Mi primera vez infiel
El vuelo a Madrid debería ser solo un trámite, pero la ansiedad la lleva a buscar consuelo en los brazos de un extraño. Lo que empieza como un apoyo se convierte en una tentación irresistible que la arrastra a traicionar su matrimonio en la misma ciudad donde trabaja.
Hola, mi nombre es Salma y tengo 36 años. Seguramente lo que voy a narrar os parecerá una auténtica locura y sí, quizá lo fuera, pero es lo que ocurrió. No me arrepiento de nada, solo me sorprende aun a mi misma cuando lo recuerdo. Incluso me sonrojo. Y algo más también. Muchas veces me doy cuenta que estoy con la sonrisa tonta y esto pasa cuando pienso qué pasó y cómo pasó. La cabeza va por su camino y no puedo, ni quiero, olvidar esta pequeña y breve parte de mi vida.
Os pondré un poco en contexto. Vivo en Mallorca, y desde muy pequeña estoy muy acostumbrada a viajar ya que mi padre es de Siria y mi madre de la isla. La historia de cómo se conocieron no viene a cuento, aunque tiene su miga, pero explico esto para que entendáis que mi aspecto físico, y seguro que también mi carácter, se ha forjado gracias a esa mezcla de culturas. Mido casi 170cm, peso 65 kg, de cabello negro y tez muy morena heredada de mi familia paterna, y con ojos azules, casi cristalinos, de herencia de mi abuela materna. Voy al gimnasio de manera regular por lo que me mantengo en forma e intento mantener una vida saludable. Mi pecho se mantiene bien erguido, y mis nalgas son la envidia de casi todas mis amigas. Todo eso, especialmente el contraste de lo morena que soy con ojos claros, hace que, según me dicen mis parejas, sea una mujer muy atractiva. Ahora mismo mantengo una relación que inicié hace ya dos años largos con un hombre fantástico. Pero lo que pasó, pasó y no me arrepiento. Me sabe mal por Jordi, puede que algún día se lo cuente, no se lo merece en absoluto pero creo que lo volvería a repetir.
Y ahora ya sí, vamos al grano. Esto ocurrió hace dos semanas, pero la historia viene de lejos. A pesar de deciros que estoy acostumbrada a viajar, no es más cierto que desde un tiempo a atrás el hacerlo en avión me crea cierta angustia. Cuando mi jefe me indicó que debía visitar a un cliente en Madrid ya mi cabeza empezó a pensar en cómo sería el vuelo, si me pasaría lo de la última vez que vomité encima de una señora, si podría superarlo, incluso pensé en pedir ayuda a un psicólogo que ya acudí anteriormente por un desamor. Pero nada de eso. El domingo me costó horrores dormir y cuando lo conseguí no fue por más de 2 horas. Ya despierta, aproveché para ducharme, depilarme, y arreglarme bien para la visita comercial. Me peiné bien y me maquillé a conciencia. No suelo abusar de esto porque no lo necesito, pero había que tapar las ojeras. Me vestí con una ropa interior casi nueva que tenía compuesta por sujetador blanco y tanga del mismo color a juego. Siempre suelo utilizar tangas ya que odio la marca que las bragas hacen. Una blusa blanca arriba, unos pantalones vaqueros, unas zapatos de tacón cómodos y una americana de las que se llevan ahora. A las 5 ya me dirigí hacia el aeropuerto en taxi. Algo ya debió ver el conductor porque a los 5 minutos de estar sentada dentro del coche me preguntó si estaba bien. Sí, le respondí, claro que sí. Su respuesta me dejó a cuadros – es que como no dejas de soplar, parece que estás enfadada o nerviosa. Ni me había dado cuenta. Llegamos al aeropuerto, paso el control, me dirijo a la puerta de embarque y noto como el corazón se me acelera. Intento calmarme, Saaaaalma, que esto no es nada. Que lo has