Xtories

Fuego en el coño: Parte V

Laura sabe que su marido duerme ajeno a lo que ocurre en su cuerpo, pero ella ya no puede contenerse. Esta noche, la puerta de Don Manuel se abre para revelar no uno, sino cinco hombres dispuestos a usarla como su juguete personal. ¿Cuántas vergas podrá aguantar antes de que su cuerpo se rinda?

Emmet5K vistas7.8· 9 votos

Joder, no sé qué coño me pasa, pero desde aquella orgía con Don Manuel y sus colegas de mus, mi coño no para de palpitar como un puto motor averiado. Han pasado dos días, y cada vez que me miro en el espejo, veo a una zorra de 42 tacos que necesita polla como el aire. Mis tetazas operadas, 95D de puro vicio, se endurecen solas bajo las camisetas, los pezones rosados suplicando dientes y lenguas; mi culo prieto, marcado aún por las palmadas del DAP, se menea en los vaqueros como si pidiera azotes. Y entre las piernas... ay, mi guarro depilado, hinchado y chorreante, que se contrae cada vez que recuerdo cuatro vergas reventándome los agujeros, leche espesa pintándome la cara como una máscara de puta. Carlos, mi marido el soso, ni se entera: anoche intenté montarlo en la cama, frotando mi clítoris contra su pollino mustio, pero él resopló "mañana, Laura, estoy reventado". ¡Mañana mis cojones! Me corrí sola en el baño, metiéndome el vibrador hasta el fondo mientras gemía "¡abuelo, dame más pollas!", imaginando el círculo de lefa caliente. Soy una ninfómana desatada, desesperada por carne joven y vieja, por ser usada hasta que me tiemblen las rodillas. Hoy, sé que Don Manuel está tramando algo —me mandó un wasap anoche: "Ven a las seis, zorrita. Sorpresa que te va a poner el coño a mil"—. Y yo, coño, no pienso decepcionar. Me visto como una actriz porno salida de un plató: un body de red negro que me deja las tetas al aire, pezones expuestos y tiesos como caramelos, el encaje mordiendo mis labios vaginales y dejando mi clítoris asomando, jugoso y palpitante. Arriba, un kimono de satén rojo entreabierto que apenas cubre nada; abajo, tacones de aguja que catapultan mi culo al cielo. Me pinto los labios carnosos de rojo sangre, ojos ahumados para follar con la mirada, y un chorro de perfume almizclado en el chocho, para que huela a hembra en celo. "Que me follen hasta reventar", pienso saliendo del piso, mis caderas meneándose, el body ya empapado entre las piernas. Toco su puerta, el corazón latiéndome en el clítoris, y entro como una diosa del sexo.

Don Manuel abre con esa sonrisa de viejo verde, su bata raída colgando abierta, la verga semidura marcando bulto en los calzoncillos. "Joder, Laura, mira qué pinta de puta... ese body te deja el coño a la vista, reluciente de jugos. Pasa, que hoy hay premio gordo". Su voz ronca me pone a mil, y entro meneando el culo, dejando caer el kimono al suelo para que vea mis curvas expuestas: tetazas botando, cintura de avispa derramándose en caderas anchas, y mi guarro abierto como una flor húmeda. "Dime que es polla, abuelo. Estoy que me corro solo de caminar", gimo, pegándome a él, aplastando mis ubres contra su pecho canoso, mi mano bajando a su paquete para apretar esa bestia venosa que tanto adoro. Él se ríe, tirándome del pelo para lamerme el cuello. "Mejor que eso, zorrita. Mi nieto, Javi, de 20 tacos, acaba de llegar de la uni. Chico sano, con una verga de 19 centímetros tiesa como una lanza, y bolas llenas de lefa fresca. Le he contado tus vicios por encima, y el chaval está que trina. ¿Quieres inaugurarlo? Ser su primera puta madura". Hostia, el morbo me inunda como un tsunami: un nieto joven, carne tierna para devorar, polla dura sin arrugas. "¡Sí, joder! Tráemelo ya, que le chupo las bolas hasta vaciarle", suplico, mi clítoris hinchándose, un chorro de jugos escapando por mis muslos. Él silba, y del dormitorio sale Javi: alto, moreno, con abdominales marcados bajo la camiseta, pantalones deportivos abultados en la entrepierna. Sus ojos se abren como platos al verme, devorando mis tetas desnudas, mi coño expuesto. "Abuelo, ¿esta es... la vecina? Joder, qué tetas... y ese coño...". Balbucea, ruborizándose, pero su paquete crece visiblemente. Yo me acerco felina, arrodillándome ante él, mis pezones rozando sus muslos. "Hola, Javi. Tu abuelo dice que tienes una polla de campeonato. Déjame verla... déjame mamarla como se merece una tía cachonda como yo". Le bajo los pantalones de un tirón, y ¡la hostia! Su verga salta libre: recta y venosa, cabeza rosada goteando precum, bolas lisas y pesadas. "Mmm, qué rica... joven y dura", gimo, lamiendo la punta para sorber su sal fresca, mis labios envolviéndola entera, garganta relajándose para tragármela hasta las arcadas. Él gime, manos en mi melena rubia: "¡Oh, mierda, qué boca! Abuela nunca...". Don Manuel se une, sacando su bestia de 22 para pajearse viéndonos. "Chúpale bien, puta. Enséñale cómo una ninfómana mama verga".

