Círculo de perversión
Javier siempre supo que su suegra era una mujer irresistible, pero nunca imaginó que su secreto sería tan sucio. Esconderse en la oscuridad para presenciar cómo ella se entrega a la humillación más absoluta fue el detonante de una obsesión que lo arrastrará hacia un abismo del que quizás no pueda salir.
Javier y Olivia estaban casados desde hacía dos años. Desde la perspectiva de él eran muy felices, todo iba bien.
Javier trabajaba de contable para un almacén de material eléctrico, propiedad de su amigo Lucas. Su esposa también trabajaba en la misma empresa, pero atendiendo a los clientes por teléfono. Económicamente no les iba mal. Lucas se había portado muy bien con ellos y Javier se sentía agradecido. Los dos se conocían desde la época del instituto. A diferencia de él, que era de talante más bien apocado, Lucas era un tipo muy echado para adelante. Había montado la empresa casi desde cero. Aunque era un simple empleado, Javier se sentía orgulloso de haber colaborado en el éxito empresarial de su amigo. Poco después de casarse con Olivia, Lucas también le ofreció un trabajo a ella.
Lucas era un tío simpático, aunque de vida personal bastante desordenada. No parecía querer sentar cabeza. Cada semana le veían con una mujer diferente. Jóvenes o maduras, parecía no tener preferencias. Javier sabía que, además, se gastaba un buen dinero en putas y en coca. A veces le había ofrecido a Javier que le acompañara a alguna de sus juergas, pero éste siempre había rehusado.
Javier y Olivia querían tener hijos, llevaban 2 años casados y buscaban el primero con ahínco. Su vida sexual era, por ello, bastante activa. Sin embargo, aunque Javier se sentía satisfecho, Olivia no lo estaba tanto. Pensaba que su marido era un soso en la cama, totalmente falto de imaginación y riesgo. Por supuesto, quería a su marido, pensaba que era un buen hombre, pero se sentía muy frustrada sexualmente. Llevaba tiempo fantaseando con follarse a otro. De hecho, Lucas le había echado los tejos casi desde el principio de entrar a trabajar en el almacén. Javier no parecía darse cuenta de ello, pero era muy evidente. Olivia había resistido los envites de Lucas como una mujer decente, pero en el fondo lo deseaba cada vez más. Se había dejado besuquear y manosear varias veces en la parte de atrás del almacén. Siempre por encima de la ropa, Lucas le había palpado las tetas y el coño. Ella, rápidamente, se apartaba y se hacía la ofendida, pero disfrutaba esos escarceos y le habían dejado con ganas de más, de mucho más.
No es que Lucas fuera especialmente atractivo. Estaba bastante gordo y le faltaba ya algo de pelo, el cual se repeinaba hacia atrás con gomina. Tenía toda la pinta de un cayetano repelente, pero había algo en sus modales y en su seguridad que le decían que era un macho como ella deseaba, no como el pamplina de Javier.
No lo podía resistir más, sentía verdadera fiebre sexual. Se masturbaba cada vez que podía, muchas veces pensando en Lucas. Así que había urgido un plan y estaba decidida a llevarlo a cabo esa misma tarde. Le encargaría a Javier que fuera por una chaqueta que había dejado olvidada en casa de su madre, con la excusa de que ella no podía acompañarlo, pues tenía algo de papeleo atrasado con los pedidos. La casa de su madre estaba bastante lejos de la capital, casi en la sierra. Así contaría con más tiempo a solas con Lucas. Entonces, por fin dejaría que éste le hiciera lo que quisiera.
Con este plan, Olivia puso en marcha una serie de acontecimientos que en ese momento no podía imaginar.
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Tal y como Olivia había dispuesto, Javier había salió del almacén a las 8, directamente hacia la casa de su madre. Tardaría unas dos horas y media entre la ida y la vuelta. Tendría tiempo suficiente.
Ese día se había puesto una falda negra cortita y una camisa blanca con lineas oscuras. A través del amplio escote se le podía entrever el sujetador. Lucas le había echado unas cuantas miradas viciosas. También muchos clientes que habían entrado ese día y los mozos del almacén le habían echado el ojo. No solía ir tan guapa a trabajar.
