Mi esposa argentina 8 parte 3
La puerta de la enfermería se cerró con un golpe seco, dejándola sola con el hombre que controlaba la prisión. No había guardias, no había salida, solo el olor a sangre y la mirada turbia de Eladio. En ese silencio roto solo por los gritos del motín, la doctora comprendió que su mente ya no era suya: era el precio de su vida.
MI ESPOSA ARGENTINA 8 Parte 3
Estaba intranquila, nerviosa, tenía que encontrarme con este tipo, don Eladio y en verdad me había impresionado mucho más de lo que me atreví a contarle a Carlos, incluso había tenido dos sueños con él, en uno me perseguía por los pasillos de una cárcel desierta y en el otro, bueno, era más explícito.
Yo estaba recostada sobre una pared y alguien se acercaba, escuchaba sus pasos, no lo veía pero sabía que era él.
_Estás acostumbrado a mandar ¿no es cierto?_ decía yo y luego cuando ya lo tenía casi encima.
_Me vas a coger, hijo de puta ¿no?_ le decía.
Jorge me recibió en la entrada de la cárcel, con su cara de baboso, me da un asco tremendo, no sé porque acepté este trabajo, siempre termino por tratar de cumplirle las fantasías a Carlos, es mi destino.
En realidad él es mi dueño, actuó para él. Aunque no siempre, tampoco puedo hacerme la inocente, algunas cosas fueron todas mías, como lo de Remigio.
_La revisión es de rutina, ya conoces a Anita_ dijo Jorge
Anita era la guardia cárcel que casi siempre me revisaba, sus manos huesudas palpándome por sobre la ropa, todo me parecía libidinoso y sórdido, era una mujer robusta y de mirada huidiza.
_Que guapa estás_ me dijo Jorge, sus ojos me recorrían el cuerpo, no es que eso me importara realmente, compadecí a Laura.
_Gracias_ dije
_Eladio te está esperando, le has causado una gran impresión, me ha hablado mucho de ti_ dijo
_Qué bien, es casi una visita social ya_ dije tratando de ser glacial
_Bueno, no puedes culparle_ dijo él
Caminaba a mi lado otra vez íbamos por una zona desde donde nos veían varios reclusos que hacían gimnasia y levantaban pesas.
También ellos me miraban, las miradas de los hombres me resbalan, no tienen importancia para mí.
Salvo en casos como en los de este viejo que iba a ver ahora.
_ ¿Por qué le has dicho esas mentiras a Carlos sobre Laura, de que son una pareja liberal, de que ella ha follado con Eladio?-
Jorge me miró sonriente, esa cara alargada y esa papada asquerosa.
_ ¿Cómo estás tan segura de que son mentiras?_
_Porqué conozco a Laura_
_Igual no la conoces tanto_
_Y porque conozco a los tipos como vos_
_ ¿Y cómo son los tíos como yo?_ dijo
_Babosos y mentirosos, te gusta inventar historias y confundir a la gente_ dije
_Hay algo en Carlos y en ti también, no sé cómo definirlo, pero algo raro tenéis y ocultáis algo, a lo mejor es que sois vosotros la pareja liberal de la historia_
_Todo pasa por tu mente calenturienta_
_Que buena que estás, hija de puta, como te bajaría los humos yo_ dijo in mirarme, mientras caminábamos.
_Pero…… ¿Por qué no te vas a la mierda, pelotudo?_ me sorprendió el insulto y también mi respuesta, nunca lo había soportado pero siempre habíamos mantenido las formas.
Nos quedamos mirando un momento, él lo disfrutaba, me miró de arriba, abajo, repasándome las tetas y seguimos caminando.
_Tranquila, Fernandita, no sea cosa que te deje a solas con Eladio para que te entiendas con él_
Mis tacos resonaban con un eco siniestro en esos pasillos fríos, pasamos un par de controles, llegamos a la misma sala de la vez anterior.
_Pobre Laura_ dije
_Pobre Carlos_ dijo él
_ ¿Si? ¿Pobre? Mírame bien, porque Carlos tiene todas las noches lo que vos no vas a tener jamás en tu vida_
_ ¿Los cuernos vienen en el paquete?_ dijo y se marchó antes de que pudiera responderle.
