Con la amiga de su esposa en una feria
Paulina siempre fue distante, pero esa noche en Barcelona, su mirada altanera se transforma en una invitación prohibida. Entre la mirada de desconocidos y el riesgo de ser descubiertos, la amistad se quema para dar paso a un deseo que ninguno podía controlar.
Berto había acudido a una feria de novedades informáticas en Barcelona. Se había hospedado en el mismo hotel donde le había recomendado la organización, ya que era una forma de estar más en contacto con los resto de invitados y así conocer las novedades, etc. En esta ocasión había venido solo, ya que, en oportunidades anteriores, siempre le había acompañado su esposa. María, su esposa, era bastante celosa y aquella procuraba acompañarlo en los viajes, pero esta vez, por motivos de su trabajo y también por la enfermedad de su madre, no le quedó otro remedio que, a regañadientes, dejarlo venir solo.
Aunque jamás había sido infiel a su esposa, siempre había pensado en oportunidades con aquella, de poder conocer alguna mujer y poder echar una canita al aire. Sin embargo, al llegar a la entrada principal del hotel donde se iban a hospedad los invitados, se quedó tremendamente disgustado tras reconocer entre los invitados a Paulina, una amiga íntima de su esposa. Aquello no se lo esperaba. Teniendo tan cerca aquella mujer, le iba a ser imposible flirtear con cualquier otra mujer.
Para mayor de males, llevaba varios días de abstinencia sexual por problemas de un hongo vaginal de su esposa, que le había mantenido sin sexo más de dos semanas. Aunque había recurrido a la masturbación, aquello no saciaba sus deseos sexuales. Berto, a su edad de sesenta años recién cumplidos, aún mantenía una buena forma física y también sexual. Era un empedernido del sexo, aunque no lo daba a demostrar, pero la realidad era que, en cuanto veía a una mujer bien formada se le iban los ojos y su miembro se increpaba. Por ello, había pensado que en aquella feria podía tener la ocasión de hablar y dialogar con más de una mujer y en su caso ser un elemento importante para sus fantasías sexuales en su masturbaciones en la habitación del propio hotel.
Por ello, en cuanto divisó la presencia de Paulina se quedó de piedra. Aquella era una amiga de su esposa, mucho más joven que ella, la cual no pasaba de los cuarenta. Aún mantenía aquel cuerpo joven y exuberante, con aquella figura delgada, bien formada, bastante cuidada por las sesiones de gimnasia, y aquel trasero de infarto que siempre le había encandilado. Paulina siempre había sido bastante distante con Berto, quizás porque conocía que su amiga era bastante celosa, o porque siempre aparentaba un actitud bastante altanera hacia él.
Estaba casada con Damaso, un oficial de notaría, que tenía el aspecto se ser algo homosexual, con su voz muy delgada, y sus formas de caminar y hacer las cosas, que parecían al menos un barbilampiño. El citado esposo, era motivo de mofa por parte de su mujer, pero sin que Paulina llegara nunca a enterarse. Por otro lado, su esposa se mofa de la misma al no haber sido concebida anteriormente, careciendo de descendencia.
«¡La que me faltaba!», se dijo Berto cuando la vio dirigirse a donde el mismo se encontraba, charlando, con otros asistentes al congreso. No es que le importará mucho, pero ese carácter distante y altanero que siempre había mantenido con el mismo hacía que intentara pasar de ella, como hacía cuando ella acudía a su casa. Sin embargo, ahora ambos estaban bastante distantes de sus domicilios, en aquel hotel de la ciudad catalana, y le era imposible no saludarla. Si lo hubiera hecho su esposa seguro que se enfadaría bastante, cuando Paulina se lo comentara.
Disimulando su decepción, Berto saludó a Paulina, y hasta le dio un beso. Ella trabajaba en un departamento comercial de una gran empresa, y por ello, era lógico que acudirá aquel congreso en búsqueda de novedades informáticas. Ella, al ver la cara de sorpresa que puso Berto, le comento:
-¿No te dijo tu mujer que me verías aquí?
