Xtories

Inesperado

Tu cita es un sueño, pero la mirada del hombre de la mesa de al lado te despierta de golpe. En cuanto se aleja, él se acerca, te toma del brazo y te lleva a un lugar donde el riesgo y el deseo se funden en un solo instante prohibido.

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Estás en una cafetería, sentada a una mesa con tu última cita de Tinder. Preguntándote como no

te diste cuenta por chat de lo aburrido que era este tipo. Ya llevas un rato que le miras y

asientes sin ni siguiera saber de que está hablando. Afortunadamante solo le interesa escucharse

a sí mismo y no te pregunta ni le interesa tu opinión.

Te entretienes observando al resto de gente de la cafeteria. Te fijas en una pareja en la mesa

contigua. Ves a la chica de perfil, pero el aburrido te tapa al hombre que la acompaña. Solo ves

sus manos de vez en cuando al gesticular. No puedes escuchar de que están hablando, pero por cómo

la ves sonreir y mirar a su acompañante, sabes que se lo está pasando mucho mejor que tu. Bueno,

imaginas que cualquiera en la cafeteria se lo está pasando mejor que tú. Salvo quizás el aburrido.

Cuanto más ves divertirse a la chica, más curiosidad tienes en su pareja. Empiezas a inclinarte

disimuladamente para intentar verlo. Te mueves un poco en la silla y consigues alcanzar a verle

un poco según se mueve el aburrido al hablar. Sí, sigue hablando.Barba recortada, poco pelo, parece

alto y fuerte. Ojos marrones. Lo sabes porque te ha pillado mirándole. Y cómo te ha mirado. Ese

segundo hasta que te has ocultado con el aburrido ha hecho que se te erice la piel. Estás entre

las ganas de volver a verlo, y el corte de que te pille otra vez. Y te vuelva a mirar.

El aburrido se levanta. Parece que te ha dicho que va al baño, pero no te has enterado.

Ahora nada se interpone entre tu y ese hombre. Disimulas moviendo la cucharilla en el café, pero

al final tienes que levantar la mirada y ves que te está observando. Directamente, sin disimulo.

Te analiza. Te desea. Su pareja parece no notarlo. Sigue alegre y entusiasmada. El hombre alterna

unas cortas miradas de asentimiento a su pareja con otras intensas hacia ti, mientras dibuja o

escribe en una servilleta como si no pasara nada.

No sabes qué te pasa. Estás a la vez interesada, incómoda, halagada y para tu sorpresa, también te

estás calentando bastante. Poco a poco, pero sin pausa. Pareces una quinceañera ausustada frente al

chico que le gusta. Hacía mucho que no te sentías así. Deseada. Viva.

De repente el hombre se pone de pie. Avanza hacia ti. Casi tiras el café. Pero pasa tu lado rozándote

el hombro. El roce es como si hubieras metido el dedo en un enchufe. Se te ha puesto la piel de gallina.

Hay una servilleta doblada en la mesa. No te has dado cuenta de como la ha puesto ahi. La abres,

nerviosa y lees. "Te espero en el servicio de caballeros". Tu corazón da un vuelco. Te tiembla la mano.

Y justo es ese momento vuelve el aburrido. Cuando piensas que todo el local te está mirando porque

se ha dado cuenta de como tu estado, él se sienta y sigue con esa sonrisa vacía.

No sabes qué hacer. Nunca te habías atrevido a ni siquiera imaginar que estarías en esta situación.

Quieres ir. Deseas ir. Aún oyes esa lejana vocecita que te advierte de que es una locura. Que tú

no eres así. Pero algo calla esa voz. Y casi sin darte cuenta y sin saber muy bien cómo, te has levantado

y vas hacia los servicios.

Llegas a la puerta y cuando acercas la mano, la puerta se abre, te agarran del brazo, te meten dentro

y oyes el cerrojo. Sin mediar palabra, el hombre te pone la mano en la nuca, te acerca y te besa

intensamente. Su otra mano te agarra del culo y te apriete a el. El morbo de la situación, sus besos,

sus manos...Eres incapaz de controlar el caudal de emociones que sientes. Lo único que tienes claro es

que no quieres parar.

Te gira y te lleva hasta el lavabo. Apoyas las manos par no chocarte, y el te sube la falda por encima

de la cintura, se agacha para quitarte el tanga, y aprovecha para morderte una nalga. Posiblemente te

quede marca. Ojalá te quede marca.

En el espejo puedes ver su cara, como sigue mirandote a los ojos mientras se desabrocha el cinturón,

luego el pantalon y separa tus piernas con su pie derecho. Su mirada no espera tu aprobación, sabe

que lo deseas tanto como él. Lo hace todo de forma metódica, seguro de sí mismo. Y tu no puedes sino

inclinarte y sacar un poco el culo para facilitar su tarea, lo que parece que le saca

una media sonrisa. O quizás lo has imaginado.

