Mi vida. Resplandores y tinieblas (6)
Juliana estaba a punto de cruzar el océano, pero su corazón la retuvo. Ahora, entre el miedo a la pérdida y la necesidad de estar presente, Facundo descubre que las clases de inglés son solo el pretexto para algo mucho más profundo.
Mi vida. Resplandores y tinieblas
Capítulo 5. Mi vida se ilumina
Primera parte.
Presioné el botón y la puerta se abrió, entró y la cerró luego, caminé hasta la entrada como cada día, nos saludamos con un beso en la mejilla, y en ese momento decidí que no le preguntaría por su decisión, sabía que ella misma me lo contaría.
Con el termo y el mate en la mano, caminamos hasta la sala del fondo, y antes de sentarnos, de su cartera sacó un paquete de bizcochitos de grasa, fieles compañeros de los mates amargos.
No quería ir directo a lo que necesitaba saber, que no era otra cosa que su decisión de aceptar ese cargo, el que tanto deseaba, e irse a Brasil. Si así fuera, creo que no volver a verla sería más duro para mí, de lo que podría reconocer.
Ya no tenía dudas, me había enamorado de ella como nunca antes en mi vida.
Le pasé el mate y luego del primer sorbo dijo:
-Qué fácil es acostumbrarse a las vacaciones…
-Tal cual… ¿Cómo está tu papá?
-Y… ahí… igual… pero con un ánimo que no sé de donde lo saca, la verdad…
Según me había contado en nuestras conversaciones en inglés, a su padre le había descubierto un cáncer de colon hacia unos años, lo habían operado y tratado, pero hacía casi en año, el cáncer había vuelto a aparecer, y ese era el motivo por el que cada fin de semana se iba a Chivilcoy, salvo que tuviera algún compromiso con amigos, algún cumpleaños o algo así.
No sabía cómo abordar el tema, pero la ansiedad me tenía hasta nervioso, necesitaba, si, necesitaba que me contara su decisión, si se iría a vivir a Brasil y dejaría de verla.
Entre mate y mate hablamos de otras cosas, hasta que me devolvió el mate y me dijo:
-Facundo, esta será la última semana que vengo a las clases, me doy cuenta que he mejorado mucho, cada vez me hacés menos correcciones… porque…
Y se me estrujó el pecho, ¿dejaría de venir por que se iba a San Pablo? Y la angustia me ganó el alma.
-Finalmente decidí que voy a dejar la empresa, no voy a aceptar el cargo ni irme a Brasil…
Creo que se me debe haber notado el alivio en la cara, el corazón se me aceleró, y la miré expectante, dejándola terminar.
-Lo estuve pensando estos días en casa, varias son las razones para desestimar ese cargo al que tanto quería llegar, pero dos de ellas son las que han inclinado la balanza… y me decidí a seguir aquí… La primera, la salud de mi papá… no es lo mismo estar a dos horas y media en auto, que estar a dos mil y pico de kilómetros… no sé que puede suceder con su salud y quiero estar cerca… por él y por mamá, si la salud de papá se complica, no quiero dejarla sola… mi hermano es distinto, apenas si va a verlo cada dos o tres meses…
-Te entiendo, creo que en tu lugar lo sentiría igual, quisiera estar cerca.
-Quedarme aquí es como un término medio, en Chivilcoy las posibilidades de un buen trabajo son muy pocas, pero aquí o en Buenos Aires es diferente…
-Claro… estoy seguro que con tu formación y tu experiencia conseguirás trabajo…
-Eso espero… Con lo que tengo ahorrado no creo que pueda subsistir más de dos meses…
-Algo saldrá… ya vas a ver…
Había dicho que dos razones habían inclinado su balanza, la salud de su padre, perfectamente entendible, pero, ¿y la segunda? Definitivamente no se lo preguntaría, que fuera ella quien lo expresara, si es que era su deseo.
