Xtories

Una noche para descubrir a mi infiel esposa CapIII

Siempre creyó que conocía los secretos de las cerraduras, pero la que no podía abrir era la de su propia vida. Al escuchar los gemidos de su esposa a través de la madera, el dolor se transformó en una excitación traicionera. Ahora, en la oscuridad, solo queda una pregunta: ¿es él el verdugo o la víctima de su propia perversión?

Domadordepalabras11K vistas8.9· 24 votos

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Capítulo III

La zona de la Sierra valenciana, era el lugar donde los ricos se compraban sus chalets.

Habían algunas urbanizaciones larguísimas, donde hacían auténticas fiestas de máscaras, se oían rumores de que allí hacían de todo tipo de eventos para gente millonaria, gente de mucho poder…

Allí llevaban multitud de mujeres, muchachas, chicas, incluso menores se decía…

Y esa noche, Gina, tenía una cita en esa zona de chalets, posiblemente auspiciada por aquel hijo de perra de Omar.

Había pasado una hora desde que mi esposa había salido de casa, una hora hasta que llegue al punto de encuentro.

Por suerte para mí, aquel lugar era una zona aislada, no era un chalet pareado, o una casa adosada…

Era una zona más aislada de lo normal.

Toda la zona de alrededor, estaba a oscuras, era como si salieses de la urbanización para entrar en una nueva dimensión.

Imaginaba un lugar sórdido, oscuro y tan privado y Férreo, que era imposible entrar.

Pero claro, nadie sabe de lo que es capaz un maestro cerrajero. Un tipo que tiene por pasión, abrir cerraduras, cajas fuertes antiguas, y todo tipo de cerrojos, candados, etc.

Omar y mi afición por las cerraduras.

Habían pasado cuatro días.

Gina le había contestado a ese cerdo de Omar, (del que nunca quiso contarme lo que ocurrió en la entrevista), que no aceptaría la propuesta de trabajar en Clean-Life.

Sin embargo, una mañana, recibí una llamada de un número desconocido.

Era Omar, que me llamó al teléfono.

-Sí, soy Omar. Verás, tu mujercita, en la entrevista, me habló de tu trabajo, y me dijo que eres el mejor en lo tuyo-

-Pues verá, Omar, no voy a negar que hasta ahora no se me resiste ninguna cerradura.-

-Bien, eso me gustaría comprobarlo. Porque tengo en uno de mis despachos, una antigua caja fuerte que estaba en el local cuando lo adquirimos. Y tengo curiosidad por saber que oculta.-

-Verá, este tipo de trabajos son delicados. A veces, incluso hay que pedir permiso al juez...-

-¿En serio?... ¿Por qué tendría que pedir permiso a un juez, para abrir una caja fuerte del año 1911 que es mia?-

-Pues la verdad, no lo sé... ¿Tan antigua es?...

Si es tan antigua, creo que podría abrirla. Todo es cuestión de verla... Además, si es suya...-

-¿Podrías llegarte a lo largo de la mañana?-

Esta mañana, me fui directamente a la dirección de aquella nave industrial. Estaba ubicada casi al final de un polígono industrial apartado, en las afueras de valencia.

Me adentré en esa nave, y recibí una llamada. Era Omar.

-¡Disculpa! Acabo de pinchar la rueda, pero ya están en ello.

¿Por qué no te adelantas y la vas abriendo?-

-Yo... no sé...-

-Bueno... Si crees que no puedes... Podría buscar a otro que sea capaz de abrir esa joya...-

En ese instante, mi ego habló por mi.

Seguía al teléfono, y escuché.

-Cuenta. ¿Que te parece esa joya?-

-Bien… Esta es española. De alrededor de 1915. Fabricada por la viuda de Ochantanera. La fábrica estaba en Madrid.

Es una caja fuerte con cerradura de llave, rueda y cuatro puntos.