Entré en la sala, el guardia de la puerta me miró sorprendido, seguramente había escuchado la última parte de mi conversación con Jorge, me senté nerviosamente, saqué mis apuntes del bolso.
Primero entrevisté al andaluz que había matado a su mujer y a su suegra, los femicidios abundaban entre la población carcelaria.
Qué necesidad de poseer matando, la forma más extrema y despiadada.
Era una persona casi agradable, daba la impresión de que no podría hacer daño a alguien ni queriendo.
Luego me trajeron a Eladio.
Cuando entró en la habitación sentí como si el aire cambiara, se hizo más denso y eléctrico.
Se movía pesadamente también, noté que tenía una panza, estaba excedido de peso pero a la vez se movía con cierta agilidad, como si fuera liviano de algún modo o pudiera ser veloz si se lo proponía.
_Hola, doctora, como está_ dijo, tenía las manos esposadas
_ ¿Le molestan? ¿Las esposas? ¿Puedo hacer que se las quiten?_ dije
_No, no molestan y me las quito yo cuando quiera_ dijo él y se sentó.
_Bien ¿A qué conclusión ha llegado conmigo?_ dijo
_ ¿Conclusión? No me corresponde a mi hacer ninguna conclusión es solo un informe psicotécnico_
_Pero alguna idea se habrá hecho de mi_
Tendría que decirle algo para contentarle, podría decirle que había soñado con él y que le temía.
_Creo que es un hombre acostumbrado a mandar y a que le teman_
_ ¿Y usted? ¿También me teme?_
_No, no le tengo miedo, no estoy aquí para juzgarle, ni temerle ni nada, solo tengo que hacer mi trabajo_ dije
_Que guapa eres, niña, de cara, tienes una cara que es la perfección, de cuerpo ya lo sabes, pero tu carita, es la carita que uno quisiera ver antes de morirse_
_Le gusta mandar y también seducir por lo que veo_ dije
_No se puede mandar a fuerza de miedo, hija, te tienen que querer también, hay hombres que darían la vida por mí y mujeres, no, no creo que ninguna mujer de la vida por nadie, por un hijo quizás_
_ ¿Los hombres le aman más que las mujeres?_ dije
_ ¿Esa pregunta está en su cuestionario doctora?_ dijo y me miró de un modo con ese ojo partido por el machetazo que sentí otra vez el miedo correr por mi sangre, enloquecido, queriendo escapar.
_No, no está, perdóneme_
_Está bien, usted es joven tiene mucho que aprender todavía_ dijo él con una media sonrisa
_No soy tan joven_ dije
Entonces escuché un ruido lejano como un golpe y el Handy del guardia sonó y una voz dijo algo, por supuesto no distinguí una palabra.
_Su niño de usted ¿Solo se alimenta con la teta?_ dijo Eladio
_No, también toma leche de fórmula, mi marido es médico y dice que es mejor_
_Mejor así_
_Bien vamos a comenzar_ dije, entonces la puerta se abrió y pude escuchar un ruido muy fuerte como si alguien arrastrara algo y unos gritos.
_Doctora, vamos a tener que salir de aquí, evacuar la zona_ dijo el guardia
_ ¿Qué sucede, un incendio?_ dije
Y entonces el guardia se quedó inmóvil, me miró fijamente, sus ojos se abrieron y luego se desplomó y detrás de él estaba un hombre de baja estatura, con el rostro moreno y cetrino, gitano, pensé.
Miré a Eladio y se estaba quitando las esposas de las muñecas.
_Cigalita, tú te quedas con la doctora y no dejas que entre nadie aquí_ dijo Eladio
_ ¿Pero qué pasa? De……debo marcharme_ dije
_Si quiere marcharse es libre, yo no se lo recomendaría que ande sola por estos pasillos, esto se va a poner muy caliente, niña_
Me revolví en la silla, como si una fuerza superior a mí me sujetara.
Luego escuché ruido de pasos, gente corriendo y gritos lejanos.
El gigante tatuado, uno de los hombres que yo había entrevistado la semana pasada apareció en el marco de la puerta.
