Xtories

Mi ingenua novia (II)

Sara necesita a Carlos para su carrera, pero su cuerpo responde a la manipulación de una forma que no esperaba. Entre la excusa de la actuación y el deseo prohibido, la línea entre el juego y la realidad se desdibuja en la piscina, justo antes de que el mundo real irrumpe.

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- Hola! Vamos al cine esta tarde al final? – preguntó Sara al acabar la clase del día.

- Ehmm, había pensado que quizás podríamos aprovechar el buen tiempo y darnos un baño en mi piscina. Ayer cuando mis padres se enteraron de que tenía una cita se pusieron tan contentos que se ofrecieron a irse a dar una vuelta esta tarde y dejarnos la casa para nosotros solos. Solo si quieres, eh? – dijo Carlos titubeando

- Pues claro! Que buen plan! Me gusta que empieces a tomar la iniciativa.

- Vamos entonces?

- Jaja, que ansias, tendré que pasar por mi casa a por el bikini, no? O es que quieres que me bañe desnudita? – dijo Sara mordiéndose la lengua coqueta.

Carlos se enrojeció de golpe – No, no. Lo siento, no había pensado en eso – ‘Aunque daría todo el oro de mundo por verte así’ pensó, disimulando un vistazo a su escote.

- Jaja, no te preocupes. Paso por mi casa y nos vemos allí en una horita, te parece bien?

- Genial, y gracias!

- Por?

- Por no hacerme sentir como un bicho raro. Las chicas como tú no suelen ni dirigirme la palabra, y cuando lo hacen es solo con desprecio. Tú eres diferente.

- Ohhh, que tierno! – dijo acariciándole la mejilla regordeta – No te preocupes que eso lo vamos a arreglar en estos 3 meses. Ya verás como al final se te ha quitado toda la timidez y estarás hecho todo un ligonzuelo.

Había más tráfico de lo normal ese día, por lo que al llegar a casa apenas tuvo tiempo para darme un beso, decirme que había quedado esa tarde con Carlos (otra vez, lo cual me fastidió un poco, pues tenía ganas de pasar la tarde con ella) y meter el primer bikini que pilló en una bolsa. Antes de que saliese por la puerta, la cogí por la cintura y la puse contra la pared con fuerza, pero sin hacerla daño. Llevando una mano a su cuello le di un morreo bestial a la vez que la acariciaba el culo con la otra. Bajé al cuello y poco a poco empecé a subir dándole besos hasta llegar a la oreja, pues sabía que eso la derretía y quizás tenía suerte antes de que se fuera. Cuando cerró los ojos y empezó a gemir suavemente mordiéndose el labio supe que ya la tenía en el bote. Metí una mano por delante del pantalón y bajando lentamente llegué hasta su coñito, que para entonces ya estaba completamente encharcado. Sara siempre ha sido de excitarse rápido con unos cuantos besos, lo cual me encanta. Pero cuando fui a desabrocharle el pantalón para tener mejor acceso, me separó empujándome un poco.

- Para, para, que me tengo que ir, no seas malo. Sabes que esto es para mi futuro como actriz.

- Bueno, pero no te olvides de mí, eh? No llegues muy tarde hoy y te doy más de esos besos – dije dándole un azote en el culo.

- Trato! Esta noche te compenso! – Dijo guiñándome un ojo a la que salía por la puerta.

Sara llegó a casa de Carlos y este le abrió la puerta ya en bañador y sin camiseta. La gorda tripa le caía por encima del bañador cubriéndole buena parte de este. Su pálido cuerpo estaba cubierto por una fina capa de sudor y jadeaba un poco, como si hubiese intentado correr para abrir la puerta.

- Ho…hola, bienvenida a mi casa.

- Hola! Muchas gracias – contestó Sara acercándose a darle dos besos en las mejillas, quedándose la cara pegajosa por la mezcla de sudor y crema solar.

- Así es como saludas a tu novio? – dijo Carlos medio bromeando, que ya empezaba a soltarse con Sara cuando estaban solos.

- Jo, es verdad, se me sigue olvidando que tenemos que actuar como si fuésemos novios fuera de clase. Ven aquí. – Y le plantó un beso en los labios a la que entraba en la casa – Dónde está el baño que me tengo que cambiar?

