Cuba 2025 (VII) Final
Yaneris prometió una fiesta de despedida que jamás olvidarías. Pero no esperabas que el invitado de honor fuera el chico que la ama en silencio, ni que ella lo usara como juguete mientras tú la poseías. La línea entre el placer y la humillación se borra cuando la cámara empieza a grabar.
Pasaron los días siguientes prácticamente de igual forma.
Con Yaneris todo el día. De polvo en polvo, a veces íbamos un rato a la playa, salíamos a cenar o tomar una copa.
Por la noche ella se iba a su casa a dormir porque no quería que sus padres sospechasen.
Llegó el último día en la isla, porque al día siguiente ya me volvía a España.
Ella llegó, como siempre a tomar café y tostadas conmigo.
Me dijo que era el último día y quería que me llevase un recuerdo que jamás olvidase.
Yo le dije que iba a ser imposible olvidarla, que me había dado mucho y la recordaría hasta mi próximo viaje, pues tenía pensado regresar. Me dijo que probablemente fuese cierto que iba a regresar, pero había hecho mucho por ella con todos los regalos, los orgasmos, llevarla a lugares donde ella no podía entrar ni consumir y ella iba a darme una fiesta de despedida para que no tuviese dudas de regresar.
Yo le dije que quería pasar el día con ella, que no me apetecía ni una fiesta ni estar con más gente. Ella, con sonrisa maliciosa, me dijo que no iba a ser una fiesta de ese tipo.
Como siempre, tras el desayuno, nos fuimos a la cama y me la comí enterita. Besé y lamí sus hombros, axilas, pecho, espalda, bajando a su sexo a hacerle diabluras con la lengua. Como de costumbre, se corrió en mi cara y lamí cada gota que salió.
Cuando se recuperó, fue ella quien se puso a la faena, comiendo con ganas mis huevos, mientras yo le atizaba en la frente con mi polla, cada vez más dura y colosal.
Como cada día, intentó tragarla entera pero no pudo. Arcadas, saliva. Luego me cabalgó como una profesional, lento al principio e imprimiendo un ritmo bestial al final. Nos corrimos casi a la vez.
Descansamos un poco y nos fuimos a hacer running, como cada mañana.
Al regresar, mientras yo me duché, escuché que hablaba por teléfono con sus amigas y les decía cosas bajito que no llegué a entender. Lo que sí escuché es que había quedado con ellas en mi casa por la tarde.
Cuando salí de la ducha, ella me dijo que no se iba a duchar para darme el mejor aroma de sus axilas más tarde, lo que hizo que me empalmase justo después de ponerme los calzoncillos. Ella se dió cuenta y se rió. Me contó que ya tenía montada mi fiesta de despedida y que esperaba que me lo pasase bien.
Yo me quedé con ganas de follarmela de nuevo y se lo dije. Me contestó que había que guardar fuerzas, que el día iba a ser muy largo y se fue a casa de una amiga porque le iba a prestar unas cosas.
Llegó a la hora de comer con un bolso donde había un látigo, unas botas con espuelas, un tanga negro precioso y una lancera.
Yo le pregunté si me iba a dominar y me dijo que no, que ya sabía que a mí sólo me gustaba chingarla.
Cociné pescado al horno con patatas y comimos tranquilamente. Justo al acabar, me dijo que iba a venir un amigo que había invitado a la fiesta. Yo protesté y me contó que era Fernando José, el hijo de los vecinos que le había regalado las zapatillas. Yo le dije que ese chico estaba enamorado de ella y me contestó que ya lo sabía. Me contó que su madre le dijo que estuvo ahorrando más de medio año para poder regalarle las zapatillas.
Luego me dijo que cuando viniese, la dejase hablar a ella y yo le siguiese el rollo.
Me recordó en ese momento a la mente calenturienta de su madre. Tal palo, tal astilla.