hecho cientos de veces. Compro una botella de agua y espero que se abra la puerta. Nada más llamarnos me dirijo corriendo hacia los controladores y paso la primera. Quiero llegar a mi asiento de pasillo preferente y dormir rápidamente a ver si con eso se me pasa. Todos los pasajeros van entrando y un hombre se detiene a mi lado: perdona, tengo la ventanilla, ¿me dejas pasar? Me levanto sin abrir la boca y el se acomoda. Casi ni me fijo en él, solo puedo decir que es casi calvo, de unos 50 años. Nada más. La gente va entrado y anuncian que el embarque ha finalizado. Bien, pienso. El asiento de en medio está libre así que iré un poco más ancha. Los motores empieza a ponerse en marcha, cada vez suenan con más fuerza, noto como me tenso. Cada vez con más fuerza. El hombre que está a mi lado me mira, lo noto y me pregunta –hola, ¿estás bien?. Y no sé que contestarle. Oigo como otra vez se dirige a mi y vuelve a hacerme la misma pregunta – hola, ¿te ocurre algo?. Hola, le respondo. Es que no sé que me pasa que esto de viajar en avión últimamente no lo llevo nada bien. Me sonríe y me tranquiliza. Vaya tontería pero me pasa. Sigue hablándome - ¿quieres que me coloque en medio y así, si quieres, puedes cogerme la mano?. Sí, le respondo moviendo la cabeza. El hombre se mueve hacia mi lado y ahora sí puedo ver como es realmente. También es moreno, no tanto como yo, con barba de dos días recortada muy bien. La edad la que había percibido antes, qyizá un poco menos, ni gordo ni flaco, y de altura no lo sé porque como se mueve un poco agachado no puedo determinarla. Viste pantalón de traje, camisa azul. Comenzamos a hablar, creo que intenta que evite pensar en el trayecto. Me dice que se llama Fran, que vive en una localidad al lado de Palma, y que se traslada a Madrid para una feria por motivos laborales. Poco más le oigo decir porque cuando el piloto acelera al máximo los motores en la pista de despegue le agarro con mis dos manos su mano derecha y apoyo mi cabeza en su hombro. Nos enlairamos y cuando ya estamos bien arriba me doy cuenta de lo que he hecho. Me muero de vergüenza, noto como me suben los colores y le pido disculpas.
Salma: Perdona. No sé que me ocurre pero va de mal en peor. Mira que he volado veces y no sé que me pasa.Fran: Para nada. No pidas perdón por esto. Solo faltaría.
Continuamos hablando todo el rato, y eso que quería dormir, pero Fran me transmite tranquilidad y el vuelo se me hace súper corto. Tanto es así que le ofrezco mi insta y el se echa a reir.
F: Insta?. Es cierto, ahora ya no se da el teléfono, ahora se da el insta.S: Jajajajajaja. Sí, perdona. Es la costumbre. Tienes?F: Sí, aunque lo utiliza poco.S: Si me dejas tu teléfono te doy el mío.
Me ofrece su móvil, abro la aplicación y veo que tiene varias fotos suyas, algunas de ellas bastante interesantes en bañador. No está mal para la edad que tiene, pienso.
S: Aquí tienes. Si estás aburrido de tanta feria, ya sabes jajajaja. Una risa tonta me sale. Y es que no sé porqué le he dicho eso. Si no quiero nada con él, pero es que ha sido tan amable que me enternece.F: Buf, obligado vengo. Ya me hubiera gustado quedarme en casa, pero creo que si lo hubiera hecho no habría podido conocerte.
Tras varios minutos más el avión aterriza, se abre la puerta y todos salimos. Al llegar a la terminar me giro y busco a Fran para agradecerle todo lo que ha hecho y lo pillo mirándome el culo. Zasca!!!! Ahora es él el que se pone rojo, y es que no se esperaba que me girase. Le doy las gracias, dos besos, y tomamos sentidos opuestos de salida.
