Justicia por x
Ella salió de la habitación sonriendo, él se quedó con el alma destrozada. Lo que creyeron un juego entre amigas se convirtió en la prueba más cruel de deslealtad. Ahora, ella tiene que demostrar si el amor de treinta años puede sobrevivir a la humillación pública.
Prólogo:
Este relato, de parejabcn2, llamado “Barca-PSG”
https://www.todorelatos.com/relato/147161/
Otro gran ejemplo de mi exposición filosófica, con el agravante que la mujer, terrible cazadora, quiere que su esposo sea un cornudo consentidor. Lamentablemente, el autor no le asignó nombre. Estrella de las Nieves, creo, lo bautizó Antonio… yo preferí dejarlo así… “X”. Por suerte, el autor me ha dejado elementos, muy sutiles, sí, para poder concretar mi “justicia”… fue difícil, sí…
JUSTICIA POR X
Ana fue al baño. Seguramente a higienizarse. Y yo me quedé en el sillón. No entendía nada. Parecía drogado. No comprendía cómo había dejado que suceda todo. Y, de golpe, se me cayó una torre Eiffel encima. No me podía mover. No tenía fuerzas, ni voluntad, ni nada. Simplemente la escuche a Ana, que a lo lejos, desde el baño, me gritaba:
- Vienes a la cama? Pero a dormir, eh? Yo no doy más
- Voy – apenas atiné a responder
Pero no me moví. Me fui desvaneciendo, hasta quedarme dormido.
Sentí un sacudón. Era Ana que me despertaba.
- Vamos, dormilón… por qué no viniste a la cama anoche? Te quedaste dormido acá? Y apenas te la chupé… imagínate si nos hubiéramos encamado… estarías en el hospital hoy. Jajajaja… vamos, que te dejé el desayuno en la mesa. Yo voy al baño. Se te va a hacer tarde para el trabajo
Estaba feliz. Muy contenta. Demasiado. Asquerosamente contenta. Me levanté como pude, me sentía muy pesado, me temblaban las piernas. Pasé por la pieza. Sentí nauseas de sólo pensar lo que había pasado la noche anterior. Y me di asco, por no reaccionar. Tomé una camisa, un pantalón, me cambié y salí disparando de casa.
En el camino sonó el celular una, dos, diez, mil veces. Era Ana. No atendí
Cuando llegué al trabajo le escribí “no quiero hablar”.
Durante el día, mis compañeros me preguntaban si me pasaba algo. Estaba en otro planeta. Me imagino la cara que tendría. Si hasta se me acercó Don Julio, el Director, para preguntarme. Me dijeron que vaya a casa, y yo me rehusé.
Entraron dos mensajes, uno de Pablo y otro de Juan, los cuales ni leí. Y varios de Ana, preguntándome como estaba. “bien… no molestes” contesté a media tarde. Y ya no escribió más.
Ana sale casi dos horas antes que yo de su trabajo, así que ya estaba en casa para cuando llegué. Cuando abrí la puerta, estaba parada al lado del marco de la entrada a la cocina. Cara seria, y preocupada a la vez.
- Hola, amor!!
- Hola – apenas audible, seco, insalubre, insípido
- Por qué estás así? Fue por lo que pasó anoche? – y, casi sin mirarla, le contesté:
- No quiero hablar – y no le di el beso con el que siempre nos recibimos cuando nos vemos
Fui a cambiarme, y luego me senté en el sillón, simulando ver televisión, pero, la verdad, tenía la vista puesta en la nada misma.
La cena fue un suplicio. Ana tratando que romper la barrera inquebrantable de hielo. Pero yo estaba ido. No quería ni podía hablar. En realidad, no quería estar ahí. Es que trataba de digerir todo, y no podía. Era más fuerte que yo. Y sufría… uf… claro que sufría. Y no sabía exactamente qué me dolía más. Obviamente, a todo respondía monosilábicamente. Y cuando quería llevar su monólogo a lo sucedido la noche anterior, creo que mi cara le decía todo.
Al terminar, le ayudé a levantar las vajillas de la cocina. Luego fui al baño, y me acosté… en el cuarto de invitados. Cuando Ana terminó de acomodar las cosas en la cocina y fue al cuarto, y no me vio, fue adonde yo estaba. Yo me hacía el dormido. Se quedó un rato en la puerta, y al ratito se fue a nuestro cuarto llorando. Y escuchaba su llanto.
El resto de la semana fue un calco. Ana la estaba pasando realmente mal… me daba cuenta en cómo actuaba. Sus nervios la carcomían.
A partir del segundo día, las llamadas y mensajes del resto del grupo, salvo Luis, eran constantes. A nadie atendí. En los mensajes me preguntaban que qué me pasaba, por qué estaba así con Ana, que lo que pasó ya pasó, que Ana me ama, que…
El viernes, a la salida del trabajo, Pablo, Juan y Manuel me esperaban en la puerta de la empresa. Si apenas los saludé, y me fui directo al coche. Ellos me siguieron, hablándome, preguntándome, diciéndome… no los escuchaba. Mi mente no quería escuchar. Así que me subí y me fui.
Cuando llegué a casa, Ana estaba vestida para salir.
- Hola, amor… hoy es viernes de chicas… te acuerdas?
Me imagino con la cara de odio/asco/bronca/desilusión/impotencia… etc… que la habré mirado.