No quiso decirle que no le había dicho nada, porque comprendió que su esposa lo había hecho a propósito, para que su amiga le sirviera de espía. Por ello respondió: -Sí, me lo avisó, pero me había despistado- y cambiando de tema, le preguntó si ya se había registrado.
Paulina, pareció extrañarle su respuesta, pero no hizo ningún comentario y respondiendo a su pregunta, le dijo que ya había dejado su equipaje en la habitación y que se iba a dar una vuelta antes de cenar.
La mujer intentó que la acompañara a la ciudad, pero Berto busco una disculpa con la finalidad de evitar que su compañía se volviera agobiante durante esos días.
La mujer aceptó, a regañadientes. Berto, se percató de que aquelle mujer pensaba utilizarlo, y eso no se lo iba a permitir. Pero cuanto de despedía, la misma se volvió y le pregunto- ¿Con quién vas a ir a cenar?. Berto, se quedó sin respuesta, terminando por reconocerle que aún no lo sabía. A la mujer se le iluminó la cara y al instante le dijo: Pues ya tienes compañía. ¡Cenaras conmigo!.
Aquella actitud posesiva no era normal y por eso no le costó asumir que su mujer le había encomendado su vigilancia durante la feria. Haciendo como si estuviera encantado de ello, quedó con ella en el restaurante del hotel a las nueve.
Satisfecha por su rápida claudicación, Paulina se despidió del marido de su amiga rumbo a la calle.
“¡Serán putas!”, exclamo cabreado Berto, al saber que no habría modo de liberarse de aquella mujer, so pena de llevarse una buena bronca al volver a casa. Estaba claro que se había puesto de acuerdo con su mujer para que le acompañara durante toda la feria, y así tenerlo controlado.
Ya en su habitación del hotel, tras deshacer su maleta, se puso a recordar que aquella mujer, pese a su talante altanero y prepotente, la realidad es que tenía un físico espectacular, y que en varias ocasiones había fantaseado con ella. Tenía conocimiento de que era bastante inteligente, y estaba muy considerada en su empresa.
Ya bajo el agua de la ducha, me olvidó de todo y comenzó a pensar como darle el esquinazo. Pero, pronto llegó la hora de la cena y se dijo: -Joder, ¡Tendré que aguantar a esa pelmaza esta noche!-
No obstante, ilusionado con que la feria le diera alguna oportunidad y evitar la compañía de la misma, se terminó de vestir y se dirigió al encuentro de la amiga de su esposa. Ella se hizo esperar, y llegó algo tarde. Había pensado en recriminarle el retraso, pero se quedó embobado cuando observó como venía vestida aquella mujer. Paulina vestía con un discreto traje de chaqueta blanca, que le deba un aire de ejecutiva, y que además le quedaba de maravilla.
Berto se dijo para si: «Joder, que buena esta». “Pese a todo es una hembra de cuidado”, pensó. Paulina ajena a lo que corría por la mente del marido de su amiga, le saludó cordialmente y cogiéndole del brazo, le llevó hasta uno de los tres restaurantes que había en ese hotel. Su elección le agradó porque eligió un japonés y ese tipo de comida siempre a Berto le agradaba.
Durante la comida tras la primeras copas de vino ambos se encontraban bastante relajados, y ella entonces le preguntó:
- ¿Has pensado que te he invitado porque quería controlarte, como me encomendó tu esposa que hiciera?
- ¿Lo hizo? Le pregunto Berto sin dar crédito aquella manifestación.
- ¡No me vengas con esas!.¡Lo sabes de sobra!. Tu mujer se quedó bastante preocupada pensando que vas a aprovechar para ponerle los cuernos. María es muy celosa. Lo siento por ti.
- Ya lo sé. ¿Y tú que papel vas a adoptar?