Son las 8:30 horas de la mañana y voy, otra vez más, en taxi hacia la empresa del cliente. Un importante farmacéutica a la q al jefe debemos tratarle muy bien debido a que es uno de nuestros principales clientes. Es un poco pedante, pero se llevarle y consigo que a las 14 horas ya tenga todo claro y pueda dedicar la tarde a lo que quiera. El vuelo de regreso no es hasta el martes, por si la cosa se complicaba, así que tengo tiempo para pasear por la ciudad. Antes voy al hotel a dejar mi pequeña maleta, comer algo y una pequeñita siesta. Me despierto a las 17, con mucho calor, no sé que me pasa. ¿Mi cuerpo pide guerra? Es cierto que hace ya unos cuantos días que con Jordi no hacemos nada, pero este despertar es nuevo. Mi cabeza va a Fran, lo bueno que ha sido conmigo, incluso lo encuentro guapo. Me noto caliente, húmeda diría yo. Y que narices. Estoy sola, soy mayorcita, y puedo hacer lo que me de la gana. Nadie me va a molestar en esa habitación así que meto mi mano derecha debajo del pantalón, abro el elástico y alcanzo mi tanguita. Sigo metiendo la mano y abro los ojos como platos. Joder, estoy mojada. Muy mojada. ¿Puede ser que haya estado soñando con Fran y por eso esa situación? Me da igual, es tan mono que voy a dedicarle una paja. Me quito el pantalón al que mando al otro lado de la cama, me quito el tanga y me dejo solo la camiseta. Mi mano se dirige a mi sexo totalmente depilado y mojado. Mi dedo corazón es el primero en volver a notar mi calentura, se mete entre mis labios, le acompañan el índice y el anular, busco mi clítoris y vuelvo a alucinar de lo cachonda que estoy. Localizó mi botón mágico, ese que me hace estremecer, y lo masajeo dulcemente. Lo muevo arriba y debajo de manera constante. Imagino que es Fran que me está tocando. Recuerdo el tacto de su piel cuando le agarraba las manos, el olor de su piel cuando me he apoyado en él y hasta su aliento cuando nos hemos dado los dos besos de despedida. Joder, qué cachonda me ha puesto el tío ese. Cambio, y ahora son círculos que hago sobre mi apéndice sexual y maldigo el no haber cogido ningún juguete de los que tengo. Dejo de tocármelo y quiero que mis dedos me penetren. Como se deslizan, como entran. Uno, dos, tres para dentro. Meto y saco. Me toco con la izquierda mis pechos. Me pellizco los pezones, eso sí que me pone. Mientras una mano maltrata mi pezón izquierdo mi mano derecha ya va por libre y se mete entera en mi vagina. Que gusto más bueno, que placer tan intenso. Cierro los ojos y solo pienso en Fran que me está comiendo. Lo deseo, lo quiero ya. Lo necesito urgentemente. Reviento en uno de los mayores orgasmos que he sentido doblándome sobre mi misma. Estoy exhausta. Que intensidad y cuanta necesidad he experimentado en 10 minutos. Mis muslos están completamente mojados. Abro los ojos y recapacito lo que ha pasado. Joder… ¿Cómo ha sido posible? ¿Por qué he gozado tanto? Decido ir a la ducha par refrescarme e intentar calmarme un poco.
Me lavo el pelo, me dedico mi tiempo, me aclaro bien. Me froto todo el cuerpo y sigo notando que reacciona aún a los estímulos táctiles ¡Qué narices está pasando! Salgo de la ducha y me miro en el espejo. No me reconozco ¿Cuando fue la última vez que sentí esto? Seguramente hace ya muchos años, demasiados porque ni lo recuerdo. Decido cambiarme rápido de ropa y salir a la calle a respirar. Quiero mirar cuatro tiendas y pasar lo que queda de tarde fuera de la habitación. Ya para cenar veré lo que hago.
