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Mi fantasía loca II - Eva

Silvia siempre supo que Juan la deseaba, pero nunca imaginó que la tentación vendría de la mano de la vecina. Cuando la fantasía se vuelve realidad, el deseo choca contra la lealtad y la respuesta no es el amor, sino una furia que lo cambia todo.

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Mi fantasía loca

Ray & Sylke

Capítulo 2 – Eva

Durante el resto de la semana estuve pensando en cómo reconducir mi estrategia para que Juan se dejara llevar y acabara en una tórrida aventura por una mujer. No dejaba de hacerlo en todo momento, mi cabeza seguía imaginando cosas y lo hacía mientras me duchaba, en la cama, en la comida, sin escuchar lo que el propio Juan me contaba, algunas veces, con mis amigas a las que contestaba con monosílabos o mientras mi jefa me volvía loca con sus informes apabullantes, yo no me quitaba a mi esposo de la cabeza follando con otra.

Juan y yo regresamos algún que otro día al bar de Tatiana, pero había una tensión en el ambiente que no era la que yo deseaba. Supongo que la chica se cortaba conmigo y al mismo tiempo, Juan me respetaba tanto, que las miradas a la camarera, las hacía muy cortado, como si hubiera cometido el pecado que yo quería que llevara hasta el final. Pero en ese momento supe que ella no era mi objetivo, aunque sí allanó el terreno de una futura aventura de Juan con otra mujer, al menos yo no iba a rendirme tan fácilmente.

Era casi una obsesión, aunque estuve pensando que quizás me había equivocado con Tatiana, a pesar de que a Juan le gustan las chicas jóvenes, esta igual era demasiado inalcanzable a ojos de mi marido, no sé... falta de confianza, o cualquier hándicap que yo no era capaz de ver como factible. En cierto modo fui perdiendo los estímulos iniciales, pensando en que toda esa fantasía de mi mente no era más que eso, una pura fantasía y que Juan, nunca iba a serme infiel, cómo mucho, acabaría masturbándose, pensando en una mujer como Tatiana teniéndola cerca o quizás follando conmigo teniéndola a ella en mente, como supongo hacen la mayoría de los mortales, pero poco más. Sin embargo, para mí no era suficiente, yo quería otra cosa.

La suerte se puso de mi lado cuando una tarde, Juan y yo entrábamos en el portal de casa y coincidimos con Eva, la vecina del 3º justo cuando ella salía vestida con ropa de gimnasia, con unas mallas azules y un top que se entreveía bajo la apertura de su chaqueta deportiva.

La verdad es que esa mujer, más o menos nuestra edad, está francamente bien, sin ser el cuerpazo de Tatiana, se conservaba de diez, pues se cuida mucho, su pelo rubio rizado, sus grandes ojos y un cuerpo muy bien definido, le dan un aspecto muy atractivo, algo que no se escapa a los ojos de Juan y además ella no era una desconocida para nosotros. Desde que llegamos a vivir, noté que Juan se fijaba en ella cada vez que coincidíamos, porque además es muy simpática, pero además creo que ella también le echa unas buenas ojeadas a mi esposo, algo que me excita sobremanera. Además, desde que Eva se separó de su marido, había dado un cambio radical, a mejor, incluso lo comenté con mi marido en alguna ocasión y estuvo de acuerdo.

- ¿Qué vas al gym? - le pregunté a ella viendo su indumentaria y la bolsa de deporte al hombro.

- Ay, sí, justo voy ahora. - respondió Eva con su gran sonrisa de siempre.

Mi marido la miraba con disimulo, pero con admiración y sólo ese hecho ya me ponía cachonda. Me encanta como los tíos disimulan, aunque se les nota demasiado, es una sensación extraña, pero me gusta que se pongan nerviosos y excitados, pero si a eso le sumas que es a mi marido a quien más me gusta ver así, pues con eso lo digo todo.

- Pues a ti no te hace falta el gimnasio, estás estupenda. ¿Verdad cielo? - esta vez fui a saco mirando de reojo a Juan.

- Sí - respondió él tímidamente sin atreverse a reconocerlo delante de ella y sobre todo delante de mí.

- En realidad, voy para mantenerme, pero también porque me están cambiando el baño de casa y aprovecho para ducharme allí, porque está todo patas arriba.

Un chispazo saltó en mi mente y todas las alarmas se encendieron en mi cabeza. Parecía que los astros se habían vuelto a alinear a mi favor y todo se ponía a tiro.