_ Todo despejado jefe ¿vamos a por el colombiano?_ dijo
_Anda que no y usted quédese aquí con el cigalita que va a estar más segura_ dijo mirándome a mi
El gigante puso en la mano de Eladio un arma, un cuchillo, casero, un pincho pensé, así les llaman a estas armas carcelarias.
_Puede hacerle una entrevista a este, si consigue que le diga una palabra_ dijo Eladio sonriendo señalándome al primer hombre que había entrado y que estaba arrastrando al cuerpo del guardia fuera de la sala.
_ ¿Está muerto?_ dije
_No, es solo un golpe en la nuca_ dijo Eladio
Estaba en medio de un motín carcelario, no necesitaba preguntar nada más, pensé en Carlos y en los niños y me estremecí, el móvil vibró, lo cogí
Eladio me lo quitó de la mano.
Llamé varias veces a Fernanda, no respondía mis llamadas, luego a Jorge.
_Jorge, hombre ¿estás al tanto de lo que está pasando?_ dije
_Sí, estoy al tanto_ su voz sonaba impersonal, lejana como desde dentro de un túnel.
_ ¿Está Fernanda contigo?_
_No, pero no te preocupes, debe estar segura si ha conseguido evacuar_
_ ¿Pero cómo mierda ha sucedido esto?_
_Es un motín Carlos, no te preocupes debe estar siendo evacuada_
_ ¿Y si no?_
_Si no, hay que esperar, debo cortar ahora, te llamo si me entero de algo_ dijo Jorge
Regresé a casa, llamé a mis padres, fue una hora terrible, Amparo era la nueva canguro de los niños.
_ ¿Pasa algo, Carlos?_ dijo al ver mi cara, era una chica de unos 25 años
_ ¿Puedes quedarte unas horas más?_ dije
_ Sí, claro_ dijo ella.
Tenía la tele puesta en el telediario, las informaciones eran confusas sobre el motín.
Mi madre había traído a Sol y se la llevó a su cuarto.
El niño estaba despierto y comenzó a llorar, fui hasta el frigorífico, había unos biberones con leche de Fernanda en provisión.
_ ¿Se lo preparas tú?_ Dijo mi madre a mis espaldas
Entonces vibró el móvil, era Jorge.
_Carlos, malas noticias, lo siento, macho, Fernanda es uno de los rehenes, están bien por lo que sé, algunos guardias golpeados pero los presos lo tienen todo bajo control… no van a hacer ninguna gilipollez_
No pude escuchar más, la cabeza comenzó a darme vueltas.
No sé cuánto tiempo estuve con ese hombre, el Cigalita, él apenas me miraba, solo en un momento dado, dos personas intentaron entrar y él los echó.
Esos dos que quisieron entrar me miraron de un modo que mis piernas temblaron, creo que fueron las dos horas más aterradoras de toda mi vida, porque ahora si los gritos resonaban por todos lados y había ruidos, de golpes de cosas que eran arrastradas, de puertas que se cerraban con estrépito.
Finalmente llegó Don Eladio con el gigante tatuado y otro viejo de pelo cano y que tenía una marca negra en el cuello.
Me alegré de verlo, porque él también me daba miedo, pero pensé que era temido y que me protegería, de hecho había sido así al dejarme al cigalita como guardia.
Don Eladio tenía manchas de sangre en su uniforme de recluso.
_Vamos a la enfermería_ dijo, me levanté de la silla y le seguí.
_Si lo que ve, le resulta desagradable, cierre los ojos doctora_
_Vi una persona tirada en ese patio donde hacían gimnasia.
Los presos estaban en grupos de dos o tres y me miraban con más curiosidad que otra cosa.
_ ¿Y ahora que pasara?_ dije
_Negociaremos algunas cosas, no yo, uno de los míos_
_Don Eladio, el Tachuelas quiere hablar con usted_ dijo un hombre con el cabello despeinado y la cara arrebatada.
_Que espere_ dijo el viejo.
Llegamos a un lugar que parecía ser la enfermería, vi a un hombre curando el brazo de otro, sentado en una camilla. Seguimos por otro pasillo y llegamos a una habitación, se abrió una puerta, había dos camas de hospital y una mesa.