- ¿Acaso me ves cara de espía? Lo que hagas con tu vida en estos días será tu problema. Le comentó ella.
- Gracias. Aunque tampoco he pensado en hacer nada del otro mundo.
- Ya… ¿me vas a decir que, si te surge la ocasión, la dejarás escapar por no serle infiel? Le contestó aquella con una media sonrisa maliciosa.
- Pues. No sé. depende de la mujer que sea. ¿y tú? si tienes la oportunidad, ¿le pondrías los cuernos a tu marido?
Paulina le mira a la cara, le sonríe y le contesta: al igual que tu. ¿Depende de quién sea?¡cualquiera sabe!
-Pues aquí tendrás muchas oportunidades. Con un cuerpo como el tuyo, seguro que serán muchos los que les gustaría conseguir ese trofeo- le contesto entonces Berto sonriendo.
Ella entonces, agradecida de sus palabras, le mira morbosamente, y le pregunta: -¿y, a ti?, ¿también te gustaría conseguir este trofeo?.
Berto se quedó de piedra. No esperaba la pregunta tan directa de Paulina. Pero, sobreponiéndose le contesto: -Reconozco que eres una mujer excepcional. No lo niego. Estas lo que se dice “muy buena”. Pero, ¡eres la amiga de mi esposa! Ella tarde o temprano se podría enterar.
-¡vaya no sabía que me tenias en tan buen concepto!. ¿de veras te parezco que estoy buena?... ¡eso jamás me los habías ni insinuado!
Ya. Si te hubiera realizado este comentario ante mi esposa, ya no serías amiga de ella.
Ja ja… que bien la conoces.
Ella se sonrió. Continuaron comiendo y hablando cada vez con más confianza. Era la primera vez que mantenía una conversación animada con la amiga de su esposa, y la verdad es que a Berto le estaba comenzando a gustar estar con la misma. Al rato Paulina le pregunta:
-¿qué tal lo llevas con tu mujer?. Creo que te tiene en el dique seco desde hace tiempo ¿verdad?
-vaya. ¡veo, que la misma te lo ha contado! La realidad es que no es fácil. Me gusta hacer el amor, no lo niego, pero esos problemas vaginales…. Terminó por contestarla aquel tremendamente sorprendido de que supiera aquella intimidad.
-Y ¿Cómo haces ahora? No me dirás que recurres a la..”Masturbación”. ¿o si?. le pregunto sonriendo.
-Ya…, pero no es lo mismo.
- Tampoco tendrás tanta necesidad. La edad… me supongo. Ya sabes… ¡no será como antes! Le dijo aquella, haciendo que el hombre se sintiera realmente herido.
-¡En eso creo que te equivocas!. No sé qué te habrán contado de los hombres sexagenarios. Pero te pudo asegurar que mi potencia sexual sigue intacta. - le contesto herido en su orgullo.
-Ya. ja ja ¡Todos dicen lo mismo!. Pero luego la realidad es lo contrario. “Es el cuento del clásico macho hispánico”.
-Bueno Paulina. No voy a discutir contigo sobre ello. Yo conozco bien hasta dónde puedo llegar. ¿A lo mejor te sorprenderías?
La mujer le mira sonrojándose y le pregunta: - ¿no me estarás retando a acostarme contigo para demostrármelo? ¿verdad?
-no he querido decir eso. No quiero que te ofendas. Solo que, conozco mi sexualidad bien. Solo eso. Aun desconfiaba, y era posible que luego le contara todo esto a su mujer.
-Y, ¿qué me dices de ti? ¿Como va tu relación con tu esposo?
Ella se queda algo parada, y luego le contesta: -si te tengo que ser sincera. No todo lo bien que me gustaría. Mi marido, ya sabes…. “es poco activo en la cama”.