- Pero, mujer, ¿cómo no me has dicho nada? - dije de pronto.

- ¿Por qué? - respondió ella.

- Pues porque puedes ducharte en casa siempre que quieras.

- No sé Silvia, no sé si... —dijo mirando a Juan, algo cortada —no quiero ser una molestia.

Mi mirada y mi gesto a mi esposo le indicaba que debía aportar algo para animarla y creo que funcionó.

- Claro, Eva, puedes venir a ducharte a casa cuando quieras, hay confianza, mujer... somos vecinos - dijo él queriendo ser amable y cordial.

Noté cómo mis pezones se endurecían sólo con esa frase e imaginaba a Eva andando desnuda por nuestra casa.

- ¿En serio? - preguntó ella.

- ¡Claro! - dijimos Juan y yo a la vez.

- Uf, os tomo la palabra, porque están tardando muchísimo con el baño y a veces voy de cabeza, para poderme duchar en el gimnasio y salir corriendo a trabajar. - añadió ella saliendo del portal.

- Pues ya está dicho.

- ¿En serio que no soy un estorbo? - insistió ella mirándonos a ambos, especialmente a Juan.

- En absoluto, al contrario. - respondí y miré a mi esposo que parecía contento con la idea, al menos eso quería pensar yo.

El resto de la tarde no dejé de hablarle a Juan de nuestra vecina y acabamos follando casi de forma robada, en la cocina, sin apenas tiempo a quitarnos la ropa y lo hicimos prácticamente a la desesperada. Ambos estábamos cachondos, yo evidentemente soñando con el momento de verle con Eva, abrazado a su cuerpo desnudo, follándola sobre nuestra cama, en el sofá o soñando en que ella le comía la polla y se tragaba todo... pero estaba segura de que él al mismo tiempo estaba muy caliente imaginando a la vecina, no podía negar lo evidente, por mucho que lo reiterase de palabra. Yo sabía que Juan no me iba a poner los cuernos ni, aunque se lo rogase, pero aun así no perdía la esperanza.

- Es muy atractiva, con un cuerpo increíble y tenerla en casa era toda una tentación. ¿Te la imaginas desnuda deambulando por casa? - le solté a bocajarro.

- Vamos, cielo... - comentaba él algo azorado.

- ¿No me digas que nunca has tenido fantasías con Eva?

- Cariño, sabes que no te voy a ser infiel con nadie - insistía él.

- No digo eso... pero habrás pensado en ella. Es un bombón.

No hubo respuesta de palabra, pero sí de su cuerpo que se corrió casi al momento y yo lo hice con él, con la idea de que mi mente no era la única que había pensado en esa mujer

Seguía convencida de que él no podía salir indemne de esa ola que le venía encima con el cuerpazo de Eva. ¿Qué podía salir mal esta vez?

A la mañana siguiente lo preparé todo minuciosamente y descarté el baño grande, porque no me iba a dar el juego que necesitaba y lo llené con trastos y ropa que puse a secar, por lo que Eva tendría que ducharse en el baño de mi dormitorio, que por cierto no tiene puerta.

Estuve esperando un buen rato, mientras Juan se afeitaba, pero la vecina no acababa de llegar, hasta que él se tuvo que ir a trabajar... justo al cabo de un rato sonó el timbre y era Eva, dejándome totalmente desinflada. La acompañé hasta a mi habitación y le indiqué que el otro baño no estaba operativo.

- Eva, pensé que ibas a venir antes de ir al trabajo. - le dije.

- Si, hoy entro un poco más tarde. - respondió ella mientras se iba quitando la ropa y dejándola sobre mi cama.

- No te creo... ¿No será por Juan? - pregunté.

Ella se quedó un poco cortada.

- Bueno, un poco sí, Silvia. - añadió al fin

- Pero si él está encantado.

- ¿Encantado? - preguntó confusa.

Quizás fui demasiado efusiva, pero ver a esa mujer desnuda y comprobando su asombro cuerpo y las maravillas que podría hacerle a mi marido, estaba ensimismada, viendo que además sus pequeñas braguitas estaban sobre la cama donde yo les había imaginado follando.

- Mira, Eva, para serte sincera, Juan está loquito contigo. - fui directa, mientras ella se ponía una pinza en el pelo y sus pechos se mostraban más erguidos.

- ¿Pero qué dices, Silvia? - preguntó asombrada.

