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La urbanización del deseo (Capítulo 1)

Las cartas no mienten: tu suerte cambia hoy. Mientras Bea te observa con intención y Isa no puede evitar notar lo que provocas, la urbanización se convierte en un tablero de deseos donde el riesgo de ser descubierto es parte del juego.

Sylke and Friends20K vistas8.8· 43 votos

La Urbanización del deseo

Sylke & Álvaro

Capítulo 1

- “¡Alex, te he cogido prestada la cortadora de césped! “- me grita mi vecina desde el otro lado de la valla.

- “Ok, Bea, pero te cobraré por horas, ya lo sabes... “- respondo riendo y viendo como esa mujer madurita de grandes pechos y con una corta y ligera camiseta a la que se le adivina el no llevar nada debajo, recorta la hierba de su jardín con mi segadora.

Como para la mayoría de la gente, vivir en una urbanización privada es un sueño y yo soy un privilegiado por poder hacerlo, la verdad. Mi urbanización está a las afueras de la ciudad, pero muy bien comunicada y aunque vivo de alquiler, el chalet pareado lo he estrenado yo, ya que, sus dueños poseen más inmuebles en otras localidades y viven en una de ellas. Además, desde que lo comparto con una compañera de trabajo, los gastos se han reducido considerablemente, prácticamente a la mitad.

La casa es realmente chula, con dos plantas y un poco grande para mí, pues desde que me he divorciado, no necesito tanto espacio y esa es otra de las razones de compartirlo con una compañera, algo que, por cierto, le choca bastante a algún vecino chismoso, puesto que, eso de que no seamos pareja y compartamos el chalet, les resulta extraño, en primer lugar porque mi compañera de piso y de trabajo es una mujer extraordinariamente bella y con un cuerpo de infarto. Su pelo rubio rizado le da un aspecto de niña traviesa y sus pechos perfectos rompen con toda la teoría de la gravedad, manteniéndose firmes y robustos, por no hablar de sus largas piernas o su redondísimo y perfecto trasero... pero bueno, soy iluso... con Isa no tengo nada que hacer, porque a ella, precisamente no le van los tíos, es lesbiana y le molan mucho más las tías, mira, en eso, también coincidimos, aunque nuestros ligues son bien diferentes, claro. Ambos tenemos confianza suficiente y respetamos nuestro espacio, casi diría yo, como buenos hermanos, más que como compañeros. Yo traigo a mis chicas y a ella a las suyas, por cierto, que tiene un gusto exquisito eligiendo mujeres, pero claro las lesbianas no quieren saber nada conmigo, ni por supuesto, Isa tampoco.

La verdad es que estamos muy a gusto, viviendo en esa urbanización tan lujosa y aunque no tenemos piscina privada como alguno de nuestros vecinos, disfrutamos de una piscina comunitaria, la cual usamos en verano asiduamente y ¿qué decir?… allí se está francamente bien, se vive con muchísima tranquilidad, sin ruidos, sin coches, en una zona con bastante seguridad y también con privacidad y una socorrista de infarto. Además de todo eso, está la convivencia con los otros vecinos, algo a lo que me he hecho muy rápido y creo que es la ventaja de vivir en comunidades relativamente pequeñas, que acabas conociendo a casi todo el mundo y compartiendo cosas, charlas, barbacoas y alguna fiesta en la piscina. Mi vecina, Bea, es, sin duda con la que más confianza tengo, al igual que con su marido, Mariano, pero ella siempre me ha provocado un morbo especial, pues, aunque está felizmente casada, su desparpajo y su belleza son alucinantes.

Debo aclarar que ser enfermero me ayuda a tener esa relación tan cercana con los vecinos, especialmente con ellas, las vecinas, pues trabajo en una clínica que está en la propia urbanización y en donde hacemos tratamientos de fisioterapia, dietética, nutrición y especializada principalmente en tratamientos médicos y estéticos. En fin, tratamos desde una simple depilación láser, planes de rejuvenecimiento y pequeñas cirugías, así como terapias diversas relacionadas con la salud, pero sobre todo con el aspecto físico. Por eso, una de mis “torturas” es que mis pacientes sean principalmente mis vecinas a las que conozco bastante bien, creo que incluso demasiado bien, pues a casi todas he tenido la suerte de ver desnudas, posiblemente no como hubiera querido, pero sí desde muy cerca y tocando a más de una. Y sí, mi trabajo es un chollo, no lo puedo negar, pero al final, tampoco me permite mucho más que la contemplación discreta que proporciona mi trabajo, teniendo además que disimular mi “turbación” como buen profesional y acabar de desahogarme a solas en casa recordándolas.