- Vete – apenas le dije – espero que la pasen bien
Me di media vuelta y me fui al cuarto (al de invitados, como toda la semana)
La escuché hablar por teléfono, llorando, seguramente con las “chicas” del grupete. Al rato escucho que sube a la pieza, escucho ruidos, como que se está cambiando, y entra donde yo estaba.
- Por favor… hablemos… no ves que me estás matando?
Juro que me temblaba todo el cuerpo… me había como sentado en la cama, y trataba de hablar, pero me temblaba todo. Pensé que iba a estallar, y tuve miedo de no responder de mí… cuando me calmé un poco, le dije:
- No… no estoy en condiciones todavía. Tengo que digerir todo. No puedo… no puedo
Y se me pusieron los ojos llorosos. Ana se sentó a mi lado y me quiso abrazar, pero la rechazé
- No lo hagas, por favor… no puedo… no todavía. - La herida es muy profunda y me duele… mucho
Y se fue a nuestro cuarto llorando. Como todas las noches.
El sábado por la tarde nos sentamos a ver una película. Instintivamente la abracé. Y, la verdad, me sentí muy bien. Pero, en un momento, intentó darme un beso, y le corrí la cara
- Perdona… no… no puedo… - y me levanté y me fui a la calle.
Caminé si sentido, sin rumbo fijo. Tenía la cabeza con mil cosas. Y a la vez, en blanco. Si alguien me pregunta por dónde fui, respondería que no tenía idea. En un momento me sentí cansado, me senté en el banco de una plaza, Y me quedé mirando las palomas. Cuando me di cuenta, ya era de noche. Y empecé a caminar de vuelta. Y, sin pensarlo, en un momento determinado estaba en la esquina de casa. Ví el auto de Pablo estacionado.
Cuando entré, estaban las tres mujeres del grupete rodeando a Ana, y Pablo a un costado. No se habían dado cuenta que había llegado. Ana tenía los ojos hinchados. Pablo me nombró, como asustado. Cuando Ana me vio, vino hacia mí corriendo, y se me colgó, y me abrazó muy fuerte. Lloraba desconsoladamente. El resto me miraba, atónitos.
- No me dejes – balbuceaba Ana – no me dejes… por qué te fuiste?... perdóname…
Yo estaba inmóvil. El resto me miraba, Pablo, con lástima. Las mujeres, con un dejo de bronca. Para colmo, justo entran Manuel y Juan
- Llegaste – me dice Manuel – hombre, estábamos preocupados…estás bien? Cómo le haces esto a Ana? No ves cómo la pusiste?
- Primero se hacen los gallitos, y después se hacen los ofendidos – murmuró Marta
Me puse rojo… juro que quise matarlos a todos ahí mismo… me saqué de encima a Ana y me fui a mi “nueva” pieza. Me quisieron detener, pero ya no era yo. Cerré la puerta, me senté. Y grité… como un animal salvaje. Hasta a Marruecos debe haber llegado mi grito.
Para cuando me serené, la escuchaba a Ana llorar. Y le gritaba a Marta. Al rato, escucho como se van yendo todos. Luego, se abre la puerta de la habitación, entra Ana (yo ya estaba acostado así, como había llegado, sobre la colcha) y sin decir palabra se acuesta a mi lado y se acurruca sobre mí. Puede más mi amor, y la abrazo. Y sin decirnos nada, se queda dormida. Yo habré estado más de cuatro horas quieto, despierto. Pensando. Y me dormí.
El domingo, me despierta diciéndome que era tarde. Que Paula y Pablo nos esperaban a almorzar en su casa de campo. Que iban a estar solos.
- Ve tú, si quieres… no tengo ganas de ver a nadie – me queda mirando, triste…
- Está bien, nos quedamos en casa, y hablamos
- No… tampoco tengo ganas de hablar… si quieres, vamos a almorzar afuera, pero sin hablar
- Ok, cuando estés listo… hablaremos. Sólo quiero que recuerdes que te amo
- Sí… me amas… - y di vuelta la cara, con fastidio y tristeza
- Oye!! – y la silencio
- Shhh… dije que no estoy listo para hablar. No la embadurnes peor de lo que ya está
Dio media vuelta, y se fue a la pieza… “su” pieza, y se cambió…
- Estoy lista… vamos
Toda la siguiente semana pasó sin pena ni gloria. Cada uno dormía en su cuarto. Ana, cada vez más triste, más preocupada. Yo trataba de poner paños fríos, pero no pude. Comemos casi en silencio. Si estamos viendo una serie, o una película, ella se recuesta sobre mí, yo le paso el brazo por sobre su cintura… pero hasta ahí. Si vamos de compras, de la mano recorremos el lugar al que fuimos…
Recibí cientos de mensajes de todo el grupo. Hasta de Marta, disculpándose. Obviamente, no contesté a ninguno. En “Estados” del Whatsapp puse “no quiero hablar”.
El miércoles, me llama Don Julio a su oficina
- Muchacho… ven, pasa… siéntate. Te llamé porque te veo muy mal. Sabes el aprecio que te tenemos aquí. Como empleado eres excelente. Y como persona, más aún. Pero te vengo observando desde la semana pasada… no estás aquí. Hay algo que te tiene muy mal. Es por salud? Hay algo en la empresa que no te agrada y te tiene a maltraer? Problemas con Ana? – y cuando dijo lo último, debo haber puesto una cara que Don Julio no pasó desapercibida
- Perdone, Don Julio… es que no la estoy pasando bien
- A ver, muchacho… tranqui. Si necesitás quedarte en casa, hazlo… yo te cubro. Si necesitas estar aquí para que se calmen las cosas en casa… lo entiendo. Voy a ser entrometido… un problema de infidelidad?