-Bueno, todo depende de la pasión. El sexo no es algo que se deba planificar. A veces surge espontáneamente – y entrando a saco le pregunto: -¿Cuántas veces recibes a Damaso desnuda, o con una tentación, para que te haga el amor?
-Ninguna- reconoció pero, contratacando me preguntó: -¿Tu esposa lo hace?
No pude evitar soltar una carcajada al contestar:-Aunque menos veces de las que me gustaría, ¡Sí!, aunque reconozco que tampoco pone la pasión que a mí me gustaría.
La confidencia de Berto desarmó a la mujer. El hombre se dio cuenta de que, con las copas de vino, aquella hembra estaba bastante alegre, y mostraba mucho interés en la conversación. Luego se quedó pensativa mientras el pagaba la cuenta al suponer que esa velada había terminado.
Pero, entonces Paulina vació su copa de un solo trago y con una sonrisa, dijo: -¿Dónde vamos?
Su pregunta sorprendió al hombre y le hizo comprender que aquella mujer le estaba comenzando a sorprender. Asumiendo que era la amiga de su esposa y que no podía negarse a servir de paño de lágrimas, eligió un pub bastante tranquilo que conocía a la vuelta del hotel. El destino quiso que nada más entrar se percataran de su error, especialmente al observar en una de las mesas a dos asistentes a la feria tonteando entre ellos.
Berto intentó alejarme de ellos, pero al estar tan lleno, tuvieron que sentarse bastante cerca de los mismos. Paulina no tardó en descubrir lo que hacía aquella pareja y escandalizada exclamó: -¿No le da vergüenza? ¡Has visto a esos! ¡Y ambos están casados!
No queriendo que se enteraran de que hablaban de ellos, le susurró: -No juzgues para que no te juzguen. -¿Qué crees que pensaran ellos al verte conmigo?
La expresión con la que Paulina recibió el comentario le hizo saber que por fin había comprendido que, a los ojos de unos extraños, parecíamos estar en mitad de una cita. Totalmente enorjecida intentó defenderse diciendo: -Tú y yo somos amigos.
Riendo, Berto le contestó: -Pero ellos no lo saben y a buen seguro, si nos ven, seguro que pensarán que esta noche vamos a echar un polvo-
Cortada, por el hecho de que alguien pudiera pensar que era su amante, Paulina se quedó breves momentos en silencio. Berto se dio cuenta que aquella mujer se estaba debatiendo entre salir huyendo o quedarse; ella era consciente de que una rápida huida certificaría de alguna forma que le habían cogido in fraganti. Paulina termino por tranquilizarse y dejando su bolso sobre una silla, pidió una copa.
Estaban trayendo las bebidas cuando desde la mesa donde estaban, se dieron cuenta que fueron descubiertos por sus colegas. La mujer se puso algo nerviosa, pero luego mirando a Berto, le coge su mano y le dijo, ante la incredulidad de éste: -Ya que creen que somos amantes, ¿Por qué no nos reímos un rato?.
Un poco desconfiado Berto la siguió la corriente. La pareja los miraba en todo momento, por lo que ella se incorporó un poco y luego se sentó dejando caer su mano sobre el muslo de Berto, dando a entender a los que le estaban mirando que entre ellos había una relación que no existía.
Al ver como la otra mujer besaba abiertamente a la pareja de mesa, Paulina, acercó su cara un poco a la de Berto, y este indeciso, respondió acercando sus labios y dándole suavemente una beso en los labios a Paulina. Aquella se sonrojó como un tomate, y acercándose a su oído le dice: -No habíamos quedado en esto.
-Lo siento, solo te seguía la corriente.Le contesto aquel.
Ella, no obstante, emitió una sonrisa forzada. Viendo que la otra pareja comenzó a besar con ardor al hombre, ella miró a Berto, y este, algo lanzado acarició con su lengua la oreja de la amiga de su esposa, al tiempo que suavemente dejaba caer su mano sobre el muslo de ella. El descaro de Berto fue suficiente para que la mujer, se saliera de sus casillas echándole una mirada fulminante.