Hoy, precisamente he salido pronto de trabajar y antes de llegar a mi chalet me pasé por casa de Bea para ver si ha acabado con el cortacésped. Me abre la puerta con su gran sonrisa y con esas tetas que resaltan sobre un top ajustado, como lo son sus leggings de gimnasio. Unas gotas de sudor perlan su frente y su escote en el que no puedo evitar fijarme.

− “¿Qué se le ofrece al apuesto vecino de al lado?” - me dice ella con su broma de siempre.

− “No... nada, quería preguntarte sobre el cortacésped, pero veo que estás liada.”

− “Si, estaba con mi clase de gimnasia de mantenimiento, pero para ti siempre tengo un momento.”

− “Ah, pues gracias, aunque realmente a ti no te hace falta nada de mantenimiento. “

− Ella suelta su bonita sonrisa agradecida por mi halago, aunque no es tal... pues lo cierto es que esa madurita no necesita ningún arreglo extra.

− “Bueno, no quiero molestarte, ya vengo en otro rato.” - digo.

− “No espera.” - me dice agarrando mi mano. - “¿me puedes hacer un favor?”

− “Claro, Bea, lo que esté en mi mano” – respondo y mis ojos se van de nuevo al top y al canalillo sugerente de sus pechos, algo que ella nota porque se dibuja de nuevo una sonrisa en su rostro.

No puedo calcular la edad de mi vecina, pero a pesar de su madurez, cercana a los cincuenta, conserva una figura increíble y una belleza fuera de lo normal. Ya quisieran otras muchas, creo que es algo genético, porque, aunque no tiene hijos, su sobrina Mónica, la socorrista, también es una chica explosiva, como su tía.

− “Verás, estoy en un curso de tarot y necesito un conejillo de indias. ¿Te podría echar las cartas?” - me pregunta.

− “¿Las cartas? pero... ¿ahora?”

− “Claro, antes de que llegue Mariano, que no le gustan nada estas cosas.”

− “No creo mucho en eso... la verdad, Bea.”

− “Porfi, Alex. Tú déjate llevar... “- me dice poniendo morrito de niña buena.

¿Quién se puede negar? Así que me adentro en el chalet de mi vecina, siguiendo ese culazo que se dibuja perfectamente embutido en esas mallas negras. ¿Llevará algo debajo? Me pregunto viendo ese bonito trasero.

Me lleva hasta su salón y ambos nos sentamos en el sofá, mientras yo vuelvo a observar su cuerpo y en ese cruce de piernas que le hacen parecer tan atractiva y deseada.

− “Bueno, coge el mazo de cartas.” - me dice señalando la baraja.

− “Pensé que me las ibas a leer tú.”

− “No, cariño, esa es la clave, según tú las cojas y las mezcles, ese es el futuro que te depara. ¿De qué quieres saber tu futuro? ¿Trabajo, salud, amor, sexo...?” - me pregunta y esto último lo hace mirándome fijamente.

Creo que desde que vine a vivir aquí, siento una atracción especial por esta mujer, que en el fondo siempre me ha parecido recíproco, pero claro, está felizmente casada.

− “No sé, ¿sexo?” - añado decidido mirándola fijamente.

− “¡Uf, vaya, pensé que precisamente de eso ibas bien servido...!”

Reconozco que algún rollo he tenido desde que me divorcié, pero nada del otro mundo, de hecho, es muy difícil ligar hoy en día y ya quisiera yo tener algo con esas mujeres increíbles que me rodean, como mi compañera de piso, mi propia vecina, Bea o su sobrina Mónica, por no hablar de unas cuantas vecinas del barrio.

− “Nada más lejos, Bea, no te creas. Últimamente no me como una rosca”

− “Ya, pero es que tú... además, rodeado siempre de mujeres, como que pensaba que lo tenías más fácil... quiero decir lo de ligar. - añade ella, jugando con una sortija entre sus dedos.”

− “Pues no, ya ves...”

Lo cierto es que mi trabajo me permite estar siempre con mujeres, ya que soy el único hombre de la clínica, incluso tengo la suerte de verlas desnudas, hasta tocarlas o ayudarlas a vestirse o desvestirse, siempre de forma muy profesional, sin embargo...

− “Qué pena que Isa no le vayan los hombres.” - me dice Bea de pronto.

− “¿Cómo?”

− “Perdona, a veces me paso de directa contigo... pero ya sabes, tener una mujer en casa tan bonita como ella y no poder...”

Me quedo mirándola.

− “Ya sé que Isa, tu compañera de casa, es lesbiana, pero hacéis tan buena pareja, al menos lo parecéis” - añade Bea.

− “Si, mucha gente cree que sí. Pero no, precisamente con Isa, nada que hacer en ese sentido, jeje.”

− “Imagino... bueno, vamos a lo nuestro... corta tres veces las cartas y pon las tres primeras sobre la mesa, de izquierda a derecha.” - me dice mirándome con esos ojazos impresionantes.

