Xtories

Visito al jefe de mi marido en su alojamiento

Sabe que su esposo no está en casa, pero el verdadero peligro no está en la cama, sino en la puerta de la comandancia. Con el reloj marcando las cinco y los rumores de su infidelidad corriendo por los pasillos, ella elige cruzar el umbral. No es solo una cita; es una declaración de guerra silenciosa contra su propia vida.

Samanthalaputa15K vistas6.4· 9 votos

Era un día normal, como cualquier otro, había estado ocupada con mis tareas diarias, pero mi mente estaba en otro lugar, en Carlos. Nos habíamos estado hablando por teléfono durante días, y la distancia solo había servido para avivar el fuego. Nos pusimos de acuerdo en que llegaría a las 5:00 de la tarde, y él me aseguró que mi exmarido estaría fuera. Carlos, con su uniforme, siempre había sido una figura muy atractiva en mi vida, y nuestra relación secreta solo había añadido un toque de emoción y peligro.

Me alisté, eligiendo un vestido discreto que no llamara la atención, zapatos bajos y el pelo recogido en un moño. Quería parecer lo más normal posible, pero por dentro, mi corazón latía desbocado por él. Al llegar a la puerta principal de la comandancia exactamente a las 5:00 PM, pedí permiso para pasar. Los policías que estaban en la guardia me miraron con curiosidad, pero ellos ya me conocían pues eran mis clientes, para ese entonces yo ya sabía de los rumores que corrían de mi pero eso no me importaba pero finalmente me dejaron entrar sin hacer preguntas.

Caminé por la amplia explanada como si nada, cruce mirada con 3 policías que iban pasando por ahí, pero yo mantenía la cabeza alta. Sabía que mi marido no estaba ahí, Carlos me lo había asegurado, pero, aun así, no podía evitar sentir un nudo en el estómago. La mezcla de nervios y deseo me recorría el cuerpo.

Finalmente, llegué a la puerta de su alojamiento, y con una mezcla de nervios y emoción, toqué suavemente. Esperé unos segundos y entonces, la puerta se abrió. Allí estaba él, Carlos, con su uniforme que lo hacía ver riquísimo y una sonrisa. Sus ojos, siempre tan expresivos. En ese instante, todo lo demás desapareció. Solo éramos él y yo, en nuestro propio mundo, a punto de reencontrarnos después de tanto tiempo. La emoción del momento me abrumó, y me lancé a sus brazos, sintiendo su abrazo fuerte y protector.

Carlos: Mi reina, por fin. Te extrañé tanto, mami.

Yo: Papi, no sabes cuánto te necesitaba.

Cerró la puerta con llave detrás de mí, y sin decir más, sus labios encontraron los míos. Nos besamos con hambre, metía mi lengua en su boca, como si lleváramos meses sin tocarnos. Sus manos bajaron por mi espalda, apretando mis nalgas por encima del vestido, mientras yo tiraba de su camisa, desabrochando sus botones.

Carlos: Te ves hermosa mi amor, pero yo sé lo puta que eres para mí.

Yo: Solo para ti, papi. Solo tú me haces sentir así en verdad mi amor.

Me levantó con facilidad y me sentó en una mesa que tenía en su alojamiento, me subió el vestido hasta la cintura, descubriendo que no llevaba tanga.

Carlos: Ufff, mami, ¿viniste sin nada debajo? Eres una zorra preparada.

Yo: Quería que me cogieras rápido, papi. No aguanto más.

Se arrodilló frente a mí, abriendo mis piernas, me comió la panocha a lengüetazos y como él lo sabía hacer, su lengua recorriendo desde la entrada de mi sapo hasta mi clítoris, chupando como si quisiera tragarse todo mi jugo, metiendo la lengua adentro y sacándola rápido, haciendo que mi panocha chorreara. Gemía bajito, mordiéndome el labio para no hacer mucho ruido que era casi imposible porque soy gritona.

Yo: Sí, papi, cómetela toda. Me encanta cuando me comes así el sapo, como si fuera tuya.

Carlos: Y lo eres, mami. Esta panocha es mía.

Me quito el vestido y el bra, dejándome completamente desnuda. Me levantó y me llevó a su cama, me puso en cuatro, viendo hacia a la puerta como si quisiera que viera el riesgo.

Carlos: Abre esas nalgas, mami. Quiero ver todo.

Yo obedecí, agarrando mis nalgas con ambas manos y abriéndolas bien, exponiendo mi panocha depilada, húmeda y mi ano apretadito. Carlos se agachó y me lamió el culo con esa rica lengua, luego metió la punta en mi culo mientras con dos dedos me frotaba el clítoris, chupando y mordisqueando mis nalgas.