Hice café y cuando llegó Fernando José, lo tomamos los tres. Comenzamos a hablar de cosas intrascendentes hasta que Yaneris le dijo para qué le había hecho ir.
"Mira, Fernando José, tú siempre te has portado muy bien conmigo y por eso he pensado en tí para este momento porque tengo la confianza contigo. El yuma quiere ver cómo yo humillo a un chico. Me va a dar 100$ y yo pensé que en vez de compartirlos con alguien desconocido para que se deje humillar, quizás tú no me quitarías la mitad y podría ser todo para mí. Me harías un gran favor".
Fernando José le preguntó qué tendría que hacer. Ella le contestó que besar y lamer sus pies, ponerse a cuatro patas y hacer de caballo para ella, aceptar unos azotes con un pequeño látigo, lamer su culo mientras ella se tiraba pedos en su cara y luego ella echaría su mielda en su boca.
Fernando José dijo demasiado rápido que lo haría. Yaneris, emocionada, se levantó, le abrazó por detrás y le dió un beso en la mejilla, diciéndole que era el mejor amigo que tenía.
Se notaba que el chico estaba enamoradísimo de Yaneris porque si ella le hubiese pedido tirarse por un puente, lo habría hecho con tal de contentarla.
Yo estaba flipado y empalmado de lo que iba a montar porque ella sabía que me llamaba la atención lo que ella le hizo al italiano, pero yo no iba a pasar por ahí y por eso se lo iba a hacer a otro para que yo mirase. Era un verdadero encanto.
Yaneris le dijo que después de hacerle ella todo eso, igual dos amigas suyas también querían sumarse a la fiesta, pero si él no quería, que lo dijese que no pasaba nada, aunque ella le agradecería que se dejase humillar también por ellas.
El pobre chico no sabía decirle que no a nada y aceptó.
Llegaron las amigas de Yaneris. Se sentaron a tomar café y no paraban de mirar y sonreír a Fernando José, que evitaba mirarlas a los ojos.
Era obvio que ellas ya conocían todo el plan de Yaneris, que previamente había hablado por teléfono con ellas.
Entonces una amiga de Yaneris le preguntó a Fernando José si sabía algo de jardinería. El contestó que sí, que había hecho labores en algún momento con su tío.
Ellas dijeron que habían traído semillas de margarita para plantarlas en el jardín y le preguntaron si se atrevía. Él, muy resuelto dijo que sí, pero necesitaba herramienta. Yaneris dijo que en el armario había visto azada, pala y rastrillo.
Fernando José se quitó la camiseta, cogió la herramienta y bajó al jardín, que estaba más muerto que vivo.
Nosotros nos quedamos todos en la barandilla. Yaneris, a mi lado, se agachó y pude ver cómo se quitaba las bragas.
Le dijo a una de sus amigas que cogiese mi móvil para grabarlo todo. Se lo desbloquee y comenzó a grabar.
Su otra amiga había entrado a la casa y salió con un bote de lubricante y acto seguido se arrodilló, quitándome el bañador, comiendo polla como si no hubiese un mañana, mientras le ponía el lubricante a Yaneris en el ojete, introduciendo un par de dedos, intentando hacer más grande el agujero. Yaneris mientras tanto, le decía a Fernando José que fuese más rápido, que iba muy lento. Su amiga llevó mi polla al ano de Yaneris. Era la primera vez que mi polla iba a entrar en su chiquito, como ella decía. A pesar del lubricante, costó que entrase, pero una vez lo hizo, entró casi toda. Era un placer notar las paredes en toda mi polla. Yaneris gemía de placer, mientras gritaba a Fernando José para que hiciese los agujeros más rápido. Por lo que sea, Yaneris disfrutaba de aquello. Tenía sudando a su pretendiente mientras yo le rompía el culo. Fernando José miraba desde abajo y lo único que veía era el balanceo de Yaneris conmigo detrás.
Me corrí como un bendito dentro de su ojete.
