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La urbanización del deseo (Capítulo 14)

Alex nunca imaginó que la ayuda para rasurarse llevaría a tanto. Entre la crema y la piel, la barrera entre vecinos se derrite, revelando un deseo que ya no cabe en la discreción.

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La Urbanización del deseo

Sylke & Álvaro

Capítulo 14

Extiendo mi mano sobre la suave y tentadora entrepierna de Isa lo que hace que ambos suspiremos, yo por un lado al sentir su coño caliente y ella al notar el alivio de la crema que extiendo por su pubis y sus ingles, bordeando los labios exteriores e incluso los interiores.

- “Perdona...” - le digo cuando una de las yemas de mi dedos se ha colado accidentalmente dentro

- “Para nada, Alex, además me recuerda a cuando me lo hizo Mónica y me dijo lo mismo, cuando suspiré y llegué a gemir cuando introdujo dos dedos en mi coño”

- “¿Qué?, ¿Introdujo dos dedos?”

- “Si, para enjabonarme bien, ya sabes... pero es que cuando me tocan ahí... pierdo la cabeza”

- “Aunque sea yo” - le expongo.

- “Claro, esa parte es muy sensible para mí, bueno, para todas, supongo, el caso es que yo le dije perdona Mónica, es que tienes unos dedos……..que ufffff y esa zona la tengo súper sensible y ella me confesó que le pasaba igual que era tocar ahí y se derrite”

- “Espero hacerlo igual de bien” - le digo sonriente.

- “Tu más que rasurarme lo que vas a conseguir es hacer que me corra, ¿no?”

- “Bueno, al menos te alivias”

- “Y tanto...”

- “Bueno, no será como uno de esos grandes consoladores, pero al menos...”

- “Lo estás haciendo de cine, compi” - responde con su gran sonrisa.

Mientras mis dedos siguen esparciendo esa crema, me atrevo a tocar más a menudo su sexo y, al fin y al cabo, como ella dice, es parte de nuestro acuerdo. Luego me va confesando que mientras nuestra vecina estaba detrás de ella, sentía su respiración en su nuca y en un momento dado, cuando sus dedos tocaron sus labios menores, Isa se echó para atrás su culo rozando el cuerpo desnudo de nuestra vecina, percibiendo sus tetas en la espalda. Y en esa posición tan sensual, Mónica siguió aseando a mi lesionada compañera, incrementando los movimientos de sus dedos, los cuales ya no se centraban exclusivamente en los labios, sino que, hacían contacto con un abultado clítoris por la excitación. Mónica debía ser consciente de que estaba en terreno pantanoso, sabiendo que a mi compañera le gustan las tías, pero ella parecía estar cruzando los límites de lo considerado correcto, respirando con dificultad, visiblemente excitada.

- “Hay una cosa que no entiendo, Isa... ¿cómo es que Mónica estaba tan cachonda?”

Mi compañera se me queda mirando y se muerde el labio con cara de niña buena, para agregar:

- “Ahí te tengo a ti, de comodín, Alex... porque le dije que lo bien que lo estaría pasando si en lugar de ser yo, fueras tú quien estuviera en la ducha con ella, si vuestros cuerpos estuviesen rozándose como hacía ella con el mío”

- “¡Guau!” - exclamo con un largo suspiro, pues entre esa confesión y mis dedos tocando un precioso coño...

- “Ya sé que es jugar sucio, pero ella se iba calentando a medida que le decía cómo estaría tocando tu polla y al mismo tiempo, de forma egoísta, conseguía que ella me tocase con todas las ganas... “

- “¡Qué pasada!” - confieso.

Isa me sigue relatando como Mónica deslizaba sus dedos con suavidad haciendo gemir una vez más a mi compañera, hasta que cuando con las yemas de sus dedos presionaron su clítoris, Isa estalló en un monumental orgasmo.

- “¡Joder! ¿Te corriste?” - exclamo y de forma instintiva uno de mis dedos se ha colado en el coño de mi compañera que suelta un largo suspiro, pero sorpresivamente no me regaña por ese atrevimiento.

