La urbanización del deseo (Capítulo 6)
Alex creía que su vida era predecible, hasta que la confianza se rompió y el deseo tomó el control. Ahora, con una compañera que no oculta su provocación y una alumna que juega con su discreción, Alex descubre que la tentación no se resiste, sino que se entrega.
La Urbanización del deseo
Sylke & Álvaro
Capítulo 6
Al llegar a casa, veo que mi compañera Isa está trasteando en la cocina y para colmo, hoy para encender aún más la llama, sólo lleva una camiseta y unas braguitas tipo tanga que marcan su precioso culo como nunca. Es cierto que alguna vez la he visto saliendo de su habitación o en el baño, pero siempre cosa de segundos, pero ahora, está ahí de espaldas, con su preciosa figura, salteando unas verduras y creo que no se ha percatado de mi presencia, porque yo me quedo ahí en la puerta de la cocina observándola, admirando la redondez de ese culo, con el que tantas pajas me he hecho, imaginando su coño, al que por cierto, tengo grandes posibilidades de ver y tocar... a poder depilar su sexo, ufff, eso hace que mi polla se empiece a ponerse dura y que todo ello me lleve a follarme a mi vecina, otro de mis grandes sueños, por eso tengo que buscar la manera de que todo esto suceda....
− “Ah, hola, Alex, la cena está casi lista” - dice Isa volviéndose y mostrándome sus braguitas esta vez de frente, un pequeño triángulo en el que se vislumbra ligeramente su vello negro debajo.
− “Perdona... que te haya pillado” - digo yo allí totalmente flipado, viendo esa camiseta ajustada y esas braguitas en las que se intuye su coño.
− “Ah, no, no te apures, había pensado que ahora que tenemos más confianza, espero que no te importe que vaya más cómoda por la casa y todo eso, siempre que no te incomode a ti, claro.”
− “No... no, para nada” - respondo de forma autómata y es que es una maravilla el espectáculo.
− “Ya, ya veo que no” - dice señalando mi bulto.
− “Perdona... yo” - digo intentando tapar esa “tienda de campaña”
− “Tranquilo, hombre si yo también estoy cachonda desde que hablamos y que me pueda follar a Mónica me tiene loca perdida”
La miro, con sus pezones marcados en el top y ese tanga que es pura provocación. Sonrío y me voy de allí, porque no quiero volver a perder el control, así que, me voy a mi cuarto, me cambio, intento pensar en otras cosas y me bajo a cenar, aunque tener a Isa con tan pocas prendas no se me hace fácil, a pesar de que ella, lógicamente no siente nada, no sé si es consciente de lo loco que estoy con su cuerpo y verla allí cenando conmigo y en braguitas es demasiado para mí.
Terminamos de cenar y nos despedimos, pues ella trabajaba al día siguiente y yo también, puesto que, lo había cambiado viendo que no empezaba las clases particulares hasta el miércoles. En la cama Isa se lleva uno de mis homenajes en una paja en la que no puedo borrar ese tanga y ese culazo. Creo que también he soñado con ella, aunque creo que se mezclan mis vecinas maduras y por supuesto la tía y la sobrina, vaya bacanal, porque amanezco empalmado.
En la clínica esta mañana, nuestro comportamiento es como siempre, Isa y yo vestimos igual, con nuestro uniforme blanco de enfermeros, nos comportamos con la misma disciplina y discreción de siempre, pero sí que ha cambiado nuestra forma de saludarnos, de sonreírnos, incluso a la hora de hablar de nuestras pacientes y es que esa complicidad con Isa resulta chocante, pero de algún modo liberadora, ya que, hasta ahora, tenía que disimular, pero ella en cambio parece estar leyéndome la mente y en uno de los descanso, tras el tratamiento con una paciente que acude por primera vez, me comenta.
− “Esas tetas nuevas no están nada mal, ¿eh compi?” - me dice dándome un codazo refiriéndose al último tratamiento.
− “Sí, ¿tú también te has fijado?”
− “Si, joder, estoy mojada entera, vaya pezones más chulos ¿No te los comerías a bocados?”
Ambos reímos en ese momento y disfrutamos de otras cuantas pacientes, con las que seguimos diferentes tratamientos y soy yo en alguna ocasión el que acaba confesándole a Isa, cómo es el culo de una o las tetas de otra y también aprovecho para comentarle lo de las clases exprés de inglés con Tamara y con Silvia.
− “Vaya suerte, ¿no?” - me comenta Isa.
