El antiguo profesor de mi marido, (final)
Marta nunca imaginó que una visita rutinaria al ginecólogo terminaría encerrándola en un probador con el hombre que destruye su matrimonio. Javier no solo la desea, sino que la usa como escenario para su mayor provocación: llamar a su marido mientras ella se ahoga en su polla. ¿Podrá resistirse al morbo de ser la puta de su propia historia?
Era lunes y Juan tenía que volar a otra ciudad para tener una reunión de trabajo donde tendría que hacer noche, volvería el martes por la tarde. Yo me había cogido un día libre en el trabajo para hacerme una revisión rutinaria en el ginecólogo.
Él se levantó temprano, a las siete de la mañana, y al salir de la ducha se subió a la cama ronroneando a mi lado y despertándome con besitos pequeños y las manos de un pulpo,
--mmmm, déjame, tengo sueño!!, protesté dándome la vuelta
--siempre estás preciosa cuando te despiertas, insistió meloso, llevando su mano por debajo de las sábanas y acariciando mis muslos, subiendo hacia mi coño
--quieto, ya te has duchado, te tienes que ir y además recuerda que voy al ginecólogo esta mañana, así que ni de coña!!
--brrrrrrrrrrrrrrr, mañana me las pagarás!, dijo tirándome un almohadón, al tiempo de que yo me reía y le sacaba la lengua.
Él se marchó un rato después y yo me puse a desayunar y arreglarme tranquilamente para mi visita al médico. Lo tenía a las doce de la mañana, así que me lo tomé con tranquilidad. Pensé que después iría a comprar algo de ropa que un día por otro lo iba dejando. Me puse una braguita de encaje morada tipo culotte muy pequeña, sujetador a juego, y un vestido suelto ligeramente por encima de las rodillas, sin mangas y con un escote redondo.
La visita al ginecólogo fue, tal como estaba previsto, muy rutinaria, sin nada que destacar, así que al salir me senté en una terraza a tomar un café y disfrutar de la mañana. Terminé y entré al centro comercial, mirando unas cosas y otras. Cogí un vestido veraniego corto, unos vaqueros deshilachados también cortos y me fui al probador a ver cómo me quedaban, cuando le vi.
Javier salía en ese momento de ese mismo probador con otros pantalones en la mano.
--Marta, qué casualidad, ¿cómo estás, y Juan?
--Ehhh, bien, casi balbuceé sin poder evitarlo, y más cuando se acercó a mi para darme dos besos y aspirar nuevamente su perfume, diossssssssss, los nervios me comían sin saber por qué! -Juan no está, ha tenido que ir esta mañana a Sevilla por trabajo.
--Oh, vaya, ya siento que te haya dejado sola, ¿qué estás, de compras?
--Si, bueno, iba a probarme esto, ¿tú también por lo que veo, no?
--Si, una cosa rápida, he cogido los pantalones, son de mi talla, pues a pagar, jejejeje, ya sabes, nosotros no nos liamos mucho. Pasa tú, te espero si quieres y te digo como te quedan.
--No, no hace falta, de verdad
--Vamos, no me importa en absoluto, y luego te invito a un café si no tienes prisa.
--ehhh, venga, vale, volví a balbucear. Me metí en el probador maldiciéndome a mí misma, sin saber, (o sí), qué me pasaba. Me puse los pantalones cortos y dudé si salir porque eran MUY cortos, y además entallados, justo mi talla, pero que me los viera Javier, tal como yo estaba en esos momentos, ufff.
Pero me los dejé y corrí la cortina,
--Ya, ¿qué tal me quedan?, pregunté. Él estaba de espaldas, se dio la vuelta y una ola de calor me subió por todo el cuerpo al ver que su mirada iba directamente a mis caderas...y más abajo. Silbó de manera graciosa,
--Fiuuuuuu!!!, joder Marta, tienes bien cogida tu talla, has acertado a la primera, te quedan geniales, dijo fijándose ahora de manera descarada en mi entrepierna.
Yo pensaba que lo mismo se marcaba mi sexo de lo apretados que me quedaban. Pero no, eran vaqueros, no se podían marcar de manera tan descarada, así que me recompuse un poco, me di un poco la vuelta, (no sé por qué lo hice), y le mostré mi culo apretado,
--Nada, nada, definitivamente, si Juan no es celoso, adelante con ellos, atraerás las miradas de todos los hombres con los que te cruces.
--Que tonto, no, dime la verdad, ¿los ves un poco escandalosos?
--Para nada, están hechos para ti, para que luzcas ese cu...., eh, esas piernas, cómpralos.