- Bueno, no soy celosa... y menos contigo. Aparte de que somos amigas, con ese cuerpo que tienes, no me extraña que le vuelvas loco, es normal, como a tantos tíos... y ahora que vuelves a estar soltera, estarás follando todo el día.

Noté que ella enrojecía y es que yo había vuelto a venirme a arriba con la efusividad. Aunque ambas teníamos confianza, aquella conversación era la más fuerte que habíamos tenido.

- Perdona Eva... a veces no me controlo. - dije.

- No, no pasa nada - respondió algo enrojecida.

- Lo decía porque con ese cuerpazo, tienes que tener fila de pretendientes.

- Pues si te digo la verdad, hace tiempo que no me como nada. - dijo ella viendo que estábamos en absoluta confianza.

Eso me excitó aún más y saber que ella estaba caliente, cualquier empujoncito valdría, y lo iba a comprobar ahora mismo. Miré con disimulo a su sexo y pensé que ese coño tendría que ser de Juan.

- ¿Y no te has traído a nadie a casa en este tiempo? - pregunté.

- Pues la verdad es que no... he tenido citas, pero nada más allá de una cena, conocernos y tal.

- ¿Y de follar nada?

Volví a mirar a Eva y puse cara de niña buena, como si fuera una gran amiga a la que confesar sus aventuras.

- Pues no, de momento apago las calenturas yo sola. - añadió con una sonrisa.

Otra vez me vine arriba:

- Quiero que me respondas sinceramente a una pregunta, Eva - dije armándome de valor.

- Dime -. Respondió algo distraída mientras seguía colocando su ropa interior sobre mi cama.

- ¿Te follarías a Juan? - Lancé mi pregunta después de dudarlo unos instantes, pero estaba casi desesperada.

En ese instante capté su total atención y me miró algo perpleja

- ¿Silvia? - me preguntó aturdida buscando en mi mirada si se trataba de una especie de broma.

- Es sólo una pregunta, imagina que Juan no es mi marido.

- Sabes que más de una vez te he dicho que, objetivamente, tu marido está muy bueno y de los vecinos de la urbanización, pues se lleva los primeros puestos, por no decir el primero - Respondió con total confianza, aunque creo que se lo tomaba a broma.

- Eso es verdad, Juan está muy bueno y muy bien dotado. - añadí.

La cara enrojecida de Eva me excitaba, porque sabía que eso tenía que calentarle a ella. Es verdad que más de una vez me había comentado la suerte que tenía por tener a un hombre como Juan a mi lado, pero mi frase no había calado como yo tenía intención, así que decidí volver a replantear la pregunta.

- Eva, ¿Te gustaría follarte a Juan? - Fui más directa esta vez.

En ese momento mi vecina se giró mostrando su extraordinaria anatomía y pensando en lo bonito que sería verla junto al cuerpo desnudo de mi marido.

- ¿De qué va el juego? - preguntó algo mosqueada.

- No es ningún juego. Simplemente... si te lo follarías.

- ¡Joder, Silvia!

- Vamos, sé sincera. ¿Tanto te cuesta responder?

- Pero es tu marido y somos amigas...

- Lo sé ¿Y si tuvieras mi permiso? - Quise ir al grano de una vez.

Eva se sentó en la cama mirándome perpleja y es que se estaba dando cuenta de que no era ningún tipo de broma.

- ¿De qué va todo esto? - Preguntó más seria

No sabía muy bien si esta conversación con mi amiga se me estaba escapando de las manos, pero sabía que si quería vivir mi fantasía loca tenía que dejar la vergüenza a un lado y luchar por ella. Al fin y al cabo, con Eva tenía confianza y no podía salir corriendo y desaparecer porque era nuestra vecina.

- Te lo voy a contar - Dije sentándome al lado de ese espectacular cuerpo desnudo al que Juan no podría resistirse.

Y me abrí en canal, al fin y al cabo, era mi amiga, tenía la suficiente confianza para poder contarle todo lo que pasaba por mi mente. Le hablé claramente de mis fantasías, de ver a mi marido follándose a otra, ya fuera en forma de trio o simplemente como observadora, aunque lo que realmente me gustaba era que estuviera sólo con otra, mientras yo me limitaba a observar. Verle disfrutar con otra mujer y ver como hacía disfrutar a ella tanto como me hacía disfrutar a mí. También le conté como Juan siempre había sido reacio a que se produjera esta situación, a pesar de creer que podría estar dispuesto si era con ella.

