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Pagando la crueldad

Sara creyó que el placer inmediato valía la pena humillar al hombre que la amaba. No imaginaba que la crueldad devuelde como un bumerán, dejándola sola frente a las ruinas de su propia vida.

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Pagando la crueldad

SARA

Me encuentro saliendo de mi casa de la mano de mi amante, miro hacia atrás antes de salir por la puerta y veo a Pablo, el que hasta hace unos minutos era mi novio. Hoy era su cumpleaños y sin quererlo le he regalado la mayor de las humillaciones, tenía todo previsto para pasar toda la tarde follando con mi amante y después celebrar el cumpleaños de Pablo.

Desde que empecé a follar con un compañero de trabajo, follar con Pablo se había vuelto más llevadero. Pablo era un amor de hombre, atento, cariñoso, guapo como él solo, pero malo en la cama, con una iniciativa y ganas sin parangón, pero insuficiente para compensar lo malo.

Podía haberle enseñado, pero lo que yo quería era un hombre que hiciera desmayarme de placer y lo había encontrado, se llamaba Raúl, el había llegado a la empresa hace unos meses. Que forma de follar, la primera vez que lo hicimos, paso por al lado de mi mesa y me dijo que me esperaba en el cuarto donde guardaban el papel higiénico y demás enseres de limpieza.

Raúl tenía tal seguridad en sí mismo que estaba seguro de que yo acudiría, él tenía lo que a Pablo le faltaba a toneladas, Pablo era más guapo y su cuerpo no tenía nada que envidiarle al de Raúl, pero Raúl consiguió con ese gesto lo que Pablo jamás consiguió y jamás conseguiría, hacer que mojara las bragas como si un rió saliera de mi coño.

Me levanté y acudí, él me esperaba desnudo con la polla tiesa como una barra de acero, me cogió y estampando mi cara contra la pila de papel higiénico, me bajo las bragas, las saco de mis piernas llevándoselas a su nariz, empezó a aspirar y eso me puso todavía más cachonda. No perdió el tiempo y me metió su polla de una sola estocada, tuve que morder un rollo de papel higiénico para no gritar del placer que cada embestida provocaba en todo mi cuerpo.

Menuda forma de follar, cada vez que me la clavaba, mis pies se separaban del suelo. Había encontrado un hombre que me colmaría de placer, no sé por qué me había venido ese pensamiento a la mente, una sonrisa empezó a crecer en mi rostro. Mire a Pablo por última vez, se encontraba sentado en el sofá, con la mirada perdida y el alma hecha pedazos. Seguramente mañana me sentiría mal, pero esa noche lo había gozado como nunca, cerré la puerta y di por terminada mi relación con Pablo mirando a un futuro lleno de placer y desenfreno.

PABLO

Me encontraba sentado en el sofá, con un dolor indescriptible, tanto físico como psicológico, Sabía que no satisfacía a Sara en la cama. Lo veía en su rostro cada vez que lo hacíamos, ponía todo de mi parte, pero era incapaz de hacerla disfrutar. Eso generaba tanta ansiedad en mí que yo tampoco disfrutaba nada, cada día iba mejorando, pero sabía que no era suficiente. Amaba con toda mi alma a Sara y veía como la iba perdiendo día a día, eso generaba en mí un desasosiego que repercutía en mi puesto de trabajo, no comía bien y apenas dormía. Cuando peor estaba anímicamente todo cambio, un día Sara llego a casa muy contenta, se duchó, esa noche preparo la cena junto a mí y después me llevo a la cama de la mano. Empecé a comerle el coño con esa sensación de fracaso de las veces anteriores, pero esta vez al verla, su rostro no era de decepción, tenía los ojos cerrados y una sonrisa dibujada en el rostro. Eso me espoleo, por primera vez me dejé llevar por mi instinto.