No obstante, Berto no dijo nada, y continuaron oyendo música, y en ese momento Paulina descubrió como la otra mujer le estaba tocando abiertamente sobre el pantalón el pene del acompañante. Aquella acción, en cierto modo excitó a Paulina. La mujer tampoco estaba acostumbrada a estar a solas con un hombre que no fuera su esposo, y ahora con el calor de las copas, el ambiente, y aquella ansias ocultas de pasarlo bien, le optó a mirar a Berto, y ante el asombro del éste, abrió su boca y acercándola a los labios de su acompañante dejó que la lengua del hombre jugara con la suya. Berto, excitado, no pudo más y metió su mano entre las piernas de la mujer, bajo la mesa. La mujer al ver como se acercaba al interior de sus bragas, excitada y nerviosa le para en seco diciendo:
-No sigas por ahí, por favor.
Pero, pese a todo, aquella mujer quiso continuar ante sus otros colegas aparentando que estaban liados. En el fondo, le daba un morbo especial la situación, por ello fue ella ahora, la que con su lengua empezó a recorrer la comisura de los labios del hombre. Berto, en ese momento, se dio cuenta de que Paulina se había abierto la chaqueta del traje, haciendo su aparición una blusa blanca, algo trasparente, quedándose impresionado al divisar que, bajo aquella blusa, la amiga de su mujer “tenía sus pezones sumamente erectos”, ya que la aparentada blusa los delataba. No se lo esperaba.
Eso dio a entender a Berto que a su amiga le estaba aquel juego. Notó como la misma se acomodó en la silla, de tal forma que le concedió un enfoque perfecto para que el hombre pudiera constatar sus pechos. “¡Menudo canalillo!”, exclamó mentalmente Berto mientras, era incapaz de retirar su mirada de esas dos bellezas.
Paulina, se había dado cuenta de la mirada del esposo de su amiga, y noto un estremecimiento interno. El alcohol ingerido y la situación creada con aquel juego, la tenían trastornada y pronto se puso de manifiesto que, en ciertas condiciones, aquella mujer podía llegar a ser una verdadera depredadora sexual. En ese momento cogió su copa y haciendo como si sintiera mucho calor, pasó el frio vaso por entra la ranura de sus pechos. Al instante, el vástago de Berto creció sin remedio bajo su pantalón. La mujer, sumamente morbosa, se percató de tal circunstancia, y su agitación fue tal que, sin quererlo realmente, dejó caer su bebida sobre su blusa, con lo que sus pechos se desvelaron totalmente empitonados, al transparentarse abiertamente la blusa. Es más, Berto se dio cuenta que, parecía que a mujer no llevaba sostén bajo ella.
-Oh joder… manifestó Paulina, poniendo cara de desconsuelo. Ante ello le a Berto que tenía que acudir al baño a secarse.
Berto se dio cuenta de que posiblemente aquella lo había hecho a propósito! No obstante, le dijo. ¿te acompaño al baño?,
Paulina sin dejar de mirarle a los ojos, le echo un sonrisa y en silencio, se levantó y se dirigió a los baños del pub. Una vez dentro, mientras intentaba secarse un poco con unas toallitas, descubrió algo que le encendió su celebro. ¡Observó una máquina expendedora de condones! Sin saber ciertamente porque, adquirió dos de ellos y los metió en su bolso. Se había bajado las bragas para orinar, y se había percatado de que tenía aquellas totalmente humedecidas: joder este cabronazo me ha calentado, se dijo para sí.
Luego, regresó a la mesa, y al instante se levantó de su silla, y le dijo: creo que mejor me vuelvo al hotel. Y sin más comentario enfiló por mitad de la pista rumbo a la salida, dotando a su trasero de un meneo que a Berto le resultó una clara invitación a seguirla.