- Joder Silvia... ¿En serio has propuesto algo así a tu marido? - dijo aturdida.

- Bueno, no directamente contigo, aunque estoy segura de que lo haría encantado. —respondí y eso era lo que pensaba yo.

- Mujer....

Nuestra vecina estaba en shock y por un momento pensé en si me estaba precipitando, por culpa de mis nervios y mi excitación morbosa. Entonces me lancé:

- Mira Eva, estás buenísima y Juan babea contigo, estoy segura de que, si no le frenara el hecho de estar casado conmigo, ya habríais follado más de una vez.

Eva se quedó muda durante un rato, pero yo necesitaba una respuesta de su parte.

- ¿Qué opinas? - pregunté directa.

Ella tan solo soltó un suspiro a la vez que entrecruzaba las piernas sobre su sexo, con cierta vergüenza, aunque creo que también con excitación.

- Pero ¿Tú estás segura de lo que me estas proponiendo? - exclamó.

Yo solo asentí con la cabeza, aunque me temblaba todo, creyendo que hasta podría perder su amistad por esa burrada que le proponía. Al no recibir su negativa y su pregunta tan abierta afianzó mi seguridad en la propuesta. No se estaba planteando follarse a mi marido, eso estaba claro que lo deseaba, se estaba planteando que yo estuviera segura de mi proposición.

- Estoy segura, Eva, nada más me gustaría en mi vida - contesté reafirmando mi postura y cogiendo sus manos entre las mías.

MI amiga y vecina, estaba alucinada, como yo misma por lo que le estaba diciendo, pero verla ahí desnuda, no me dejaba otra que seguir adelante y la miraba a los ojos casi con clemencia.

- ¡Uf, qué fuerte, Silvia!

- Lo sé, pensarás que estoy loca, que se me ha ido la cabeza... - dije bajando mi cara apesadumbrada.

Ella levantó mi barbilla para que nos mirásemos.

- No, Silvia... Agradezco mucho que hayas confiado en mí de esa manera y agradezco que sea yo la persona en la que has pensado.

Por supuesto no le conté mi primera intentona con Tatiana.

- Nada me gustaría más, Eva, te lo juro. - dije visiblemente emocionada de verla predispuesta.

Ella me miró con un brillo en sus ojos.

- Me lo tengo que pensar - dijo levantándose de la cama y dirigiéndose al baño. - De momento voy a darme una ducha - sentenció bastante inquieta.

Tras cerrar la puerta del baño pude notar como toda la conversación me había excitado mucho, me imaginé a Juan disfrutando con esa increíble mujer y me imagina a Eva, en ese mismo momento, tocándose en la ducha pensando en follarse a mi marido. Ambas imágenes en mi mente hicieron que me pusiera muy cachonda y no pudiera evitar empezar a acariciarme tumbada en la cama, notando como cada vez mi coño se humedecía más y sentía que sería capaz de correrme en segundos. Lo mejor de todo es que Eva no hubiera salido de casa dando un portazo o insultándome por esa loca propuesta... simplemente me dijo que lo tenía que pensar y eso me puso a mil.

El sonido de la puerta del baño hizo que me incorporara de inmediato.

- Silvia - dijo Eva saliendo del baño envuelta, curiosamente, en el albornoz de Juan. - Estoy deseando follarme a tu marido - sentenció.

Me levanté como un resorte de la cama y vi que Eva se mordía el labio, pensando en lo excitante de la situación.

- Es una puta locura... pero me encanta. - añadió.

Me abracé a ella y acabamos sentándonos de nuevo sobre la cama mientras veía sus pechos bajo ese albornoz de mi marido. Ni me lo creía. Por fin se iban a cumplir mis sueños y Eva no podía ser mejor candidata para mi fantasía hecha realidad.

Le fui explicando cómo lo podríamos plantear y ella estaba llena de dudas, casi tanto como yo, pero incluso eso resultaba morboso y cachondo.

Al final, el motivo del arreglo de su baño nos había llovido del cielo, con la excusa de tener que ducharse en nuestro baño, teniendo en cuenta que lo haría en el del dormitorio, me parecía el sitio ideal para que lo disfrutáramos al máximo, los tres.

- Pero ¿cómo harás tú? - me preguntó.

