajes los borres. Por favor, no quiero que en el futuro ni en el presente, nadie más que tú tenga acceso a ellos. Me desnudo para ti, tanto mi cuerpo como mi alma solo son tuyas.
La tercera cosa que te pido es que por favor me contestes. Quiero saber si tú también sientes algo parecido. Sé que durante nuestros encuentros los dos estamos en comunión y que fuera del contacto físico resulta difícil comunicarnos en esos instantes. También sé que la resaca dura muchas horas y que igual que me pasa a mí, seguramente con más tranquilidad y el pulso más sereno analizarás cada encuentro nuestro. Quiero saberlo todo. Todo lo que piensas de mí y todo lo que tengas que contestar a lo que yo te escribo. Te prometo que beberé cada una de tus palabras y las haré mías igual que he bebido de tu esencia. Y también te prometo que las destruiré para que nadie las pueda usar nunca para hacerte daño, igual que te he pedido que hagas con las mías.
Hoy no puedo escribirte más. He aprovechado unos momentos que tenía libres en el trabajo, pero ojalá estas breves líneas aviven en tu mente mi recuerdo, y también el recuerdo de lo que hicimos juntos de las horas que pasamos enredados entre sábanas, disfrutando de nuestros cuerpos. Ojalá esa evocación te prepare para el próximo encuentro y te haga desearlo igual que lo deseo yo. Y ojalá también que estas palabras mías te hagan la espera más llevadera. Yo ansío recibir las tuyas.
Un beso en tu boca de mi parte.
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