Yaneris le dijo a un extenuado Fernando José que dejase el campo y pusiese su cara en la barandilla.
Ella se dió la vuelta, se subió el vestido y le dijo que sacase la lengua y le limpiase el culo que no se había duchado después de hacer ejercicio para que pudiese saborear bien su aroma. El chico lamía como si le hubiese tocado la lotería. Yaneris apretó y comenzó a salir el semen que le había dejado dentro mientras su enamorado se lo comía todo, pasando la lengua con ansia.
Después, Yaneris se puso la camiseta lancera, el tanga, las botas con espuelas. Estaba espectacular.
Cuando el chico vio a Yaneris con ese atuendo, él mismo sin decirle nada, se arrodilló.
Yaneris sonrió y le dijo a una amiga suya que el chico necesitaba un aseo. Cogió la manguera y le dió agua por todos lados, pues Yaneris le pidió que se desnudase completamente y sus deseos fueron órdenes.
Una vez limpio y seco, Yaneris le dijo que se pusiese a 4 patas, que iba a montarlo como un caballo.
Yo me senté en un sillón. Una de las amigas no dejaba de grabar y la otra se colocó a mi lado masajeando mi polla.
Yaneris se subió a lomos de Fernando José, le puso una cuerda en el cuello y comenzó a tirar, de modo que el chico no tenía más remedio que levantar los brazos. Yaneris levantó un brazo por encima de su cabeza mirando al móvil y diciendo "yiiiiha". Yo tenía la polla a punto de reventar. Entonces soltó presión en el cuello del chico, que volvió a su posición de cuatro patas y empezó a saltar sobre él, como si cabalgase. Luego le ordenó que hiciese varios movimientos con la espalda. Ondulaciones, arriba y abajo, hasta que clavó por sorpresa las espuelas en la parte superior de las piernas del chico. El alarido de dolor fue tremendo. El chico no paraba de agitarse a un lado y otro y Yaneris agarraba fuertemente la cuerda al cuello para no caerse. Parecía un toro mecánico con una belleza intentando resistir los embates del animal.
Cuando acabaron los espasmos del chico, Yaneris me pidió que me subiese detrás de ella, se hizo a un lado el hilo del tanga y se subió en mi polla de espaldas. Le ordenó al chaval que nos pasase por el jardín, mientras ella no dejaba de botar sobre mi polla. Decía que la volvía loca, que mi pinga era la mejor que había probado nunca, que quería quedarse conmigo para siempre. En ese momento me di cuenta de que Fernando José estaba llorando mientras caminaba a cuatro patas. Se lo dije al oído a Yaneris y se corrió como una posesa mientras le besaba los hombros.
Acto seguido, hizo poner en pie al chico con las manos entrelazadas en la nuca y de espaldas a ella. Cogió el látigo y comenzó a azotar su espalda. Al principio, golpes precisos pero sin ritmo, luego fueron subiendo de intensidad y se notaba que le estaba haciendo daño. La amiga de Yaneris que no tenía el móvil en las manos, se puso de rodillas y empezó a comerme la polla, que estaba a cien. Yaneris le dijo que no me sacase la leche que me quería bien duro, así que su amiga bajó el ritmo, mientras Yaneris subía el de los latigazos. Hasta que no hizo sangrar a Fernando José, no paró.
Después, se sentó en el sofá junto a mí y le dijo al chico que le quitase las botas. Una vez descalza, le ordenó besar y lamer sus pies, mientras me metía la lengua hasta la campanilla.
Cuando se cansó, le dijo a su enamorado que se pusiese tumbado en el suelo boca arriba, se quitó el tanga y puso su culo encima de su cara. Empezó a tirarse pedos y obligó al chico a aspirar por boca y nariz cada ventosidad mientras le decía que así iba a recordarla siempre por su aroma.
Entonces le dijo que abriese bien la boca.