Diosssssssss, se había cortado, pero había dicho lo que pensaba, se había fijado en mi culo, bueno, se había fijado en todo. Tremendamente acalorada, solo dije que vale, y me volví a meter en el probador.
Me los quité sentada en la banqueta que había y vi como mi culote estaba ligeramente humedecido, joder, ¡¡¡estaba cachonda perdida!!!, pasé uno de mis dedos por mi sexo cerrando los ojos, diciéndome yo misma que tenía que salir de esa situación ya mismo, y, por supuesto, sin probarme el vestido, cuando le oí a través de la cortina.
--Si el vestido te queda igual, que seguro que sí, no sabes cómo envidio al condenado de Juan, jejejejejeje...
Quería salir, vestirme y marcharme, pero inconscientemente me sorprendí a mí misma poniéndome el vestido nuevo, abriendo la cortina y dejando que me mirara sin decir nada. Era corto, falda a media pierna, pegado muy ligeramente al cuerpo, escotado...
--Sin palabras Marta, si no te lo compras tú, te lo regalo yo. Estás....bueno, por mi educación de profesor diré simplemente que te queda perfecto, que estás ideal, hecho para ti.
Vi el brillo en sus ojos, yo sentía que realmente el vestido me quedaba de fábula, precioso, provocativo, y, nuevamente sin saber cómo, pronuncié esas palabras, lo hice, le pregunté,
--¿y al escritor qué le parece?
Y automáticamente me arrepentí de haber hecho esa pregunta porque ahora sí que vi un brillo especial en sus ojos. Miró desde el pasillo donde estaba a uno y otro lado, vio que no había nadie y entró al probador.
--¿estás segura de que quieres que te lo diga?
En ese momento me vinieron a la cabeza algunos pasajes de sus relatos, ese lenguaje soez, esa seguridad de su personaje masculino, ese sexo casi violento, recordé mis masturbaciones a solas en la habitación, y contesté,
--......si, dije de manera casi inaudible, pero manteniendo su mirada.
Echó el cerrojo a la puerta, se acercó a mí pegando casi su cuerpo al mío, sentía su respiración y sus ojos clavados en los míos,
--es exactamente el vestido que una mujer como tú necesita, el que invita a imaginar el cuerpo que hay debajo y a provocar los pensamientos más sucios, dijo, al tiempo que su mano izquierda se posó en mi cadera derecha y se deslizó por ella arrugando ligeramente el vestido, mientras los dedos de su mano derecha acariciaron levemente mis pezones que estaban obscenamente de punta marcándose en el tejido.
La yema de sus dedos los recorrió y yo gemí al sentir su contacto sin poder evitarlo, aunque sabía que con eso me estaba entregando sin remedio.
Pegué mi espalda a la pared del probador, le miraba temblando, sus dedos subieron de mis pezones a mis labios. Los acarició con dos de ellos, sentí como mi coño se inundaba sin remedio, podía sentir mi propio flujo salir, empapar mi culote y, de manera inconsciente, abrí mi boca dejando salir mi lengua que empezó a lamerlos lentamente sin dejar de mirarnos.
Volví a gemir, ahora de manera más gutural, cuando sentí que su otra mano se metía por debajo del vestido y acariciaba mi sexo por encima del culote, uno de sus dedos recorriendo de abajo hacia arriba toda la hendidura de mi coño. Cerré mis ojos, me abandoné, y chupé sus dedos golosamente al tiempo de abrir mis piernas para dejarle hacer,
--mmmmm, así me gusta mi nenita, deja salir a la puta que llevas dentro, ¿te gusta esto, verdad?, susurró en mi oído, al tiempo de apartar uno de los bordes de mi ropa interior y meter directamente uno de sus dedos en mi coño,...
--ahhhhhhhhhhhhhh!!!, casi grité a través de sus dedos en mi boca y bajando un poco mi cuerpo para que entrara entero, diossssssssss!!!!!
--umm, estás empapada, ¿te gusta esto, verdad?, dilo, dime si te gusta, yo ya lo sé, pero quiero oírlo de tu boca....
--Si,....sabes que sí..., contesté con mi cuerpo temblando, los nervios a flor de piel, mi coño latiendo de deseo, le contesté ya dejándome llevar, rindiéndome totalmente y agarrando su cabeza, mordiendo su boca, pegándome a él, sintiendo toda su polla a través de su pantalón.
Nos besamos impúdicamente, suciamente, mordiendo nuestros labios y enroscando nuestras lenguas. El bajó una de mis manos y la puso encima de su polla, yo bajé la otra y nerviosamente mientras seguía comiéndome su boca le desabroché el pantalón, noté como la cabeza de su polla salía por encima del slip, lo bajé un poco y saltó como un resorte, majestuosa, brillante, diosssssssssssssss, yo estaba empapada y a punto de correrme solo con besarme y restregarme con él, únicamente con su dedo en mi coño.