Sigo sus instrucciones y a pesar de que no creo en esas cosas, me siento muy a gusto a su lado y mi vista se pierde en ese canalillo brillante por el sudor. Por lo que veo, que he debido hacer un buen corte, ya que Bea se lleva la mano a la boca.

− “¿Qué pasa Bea?” No me asustes.” - comento al ver su cara de sorpresa y me está provocando miedo.

− “¿Estás seguro de que no estás teniendo suerte con el sexo últimamente, Alex?”

− “Pues no... bueno, menos de lo que quisiera” - añado y vuelvo a ver esos pechos tan bonitos y que me encantaría devorar.

− “Pues, querido Alex, las cartas dicen lo contrario. Al menos en cuanto a tu futuro inmediato.”

− “¿Las cartas han desvelado eso? ¿En serio?”

Ella afirma con su cabeza en un movimiento que me parece sensual.

− “Pues creo que mienten, Bea. No tengo nada a la vista y casi ni recuerdo la última vez que...” - añado seguro.

Noto que Bea se muerde ligeramente el labio inferior y no sé si lo hace conscientemente pero ese gesto es tan sensual...

− “No, lo que leo es lo que te depara el futuro muy cercano. Ya te dije que según hagas el corte y pongas las cartas, tú marcas tu futuro próximo y creo que es demasiado próximo.” - comenta muy segura.

− “¿Próximo?”

− “Si, las cartas dicen que será en breve... yo diría que hoy mismo.”

− “¿Qué? ¡Venga ya!”

− “Si, nunca he visto una disposición como esta. Además, por esta figura del carro junto a la de la luna, indican que serán personas muy cercanas a ti. “

− “Seguro, jajaja...” - digo riendo y totalmente escéptico pues eso es todavía menos probable.

Me sonrío y pienso que lo que me gustaría en ese momento es retozar con ella sobre el sofá y hacer verdad lo que parece que dicen las cartas, pero me limito a sonreír y a encogerme de hombros. Miro las fotos sobre la cómoda del salón y veo a su marido sonriente junto a ella, lo que me indica que, por ahí, sí que no tengo nada que hacer. Más allá veo una foto de su sobrina Mónica con su bañador de competición, pues es una nadadora que ha ganado varios premios y ese cuerpo es una auténtica pasada. En la otra foto, están ambas, tía y sobrina vestidas de fiesta en una boda, a cada cual más sexy.

− “Bueno, pues a ver si dicen la verdad.” - digo levantándome pues estoy notando que mi polla crece bajo mi pantalón y no quiero que ella lo note o que aparezca su marido y tenga que dar unas cuantas explicaciones.

− “Alex...” - me dije sujetando mi muñeca, antes de que me vaya.

− “¿Qué?”

− “¡Las cartas nunca mienten!, ¡Te lo aseguro!”

Me despido de Bea, ocultando mi risa y mi escepticismo, así que, sin hacer mucho caso a esas zarandajas del mundo esotérico, me dirijo a mi chalet con una calentura que me hace pensar en mi vecina constantemente.

− “Isa, ¿estás en casa? ¿Hay alguien? “- grito a mi compañera de piso, pues ella libra hoy.

No hay respuesta y supongo que está en la piscina, pues a esas alturas de la primavera, casi cercano al verano, hace bastante calor y en nuestra clínica no se para, ya que, tenemos mucho lío con las pacientes que quieren algún retoque de última hora de cara al verano e imagino que mi compañera debe de estar allí. A Isa, le encanta tomar el sol, incluso aprovecha el solárium de la clínica para hacerlo desnuda y es curioso, pues he visto a muchas pacientes en pelotas y a ella ni la he visto allí y teniéndola en casa continuamente siempre, pues tampoco he tenido la suerte... como mucho la he visto en braguitas y en tanga, aunque eso ha valido para dedicarle una de mis pajas nocturnas. Si ella supiera la de veces que me ha inspirado...

El caso es que me pongo mis bermudas, cojo mi e-book y mi toalla y me dirijo a la piscina comunitaria. Lo cierto es que, aunque estoy acostumbrado al trajín de la consulta, el cansancio es algo habitual en este mes y un baño relajante en la piscina siempre te carga las pilas.

Nada más llegar, como había imaginado veo a Isa, mi compañera, tomando el sol en una de las tumbonas que rodea la gran piscina en la que no hay nadie más, pues todavía es muy temprano. Veo que me saluda con su efusividad y simpatía de siempre desde lejos. Está impresionante con ese bikini blanco en el que resaltan todos sus atributos.

- “Hola Alex. ¿Cómo ha ido el día? “- me dice nada más verme mientras me descalzo y dejo mis cosas en la tumbona contigua.

- “Bien, mucho lío, ya sabes.”

