La urbanización del deseo (Capítulo 17)
Bea siempre ha sido la vecina elegante, pero hoy lleva un vestido que promete romper las reglas. Alex sabe que el probador es solo el escenario; la verdadera prueba comienza cuando la cremallera baja y la fachada de esposa fiel se desmorona.
La Urbanización del deseo
Sylke & Álvaro
Capítulo 17
Al final, con la toalla logro quitar lo máximo que puedo, pero desde luego se ha quedado bien pringada, aunque ella sigue degustando en su boca mi semen.
- “Ahora, ¿me vas a duchar?” - me dice riendo.
- “No me digas que quieres que te riegue otra vez” - respondo
- “No, ja,ja,ja... me refiero a la otra ducha, la de agua”
- “No sé si te la has ganado”
- “Vamos compi...”
- “Si me cuentas todo lo que ha pasado con Bea” - le pongo como condición.
- “Está bien...”
Tras ponerle la protección a las férulas de sus brazos, nos metemos en la ducha de su habitación y allí desnudos empiezo primero a remojar los dos cuerpos, cosa que ya está formando parte de una rutina, a la que en el fondo no consigo acostumbrarme, pues tener a esa mujer en pelotas delante de uno es realmente impactante.
- “Bueno ahora cuéntame qué tal con Bea esta tarde” - le insisto, justo cuando empiezo a esparcir gel por esa fina piel de sus senos.
- “Estás intrigado con la vecina... qué ganas tienes de follártela, ¿no?”
- “No lo sabes bien...”
- “Seguro que también te hace una buena cubana, ya que tiene buenas tetas”
- “La verdad es que tú has puesto el listón bien alto”
- “Jeje... Pues tengo que decirte que la cosa pinta muy bien con tu vecina, hemos hablado muchoooooo de ti, jjjjj, también de su sobrina, de la futura fiesta de cumpleaños, de su marido…jjjj, vamos que he sacado muchas cosas en claro” - me confiesa Isa.
- “Ah, ¿te contó lo de la fiesta?”
- “Sí, me dijo que te lo había dicho y que además le hace mucha ilusión que vayas, todo esto me lo contaba mientras me ponía unas braguitas y yo veía sus pezones duros y me daban ganas de comérselos.
Mi compañera está bastante cachonda, se le nota al contarme esa conversación tan especial con Bea y yo empiezo a tener una erección.
- “Veo que te gusta la cosa” - me dice mirando a mi pene que está cobrando vida.
- “Creo que tú también” - añado yo, pellizcando uno de esos pezones erectos.
- “Ah, cabronazo, pero tú ¿cuántas vidas tienes? Los tíos tardáis en recuperaros ¿no?”
- “Contigo es fácil recuperarse hasta 100 vidas seguidas”
- “Anda, calla... que me lo voy a creer”
- “Bueno, tú no puedes negar que también estás cachonda con las vecinitas y que tienes cuerda para rato”
- “Cómo lo sabes, pero bueno, a diferencia de ti, lo tengo complicado.”
- “¿Tú crees?”
- “Confieso que no le haría ascos a esa madurita de Bea, pero no la veo yo... comiéndome el coño, ahora eso sí, su sobrina, es que me pone tanto... daría lo que fuera por follarme a esa chica.”
- “Eso déjalo de mi cuenta... que después de tus últimos regalos estoy más que en deuda contigo.” - le digo.
Sigo enjabonando ese precioso cuerpo, esmerándome en su culo y también en su sexo, que noto jugoso e inflamado mientras ella me cuenta la conversación con la vecina.
- “La verdad es que están muy buenas las dos” - me dice.
- “Ya lo creo...”
- “Joder, nos gustan las mismas tías, pero tú juegas con ventaja, porque ambas son hetero”
- “Bueno, ya has visto que Mónica no le hizo ascos a hacerte un buen lavado”
- “Ay, no me lo recuerdes, que me subo por las paredes” - dice ella mordiéndose el labio.
Ella cierra los ojos y yo sigo masajeando suavemente los labios de su vulva.
- “Bueno, a ver, miedo me da preguntar sobre que habéis estado diciendo de mí” - le comento una vez que saco los dedos de su coño para seguir enjabonándola.