_ ¿Has comido? ¿Tienes hambre?_ dijo
_No, no tengo hambre, quisiera hablar con mi esposo_
_Luego_
_ Diego, ve a buscar algo de comer y de beber, vosotros al pasillo, que no entre nadie_ dijo, todos salieron de la habitación.
_Ahora Niña, vamos a hablar claro tu y yo ¿Quieres mi protección?_
_ ¿Qué pasa si no la quiero?_
_Vas con los otros rehenes, eres la única mujer_ dijo, se sentó en la cama, parecía cansado.
_ ¿Y si quiero su protección?_
_Haces lo que yo diga_ dijo él y se recostó en la cama
_Si…..si quiero su protección_ dije
No sé si me escuchó pues se había dormido.
Yo estaba sentada en la cama de al lado.
Habrán pasado quince minutos, yo le miraba dormir, roncaba, su corpachón parecía casi desvalido, como si le hubiese abandonado la fuerza, el poderío, todo. La cicatriz enorme seguía allí sobre el parpado cerrado.
¿Me estaba amenazando con lo de llevarme con los otros rehenes?
No tenía opción, debía salir con vida de allí.
La puerta se abrió y el hombre de pelo cano entró, con unos platos y una botella de agua.
Eladio ya estaba sentado sobre la cama.
_ ¿Qué hay?_
_ Alubias, los martes cocinan alubias_ dijo el viejo
_ ¿Todo tranquilo?_
_Si, todo está asegurado, el chileno hace de líder, ya se ha comunicado con la jueza_
_Bueno, ya le he dicho lo que tiene que decir_ dijo Eladio y se rascó la cabeza
_Es mejor que coma, doctora y luego habla con su marido_ dijo Eladio
Intenté comer, pero no tenía hambre ninguna.
_ ¿Que? ¿No está bueno?_
_No tengo hambre_ dije
_No pareces muy asustada_ dijo él
_Estoy muerta de miedo_ dije
_No tienes nada que temer_ dijo don Eladio
Me toqué un pecho como un acto reflejo, era la hora de amamantar, mis pechos daban mucha leche, usaba un sacaleches eléctrico todos los días para evitar la congestión mamaria, además de alimentar a Manuel.
_ ¿Te duelen?_ dijo don Eladio mientras comía, lo hacía lentamente pero con la cabeza metida en el plato, sus modales no eran de lo mejor, claro.
_Voy a tener que sacarme leche, de alguna manera_
_ ¿El niño chupa bien?_
_Si…_ dije
_Una de mis hijas no sabía chupar la teta, los pechos de mi mujer se pusieron duros como las ubres de una vaca a la que se le muere el ternero_
_Para eso están los sacaleches_
_Bueno, en esa época, no había esas mierdas o mi mujer no las conocía, a veces yo mismo le ayudaba_
_ ¿Tiene hijas?_ dije, para cambiar de tema, para no concentrarme en ese “yo misma le ayudaba”.
_Tres niñas grandes, son mujeres con hijos ya y dos muchachos_
_Ya es abuelo entonces…_ dije, sentí como mis pechos me dolían un poco, solo por hablar del tema.
_Un dulce abuelito_ dijo, ahora me pareció feo y repugnante, se limpió la boca con el dorso de la mano y bebió un poco de agua.
De pronto sentí cierta tensión sexual, su deseo se manifestaba claramente, acabaría por violarme, tendría que follar con él, pensé en que podría ser uno de los amantes elegidos por Carlos, trataría de pensar en algo así, para poder soportarlo. No sería una violación, solo uno más de los amantes que Carlos elegía para mí o los que yo elegía para darle una sorpresa a mi marido.
Su mirada se había vuelto turbia, tal vez no me protegería, tal vez se volvería violento y abusivo, era un criminal, no mi protector ni nada de eso, tal vez acabaría por matarme.
Yo seguía sentada frente a él, en la cama de enfrente, un metro nos separaba.
_Desabróchate la camisa_ dijo
_ ¿Ahora?_ dije
_Claro ¿cuándo va a ser?_
Mis dedos temblaban un poco mientras me desprendía los botones, comencé por los de abajo.
_Hazlo más despacio_ dijo el viejo
Golpearon la puerta.