Una vez se aseguró por su amiga que su ojete estaba justo encima de la boca del chico, empezó a hacer caca y a llenar su boca. Al acabar, se limpió y se volvió a sentar a mi lado. Me cogió la polla y comenzó a estrujarla mientras me decía que se la iba a comer toda y que si quería verlo. Yo le dije que sí y ordenó a Fernando José comer.
El chico comía con devoción los excrementos, aunque con alguna que otra arcada.
Las amigas reían y Yaneris se subió a mi polla, cabalgando de espaldas hasta que exploté de ver cómo el chico había acabado con toda la mierda que Yaneris le había donado.
Yaneris le dijo a su amiga que ya podía acabar la grabación y me devolvió el móvil.
Les dió permiso a sus amigas para hacer lo que quisieran con su esclavo. Ellas volvieron a echarle agua a presión con la manguera y sobretodo le hicieron abrir la boca para limpiarla.
Ambas se desnudaron y pusieron la cara del chico boca arriba en un sillón. Empezó una a pasar su coño y culo por la cara de Fernando José. No paró hasta que no se corrió en su cara. Luego la otra hizo lo mismo pero con mayor crueldad, pues además de hacer el movimiento adelante y atrás mientras movía todo el cuerpo y subía los brazos como si estuviese bailando, también se ponía de pié y se dejaba caer con todo su peso en la cara del chico.
Yaneris se arrodilló y comenzó a comerme la polla y los huevos.
Cuando la segunda amiga de Yaneris se corrió en la boca del chico, yo hice lo propio en la de Yaneris. Ella en vez de tragar, como de costumbre, fue donde estaba su amiga e hizo señales a su boca y a la boca del chico. Su amiga lo pilló rápido porque le dijo a Fernando José que abriese la boca. Yaneris dejó caer toda mi corrida y su saliva acumulada en la boca del chico y le dijo que se lo tragase, cosa que hizo sin rechistar.
Yo estaba roto, cansado e incrédulo ante todo lo vivido. Pensaba que no podía haber nada más, cuando vi que sus amigas cogieron el látigo y se turnaban para ver con cuál de las dos gritaba más Fernando José. Estaban haciendo entre ellas un campeonato para ver quién le pegaba más fuerte.
Yaneris volvió a agarrar mi polla que aún no se había recuperado del todo y me dió sus axilas. Ella sabía cómo resucitame.
Me cabalgó, mientras me comía el cuello.
Le dije que sus amigas estaban destrozando y haciendo sangrar a su enamorado, giró su cuello para verlo y comenzó a correrse mientras temblaba todo su cuerpo.
Sus amigas, no contentas con eso, lo pusieron en el suelo boca arriba y una detrás de otra le llenaron la boca de mierda y se la hicieron comer.
Mientras tanto, Yaneris no dejaba de cabalgar hasta que consiguió que le dejase la leche bien adentro.
Le dije al oído que cuando me fuese no me engañase con Fernando José. Ella comenzó a reír y dijo "de verdad crees que te engañaría con alguien que come mielda?"
Le comí toda la boca y le dije que la iba a extrañar mucho, que lo que había hecho por mí lo iba a recordar toda mi vida.
Se le llenaron los ojos de lágrimas y se acurrucó en mi pecho.
Nos despedimos porque al día siguiente no quería acompañarme al aeropuerto. Decía que lo iba a pasar muy mal viendo cómo me iba y sin poder chingarme otra vez.
Le prometí que volvería.
Al día siguiente abandoné Cuba dirección España y pasé más de la mitad del vuelo durmiendo.
No fui consciente del todo de lo vivido hasta que dos días después, en mi despacho, recordé el vídeo que grabó la amiga de Yaneris. Lo reproduje y tuve que hacerme una paja viendo cómo me cabalgaba Yaneris a lomos de Fernando José y la cara de salida desquiciada que ponía a la cámara.
Una lagrimita corrió por mi cara de pensar lo que había dejado en aquella isla.
Fin de la saga.
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