- “Todo cosas buenas, jjjjjj para eso está tu compi, para sacar las garras por ti y ya sabes que después de todo, vas a conseguir tu objetivo de follarte a Bea, bueno y a la sobrina también, suertudo” - me dice.
A continuación, me da un golpe con su cadera contra mi cuerpo, que hace que mi polla se tense y ella parece divertirse viéndome así de salido.
- “Gracias guapa, eres la caña, no sé qué haría sin ti, pero yo prometo ponerlo todo para conseguir el objetivo de que Mónica se entregue totalmente a ti”
- “Uf... Alex, lo veo muy complicado, pero si consigues eso, haré lo que me pidas”
- “¿En serio?” - digo pegándome a ella.
- “Guarro” - me dice riendo.
- “Bueno, venga, sigue detallándome ese momento con Bea”
Con la ducha voy quitando el jabón por todo ese cuerpo que yo mismo voy girando y tocando a mi antojo y ella me sigue contando:
- “Lo cierto es que se ha comportado de forma muy profesional y eso ha hecho que sea más sexy todavía, uffff no veas que cachonda me ha puesto, bueno, ya te has dado cuenta de cómo me ha dejado tras irse…estaba súper excitada, de haber podido me hubiera dado una buena sesión con el consolador más grande que tengo… no veas cómo está la vecina para la edad que tiene…”
- “No es tan mayor”
- “No, no, me refiero que no aparenta esa edad en absoluto y más que la tía de Mónica parece su hermana mayor”
- “Bueno, hay una diferencia de edad y de color de piel”
- “Ya, ja,ja,ja.. Una tan morenita y la otra tan blanca...”
- “Entonces, ¿también te pone Bea?”
- “Joder, hijo, claro, menudo cuerpazo... como para no y Silvia, Tamara... pero ninguna de ellas es lesbiana”
- “Entonces con Bea ¿no has llegado tan lejos?”
- “Lo cierto es que no, pero uff, lo que haría yo con esas tetazas que tiene… y esa cara tan guapa, dios si es que tiene un vicio, casi tanto como su sobrina, ji,ji,ji,” - me confiesa mi compañera.
- “Madre mía qué salida estás Isa, últimamente no te reconozco, ja, ja, ja” digo yo entre risas.
- “Bueno, nunca nos habíamos sincerado a esos límites”
Lo cierto es que ambos estamos locos con las vecinas y haríamos cualquier cosa por poder tener una buena sesión con cualquiera de ellas.
- “Bueno, venga, cuéntame que tienes ideado” - le digo impaciente.
- “Es verdad, bueno... tengo un plan para que puedas follarte a Bea” - responde sonriente.
- “¿En qué has pensado? De esa mente tuya tan calenturienta…no puede salir nada bueno”.
- “Verás, me ha contado lo de la fiesta sorpresa de cumpleaños de Mónica, la cual no pienso perderme ni muerta……jjjjjj me da igual como estén mis brazos, pienso ir. “
- “Bueno, para entonces ya estarás mucho mejor, quizás ya te hayan quitado las férulas”
- “Eso espero... Le he preguntado qué quiere de regalo, más bien que le haría ilusión a su sobrina y ya sé que le vamos a regalar entre los dos.”
- “Ah, ¿sí?, ¿Le has dicho que le haremos un regalo conjunto?”
- “Claro, eso forma parte del plan”
- “¿De qué se trata?” - pregunto intrigado.
- “Pues resulta que a Mónica le gusta una tienda de ropa, bastante cara, siempre me lo ha dicho, que no se puede permitir eso... bueno y ahora mismo está en liquidación por cambio de temporada.”
- “¿La boutique pija del final de la calle?”
- “Esa. Es una tienda súper chula y de nivel. Yo me he comprado alguna cosa, por ejemplo, las braguitas que me has quitado antes.”
- “Ah, sí, pues sí que eran chulas”
- “Tiene unos vestidos preciosos y ya se cual le gusta, así que, vas a irte con Bea mañana por la mañana que libras y lo vas a comprar. Es algo cara, pero la ocasión lo merece” - Dice mi compañera muy segura
- “¿Y ese es tu maravilloso plan?”
Me quedo quieto, pensando si eso era un plan tan especial.