_ ¿Qué quieres?_ dijo don Eladio
_El chileno acaba de hablar con la jueza_ dijo una voz, alguien se había asomado a mis espaldas
_Luego hablo con él, que nadie me moleste, joder…_ dijo el viejo
_Tu sigue con los botoncitos esos_ dijo el viejo
Vi como aparecía la piel del vientre, mi vientre plano y ejercitado.
_Joder, que blanca eres, pareces inglesa o algo así_ dijo él
_Tengo ascendencia irlandesa e italiana también_ dije
_Barton es tu apellido ¿verdad?_
_Si…._ dije, desabroché otro botón
_Las irlandesas que he conocido tienen cara de zapato_ dijo él
Desabroché el último botón de la camisa.
_Joder……las tetas que te cargas, tía_
Suspiré y fue peor, sentí que los pechos me dolían realmente.
_Ábrete la camisita_
Separé los lados de la camisa.
_Estás buenísima…..lo sabes ¿No es verdad?_
_Si….lo sé…._ dije, me sentí más segura de pronto, esto se lo voy a contar a Carlos, será una más de nuestras locuras, me lo decía a mí misma para tranquilizarme.
_Desde pequeña que lo sabes ¿verdad?_
_Si, desde niña sé que soy linda…._
_Tampoco hay que ser tan avisada para eso_ dijo y sonrió
_ No, supongo que no_ dije y bajé la mirada, mis manos estaban apoyadas en el borde de la cama, mis tacones clavados en el suelo, mi falda era demasiado corta, había querido ver la reacción de Carlos por la mañana cuando me viera vestida para salir.
Tengo que salir viva de aquí, me dije, abrí los lados de la camisa.
_Cuando le das el pecho al niño ¿te sacas la teta por encima del sujetador?_
_Si….-
Hazlo_ dijo, autoritario, su mirada era turbia por el deseo, era una animal, una bestia que estaba dispuesta a devorarme, alguna vez había visto por televisión a un leopardo jugando con una cría de antílope, antes de comérselo.
_ ¿Me prometes que saldré con vida de….?_
_Haz lo que te digo, no me fastidies….._ dijo de mal humor
Saqué mi pecho por encima del sujetador, el pezón me rozó la tela y realmente me dolió.
_Joder, esas aureolas que tienes, son como una galleta_
No se dice aureola, areolas se llaman, pensé.
Nos miramos, sentí el pezón húmedo a pesar de mí.
_Te duelen ¿verdad? Yo te ayudaré como hacía con mi mujer, voy a ser tu sacaleches, niña….-
Me horroricé, era peor que si hubiese dicho que me iba a follar, era algo asqueroso, repugnante.
Se colocó de rodillas entre mis piernas, era muy fornido, grueso y la piel muy morena.
El niño se alimentaba del biberón entre mis brazos, era una suerte que le hubiésemos acostumbrado así, era leche de Fernanda, pero luego le daría la leche de fórmula.
Miré sobre la mesa del comedor la caja con el sacaleches eléctrico, también teníamos uno manual.
Eran horas de angustia, terribles, Fernanda era muy fuerte, pensé de pronto que era una suerte también que tuviésemos semejante historia de vida, ella…..lo soportaría…..ese viejo, don Eladio, la convertiría en su amante, si ese viejo no había muerto durante el motín, si ella no había sido…… violentada por alguien más.
O tal vez fuera un sádico, un psicópata, pero no, debía pensar qué………
Rogué a Dios, no dejes que le pase nada a Fernanda, me acordé del puto Dios por primera vez en años.
Las glándulas o tubérculos de Montgomery, en la areola, producen una secreción que ayuda a proteger la piel de la areola y ayudan a sellar la boca del lactante.
Pensé en eso, traté de pensar en eso, pero seguía mirando esa gran cabeza morena pegada a la blancura de mi pecho, el rocé áspero de la barba mal rasurada, la nariz pegada sobre la suave piel del pecho.