Tumbado en la cama como estaba, Sara agarro mi polla y se la metió en el coño, entro sin dificultad, estaba muy mojada. Empezó a cabalgarme de forma brutal, cada ver imprimía más rapidez a los movimientos de su cadera, me costó no correrme, pero viendo lo mucho que estaba disfrutando, Sara me esforcé más y aguante hasta que ella gritó su orgasmo, después vino el mío y fue la mejor noche de mi vida.

Esa fue la tónica durante los siguientes dos meses, hasta hoy, ahora mismo me hubiera gustado estar muerto, de esa manera hubiera dejado de sufrir. No puedo quitarme de la cabeza, las imágenes de Sara entregada a otro, ser consciente que durante estos dos meses no era yo quien la hacía gozar, sino él, yo seguía siendo igual de fracasado, ahora también un cornudo humillado.

Salí de trabajar antes, no podía aguantarme las ganas de llegar a casa junto a Sara, más me hubiera valido haberme quedado en la empresa. Cuando entre en casa con una sonrisa de felicidad, esta se borró en cuanto escuche los gritos de puro placer de Sara, anduve desde la entrada de nuestra casa, pasando por el pasillo hasta llegar a nuestra habitación como si fuera un zombi, apoyándome en la pared para no caerme al suelo.

Llegue a la puerta del dormitorio y con las pocas fuerzas que me quedaban abrí la puerta encontrándome a su amante de cuclillas sobre la cama, sentado sobre el rostro de Sara mientras esta le comía el culo, después vi como este estaba a punto de correrse, metió su polla en la boca de Sara hasta llegar al esófago y empezó a correrse. Sara tenía lágrimas en los ojos, pero su expresión era de felicidad. Dentro de mí empezó a crecer una ira incontrolable y empuje a aquel tío golpeándose contra la pared y cayendo al suelo de forma ridícula.

Esa creo que fue mi única victoria esa noche, Sara me reprochaba mi acción o eso creía yo, porque lo único que escuchaba eran los latidos de mi corazón que retumbaban en mi sien. No lo vi venir, estaba demasiado centrado en el dolor que estaba sintiendo, El amante de Sara se levantó colérico y me dio tal puñetazo que termine incrustándome contra el armario que teníamos al final de la habitación.

Sentí un gran dolor en la espalda, era tan grande que no podía ni moverme, otra cosa que note es que estaba sangrando copiosamente del labio. El amante de Sara cogió a esta y poniéndola a cuatro patas, dejando el rostro de esta a escasos centímetros de mi cara. Empezó a follársela y tuve que escuchar lo que realmente Sara opinaba de mí entre jadeos y suspiros de placer.

La ira volvió a inundar mi cuerpo y con un esfuerzo titánico conseguí ponerme de pies y propinarle un puñetazo a aquel hombre, este cayó para atrás terminando sobre nuestra cama, hasta en eso tenía suerte, al dar el golpe sentí un dolor lacerante en toda mi espalda, tuve que apoyarme contra la pared, sabía que ya no podía defenderme, el dolor de mi espalda era demasiado grande.

Me resigné a que me dieran una paliza, ya no podían hacerme más daño, el tío se arrancó, Sara se interpuso en medio y le dijo que me dejara en paz, le pregunto si había venido a pegarme o a follar con ella. Cogiéndome del pomo de la puerta, salí de esa habitación, con mucha dificultad. Temí que el golpe me hubiera roto la espalda, conseguí llegar hasta el sofá y me senté en él, no sé cuanto tiempo paso, solo sé que Sara apareció de la mano de su amante y antes de salir de nuestra casa para siempre, me dedico una sonrisa de lo más humillante.

Esta es mi triste historia, me encuentra sentado en este sofá y me queda una hora para prepararme para ir a trabajar, la verdad es que lo único que tengo ganas es de que la tierra me trague, me fuerzo a levantarme y veo que el dolor de espalda ha ido a más, llamo a mi jefe que siempre llega el primero a la empresa y le digo que me di un golpe y la espalda me duelo mucho.