- “Sí, mañana libras tú, a ver qué me encuentro yo en mi turno.”

- “Nada de particular, lo de siempre, ¿qué te voy a contar?”

- “Oye, ¿Ese bañador es nuevo?” - me pregunta señalando mis bermudas de color burdeos.

- “Sí, ¿te gusta?”

- “Te queda muy bien... ¡tío bueno, eres el soltero de oro!” - grita riendo.

Meneo la cabeza, sonriendo por su frase irónica.

- “¿Qué pasa, Alex?”

- “Que a ti no te van los tíos... no tienes por qué hacerme el cumplido”

- “Oye, que no es un cumplido. Que estás bueno es una certeza, que no me gusten las pollas, no quiere decir que no valore lo que está bien”

Creo que es la primera vez que oigo hablar de esa forma a mi compañera, pues al menos, estando en casa, pocas veces me ha dicho algo de esa forma... y empiezo a pensar en las cartas de Bea y sí pudiera ser verdad algo de lo que ella me decía y empiezo con mi turno de suerte, pero luego me sonrío a mí mismo pensando en esa absurdez.

- “Oye si quieres no vuelvo a ser sincera” - me dice ella más seria.

- “No, no... tan sólo me sorprendo, pero me encanta que me lo digas, porque ya sabes lo que yo pienso de ti.”

- “¿El qué?”

- “Joder, Isa, que estás buenísima...”

Ella enrojece levemente y eso le hace parecer todavía más deseable. En ese momento, mientras coloco mi toalla en la tumbona, me fijo en Isa, como tantas otras veces... ella es una mujer... no me gusta decir madura, ya que todavía es joven, unos pocos años menos que yo, pero que se conserva realmente muy bien y lo cierto es que ese bikini blanco le sienta de maravilla, potenciando el color moreno de su piel. Es curioso, pero Isa, a pesar de ser mi compañera de casa y del trabajo, es una de las pocas mujeres del barrio a la que no he puesto las manos encima, entiéndase, de manera profesional, claro. Y, de todos modos, ella se fija más en las mujeres, vamos, como yo, así que, en ese sentido poco futuro y aunque yo no pueda evitar sentirme excitado al verla, sé que es un imposible.

Alguna vez, Isa se ha traído alguna mujer a casa, que por cierto, tiene un gusto especial para escogerlas y pienso que es una auténtica pena que yo no pueda participar, pero veo a sus “amiguitas” tan entregadas, cuando me las presenta, que sólo las puedo imaginar desnudas, sobre la cama, retozando, con sus hermosos cuerpos sudados y lamiendo todos esos lugares que yo me volvería loco por chupar.

Mi mente viaja hasta ver las preciosas tetas de Isa en la boca de alguna de esas chicas que se trae y me vuelvo loco, eso por no hablar, de que las puedo escuchar en alguna ocasión, ya que, su dormitorio está pegado al mío y mientras yo estoy viendo un aburrido programa de televisión, las escucho, mientras me imagino a dos cuerpos increíbles rozarse, sobarse y besarse en la habitación de al lado. Sus gemidos me llevan a sacar mi polla bajo mi pijama y a masturbarme mientras las escucho con risitas nerviosas, con jadeos entrecortados para terminar con un gemido intenso de mi compañera Isa, cuando la otra debe estar comiéndole el coño.

- “¿Me estás oyendo Alex?” - me pregunta Isa, cuando yo todavía estaba pensando en ella pero en otra situación.

- “Sí, perdona”

Veo que ella, por el rabillo del ojo, mira hacia mi paquete que ha debido abultarse más de la cuenta y con cierto rubor, me giro para ponerme boca abajo mientras veo que ella sonríe. Joder, me ha pillado de lleno y lo peor es que en gran parte ha vuelto a ser por su culpa, pero verla ahí al lado con ese diminuto bikini blanco y recordando sus gemidos, han sucumbido en mi cuerpo.

- “Seguro que tienes la mente en otra parte…algo más interesante que estar hablando con tu aburrida compañera”

- “Yo... no...”

- “Ponme un poco al día del trabajo, anda...” - me dice ella sonriente.

- “Joder, ¿quieres hablar del curro en tu día libre?”

- “Si, mejor ahora y así mañana me centro un poco más.”

Coloco con disimulo la dureza de mi entrepierna antes de tumbarme en la hamaca, no sin antes volver a fijarme en esos pechos rotundos de mi compañera y también hacia ese coño que más de una mujer ha devorado, arrancándole esos orgasmos cargados de gemidos, que me vuelven absolutamente loco y con los que me he masturbado al otro lado de la pared. Isa levanta las cejas, esperando a que le cuente los pormenores del día en la clínica, aunque me cuesta borrar la imagen de su cuerpo en mis fantasías más alocadas.

Continuará...

Sylke & Álvaro