Y mis dedos haciendo presión sobre el pecho, estimulando las glándulas y luego los labios de ese animal succionando, chupándome, deglutiendo mi leche,
Y de pronto cerré los ojos y eché mi cabeza hacía atrás y una de sus manos separaba mis piernas y claro que lo haría tarde o temprano y su mano, gruesa y callosa acariciaba uno de mis muslos y se metía por dentro y uno de sus dedos apartaba la tira de tela del tanga y tocaba muy delicadamente, demasiado, sorprendentemente sutil, solo la punta de un dedo, y exploraba mis labios vaginales y la yema del dedo luego, que subía hasta mi clítoris y simplemente presionaba allí, muy suavemente.
Acaricié la cabeza calva, sentí que mi espalda se arqueaba, pegué su cabeza contra mi pecho, su boca no dejaba de succionar, con mucha más fuerza que el niño, algo de leche, caía por mi pecho.
Me iba a exprimir hasta la última gota, sería un alivio….si….sería un alivio….debía pensarlo así.
Ese maldito dedo del viejo sobre mi clítoris, la boca liberó el pezón y recogió la leche caída sobre el pecho y lamió y volvió a meterse el pezón en la boca y gruñía satisfecho, como un inmenso y monstruoso lactante.
Y su mano en mi espalda, atrayéndome hacía él.
Dios, estoy mojada, completamente, ese dedo y esa boca asquerosa y luego su lengua hizo un movimiento concéntrico sobre el pezón y me enloqueció y luego volvió a meterse todo un pezón en la boca ávida, la nariz enorme pegada sobre mi pecho, acaricié su nuca, lo tenía pegado como una lapa y su dedo presionando el botón de mi clítoris y entonces suspiré, a pesar mío, a pesar de todo, del asco, de la repulsión, del miedo, si……era liberador.
No pensar….no pensar, su boca exprimiéndome, mi pecho sobre la cara de ese hombre y el dedo raspó el clítoris de arriba hacia abajo como pulsando un timbre y esta vez gemí en voz alta.
_Mmmmmmm!!!…._ no pude evitarlo, cogí la cabeza de ese viejo con mis dos manos y la pegué más aun contra mi pecho.
Mis tacones resbalaron sobre el suelo, sin poder afirmarme, bien, su mano en mi espalda, sobre la piel desnuda,
Y luego apartó la cabeza y me miró, sentía aflorar lágrimas a mis ojos, el viejo seguía con una mano dentro de mis piernas, y con la otra tiró del sujetador y liberó el otro pecho y fue hasta allí, a por el otro, iba a succionar también el otro, mis pechos estaba mojados de leche ahora y él lamía y yo pegaba su cabeza contra mis tetas y ese dedo seguía allí y su mano otra vez en mi cintura que me atraía hacia si…
_Dios…….me vas a hacer acabar……_ dije, en su oído y antes de que pudiera darme cuenta estaba besando su calva morena, uno, dos besos y luego su dedo me penetró.
Y sentí como un espasmo me recorría la columna vertical.
_Hi….hijo de puta……me estás chupando toda la leche…..hijo de….._
Empecé a acabar, me corría, en silencio, estaba teniendo un orgasmo en esa habitación de la enfermería de la cárcel, mis tacones resbalaban sobre el suelo, la boca áspera y reseca me hacía doler los pezones mojados, su dedo seguía penetrándome, me abracé a su espalda musculosa y sebosa para no caerme.
Vi en el móvil la llamada entrante, Fernanda, si era ella.
_Hola cariño, ¿estás bien? ¿Dónde estás?_ dije esto apresuradamente, con la esperanza de que ya hubiera sido liberada.
_Hola, Carlos, estoy bien….yo estoy bien…. ¿Manuel está bien?_
_Si, le he dado el biberón ¿Dónde estás tú?_
_En la enfermería de la cárcel, estoy bien, estoy bajo la protección de Eladio, estoy segura acá, no me va a pasar nada_ dijo ella también apresuradamente.
Se me cayó el alma al piso, pensé que la habían liberado, pero estaba como rehén todavía, pero estaba bien, Eladio era el viejo, el jefe.
_ ¿Cómo está Sol?_ dijo ella
_Mi madre se ha quedado dormir con ella, está bien…_ dije
_Voy a estar bien, no te preocupes, te amo…._ dijo ella
_El telediario dice que….._ comencé a decir
Entonces la llamada se cortó.
Me tomé la cara con las manos.