Luego me sigue explicando que ella gimió con un “Ahhhh diosssss”, algo que pareció sorprender a Mónica preguntando qué pasaba, para cuando mi compañera recuperó el aliento decirle que le había hecho correrse de gusto.

Parece ser que Mónica se sintió algo cohibida, llevada por esa fantasía de tocarme a mí en lugar de hacerlo con mi compañera, pues ella le repetía lo que debía ser estar metida en la ducha conmigo y no sabía muy bien qué hacer, pero tenía a Isa frente a ella, sabiendo que estaba súper excitada y que acababa de tener un orgasmo gracias a sus caricias, dudando entre seguir con el baño o terminar con esa situación excitante e incómoda a la vez, pero la mirada de súplica de Isa fue suficiente para que decidiera continuar con el particular baño y confesando Isa que lo hacía muy bien. Ella se centró en sus pechos extendiendo el gel por ellos con una suavidad exquisita. La dureza de los pezones de mi compañera, según me cuenta, era más que evidente y al contacto con los dedos de la socorrista le hacía estremecerse, pero a esas alturas ya no se cortaba para gemir, cerrando los ojos y dejándose hacer. Mónica se recreó con esos bonitos pechos y no paró de acariciarlos con sus manos llenas de espuma de baño. Recorrió todo su contorno e incluso pellizcó levemente sus prominentes pezones, los cuales, a estas alturas, estaban duros como piedras….

Isa parece estar cachonda contando esos momentos y cierra los ojos como si lo estuviera viviendo, algo que aprovecho yo, para meter dos dedos y jugar con ese jugoso coño. Ya no me siento cohibido y de algún modo los meto y los saco levemente, imaginando que es mi polla la que se cuela en ese coño.

- “¡mmmmm!” - exclama sin abrir los ojos y esta vez no me corto a la hora de meterlos y sacarlos cada vez con más brío, como si realmente estuviera follándola con mis dedos.

Ella no dice nada al ver que son mis dedos los que están dentro de ella.

- “¿Qué tal?” - le pregunto

Mi compañera solo afirma mordiéndose el labio.

- “Sigue, Isa... por favor” - le imploro, pues me encanta estar viviendo esa escena con la socorrista mientras la estoy tocando de esa manera.

Ella relata que estaba muy excitada con Mónica, hasta el punto de que boqueaba como un pez, el aire no lograba entrar en sus pulmones y su cuerpo se agitaba al sentir esas delicadas manos sobre sus tetas, aunque la explosión de placer llegó cuando Mónica introdujo sin dilación alguna, un par de dedos en su coño, follándola con ellos, tal y como lo estoy haciendo yo ahora.

- “¿Qué hiciste?” - le pregunto.

- “Nada, como ahora... ¿qué voy a hacer?”

Está claro que Isa disfruta de eso y de algún modo, rememoro esos momentos.

Ella me dice que abrió los ojos sorpresivamente y observó como la socorrista, desnuda frente a ella, iniciaba una masturbación en toda regla. Sus dedos entraban y salían de su cavidad con una facilidad pasmosa, estaba tan mojada que no había oposición por parte de su cuerpo. Mónica con una mano acariciaba sus tetas mientras con la otra masturba a Isa, que parecía estar bloqueada, no sabía cómo actuar, ni se creía estar viviendo ese momento, pero gozando de las atenciones de la socorrista, llegando a dudar entre lanzarse a comer su boca o bien, quedarse paralizada disfrutando. Al final escogió la pasividad y se quedó quieta mientras era la morena la que tomaba la iniciativa.

- “Me quedo de piedra” - digo sin dejar de masturbar a Isa que sigue sin rechistar contándome cada detalle.

Los dedos de Mónica se movieron con una habilidad pasmosa, haciendo que Isa tuviera que apoyar su espalda en la mampara para no caer. Mantenía sus piernas abiertas viendo como esas manos perforaban su sexo una y otra vez. El nuevo orgasmo no tardó en llegar y un torrente de flujo emergió de sus entrañas empapando la mano de la causante de semejante placer, así como, sus propios muslos.

- “Una corrida en toda regla” - digo sin dejar de jugar con mis dedos en su coño.

- “Mmmm... Alex.... sí” - contesta ella, que está muy excitada gracias a esos recuerdos y supongo que también a mis caricias.