- “Escúchame bien, que no te enteras……vas a elegir ese vestido y te las apañarás para que sea Bea quien se lo pruebe, seguro que sabes cómo hacerlo. Una vez lo consigas…cosa que no creo que te cueste mucho, usaras tu persuasión para que también se pruebe un conjunto de lencería súper mega sexy, te aseguro que esa tienda tiene unos conjuntos que ni has soñado con ellos, todo es encaje y transparencias, una auténtica preciosidad de conjuntos, el sueño de cualquier mujer y por supuesto de cualquier macho en celo… y por lo que me ha dicho Bea, a su sobrina le pirra la lencería, así que...“
- “Joder, ya me pongo malo sólo de pensarlo”
- “Ya te veo...” - dice riendo y mirando a mi polla que está totalmente tiesa.
- Lo que suceda en los probadores o después es cosa tuya, pero te aseguro que si logras convencer a Bea de que se pruebe primero el vestido y más tarde un conjunto…te la follarás ese mismo día e igual en ese mismo momento…hazme caso.” - suelta Isa del tirón.
- “Uffff. Mucha imaginación tienes tú”
- “¿Acaso no te pone?”
- “sí”
- “¿Ves cómo es un buen plan?”
- “No te voy a engañar que es uno de mis sueños no cumplidos, hacerlo en un probador y según lo cuentas parece fácil y probable, pero yo no lo tengo tan claro, a pesar de que Bea sea tan lanzada o abierta, bueno, es una mujer casada, igual me echa fuera y se lo prueba ella sola”
- “¿No te he dicho que todo forma parte del plan?”
- “Pero... no sé cómo”
- “Si tú supieras....jjjjjjj Bea está tan pillada por ti o más que su sobrina, si logras que te acompañe a la tienda lo tienes hecho, así que, espabila pichón. Además, que sepas que le he dicho que yo siempre te pido consejo a ti con la lencería”
- “¿De verdad?”
- “Y ha colado”
- “Uf, a partir de ahora te tomo la palabra”
- “Bueno, eso dalo por hecho, pero el objetivo es Bea y la tengo medio convencida para que accedas a ser su personal shopper”
- “No sé, Isa...”
- “Yo le he dicho que tú puedes acompañarla porque yo no me puedo mover... y que necesita la opinión de un experto sobre esa ropa, bueno, no le dije lo de los conjuntos de lencería, pero tú tendrás que poner de tu parte”
Termino de aclarar a mi compañera y la seco con cuidado para irla vistiendo con una camiseta y unas braguitas, mientras ella se deja hacer.
- “Vale, te haré caso, ahora le mando un mensaje a Bea para ver si quiere acompañarme a elegir un regalo para su sobrina” - digo aún poco convencido.
- “En serio, Alex, ya verás cómo todo sale a pedir de boca y si mi intuición no me falla, creo que la fiesta de cumpleaños de Mónica puede ser la bomba…”- dice ella totalmente segura de sus palabras.
Cojo el teléfono y le envío un mensaje a Bea quedando con ella para el día siguiente por la mañana que es cuando libro, para acercarnos a esa famosa tienda de moda preferida de su sobrina. También aprovecho para llamar a Silvia para ver si puede ocuparse mientras de Isa, puesto que, no me gusta dejarla sola en casa y aunque cada vez se vale más por sí misma, es preferible que no fuerce.
- Claro que sí, Alex, ya sabes que hago lo que me pidas. - dice Silvia con una voz al teléfono que resulta más que provocadora.
- “Mmmm... qué bien suena eso.”
- “Pero te tengo que poner un precio a ese favor.” - añade.
- “Claro, lo que me pidas, Silvia”
- “Quiero que nos des clase a Tamara y a mí juntas, queda poco para el viaje y necesitamos un buen repaso”
- “Claro, eso está hecho”
- “Pero nos gustaría que lo hiciéramos desnudos los tres, dicen que así se pierde la vergüenza para todo...”
- “¿Qué?” - digo alucinado pero sólo se escucha su risa lasciva al otro lado del teléfono.
Sobra decir que me emociono con eso y mi polla vuelve a revivir con esa invitación tan sugerente, como increíble. Lo de quitar la vergüenza me parece una excusa como otra cualquiera.