No aguanto más la desesperación. Me levanto, empujando a Javi al sofá, montándolo a horcajadas: mi coño chorreante frotándose en su glande, untándolo en mis jugos. "Fóllame ya, chaval. Métemela cruda, estírame este guarro que suplica polla joven". Él obedece, embistiendo hacia arriba, su verga hundiéndose en mí hasta el fondo, rozando paredes que aprietan como un vicio. "¡Sí, joder! ¡Qué dura, qué fresca! ¡Me llenas como un semental!", grito, cabalgándolo salvaje, tetas rebotando en su cara para que las chupe, pezones mordidos hasta que lloro de placer. Don Manuel se posiciona detrás, escupiendo en mi culo para untar su bestia. "Ahora el doble, zorrita. Coño para el nieto, culo para el abuelo". Empuja, su glande abriéndose paso en mi rosca ya entrenada, estirándome hasta el éxtasis prohibido. "¡DP, hostia! ¡Me reventáis los dos agujeros! ¡Más profundo!", berreo, caderas meneándose para ordeñarlos, sintiendo sus vergas rozarse a través de la pared fina, fricción que me hace squirtar jugos calientes sobre las bolas de Javi. Sudamos como animales, slap-slap de carne triple, mis paredes contrayéndose en un orgasmo que me deja temblando, chorros salpicando el sofá. "¡Me corro, joder! ¡No paréis, folladme hasta romperme!". Javi gime "¡Tía, qué coño más apretado!", Don Manuel gruñe "¡Este culo es mío, puta!", y yo, perdida en el vicio, los aprieto hasta que explotan: Javi inundando mi útero con leche joven y espesa, chorros que me rebosan; el abuelo llenándome el recto con su semen viejo y denso, goteando por mis nalgas. Me corro de nuevo, un tsunami que me deja jadeando, el body de red pringoso de sudor y lefa.

Pero no es el final. Javi, aún tieso dentro de mí, saca el móvil con una sonrisa pícara, su verga palpitando contra mi clítoris. "Abuelo, ¿puedo? Mis colegas de la uni están abajo, en el coche. Les he dicho que venía a verte... pero si les aviso, se unen. Tres tíos de mi edad, todos con vergas duras y ganas de puta madura". Mi coño traiciona un espasmo de puro morbo, jugos frescos chorreando. "¡Sí, chaval! ¡Tráelos ya! Quiero más pollas, un gang bang final que me deje el coño y el culo como un colador de semen!", suplico, arrodillándome en el suelo, abriendo la boca y las piernas como una ninfómana en oferta. Don Manuel se ríe, pajéandose su bestia flácida pero lista para más. "Hazlo, nieto. Esta zorra es insaciable". Minutos después, la puerta se abre y entran tres chavales: alto el moreno con abdominales y una verga de 18 curvada; el rubio fornido, 20 centímetros rectos como un pistón; y el delgado con piercing en la polla, 17 pero gruesa como mi muñeca. Ojos desorbitados al verme: tetas expuestas, coño y culo rebosando lefa, labios hinchados suplicando. "Joder, Javi, ¿esta es la sorpresa? ¡Qué puta tetona!", balbucea el moreno, sacando su rabo tieso. Yo gateo hacia ellos, provocativa como una estrella porno, meneando el culo: "Venid, pollitos. Mamadme las tetas, folladme todos los agujeros. Soy vuestra ninfómana desesperada, dadme lefa hasta ahogarme".

El desenfreno estalla. Me tiran al suelo en círculo: el moreno en mi boca, follándome la garganta con embestidas brutas, bolas azotando mi barbilla; el rubio en mi coño, taladrándome crudo hasta el cervix, slap-slap húmedo; el delgado en mi culo, su piercing rozando nervios que me hacen gritar alrededor de la polla. Javi y Don Manuel se pajean alrededor, untando precum en mis pezones. "¡Sí, más! ¡Reventadme como a una perra!", gimo cuando puedo, cambiando posiciones como en una orgía loca: DP con el rubio y el delgado, coño y culo llenos, squirtando chorros que empapan sus pubis; luego triple en el culo, dos vergas jóvenes colándose con la del abuelo, estirándome el ano hasta lágrimas de gozo. "¡DAP, hostia! ¡Me partís el culo, pero no paréis! ¡Soy una puta adicta!". Grito, corriéndome una y otra vez, orgasmos que me dejan visiones borrosas, jugos salpicando como lluvia. Los chavales gruñen, inexperimentados pero feroces: "¡Qué coño más guarro!", "¡Trágatela entera, tía!". Al final, nos ponemos en rueda: yo de rodillas, boca abierta, manos bombeando vergas, tetas ofreciéndose. "¡Córreos todos en mi cara y tetas! ¡Pintadme de leche joven y vieja!". Explotan en ráfagas: Javi en mi lengua, salado y fresco; el moreno en mis mejillas, chorros calientes goteando; el rubio inundando mis ubres, semen pringoso entre mis pezones; el delgado en mi frente, borboteando por mi pelo; Don Manuel rematando en mi boca, su lefa densa mezclándose con la de los chavales. Trago glotonadas, lamiendo lo que chorrea, frotándome la cara y tetas como una máscara de vicio, corriéndome solo del calor y el olor. "¡Más, joder! ¡Me encanta ser vuestra puta!"

Se van al alba, exhaustos, besándome con sonrisas de idiotas. Don Manuel me palmea el culo rebosante: "Vuelve pronto, zorrita". Salgo cojeando a mi piso, el body hecho jirones, cara y cuerpo pringosos de cinco leches secas, coño y culo palpitando como fuegos eternos. Carlos duerme, ajeno. Me miro en el espejo, sonriendo culpable: "Joder, Laura, eres una ninfómana sin remedio. Y mañana... ¿quién sabe qué pollas traerá el abuelo?". Mi clítoris late, pidiendo más. No hay vuelta atrás.