Algo Se Estaba Cocinando
El aroma del ajo y el romero se mezcla con el deseo. Ella no espera a que termine la cena para tomar lo que quiere, y él no tiene la fuerza para negárselo.
ALGO SE ESTABA COCINANDO
El aroma del ajo y el romero, intenso y embriagador, llenaba la cocina. Se aferraba al aire cálido y a los cristales empañados por el vapor. Estaba cortando una cebolla en dados, el cuchillo brillaba como un destello de plata sobre la tabla, mientras el suave tac-tac-tac marcaba el ritmo del chisporroteo de la sartén.
Un murmullo bajo vibraba en mi pecho, un signo de calma. El día había sido largo; la ciudad quedaba lejos, disuelta en el silencio doméstico que ahora nos envolvía. Te imaginé en la vestidor, tal vez preparando la ropa del día siguiente o colocando cosas de la niña. La sola idea me trajo un calor familiar, una ternura que siempre me alcanzaba sin previo aviso.
Unas suaves pisadas sobre el crujir de la tarima, anunció tu llegada antes de que yo pudiera verla. No me giré; insinué una sonrisa en mis labios. Unas manos cálidas rodearon mi cintura con la suavidad de un abrazo que no pide permiso. Los dedos se deslizaron sobre la fina tela de mi camiseta, extendiéndose con lentitud. Sentí tu respiración rozar mi cuello.
—Que bien huele... —murmurastes, con voz baja, aterciopelada.
Yo continué picando, aunque ahora con una lentitud provocadora.
—Casi está listo. Solo falta terminar la salsa —respondí, sin dejar de sonreír.
Tus dedos se aventuraron desde mis caderas hacia más arriba bajo la tela de mi camiseta y las frías puntas de tus uñas rozaron mi piel.
—Siempre haces las mejores salsas —susurrastes con tus labios rozano la sensible piel de mi oreja—. Pero no estoy segura de poder esperar.
Dejé escapar una risa grave, un sonido que resonó entre ambos.
—Cari, la paciencia es una virtud. Las cosas buenas llegan a quien sabe esperar.
Sentí cómo te pegabas más, cómo tu cuerpo se fundía con el mío. La suave curva de tus pechos contra mi espalda. Un pequeño jadeo se me escapó cuando tu mano bajó más, deslizándose dentro de mi pijama, tu cálida palma posándose sobre mi polla endurecida.
-¿Pero y si no soy buena? -susurrastes, con una voz juguetona y desafiante. Tu pulgar comenzó un círculo lento y deliberado contra el grueso borde de mi polla, que ya tiraba contra la tela del pijama.
Solté el cuchillo. Me giré y mis manos buscando instintivamente tus caderas, atrayéndote hacia mí. Tus ojos, brillaban con picardía. Tu cabello, una cascada salvaje de rizos oscuros, enmarcaba tu rostro, tus labios entreabiertos en una sonrisa burlona.
—Cari, Tú, siempre eres buena —dije con voz áspera, áspera por el repentino deseo. Me incliné y nuestros labios se encontraron, primero con una timidez calculada, luego con la urgencia de quien reconoce un territorio conocido y, sin embargo, siempre nuevo. Besos que hablaban más de hambre que de ternura. Tu respondías con la misma entrega. Mordisqueé tu labio inferior y tirando suavemente. Un suave gemido escapó de tu boca, un sonido que siempre me encendía.
Tus manos, ya no contentas con mi polla, se movieron hacia mi pecho, empujándome justo lo suficiente para crear una pequeña abertura. Tu mirada se posó en mi erección, un bulto visible contra la tela desgastada de mi pijama.
—¿De verdad? Porque parece que algo necesita... atención.
Sonreí.
—Eso parece. Y tengo el presentimiento de que eres la indicada para dársela.
Te observé, con mis sentidos agudizados. El sutil aroma de tu piel, algo único de tí, llenó mi nariz. La suave curva de tu cuello, con el pulso latiendo rápidamente en tu base, atrajo su mirada. Tú alargastes la mano hasta coger la goma del pijama y bajandolo con facilidad. Sentí el aire fresco contra mi piel mientras mi polla se liberaba, gruesa y dura, palpitando de anticipación.
-Joder -suspirastes, abriendo ligeramente los ojos al observarlo. Tu mano la rodeó con un agarre cálido y firme. Apretastes suavemente, y tus caderas se movieron hacia adelante involuntariamente.
-Lo estás deseando mucho? -me preguntastes
-Demasiado. -Asentí con un gruñido bajo. -Siempre te deseo.
Me apoyé en isla central, sin apartar la mirada de ti. Observé cómo se te dilataban las pupilas, el rubor que te subía por el cuello y las mejillas.
Tu pulgar recorrió la sensible punta de mi polla, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
-¿Y qué quieres? -Me preguntastes.
-Te deseo a ti. -Confesé con un susurro.
-Toda tuya. -Respondistes.
Te atraje hacia mí, Tus caderas rozando las mías. La fricción una dulce agonía.