Estaba viva, estaba bien, estaba en poder de ese viejo, haría lo que fuera necesario para sobrevivir.
Este era mi castigo por todo lo que había hecho con Fernanda, yo la había pervertido, y ahora sería castigado, todo saldría mal, nunca volvería a verla, comencé a llorar.
_Vaya como te has corrido_ dijo el viejo, se estaba poniendo de pie, delante de mí, aparatosamente, con esfuerzo.
Le miré, no sabía que decir, noté la gran erección que tenía bajo sus pantalones de presidiario.
_Yo me he tragado tu leche, lo justo sería que tú hicieras lo mismo_ dijo
Miré el gran bulto que se formaba en su bragueta, justo a la altura de mis ojos.
_Pero no voy a obligarte, ha sido una pasada chuparte las tetas, una delicia, las mejores tetas que me he comido en la vida_ dijo y se sentó sobre la cama de enfrente.
Yo trataba de reponerme, mi respiración seguía agitada, mis pechos mojados de baba y leche emergiendo por encima del sujetador.
_Quítate la camisa y mírame a los ojos_ dijo él.
Hice lo que me pedía, mientras tanto se bajaba los pantalones y luego los calzoncillos.
Su polla era enorme, goteante, venosa, gorda, sus piernas, peludas y gruesas.
_Me voy a hacer una paja, mirándote….._
Suspiré, su mano gruesa envolvió ese enorme troco y comenzó a cascársela, rápidamente.
_Debo aliviarme ¿Lo entiendes?_ dijo
_Si….lo entiendo……._ dije
_Que ojos tienes, me cago en la puta madre, que ojos y que tetas, niña….estás para enloquecer a cualquiera……._
_Tu polla….es muy grande….._ dije
_ ¿Cómo lo dirías en argentino?_
_Tu pija….tu pija es enorme….._ dije
_ ¿Estás más aliviada con la leche que te he sacado?_
_Si…..estoy mejor….._ dije
_Igual me corro en tus tetas si no te importa….._ dijo
_No….no me importa…..-
_Descuida….no quiero pringarte……_ dijo y sonrió, su mano sobre la verga hacía un ruido acuoso.
Se escucharon golpes en la puerta.
_ ¿QUE MIERDA QUERÉIS?_ Gritó el viejo, no pude evitar temblar con ese grito de su vozarrón.
_Don Eladio, el chileno tiene novedades_ dijo una voz
_Que espere, coño, al que me moleste en los próximos cinco minutos, lo cuelgo de los huevos_ dijo.
Hubo cuchicheos detrás de la puerta. Don Eladio seguía sentado en la cama, frente a mí.
_Cógete los melones con las manos, así me ayudas a correrme_ dijo el viejo, el parpado que tenía la inmensa cicatriz parecía latir con más fuerza.
Me cogí los pechos con las manos y los junté uno con otro.
_Son como dos montañas de nieve y leche_ dijo el viejo, extrañamente poético, entonces llevé mis manos a la espalda y me desbroché el sujetador y volví a coger mis pechos con las manos y estrujé mis pezones con los dedos, los tenía muy sensibles y no pude evitar gemir.
_Como te va la marcha ¿Eh doctora?_ dijo el viejo
Sentía mis tetas hinchadas y duras entre mis manos.
_Joder me voy a correr, me cago en su puta madre, que buena que estás…….voy a follarte…..voy a tener que follarte….._ dijo don Eladio
Entonces me puse de rodillas entre sus piernas, él me miraba atónito, debía fortalecer el vínculo con mi protector, sellar un pacto, debía salir viva de allí.
Aparté su mano, él dejó que lo haga, envolví esa enorme polla con mis pechos, me ayudaba con mis manos para hacer un nido tibio para esa verga monstruosa.
_Joder…. Que hija de puta……..que doctora más guarra….._ dijo el viejo
Su verga estaba caliente y latía entre mis pechos, le di un lametón a la cabeza de la polla.
_Voy a tragar tu leche, así estamos a mano_ dije y le miré directo a los ojos, su polla subía y bajaba por el canal que formaban mis pechos, echó su cabeza hacía atrás y lanzó un gruñido animal.
Atrapé esa verga con mi boca, justo a tiempo.
Continúa en
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