Por suerte cerca de donde vivimos hay un pequeño hospital, me dirijo hacia allí, me cuesta horrores llegar, entro en urgencias y después de hablar con una doctora me dice que espere en una sala contigua. De ahí me llevan a hacer unas placas, después me toca esperar otra vez. Por fin me llevan a un box donde el doctor me dice que no tengo nada roto, tengo un moratón a raíz del golpe y por eso me duele, después una enfermera me hace las curas del labio.

Me dan el alta, tengo que tomar antiinflamatorios durante cinco días y guardar el mayor reposo posible, mi jefe ha venido a buscarme al hospital y me ha dicho que me coja la semana libre. Llego a casa y se me caen las paredes encima, el móvil empieza a sonar, es Teresa, mi mejor amiga, seguro que me llama por mi cumpleaños, es tan despistada que todos los años hacía lo mismo, siempre me llamaba al día siguiente, empezaba a pensar que lo hacía para hacerme rabiar.

Me nota raro y me dice que me pase por su bar, decido no tomar ningún medicamento, sabiendo que en el bar voy a tomar alcohol, cuando llego Teresa se lleva las manos a la boca. Sale da la barra y me ayuda a sentarme en una de las mesas, en el bar se encuentran cuatro camioneros, siempre van a por lana con Teresa y salen trasquilados, creo que ya lo hacen por pura diversión. Me llevo muy bien con ellos y se levantan para ayudar a Teresa.

• Te han dejado hecho un cromo – dijo uno de los camioneros.

Me rió, aunque al hacerlo me duele todo, los cuatro se vuelven a su mesa y yo me quedo mirando a Teresa. Las lágrimas empiezan a salir de mis ojos, no había llorado ni una sola lágrima desde que entre en mi casa aquella tarde. Por fin mi cuerpo dijo basta y pude desahogarme, Teresa les pidió a sus amigos si podían ayudarla a cerrar el bar, después me llego a su casa que se encontraba en el edificio de enfrente.

Nos sentamos en el sofá y empecé a contarle lo sucedido, Teresa no abrió la boca hasta que termine mi penoso relato. En su rostro podía ver que no podía creerse el comportamiento de Sara, me dijo que ella tenía las mismas pastillas que me habían recetado. Preparo algo para cenar y después me obligo a tomarlas, preparo su cuarto para invitados y me dijo que esa noche dormiría en su casa.

Me costó conciliar el sueño, pero cuando la pastilla empezó a hacer efecto y el dolor empezó a disminuir, el cansancio pudo conmigo y me quede dormido.

TERESA

El comportamiento de Sara es inaceptable, no podía creerme lo entupida que había sido, tenía un diamante sin pulir en casa y decidió humillarlo con un compañero de trabajo. Pablo es un buen hombre, atento y cariñoso. Son de los hombres que escasean es este mundo, yo tengo claro como hubiera actuado, le hubiera enseñado mis gustos, mis fantasías y le hubiera convertido en un amante perfecto para mí, a la vez hubiera conocido sus gustos y fantasías, de esa manera hubiéramos sido dos engranajes que encajarían perfectamente en una máquina bien engrasada.

Siempre había estado enamorada de Pablo, pero él solo tenía ojos para Sara, no hay mal que por bien no venga. Tal vez tendría la oportunidad de ser feliz junto a Pablo, al final el sueño me estaba pudiendo, durmiéndome con una gran sonrisa en el rostro.

PABLO

Aquella semana Teresa fue un bálsamo para mí, pero la semana paso y tenía que volver a mi vida. Teresa no me era indiferente, pero el dolor que Sara me había causado seguía presente. Con la ayuda de Teresa mi ánimo fue mejorando, a las dos semanas el dolor de espalda había remitido. Solo quedaba el dolor anímico, aquella noche algo se rompió dentro de mí, cada noche iba al bar de Teresa, era la única persona en este mundo que podía sacarme una sonrisa.