- Sí… - se lo admití con mucha vergüenza…
- Y por qué? Ya no la amas? O fue una aventura? Pobre Ana…
- No… Don Julio… ella fue
- Nooooo…. No lo puedo creer… tengo el don de conocer a la gente. Y ustedes dos son una pareja ideal. Se nota a la legua que se aman, que vuestro lazo es sólido…
- Perdón, Don Julio… pero me hace mal hablar de esto – y me levanté y me fui
El jueves, en la cena, Ana me dice que me ve muy flaco, pálido. Que necesita que hablemos, que ya no puede más, que tiene miedo por lo nuestro… y se pone a llorar. Me levanto, la abrazo… y le pido tiempo. Que tenía que acomodar mis ideas. Y ella quiere empezar a decirme lo que pasó. Y la vuelvo a callar.
Esa noche, me pide que vuelva a la cama, y me niego. Pero, al rato, la escucho llorar… Independientemente del suceso que me jodió la existencia, amo a esa mujer. No se si puedo seguir con ella, pero la amo. Así que me levanté, fui a “su” pieza, me metí bajo las sábanas, y la abracé. En cuanto quiso empezar a mover sus brazos, se los sujeté. Una cosa era dormir abrazados, haciendo “cucharita” y otra era comenzar una reconciliación “amorosa”… no estaba listo. Creo que lo entendió, porque dejó de moverse, me apoyó el culo sobre mi paquete, y se quedó dormida
El fin de semana, adelantándome a pedidos de reuniones con el grupo, le propongo una escapada al mar. Los dos solos. Pero con la condición de que no tenía que comenzar con lo de “hablemos”. De más está decir que se puso contenta. Reconectamos esos dos días, como si fuéramos dos novios. Casi sin contacto físico, pero sí emocional.
La semana siguiente a ese finde fue mucho más relajada. Ana sabía que las cosas no estaban bien, pero, al menos, las conversaciones eran más fluidas, yo vovlí a la habitación a dormir… sin sexo… eso sí: cualquier inicio de mención al grupo, lo bloqueaba automáticamente.
La merma significativa de mensajes del grupo me confirmó que Ana seguía en asiduo contacto con todos ellos.
En el trabajo, al estar más tranquilo, las cosas volvieron a su cauce. Las charlas con Don Julio me hicieron muy bien. El viejo no tocaba el tema Ana, pero me di cuenta que, a su manera, me estaba calmando, y me hacía reflexionar. Pasó, para mí, de ser un viejo gruñón y perfeccionista, a un amigo.
El viernes, cuando llegué a casa, me encuentro con la mesa preparada para varios cubiertos, comida para muchos, la casa limpia y ordenada… eso sólo podía significar que recibiríamos visitas… y ya me puse mal…
- Qué es esto, Ana!
- Amor, hemos – ay… ese “hemos” ya me sonó muy feo – decidido que te haría bien volver a encontrarnos todos. Ya les dije que, al primero que toque el tema de la última vez, se pudre.
- No… Ana… cómo no me consultas antes? No te das cuenta que verlos me hace revivir todo?
- Pero… tenemos que retomar nuestra vida. Ya se que no quieres hablar… pero nos conocemos hace treinta años… no podemos cortar ese vínculo…
- Claro… y la culpa es mía… - y me fui a cambiar
A eso de las 9 cayeron todos juntos. Ana los recibió en la puerta, con una sonrisa de oreja a oreja, pero con un nerviosismo latente. Primero entraron Juan y Jana, saludados por Ana, y luego Jana me dio un beso, y Juan un abrazo. Obviamente, estaban nerviosos. Yo, molesto. Luego fue el turno de Pablo y Paula. Después, Marta y Manuel. Con ella, la tensión fue mayor, y todos lo sabían… pero ya está… ya fue. Tragué saliva y me la banqué… Luego, para mi asombro, entró Luis. Ana le dio un beso en la mejilla, que me dolió muchísimo. No se abrazaron, no se tocaron… pero ese beso me revolvió el estómago. Y luego, encaminó hacia mí, y levantó un poco la mano para saludarme con un apretón… Le puse una cara de odio visceral, y entonces la retiró. Todos se dieron cuenta, todos estaban atentos. Le clavé la mirada a Ana. Y luego a Luis. Ese tipo no era bienvenido a mi casa… si es que era mi casa… Ana no sabía dónde meterse. Marta se lo llevó al galán al fondo, y los muchachos me rodearon. No querían peleas.
Opté, apenas pude zafar, por ir a la cocina, e iba llevando las cosas que faltaban para la mesa. En un momento, entró Ana, sola, me miró con miedo…
- No sabía que iba a venir… hubiera preferido que no… pero ya está. Trata de no enloquecerte. – y me toma del brazo, como rogando. Yo di media vuelta y seguí con lo mío
Ana se sentó a mi lado, en una punta de la mesa, y Luis estaba en la otra punta. Casi no comí nada. Al principio, el clima estaba muy tenso. Pero de a poco se fueron soltando, y, al cabo de dos horas, ya eran el grupo de siempre. Charlas cordiales, bromas, recuerdos, anécdotas. Eso sí, pensaban dos veces qué decir. Cuando Luis intentaba querer ser el centro de atención, metódicamente es silenciado por el resto. Cuando me querían hacer participar de alguna conversación, respondía con monosílabos.
