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La profe de piano, ducha caliente para dos

La clase de piano era solo la excusa; la verdadera lección estaba detrás de la puerta del baño. Con el agua cayendo y el corazón latiendo a mil, ella no lo echó: lo invitó a entrar.

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Mis proyectos en el piano no se veían y mi mamá dudaba en mandarme. Mi papá pensaba que estaba tirando la guita., pero yo insistía como si fuera la mismísima reencarnación de Federico Chopin.

Al fin volví y durante unas clases la situación, para mi desconcierto fue normal…practicaba las escalas, soportaba el solfeo y salía desesperado pero de ella no obtenía nada más que el beso de entrada y otro de despedida.

Noté también que hablaba mucho con mi madre y eso,creo, no ayudaba.

El esposo venía a menudo con su portafolio lleno de papeles y su panza lechosa que asomaba entre los botones de sus camisas.

Un día escuché que mi mamá le comentaba a mi papá que la profesora andaba mal con su marido y que se iban a separar.

No sé por qué pero ese chisme me generó esperanza. -“Mucha mujer para estar sin atención”-dijo mi viejo.

-No digas eso delante del chico,agregó ella.

Pedí a ambos, juntos y por separado, ir a piano dos veces por semana; que mi vocación era la música y otras mentiras por el estilo… No me alcanzaba con las pajas nocturnas, tenía que verla más seguido y lo conseguí.

Un día subiendo la escalera escuché gritos de mujer y de varón, golpeé la puerta.

Luego silencio, después otro portazo y el ruido débil de la ducha.

Abrió el tipo que se fue como una furia.

La puerta de entrada había quedado entornada y entré.

Ella abrió la puerta del baño y gritó: “-Y además me cagás con mi prima, gordo hijo de puta”.

Me miró y se cubrió con un brazo cruzándolo sobre el pecho cubriéndose apenas un seno y dejando ver las aureolas rosadas de un pezón duro y en punta.

No dijo nada o no la oí, cerró la puerta.

Me pareció oírla llorando; por primera vez una emoción que no fuera sexual me invadió.

Golpeaba los azulejos, me empecé a asustar. Recordé la frase de mi viejo “-ojo con una mujer despechada”.

Despechada, pechos y se me empezó a poner durísima. La piedad me duró más o menos dos minutos.

-¿Está bien?- pregunté.

Abrí la puerta despacito, y me paré en un ángulo que me permitió ver el espectáculo más bello de mi vida.

Ella estaba parada con las manos por encima de su cabeza, el agua le caía por la espalda. Las ondas del pelo habían cedido y el color del cabello ahora mojado era más oscuro.

Restos de shampoo hacían brillar su espalda y se deslizaban por la raya de su cola firme y parada, para caer entre sus piernas apenas separadas.

Dejé de mirarla para no acabar. Cuando dió vuelta la cara para mirarme dí un paso atrás; era otra. Con el vapor y el agua la pintura de sus labios se había borroneado tiñendo su perita, el rimel se corrió también manchándole los pómulos.

Inexpresiva como la estatua de la lujuria me ordenó. “-sacate la ropa-”, me quedé desnudo con la pija parada vibrando frente a su cola enjabonada. “vení que esperás-” y volvió su cara hacia los azulejos.

Avancé hacia su espalda, mi pija resbalaba en sus glúteos y la raya de la cola. Separó un poco más las piernas. Casi eyaculo cuando torpemente se la metí en la raya, me retiré y respiré hondo.

”-¿No sabés por donde, no?-” escuché entremezclado con el ruido de la lluvia.

No alcancé a contestar cuando ella me dijo “-En ese agujerito no, nunca la primera vez-”.

Hizo un anillo con su mano resbaladiza y agarró mi glande grande y duro. lo llevó directo a su concha moviéndolo de arriba hacia abajo mientras su carne iba cediendo con facilidad.

En un segundo entró toda en ese lugar palpitante y húmedo, ella se arqueó y yo me quedé parado, ella se deslizaba de arriba hacia abajo, no me pude contener, la agarré por la cintura y empecé a entrar y salir. éramos un solo jadeo.

“-¿Te vas a venir?-” preguntó con la cara ladeada y empezó a apretar mi pija latente desde adentro de su vulva como si tuviera un anillo que abría y cerraba rítmicamente y a voluntad.

Grité y sentí que la leche entraba a borbotones dentro de ella que implacable gemía y se retorcía.

Algunos momentos después saqué mi miembro todavía grande y aún dando leche que se diluía con el agua que caía de la ducha.

Quedamos en silencio. nos enjabonamos. nos secamos.

“-La clase queda para otra vuelta-” me dijo a modo de despedida.

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