-Y la otra razón… bueno la otra es algo más personal… tiene que ver conmigo… con lo que me pasa… sin buscarlo, ni esperarlo… los sentimientos que tengo por una persona, también influyeron en mi decisión… nada a pasado… es más, ni sé si pasará… pero bueno… sentí que tenía que quedarme… dentro de mí, algo me dice que así tiene que ser… puede que me equivoque, pero bueno… quise hacerle caso a mi corazón esta vez… puede resultar o no… supongo que será cuestión de tiempo…
Escuchar eso también fue un golpe en el pecho, que los sentimientos por esa persona, hayan influido en su decisión de quedarse, significaba que esos sentimientos tenían un peso importante en su vida.
-Está muy bien… muchas veces ponemos por delante la razón, lo que nos conviene, lo correcto, lo esperable, que sé yo… pero a veces el corazón nos pide algo a los gritos, jugarnos por eso que sentimos… y bien lo decís, puede salir bien o no… pero vale el intento… creo que de eso se trata vivir…
-Tal cual… pero bueno… ya veré como resulta… toca replantear muchas cosas…
Quizás fuera un compañero de trabajo, un amigo, algún conocido, o hasta una mujer, nada se yo de sus preferencias de pareja, ese era un tema del que nunca habíamos hablado, tan solo había dicho en alguna conversación que era soltera y que no estaba en ninguna relación.
Cuando quisimos acordar, la hora había pasado, y a las ocho de la noche, la acompañé hasta la puerta y nos despedimos como cada día con un beso en la mejilla.
Mientras apagaba las luces, juntaba mis cosas y cerraba el instituto, no pude dejar de pensar en esa conversación, en resumidas cuentas, me había dado una noticia buena y una mala, no se iría a vivir a Brasil, pero había alguien por quien tenía sentimientos tan importantes, que habían pesado en su decisión.
Las clases de esa semana, fueron casi como las demás, solo que conversamos de su futuro laboral, que podría estar aquí o en Buenos Aires, ya que se había acostumbrado a viajar hasta allí a diario, y seguramente, habría más posibilidades de conseguir un nuevo trabajo que en La Plata.
Llegó el viernes, día de su última clase, por un lado, quería que se hicieran las siete para volver a verla, pero por el otro, imaginaba que quizás fuera la última vez y cierta angustia me invadió.
A las siete en punto, como cada clase, sonó el timbre, abrí la puerta y entró, como siempre, con su ropa de trabajo.
Nos saludamos, y de camino a la sala del fondo le dije:
-Bueno Juliana…, última clase…
-Sí… lo voy a extrañar, la verdad…
-¿Te vas a Chivilcoy el finde?
-Sí, pero no tan temprano como siempre, se me rompió el lavarropas y el único día que puedo estar en casa es el sábado, así que el técnico va mañana a eso de las diez y media, once, si no lo puede arreglar en casa, se lo va a llevar.
Ya sentados en el escritorio, frente a frente como siempre y mateando, le dije:
-Hoy, por ser la última clase, nos vamos a salir un poco de programa, y tan solo conversaremos…
Todo esto se lo decía en inglés.
-En primer lugar, me gustaría darte una devolución, algo así como una calificación por tu desempeño en estos meses…
-Me parece bien!
-Juliana, tengo que decirte que como alumna has sido ejemplar, lo has hecho muy bien, la diferencia entre esas primeras clases y ahora, es notable, has sido muy aplicada, has tomado cada corrección y has mejorado sustancialmente tu inglés, tanto escrito, como leído y también tu oralidad, logrando conversaciones fluidas con un altísimo grado de excelencia, si te tuviera que calificar con nota, sin dudas sería un diez!
-Gracias Facundo! Te juro que le puse todo el empeño!
-Lo sé… pude verlo! No puedo más que felicitarte por tu dominio del idioma!
-Bueno… he tenido un excelente profesor!
-Gracias, sinceramente, la enseñanza de inglés es mi pasión, trato de hacerlo lo mejor posible!
-Y siendo tan joven, además! Vi en los carteles que además se enseñan otros idiomas, pero nunca he visto más gente…
-Es porque el horario del instituto, al menos por ahora, es desde ocho de la mañana hasta las seis de la tarde!