A la tercer hora, ya el alcohol había hecho mella en el grupo. Y se les empezó a aflojar la lengua. Y las bromas ya eran pasadas de tono, como habitualmente, pero yo no estaba para eso… Ana se había enganchado. Yo veía que, ante los nervios que la consumían, iba tomando más de la cuenta… y, al final, la pusieron alegre.
En un momento, salió el tema del aguante en la cama. Y Marta grita
- Y todos sabemos quién gana aquí!!!
Automáticamente me levanté, con un asco inocultable, y empecé a caminar para el pasillo. Se hizo silencio. A Ana se le borró la felicidad de la cara, que había ganado gracias al vino y a la compañía del grupo. Y, de vuelta, Marta… se volvió a quejar:
- Ven? Para qué se hace el machito, si después, cuando pierde se enoja?
- Hija de puta… - murmuré
- Cómo?
Y me doy vuelta, mirándola a ella, y luego a las demás, incluida Ana. Totalmente sacado.
- HIJAS DE PUTAAAAA!!!!!!
- Pero qué te…
- Son unas hijas de puta… lo tenían todo planeado, eh?
- Pero... qué hablás, pelotudo? – seguía Marta. Ana estaba cada vez más chiquita en su silla – no ves cómo le estás cagando la vida a tu esposa? Mucha apuesta, y cuando te toca perder…
Y me le fui encima. Su esposo y Pablo me frenaron, y no se cómo, me llevaron a un costado.
- Son unas hijas de puta… - empecé, cuando lograron sentarme en una silla que estaba contra la pared… - estuvo todo planeado.
- Qué dices…
- Siempre, la “salida de las chicas”, fue rara. Todas vestidas muy sexys, no sabíamos a dónde iban, y volvían tarde, muchas veces eufóricas… o me lo van a negar?. Quisiera saber qué hacían o planeaban…
- Es verdad – dijo Manuel – siempre nos llamó a todos la atención.
- Y desde que Luis se unió al grupo, están todas alteradas – seguí – y las bromas que las desatendemos, y que él se iba a ocupar de satisfacerlas…
- Era broma, eso era broma! - Se defendió Luis
- Ah sí?, y las más de dos horas en la habitación, los gemidos, los gritos, fueron broma, acaso estaban simulando?
- Tu perdiste! – gritó Marta
- Hijas de puta… claro que fue una apuesta, pero en broma. Siempre fuimos matrimonios normales. Ni topless hacían ustedes en las vacaciones… pero, claro, desde que este galán se comió a tu hermana, y ella les contó el tamaño y el aguante, se pusieron como locas…
Ahí se pudrió… porque Pablo lo miró feo a Luis… y las caras de las cuatro mujeres las delataron… no era un chisme… era verdad.
- Cómo pudiste, Luis? Es la hermana de Marta… entonces lo que dice “X” es verdad… lo planearon
- Ana… era un secreto – le recriminó Marta
- Claro que sí… estaban tan calientes, que ni pensaron. Se prepararon exclusivamente para él. Negámelo, Ana… atrévete
- No… - balbuceaba Ana… - No fue así… se desmadró, se nos fue de las manos
- Claro… y en la semana previa me pedías sexo todas las noches… y la noche anterior te negaste, porque te estabas reservando… y luego te depilaste el chocho, cuando jamás me diste el gusto a mí… “porque a Luis le gusta así, dijo Laura”. Y te compraste lencería muy sexy… para él… Si el resultado del partido hubiera sido otro… quizá esa noche hubiera muerto ahí… pero la semilla ya estaba plantada…
- Es verdad – dijo Manuel - Marta me hizo lo mismo
- Jana también – masculló Juan
- Y si no querías… por qué los dejaste ir a la pieza? Y por qué la tenías dura como una roca? Y por qué le sonreías cuando volvió? – Marta, punzante…
- Porque seguía la broma… porque siempre fue una broma. Luego, me bloqueé, es verdad… no sé qué pasó… no pude reaccionar… no lo podía creer
- Sí… claro…
- No se dieron cuenta? – dije, hablándoles a los hombres, menos a Luis – qué hizo Ana cuando salió de la pieza, DE LA MANO, con este zorete? Con el pretexto de la ropa, te sacaste su camisa… DELANTE DE TODOS!!!...no puedo creer que hayas hecho eso… delante de todos. Siempre fuiste recatada… me explicas por qué?
- No… no sé… estaba tan rara, tan eufórica, media borracha… - se defendió Ana
- No… no estabas borracha… no… a propósito te pusiste la camisa de él… y te la sacaste delante de todos, para obligarlo a él a que se quede desnudo, y todas pueden ver lo que te habías comido… claro que fue una apuesta… entre ustedes… hijas de puta. Me hiciste ver como un cornudo sumiso…
El silencio fue sepulcral. Lo que había expuesto era irrebatible. Las mujeres agachaban la cabeza, Luis miraba para otro lado, los muchachos estaban digiriendo lo que yo había razonado. Entonces me levanté, y mirándolas a las cuatro, comencé a aplaudir
- Las felicito – plaf, plaf, plaf – se cagaron en una amistad de 30 años… y destrozaron un matrimonio.