En cuanto se fue su marido a la hora de cierre, se quedó remoloneando hasta que se fueron yendo todos los empleados, haciendo como que repasaba unos papeles en el despacho. Por fin, Lucas echó la persiana metálica de entrada, apagó las luces principales y puso la alarma. Entró en el despacho y se la encontró de pie frente a la mesa llena de papeles. La falda era tan cortita que le llegaba prácticamente al final de los muslos. Se acercó a ella por detrás y sin más ceremonia le pegó el paquete a su ancho y redondo culo.
-Olivia, hoy han babeado unos cuantos por tí, ¿Lo sabes?- Le susurró junto al oído
-Lucas, déjate de tonterías, simplemente me he arreglado un poco más. Desde luego, como sois los hombres.- Olivia sintió la dureza de su polla, le había calentado durante todo el día y se notaba. Él no respondió, pero comenzó a masajearle las tetas suavemente por encima de la camisa. Estuvieron así unos instantes sin que ella le parara los pies. Suficiente para que él supiera que le daba vía libre, asi que le comenzó a desabotonar la camisa.
-¿Que estás haciendo Lucas? Quieto, por favor - Le dijo, queriendo aparentar todavía algo de decencia, pero ya estaba suspirando de excitación.
-Estoy seguro que Javier no te está dando lo que necesitas, pero tranquila que a mí me sobra de eso.- A esas alturas ya le había abierto la camisa y estaba tocando sus pezones fuera de las copas del sujetador. -Uff que buenas tetas tienes, que ganas tenía de tocarlas.
Olivia ya no decía nada, solo suspiraba. Sintió como Lucas le subía la faldita y tiraba bruscamente de sus braguitas hacia abajo. Se apoyó en la mesa con las dos manos y puso su culo más en pompa, ofreciéndo una buena vista de su culo al amigo de su marido.
Lucas se arrodillo detrás de ella y metió la cara en la raja de su culo. Ella se dejaba hacer, apoyada en la mesa. Sentía como Lucas le buscaba el ano con la lengua y después bajaba intentando meterla entera en la vagina. Su marido no le había hecho eso nunca, ni se había comportado de esa manera tan agresiva. Su coño estaba totalmente mojado.
-¡Que culo tienes!- Lucas se levantó y desesperadamente comenzó a quitarse los pantalones y los calzoncillos. Ella le miró por encima del hombro y vio como Lucas se sacaba una polla de un tamaño y un grosor considerables. También pudo verle unos huevos muy gordos. Ella se sorprendió. Siempre había pensado que Lucas estaría bien dotado, pero esto superaba sus expectativas.
La empujó hacia adelante, para ponerle el culo más en pompa. Olivia cayó sobre la mesa y se sujetó como pudo. Las tetas sufrieron vaivenes hasta que quedaron apoyadas sobre los folios de informes de ventas y los catálogos de productos. Flexionó una pierna, apoyándose sobre la rodilla. La otra estirada hasta el suelo para no caerse. Sintió la mano de Lucas agarrando firmemente su cadera izquierda. Entonces sintió cómo le metía la polla de golpe en el coño, bien hasta el fondo. Ella soltó un grito. Lucas se quedó unos instantes quieto, como saboreando el momento, pero pronto comenzó a bombear. El cuerpo de Olivia temblaba cada vez que recibía un empellón. Lucas tiró de su pelo hacia atrás como si fuera una rienda y ella su yegua. Cada vez era más rudo. Sentía su polla gorda entrar y salir de su coño, con un ritmo incansable. En el despacho resonaban sus gemidos y el golpeteo de sus glúteos contra la pelvis de Lucas.
Había conseguido lo que deseaba.
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Javier se llevaba bien con Tere, su suegra. Era una mujer simpática y agradable de 59 años. Siempre estaba bromeando con ella con que le iba a buscar un novio. Aunque, en el fondo, esas bromas no eran inocentes. Estaba loco por ella.
Tere, se conservaba muy bien y aún era bastante guapa. Era morena y llevaba el pelo largo rizado. Obviamente, la edad le había cargado con unos kilitos de más, aunque muy bien repartidos. Tenía unos pechos grandes y acampanados, y un culo redondo la mar de apetecible. La había visto muchas veces en bañador y sabía que mantenía una figura bonita.