-¿Eso quiere decir que te quedabas hasta las siete tan solo para darme clases a mí?
-Así es!
-Guau! Siempre creí que trabajaban hasta la ocho!
Su mirada al saber eso me encantó, como si se sintiera halagada porque me quedara solo para darle clases a ella.
-Y además de inglés, ¿enseñás otros idiomas?
-No, yo solo inglés, con mi amiga Sol, con quien estudiamos toda la carrera. Hablo bastante francés, un poco de italiano y bastante portugués, pero solo enseño inglés, al menos por ahora…
-¿Y los demás idiomas, quien los enseña?
-Te cuento… aquí trabajamos, mi socia Maite y yo, aunque habla muy bien inglés, estudió administración de empresas, y con ella fui los seis meses a Londres. Después está Alicia, una mujer nacida en Porto Alegre, que es profesora y vive aquí hace muchos años, y enseña portugués. Juan José, un hombre de cincuenta años, hijo de italianos, es el profesor de italiano. También trabaja Anabela en la recepción hasta las cuatro de la tarde y Karen es nuestra comunity manager y creadora de la imagen del instituto.
-Son un montón trabajando! Pero solo te he visto a vos!
-Y además, el francés lo da otra amiga, Alice, vivía en Lyon y la conocimos también en esos meses en Londres, es profesora y se enamoró de Maite, así que se vino a vivir a Argentina.
-Guau! Dejar todo para venirse por amor… que coraje!
-Bueno… creo que el amor a veces hace que las personas tomen decisiones como esa… sin ir más lejos, me contaste que en tu decisión de quedarte aquí, tuvo que ver lo que sentís por esa persona…
En ese momento se sonrojó y bajó la mirada, un gesto que no pasó desapercibido para mí, ¿acaso podría tener algo de real esa loca idea que se cruzó por mi cabeza?
Esa última clase se extendió casi hasta las ocho y media, y mientras caminábamos hacia la puerta, me dijo que luego de que pudiera acomodarse laboralmente otra vez, volvería a las clases.
Yo le dije que tenía mi número, que cuando quisiera, tan solo tenía que llamarme.
Nos despedimos con un abrazo en la puerta del instituto, esos abrazos que suelen darse los amigos, sin ninguna otra connotación.
Mientras apagaba todas las luces y cerraba el instituto, pensaba en lo que iba a extrañar las clases con ella, el verla cada día.
*
Eran las nueve menos veinte de la mañana del día siguiente, ese sábado ya estaba despierto pero aún en la cama, cuando sonó mi teléfono, y al ver la pantalla, vi que era una llamada de Juliana y me sorprendió, nunca nos habíamos llamado, y la atendí.
-Hola Juliana!
-Hola Facundo... Mi papá Facundo...
Se notaba en su voz que estaba llorando, y en ese momento pensé que su padre había fallecido.
-Tranquila Juliana, ¿qué pasó con tu papá?
-Mi papá Facundo... Me llamó mamá y me dijo que se descompensó, y que inconsciente lo llevaron al hospital, no sabía a quién llamar.
-Tranquila, dame tu dirección que voy para allá.
Ya había salido de la cama, y buscaba en el placar ropa para ponerme mientras seguía hablando con ella.
-55 número 1321, 2° A.
-Espérame que ya voy!
Pasé por el baño me lavé la cara y los dientes, me puse un jean, una remera zapatillas, una campera, tomé mi teléfono y el cargador, algo de dinero y salí de casa.
Fui hasta la avenida 13 y paré el primer taxi que pasó, le di la dirección y en diez minutos estaba en su casa.
Toqué el timbre, le dije que era yo por el portero eléctrico y me abrió. Subí los dos pisos por la escalera, y toqué despacio en la puerta de su casa.
Me abrió con la cara desencajada, con los ojos hinchados y llenos de lágrimas, temblando como una hoja. Al verla tan solo me salió darle un abrazo.
Entramos a su casa, y sentados en el sillón me contó lo que le había dicho a su madre.