Y enfilé para la habitación. Ana, llorando, detrás mío. Empecé a agarrar mis cosas y a ponerlas en una valija
- No… por f…
- Shhhhh
- Amor… esp….
- Shhhhh
- No te v….
- Shhhhh
El resto, cuando se dio cuenta, intentó detenerme. No pudieron.
- Ahí te dejo la casa… libre para que hagas lo que quieras. Ya que no soy tan hombre como lo que tu necesitas, estás libre para todo. Que te vaya bien.
Y salí a la calle. Puse la valija en el auto, y me fui. Ana, tirada en el porche de la casa, llorando mal, gritándome que no me vaya. Y comencé a llorar mientras manejaba.
No lo puedo creer… tiré por la ventana una relación de toda la vida. Defraudé a mi hombre de la forma más baja. Hace ya ocho meses que estoy sola. Por mi absoluta culpa. Yo me lo busqué. Por puta. Por rastrera. Cuarenta y seis años de pelotuda… como si hubiera tenido dieciséis…Es verdad que las chicas me empujaron. En las famosas salidas “de chicas”, muchas veces cruzamos líneas. Claro… jamás nada que se acerque a la noche de la apuesta. Y mi “X” jamás hizo nada que pueda llegar a ofenderme. De eso estoy segura.
El grupo terminó por disolverse. Todo lo que contó “X” en la última cena juntos había hecho mella en nosotros. Las otras tres chicas no tuvieron más que admitir a sus esposos que lo que “X” había razonado era verdad. Caí yo, pero pudo haber sido cualquiera de nosotras. Para colmo, todas somos competitivas. Y la puta mugrienta que tenía escondida muy dentro mío salió a la luz esos días. Apenas mensajes de texto entre nosotras. Pero, en estos meses, no nos volvimos a ver.
Malditos días. Cómo pude haberme desnudado delante de todos? Tiene razón “X”… lo destruí. Siempre tan mojigata, monjita… y ese día, delante de él hice lo que hice…
Es verdad… gocé como una loca. Luis sabe exactamente qué hacer para enloquecerte, y tiene con qué. Fueron dos horas de extremo placer, sí… y luego más de cinco mil horas de dolor.
Con “X” se me había cortado toda posibilidad de hablarle. No me atendía el teléfono. No contestaba mis mensajes. En todos le pido perdón. En todos le ruego que me disculpe. En todos le confieso que tenía razón en todo, que fui una estúpida que me dejé llevar por una calentura.
Todos los meses encontraba las cuentas de la casa pagas. Y todos los meses, del super, me llegaban provisiones. Era lo único que, en esos ocho meses, nos unía.
Don Julio me dijo que lo esperara acá, hoy viernes, en el banco de la plaza. El me habló luego de que “X” se fuera de casa. Quería saber lo que había pasado, porque lo estimaba a “X”, y me dijo que yo también le caía muy bien. Y sabía perfectamente que nos amábamos. Y luego, cada tanto hablábamos de él, de cómo estaba, de lo que estaba sufriendo… Pero no me decía dónde vivía. Me dijo que le había prometido silencio al respecto.
- Hola, Ana! Qué bueno que viniste.
- Hola, Don Julio, buenas tardes. Me intriga saber por qué me citó aquí.
- Mira, niña… es que lo de ustedes realmente me tiene muy preocupado. Se nota a la distancia que ambos se aman, que están muy dolidos, y que necesitan una “ayudita” para recomponer la situación
- Sí, Don Julio – y comenzaron a caerme los gotones – yo ya no puedo más. No sé cómo vivir sin “X”. Por mi culpa, por pu… perdón… ya no se qué hacer… no puedo… sin él, no puedo
- Tranquila, mi niña… mira, me tomé el atrevimiento de citarlo a “X” al bar de acá, a la vuelta. – y mis ojos se abrieron de par en par, y, no sé por qué, me comencé a sentir feliz, luego de ocho meses de agonía. - Acabo de pasar por la puerta, y lo ví sentado.
- Pero… y si me vuelve a rechazar? Y si ya tiene otra mujer…
- Tranquila… tranquila… que él sólo tiene ojos para ti. Conozco a la gente…es como un don que tengo… y él te ama. Claro que le duele… Me imagino que fue algo muy feo lo que pasó entre ustedes… pero si de verdad estás arrepentida, y lo amas… ésta es tu oportunidad.
- Gracias, Don Julio!! – llorando, lo abracé al vejete, al que lo vi en ese momento como a un ángel que Dios me mandaba.
- Vamos… ya… ya… sécate las lágrimas, y vamos.
Los cien metros que caminamos hasta el bar me parecieron eternos. Me temblaban las piernas, sentía que transpiraba, la cabeza me estallaba. Al llegar, Don Julio me mira:
- Vamos a hacer esto… tu te quedas aquí, en la puerta, visible para él. Y te quedas aquí hasta que yo me vaya… estamos?