--Baja zorra, cómeme la polla como tú sabes hacerlo, me ordenó, empujando mis hombros hacia abajo.
No hacía falta que me lo ordenara, lo estaba deseando. Como un autómata pajeé su polla y, agachándome, me la metí entera en la boca, el sabor me embriagaba, mi lengua recorría toda su extensión, gorda, dura, la paladeaba mientras con una mano me masturbaba furiosamente mi coño mirando a sus ojos, turbios de deseo, de vicio.
Agarraba mi cabeza usándome, follando literalmente mi boca, lo cual me producía un placer desconocido para mí, prácticamente un desconocido al que sin embargo sentía que conocía perfectamente a través de sus relatos. Chupaba su polla con ansia, ahogándome mientras oía sus insultos,
--diosssssss, eres mucho más puta de lo que pensaba, joder que zorra tiene tu maridito sin saberlo, vas a hacer que me corra en tu puta boca, ¿es eso lo que quieres?
--mmm, si, si, si, dije sacando su polla un segundo de mi boca, hazlo, córrete en ella, soy tuya, úsame como a las zorras de tus historias, le contesté mientras mis dedos taladraban mi coño y hacían que casi tartamudeara al hablarle, con el orgasmo a punto de arrasarme..., y entonces le vi coger su móvil, al tiempo de hundir su polla en el fondo de mi garganta,
--Hola Juan, qué tal estás?
--..........
--Oye, solo quería decirte que estoy con Marta, nos hemos encontrado comprando ropa, ella está ahora en el probador probándose unos pantalones que, perdona que te lo diga, pero se los va a tener que embutir de lo estrechos que son, jejejejeje, pero bueno a lo que voy, que hemos hablado de volver a quedar, os debo una invitación.
Le miré con los ojos abiertos como platos, queriendo hablar, aunque no me dejaba, me pedía silencio con un dedo en sus labios mientras, al mismo tiempo sacó su polla, me la dejó en los labios y empezó un movimiento lento de follarme la boca, adentro, afuera, adentro, sujetando mi cabeza, dejando la polla en el fondo de mi garganta.
Notaba como su cuerpo se tensaba, como estaba haciendo esfuerzos por no correrse, y yo, yo estaba nerviosa perdida de oír a lo lejos a mi marido hablar sin saber lo que decía, y al mismo tiempo cachonda perdida por el morbo de la situación que estaba provocando este cabronazo, era como otro relato de los suyos, pero este era en vivo y yo era la protagonista.
Mi cuerpo temblaba de excitación, mi coño era un rio, tenía el orgasmo en la punta de mis propios dedos que destrozaban mi coño, y cuyo chapoteo temía que pudiera oírlo Juan a través del teléfono de tanto como sonaba.
--ufff, ahhhh, gimió él, agarrando mi cabeza, casi podía saborear ya su semen a punto de derramarse en mi boca.....perdona Juan que me han empujado, aquí hay un montón de gente, vale, vale, no te preocupes, yo quedo ahora con ella cuando pueda hablar, dijo guiñándome un ojo, y ya que te cuente,
Oír su conversación con Juan, con ese doble sentido solo para nosotros era, diosssssssss, era inenarrable, eso junto al sabor de su polla en mi boca, mi lengua que funcionaba de manera autómata lamiéndola con deleite, joder, el morbo me superaba y entonces cortó la llamada y chilló,
-yaaaaaaaaaaaaaaaaaa, diossssssssssssss, me corro, joder, me corro!!!!,
Y empezó a correrse en mi boca. Sentí su leche llenar mi boca, golpear en mi paladar, derramarse por la comisura de mis labios, y fue lo que necesitaba para explotar yo también, mis dedos se hundieron en mi coño y estallé,
--siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, yo me corro también hijo de puta!!!!!!!!!!!!!!!, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!!, chillé con su leche sobre mi cara, mi cuerpo convulsionando con el orgasmo que atravesó mi cuerpo de parte a parte, mirándonos los dos, el apoyado en la pared sujetando su polla que goteaba sobre mi cara, y yo recuperándome de mi corrida, arrodillada delante de él.
Me levanté sin dejar de agarrar su polla, limpié su capullo con la palma de mi mano y la llevé a mi boca lamiéndola.
--Eres un pedazo de cabrón, dije sonriendo.
--Y tú una puta redomada, dijo devolviéndome la sonrisa.
--Bueno, y ahora tenemos que buscar un día para quedar, no?
--Eso parece, quieres?
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