- Segunda puerta a la derecha – contestó Carlos tocándose los labios, como si no se creyese todavía que Sara le besase solo con pedírselo.

Sara entró en el baño y sacó el bikini de la bolsa. ‘Mierda’ pensó, ‘tenía que haber mirado bien cual coger antes de salir de casa’. Era un bikini que le había regalado yo el año pasado antes del verano que apenas cubría nada. La parte de abajo era tipo tanga y esa si se la había puesto varias veces para tomar el sol, pero la de arriba eran dos pequeños cuadrados semitransparentes que apenas le cubrían los pezones y estaban unidos únicamente por dos tiras horizontales, sin nada que los sujetase en los hombros. Cuando se lo abrochaba le juntaba las tetas de una forma que me volvía loco.

La única vez que lo llevó puesto fue una vez que estuvimos de vacaciones en una playa de Canarias donde nadie nos conocía y la convencí para que se lo pusiera. Yo me pasé el día excitadísimo viendo lo buena que estaba y como acaparaba las miradas de todos los hombres de la playa. Incluso hubo un par que se acercaron a tontear con ella cuando yo me fui a dar un chapuzón, pero ella les dio largas rápidamente. Ella dice que no le gustó mucho la experiencia, pero cuando volvimos a nuestro hotel me tiró contra la cama y sin preliminares ni nada se hizo el tanga a un lado y se clavó mi polla de un tirón. Parecía una fuente ahí abajo, por lo que supongo que también estaba bastante excitada. Fue uno de los mejores polvos de mi vida, viendo cómo me cabalgaba con el bikini todavía puesto y su carita enrojecida por la excitación.

Bueno, que me desvío. Se puso el bikini y mirándose al espejo se volvió a excitar al acordarse tanto del polvazo que echamos aquella vez, como del morreo que le di antes de salir de casa. ‘Es que es demasiado provocativo, le va a dar un infarto a Carlos como me lo vea puesto’, pensó a la vez que inconscientemente se sobaba las tetas como lo había hecho yo aquel día cuando la tenía encima. Su excitación fue poco a poco en aumento hasta el punto que empezó a rozarse el clítoris por encima de la tela cuando justo llamaron a la puerta.

- Todo bien?

- Si, si! Lo siento, es que me he equivocado al coger el bikini y me da vergüenza salir así. No tendrás uno de tu madre o algo que me puedas prestar no?

- No, lo siento. Mi madre está bastante más gorda que tú y no te quedaría bien ninguno de sus bañadores. Y por qué te da vergüenza? Con tu novio te daría vergüenza llevarlo?

- No, claro que no, pero no me gusta que otros me vean así de provocativa.

Carlos, que ya estaba empezando a excitarse imaginándose como de atrevido sería el bikini solo atinó a contestar – Bueno, pero no estás aquí con más gente, solo yo, y ahora mismo es como si fuera tu novio así que no tienes por qué tener vergüenza.

‘Tiene razón’ pensó Sara, ‘de perdidos al rio’ y abrió la puerta del baño. A Carlos casi se le desencaja la mandíbula al verla. No podía apartar la vista de su escote y la forma en la que el bikini le apretaba las tetas, haciendo que se sobresaliesen tanto por arriba como por debajo de la diminuta tela. Y cuando Sara dio una vuelta sobre si misma haciendo una floritura casi se desmaya al ver ese culo redondo y perfecto apenas cubierto por una fina tira, pues el tanga era de esos de tiro alto por encima de la cintura.

- Me queda bien?

- Joder, eres perfecta – dijo balbuceando.

- Jiji, que mono eres. Anda vamos a la piscina.

- Ve yendo tú, yo tengo que entrar un momento al baño – dijo Carlos, al que ya se le empezaba a notar una incipiente erección.

Carlos pensaba hacerse una paja rápida con la imagen de Sara aún grabada en la retina para no estar empalmado toda la tarde delante suyo, pero lo que no esperaba era encontrar la ropa que Sara se acababa de quitar guardada en una bolsa. Sin poder resistirse buscó dentro de la bolsa hasta que encontró la ropa interior. Las braguitas eran tipo culotte, que aunque un poco más discretas que el bikini, no dejaban de ser muy sexys. Con dedos temblorosos las fue desenrollando poco a poco hasta que estuvieron completamente abiertas. Tenían una mancha de humedad en la parte de abajo y desprendían un fuerte aroma a excitación que volvió loco a Carlos. Sin pensar lo que hacía se las llevó a la nariz y aspiró fuerte. ‘Ufff, no sabía que las chicas oliesen así de bien ahí abajo’ pensó poniendo los ojos en blanco.