He de reconocer que mi corazón palpita con fuerza tras la llamada con mi vecina. Se lo que va a suceder en esa supuesta clase de inglés, habrá sexo más que idioma, pero con solo imaginarlo me pongo malo.
Al día siguiente llamo al timbre de mi vecina Bea y es Mónica, su sobrina, quien me abre. Lleva una camiseta corta y se pueden ver sus braguitas asomando de forma traviesa, que ella trata de tapar inútilmente estirando la prenda.
- “Ah, hola, Alex”. - comenta algo apurada, pero mirándome de arriba a abajo
En esos ojos empiezo a ver todo lo que me contaba Isa y realmente no debía mentirme, pues me mira de una forma especial, como si realmente estuviese colada por mí. ¿Será cierto?
- “Hola guapa. Había quedado con tu tía.” - le digo al fin.
- “¿Con mi tía?” - pregunta confusa y pone un mohín de ligero enfado.
No sé si será que me estoy viniendo arriba, pero saber que esa preciosidad está loca conmigo y que podría estar follando con ella en este mismo momento, me pone malo, pero justo cuando iba a disimular y ponerle una excusa, aparece Bea, con un vestido entallado de color negro y con un escote que muestra un precioso canalillo y noto que está más alta gracias a unos zapatos de tacón de aguja. Está realmente impresionante. ¿Se ha puesto así de guapa por mí?
Mónica se queda en la puerta confusa, viendo a su tía tan arreglada, pero más todavía, cuando ésta se agarra de mi brazo y haciendo sonar sus tacones caminamos por la calle principal de la urbanización hasta desaparecer de su vista.
- “Se ha quedado algo mosqueada”. - le comento a Bea por su sobrina.
- “Tranquilo que no sospecha nada de que voy con un experto en moda femenina, por cierto, cada día me sorprendo más contigo”.
- “Ya ves...” - digo disimulando.
En el fondo, creo que el mosqueo de Mónica va más por ver a su tía agarrada de mi brazo y que se haya puesto así de deslumbrante. Son unos celos evidentes y me gusta eso de ser el culpable de esa situación con ambas mujeres.
Quizás me estoy haciendo demasiadas ilusiones con Bea y veo cosas que no son, por eso me da miedo “cagarla”, no sé muy bien cómo actuar.
Llegamos por fin a la boutique y nos atiende una amable dependienta, su pelo anaranjado resalta con sus ojos verdes, además de un voluminoso pecho que parece reventar los botones de su blusa. Parece muy joven y viste muy elegante con un traje chaqueta y falda de tubo, rematada con unos tacones altos. Su cara de no haber roto un plato, le hace parecer más joven de lo que debe ser.
Mientras yo flipo con la belleza de la vendedora, Bea queda sorprendida por los artículos tan exclusivos y a la vez tan elevados de precio. La chica con una agradable sonrisa y desbordante simpatía, va enseñando a Bea, entre las distintas estanterías, varios vestidos, aunque me he dado cuenta de que esa chica me mira de reojo, de una forma que me parece traviesa y juguetona, llegando a pensar que veo lujuria por todas partes... o simplemente que me hago demasiadas ilusiones.
Mientras dejo a las dos mujeres solas yo me quedo en la parte de lencería, en donde, tal y como me había dicho Isa, hay conjuntos alucinantes, con pedrería, encajes y transparencias, justo cuando vienen las dos a mi lado y veo que la dependienta me sonríe al verme con una braguita ligeramente transparente en la mano a juego con un corsé.
- “Voy a traerles un par de vestidos increíbles” - nos dice y a mí me dedica una sonrisa sabiendo que estoy decidido.
- “Perfecto” - digo.
- “Pero, Alex, esto es carísimo” - me dice Bea en un susurro justo cuando la chica que nos atienda va a buscar esas nuevas prendas.
- “Bueno, supongo que Mónica lo merece, no todos los días se cumplen los 20”
- “Ya, pero, os va a costar una fortuna” - apunta mi vecina - podríamos mirar en otro sitio.
- “Este lugar es para las mujeres especiales, como Mónica... y cómo tú” - digo y ella me sonríe con un brillo especial en sus ojos.