Lo cierto es que Javier se había quedado prendado de ella en cuanto la vio por primera vez. Su mujer había heredado la belleza de su madre, pero su suegra le causaba un morbo añadido por su madurez y su rotunda feminidad. No eran pocas las veces que se había hecho una paja pensando en ella, o fantaseando que estaba haciendo un trio con la madre y la hija. Ya sabemos cómo es la imaginación para estas cosas. Pero, por supuesto, se lo tenía muy callado. Era su pequeño secreto, su perversión oculta.
Tere era viuda desde hacía una década. Su marido había sido militar de alto rango y le había dejado una buena pensión. Siendo una mujer tan alegre y vivaz, se recuperó pronto de la pena. Al cabo de un año ya estaba saliendo con sus amigas. Y en un par de años comenzó a salir con hombres viudos o divorciados, pero ninguna de esas relaciones había cuajado. Ella decía que estaba mejor sola y que no quería volver a soportar a ningún hombre en casa. Pero Javier pensaba que, pese a todo, era todavía una mujer llena de vida y energía. Su cuerpo, con esas curvas impresionantes, denotaba una sexualidad explosiva. Seguro que andaba bastante caliente y necesitaba desahogarse de vez en cuando.
Para cuando llegó a la casa de su suegra ya había anochecido. Javier llevaba encima las llaves, pero llamó al timbre. Al no responder nadie, y siendo viernes, supuso que Tere habría salido, así que entró en la casa despreocupadamente y comenzó a buscar la chaqueta que su mujer había dejado olvidada.
La encontró en poco tiempo, echada sobre el respaldo de una silla del salón. Cumplida la misión, se disponía a irse cuando escuchó abrirse la cancela de la calle. Le llegaron risas. Reconoció la voz de su suegra, pero también había otra masculina. Nervioso, apagó las luces y se escondió rápidamente en el dormitorio pequeño que su suegra usaba de trastero. Dejó la puerta entreabierta, justo para poder mirar. En ese momento, se abrió la puerta principal. Javier observó desde el interior del cuarto a oscuras. El corazón le latía a mil. No sabía por qué demonios se había escondido, pero ya era tarde, esperaría allí hasta que le fuera posible escabullirse.
Se encendieron las luces. Aunque desde el cuarto solo se veía parte del salón.
-Pasa Alfredo, estás en tu casa- se escuchó decir a Tere con su habitual simpatía.- ¿Te apetece tomar algo?
- Por supuesto.- Escuchó la voz del hombre, era bastante ronca.
-Me temo que solo tengo botellines de cerveza, ¿Te vale?
-Claro que si.
Al poco le llegaron los ruidos de Tere trasteando en la cocina que estaba al fondo del pasillo. Tras unos segundos, Javier pudo ver aparecer al hombre, dando vueltas por el salón. Era un tipo de unos 60 años, puede que más, bastante calvo y con un buen barrigón. Vestía un pantalón de pinzas y una camisa con un estampado muy hortera. Se escuchó un taconeo y apareció Tere con un par de botellines y un plato con algo para picar. Iba ataviada con un vestido negro estrecho y bastante cortito, con un generoso escote que dejaba insinuar el tamaño de sus tetas. Estaba guapísima. Su elegancia y belleza contrastaban con la ordinariez del tipo. Éste tomo uno de los botellines y luego la miró con descaro de arriba abajo.
-Muchas gracias guapetona, no todos los días tengo la suerte de tomarme una cerveza con una mujer tan estupenda. A tú salud- Levantó el botellín y bebió un buen trago. Volvió a mirar a su suegra, centrando su mirada en el canalillo de sus pechos- ¿Por qué no vamos a sentarnos en ese sillón y nos conocemos mejor?
Ambos se movieron fuera de la vista de Javier. Pasó un rato sin escucharse nada. Decidió salir del dormitorio y con mucho cuidado se acerco a una esquina, agazapado junto a un gran macetón. Desde ahí podía ver la otra parte del salón.
Su suegra y el tipo habían ido directos al grano. Estaban sentados en el sillón, besándose. Pudo observar como una de las manazas del barrigón se deslizaba por los muslos de Tere. Le apretaba las piernas ávidamente. Tras unos momentos así, su suegra se levantó. Cogió la cerveza de una mesa baja que había frente al sillón y se bebió lo que quedaba. Se volvió y sonrió al tipo, el cual se quedó sentado despatarrado y mirándola.