− “Sí, la verdad es que no sé si voy a poder tener suficiente autocontrol”
− “Fóllatelas” - me dice riendo, cuando estamos cerrando.
− “Mujer... son nuestras vecinas y nuestras pacientes...”
− “Por eso, más cercanas no las tienes y yo creo que les va la marcha”
− “¿Tú crees?”
− “Estoy segura. Más de una vez las oí hablar en la clínica de tirarse a uno y a otro... pero en una ocasión les pillé hablando de ti”
− “¿Qué?”
− “Sí, no te lo había dicho, porque creía que no te interesaban mucho, pero ahora veo que sí, no hay más que ver el bulto que traías anoche. En serio, compi, las tienes en el bote”
En ese momento recuerdo cuando Bea me echó las cartas ayer, en la que decía que muy pronto tendría sexo con personas muy cercanas. ¿Se referiría a eso?... No, eso parecía demasiado sencillo para ser verdad, tenía que pensar con la cabeza fría y no dejarme llevar por los instintos más básicos.
El resto del día pasa más o menos rápido, con esas conversaciones salidas de tono con mi compañera y luego tengo el placer de admirar su cuerpo pasando con poca ropa por toda la casa. Es una tortura, pero divina... y creo que a ella le gusta provocarme un poco, las cosas como son.
El miércoles ha llegado casi sin darme cuenta y tras desayunar preparo unos apuntes de vocabulario que aún guardo de mi último viaje, con ellos será más que suficiente para empezar las clases básicas de inglés y me dirijo a casa de Tamara. Esta vez me he puesto un pantalón corto y espero que este no me delate como el del otro día. El chalet de Tamara es de los más grandes y espaciosos de la zona y es realmente alucinante, una casa muy grande a tan solo un par de calles de la mía. Llamo al timbre y ella no tarda en abrir a través del telefonillo del jardín.
− “Buenos días Alex, qué puntual. Entra” dice ella a través de la cámara del portero.
− “Buenos días” - respondo cuando veo que ella abre la puerta y aparece ante mí.
− “¿Preparada para tu primera clase?” digo atropelladamente al darme cuenta del look que ha elegido. Me quedo en shock nuevamente con esa mujer.
Tamara va vestida únicamente con un camisón corto, de encaje blanco, una especie de picardías. Se le transparenta absolutamente todo, los pechos se ven perfectamente a través de la tela, sus pequeños pezones deben de estar endurecidos, puesto que, parecen querer atravesar ese bonito encaje. Incluso se vislumbra el tanga minúsculo a juego. Parece una diosa helena, con su larga melena negra, esos finos labios, esos ojazos oscuros y ese cuerpazo……
Ni que decir tiene que mi polla ha vuelto a reaccionar de inmediato, endureciéndose rápidamente y mostrando una gran tienda de campaña en mi pantalón corto, la cual no pasa inadvertida a mi alumna pues veo que sonríe con su vista clavada en mi bulto mientras avanzo hacia ella.
− “Alex, estoy con muchas ganas de empezar” - me dice apoyada en la puerta en una pose que me parece más que sugerente.
− “Pues no perdamos más tiempo”
− “Perdona, pero me has pillado casi recién levantada, por poco me duermo” - añade riéndose y señalando su deslumbrante atuendo.
− “Tranquila, puedo venir más tarde si quieres”
− “No, no, pasa anda…..ahora me cambio y empezamos” - tras decir esto se acerca para darme dos besos igual que el otro día.
− “Qué guapa, Tamara, estás impresionante. No hace falta que te cambies” - digo sinceramente.
− “Gracias, tú siempre tan galante y eso que voy con estas pintas” - dice ella y noto un ligero rubor en sus mejillas.
− “¿Pintas? Estás increíble… bueno, estás guapa con lo que te pongas” - afirmo con seguridad y creo que es la primera vez que me suelto así con ella.
Le gusta mi halago, que no es gratuito, pues lo pienso realmente.
− “Bueno pensándolo mejor, para no perder tiempo me quedo así, ya que veo que no te importa” - me dice de pronto con una sensual caída de párpados.
− “Claro, como tu estés cómoda, estás en tu casa” - respondo nervioso.