Miré hacia atrás y le señalé el vestidor de mi dormitorio. Incluso eso lo tenía pensado, aunque era arriesgado y toda una locura, sabía que Juan no iba a entrar en mi vestidor, porque él tenía su propio armario y a mí me serviría de atalaya desde donde podría ver prácticamente todo lo que sucedía. Le dije cuando debería venir a casa y de qué manera podríamos prepararlo todo para que pareciese la cosa como accidental.

Esa noche apenas pude dormir y quise follar con mi marido, pero preferí que reservara todas sus balas para que se las disparase a Eva. Imaginaba cómo su polla regaba el maravilloso cuerpo de nuestra vecina. Mi mente se llenaba con esas imágenes de ambos retozando en nuestra cama, de las tetas de Eva botando sobre el pecho de Juan y cómo se corría él sobre su vientre plano.

Al día siguiente todo sucedió como tenía previsto, dentro de la normalidad y esperé a la hora en que Juan solía jugar su pardita de pádel en la urbanización y llegaría a casa para ducharse. Nada más entrar por la puerta, a la hora prevista, me abracé a él y empecé a besarle.

- ¿Cómo está mi hombre? - pregunté pegando mi cuerpo al suyo.

- Bien - Contestó con una ligera sonrisa.

- ¿Y su polla? - Volví a preguntar de manera pícara mientras metía mi mano por dentro de su pantalón de deporte.

- Ahora mejor - contestó riendo, mientras notaba como se iba poniendo duro con mis caricias.

Sin comerlo ni beberlo, le llevé a la habitación y le fui desnudando, sin dejar de besarle.

- Juan, quiero que me folles ahora mismo - comenté justo en el momento en el que dejé a mi marido completamente desnudo. - Hazme tuya

Había comenzado mi juego. Naturalmente cuando dejé a Juan totalmente desnudo y con una erección brutal, sonó mi móvil, en una llamada pactada con nuestra vecina a la hora exacta fijada. Me excusé diciendo que tenía que salir porque una compañera de trabajo tenía un problema urgente y le dejé allí desnudo, empalmado y excitado.

- ¡Joder! - exclamó cuando le dejé con ese calentón y con su polla totalmente tiesa.

- Perdona, te dejaré hacerme lo que quieras cuando vuelva - Comenté siguiendo con mi estrategia de ponerlo lo más cachondo posible.

Me salí al pasillo, abrí la puerta de casa y como estaba previsto Eva me estaba esperando al otro lado, la hice pasar y llevaba tan sólo el albornoz de Juan.

- ¿Segura Silvia? - preguntó Eva asegurándose de que no me iba a arrepentir.

- Segura. Creo que no te lo he podido dejar más cachondo. Esto es tan excitante... - contesté con una risilla nerviosa.

Esperamos unos segundos y como esperaba, sonó la ducha de mi habitación, momento que aprovechamos ambas para entrar y escuchar canturrear a Juan bajo el agua. Yo me metí en el vestidor, dejando una rendija abierta desde donde tenía toda la perspectiva de la habitación y ella se despojó del albornoz quedándose desnuda a los pies de nuestra cama. Mi corazón latía a tope, pensando en ese momento que iba a ser apoteósico... sin duda. Estaba expectante porque, además, sabía que Juan iba a salir desnudo del baño, como hacía siempre y no falló.

Creo que en ese momento se produjo uno de los momentos más increíbles que he vivido, porque Juan se quedó allí plantado observando como a los pies de la cama se encontraba nuestra vecina, totalmente desnuda.

- Pero ¿qué coño? - dijo él.

- Hola Juan. - respondió ella acariciándose levemente los pechos.

Instintivamente él intentó tapar su sexo, pero a esas alturas su polla volvía a estar en erección y no era para menos, lo que tenía delante era esa vecina con la que seguramente tantas veces había fantaseado y estando completamente desnuda a los pies de nuestra cama.

- Vengo a ducharme, no te importa, ¿verdad? - añadió ella de forma inocente y espontánea, en ese momento que habíamos ensayado.

- ¡Joder, Eva! - trataba de cubrirse él, pero su pene salía juguetón y era imposible tapar aquello.

Ella miraba aquello y claro tampoco se podría resistir y enseguida metí mi mano en mis braguitas, notando que estaba empapada.

Nuestra vecina avanzó y rozó con su pecho al pasar junto a él con una naturalidad increíble, pues ni yo misma pensaba que lo iba a hacer tan bien.

- Supongo que habrás acabado... bueno, si no podemos ducharnos juntos. - añadió ella de forma traviesa.

- ¿Pero Eva? - repetía él casi gritando sin entender el atrevimiento de ella.