-Perdón que te llame Facundo, estoy tan nerviosa!
-Tranquilízate, respirá... Supongo que querrás irte para Chivilcoy...
-Sí, ya me voy, no me importa el lavarropas, me voy igual!
-No podés manejar así en la ruta, si querés yo te llevo...
-¿De verdad?
-Por supuesto!
-Me cambio y nos vamos!
Fue a su habitación, un momento después volvió cambiada y con un pequeño bolso en la mano, tomó su teléfono, su billetera, el cargador, las llaves y salimos de su departamento.
En el ascensor seguía temblando como una hoja, y la volví a abrazar, tratando de tranquilizarla.
Fuimos hasta el estacionamiento del edificio, llegamos hasta su auto, lo abrió con el comando a distancia y me entregó la llave.
Yo sabía manejar y tenía licencia, lo había hecho muchas veces, incluso en la adolescencia había manejado el auto de mi padre, pero nunca lo había hecho en la ruta, pero bueno, siempre hay una primera vez, y la situación lo ameritaba.
Juliana tenía un soporte para el teléfono en su auto, busqué Chivilcoy en el mapa, y le pedí la ruta al GPS.
Puse en marcha el auto y antes de salir me coloqué el cinturón de seguridad, y le dije:
-Juliana, abrochate el cinturón por favor.
Le temblaban tanto las manos que tuve que ayudarle.
No habíamos salido aún de La Plata, y llamó a su madre por teléfono, no tuvo respuesta y más se angustió.
Ya en la autopista camino a Buenos Aires, volvió a llamarla, nuevamente sin respuesta, volvió a llorar desconsoladamente.
Atravesamos Buenos Aires por la autopista, y tomamos el Acceso Oeste, y ya saliendo de la ciudad de Buenos Aires la volvió a llamar, y esta vez sí le contestó.
-Mami, ¿qué pasó con papá? ¿Cómo está?
-Estoy en la clínica hija, papi se desmayó, aparentemente una hipoglucemia, lo están atendiendo, estoy esperando que algún médico me diga algo.
-Estoy yendo mami!
-Ay hija, tené cuidado, no hables por teléfono mientras manejas!
-No voy manejando ma, maneja un amigo!
-Menos mal hija, después que te llamé me quedé preocupada, porque sabía que te ibas a venir...
-¿En qué clínica está?
Juliana había puesto el altavoz, y yo iba escuchando toda la conversación, le dijo el nombre de la clínica, y que en menos de dos horas estaríamos ahí.
Cuando cortó la llamada, se pudo tranquilizar un poco, y luego de algunas respiraciones profundas me dijo:
-Gracias por esto Facundo!
-No tenés nada que agradecer! No era buena idea que manejes estando tan nerviosa...
Faltando unos pocos kilómetros para llegar a Luján, y no habiendo ya posibilidades de que me perdiera, tomando mi celular se lo entregué y le dije:
-Juliana, haceme un favor.
-Sí, decime!
-Entra al whatsApp, buscá el chat con Maite, y escribile por favor:
-Acá está, decime.
-Hola Mai, no voy a poder almorzar con vos y con Alice, surgió un imprevisto, después te llamo y te cuento.
Su respuesta llegó el momento, y Juliana la leyó:
-Hola Facu, no pasa nada, ¿todo bien? ¿Algún problema?
Le pedí a Juliana que volviera a escribir.
-No tranqui, no me pasa nada, el papá de Juliana tuvo un problema de salud, y estoy yendo con ella a Chivilcoy, voy manejando, ella es la que escribe.
Sonó el pitido de la entrada del mensaje, y Juliana lo volvió a leer.
-Hola Juliana, espero que no sea nada grave lo de tu papá, no nos conocemos, pero Facu me habló de vos.
Le pedí por último a Juliana que escribiera:
-Después te llamo Mai. Un beso para vos y para Alice.
Ya luego la llamaría y le explicaría.
Volví a colocar el GPS, este indicaba que nos quedaban aún cuarenta minutos de ruta, y Juliana ya más tranquila me preguntó:
-¿Te dicen Facu?