Dicho y hecho. Ropa cómoda. Un vaquero que a decir verdad me queda como un guante, una camiseta con cuello en V que permite ver mi escote de manera sugerente, una chaqueta fina por si hace fresquete más tarde, y unas bambas para caminar. Quiero pasear por Gran Vía, sin rumbo concreto. Debo aprovechar antes que cierren así que tengo unas tres horas todavía. Ya en esa calle me meto en varios comercios de lo mas variopintos para buscar algo que sea de mi agrado cuando, de repente escucho: Hola Salma, cómo tú por aquí?. Me giro asustada por haber sido reconocida fuera de mi ciudad y quedo maravillada al encontrarme a Fran. Pero otra vez noto como los calores me suben a los mofletes. Él se acerca y me da dos besos a los que no se cómo reaccionar. Recuerdo que hace una hora estaba tocándome pensando en él y ahora lo tengo delante mía.F: Qué pasa ¿No me esperabas?S: Hola, perdona. Pues no, para nada.F: Y yo que pensaba que ibas a estar contenta.S: Sí, claro que sí –balbuceo-. Solo que no esperaba encontrarte aquí. Creía que estabas trabajando.F: Sí,estaba. Pero aquello era un aburrimiento y me he ido. Y mira por donde a quién me he encontrado. Mira, si quieres te invito a tomar algo.S: Bueno, es que –no se que decir. Intento pensar rápido y no quiero cagarla. No me sale excusa algún-.F: Tranquila, te voy a dar la mano para que no tengas pánico. Conozco aquí al lado una de esas terrazas que se han puesto de moda que está muy bien. Si quieres vamos ahí, está a cinco minutos andando.S: Vale, de acuerdo – y es que no me sale nada más que decir. Aún recuerdo mi paja con él como mi adonis y es que me muero de vergüenza-F: Venga, dame la mano no vaya a ser que te quedes petrificada jajajaja
Me coge de la mano y soy incapaz de decir que no. Me supera en años, por lo que también en experiencia y me siento absolutamente absorbida por Fran. Si me viera Jordi, si me vieran mis amigas, mi familia, yo que siempre soy muy meticulosa y muy protectora y que jamás he sido infiel a ninguna de mis parejas.
Vamos caminando y me habla. Al principio le respondo con monosílabos hasta que lentamente me suelto.Fran: Y cómo ha ido la reunión que tenías.S: Bien, he podido finalizarla antes de las 2.F: Que suerte. Yo he tenido que aguantar a unos cuantos pelmazos que se creen superiores y me ha venido el tiempo justo para ir al hotel, ducharme, cambiarme y salir. Y justo al salir del hotel he visto como entrabas en esa tienda.S: Vaya casualidad.F: Las casualidades no existen. Algunos dicen que es el destino
En ese momento gira su cabeza y fija su mirada en la mía. Ahora puedo ver el color miel de sus ojos, y su hipnotizante mirada. No consigo aguantársela y agacho la mía.
F: Guau. En el avión me había podido percatar de lo fascinante de tus ojos, pero no ha sido hasta ahora que me he dado cuenta que son increíbles. Son seductores.S: Eso es tu mirada, -se me ha escapado, no quería decir eso. Ni siquiera quería responderle, agacho otra vez la cabeza avergonzada-.F: Muchas gracias. Y no agaches esa cabecita, que debes mostrar a todo el mundo lo guapa que eres.S: Gracias a ti también.F: Mira, este es el hotel. Vamos a entrar y subimos a la azotea. Hay que ir por el ascensor.
Accedimos al hall, y vamos hacia el ascensor. Fran aprieta el botón y cuando se abren las puertas el se mete primero. Me sorprende, pero no pasa nada. Se coloca espalda contra la pared y yo me coloco en medio. Estamos solos, nadie más y me coge de la cintura atrayéndome hace él. Me quedo en shok, no puedo reaccionar. Mi cuerpo solo hace lo que le piden y voy hacia atrás. Noto como sudo, como se me acelera el corazón y como mi espalda topa con su pecho. Sus manos siguen en mi cintura. Ni más arriba ni más abajo pero entre nuestros cuerpos no puede correr nada de aire. No hay separación. Lo noto, siento como de nuevo me humedezco. Y también noto otra cosa, y esta vez no es de mi cuerpo ¿Será que tiene una erección?¿Qué tiene Fran que me hace sentir así? Me habla y no sé ni que dice. Le oigo pero no le escucho. Llegamos a la azotea, se abren las puertas y salimos. Me vuelve a coger de la mano y vamos juntos hacia el camarero. Él le pide una mesa y nos colocan en la única libre que quedaba. Nos sentamos al lado uno del otro e intento centrarme en la conversación.F:…aquí me gusta venir cuando estoy en Madrid. Normalmente siempre hay un mesas disponibles y consigo desconectar un rato del trabajo.S: Así que aquí traes a las mujeres que te ligas cuando estás fuera de casa –tampoco sé porqué he dicho eso. Me ha salido sin pensar-.F: Pues vaya concepto que tienes de mi. No, ni mucho menos. Sí que es cierto que he venido alguna vez acompañado, pero siempre por compañeras de trabajo y en grupo y nunca por una mujer tan hermosa como tú.S: Ya. Bueno, cuéntame a que te dedicas.F: Así me gusta, cambiemos de tema jajajaja. Estoy en unos grandes almacenes como director de operaciones y necesitaba venir a Madrid para contactar con unas personas y apretarles un poco los tornillos.S: Vamos, que eres el chico malo.F: No, para nada. Pero no me gusta que me ninguneen.