Imagino que llave no tiene…-

-No… ¿Eso es importante?-

-En condiciones normales lo sería, pero para mí no será un problema-

Me sentía a gusto, porque era fácil descodificar los cuatro puntos con un fonendoscopio.

Para la llave necesitado las ganzúas...

Pero si tenía los cuatro puntos, podría abrirla girando.

Fue un trabajo fácil, rápido, y eficaz.

-Ya está abierta-

-Qué fácil…-

-Bueno, no se crea… Para llegar hasta este punto, he tenido que aprender mucho.-

-Es cierto… A veces lo fácil lo relacionados con el poco trabajo. Y no es así.-

Omar me pidió abrir esa caja, y describir lo que había.

Encontré varios documentos. Relojes antiguos, y varios fajos de billetes. Cuando describí el contenido, debió alucinar.

Pero cuando descubrió que eran billetes de la República, montó en cólera.

-¡Putos rojos, hijos de perra!-

Yo comencé a reírme para mis adentros, aunque se me escapó una sonrisa.

Pero él se dio cuenta, y un resto de ira, recorrió su tono de voz.

-Bueno, déjala abierta, y sube para la oficina.-

-Pero... ¿No estaba en la calle?-

-Acabo de llegar, y he subido por la parte trasera...

Además... Confío en ti-

-Gracias, supongo...-

De manera que me acerqué a la puerta, y justo cuando iba llamar, empecé a escuchar sonidos que llegaban del interior.

Eran como jadeos, como suspiros…

Esa voz que gemía, me recordaba a Gina, eso me alarmó.

Por un momento, comencé a preocuparme.

¿Cómo podría ser? ¿Si mi esposa, no quería saber nada de aquella gente?...

Pero su voz...

Mil pensamientos recorrieron mi cabeza, y un terror se apoderó de mí.

Jamás había sentido esta sensación, una serie de cosquilleos, recorrieron mi estómago.

Involuntaria e inesperadamente, bajaron a donde no debían, y terminé completamente empalmado.

Esa sensación contradictoria, terriblemente morbosa, hizo que necesitase saber quién había ahí dentro. Pero no me atreví a abrir la puerta.

Por suerte para mí, al no haber nadie cerca, me pude desplazar por las ventanas para intentar mirar, y había una de las ventanas, al final de la oficina, que tenía una pequeña y minúscula abertura, desde la cual pude observar la situación.

A aquel individuo. Tenía a una mujer echada boca arriba, sobre la mesa del escritorio, con las piernas hacia arriba. Y él, estaba embistiéndola violentamente. Desde mi complicada posición, no podía ver su cara porque estaba boca arriba y oculta por su cuerpo, lo que sí podía ver perfectamente, era aquel pedazo de carne que entraba y salía dura y violentamente de su coño.

Llevaba la misma falda, la misma camisa que llevó el día de la entrevista.

Los gritos, los jadeos, los gemidos, recorrían todo ese despacho, y salían por todas las rendijas de aquella sala. No podía evitar sentirme completamente excitado.

Desde mi posición, juraría y perjuraría, que ese cuerpo, esa piel, era de mi esposa. La diferencia era que ese coño estaba completamente afeitado.

Y eso me extrañaba bastante. Porque mi mujer tenía su coño peludo.

Y eso era una condición innegociable con ella. No se consideraba mujer si lo tenía afeitado.

Eso para ella era como una especie de insulto, como rebajar su feminidad.

De repente, escuché ruidos, y me alejé raudo de aquella oficina. Con la duda de si era Gina o no.

Aunque para mi tranquilidad, aquella mujer que, tumbada sobre aquel despacho, tenía toda la figura de mi mujer, no podía ser ella, porque tenía el coño completamente afeitado.

Cuando llegó la secretaria, yo estaba delante de su mesa.

-Hola, voy a comprobar si Omar está disponible-

Ella habló por teléfono, y a los 30 segundos, pude observar que Omar entreabría un poco la puerta, y salía del despacho para recibirme.