Te reístes, un sonido bajo y gutural.
Te arrodillastes, con movimientos fluidos y gráciles, con la mirada fija en mi. La coronilla apenas te llegaba a mi ombligo. Te observaba, hipnotizado, mientras bajabas la cabeza. Se me cortó la respiración cuando tu boca, cálida y húmeda, se cerró alrededor de la punta de mi polla. Se me escapó un gemido largo y profundo. Tu lengua se arremolinaba alrededor de la punta, provocándome, atrayéndolo más profundamente. Sentí la suave succión, el suave roce de tus dientes al tomar más de él en tu boca.
-Joder. -Exclamé con voz ahogada, enredando los dedos en tu cabello.
Sentía la calidez resbaladiza de tu boca, la rítmica atracción y liberación. Tu garganta se movía sutilmente, mientras veía como te la tragabas cada vez más profundamente, hasta que sentí la suave presión de tus labios contra sus testículos. Te agarré, con un impulso primario de sumergirme por completo.
Te apartaste un poco, lo suficiente para recuperar el aliento, Tus ojos mirándome, brillantes. Un fino hilo de saliva nos conectaba, un hilo brillante de deseo.
-¿Te gusta esto?. -Me preguntastes, con la voz apagada, cargada por lo que estabas haciendo.
-Puff, más que nada. -Jadeé, apretando mis dedos en tu cabello. Te atraje hacia mí, guiando tu cabeza, instándola a que repitiera lo que habias hecho. Obedecistes, abriendo la boca de par en par, envolviéndola. La sensación era exquisita, un guante caliente y húmedo alrededor de mi palpitante polla.
Volví a gemir de nuevo, mis caderas se sacudieron, una desesperada necesidad de más. Tus manos se movieron hacia mi culo, aferrándote a mis nalgas, atrayéndome más hacia tu boca. Sentí que la succión aumentaba, la presión se acumulaba. Estaba cerca, muy cerca. Mi cuerpo temblaba, un temblor delicioso que me recorría desde los dedos de los pies hasta la raíz del cabello. Sentí la primera oleada de un orgasmo creciendo en lo más profundo de mi.
-Voy a... voy a correrme. -Dije con voz entrecortada.
Te apartastes bruscamente, con un brillo travieso en los ojos. Grité de frustración, con la polla húmeda y palpitante, ansiosa por liberarse.
-Todavía no. -Respondistes, poniéndote de pie.
Te apoyastes en mi, presionando tu cuerpo contra el mio, explorando con las manos mi pecho, mis hombros, mi cuello. Me quitastes la camiseta, dejándola caer al suelo hecha un ovillo.
Yo permanecí de pie con el torso desnudo, la piel enrojecida y la respiración entrecortada.
Te agarré, buscando con mis manos el dobladillo de tu camisón. Lo levanté, rozando con mis dedos la piel desnuda de tus muslos.
-¿Qué haces?. -Preguntastes con una sonrisa juguetona, aunque tus ojos estaban oscurecidos por el deseo.
-Quitándote esto. Murmuré con voz ronca. Levantastes los brazos para hacerlo más facil. El camisón se unió a mi camiseta en el suelo, dejándote solo con unas bragas marrones super sexy. Tu cuerpo era magnífico, todo curvas suaves y piel tersa, tus pezones ya fruncidos y duros, clamando atención.
Te atraje hacia mí, mi polla presionando contra la fina tela de tus bragas, la fricción un tormento tentador. Entonces te besé, un beso profundo y hambriento de deseo. Nuestras lenguas se entrelazaron, danzando, un ritmo primitivo. Te chupé tu lengua, llevándola a mi boca, saboreando tu sabor.
Tus manos agarraron mi culo, atrayéndome aún más fuerte contra ti.
Mis labios recorrieron tu cuello, saboreando la sal de tu piel. Bajé mis manos, agarrándote tus tetas, fuerte. Tus pezones entre mis dedos, casi pellizcándolos. Sentías mis manos calientes. Con mi mano derecha baje hasta tus bragas, enganchándolas, bajándolas por tus piernas. te contoneastes, ayudándome a quitártelas hasta que se cayeron y las apartastes de una patada. Ahora estabamos desnudos, piel contra piel, el calor entre nosotros era palpable.
Te levanté, y tus piernas se envolvieron alrededor de mi cintura, tus brazos rodeando mi cuello. Mi cuerpo amoldándose al tuyo. Me acerqué a la isla central, Te bajé con suavidad, apoyé tu culo en el borde y la espalda en la fría piedra. Tus piernas aún envueltas alrededor de mi cintura. Mi polla, aún dura y palpitante, presionaba contra tu coño húmedo.
-Madre mía, estás tan mojada. -susurré, con la voz cargada de deseo. Sintia el calor que irradiaba, la viscosidad de tu excitación.
-¿Estoy mojada? -susurrastes, moviendo tus caderas para rozarte contra mi a un ritmo lento y pausado. -Tan, tan mojada.