Yo: Ay, papi me vas a volver loca.

Se paró, se desabrochó el pantalón y sacó ese pitote rico y duro, venoso, con la cabeza brillando de pre-semen. Me bajé de la cama y arrodillé y se lo comencé a mamar con ganas, me lo metía hasta la garganta, haciendo tronar mi boca al entrar y salir, lamiendo cada uno de sus ricos huevotes, escupiendo la verga para lubricarla y volviéndola a tragar hasta que me llegaba bien adentro de la garganta, sintiendo cómo me llenaba la boca completa, moviendo la cabeza rápido y profundo, tragando saliva mezclada con su sabroso pre-semen y gimiendo con la boca llena.

Yo: Ufff, papi, tienes el pitote más rico, me encanta tragarme tu vergota entera, sentirla palpitar en mi garganta.

Carlos: Así, putita, trágatela toda. Eres una buena mamadora de verga.

Me puso de nuevo en cuatro, me abrió las nalgas y me escupió en la panocha antes de clavármela de un solo empujón. Gemí, pero él tapó mi boca con su mano.

Carlos: Shhh, mami, que no te oigan. O sí.

Yo: (jadeando) Sí, no, ay, papi, cógeme duro.

Comenzó a bombear con fuerza, sacando su verga completa y metiéndola, provocándome pedos vaginales cada vez que entraba, ese sonido húmedo y obsceno que llenaba el alojamiento.

A él le encantaba cómo sonaba cuando introducía su verga, me lo decía al oído:

Carlos: Ufff, mami, escucha esos peditos vaginales, tu panocha me canta cuando te la meto.

Yo: Sí, papi, me encanta cuando los provocas, cógeme así, sácala y métemela toda...

De la emoción Carlos me dio unas nalgadas fuertes, dejando mi nalga rojo y ardiente, y seguía sacando y metiendo con fuerza, haciendo que mi sapo sonara como una matraca mojada.

Carlos: Así, zorra, tu panocha me hace peditos ricos.

Me puso de lado, una pierna en el aire, penetrándome profundo tan rico como el me hacía sentir.

Carlos: Así, mami, abre más, quiero verte bien cogida.

Yo: Sí, papi, cógeme así, me encanta cuando me pones de lado, siento tu pito más profundo.

Luego me monté encima, brincando en su verga, mis nalgas rebotando con fuerza, tragándome su vergota hasta el fondo con cada sentón que le daba a mi macho, sintiendo cómo me llenaba completa, moviendo las caderas en círculos para que rozara en lo más profundo de mi sapo, tronando como matraca.

Yo: Mira cómo me clavo, papi, me trago tu rica vergota entera, la siento rica dentro de mí.

Carlos: Ufff, mami, eres una potra preciosa.

Después Carlos me puso boca arriba, me abrió las piernas en V, y me siguió cogiendo, sus embestidas eran de los más ricos justo lo que necesita, sus huevos rebotando bien ricos, clavándome hasta que mi panocha mordía su rica verga.

Yo: Papi me voy a venir, papi, papi... no pares.

Carlos: Vente, mami. Quiero sentir cómo aprietas mi verga.

Exploté en un squirt delicioso y silencioso, mordiendo la almohada para no gritar. Mi panocha se contrajo alrededor de él, y él gruñó de placer.

Carlos: Ufff, mami, ahora yo. ¿Dónde quieres mi leche?

Yo: En mi boca, papi. Quiero tragarme toda tu lechita.

Se retiró, se puso de pie frente a mí. Yo como una buena puta me arrodillé en el suelo, tomé su verga con las manos y la mamé con furia: le hacía garganta profunda, mi lengua pasaba por toda su cabeza, me metía sus huevos en la boca, escupía y tragaba hasta que sentí su vergota palpitar en mi garganta, mientras movía la cabeza rápido con una mano acariciaba sus huevos, sintiendo cómo se hinchaba y latía ese rico pito.

Carlos: Así, putita, trágatela toda.

Y explotó. Su lechita caliente, espesa, llenó mi boca. La saboreé, la moví con la lengua, y me la tragué completica, mirándolo a los ojos. Luego comencé a limpiar su rica verga, como buena puta.

Yo: Mmm... tu leche es lo más rico, papitp.

Nos quedamos abrazados en la cama, sudados, jadeando. Nos quedamos un rato mas platicando y yo a las pasado de las 7:30 me salí de la comandancia rumbo a mi casa, con las piernas temblando, la panocha punzando y una sonrisa que no se me quitaba por estar con mi Carlos.

Algunos me mandaron correos que tenían curiosidad de conocerme jeje les dejo una probadita de lo que se comía mi marido, pero pues bueno ya saben que paso espero que no me eliminen mi cuenta jejeje besos