Apenas le dio tiempo a sacarse la polla del bañador con mucha dificultad de lo dura que estaba y sacudírsela un par de veces antes de correrse como un animal por todo el lavabo, llegando incluso a manchar el espejo. De la sensación se tuvo que apoyar con ambas manos en el lavabo para no caerse. ‘Mierda’ pensó cuando se repuso y se dio cuenta que se había pringado las manos de semen, en una de la cuales aún tenía las braguitas de Sara. Como pudo se limpió los grumos de las manos con las braguitas y las volvió a meter en la bolsa, ‘ya se secarán’ pensó. Acabó de limpiar el resto del baño con papel y agua y salió a la piscina, donde se encontró a Sara de espaldas doblada por la cintura y dándose crema por sus largas y torneadas piernas. ‘Joder, me acabo de correr y ya me voy a volver a empalmar…’

- Justo a tiempo! Me puedes echar un poco de crema por la espalda que no llego? – dijo Sara a la vez que se tumbaba boca abajo en una tumbona. Carlos apenas podía desviar la mirada de su culo embobado. – Venga, que al final me quemo – dijo ella meneándose y haciendo que el culo se moviese de un lado a otro como un péndulo hipnótico.

Carlos se echó crema en las manos y empezó a extendérsela por los hombros. De vez en cuando se le escapaban miradas furtivas al fantástico culo de Sara. Tenía la forma perfecta, redondito y sin un atisbo de celulitis, y quedaba perfectamente enmarcado por las tiras del tanga. Poco a poco fue bajando por la espalda hasta llegar a la cintura. Dudó un poco, pero armándose de valor le plantó sus manazas, una en cada cachete del culo, y empezó a sobárselo y estrujarlo con la excusa de estar echándola crema.

- Oyeee, que te he pedido solo por la espalda! En el culo ya me puedo echar yo!

- Ups, lo siento, es que me sobraba un poco de crema y no sabía dónde ponerla – se inventó Carlos – y no quiero que se me queden las manos pringosas y me resbale saliendo de la piscina. Tengo un amigo que se rompió los dientes por culpa de eso.

- Vaya, no había pensado en eso. Puedes continuar entonces, no quiero que por mi culpa te pueda pasar algo así.

Carlos cada vez se daba más cuenta de lo ‘inocente’ que era Sara y que básicamente se tragaba cualquier cosa que le dijese, así que continuó sobándole un rato el culo hasta que las manos se le quedaron secas. Cuando acabó se acomodó la polla pues estaba de nuevo empalmado y levantándose dijo – me voy a dar un chapuzón.

Sara, que obviamente notó la erección de Carlos a través del bañador (como para no hacerlo, con el tremendo pollón que tenía) pensó que se iba por la vergüenza de estar empalmado. ‘Juer, como puede seguir tan tímido, si ayer básicamente le hice una paja y me tragué su semen, voy a tener que emplear medidas más drásticas para que se suelte conmigo’, y se lanzó al agua detrás de Carlos. Cuando lo alcanzó, apoyó ambas manos en sus hombros e intentó hacerle una ahogadilla, obviamente sin mucho éxito dada la diferencia de peso entre ambos.

- Qué haces?

- Pues jugar un poco como haría con mi novio, tonto. Estamos en una piscina, no? Vamos a pasarlo bien! – dijo salpicándole en la cara y aprovechando que se quedó momentáneamente ciego para volver a lanzarse sobre él y agarrarse a su espalda como una lapa mientras le seguía echando agua en la cara. No era muy agradable sentir la capa de pelos grasientos que Carlos tenía en la espalda rozándose con su cuerpo, pero Sara estaba comprometida a que se sintiese a gusto con ella y que perdiese su timidez.

Carlos se hundió en el agua para huir de las salpicaduras, pero Sara no se soltó y se hundió con él. No se lo iba a poner tan fácil, a fin de cuentas era capaz de aguantar la respiración bastante tiempo (como ya descubriréis más adelante). Lo que no sabía es que Carlos también era capaz de aguantar la respiración varios minutos, pues había estado practicando desde pequeño en esa misma piscina. Cuando Sara empezó a quedarse sin aire tuvo que soltarle y volver a la superficie.