- Sí, Don Julio, lo que usted diga…
Y lo vi acercarse a Don Julio a mi “X”. Estaba ahí, sentado, de espalda a nosotros, mirando la pared, con un café servido. Cuando Don Julio se le acercó, él se levantó para saludarlo y lo vi… estaba muy flaco, muy triste. En eso lo había convertido. Es verdad que nunca fue un muchacho alegre, nunca fue el centro de una reunión… pero estaba destruido… yo lo hice… yo…
Se ponen a hablar, así, parados, Don Julio como que lo agarra del brazo, le habla constantemente… y en un momento “X” gira su cabeza y me mira. Conozco esa mirada. Luego de la noche fatídica, era la misma con la que lo hacía mientras cenábamos, o mirábamos televisión en el sillón… Pero aún más triste, más apagada. A la distancia, veo cómo se le humedecen los ojos… y baja la cabeza.
Don Julio vino hacia mí, me golpea suavemente el hombro, y me alienta:
- Todo tuyo… - y se va
Si me temblaron las piernas de la plaza al bar, ir hasta donde él estaba fue un auténtico terremoto. Se me vinieron todos los sentimientos encima. Miedo, culpa, amor, desolación, intriga… El tenía la mirada clavada en el pocillo de café
- Hola…
- Hola, Ana – apenas me miraba… es como que no podía mantener la mirada… su deterioro emocional era evidente
- Me puedo sentar?
- Sí… claro…
- Antes que nada, aunque sueño con este encuentro desde el día que te fuiste, te aclaro que fue cosa de Don Julio… yo no sabía nada…
- Sí… lo se. Al final, el vejete fue como un padre para mí… en estos meses tan… - y se quedó ahí… pensativo.
- El se preocupó por ti, muchísimo… y me tenía al tanto cómo estabas, ya que me habías bloqueado…
- Pero… yo no te bloqueé el teléfono…
- Nunca me contestaste… ni mis mensajes, ni mis llamadas…
- Sí… eso sí… perdón… - y de vuelta, bajó la cabeza… eso me mataba, me desgarraba por dentro
- Podemos, de una vez por todas, sincerarnos? Hablar de aquello?
- Y… para qué? Dime…
- Es que…
- A ver… yo estuve ahí… en cada reunión donde estuvo Luis… en el día de la “apuesta”… la semana previa, estabas extremadamente caliente… por él…en cada conversación donde me decías que te preparabas para él… cuando te fuiste con él por el pasillo… cuando volviste contenta… no, eufórica… cuando les mostraste a todos tu gran victoria… y a la mañana siguiente… tenías una sonrisa de oreja a oreja…
- Basta, “X”, no te lastimes más…
- Es que cada detalle me consume… me mortifica… y eso de “te amo más que nunca”… te juro que no lo entiendo… cómo puedes amar y destruir al mismo tiempo?
- Tuviste razón en todo, todo el tiempo. La noche de la cena, cuando explotaste, me hiciste ver cuán equivocada estaba. Sí es verdad que te amé, y te amo, más. Y también es verdad que se nos fue de las manos.
- Entonces… cómo pudiste? Por qué no hacerlo a escondidas? Si yo no me enteraba… quizá nunca me hubiera dado cuenta
- Te voy a contar todo desde el principio… para que me entiendas… si es que me puedes llegar a entender… porque en realidad, ni yo perdonaría…
- Ok
- Todo comenzó en las salidas “de chicas”. Tu sabes que nos conocimos de muy chicos todos… y ustedes fueron nuestros únicos hombres. Pero, en esas noches solas, con alcohol de por medio, comenzaron los juegos. Era como una competencia entre nosotras. Ver quién conquistaba al galán del boliche. Al principio, era sólo miradas y risitas. Luego, comenzaron las sentadas unipersonales en las mesas con el macho de turno… si hasta hubo veces en que cada una estaba con su pretendiente…
“X” estaba mal, realmente… mi relato lo estaba torturando… pero tenía que seguir
- Y llegó el momento que nos pasamos de la raya… la competencia era feroz. Se que hasta hubo alguna mamada de una de ellas. Yo, lo máximo, llegué a besarme y apretar con alguien. Claro que para mí no significaba nada… pero les tenía que demostrar a ellas que les podía ganar. Ese pete (mamada) me resultó extremo… pero muy excitante. Y es probable que, de haber podido, yo también lo hubiera hecho.
Ahí él abrió los ojos, y luego, mirando a un costado, hizo un gesto de asco imborrable en mi memoria.
