En un viaje descubrí el placer de unos azotes
En el bar del hotel, la mirada de Kadir no fue una coincidencia, fue una sentencia. Sin pedir permiso, tomó su cintura y la llevó a una habitación donde el silencio se rompió con el sonido de la piel golpeando piel. Esta noche no hay esposas, solo azotes y la promesa de ser su puta por una sola noche.
Hoy me he levantado con ganas de compartir con vosotras alguna de mis aventuras.
En un viajes de trabajo descubrí el placer de unos buenos azotes.
En el 2023, mí marido y yo habíamos normalizado una relación abierta como pareja, hacia ya dos años de las vacaciones en Ibiza, donde por complacer a Javier hice topless, desde entonces, tanto mí marido como yo habíamos tenido relaciones fuera de la pareja.
Yo trabajo en una compañía de telefonía y tengo que viajar de vez en cuando, aprovecho esos viajes para tener alguna aventura, Javier es fisioterapeuta, tiene un centro de rehabilitación en una zona de alto nivel salarial de Madrid, la montó con un compañero de estudios.
Muchos de sus clientes son mujeres casadas y aburridas que buscan algún aliciente en su vida sexual, seguramente sus maridos están dedicados al trabajo y no las hacen mucho caso.
Estás van a los masajes y buscan excitarse, poco a poco se hacen más atrevidas, empiezan tumbadas boca abajo y terminan quitándose las bragas y pidiendo un masaje por delante.
En una ocasión mí amiga Laura me llevó a donde se depilaba, era una señora ya jubilada que depila en su casa, solo a un grupo reducido de mujeres.
Laura es la mujer con la que mí marido y yo tenemos un trío desde hace algunos años, entre nosotras no hay secretos, somos confidentes de nuestras aventuras.
Doña Carmen, así es como se llama la señora, vive con Don Julian, su marido, también está jubilado, suele estar siempre viendo la televisión.
Un día estando yo en bragas, esperando mí turno, apareció Don Julian con un refresco, mi sorpresa fue enorme, miré a mi amiga que estaba tan tranquila, depilándose el coño, me sonrío y dijo que era un señor mayor, tenía razón, por otro lado yo ya había ido a playas nudista varias veces.
La siguiente vez que fui, estaba deseando que apareciese Don Julián, más por el morbo que por el refresco, pero no apareció, tampoco estaba viendo la televisión, pregunté por él,
“Ha quedado con unos amigos” me dijo su mujer.
Os parecerá extraño, pero aunque es una persona mayor, la escena me excitaba, me recordaba lo vivido en la tienda de ropa interior, cuando me probaba bragas delante del empleado, también mayor, entonces Javier me pidió que me dejase follar.
Un día que Doña Carmen estaba depilando el coño a mí amiga y con la excusa de que tenía prisa, pregunté si su marido se atrevería a depilarme a mí,
“Seguro que si, ahora le llamo”
Mientras, aproveche para desnudarme, cuando llego Don Julián le dije,
“Es la primera vez que me depilo el coño, tenga cuidado”
“Tranquila niña, no te haré daño”
Mí amiga me miraba sonriendo por lo que estaba viendo, ella conocía lo atrevida que me había vuelto, su mujer lo tomaba como algo natural, miré a su paquete y estaba bastante abultado, esto hizo que yo terminase un poco excitada.
Con la maestría del que pareciera que llevaba años haciéndolo, me quito los pelos, su mano masajeó la parte depilada, seguro que debió notar mí excitación pero no hizo ningún comentario.
Cuando salimos, mí amiga me decía que había disfrutado mucho viendo lo mala que había sido, otro día fue ella la que pidió a Don Julian que la depilase, esto se convirtió en un juego entre nosotras por ver quien era más atrevida, el matrimonio aceptaba el reto, creo que también estaban disfrutando, ya nos recibían los dos juntos, nos desnudábamos nada mas entrar.
Empezamos a ir más a menudo, yo seguí depilándome el coño, era la excusa para quitarme las bragas,
“Hola niñas, ya estáis aquí de nuevo” dijo Doña Carmen,
“Tengo un viaje de trabajo y tengo que ir bien depilada” conteste yo.
Ese año en julio tuve que viajar a Berlín, como de costumbre, después de cenar, fui al bar del hotel a tomar una copa, había estado todo el día de reuniones, apenas llevaba cinco minutos cuando se acercó un señor, de unos cuarenta y cinco años, de cuerpo fornido, con unos ojos claros que llamaban la atención, de rasgos árabes, se sentó a mí lado sin pedir permiso, me miró descaradamente,
“Una mujer como tú no puede estar sola, me llamó Kadir, esta noche seré tú amante” dijo,
“Hablas con demasiada seguridad, soy una mujer casada”
“Por mí eso no es ningún problema, no será la primera casada con la que paso la noche”
Actuaba con una seguridad que me desarmaba y a la vez me gustaba, apenas terminamos la copa, me paso un brazo por la cintura y dándome un beso en la mejilla dijo:
“Vamos a mí habitación”
Sin ofrecer ninguna resistencia, me incorpore para seguirle. Cuando entramos en la habitación, encargó una botella de champán. Se sentó a los píes de la cama y pidió que me desnudase lentamente, miraba atento mientras me iba quitando la ropa.