-Menos mi padre, todo el mundo!
-¿Y le hablaste de mí a tu socia?
-Sí claro, además de socia es mi mejor amiga.
-¿Hace mucho se conocen?
-Estudiamos inglés en el mismo instituto, aunque no éramos compañeros, concursamos por la beca a Londres, y ella y yo lo obtuvimos. Nos conocíamos de vista, pero a partir de saber que estaríamos seis meses en Londres, nos empezamos a conocer. En ese momento ella tenía un novio, la relación con él venía a los tumbos, y un tiempo antes del viaje, se separaron. Empezamos a vernos más seguido, y antes del viaje… tuvimos relaciones, bueno durante el viaje también, y también las tuve con Alice, y con otra de las chicas, llamada Ana, una madrileña que también estuvo con nosotros.
-Guau... Qué performance...
Me reí ante su comentario, y le dije:
-Ya había estado antes con algunas chicas, pero en esos meses en Londres, viví unas experiencias que nunca hubiera imaginado... En esos meses, los cuatro la pasamos realmente muy bien, pero ojo, no descuidamos los estudios, de hecho los cuatro obtuvimos las mejores calificaciones de todo el curso!
-¿Y novias?
-Amigas con derechos, varias, pero noviazgo, como relación estable digamos, una sola vez, Sofía se llamaba, pero no terminó bien...
-¿Cuernos?
-Así fue..
-¿Tuyos o de ella?
-Estudiábamos juntos el profesorado, Sofía era una chica hermosa, y todos los compañeros varones estaban tras ella, bueno no todos...
-Y supongo que vos no…
-Justamente... Y fue ella quien se acercó, nos fuimos conociendo, y terminamos siendo novios...
-Pero...
-Pero luego de un tiempo, uno de esos compañeros que andaba tras ella, terminó en su cama...
-Uhh… que garrón… ¿Los enganchaste en la cama?
-No, pero justamente se encontraron en el bar en que yo estaba, y de allí se fueron a su casa, yo estaba con mis amigos, y nos quedamos frente a su casa hasta que el tipo se fue, en la mañana siguiente.
-Qué momento!
-Duro la verdad... Pero bueno... No tardé mucho en superarlo, por lo que me di cuenta que no estaba realmente enamorado de ella.
-¿Hace mucho de esto?
-Hace un par de años...
-¿Y desde entonces ninguna otra novia?
-No, solo amigas...
Parecía un interrogatorio de mi vida sentimental, pero no tenía problemas en que preguntara, todo lo contrario.
Apareció el cartel que decía Chivilcoy a tres kilómetros, ya estábamos llegando.
Cuando entramos a Chivilcoy, Juliana me indicó cómo llegar a la clínica, y cinco minutos después, estacionamos casi en la puerta.
Bajamos y entramos a la clínica, me quedé en el hall y Juliana fue a preguntar al mostrador, le indicaron dónde estaba la urgencia, y creí que iría sola, yo pensaba esperarla ahí, pero me miró, y me hizo un gesto con la mano para que fuera con ella.
Recorrimos el pasillo, y ya a la distancia, una mujer de unos cincuenta y pico de años, caminó en dirección a Juliana, y cuando estuvieron frente a frente, se dieron un abrazo, ambas llorando.
Después de hablar un momento, Juliana se dio vuelta y me llamó, me acerqué y me presentó a Isabel, su madre.
-Es un gusto conocerla Isabel, espero que todo esté bien con su esposo...
-Gracias a Dios fue un susto hijo, el médico me dijo que está bien, que terminan de hacerle un estudio y lo llevan a una habitación. Te agradezco enormemente que hayas traído a mi hija.
-No hay nada que agradecer Isabel, estaba muy nerviosa, no podía manejar así...
-Gracias hijo!
Esperamos allí por casi una hora, hasta que un médico apareció y les dijo que lo llevaban a la habitación, que ese día quedaría en la observación, y que si todo iba bien, a lo sumo en un par de días le daban el alta.