− “Pues nada, a empezar se ha dicho”
Me acompaña mientras recorro con la mirada la bonita decoración de esa casa y evidentemente de su trasero caminando delante de mí, pues ese camisoncito es casi transparente, hasta llegar a una especie de despacho que tiene junto al salón y nos sentamos en una mesa, en la que retira unos cuantos papeles y al no ser muy grande nos obliga a sentados muy juntos. ¿Lo habrá hecho adrede? Pienso para mis adentros. Éste hecho es demoledor, pues tener a Tamara tan cerca no me permite concentrarme en nada que no sea su cuerpo y mientras yo le enseño mis apuntes de inglés, mis ojos se dirigen a ese cuerpo tentador sentado a mi lado. Por más que quiero serenarme, miro a Tamara y es imposible centrarme en la lengua inglesa, embobado en su cruce de piernas, en sus sensuales labios, desprendiendo un olor tan delicioso y embriagador que me siento en la gloria, sus ojazos oscuros me tienen hipnotizado cada vez que me mira y me pregunta, siempre con su blanca sonrisa, estoy súper nervioso, por no hablar de la erección continua que llevo desde que entré en su casa. El encaje de ese pequeño camisón me permite vislumbrar toda su piel morena, sus perfectas tetas están a mi alcance y con sinceridad, es imposible no dirigir la vista hacía ellas, a pesar de intentar ser educado y no parecer un descarado mirón.
Ella de pronto me mira directamente a los ojos, con su profunda mirada que me desarma, estar ahí juntos, solos tan pegados, es imposible permanecer sereno junto a esa belleza, y veo que echa una ojeada a mi entrepierna sin apenas disimulo.
- “Disculpa, Alex, quizás te esté distrayendo mi atuendo” - añade al tiempo que dibuja sus curvas bajo esa pequeña prenda sin apartar la vista de mi entrepierna.
- “No, no... tranquila” - respondo.
- “Claro, estás acostumbrado. Además, ya me has visto desnuda, no creo que te vayas a asustar por esto” - esta vez levanta ligeramente sus pechos con sus manos.
Sonrío ante ese atrevido gesto, pero sigo manteniéndome firme, en mi posición de buen vecino y mejor enfermero que no se descontrola con nada.
Aguanto al máximo intentando concentrarme mientras intenta ensayar o más bien refrescar algo de vocabulario, pero no parece tan concentrada en la tarea, sino más bien en mi cuerpo y especialmente en mi bulto, que lejos de bajar, parece estar creciendo.
Al final la naturaleza me está jugando una mala pasada y por mucho que disimule, ella se está dando cuenta de mi erección que, al estar sentado, me produce cierta incomodidad. En ese instante, intento abrir mis piernas para dejar espacio a mi pene erecto, pero eso lo que hace es que al llevar pantalón corto mis piernas rocen con las de mi alumna y sentir su piel contra la mía, aunque sea casi en la rodilla, es como un chispazo por todo mi cuerpo.
- “Ay, perdona, Alex, pero estamos tan estrechos aquí” - dice de pronto y al mismo tiempo abre ligeramente sus piernas para que las mías puedan encajar, pero lo hacen para colmo entre las suyas.
Ese movimiento no me lo pone fácil precisamente, ya que, para empezar mis piernas más abiertas ofrecen el bulto con más claridad y las suyas en esa misma postura ofrecen la rotundidad de sus muslos y prácticamente su sexo cubierto por un minúsculo tanga a juego con el camisón.
- “Menos mal que tenemos confianza, Alex, pero en otra situación, sería incómodo estar así” - dice de pronto.
- “Claro” - respondo, pero creo que ella está calibrando mi poder de aguante y no dejo de pensar que debe estar valorando si me atraen las mujeres.
La confirmación de mis sospechas en su comportamiento se produce cuando deja caer su lapicero, tras una aparente distracción accidental haciendo que se cuele entre mis piernas y ella rápidamente se agacha a por él, con la mala o buena suerte de que mientras ella intenta recogerlo, muevo mis piernas hacía el lado equivocado y mi polla dura como un garrote apenas sujeta por un bóxer de licra choca directamente con su mano.
Me quedo mirando a esos ojos que me miran como si esperaran alguna reacción. Y ahora estoy convencido de que no ha sido solamente un pequeño choque accidental, más bien un rozón que ha durado más de lo debido, ya que he sentido perfectamente cómo su mano se ha desplazado a lo largo de mi polla, creo que he podido sentir cómo las yemas de sus dedos la han recorrido lentamente en toda su longitud, pero ella, reacciona de pronto con cara de sorpresa con su mirada clavada primero en mi polla y luego en mis ojos.