- Hasta que llegó Luis. Claro, el rey de la conquista. Todo un galán. Todo un macho cabrío. Nos ponía loquitas a todas. Y comenzamos a hablar entre todas de conquistarlo. Y nos enteramos de su affaire con Laura. Y los detalles. Y salió la apuesta… tácita, no consensuada… pero era una competencia feroz por llevarlo a la cama. Y la oportunidad se dio por el tema del partido… Ustedes, tan panchos, tan quedados, nos tenían olvidadas. Daban por hecho que nos tenían atadas. Y nosotras… pelotudas de mierda… nos cebamos. Sin medir las consecuencias. El verte la cara al lunes siguiente, cuando no contestabas el teléfono, cuando volviste del trabajo, me di cuenta de todo… me cayó la ficha…
- Yo tendría que haber parado todo…
- Esa fue tu única culpa… no pararlo… me calmaste cada noche a la semana previa en la cama mi fuego interior, me decías qué ponerme para el partido, cómo hacerlo, no me dijiste nada cuando cambié las sábanas, cuando te mostré la lencería erótica que me compré exclusivamente para él, cuando te prohibí el sexo esa noche anterior, porque iba a estar reservada a él, cuando te dije que era inevitable, que ibas a sufrir, previo a encerrarme en la habitación con Luis… cuando salí, y tu estabas sonriendo… cuando la tenías dura… y te la chupé… cuando te dije que te amaba más que antes… - y me puse a llorar… - qué estúpida fui… cómo no me di cuenta que no aprobabas nada… si siempre fuiste así, toda tu vida, quedado, sin reacción? Cómo no me di cuenta lo que te estaba haciendo? – para esta altura del relato, “X” ya estaba rojo de la bronca, pero totalmente caído. Su mente y su espíritu ya no estaban ahí…
- Si me hubieras amado, no habrías hecho eso… jamás te rasuraste el pubis… pero para él…… sí. “Así le gusta a Luis”… Jamás te soltaste… siempre fuiste recatada en cuanto al sexo… pero para él te soltaste… siempre me dijiste que era mentira el multiorgasmo femenino… pero yo te escuché – los ojos los tenía llorosos y rojos – dos horas, a los gritos… la pasaste de puta madre… y yo sentado como un boludo. Y luego, el acabose… saliste recontenta… te me tiraste encima como un agradecimiento a tu mejor noche… y te desnudaste… TE DES NU DAS TE… qué asco… delante de todos… y a propósito… para que él también lo tenga que hacer, y mostrar tu trofeo… y la frutillita del postre…”te amo más que nunca”… - y me mira con odio – si me amaras, sabrías perfectamente cómo estaba en ese momento… no matas al que amas… lo cuidas, lo proteges. Querías un cornudo consentidor a tu lado? Eso pretendías? Sí… tu cara de extrema alegría… tus ojitos, cómo brillaban, cuando me decías previamente cómo ibas a gozar con él… es lo que buscaste. Al día siguiente… me viniste a despertar como si nada… seguías eufórica… querías un cornudo consentidor, no lo niegues… No me amas. No…no me amas – y, con lágrimas en los ojos, dio vuelta su cabeza, y con sus dedos giraba la taza de café, totalmente derrumbado.
Y su fundamento fue mi tumba y mi lápida. Y lloré como jamás lo hice. Sabía lo que había hecho, me di cuenta al día siguiente, cuando se marchó a trabajar sin desayunar, y no me contestaba el teléfono, sí… pero ese día, en el bar, con semejante realidad aplastándome, comprendía que había tirado por la borda 30 años maravillosos con el hombre que amé y que me ama. Porque sé que me ama. Pero el daño es irreversible. Irreparable.
Y me levanté, así, llorando como estaba, y me fui corriendo. Llegué de vuelta a la plaza. Me senté en la banca… y me dije “Ana… ya la cagaste como ninguna mujer lo hizo en su vida… la vas a seguir cagando más todavía?” No… de ninguna manera… nos amamos… él es tu hombre… y vos sos una pelotuda de altísimo nivel…
Y pegué la vuelta, y entré al bar como una tromba. Todavía estaba ahí, seguía mirando la taza de café… me le puse al lado… creo que no me vio llegar siquiera… le agarré la cabeza con las dos manos y le di un beso furioso, con la mayor de mis broncas, y la mayor de mis pasiones. La gente se daba vuelta a vernos.
- Vamos a casa… a TU casa.
- Eh? No…
- Shhh… calladito la boca. Vamos
No dijo nada, me miraba intrigado… no entendía qué pasaba. Lo agarré de la mano, y lo saqué de ahí. Lo subí a mi auto, lo volví a besar con frenesí, y arranqué. Cualquiera que no supiera la historia, diría que la ofendida era yo. Y llegamos a casa
- No… espera… qué…
- Shhhh… no hables, te dije – y lo metí a la casa – yo te voy a demostrar quién eres para mí. Fui la reina de las pelotudas… dejé ir al hombre de mi vida… lo hice sentir como el mayor de los cornudos. BASTA!!!!!! Entendés? Sí, tenés razón… te maté en vida. Pues ahora es el momento de volver a renacer. Vos te lo merecés… y sé perfectamente que me amás… tu amor es cien por ciento puro, genuino. Y yo lo arruiné.
- Yo…
- Shhhhh… no hables, te dije… a partir de hoy, volvés a casa, volvés a respirar, volvés a vivir, volvés a ser vos… y que te quede bien clarito, pedazo de alcornoque… es verdad que te amo más… pero a partir de hoy te amo más… porque te recuperé
- Pará… pará… y por qué me tengo que quedar? Por qué te tengo que perdonar?
- Fácil… porque soy tu mujer, y vos mi hombre. Porque cualquier pelotudo pudo tener mi cuerpo, pero vos tenés mi alma. Porque ya aprendí la lección, y sé que el precio fue altísimo. Porque lo que te hice no se va a volver a repetir en la vida. Jamás. Y porque sé que eres lo más dulce y tierno. Y porque ya probé el sexo duro… y creí que me había gustado… pero nada, nada se compara a despertar en tus brazos… NADA…me escuchaste, ternerito? Y ahora, ve a bañarte, que te voy a preparar de cenar, que estás muy flaco y demacrado, por mi culpa.