No hay tiempo de réplica pues la dependienta viene con dos vestidos, a cada cual más elegante y sexy y nos enseña la suavidad de la tela y la maravilla del diseño y los acabados. El primero de esos vestidos es verde, largo hasta los pies, sin mangas, amplio de gasa, con alguna pedrería en el borde del escote y en las costuras, que le da un toque distinguido. El otro es muy corto de color marfil, de tirantes, con la espalda al aire y que resaltará su pecho, pues tiene un refuerzo bajo para llevar sin sostén.
- “Son preciosos los dos” - digo tocando la tela de ambos.
- “Su marido tiene buen gusto” - nos dice la chica.
Bea por un momento me mira sorprendida, pero cuando va a decir algo como que no somos matrimonio precisamente, salto yo agarrando su cintura y atrayéndola hacia mí:
- “Bueno, ¿cuál te gusta más, cariño?”
- “No sé...” - dice ella mirándome embelesada.
Noto a Bea sentirse a gusto con mi mano en su cintura y desde luego que le hace verse más joven y sonríe nerviosa con ese juego de aparentar ser pareja... y es que el plan de mi compañera puede dar sus frutos, pero Bea sigue reacia a llevarnos esos vestidos tan caros.
- “Me parece un precio...”
- “No se preocupe, que puedo añadir un descuento por ser nuevos clientes. No crea, pero pocos maridos acompañan a sus esposas y eso se merece una rebaja” - dice la chica volviendo a sonreírme y me parece ver que me guiña uno de esos ojos verdes.
Esa joven sabe vender, pero además ha conseguido que Bea se sienta muy bien porque con su marido nunca va de compras y el hecho de que yo aparente ser su pareja, parece gustarle y bueno, yo estoy más que encantado.
- “Ahora mismo estos dos están en promoción por cambio de temporada”. - añade la dependienta.
Bea me vuelve a mirar, comprobando el precio que cuelga de la etiqueta, incluso aun estando rebajado, le parece prohibitivo.
- “Mejor, entre con su esposo en el probador a ver cuál le puede quedar mejor” - dice la vendedora.
- “Pero...” - Bea intenta decir algo, pero la chica nos deja solos por un momento.
Hay un momento de dudas, pero yo resuelvo diciendo:
- “No, te preocupes, te espero fuera” - le digo entregándole el vestido largo para que entre en el probador.
Mi vecina se me queda mirando unos instantes con una sonrisa y añade:
- “No, mejor, pasa, no vaya a ser que nos quite el descuento”
- “¿Segura?, ¿Entro contigo?”
- “Claro, para una vez que un hombre me acompaña de compras”
Bea me sonríe y tirando de mi mano hace que ambos pasemos tras la cortina.
- “¿Qué pasa que Mariano no te acompaña nunca?” - le pregunto.
- “Para nada. Mi marido es muy soso para eso... bueno y para otras cosas”
Esa última frase me deja un poco en duda, porque parece que hay doble intención.
- “No creo que te asustes por ver a una mujer en ropa interior... estarás harto de verlas en la clínica” - me comenta.
- “Bueno, sí, es habitual”
- “Además, me dijo Isa que siempre la acompañas y que te metes con ella en los probadores para ayudarla a elegir. Eres un cielo de hombre”
- “Pues no se hable más”
En ese momento pienso en mi adorable compañera, que no sólo me ha regalado las maravillas de su cuerpo, sino que ha sembrado el terreno, con esa mentira para dejarme en bandeja a nuestra escultural vecina.
- “La verdad es que estoy descubriendo un montón de facetas tuyas últimamente”
- “¿Ah sí?”
- “Bueno, que eres un hombre inteligente, guapo y que está muy bueno, ya lo sabía, pero que eres un encanto, adorable compañero, servicial... y con unas buenas dotes”
- “¿Dotes?”
- “Sí... bueno... ya vi lo que escondes ahí, ¿recuerdas? Madre mía, qué callado te lo tenías.”
Bea se gira para que yo mismo sea quien le baje la cremallera.
- “Maridito, ¿me echas una mano?” - dice ella en ese juego de que seamos un matrimonio de compras.
Continuará...
Sylke & Álvaro
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