− “Ay, perdona Alex, creo que acabo de tocarte el pene” - añade con inocencia pero aparentemente nerviosa.
− “Tranquila, no pasa nada” - digo yo aún más nervioso que ella.
Volvemos a quedar con nuestras piernas intercaladas y mi rodilla está entre sus muslos, pudiendo notar casi el calor de su sexo en mi rodilla. Mi polla da un espasmo y ella vuelve a dirigir allí su mirada.
− “Alex, ¿Te puedo hacer una pregunta personal?” - me dice repentinamente.
− “Claro Tamara, tenemos confianza mujer, pregunta lo que quieras” - respondo.
− “¿Estás empalmado?” - pregunta esta vez, llevándose el lápiz a la boca y jugando con él entre sus labios con una sonrisa maliciosa.
Es evidente que la cosa no era una sospecha, ella se ha dado cuenta.
− “Perdona Tamara, espero no incomodarte, la verdad es que sí, no sé qué me ha pasado, lo siento mucho “- digo balbuceando.
Ella pone su mano sobre la mía para decirme con su blanca sonrisa.
− “No seas bobo, no pasa nada, es algo natural, no hay que hacer un drama por eso”.
− “Gracias por tu comprensión”
− “Si, mira... tanto Silvia como yo, siempre lo hemos comentado, que te comportas de una manera tan profesional, en situaciones que deberían ser algo incómodas para un hombre... quiero decir un hombre normal al que le gustan las mujeres.
Al decir eso se me queda mirando, como si esperase mi respuesta y no se lo hago esperar, si estamos de confesiones, hay que hacerlas.
- “Sí, Tamara, me gustan las mujeres”
Ella se lleva una mano al pecho y parece que está ilusionada por ese hecho. Con todos estos meses disimulando, procurando no mostrar nada de atracción y disimulando mis erecciones, en apenas un par de tardes he quedado en evidencia. Y vuelve a mi mente el asunto de las cartas con mi vecina. Me quedo mirando a Tamara y me repito a mí mismo que no puede ser, que es todo fruto de la casualidad, como fue la famosa pillada de Isa y momentos que suceden....
Ella guarda silencio unos segundos y yo tampoco puedo añadir nada.
− “Perdona, mejor sigamos con el inglés” - afirmo tras unos segundos de tensión sexual.
Supongo que Silvia y ella pensaron que no siento nada tocando sus maravillosos cuerpos, pero evidentemente no es así, pero me ha costado horrores conseguir esa firmeza y ahora, con esta prueba de fuego, me ha desarmado del todo. Ya he quedado en evidencia con mi compañera Isa y ahora también con ella.
Intentamos continuar con la clase, pero para mí es algo imposible, sigo empalmado, pensando en todo lo que está sucediendo, desde aquellas famosas cartas y tener a Tamara tan juntita a mi lado no ayuda a que esto pueda seguir su curso normal y mi nerviosismo va en aumento, por no hablar de su camisón, el cual, ahora muestra más que antes, veo su tanga y puedo vislumbrar hasta la forma de su rajita y es que no puedo dejar de mirar intentando no abalanzarme sobre ella y quitárselo de un tirón. Sus pechos siguen hipnotizándome a través del encaje y no puedo apartar la vista de ellos. Tamara se está dando cuenta de todo, ya no tengo ninguna duda. Tras echar una ojeada de nuevo a mis partes, añade mientras vuelve a jugar con el lápiz en sus labios mirando mi bulto:
− “¿Oye Alex, todavía estás excitado?”
Guardo silencio mirando esos ojos que me están cautivando, como lo hace todo su cuerpo tan pegado a mí, se podría decir que casi entrelazado a mí...
− “Sí, Tamara... La verdad es que sí, no puedo controlarlo...” contesto de forma cohibida.
− “¿Es por mi culpa?” - me pregunta directamente sin cortarse.
− “Uf, Tamara, ¿tú qué crees? Estoy excitado desde que acepté la propuesta de venir aquí, pero al llegar y verte así, no pensé... bueno, se ha incrementado y mucho la excitación. Eres una mujer guapísima y tremendamente atractiva, tienes un cuerpazo espectacular, no hay más que verte….y claro uno no es de piedra, tenerte así tan cerca es un tormento….no puedo evitar que mi cuerpo reaccione” - respondo de carrerilla y casi sin pensarlo, porque de otro modo no habría podido soltarlo con tanta sinceridad.