- Ana… qu…
- Ana LAS PELOTAS, ESCUCHASTE? Cerrás el orto, te vas a bañar y cambiar, que te quedó mucha ropa en tu guardarropa, venís, te sentás a comer, y te alimentás como Dios manda, que por mi culpa quedaste estropeado. Y a la noche, nos vamos a ir al cuarto de invitados, así no tenés que quedarte con la espina de qué pasó en nuestro cuarto… y te juro… por ésta te lo juro, que vamos a hacer el amor de tal manera que no te van a quedar dudas quién es mi macho… quién es mi hombre. Me escuchaste, no?
Estaba totalmente sacada, furiosa, desencajada, roja. Me faltaba sacar humo por las orejas, nomás… y “X” no podía creer mi actitud. No podía reaccionar…era su costumbre no reaccionar. Y yo aproveché eso… no de mala… sino de desesperada
- Por qué me haces esto, Ana?
Y me le fui furiosa… quiso retroceder pero no pudo… le volví a agarrar la cabeza con las dos manos
- Escúchame bien… que te quede bien clarito… ya te perdí una vez… esa noche, cuando subiste la maleta al auto y te fuiste, creí morirme. Porque me di cuenta lo que perdía. Las eché a todas las arpías, y me di cuenta que yo también era una… o mejor dicho, la mayor. A Luis le dije que nunca más se le ocurriera siquiera acercase a mí o a ti. Y no me preguntes cómo sigo viva todavía. Así que – y agarrándole el paquete – este señorito va a ser mío, de por vida. Y este chocho – le llevé su mano a mi entrepierna, que estaba ya mojadísima – va a ser tuyo siempre. Y vamos a mudarnos a otra casa, para comenzar de nuevo. Y el mes que viene nos vamos juntos de vacaciones al Caribe, como soñamos tantas veces.
Y lo besé. Como nunca. Y él se encontraba todavía estupefacto… pero, al fin, respondió mi beso. Y me puse a llorar otra vez.
- Y ahora… por qué lloras?
- Porque estás acá, tonto… - me secaba las lágrimas – lloro de felicidad
- Y… si yo no quiero estar acá contigo?
Ja… si ya estaba loca… esa pregunta me terminó de hacer explotar
- Qué corno dijiste? Pedazo de pelotudo… quién te crees que sos? – y empecé a dar gritos de locura… - atrévete a irte… dale… intentalo… dale…
Y me miró… y comenzó a sonreír… y me tomó las manos… y las besó. Y luego me besó. Y me descolocó. Y de golpe, cambió su cara.
- Ahora, escúchame bien vos a mí… un desliz, una mirada inapropiada, un centímetro de piel de más, un chisme con posible fundamento… una pelotudez que te mandes… y no me ves más
Ya había vuelto… ya era mío. Lo recuperé. Me le colgué del cuello. Lo hice sangrar del beso que le propiné. Y le susurré al oído:
- A la mierda la comida… llévame a la cama. Y prepárate… porque pienso hacerte pedazos.
Empezamos a las ocho de la noche… y eran las tres de la mañana cuando me desperté, con “X” encima de mí. Aún tenía su verga metida en mi culo. Su cara al lado de la mía. Estaba totalmente exhausto. Me levante. Tenía que ir al baño. Me dolía todo. El coño lo tenía totalmente colorado. Y no fue por un mete y ponga rudo… no. Esa no le da a “X”. El, más bien, es tierno, amoroso. Se muere si me lastima. Las chicas me contaron que esa noche, le estuvieron relatando a él qué me estaría haciendo Luis… y esas dos horas hicieron mella en su honor, su hombría. Así que se dedicó a comerme entera. Me sacó tres orgasmos increíbles. Y luego, al penetrarme, me elevó al cielo. Porque Luis era una fiera… era sexo animal, salvaje. Pero “X” era todo suavidad, y muchísimo amor. Nada reemplaza eso. Y fue glorioso. Sublime.
Mientras me higienizaba, me acordé de vuelta de todo, y comencé a llorar de nuevo… y volví a la cama con algunos bocados y algo para tomar. Lo desperté a “X” con un beso. Me miró, vio la bandeja con la picada… y fue él también al baño. Luego nos devoramos todo lo que había en ella, y después me dediqué a mi postre. Le lamí la verga con verdadera pasión. Y me tomé toda su lechita. Y cuando se recuperó y quiso penetrarme, le dije que no podía, que me ardía mucho, inclusive muchísimo más que aquella noche. Y que me había encantado por atrás. Y que había que repetirlo. Y nos dormimos hasta el sábado por la tarde.
Y así fue la vuelta a la vida. Una vida llena, con el hombre que amo. Jamás lo volví a engañar. Y le dije que él sí tenía derecho a una vez. Se lo merecía. Me dolería horrores, pero era justo.
- Jamás. No quiero. No me interesa. Ni siquiera por revancha… no es lo mío – y lo escuchaba decir eso, y me puse a llorar… no podía creer lo mierda que había sido, y él… claro que lo amo… cómo no amar a un hombre así?
Después de un tiempo, y vacaciones en el Caribe mediante, nos volvimos a reunir el grupo en nuestra nueva casa. Luis ya no tuvo cabida. Nunca más supimos de él. Y la “salida de chicas” tampoco. Yo me opuse terminantemente. Sí de compras… sí de spa… pero salida nocturna… jamás. Ya aprendí la lección. Y la segunda oportunidad que me dio la vida no la pensaba desaprovechar.
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