Mi vida se redujo en ir a trabajar y después de trabajar pasar por el bar, empecé a tomar cervezas sin alcohol, sabía que sería un error ahogar mis penas en borracheras que no solucionaban nada, porque al día siguiente te seguías sintiendo igual de mal además de tener que soportar la resaca, no volví a saber nada de Sara. Lo prefería así, cambie todos los muebles de casa, la volví a pintar, también hice reformas en el baño y la cocina.

Era un piso nuevo, entre una cosa y la otra habían pasado casi ocho meses, el tiempo pasa volando. Quería inaugurar mi casa con la única persona que me había cuidado como nadie, pase por el bar de Teresa y le dije que la invitaba a cenar para inaugurar mi nueva casa. Teresa aceptó encantada, como entre semana no solía andar mucha gente cerro el bar y nos pusimos en marcha hacia mi casa. Prepare lubina al horno, Teresa se chupaba los dedos, después de cenar nos preparamos unos copazos y le empecé a enseñar toda la casa.

Por último llegamos al que fue el dormitorio que compartía con Sara, Teresa miro a la cama y dejando el vaso sobre uno de los muebles, se mordió el labio y me miro con una mirada que me dio miedo, se había quedado con hambre y esta vez me quería comer a mí. No había vuelto a tener sexo con ninguna otra mujer y me daba miedo perder lo que tenía con Teresa, si esta también se decepcionaba conmigo.

Ella se acercó y posando sus labios sobre los míos me dio un tierno beso, después me miro y me dijo.

• Pablo, ¿confías en mí?

• Con todo mi ser.

• Bien.

Teresa empezó a desnudarse, era la primera vez que la vería desnuda, era una mujer increíblemente bella y tenía un cuerpo de infarto. Siempre supe que a Sara no le hacía gracia que mantuviera mi amistad con Teresa, aunque nunca me dijera nada. Solo con ver los gestos que ponía cada vez que hablaba con ella por teléfono era suficiente. Yo no tenía nada que esconder y no iba a dejar una amistad de toda la vida porque ella pensara cosas raras.

Cuando la tuve desnuda delante de mí, se me puso dura como el palo de la bandera. Me quedé rígido, el miedo a fracasar otra vez atenazaba mis músculos, Teresa se acercó y me ayudo a desnudarme. Cogiéndome de la mano, se tumbó sobre la cama y guió mi cabeza hasta llegar a su húmedo coñito, siguiendo sus indicaciones pude escuchar los jadeos de una mujer que estaba disfrutando.

La estaba haciendo disfrutar de verdad, no pude contener el llanto, entonces Teresa acerco sus labios a los míos y me beso, después se relamió degustando sus propios jugos, eso me puso todavía más caliente. Sara jamás me había hecho una mamada, decía que le daba asco, la verdad es que le daba asco hacerlo conmigo. Teresa me agarro el falo y se lo fue introduciendo poco a poco en la boca, disfrutando del momento y disfrutando de lo que me estaba haciendo sentir.

No puedo describir este momento con palabras, sentí como una oleada de placer recorría todo mi cuerpo, pasando por toda mi columna vertebral hasta llegar a mi cerebro. No aguante mucho, casi ahogo a la pobre Teresa con todo lo que solté, mi corrida se le escapaba por la comisura de los labios mientras intentaba cogerla con los dedos entre risas.

Llego el momento de hacer el amor, porque eso fue lo que hicimos, con todo el cariño y mimo del mundo, sintiendo cada parte de nuestro cuerpo en contacto con el del otro. Fue una noche mágica y a esa le siguieron muchas. La comunicación entre Teresa y yo era intensa en todos los ámbitos de la vida, durante el siguiente año conocimos el uno del otro, todo nuestros gustos íntimos.