− “Guauuu, no tenía ni idea de que opines eso de mí” - responde ella con una gran sonrisa.
− “Espero que mi sinceridad no te haya incomodado”
− “¿Incomodarme? Al contrario, Alex me siento halagada, pensé que... bueno, que yo no era tu tipo o te fijabas en las jovencitas y no en una vieja como yo”
− “¿Pero tú te has visto? No me fastidies Tamara, estás increíble, cuantas jóvenes quisieran tener ese cuerpazo tuyo y esa cara tan preciosa, si pareces una modelo, no sé lo que haces aquí, deberías de estar en alguna pasarela desfilando”
− “Ja, ja, ja, gracias por el cumplido pero supongo que por la consulta pasarán mujeres mucho más jóvenes, mucho más bonitas...”
− “Para nada, Tamara, de todas las mujeres que pasan por allí te juro que eres una de mis favoritas”
Al decir eso, me siento turbado con tanta sinceridad, pero creo que eso a ella, lejos de incomodarla, le ha encantado.
− “Gracias, eres un amor, ven anda dame un abrazo” - me dice.
Se puede decir que esa preciosa mujer se abalanza sobre mí y nos fundimos en un cálido abrazo, con el problema añadido de que, al sentir sus perfectos pechos en contacto con mi cuerpo, hace que mi erección incremente un poco más o seguramente ya lo estaba, pero ahora es de tensión total. Evidentemente ella se percata de tal hecho y su rodilla está totalmente apoyada en mi entrepierna, como si quisiera ponerme más a prueba todavía.
- “Eres un cielo de hombre” - me comenta casi en un susurro.
De pronto, tras mirarme, me planta un piquito en los labios. Mi cara debe de ser de incredulidad total por cómo reacciona ella, diciéndome:
− “Perdona Alex, si te ha molestado, lo siento.”
− “¿Molestarme? ¡me ha encantado!” - contesto.
Me quedo un segundo mirando a esa belleza de mujer, sus ojos oscuros me penetran hasta el alma, su delicioso aroma me tiene obnubilado y sus muslos rozan los míos, como su rodilla roza mis huevos.
Así que, ya no puedo aguantar más y en un impulsivo acto, acerco mis manos a su preciosa cara y cogiéndola con suavidad de sus mejillas, busco sus labios, los cuales se abren de inmediato. Nuestras lenguas se unen en un apasionado beso. Una descarga eléctrica me traspasa la espalda haciéndome estremecer de gusto al sentir esos cálidos labios y su lengua juguetona, como tantas veces he soñado, y ella responde de la misma forma, pues no deja ni un solo rincón de mi boca por explorar hasta que nuestras caras se separan.
− “Uff, que ganas tenía de besarte, Alex, no sabes cuánto lo estaba deseando” - dice sin apenas parpadear mientras me mira a los ojos embelesada.
− “Pero, ¿eso es cierto?” - pregunto incrédulo.
− “La de veces que he soñado cuando me atendías en la consulta, que te ibas a abalanzar sobre mí, que me ibas a besar así...”
Y sin darme tiempo a nada más, se abalanza de nuevo y vuelve a besarme, ésta vez es ella la que sujeta mi cara mientras apoya sus tetas contra mi pecho, mientras sus manos acarician mi espalda, mi nuca.... Su lengua se introduce de la forma más salvaje en mi boca. Se separa un instante, para añadir..
- “¡Alex!”
Vuelve a la carga en otro beso, mientras su mano recorre mi torso por debajo de la camiseta mientras la otra atrapa sin tapujos mi polla, al principio por encima del pantalón, pero en cuanto puede comprobar la largura y grosor de ésta, comienza a sobarla con deseo. Mis manos no pueden perder la oportunidad de amasar esos pechos o bajar con mi mano hasta ese culo firme que tantas veces he tocado, aunque no de la forma en la que lo hago ahora.
Tamara me ha sacado la camiseta por la cabeza y dibuja mi torso y acaricia mi piel, pellizcándome, arañándome y noto como su otra mano se aferra a mi tronco tieso, sin acabar de creerse que está así por ella.
- “¡Qué dura está, Alex!” - me dice en un susurro, con nuestras frentes pegadas.
- “Todo esto lo has provocado tú solita” - le digo.
- “Pues apaguemos ese fuego, que yo también estoy ardiendo”.
- “¿Estás segura?... ¿Esto está bien?”
Solo afirma con su cabeza y su labio inferior tiembla.
Continuará...
Sylke & Álvaro
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