- Jaja, tu ganas! – dijo quitándose el agua de los ojos. Pero lo único que vio fue a Carlos flotando bocabajo.

- Carlos, estás bien? – dijo tocándole el hombro - Carlos! – chilló cuando vio que no respondía.

Intentó sacarle la cabeza del agua pero pesaba demasiado. Justo cuando estaba a punto de gritar para pedir ayuda, Carlos saltó del agua con una sonrisilla gritando – Buhhh!

- Ahhh! – dijo llevándose las manos al pecho - Mierda, que susto me has dado, creí que te habías muerto! No vuelvas a hacerlo! – dijo casi chillando.

A Carlos se le borró la sonrisa de golpe

- Perdona… solo estaba jugando.

Al ver la cara de pena de Carlos, a Sara se le pasó el enfado de golpe, a fin de cuantas se sentía contenta de que empezase a hacer bromas con ella – Lo siento, no tenía que haber levantado la voz. Pero no vuelvas a asustarme así, eh? – Y con una sonrisilla, le echó otra vez agua en la cara a la vez que se lanzaba para agarrarle.

Esta vez Carlos estaba preparado y la cogió casi al vuelo de la cintura antes de que pudiese agarrarse a él. Al hacer fuerza para sujetarla, su sebosos dedos se hundieron en la zona de los riñones.

- No, no! Cosquillas no, suéltame! – dijo retorciéndose como una lagartija.

Pero Carlos no pensaba parar. Las tetas de Sara se meneaban hacia todos lados con cada movimiento que hacía intentando zafarse de sus garras, ofreciéndole una vista inmejorable. De vez en cuando se le ‘escapaba’ alguna mano rozándole las tetas o el culo. En un momento dado, Sara aprovechó un momento de respiro para darse la vuelta e intentar huir. Pero Carlos estuvo más rápido y agarrándola de las piernas la volvió a acercar hacia él, con tan mala ‘suerte’ que el culo de Sara chocó con su polla.

Ambos se quedaron quietos al instante. Sara de la impresión por la confianza que se estaba tomando Carlos, y él con miedo esperando la reacción de Sara. Para disimular, Carlos comenzó a hacerle cosquillas de nuevo, la única diferencia es que esta vez cada vez que Sara se retorcía, su culo se frotaba con su polla, que estaba tan dura que parecía que iba a explotar.

‘Joder, que duro está. El pobre necesita una novia de verdad urgentemente’ pensó Sara sin dejar de retorcerse ‘aunque por lo menos parece que ya empieza a soltarse’. Como no veía forma de que dejase de hacerla cosquillas y la soltase de una vez, solo se le ocurrió hacer lo que hacía con su hermano mayor cuando quería que dejase de molestarla, y pasando la mano por debajo de su cuerpo exclamó:

- Ahora verás! – Y sin que Carlos se lo esperaba le agarró la polla con fuerza a través del bañador.

Carlos por fin la soltó, más que del dolor, de la impresión de que le estuviera cogiendo de la polla.

- Jiji, ya sé tu punto débil!

Su intención había sido únicamente agarrarle el miembro para que la soltase y salir nadando, pero una vez la tuvo en la mano no pudo evitar masajearla un poco de arriba abajo. Nunca se acostumbraría a tener en sus manos un pene tan grande. ‘Que pena que sea tan feo el pobre, que semejante herramienta se eche a perder…’ Cuando se dio cuenta de que se había pasado más tiempo del absolutamente necesario agarrándole la polla, la soltó de golpe y dándose la vuelta empezó a nadar hacia el borde opuesto de la piscina.

- A que no me pillas! – dijo por encima del hombro.

Carlos tardó un poco en volver a la realidad. Pero en cuanto se repuso salió pitando detrás de ella. La alcanzó justo cuando tenía medio cuerpo fuera a punto de salir de la piscina. No se lo ocurrió otra cosa que agarrarla de la tira del tanga para que no saliera, haciendo que este comenzara a bajar poco a poco, dejándola con el culo al aire.

- Ay! – dijo Sara, que no tuvo más remedio que tirarse de vuelta al agua para evitar quedarse desnuda en la parte de abajo. Carlos aprovechó para poner ambos brazos a cada lado de ella encerrándola contra el borde de la piscina.