-Disculpa. Estaba ocupado atendiendo un asunto muy peliagudo…

Acompáñame por favor-

Ese comentario, lo dijo con cierta sorna.

O al menos a mí me pareció

Fuimos a la parte donde estaba la caja, y allí, la abrió ya sin contratiempo.

-Por cierto, acabo de estar con tu mujer-

Lo dijo con tono irónico, a mí me sonó lacerante, como si realmente quisiese decirme que había estado en el despacho con mi mujer.

Yo me hice el desentendido, y no le di importancia.

Él rebuscaba en la caja de manera curiosa, como si perdiese el tiempo.

-Bueno, volvamos al despacho, que tu mujer debe estar ahora mismo allí.-

Al volver, Omar tenía razón, Gina estaba allí, las prendas que vestía, se parecían mucho a la de la mujer que había estado en el escritorio tumbada.

Cuando entré, la saludé de bastante mal humor. Ella captó al instante mi cara agria.

-¿Te ha pasado algo?-

Me dijo en voz bajita cerca del oído.

-No sé… Contéstame…

¿Ha pasado algo antes de que llegara yo?-

Gina se sorprendió, su expresión de incredulidad, fue completamente patente. Permaneció en silencio,

-Sí… Que vuelva Elena-

En ese instante sonó la puerta y apareció una muchacha de características muy similares a las de Gina. Y para más inri, llevaba un vestido del mismo tono. En ese momento quise que me tragase la tierra. Ella me miró como preguntándose que hacía allí. Y yo, también me pregunté cuando había decidido volver a esa oficina.

-¿Cómo es que has vuelto?-

-No se... Me la llamado muy enigmáticamente... Me ha dicho que es de una importancia vital-

Me despedí de ellos, y volví al trabajo.

Gina y yo, coincidimos al volver a casa.

Ella llegó con un rictus muy serio... Como si no quisiese hablar con nadie.

Nuevamente entró ella primera al baño, cerró la puerta.

Pero había algo en mí, que necesitaba saber. Había algo en mí que no comprendía, una pequeña duda, un pequeño resquicio, aún a sabiendas de que la otra compañera había vestido la misma ropa y también había estado en el despacho un rato antes.

Abrí la puerta del baño despacio, y descubrí que la mampara del baño, estaba entreabierta.

Por suerte para mí, había dejado un pequeño resquicio abierto. Me asomé disimuladamente y vi que tenía la cara enjabonada.

De manera que pude explayarme, observando su cuerpo, su silueta, sus curvas…

Era preciosa. Estaba enamoradísimo de ella.

De repente, me quedé petrificado. Vi su cuerpo con señales...

Muchas señales, su trasero estaba mordido, con chupetones…

Su precioso cuerpo, en completa sintonía con esa espalda, tan linda… Era todo en ella precioso, incluso cuando se dio la vuelta, y pude observar que ahora tenía su coño carente de vellosidad. De repente, una extraña y poderosa sensación subió desde mi estómago hasta mi cara, enrojeciéndola por completo.

Estaba observando aquella vagina inflamada, oscura, como si hubiese estado muy excitada, y completamente afeitada.

Esa hembra, que aseguraba que jamás se afeita ese puto, ahora aparecía delante de mí, con ese coño completamente depilado. Como si la hubiesen despojado de su feminidad.

Como si al despojarla de ese elemento, también le hubiesen arrancado su voluntad, su capacidad de decisión,

Al menos así lo vi yo. Y ahí comenzó esta terrible sensación de traición.

Estaba cerca del muro delimitador de aquel chalet.

Alejado, completamente oscuro, completamente apartado de habladurías, de opiniones, de legalidad…

Sabía que mi mujer estaba allí.

Sabía que no había ido por cuestiones de trabajo…

Sabía que lo que me encontraría allí, no me iba a gustar… Sabía que cuando la encontrase…

Acabaría con su vida y después con la mía.