Yo ya había tenido varias aventuras, me encontraba cómoda desnudándome, me desabroché la camisa dejando salir las tetas, él seguía atento a cada movimiento, su mirada iba de mi cara a las tetas,
“Déjate las bragas mientras esperamos la bebida” dijo. Cuando sonó la puerta, me miró desafiante,
“Atiende al servicio que voy un momento al baño”
Por unos segundos dudé si coger la ropa, sabía que su intención era que saliese así, la noche se presentaba muy interesante y yo no estaba dispuesta a estropearla, abrí la puerta en topless con la mayor naturalidad posible.
Era un joven empujando un carrito con dos copas y una botella de champán en hielo, su cara de sorpresa le impedía mirar abiertamente, yo empezaba a estar algo excitada, sentía que sería una noche especial y quería disfrutar al máximo, mirando al joven le animé,
“Seguro que no es la primera mujer que ves en bragas”
Esto le tranquilizó y levantó la cabeza del carrito, mirando mis tetas ya sin reparo dijo:
“Desde luego que no, pero ninguna con su cuerpo”
Le agradecí el cumplido y tras darle una propina se marchó.
Cuando salió Kadir del baño se acercó y empujándome contra él, me beso, su lengua se unió a la mía, mientras una de sus manos, en mis nalgas, me empujaba contra su bragueta.
Después de un beso con pasión, bajo su boca hasta los pezones y mientras los saboreara, una de sus manos fue a mí entrepierna, se deslizaba a lo largo de la raja vaginal, la notó mojada,
“Coño, si ya estás empapada” dijo.
Metió la mano dentro de la braguita buscando el clítoris que empezó a masturbar, su boca mordisqueaba mis pezones, un escalofrío recorrió mi cuerpo, estaba apunto de estallar,
“Creo que voy a correrme” le dije.
Nunca en mis anteriores aventuras me había excitado tan rápido, de un tirón, me rompió las bragas, estaba ya desnuda por fin, miró mí coño depilado con una sonrisa,
“Veo que te depilas el coño, seguro que te gusta enseñarlo” dijo,
“Hace poco que lo hago”
“Me gusta la pinta de puta que tienes”
Mientras, él se desnudó, quedé pasmada ante el tamaño del pene, me recordó al de Jordi, mí primera infidelidad, puso su mano en mí cabeza y me empujo hacia abajo, me puse de rodilla, pensé que eso era lo que quería, tenía su polla delante de mi cara, no dudé un segundo, acerque mi lengua y empecé a chuparla, saboreando cada momento, al rato sujetándome la cabeza con las dos manos, empujo esa enorme verga dentro de mí boca, me faltaba boca para albergar semejante tamaño, entraba y salía pausadamente,
“Chupa putita que seguro no es la primera que tienes en tú boca” dijo.
Cada vez estaba más excitada, jadeaba sonidos de placer, no pude evitar expresar mi deseo,
“Follame de una vez” dije.
Me empujo sobre la cama y esa enorme polla entró en mi coño, no tarde en tener mí orgasmo, no pude evitar un suspiro, ante un espasmo de placer que recorrió todo mi cuerpo.
Agarrándome de la cintura me puso boca abajo,
“Ponte a cuatro patas putita que voy a romperte este culito” dijo.
En ese momento recibí dos fuertes cachetes en las nalgas, de los que dejan los dedos marcados, el dolor quedó enmascarado por un escalofrío de placer, me sentía entregada, volví a recibir dos nuevos cachetes, mas fuertes si cabe, era algo nuevo para mí, me gustaba ser dominada de esa forma, quise ser partícipe de ello, que viera que estaba dominada, de forma sumisa dije:
“No me pegues más, seré una niña buena, haré todo lo que quieras”
Entonces empezó a meter su polla pausadamente en mí culo, al tiempo que decía:
“Menuda zorra me he encontrado esta noche”
No pude evitar pensar si aguantaría mí culo semejante tamaño, con cada envestida mi excitación iba en aumento, estaba a punto de desmayarme, los brazos ya no me sostenían y apoyé la cara en la cama mientras llegaba un nuevo orgasmo acompañado de un brutal espasmo, note un chorro de semen desbordándose por mi ano, señal de que Kadir se estaba corriendo.
Volvió a darme un par de azotes al tiempo que decía:
“Me gustan las mujeres guarras que disfrutan como perras, a base de azotes”
Entonces me puso boca arriba y empezó a follarme de nuevo, pensé que ya no me quedaban fuerzas pero sorprendentemente empecé a excitarme de nuevo, me sujeto con firmeza la mejilla y esa enorme polla entraba y salía sin descanso en mí coño, de forma brusca, en esta ocasión el orgasmo nos llegó a los dos a la vez,
“Menuda viciosa estás hecha, seguro que tú marido no sabe lo putita que eres” dijo, mientras su semen desbordaba mi coño.
Estaba tan agotada que no tarde en quedar dormida, nunca había tenido tres orgasmos en una noche, a la mañana siguiente, cuando me desperté, estaba sola, tenía agujetas por todo el cuerpo, recogí mi ropa y fui a mí habitación para ducharme, sin reparar que iba desnuda, baje apresurada al desayuno con la intención de repetir esa noche, Kadir no estaba, pregunté en recepción y me dijeron que había dejado la habitación, intenté que me dieran su dirección pero por política de confidencialidad no pudo ser.
Desde entonces, cada vez que tengo un viaje, espero ilusionada encontrarlo, pero hasta ahora, lamentablemente no se ha producido.
Cuando me pregunto mí marido, omití los azotes, era la primera vez que le ocultaba algo, no habría sabido como explicar el enorme grado de excitación que me produjo y no quería que se viese obligado a copiarlo, se que no estaría cómodo.
Esta fue una de mis mejores aventuras.
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