- Ya no te escapas!

Estaban en la parte más profunda y aunque Carlos seguía haciendo pie al ser más alto, ella tuvo que agarrarse a sus hombros para no hundirse. A Sara la situación le recordó al momento que tuvimos antes en nuestra casa, conmigo atrapándola contra la pared. Aunque la situación era obviamente diferente, pues esta vez sentía la tripa de Carlos aplastándola, el calor se le subió a la cara, dándole un tono rojizo a sus mejillas que la hacía parecer más guapa aun si cabe. Carlos no se aguantó más y se lanzó a besarla.

Sara abrió mucho los ojos de la sorpresa, pero no podía apartarse al estar atrapada contra la pared, por lo que le dejó hacer. Al principio intentó mantener la boca cerrada, pero ante tanta insistencia de Carlos acabó abriéndola y permitiendo que la lengua explorase dentro de su boca. Aunque aún distase mucho de ser un beso perfecto, pues había demasiadas babas para su gusto, tuvo que reconocer que había mejorado mucho desde su primer beso.

Cuando por fin Carlos se apartó, se quitó las babas de la boca con el dorso de la mano y aun un poco turbada preguntó:

- Oye, a que ha venido eso?

- No sé, había pensado que podíamos aprovechar para seguir practicando los besos como ayer.

Sara no estaba muy segura. No le había gustado nada que no la preguntase primero si podía besarla y pensaba parar con todo esto antes de que se le fuese de las manos.

- Recuerda que para la obra tendremos que actuar como si lo hubiésemos hecho cientos de veces y no queremos decepcionar al profe, no? – añadió Carlos intentando convencerla.

Sara lo pensó un momento. La verdad es que Carlos por fin parecía que se estaba soltando y aunque había mejorado todavía le quedaba por aprender. Además, así se iban conociendo mejor y tenían mejor compenetración, lo cual significaba que la obra saldría mejor y seguro que ganaba algún contrato. Todos salían ganando no? Si tenía que hacer de tripas corazón y aguantar sus besos un rato por mucho asco que le diese todo era por un buen fin.

- Vale, pero solo besos eh? Hoy no has hecho nada para ganarte otra cosa – Y sin más puso los morritos hacia fuera y acercó sus labios a los de Carlos, que con una sonrisilla de autosuficiencia se lanzó a comerle la boca.

Sara intentó ponerle un poco de freno y hacer de la situación un momento de aprendizaje, por lo que de vez en cuando le iba dando instrucciones.

- Un poco más lento, recuerda como te enseñé.

- No intentes meter la lengua todo el rato en mi boca, deja que se encuentren en el medio.

- Muérdeme el labio ligeramente.

Como seguía sin tocar pie, le rodeó con las piernas para estar más cómoda. Con lo que no contaba (o quizás sí) es que la polla de Carlos, dura como una estaca, quedase justo a la altura de su coño, que a estas alturas estaba ligeramente hinchado y húmedo de la excitación que llevaba Sara de todo el día.

Siguieron besándose y Sara comenzó a ponerse cada vez más cachonda sintiendo como la polla le rozaba desde el coño hasta más arriba del ombligo. No entendía que la pasaba, sentía un repelús bastante grande hacia Carlos, pero no podía negar que cada vez estaba más excitada. Además, Carlos iba mejorando cada vez más con los besos, y si cerraba los ojos casi podía imaginarse que era yo el que la besaba. Por un instante pensó en mí, pero solo para echarme la bronca mentalmente y decidir que todo esto era mi culpa por haberla puesto cachonda antes de salir de casa. Sin siquiera darse cuenta comenzó a mover las caderas ligeramente buscando más contacto entre sus genitales. Carlos notó el cambio y aprovechó el momento para cogerla del culo y estrujárselo bien.

- Así también es como juegas con tu novio en la piscina? – dijo con un poco de sorna.

- Si, si, esto son cosas normales de novios. Solo lo hago para enseñarte. – dijo Sara con los ojos cerrados y frotándose cada vez con más energía.

Ni en sus mejores sueños se había visto Carlos en una igual. Tenía a la tía más buena que conocía subida encima suyo frotándose con su polla a la vez que la metía la lengua hasta la garganta. Jamás en su vida había estado tan cachondo. A pesar de que no se estaba tocando directamente sentía que en cualquier momento se podría correr, y así se lo hizo saber.