-Ya que estás en tu casa, ¿Por qué no te pones más cómoda?- Dijo el tal Alfredo mientras se frotaba el paquete sin disimulo.
-¿Y tú, no quieres ponerte más cómodo? - Le espetó su suegra, para sorpresa de Javier. No esperaba que fuera tan lanzada.
El tipo arqueó una ceja, pero no se hizo de rogar. Comenzó a desabrocharse la camisa con prisa. Mientras tanto, Tere tiró del vestido hacia arriba y en un santiamén se quedó en ropa interior negra. Javier podía verla perfectamente desde atrás. La vista de su suegra en ropa interior era espectacular. Llevaba un tanga, pero la tira posterior se perdía dentro de la raja de su impresionante culo. Parecía que estaba desnuda. El tipo, impaciente, ya se estaba bajando los calzoncillos de cualquier manera, mientras no dejaba de mirarla. Su suegra se quitó el sujetador y lo dejó en la mesa. Aunque estaba de espaldas, Javier pudo ver algo del volumen de sus tetas rebosando por los lados.
-Uff, que buena estás jodida, que buena estás. - Dijo el tipo. Mientras le hablaba se estaba toqueteando el rabo. Era una polla no muy larga, pero sí bastante gorda. Su suegra se acercó a él y se colocó entre sus piernas. Se quedó con los brazos en jarras, como exponiéndose. El tipo alargó los manos y le agarró con ganas el culo, pegando después su cara en sus braguitas. Aspiró fuerte, oliendo su coño. - Ufff. Anda ven, ponte aquí a mí lado. Chúpamela, ya no puedo más.- Cumpliendo sus órdenes, Tere se puso a su derecha, apoyando las dos rodillas en el sillón.
-Venga cabrona, venga- El tipo le puso de golpe una manaza en el cogote y le obligó a bajar la cabeza. Sin remedio, Tere se metió toda la polla de una vez, llegando con los labios hasta los huevos. Alfredo soltó un profundo suspiro y la soltó, apoyando a continuación la espalda sobre el respaldo del sillón.
Su suegra, ahora libre para moverse, comenzó a subir y bajar la cabeza con buen ritmo. Cuando llegaba a la cabeza del nabo sorbía de la punta y volvía a deslizar los labios por el tronco. Con una de sus manos empezó a acariciar los cojones del tipo. A veces bajaba la cabeza y le lamía los huevos. Sus tetazas no dejaban de moverse con los movimientos.
Javier estaba alucinando con su suegra. Desde donde estaba no veía bien su culo, pero pudo observar como Alfredo daba tirones al tanga y lo apartaba a un lado, para poder manosearle bien el coño y el ano. Su suegra emitía jadeos ahogados por el grosor de la polla que tenía dentro de la boca. -Que bien la mamas, cabrona.- Le dijo el tipo, a la vez que le daba un cachetazo en el culo. Javier se estaba poniendo caliente con el espectáculo. Ver a su suegra comportándose como una guarra le había cogido por sorpresa. El tipo era bastante rudo, pero a ella no parecía importarle.
Javier se le ocurrió sacar su móvil, le quitó el sonido y comenzó a hacer fotos de la escenita. Estaba totalmente entusiasmado. Cómo chupaba su suegra. De vez en cuando agarraba la polla y le daba tirones mientras sorbía de la punta como de un biberón. El tipo echaba la cabeza hacia atrás en gesto de puro éxtasis.
-Espera cabrona, que no quiero correrme aún-. Se despegó de ella de golpe. Su suegra se quedó en pompa, mirando al tipo con la boca medio abierta y con un grueso hilo de saliva cayendo desde la comisura de los labios. Las tetas le colgaban como dos ubres hinchadas. Javier estaba absolutamente empalmado, verla así casi le llevó a la eyaculación.
-¿Sabes lo que le pido a las putitas como tú? Ven, ven, arrodíllate en el suelo.- Su suegra bajo del sillón y se arrodilló en el suelo ante él, esperando sus instrucciones. -Venga guapetona, chúpame los pies. No sabes lo que me gusta eso. - Tere se quedó un momento mirando los pies del tío, como dudando, pero terminó por bajar la cabeza y comenzó a lamer el empeine de su pie derecho. Al comienzo lentamente, pero después chupó con más decisión, deslizando la lengua también entre los dedos. El tipo se la cascaba mientras miraba como Tere pasaba de un pie a otro.