Sin dejar de mirarte por el espejo, acerca su polla a tu vagina. Sientes el primer roce, el primer

centímetro. Parece que solo está comprobando lo mojada que estás. Y estás tan mojada... Y entonces de

repente te la mete por completo. Con un golpe seco, rápido. Más que gritar, te deja sin aliento. Se

detiene dentro de ti dos segundos. Le miras suplicante, y entonces comienza a follarte salvajemente.

Sus manos en tus caderas, te sujetan mientras las suyas se mueven de alante atrás, empotrandote contra

el lavabo. Es todo tan salvaje, tan sexual. Solo puro deseo animal entre los dos. El único destello

de lucidez que te queda, te obliga a morderte los labios para no gritar, aunque lo que el cuerpo te

pida sea gritar tanto que te oyeran en toda la cafetería y en los comercios de alrededor.

Pierdes el sentido del tiempo, solo notas como te folla sin parar. En parte quieres correrte pero en

parte no quieres que esto se acabe nunca. En un momento una de sus manos deja tu cadera y se mueve

hacia el centro. Antes de que te des cuenta, ha metido la llema de su dedo en tu ano. No lo esperabas.

Como no esperabas el orgasmo que te atraviesa de punta a punta cuando se junta el placer en tu vagina

con la invasion de su dedo. Nunca te habías corrido así. Te sientes como un muñeco de trapo, si los

muñecos fueran capaces de sentir semejante placer. Porque el hombre a pesar de todo sigue a su tarea,

a pesar de que es imposible que no haya sentido tu orgasmo. Solo cuado te flaquean literalmente las

piernas y piensas que si no fuera por el lavabo y por su polla dentro de ti estarías en el suelo, el

la saca. Y como si fueras ese muñeco de trapo, te gira, te agarra, te levanta y te sienta en el lavabo.

Y sí, te la vuelve a meter.

Ahora ya no está el espejo entre los dos. Os veis cara a cara, aliento contra aliento. Te folla con la

misma intensidad que antes, pero tu ya no eres la misma que antes. Posiblemente nunca volverás a serlo.

Te besa, te muerde el cuello, y una mano entra bajo tu camiseta y bajo tu sujetador. Otra vez una

combinación de sensacines. Tu vagina y tu pezón, conectan y notas que vas a tener otro orgasmo. Ahora

tu cuerpo ya lo ve venir. Y justo cuando te llega, notas como el se corre tambien. Sientes como se

vacía dentro de ti, y te corres también. Es la primera vez que te corres a la vez con alguien. Es tan

increible e intenso como habias pensado.

Sigue dentro de ti hasta que termina. Se da unos segundos para recuperar el aire y te planta un beso

en la boca tan intenso como todo lo que habéis hecho hasta ahora. Sale de ti y te ayuda a bajar del

lavabo. Te empiezas a dar cuenta de donde estas y entras en un cubiculo para coger papel y limpiarte

mientras él se abrocha el pantalón. Apenas has cogido el papel cuando oyes la puerta. Te giras y no

puedes creer que se haya ido y te haya dejado así. Te limpias un poco y te acercas al espejo. Te arreglas

el pelo y la ropa par volver, pero hechas algo en falta. Tu tanga no aparece. No puedes alargarlo más.

Tienes que volver. Y en parte te gusta la sensación. Te sientes distinta a la mujer que metieron en el

baño hace unos minutos. No puedes creer que sólo hayan pasado unos minutos.

Vuelves a la mesa y ahí sigue el aburrido. Mirando el móvil. Con esa cara de simple, te sonríe mientras

te sientas. No sin ver antes como el hombre está en la mesa con su pareja como si no hubiera pasado nada.

Si ya estabas en una nube, ahora aún estás mas descolocada. Si no fuera por el frío que notas bajo la

falda, incluso podrías pensar si lo habías imaginado, más aún cuando la pareja se da un pico y se levantan

para irse, tan contentos.

Con la boca medio abierta ves como el hombre la deja pasar y la acompaña con el brazo como un auténtico

caballero. Cuando ella ya está prácticamente fuera,el se gira te mira y sonríe. Levanta un puño y te

hace el gesto de escribir, como cuando se pide la cuenta. Ves que lleva algo en la mano. La abre ligeramente

y reconoces tu tanga. Mientras sale de la cafetería, notas como te sonrojas y bajas la mirada. Ves una

servilleta de papel en la mesa. Como con la que te invitó al baño. Pero no puede ser, estás segura de

haberla guardado. La abres con disimulo, y también está escrita.

"Pasado mañana,19.30h. Calle Mayor, 13".