«Que trasero tiene la cabrona», admitió el hombre babeando mientras se levantaba y la seguía. Dejo un billete sobre la mesa al camarero, y ante la mirada y sonrisa de los colegas de la mesa, corrió tras de aquella mujer, con su mente fija en el cuerpazo de la amiga de su mujer. Casi en la puerta fue cuando la alcanzó, y colocándose a su lado, sin poder contenerse acarició abiertamente con sus manos el culo de aquella hembra.
Paulina, algo sorprendida le mira y le manifiesta: ¿pero ¿qué te has creído que soy? Y ¡suéltame el culo!
Berto se quedó sorprendido, ya que le estaba poniendo histérico los cambios de actitud de la mujer. Pero tampoco quiso ponerse histérico y salieron del local. Paulina caminó por la acera en dirección al hotel.
«¿Qué he hecho?», pensó Berto, creyendo que, aquella mujer había montado todo ese teatro para ir con el cuento a su esposa. Se dio cuenta que posiblemente había caído en la trampa que le había montado la amiga de su esposa.
Justo cuando ya el hombre se sentía hundido, la mujer se detiene, le mira, y girándose en propia calle le estampa un beso en la boca al mismo, pegándose a su cuerpo, haciendo que su pubis quedara a la altura del pene de Berto, al tiempo que sin respiro, empezó a frotarse contra el mismo mientras admitía de buen grado que la lengua del hombre fornicara con la suya en el interior de su boca. Berto se percató de que aquella mujer estaba ardiendo y bastante caliente.
Durante más de un minuto, se dejaron llevar por la pasión en plena calle, hasta que la mujer, separándose nuevamente del hombre, mientras se limpiaba un poco la boca le decía: ¿estas decidido a serle infiel a tu esposa esta noche?
-contigo por supuesto- le contesto el hombre totalmente salido ante la pregunta de la amiga de su esposa. No se lo esperaba.
La mujer recalcando sus palabras, hizo un gesto que Berto menos se esperaba, y llevó su mano hasta la entrepierna de este, y con gran desvergüenza, comenzó a apretar su pene, sobando el miembro aún con el pantalón puesto. La mujer quedó sorprendida al comprobar que, la mandarria del marido de su amiga, estaba en plena erección, y no solo eso, le pareció sumamente grande.
-¡Oh cabronazo como estas!. ¿Joder estas empalmado? ¿te has empalmado con la amiga de tu esposa? ¡que degenerado!
Berto, estaba dotado de un buen aparato genital, no solo era más largo que la media, sino especialmente grueso. Y, esa circunstancia había sorprendido a Paulina, quien estaba acostumbrada al pene poco dimensionado de su esposo, bastante más delgado y además casi siempre, medio aletargado. Por ello, palpar aquella tremenda daga la excito de forma especial notando como mojaba nuevamente sus bragas.
El hombre apretó el trasero de la mujer empujándolo contra su cuerpo, notando la dureza de aquellas nalgas, al tiempo que restregaba su vástago contra el sexo de ella. Parecía una autentica locura, ya que lo hacían en plena calle. Menos mal que la oscuridad de la zona, y los escasos viandantes, impedían que se convirtiera en un escándalo público.
-¿Estás seguro de lo que pretendes? ¿Luego no te arrepentirás? Le comentó la mujer mirándolo a la cara fijamente.
-Paulina, “esta noche pienso follarte como sea”. Oh joder estas tan buena que no pienso dejarte ningún agujero sin penetrar.
Los ojos de la mujer brillaron al oír las palabras del marido de su amiga, y excitada le contesto: -¡Como te eches atrás pienso contarle a tu mujer todo!-.
A los cinco minutos, ya estaban en frente a la habitación de ella. Fue como un suplicio para los dos, y tras cerrar la puerta, Berto la arrinconó contra la pared y, de pie, empezó a comerle la boca mientras sus manos recorrían con avidez sus desnudos pechos y su exuberante trasero. Los aullidos de la mujer, le demostraron al hombre que aquella mujer estaba entregada.