-Asi, así, muy bien cabrona, ya sabía yo que eras una buena puta.- Se echó hacia adelante y le pegó una guantada en el culo que resonó en toda la casa. Su suegra encogió un poco el cuerpo, pero aún así no dejó de cumplir los deseos del tipo. -Chupa, chupa... puta- Y cada cierto tiempo le daba otro fuerte guantazo.
A esas alturas, Javier había dejado de hacer fotos y estaba grabando todo en video. Ahora sí veía plenamente el culo de su suegra, con el tanga desplazado a un lado, mostrando parte del coño y un rosado ano en todo su esplendor. De pronto, aparecieron los dedos de su suegra, frotándose con ansiedad el chocho. ¡La guarra se está masturbando mientras le chupaba los pies a ese carcamal asqueroso! La situación era fuerte, pero Tere parecía estar disfrutando con la humillación. Javier sabía que había fetichistas que le gustaban esas cosas, pero verlo así en directo era un verdadero shock.
De pronto, el tipo comenzó a masturbarse más rápido. Su suegra no dejaba de chuparle los pies, pero elevó un poco la cara, mirando de reojo como se la meneaba. En un momento, Alfredo comenzó a aullar, dándose tremendos tirones de la polla sin dejar de apuntar hacia ella. Hasta que una buena cantidad de leche comenzó a salir a chorros de su polla, repartiéndose en gruesas porciones sobre la espalda, el cabello y la cara de su suegra. El tío no dejaba de pegar aullidos de puro gusto. -Ahhhh, ¡Toma mi leche!
Javier tampoco había podido aguantarse. Se había sacado la polla con una mano y se estaba haciendo el también una paja, aunque no dejaba de grabar con la otra. Ver a su suegra humillada de esa manera era lo más excitante que había presenciado en su vida. No aguantó mucho y explotó, procurando echar la leche en la tierra de la maceta. Mordiéndose los labios para no dar gritos de gusto.
Recuperando la respiración, observó como el tipo se había apartado de ella y comenzaba a buscar sus ropas. Su suegra estaba aún de rodillas, miraba al hombre en silencio. Seguía frotándose el coño, pero ahora muy suavemente. El tipo no la miraba, se vestía con parsimonia, solo le faltaba ponerse a silbar. Se le veía la mar de satisfecho. Solo cuando terminó de vestirse se volvió hacia ella y le dijo:
-Si quieres repetir ya sabes, me puedes buscar en el mismo club. Suelo ir por allí algunos fines de semana. Me lo he pasado bien contigo, guapetona.- Y, sin más, salió a la calle.
Su suegra se quedó mirando la puerta un rato. Después lanzó un hondo suspiro y se levantó para ir recogiendo su ropa. A Javier le hubiera gustado mirarla un rato más, estaba buenísima desnuda. Además estaba toda sucia de lefa, pero no quería cagarla y qué le descubriera. Se fue retirando silenciosamente hacia el trastero. Allí esperó un buen rato a oscuras, hasta que escuchó que corría el agua en el baño de arriba. Era el momento de irse.
De camino a casa, en el coche, comenzó a pensar en lo que acababa de pasar. Su suegra no era tan decente como aparentaba ser, más bien era una auténtica guarra. Se había llevado a casa a un tipo que acababa de conocer y se había prestado a sus exigencias sexuales, sin rechistar. Le había hecho una mamada como una auténtica profesional. ¡Le había chupado los pies! Y, por lo que se ve, lo había disfrutado.
Empezó a darle vueltas sobre qué podía hacer con las fotografías y los vídeos que había tomado con el móvil. No se paró a reflexionar en que Tere era de su familia, era la madre de su esposa. Que si no tenía cuidado podría haber un gran escándalo, o su matrimonio podría correr peligro. Nada de eso le importaba en ese momento, estaba cegado por el morbo. La mente humana es a veces impredecible, especialmente cuando la perversidad se abre camino en ella.
Irremediablemente, un comenzó a elaborar un plan en su cabeza que a la larga sería su perdición.
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