Isa me dice cómo Mónica sacó sus dedos empapados en flujo y parecía tan excitada como ella o más, pero no se atrevía a dar un paso que le deparase unas consecuencias impredecibles. Mi compañera no estaba muy segura de sí la excitación venía por tocarla a ella o por estar hablando de mí... vamos lo mismo que ocurre mientras yo la estoy follando con mis dedos, hablando de nuestra joven vecina.

- “Una pasada…. ¿no?” digo cuando me cuenta cómo su cuerpo temblaba, cuando Mónica, todavía desnuda la arropaba.

- “Sí, le pregunté, qué había sentido y me confesó que estaba súper excitada y estaba deseando irse a casa para masturbarse, que tenía un calentón impresionante.”

Ahora me viene a la mente, el momento en el que me crucé a Mónica saliendo de casa, algo congestionada... y entiendo el motivo.

- “Claro, por eso la vi salir con aquella cara desencajada... La noté con una mirada vidriosa y su cara enrojecida, mirándome fijamente”

- “Claro, Alex, se iba a hacer un dedo rápidamente para aliviar tensiones, en parte vividas conmigo, pero pensando en ti. ¿Te das cuenta? Me tocó a mí, pero estaba pensando que era tu cuerpo”

- “Con gusto se lo hubiera hecho yo, como hago contigo” - afirmo.

- “Pues yo ni te cuento, las ganas que tengo de comerme ese coño”

Sus palabras me excitan, al tiempo que mis dedos no dejan de entrar y salir, como quien no quiere la cosa.

- “Estoy que no me lo creo, Isa” - le digo, en todo el contexto de la frase, pues mis dedos siguen follándola con lentitud.

- “La situación se descontroló en la ducha, pero estoy convencida de que en su mente, eras tú quien estaba con ella, le hubiese encantado que la hubieras follado allí mismo. En el fondo tengo que estarte agradecida, pues me dio placer pensando en ti... me sirves de comodín y ahora me estás matando de gusto, cabronazo... ¡MMmmmm!”

Ese gemido intenso es pura magia para mis oídos y me esmero en seguir con esa labor.

- “Uf... Isa” - digo notando un estremecimiento por todo mi cuerpo y es que la excitación es máxima.

- “Ay, Alex....” - exclama cuando mi dedo pulgar acaricia su clítoris.

En ese momento no pienso en las consecuencias, ni en que ya no estoy rasurando su pubis, sino que estoy haciéndole una follada de dedos en una paja que vive intensamente.

- “¡Alex.... uff... Alex.... me corro!”

En ese instante, Isa empieza a temblar, echa su cabeza hacia atrás y aún con sus manos inmovilizadas aprieta sus brazos sacando sus pechos hacia afuera y cerrando las piernas, atrapa mis dedos mientras entra en un orgasmo increíble.

- “¡Joder, joder, joder... qué gustooooo!” - exclama viendo como su piel se eriza, sus pezones se encogen y su coño suelta ríos de flujo entre mis dedos.

Cuando su respiración se va normalizando y veo que ya ha acabado esa galopada de placer sobre su cuerpo, Isa abre los ojos y me sonríe, añadiendo un suspiro:

- “¡Gracias, Alex!”

- “Creo que Mónica tiene la culpa de todo” - le digo sonriente.

- “Uf, no te quites méritos... la paja me la has hecho tú y ha sido una pasada”

Me quedo mirando como todavía siente estremecimientos por todo su cuerpo y entonces, sacando los dedos de su sexo, le pregunto:

- “Isa, ¿es la primera vez que te corres con un hombre”

- La verdad es que sí, jajaja...

Me siento eufórico y más que contento de haber conseguido algo como eso

- “Menudas manos que tienes, Alex...”

- “A ver si te he reconvertido”

- “No creo... jajaja... pero tranquilo... que ahora estoy doblemente en deuda contigo. Respira profundamente, que aparte de follarte a Bea, me encargo yo de que te folles a Mónica, pues ella ni se atreve a insinuarlo”

- “¿Crees que voy a follarme a las dos?”