El hombre, sin darle tiempo a volverse atrás, retiró los botones de la blusa de la mujer dejando al aire los pechos de aquella. Berto se sorprendió ya que eran más bien pequeños, pero con unas pequeñas aureolas en las puntas y rematadas con unos pezones bastante rosados y puntiagudos. ¡joder que pechos! se dijo el hombre excitado, mientras acercaba su boca a ellos y comenzaba a lamerlos y chuparlos. Meter entre sus labios aquellos pronunciados pezones, levantó los gemidos de la mujer: oh cabron… si comételos ooo me encanta sigue oooo
Paulina, era una mujer que jamás había estado con ningún otro hombre que no fuera su marido. Ver la lujuria con la que el marido de su amiga devoraba sus pechos, la estaba trastornando. En ese momento, aquella mujer, deseó hacer lo que siempre había deseado y nunca se había atrevido hacer a su marido, y, agachándose, se arrodilló ante los pies del hombre, llevó sus manos hasta la bragueta de aquel, y tras bajar la cremallera y el cinturón, dejó que los pantalones cayeran al suelo, quedando el marido de su amiga, solo con el slip, el cual mostraba un bulto sobresaliente.
Con gran excitación, la mujer se decidió tirar del slip, dejando al aire, por primera vez, el aparato genital de Berto. Cuando observó el pedazo de pene que marcaba, sorprendida le dijo: -oh joder que enorme… coño….¿si que es grande?.
Al ver la tremenda erección, su mano pronto se cerró alrededor de su presa y mientras tanteaba su grosor y dimensiones, exclamaba: -joder Berto. Que enormidad. ¡todo esto le metes a tu mujer!
-¡hasta la base!. Y tú la recibirás igual.
Aquella mujer, enardecida, con su lengua recorrió los bordes del glande, pasando su mano por todo el cipote. No contenta con ello, usó su otra mano para sobar los testículos, acercando su cara aquella verga, dejando que recorriera sus mejillas hasta llegar a su boca. Al comprobar los hermosos testículos del marido de su amiga, le dijo con cara de auténtica hembra en celo:
-joder. ¿Va a ser cierto lo que me dijo tu mujer?. Llevas tiempo sin correrte. ¡Los tienes repletos!
-y que lo digas. Quiero llenarte ese coñito con mi semen.
En ese momento, ella se paró y le comentó:
-pero, ja ja… ¡tendrás que hacerlo con condón! A pelo no podemos.
-Yo estoy sano. ¿tú no?..
-No es eso. Es que creo que estoy cerca de mis días fértiles. No estoy protegida, y si te corres dentro, ja ja podrías dejarme preñada. ¿te supones?
-pero no tengo condón. Además, nunca lo he hecho. Siempre lo hago a pelo con mi esposa.
-¡pues conmigo tendrás que hacerlo!. Yo he comprado dos en el baño del pub.- le contesto ella.
-vale, como digas.
Ella continuó, le dio un beso suave a la polla y mirándome a los ojos, susurró: -No sabes cómo necesitaba esto. Mi esposo tampoco me satisface como yo quiero. Y….me encuentro muy caliente. “Se que necesito un buen polvo”.
Tras lo cual se dedicó a dar leves mordiscos a lo largo de la extensión del pene de Berto, para ya satisfecha, separar los labios y lentamente engullir parte de ella.
La cara del hombre era todo un poema, al comprobar que la amiga de su mujer le miraba fijamente a los ojos mientras movía su cabeza arriba y abajo, metiendo y sacando su verga de su boquita. Por si aquello no fuera suficiente, aquella mujer, como una autentica putita, usó su lengua para presionar el miembro en el interior de su boca.
-Jode Paulina… sique así putita..ooo- le dijo él impresionado por su maestría.