- ¿Qué te pasa?

- ¡Estás desnuda... en mi habitación! - dijo él lo que era obvio.

- Claro, tú también. Habíamos quedado que me dejabais ducharme y por cierto no me importaría hacerlo contigo. ¿no te gustaría a tí?

En ese momento Eva empezó a dibujar el torso desnudo de Juan y yo seguía con dos dedos metidos dentro de mis braguitas rozando mi sexo disimulando los jadeos que salían de mi boca.

- Pero, Eva... ¿qué haces...? Yo... Silvia... - empezó a balbucear mientras ella no dejaba de acariciar sus abdominales.

De pronto su mano abarcó la polla tiesa de mi marido que se quedó tenso, sin saber qué más decir.

- Tranquilo, tengo el permiso de Silvia y, por cierto, no me había dicho la maravilla que tienes aquí... ¡mmmm... qué dura!

Eva empezó a masajear esa polla que debía estar a tope, creo que nunca se la había visto tan tiesa a Juan. Esa pequeña mano de Eva parecía mostrar la grandeza del miembro de mi esposo, que seguía en shock, algo que ella aprovechó para coger su mano y llevarla a su teta derecha.

- ¡Uf, mira cómo me tienes, Juan! - dio ella al mostrarle su pezón erguido.

Luego ella misma llevo esa mano a su sexo para que Juan comprobara que estaba totalmente mojada.

- Eva... - balbuceó mi marido en voz baja con la voz entrecortada.

De pronto mi esposo pareció reaccionar y cuando yo creía que iba a besarla, a tirarse sobre ella en la cama, le dio un empujón que hizo que Eva diera un traspiés.

- ¡Juan! - exclamó al tiempo que sujetaba los brazos de ella cuando hizo el intento de abrazarle.

- Eva. Perdona, creo que hay un malentendido, yo soy un hombre casado y no puedo hacer esto contigo.

- Pero Silvia me dijo que yo te gustaba...

- Y claro que me gustas. Eres preciosa, el sueño de cualquiera. Pero no puedo. - Juan estaba nervioso y excitado.

- Tu mujer me ha dado permiso y creo que le gusta mucho esto - confesó de pronto Eva.

Mi marido no atendía a razones y cogiendo el albornoz que había sobre la cama lo echó sobre los hombros de nuestra vecina y la empujó hasta la puerta de nuestro dormitorio a pesar de las quejas de ella.

- Eva, te lo ruego, no me lo pongas más difícil, vete a casa - dijo mi marido firmemente.

- ¿No te gusto? - volvió a preguntar Eva algo frustrada.

- Sabes que no es eso - contestó Juan estoicamente. - Te follaría ahora mismo si no estuviera con Silvia - añadió

Ella dejo de insistir echando una mirada hacia el vestidor, aunque no dijo nada y ambos salieron de nuestro cuarto. Oía las voces, cómo ella insistía, pero acabé oyendo la puerta cerrarse de golpe. Luego él regresó, cerrando la puerta y esta vez fue él quien miró al vestidor.

- Silvia ¿qué cojones es esto? - me dijo sabiendo que yo no podía esconderme por más tiempo.

Salí entre avergonzada, excitada y contrariada.

- Perdona Juan, yo es que... - balbuceé.

- Ya hablaremos de esto - me dijo de manera asertiva agarrándome del brazo.

Me tiro de golpe contra la cama haciendo que cayera sobre ella de bruces y de pronto sentí como él subía mi camiseta y rasgaba mis bragas de una forma salvaje, haciéndolo totalmente desbocado y agarrándome por debajo de la tripita, me clavó su polla repentinamente que entró hasta dentro sin dificultad ya que yo estaba muy lubricada.

- ¡Ah, Juan! - exclamé al sentirle.

- ¡Calla! - ordenó firmemente,

Mi marido no dijo nada solo se limitó a agarrarme de las caderas y follarme de forma brusca, de la forma más salvaje e inédita que habíamos vivido. Al principio me asusté, pero aquella polla de Juan era una maravilla entrando en mí, al igual que su cuerpo chocando con el mío... y yo estaba en la gloria sintiendo un estremecimiento por todo mi cuerpo cuando ese miembro duro de Juan se tensó y soltó una buena corrida dentro de mí, entre suspiros y bufidos y un susurro que me dejó impactada.

- ¡Uf, Eva! - escuché que dijo en un lamento.

Continuará...

Ray & Sylke