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CUARTA VEZ CON MUJER CASADA – Presencial - final

Llevaban meses escribiéndose lo que nunca se atrevieron a hacer. Esta noche, el texto se vuelve carne, sudor y gritos ahogados en una suite cerrada. Ella sabe que su esposo duerme en casa, pero él no piensa detenerse hasta que ambos colapsen.

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Seguimos…

De repente se volteó y, con una sonrisa traviesa, ya tenía un caramelo Halls en la mano. Me dio uno, se sentó sobre mis muslos y, en medio del beso, compartimos el dulce, refrescando nuestras bocas. Esa mezcla de frío mentolado y calor de lengua me enloqueció. Yo ya no podía esperar más: quería sentir su boquita húmeda y helada alrededor de mi pene.

Con suavidad tomé su cabeza, guiando sus besos por mi cuello, mi pecho, bajando lentamente, hasta que no pude contenerme y se lo ordené:

—Chúpamela.

Ella obedeció de inmediato. Se arrodilló frente a mí, liberándome del bóxer, mientras yo me recostaba hacia atrás para disfrutar de la escena que tantas veces había imaginado en nuestros mensajes…

Ella se arrodilló frente a mí con esa obediencia excitante que tanto me prendía. Sus ojos, brillando de deseo, no se apartaban de los míos mientras mis manos liberaban por completo mi polla, rígida, caliente, palpitante, ansiosa de su boca.

El aire frío de la habitación me hizo estremecer, pero fue apenas un segundo antes de que sintiera su lengua recorrerme lentamente desde la base hasta la punta, dejándome un rastro húmedo y ardiente. La frescura del Halls en su boca mezclada con la calidez de su saliva era un contraste perfecto, como un fuego helado que me recorría la piel sensible.

Cuando por fin la envolvió con sus labios, solté un gemido grave, incapaz de contenerme. Ella se la tragaba despacio, saboreándola, jugando con la punta entre sus labios y su lengua, mientras sus manos me acariciaban los muslos y me apretaban el vientre bajo, como queriendo controlarme. Yo no aguanté: hundí mis dedos en su melena azabache, guiando su cabeza con movimientos cada vez más intensos.

—Así… trágatela toda… —le dije con voz entrecortada.

Ella obedeció con un gemido ahogado, metiéndosela más profundo, dejando que su garganta vibrara alrededor de mi polla. Verla allí, arrodillada, con los ojos llorosos de placer y la boca ocupada, era la escena más morbosa que podía haber imaginado. Cada vez que subía y bajaba, el brillo húmedo de sus labios alrededor de mi verga me volvía más salvaje.

Cuando sentí que estaba a punto de explotar, la detuve con firmeza. La levanté del suelo y la giré de espaldas, colocándola en cuatro sobre la cama, ella misma, jadeando, me pidió con voz temblorosa que apartara la tanga a un costado para disfrutarla mejor. Apenas lo hice, quedé con la visión más deliciosa frente a mis ojos: su conchita brillante, húmeda, latiendo de ansias, y justo arriba ese culito redondo en pompa que me invitaba a devorarlo sin piedad.

Me agaché, aferrando sus caderas con fuerza, y comencé a lamerla. Primero suave, recorriendo sus labios con la punta de mi lengua, saboreando esa mezcla de dulzura y salinidad de su sexo ardiente. Luego más profundo, metiéndome entre sus pliegues, chupando, succionando, alternando entre su conchita y su culito apretado que besaba con atrevimiento. Cada vez que le pasaba la lengua por el ano, ella daba un gritito ahogado y arqueaba más la espalda, empujando su cuerpo contra mi cara como si quisiera que me perdiera dentro de ella.

Sigue… por favor… no pares… gemía, temblando, con la voz rota por el placer.

De pronto, con desesperación, llevó una de sus manos hacia su clítoris y empezó a masturbarse mientras yo la devoraba. Ver cómo se tocaba, cómo se estremecía toda, me volvió loco. Su cuerpo se sacudía con espasmos cada vez que le pasaba la lengua de su clítoris a su culito en un mismo recorrido, y su respiración se volvió cada vez más caótica, como si estuviera al borde de correrse.

Yo tampoco podía resistir más. Sentía mi polla a punto de estallar, palpitando con cada gemido suyo. Era el momento de cumplir lo que tanto habíamos anhelado. Me incorporé, la tomé de las caderas con firmeza y apunté mi miembro directo a esa entrada mojada, abierta y deseosa.