- “Estoy segurísima... y fíjate que hasta podrías tener un trío con ambas”

- “¿Con tía y sobrina?.... ¡uf!” - mi polla da un espasmo y está en su máxima tensión.

Me quedo pensativo ante esa posibilidad, porque hacerlo con Bea es alucinante, con Mónica es un sueño y con las dos, vamos un imposible...debe ser algo así como tocar el cielo.

- “Joder, ¿harás eso por mí?” - le pregunto a mi amiga.

- “Te debo eso y mucho más, compañero. Además, me has dejado el coño muy bonito” - afirma mirando su pubis totalmente libre de vello.

- “¿Te gusta?”

- “Mucho, además me has llevado al paraíso... Lo dicho, eres un artista”

Desde luego yo estoy que no puedo más y deseando volver a mi habitación a masturbarme, para explotar, pues saber que Mónica está colada conmigo, que voy a poder follarme a esa preciosidad y también a su tía, es algo que me tiene loco y estoy deseando ver cumplido... ahora sí que empiezo a no dudar de esas famosas cartas del tarot.

Isa abre los ojos, me mira fijamente y suelta una pequeña risita, cuando yo me quedo mirándola sin entender.

- “¿Qué pasa?” - digo todavía con dos de mis dedos dentro de ella.

- “Que vas a hacerte una buena paja en tu cuarto”

- “Joder Isa... ¿lees mi mente?”

- “Jajaja... no me extraña. Estarás cardiaco... pero antes quiero regalarte algo”

Me quedo allí plantado, desnudo y con mi polla tiesa esperando a que me diga.

- “¿Te gustaría comerme el coño?”

- “¿Cómo?” - pregunto totalmente alucinado.

- “Sí, hombre, puedes comerte mi coño, si es que te apetece, claro”

- “Pero, Isa, ¿me estás hablando en serio?”

- “Claro hombre... no vamos a follar, porque eso no lo veo, pero estoy segura de que sabes comer un coño y ahora mismo estoy muy cachonda... y supongo que lo estás deseando, aprovecha antes de que me arrepienta, además me encantaría que lo hicieses.”

- “Pero tú, Isa...”

- “Vamos, no te lo pienses. Lo estás deseando y yo que lo hagas”

Isa se acomoda sobre la cama, abriendo aún más sus piernas, sus brazos inmovilizados en sus costados, su coño brillante expuesto como regalo y esas tetas enormes y divinas que se mueven al compás de su respiración.

No seré yo quien ponga en duda mis propias habilidades en sexo oral y no solo me apetece, sino que le sonrío con mi cara de felicidad y me acerco a mi compañera, para arrodillarme entre sus piernas y aferrado a sus caderas, las sujeto con firmeza y meto mi boca contra ese coño babeante que acabo de rasurar, sintiendo el sabor de Isa por primera vez en mi vida, sin creerme que le esté comiendo ahí, precisamente, algo que muchas veces había imaginado, como cuestión totalmente imposible, pero no, mi lengua está insertada en esa rajita y mis dedos separan sus labios mayores haciéndome sentir todo su aroma y al mismo tiempo ver cómo todo su cuerpo tiembla.

- “¿Todo bien?” - pregunto absurdamente, pero a veces pienso que una mujer sabrá hacer este trabajo mejor que yo, pues ellas conocen su propio cuerpo como nadie.

- “¡Uh.. sigue, Alex, qué bien lo haces, joder!” - me dice para que no deje de seguir lamiendo, sorbiendo, chupando y hasta mordiendo ese chochito tan rico que tiene.

Apenas he empezado con mi circuito de lamidas, cuando mi compañera, presa de tanta tensión, estalla en un orgasmo brutal... lo noto porque su cuerpo se transforma, su piel de gallina, sus pezones erizados y un flujo viscoso que empapa mi cara, hacen que levante la vista, sin dejar de lamer, para observar como ella da un gemido intenso gritando. Creo que tanta tensión no la dejan ni razonar.

- “Si, diossss... sí..... joderrrrrr” - exclama entre temblores.