Yo estaba enamorado de ella y estaba casi seguro de que Teresa lo estaba de mí, pero seguía teniendo miedo, ese miedo se terminó cuando llego mi cumpleaños, ya habían pasado dos años desde que Sara me destrozo la vida. Teresa me había preparado una gran cena y después me dio mi regalo, ella ataviada con una gran lacito. Estaba preciosa, esa noche nos fundimos en uno. Nos proporcionamos tal placer el uno al otro que para cuando nos dimos cuenta los rayos del son entraban por la ventana.

• Teresa estoy locamente enamorada de ti, mi salvadora, mi amor.

• Ya era hora zoquete, llevo enamorada de ti desde que éramos unos críos – dijo riéndose al ver el asombro en mi rostro.

• ¿Tanto?

• Si hombre sí, pero me lo tendrás que pedir bien.

• ¿Teresa quieres ser mi novia?

• Rotundamente sí.

Así empezamos un noviazgo que me ha dado los mejores días de mi vida, deje mi trabajo y con el finiquito hicimos reformas en el bar de Teresa, empezando a trabajar allí junto a ella, los camioneros siguen intentando ligar con Teresa y esta los rechaza con educación y riéndose a mandíbula partida, creo que estos cabrones lo hacen para chincharme. Aquella noche Teresa me dio el mejor regalo de mi vida, me dijo que sería padre, la cogí en brazos y la bese mientras todo el bar vitoreaba.

SARA

Creí salir triunfante de mi casa aquella noche, qué entupida fui. Raúl resultó ser un buen amante, pero como novio era una mierda. Cuando éramos amantes estaba acostumbrada al trato de Pablo, siempre atento, amable y cariñoso. Raúl solo era amable cuando quería follar, después era de lo más desagradable, llego incluso a decirme que me fuera a dormir al sofá que le daba calor. Me arrepentí de dejar a Pablo, empecé a valorar lo bien que me trataba y lo poco que lo valoraba entonces.

Siempre supe que Raúl me era infiel desde el principio, pero por lo menos se cortaba y era discreto, hasta que llego un momento en que empezó a traer a sus amantes a nuestra casa. Esa noche tuvimos una gran discusión, tuve que escuchar como bramaba esa mujer en el que hasta hacer unas horas era mi territorio. Cuando termino se lo eche en cara a Raúl y este se rió en mi cara.

• Ya que no me dejas follar en paz, me voy a su casa a seguir follando.

• ¡Eres un cabrón de mierda!

• Es verdad, pero este cabrón, sigue haciendo que tus bragas se mojen cada vez que me tienes cerca.

Se fue riéndose sabiendo que tenía razón, cada vez que lo tenía delante perdía el control y terminaba haciendo todo lo que él quería. Esa noche no volvió a casa y a la mañana siguiente la policía se presentó en casa. Me dijeron que Raúl había muerto, según parecía que mientras se follaba a esa mujer que trajo a casa, debió de llegar el novio, este iba armado y disparo a Raúl y a su novia matándolos en el acto, suicidándose él después.

Desde ese día no he levantado cabeza, vago por la tierra como un alma en pena, he perdido el trabajo y prácticamente vivo en la calle, deseando volver a esos días donde Pablo me trataba con todo el cariño del mundo, que yo no me merezco. Esa tarde decidí cambiar de ruta, habían pasado dos años y pico desde la fatídica noche que humille a un hombre que no se lo merecía y me estaba tocando pagar dándome cuenta de que no era tan lista como yo me creía. Llegue a un parque y allí pude ver lo que podría haber sido mi vida si no llego a ser tan entupida.

Pablo iba caminando junto a su amiga Teresa, él iba empujando un cochecito para niños, mientras Teresa acercaba sus labios a los de Pablo y le besaba. Esa era la vida que podía haber tenido y que jamás tendría, porque como la vida me había enseñado, todos los actos tienen sus consecuencias, las mías serían vivir sabiendo que lo había tenido todo y ahora no me quedaba nada.

Fin.