Juliana estaba más tranquila, y yo me sentía bien, habiéndola acompañado.
Esperamos casi una hora en ese pasillo, hasta que el médico volvió a salir y le indicó en qué habitación estaba Enrique.
Fuimos hasta el primer piso, y ambas entraron a la habitación.
Luego de unos veinte minutos Juliana salió, y ya en su cara se la veía más tranquila.
Me contó que su padre estaba consciente, y sin ningún dolor ni molestia, y luego sin esperármelo, se acercó a mí y me dio un abrazo.
-Gracias Facu... Gracias por esto…! ¿Desayunaste?
-No tuve tiempo, la verdad...
Me tomo del brazo y bajamos a la planta baja donde estaba el buffet de la clínica.
Pidió tres sándwiches y tres café con leche, le llevaría uno a su mamá.
Mientras tomábamos el café con leche y el sándwich, qué buena falta me hacía, me preguntó:
-Facu, ¿tenés que volver a La Plata?
Cómo me gustó que me dijera Facu, es como que la distancia entre profesor y alumna, se iba desdibujando.
-Tan solo el lunes para ir al instituto…
-Te podés quedar a dormir en casa, y vemos cómo está mi papá mañana...
-No te preocupes, si necesitás quedarte, me voy en colectivo...
Terminamos esa especie de almuerzo y subimos a la habitación de su papá, Juliana entró a llevarle la comida a su madre y unos quince minutos después, abrió la puerta de la habitación y me pidió que entrara.
Se acercó al costado de la cama donde estaba su padre, un hombre de unos cincuenta y cinco años calculo yo, y Juliana dijo:
-Papi él es Facundo, él es quien vino manejando desde La Plata!
Me acerqué a la cama, y estreché la mano que él había extendido para saludarme.
-Es un gusto conocerlo Enrique!
-Igualmente pibe! Y gracias por traer a Yuli...
-¿Cómo se siente?
-Bien! Ya le dije a Isabel que me quiero ir a casa, si hay algo que no me gustan, son los hospitales...
-En eso estamos de acuerdo!
-Pero qué le voy a hacer pibe, uno se pone viejo, y le vienen los achaques...
-Si ya está bien seguramente mañana le den el alta!
-Tuteame pibe, que estoy hecho pelota pero no soy tan viejo!
-Para nada, mi padre tiene como diez años más que usted.
En ese momento Juliana le dijo a su mamá.
-Mami, ¿querés ir un rato a casa?
-No hija, me quedo con papi, lo que sí te voy a pedir, es si me podés traer el cargador del teléfono y un par de zapatillas de casa, me vine así nomás.
En ese momento me di cuenta que Isabel estaba con pantuflas, seguramente había salido junto a su esposo así como estaba.
Un rato después salimos de la clínica con Juliana, subimos a su auto y fuimos hasta su casa, que no estaba muy lejos.
Me mostró su casa, una casa sencilla pero grande y me dijo que podría dormir esa noche en el dormitorio que era de su hermano.
Tomamos unos mates, preparó un bolso con un poco de ropa para su madre y para su padre y lo que le había pedido, y volvimos para la clínica.
Estuvimos allí el resto de la tarde, Isabel pasaría la noche en la clínica con Enrique, y a eso de las ocho, cuando ya había terminado el horario de visitas, volvimos para la casa de Juliana.
Preparó algo para cenar y comimos en la pequeña mesa de la cocina.
Veía a Juliana con cara de cansada, sin dudas por la tensión del día, y dijo de irnos a dormir.
Me acompañó hasta el que era el dormitorio de su hermano, y luego ella se fue al suyo.
Aproveché ese momento para llamar a Maite y contarle lo que había pasado y donde estaba.
Ya acostado mirando al cielorraso, me quedé pensando en lo que son las vueltas de la vida, quién me hubiera dicho esta mañana estando en mi cama aún, que estaría en otra cama, a pocos metros de la mujer de la que me había enamorado y en su casa a más de doscientos kilómetros de la mía.