- Mierda me voy a correr otra vez. – dijo Carlos temblando.

- Qué? Nooo – ‘Joder, que no se corra ya, todavía me falta un poco a mi’ pensó fuera de si, a la vez que se frotaba con mas fuerza buscando su propio placer, ‘y como que otra vez? Cuando se ha corrido antes?’

- Tienes razón, no puedo correrme en la piscina, si lo nota mi padre me mata – dijo separándola.

- Cómo? No me refería a eso.

- Mejor continuamos fuera – dijo ignorándola y casi arrastrándola hacia fuera de la piscina. – Crees que podrías hacerme acabar como el otro día? Así te sigues acostumbrando al tamaño de mi polla. Ya sabes, por si el profe nos hace alguna pregunta.

- Espera, espera – dijo Sara, que se daba cuenta que se había dejado llevar y le daba vergüenza que Carlos notase lo excitada que estaba y había tenido una idea. – por qué no te sientas aquí al borde de la piscina en la zona que no cubre? Esto lo hice una vez con mi novio en una piscina de noche y siempre he querido repetir. Quítate el bañador.

Carlos no tardó ni 5 segundos en quitarse el bañador y arrojarlo al agua, donde se quedó flotando. Cuando se sentó, se tuvo que recostar hacia atrás apoyándose en sus codos para que su abultada tripa no le cubriese la polla. Estaba emocionado porque pensaba que iban a hacerle su primera mamada, pero Sara tenía otras ideas en mente.

- Hawk tuah! – Sara escupió sobre su pene para lubricarlo, lo extendió un poco con las manos y sin más miramientos se la introdujo por debajo del bikini entre sus tetas y empezó a frotarlas de arriba abajo por todo el tronco. Las tiras del bikini mantenían sus tetas juntas sin tener que usar las manos por lo que aprovechó para meter una mano por dentro de su tanga y disimuladamente frotarse su inflamado clítoris. La otra la llevó a los huevos y los empezó a acariciar como si estuviera estrujando una pelota de esas antiestrés, pero con mimo.

Carlos no podía apartar la vista de lo que hacía Sara. La tela del bikini se movía de arriba abajo amenazando con mostrar sus empitonados pezones en cualquier momento. De vez en cuando dejaba caer un hilo de saliva para seguir lubricando la zona, y que no hiciese resistencia al subir y bajar. Sus mejillas estaban rojas, no sabía si por el esfuerzo o si también estaba excitada, pero la hacían parecer la mujer más sensual del planeta, sobre todo cuando se mordía los labios a la vez que le miraba la polla, le hacía sentirse poderoso y orgulloso de tener un miembro tan grande.

La cabeza de Sara era un remolino de emociones. La verdad es que Carlos no le ponía nada, pero tenía que admitir que tener semejante pene para sí misma y ser la primera vez para la mayoría de las cosas de Carlos era bastante excitante. Cada vez se iba dejando llevar más y ahora la polla le golpeaba la barbilla cada vez que bajaba. La siguiente vez que miró hacia abajo y vio ese pene de dimensiones casi grotescas acercarse hacia su cara no pudo evitar sacar la lengua y dale un lametazo al glande.

- Aghhh. Si, me tienes a punto, me voy a correr yaaa… Recuerda que no se puede manchar la piscina.

Sara estaba a punto de correrse también. Para disimular los gemidos que se le escapaban se metió el glande en la boca, así mataba dos pájaros de un tiro y evitaba que se manchase la piscina, pensó. Ya no podía moverse tan libremente de arriba abajo, pero lo intentó compensar moviendo la lengua frenéticamente por el frenillo a la vez que le estiraba las pelotas. La otra mano había pasado directamente a meterse dos dedos dentro de su vagina buscando el punto g a la vez que se frotaba el clítoris con el pulgar. ‘Ufff, va a ser grande’ pensó a la vez que se le empezaron a tensar todos los músculos del cuerpo.

Justo cuando estaba a punto de liberar toda la energía acumulada durante esa tarde y correrse como nunca lo había hecho antes, se oyó el claxon de un coche y la puerta del garaje que estaba justo al lado de la piscina comenzó a abrirse.

- Mierda, mis padres!

Continuará…