Con un solo empujòn, fuerte y profundo, se la metí toda de golpe. Ella lanzó un gemido desgarrado, un grito de placer mezclado con sorpresa, mientras sus uñas se clavaban en la cama. Sentí cómo su interior me apretaba con fuerza, húmedo, caliente, tragándome completo.

¡Dios… sí… así…! gritaba, moviendo las caderas hacia atrás para recibir más, buscando cada embestida.

Yo la follaba con fuerza, sin contenerme, escuchando el chasquido húmedo de nuestros cuerpos chocando, el eco de sus gemidos llenando el cuarto. Mis manos se deslizaban de sus caderas a sus nalgas, apretándolas, separándolas para verla abrirse con cada estocada profunda. La tensión, el sudor, el olor a sexo llenaban todo el aire.

Cada movimiento era más intenso, más salvaje, hasta que los dos parecíamos perder el control, gimiendo y jadeando al mismo ritmo, disfrutando juntos como nunca antes.

La estaba follando duro por detrás, aferrado a sus caderas, cuando de pronto me detuve. Ella gimió con frustración, volteando el rostro, sudorosa, con el cabello pegado a su cara.

No pares… por favor… me suplicaba, mordiéndose el labio.

Sonreí con malicia, la tomé de la cintura y la giré, haciéndola caer de espaldas sobre el sillón. Sus pechos se sacudieron dentro del corset con cada movimiento y yo me incliné sobre ella, besándola con hambre, mientras mi verga palpitante se frotaba contra su sexo mojado.

Sin esperar, la levanté de las piernas y se las abrí de golpe, colocándolas sobre mis hombros. La penetré de nuevo de un solo empujón, profundo, hasta arrancarle un grito desgarrado. Esa postura me permitía entrar más hondo, más intenso, y cada embestida hacía que sus senos se movieran bajo el corset mientras sus uñas arañaban mis brazos.

¡Sí… así… más fuerte! gritaba, perdida en el placer.

El sonido húmedo de su conchita al ser taladrada llenaba toda la habitación, mezclado con nuestros gemidos. La besé en el cuello, chupando su piel mientras no dejaba de penetrarla sin piedad.

Su cuerpo temblaba, su respiración era un torbellino, y de pronto empezó a gritar sin control. Su conchita se contrajo alrededor de mi verga con espasmos intensos, caliente, húmeda, como si me ordeñara. Un chorro de líquidos calientes me empapó el vientre y los muslos: se estaba corriendo con fuerza, mojando toda la cama mientras gritaba mi nombre entre sollozos de placer.

Yo tampoco aguanté más. Con unas últimas embestidas profundas, sentí cómo mi orgasmo explotaba dentro de ella, llenándola por completo, mezclando mis gemidos con los suyos, mientras su cuerpo aún se sacudía en un clímax interminable.

Ambos quedamos exhaustos, sudorosos, jadeando, con su cuerpo aún temblando bajo el mío y la suite impregnada de ese olor inconfundible a sexo intenso.

Fue una completa locura, una explosión de placer que nos dejó a los dos rendidos sobre la cama. Nos miramos, todavía sudorosos, y lo único que hicimos fue sonreír, como cómplices de un pecado delicioso que habíamos esperado demasiado tiempo.

Revisamos la hora y nos dimos cuenta de que ya había pasado la medianoche. Entre risas nos levantamos y compartimos una ducha rápida, el agua resbalando por nuestros cuerpos aún sensibles, robándonos algunos besos y caricias furtivas bajo el vapor.

Ya más tranquilos, sabiendo que era hora de volver, la llevé de regreso a casa. El trayecto fue distinto al de ida: no había nervios ni tensión, solo miradas cómplices y sonrisas satisfechas, como quien sabe que ha vivido algo memorable.

Y aunque la noche había sido pura pasión, tuvo su toque anecdótico y hasta gracioso: ninguno de los dos había cenado. Así que, con el hambre acumulada, paramos en un puesto y compramos unas hamburguesas. Nos sentamos en el auto a comer, riéndonos, compartiendo mordiscos, y hasta pensando en su hijo, llevando una para él también.

Lo cierto es que esa noche no fue la última. Más bien fue el inicio de una serie de encuentros donde cada fantasía que habíamos escrito se fue cumpliendo una a una… y con creces.

Espero que les haya gustao el relato, ya saben, que pueden escribiirme al correo para saber si les gusto y pedir pruebas... ¿desean otras experiencias?