Fran llama al camarero y me pregunta que quiero tomar. Si le digo que lo que me apetece ahora mismo es su polla, y notarla en mi boca, nos quedaríamos todos a cuadros, sobre todo el pobre camarero. Menos mal que por esta vez he conseguido callarme. Pedimos dos gin tonics y tras esos otros dos. Nos los bebíamos demasiado rápidos y Fran me preguntó si me apetecía ir a cenar. Cerca había un sitio para tapear diferentes platos que estaba bastante rico. No sabía si era buena opción o no, pero lo cierto es que beber con el estómago vacío no sienta bien a nadie por lo que contesté que sí. Él quiso pagar y la única condición que puse es que yo invitaba a la comida. Fue terminar la frase y los dos nos quedamos mirando comenzando a reir a carcajadas. La gente nos miraba sin saber porqué.
Volvimos al ascensor y se repitió la operación. Él se situó al fondo y volvió a cogerme de la cintura. No me resistí y me acerqué a él. Cuando nuestros cuerpos chocaron pude notar claramente como estaba de duro. Obviamente tenía una erección. No me corté y apreté mi culo contra ella. Me giré hacia atrás y le miré. Mantuvimos la mirada hasta que acerqué mis labios hacia los suyos. Necesitaba besarle. Necesitaba conocer su sabor. Empezamos lentamente hasta que nuestras lenguas se buscaron e iniciaron una lucha y, de repente, un PING. El ascensor había llegado abajo y sus puertas se iban a abrir. Ahora ya sí que no había vuelta atrás. No me acordé de Jordi en ningún momento.
Salimos de ahí y decidimos que lo mejor era ir a comer algo, poco pero un mínimo. Durante el camino Fran no paro de besarme, y yo a él, también aproveché para meter un poco de mano a su trasero y así notar que lo tenía fuerte. La edad parecía que no le pasaba factura, salvo por la calvicie. Llegamos al restaurante y nos volvimos a sentar juntos. Pedimos varios platos y una botella de sidra. Mientras esperábamos no pude resistirme y estiré la mano hacia su pierna, llegando a tocar su parte interior. Pero no era eso lo que quería. Necesitaba saber como era su falo. Estiré más mi cuerpo, me acerqué a él para darle un beso y, al mismo tiempo, aprovechar para deslizar mi mano sobre su sexo. Estaba duro, muy duro, extremadamente duro. No podía hacerme una idea del tamaño que tenía, pero pequeña no era. Moví mi mano derecha encima de ella, la acariciaba por completo. Joder, ni me reconocía. Eso no lo había hecho antes y ahora, cuando teóricamente estas más centrada, me veo haciendo locuras. Me daba igual. Fran me cogió del cuello para estrechas aún más el espacio entre nosotros. Nuestras lenguas combatían frenéticamente. Quería tocársela sin tela de por medio y quise bajar la cremallera. Pero me lo impidió,- si haces eso aquí voy a salir con los pantalones manchados-. Era una posibilidad, así que me limité a seguir tocando por encima. Cuando nos dimos cuenta ya teníamos dos platos sobre la mesa, ni nos enteramos del camarero jajajaja. Comimos, devoramos -no tanto ni lo que quería yo, y bebimos. Parecía que nos llevaba el diablo. No le pregunté ni si quería postre, porque eso ya se lo iba a dar yo directamente, me dirigí a la barra y pagué.
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