Entonces te penetré, lenta y pausadamente, saboreando la sensación de tu calor apretado envolviendo mi polla. Un suave jadeo escapó de tus labios, arqueastes la espalda y echastes la cabeza hacia atrás. Sintí el primer estiramiento, la deliciosa fricción mientras te la hundía más y más, hasta quedar enterrada hasta los huevos.
-Ahh, Dios, que gustazo. -gemí, cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás. Sintía los músculos de tu coño apretarse alrededor de mi polla, como un abrazo apretado y cálido. Me quedé quieto un momento, dejando que la sensación nos inundara, dejando que nuestros cuerpos se aclimataran.
-Muévete! -suplicastes, con la voz entrecortada, casi en un gemido. -Por favor, muévete.
Empecé a embestirte, lentamente al principio, luego aceleré el paso, rozando mis caderas con las tuyas. El sonido de nuestros cuerpos chocando, el húmedo ¡shlick! ¡shlick! ¡shlick!, llenó la cocina. Tus gemidos se hicieron más fuertes, más urgentes.
Observé tu cara, el rubor de placer, tus ojos entrecerrados, tus labios entreabiertos. Me encanta verte así, completamente consumida por la pasión y el placer.
Te incorporasteis agarrándome del cuello, atrapando mi boca en un beso feroz, tu lengua hundiéndose profundamente en la mía, imitando el ritmo de mis embestidas.
Sintí tu clítoris, hinchado y sensible, rozando la base de mi polla con cada embestida. Incliné las caderas, intentando maximizar la fricción, intentando darte todo lo que querías. Tus uñas se clavaron en mis hombros, dejando tenues marcas en forma de medialuna en mi piel.
-Más rápido, joder. -Jadeastes, con la voz ronca. -No te corras todavía.
Obedecí y mis embestidas se volvieron más frenéticas, más desesperadas. Sentía un nudo apretándose dentro de mí, la presión aumentando y aumentando. Estaba cerca, me temblaba todo.
De repente, tus piernas se tensaron a mi alrededor, tus caderas se empezaron a sacudir contra las mias. Un grito gutural se escapó de tu garganta, tu cuerpo convulsionándose a mi alrededor. Sentí tu orgasmo, una ola de contracciones que apretaban mi polla, atrayéndola a lo más profundo, empujándola al límite.
Grité. Solté un sonido primario de liberación, Me estaba correindo dentro de ti. Caliente y denso, llenándote con mi esencia. Me desplomé contra ti, con la frente apoyada en tu hombro, respirando entrecortadamente. Nuestros cuerpos aún temblaban, los ecos de nuestro clímax compartido resonaban en ellos.
El silencio que siguió fue denso, interrumpido solo por nuestras respiraciones agitadas. El aroma a sexo, dulce, se mezclaba ahora con el aroma a ajo y romero que se desvanecía.
Sentía tus dedos acariciando mi cabello, una caricia suave y reconfortante.
-¿Todavía quieres esa salsa? -susurrastes, con una leve sonrisa en la voz.
Me reí entre dientes, un sonido débil y satisfecho.
-Quizás más tarde.
Seguía enterrado profundamente dentro de ti, mi polla ablandándose lentamente, pero la calidez de tu coño y los temblores persistentes de tu pasión, lo mantenían cautivo. Te besé en el hombro, el sabor de tu piel persistía en mi lengua. No lo cambiaría por nada.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Tras las cortinas I
Las cortinas se cierran y la identidad se oculta. María cree estar con su esposo, pero la oscuridad esconde a otro hombre.
Comparte:Bdsm suaveDeseo reprimidoPoder y control
- Hetero: Infidelidad
Obsesión por María José
Lleva siete años mirándola desde la ventana, soñando con tocarla. Hoy decide cruzar la calle y romper el silencio, sin imaginar que ella tiene ganas…
Comparte:Relacion clandestinaBdsm suaveDeseo reprimido
- Fantasías Eróticas
Una locura inpensada
El cine está vacío y el miedo se mezcla con el deseo. No esperaba que la única mujer en la sala fuera el centro de atención, pero la oscuridad del…
Comparte:Bdsm suaveDeseo reprimidoFantasia cumplida
- Hetero: General
Obra de teatro erótica
La noche terminó, pero el deseo apenas comenzaba. Entre la cama, la ducha y la cocina, la pasión se desató sin límites, buscando cada vez más…
Comparte:Relacion clandestinaBdsm suaveDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
Cómeme el coño: Parte 2
Alex creyó encontrar una conexión especial con Noemi, pero ella solo buscaba un cuerpo para usar.
Comparte:Bdsm suaveRelacion clandestinaDeseo reprimido
- Hetero: General
La historia del jefe acosado por su secretaria 2
Siempre creyó que era el dueño de su tiempo y de su cuerpo. Pero cuando la oficina se vacía, es Patricia quien decide qué pasa en su cama.
Comparte:Bdsm suavePoder y controlFantasia cumplida