Paulina al escuchar el insulto vio compensada su decisión de demostrarse a sí misma que era una mujer ardiente y, eso la compelió a incrementar la velocidad de su mamada mientras, morbosamente de desprendía de sus bragas por sus pies, quedando con todo su coño al aire.
Viendo Berto que aquella hembra lo iba hacer correr con la mamada que le estaba dando, la detuvo, y ahora fue el quien se arrodillo frente a la mujer, y subiendo la falta del traje hasta la cintura observó por primera vez el coño de la misma. Comprobó que se lo depilaba, pero dejando siempre su pubis con el triángulo de vellos. Los labios del coño ya se encontraban brillantes de la lubricación. Él, entonces, acercó entonces su boca hasta los labios de su vagina y le dio un par de lamidas a forma de brocha de arriba abajo: oh cabron me los vas a comer oh siiii oh joder… sii sigue…
Berto se empleó a fondo, y pronto se concentró el clítoris de la mujer, el cual era bastante pronunciado, sacando varios gritos de placer. Cuando el hombre considero que era suficiente, decidió que era hora de follar a la amiga de su esposa.
-ahora quiere follarte. ¡Anda ponme el condón o soy capaz de metértela a pelo!.
Ella, agitada tomo un preservativo del bolso, y rasgando el envoltorio, extrajo el mismo e intentó colocarlo. Pero ante su sorpresa, el condón era de una marca normal, y la realidad es que no encajaba en la gruesa polla del hombre.
-joder no te entra Berto. Resulta muy pequeño...
-Vamos Paulina. Me correré fuera. No me vas a dejar ahora así ¿verdad?
-Ella le miro a la cara, observó el tremendo vástago de este, y sabía que, en el fondo necesitaba tener dentro aquella polla.. Es peligroso. ¿y si te corres dentro?
-Vamos Paulina. Me controlaré. Además, no has quedado embarazada hasta la fecha. Porque ahora lo hagas sin condón no creo que vayas a quedarte embarazada- le manifestó aquel.
-Ya pero… no se….. Berto,… es que la tienes tan grande. Y mira esos testículos. Parece que están bien cargados.
El hombre la tomo, aunque ella intentó zafarse, pero Berto agarrándola de la cintura, lo arrimó contra la pared de la habitación y acercando su tranca, la colocó entre los muslos de la mujer, y así con traje y todo puesto, su nabo pronto alcanzó los labios vaginales, y al instante apretó, clavándole de una sola vez más de la mitad de su tranca. Al momento notó el calor de aquel coño, y eso más lo enardeció.
-oh cabrón. Despacio ohhh…la tienes muy grande… ohh
-Joder Paulina que buena estás. Tienes el coño ardiendo…uf estabas necesitada de una buena polla.
-pero despacio ohhhh- le indicaba ella, viendo como el hombre, totalmente acelerado, le había clavado otra porción de su tranca y ya faltaba poco para que le entrara toda.
Ella se sostuvo en la pared, para aguantar la presión del hombre, mientras sentía las arremetidas de aquel, quien comenzó a clavar la polla una y otra vez, bombeándola fuertemente. La mujer estaba en otro mundo: jamás ningún hombre le había metido una polla tan grande ni tan adentro de su vagina. Se sentía llena con aquel pedazo de nabo masculino.
-Oh Berto… oh cabron me llenas oooo siii ooo sigue
-Uh Paulina. Que pedazo de hembra estas hecha. No pensé que estuvieras tan buena. ¿Uf sientes mi polla en tu coño?
-oH si cabron… ¡me estas abriendo como nunca! Me los vas a dejar bien abierto. Mi esposo se va a dar cuenta…oh joder sigue oooool
El hombre la tomo de las caderas, y comenzó a penetrarla sin piedad, motivando que la mujer pronto alcanzara el clímax, apretando la polla del hombre con los labios de su vagina, mientras alcanzaba un sonoro orgasmo: oo siii me vengo Berto ooooo
continuara
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