Cuando por fin me levanto, observando jadeante a mi compañera, veo que mi polla sigue totalmente tiesa, así que la meneo un par de veces con esa visión de Isa, desnuda sobre su cama, con su coño brillante y sin creerme que acabe de comérmelo. Me resulta increíble haberle arrancado dos orgasmos a mi preciosa compañera.

- “Te dejo descansar... que necesito...” - le digo agarrando de nuevo mi pene con fuerza, pues ya no puedo más y voy a aliviarme a mi cuarto.

- “No, espera... hazlo aquí” - dice haciendo mención clara a que me masturbe delante de ella.

- “Pero, ¿qué dices?”

- “Chupártela no... no quisiera potar, pero me hubiera gustado hacerte la paja yo misma, en compensación por esa comida de coño brutal, pero mis manos...” - dice mirándolas

- “Pero, Isa...”

- “Vamos, hombre, que sé que te encanta hacerlo pensando en mí, qué mejor que en vivo. ¿Acaso no te gusta ver mi cuerpo desnudo?”

- “¿Bromeas? Es lo mejor que haya podido soñar”

De pie, observo a Isa con sus piernas abiertas que me mira entre curiosa y excitada, por mi propia excitación y me masturbo recorriendo mi mirada en todo ese magnífico cuerpo, siguiendo la línea de sus tetas, su cintura, su vientre plano, para acabar en ese chochito libre de vello y en ese ímpetu, ella me sigue diciendo:

- “Uff... Alex, verás que polvo le vas a echar a Mónica, ella sí que va a recibir esa polla como se merece” - me dice.

- “Dios, Isa, estás buenísima” - exclamo meneando mi polla sin parar.

Ella no se pierde detalle y observa con curiosidad como estoy dale que te pego, ante su cuerpo desnudo despatarrado sobre la cama.

- “Te debo una paja para cuando tenga las manos bien. Te lo prometo. Me has hecho correrme como pocas veces” - me dice observando mi cuerpo temblar, cercano a la explosión.

Nada más oír eso e imaginar su mano aferrada a mi vástago, empiezo a tensar todos mis músculos y casi no puedo controlar mi orgasmo, ya que la tensión sexual es máxima, pues mi corrida no se hace esperar y el primer chorro sale disparado, llegando a caer sobre las tetas de Isa.... en un torrente en forma de parábola que ella observa con asombro. Pero mi segundo chorro no se hace esperar y sale también con fuerza cayendo en su tripa, bañando su ombligo y otro más que sigue al anterior y un cuarto que casi de forma certera, se va a depositar sobre su rajita, quedando una gota resbalándose por toda la longitud de ese coño brillante. La imagen no puede ser más increíble.

- “¡Ostras!” - exclama viendo su cuerpo bañado por semen y especialmente ese último goterón que se resbala por su sexo.

- “¡Ay, Isa!, ¡lo siento!, ¡no he podido...!” - me excuso totalmente avergonzado.

- “Tranquilo, Alex... ¿te ha gustado?”

- “Uf... demasiado” - digo fijándome en ese coño bañado con mi propio semen así como grandes tetas impregnadas del líquido blanquecino”

- “Pues nada... esto se limpia, lo importante es que hayas disfrutado como lo he hecho yo”

- “Me ha encantado correrme sobre ti, no sabes la de veces que he soñado con esto” digo yo.

Tras dudar unos segundos y notando las palpitaciones en mi polla, ayudo a mi compañera a levantarse para llevarla al baño y ducharla de nuevo para quitarle los restos de semen de su cuerpo. Me vuelvo a disculpar mientras enjabono todo su cuerpo de nuevo, recreándome en sus tetas, en su culo y especialmente en el coño, que amaso, pellizco y restriego con ganas, limpiándola de esos restos de mi leche... pero ella se limita a decirme que no pasa nada, que esté tranquilo y que, si lo he disfrutado, ella también.

Tras secarla con cuidado y acostarla de nuevo, me despido de ella, acudiendo a mi habitación, con un cuerpo satisfecho y una mente llena de sensaciones entrecruzadas, extrañas y excitantes, hasta el punto de que tengo ganas de volver a masturbarme sobre mi cama, pero estoy agotado y me quedo dormido como un angelito antes de intentarlo.

Continuará...

Sylke & Álvaro