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QOS (Capítulo 9)

La limpieza después del acto revela más dudas que certezas. Mientras ella procesa el miedo y la estabilidad que Javi le ofrece, una lesión inesperada los obliga a detenerse y replantearse cada contacto. ¿Podrán sobrevivir a la pasión sin perderse en el dolor?

Irene Fdez de Ulloa8.2K vistas9.5· 12 votos

Capítulo 9 “Consecuencias Mentales”

Apenas tragué el semen, agarre a Javi para darnos una ducha. Para limpiarnos mutuamente la suciedad de lo que habíamos hecho.

Me froté con saña, con fuerza, irritándome la piel. Frustrada, asustada, excitada… era un mar de dudas y de inestabilidad. Javi era lo que necesitaba. La estabilidad y la calma que me daba; pero Javi era el problema, era el la fuente de mi miedo, aunque no hubiese hecho nada que lo justificara.

Salimos de la ducha para ver como Raquel estaba follando de nuevo con su amo negro. Nos vestimos en silencio, y de forma sigilosa salimos de la habitación.

Buscamos en Google maps una farmacia de guardia para comprar la pastilla del día después esa noche, a fin de cuentas, no quería quedarme embarazada.

Durante el camino, íbamos en silencio. Procesando cada uno lo que acababa de ocurrir. El silencio se tornó insoportable, y acabé reventando con una frase totalmente desafortunada: “No quiero que folles con Raquel”. Javi, se quedó sorprendido. Ya no había vuelta atrás, era hora de vaciarse.

Le conté a Javi todos mis temores, mis inseguridades, mis miedos. Y él, tranquilamente escuchó todas mis quejas. Y luego se pronunció.

“Si he hecho cosas con Raquel, ha sido porque creía que a ti te gustaba. Es mi hermana, y, si bien está buena, no eres tú. Yo te he elegido a ti, yo quiero que seamos tú y yo, juntos. No creo haberte dado motivos para dudar de mí, pero entiendo tu miedo, entiendo tus dudas. Y sé que aunque te dé ahora mismo mi palabra, bastará por un tiempo, pero las dudas volverán. Por eso, te voy a proponer algo que llevo tiempo pensando. Me gustaría que nos fuésemos a vivir juntos un tiempo, como pareja.”

Mi cara se petrificó al instante. Javi, que podría haberse enfadado conmigo de una forma totalmente justificada, se mostraba otra vez comprensivo. Acepté su oferta de irnos a vivir juntos. Y yo misma avergonzada, reconocí mis celos y cedí en algo que nunca creí que podría. Le di mi permiso para poder follar una sola vez con Raquel. Conmigo presente, eso sí. No quería prohibirle nada que pudiese provocar una brecha en nuestra relación y menos aún crearle más deseo hacia Raquel.

Javi dudó de mi propuesta, pero al final aceptó cumplirla. A fin de cuentas, a mí me daba morbo ver escenas de incesto, así que solo tendría que prepararme mentalmente para no pensar en los celos y dejarme llevar por el morbo.

Esa noche, Javi y yo nos hicimos una promesa, que aún mantenemos, y que en mi opinión es más fuerte que nuestros propios votos matrimoniales. Si en algún momento, uno de los dos, se cansaba de esta sexualidad tan peculiar, ambos la abandonaríamos juntos. Ante todo, antepondríamos al otro, porque al final, pese al placer que me daban los negros, mi amor, mi cariño, es hacia Javi (como muchos que me habéis preguntado sabéis ya).

Durante los siguientes días sentía molestias al sentarme, al levantarme o al tumbarme. Todas ellas en la misma zona, en el vientre.

Finalmente, un día, acompañada de Javi, mientras buscábamos algún alquiler asequible para vivir juntos, comencé a sangrar. Lo normal habría sido pensar que estaba en mi periodo, sin embargo, este había tenido lugar unos días antes de mi primer encuentro interracial. Preocupado, Javi me insistió mucho, pero mucho, pero de verdad que mucho, en ir al ginecólogo.

Hombres que me leéis. Ir al ginecólogo, sin lugar a dudas, es una experiencia similar a vuestras visitas al proctólogo. Es incómodo, y te sientes expuesto. Pese a ser un médico especialista en revisar tus genitales, no hay ni placer, ni excitación; más bien hay una incómoda tensión basada en un sentimiento de vergüenza ante la fría situación en la que se encuentra una. Es por esto, que jamás entenderé como a alguien le puede gustar el porno de ginecólogos.

Si bien, voy a saltarme un poco los pasos de la prospección genital, el resultado mostrado fue, una lesión en la pared uterina, causada por un continuo traumatismo. Javi y yo nos miramos con algo de vergüenza. Ambos sabíamos a que se debía ese traumatismo. El tratamiento consistió en una privación total de sexo en 15 días, así como una pomada que Javi me tenía que dar en la zona afectada. Siendo una lesión profunda, el ginecólogo nos recomendó hacernos con un espéculo, a fin de facilitar la tarea de aplicar la pomada.

Javi cumplió estrictamente con las reglas y a diario me daba la pomada. Imagino que estaréis pensando, que escena más erótica, yo abierta de piernas con un especulo en el chocho mientras Javi me metía tres dedos. Pues, como que no. Al principio sore todo, era molesta, muy molesta, y aunque la inserción del especulo y la dilatación no era molesta (incluso le llegué a coger gusto), el tacto de la zona sensible con los dedo sde Javi, era bastante dolorosa.

Así, poco a poco, día tras día, cumplimos una semana de tratamiento, y finalmente, los 15 días protocolarios. Tras una segunda revisión, dejamos de usar la pomada, aunque se me advirtió de tener cuidado si quería tener la capacidad de quedarme embarazada.

Al volver a casa Javi y yo tomamos algunas medidas cautelares. Aunque yo ya no sentía la necesidad de volver a follar con un hombre negro, ambos teníamos claro que recaeríamos en ese placer. Por lo que pusimos unas medidas para los rabos negros que entrarían en mi coño, y otras distintas para las que emplearían mi ano.

Esto, que al principio se mostró como una gran opción pronto se demostró un error, pues los anos sensibles no son aptos para negros salvajes que no piensan en su “victima”.

Esa tarde, Javi y yo follamos. Pensándolo bien, es incorrecto decir que Javi y yo follamos, más bien, yo me folle a Javi. Como os imaginaréis, después de 15 días de abstinencia, estaba necesitada de follar, y aunque las dilataciones habían sido placenteras, y yo había compensado a Javi con sexo oral, necesitaba una polla real dentro de mí.

Esa tarde, gracias a Javi y el calentón que llevaba, comenzó mi peculiar periplo anal.