Desperté el domingo en la mañana, y no se escuchaba ningún ruido, supuse que Juliana aún dormía, miré mi teléfono y eran las nueve y media pasaditas de la mañana.
Me quedé en la cama, hasta que diez o quince minutos después, escuché el chirrido de una puerta, y el ruido de unas llaves que se apoyaban sobre algún mueble.
Me levanté y me vestí, en el momento en que salía de la habitación, me encontré a Juliana en el pasillo.
-Buenos días Facu!
Y recordando cómo le dijo su padre le contesté:
-Buen día Yuli!
Y su sonrisa fue suficiente.
En su mano traía una bolsita que me entregó, en la que había un cepillo de dientes dentro.
-Si querés darte un baño, ya te traigo un toallón.
-Sí, me vendría bien! ¿Sabes algo de tu papá?
-Hablé con mamá hace un rato, papá está bien, y el médico le dijo que seguramente en la tarde le dan el alta!
-Qué bueno, cuánto me alegro!
-¿Mate o café?
-Para mí mate!
-Mientras te das un baño preparo el desayuno.
Me di un baño, me vestí y desayunamos juntos antes de ir a la clínica.
Estuvimos un rato hablando con Enrique que ya quería irse, almorzamos con Isabel en el buffet de la clínica, y a eso de las cinco de la tarde, el médico le dijo que ya tenía el alta.
En el auto de Juliana, volvimos los cuatro a su casa, y aunque Isabel le dijo a Enrique que se recostara, no quiso saber nada y se quedó con nosotros conversando en el comedor.
En un momento en que Enrique fue al baño, Juliana me dijo:
-¿Podés llegar un poco más tarde mañana al instituto?
-Sí, no habría problema, le aviso a Sol.
-Papá está mejor, y si te parece, mañana bien temprano nos vamos para La Plata...
-Bueno, dale!
Isabel preparó la cena y nos sentamos los cuatro a cenar, luego los padres de Juliana se fueron a dormir, y nosotros nos quedamos un momento más en el comedor, para luego irnos a dormir también.
Antes de ir cada quien a su habitación, Juliana me dijo:
-A las seis de la mañana te despierto, ¿te parece? Como para desayunar y salir seis y media!
-Perfecto! Que descanses!
-Vos también..., buenas noches.
La alarma de mi teléfono sonó a las cinco y media de la mañana, me levanté me vestí, y al salir de la habitación, Isabel y Juliana conversaban en la cocina, pasé por el baño y hacia allí fui también.
Estábamos terminando de desayunar, cuando Enrique entró en la cocina, tomó un par de mates con nosotros, y nos preparamos para volver a La Plata.
Al despedirnos Isabel me dijo:
-Fue un gusto conocerte Facundo, y te agradezco de todo corazón esto que has hecho!
-El gusto ha sido mío, Isabel, y no hay nada que agradecer, lo importante es que Enrique está bien.
Luego fue Enrique quién se despidió de mí, esta vez con un abrazo.
-Muchas gracias pibe! Fue un gusto conocerte!
-Igualmente Enrique! Espero que sigas bien de salud!
Juliana se despidió de sus padres, subimos al auto y emprendimos el regreso.
El camino de vuelta en nada se pareció al de la ida, Juliana estaba más tranquila, y fue ella quien manejó todo el trayecto.
Al llegar a casa, a eso de las diez de la mañana, se bajó del auto, y nos despedimos con un abrazo.
-No sabes lo que te agradezco todo esto...
-No tenés nada que agradecer, pero si insistís en hacerlo..., podría ser cenando el viernes...
-Hecho! Pero vos elegís el lugar y yo invito!
-Perfecto! Busco un lugar y te mando un mensaje... En inglés claro...
Se sonrió, y fue suficiente para alegrarme el día.
-Te responderé en inglés! Quizás con algún emoticón también…
Tan solo bastó ese fin de semana para confirmar que lo que sentía por ella era tan real y tan profundo que deseaba tenerla todo el tiempo a mi lado y compartir con ella mi vida.
Continuará…
Continúa en
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