El guía del tapeo Parte 1 (relato)
Alejandro creía conocer a Gabriela, pero bajo la influencia del alcohol y la mirada de un extraño, su novia empieza a cumplir la fantasía prohibida que él mismo le confesó borracho. Mientras él duerme, ella se queda despierta, y la noche madrileña promete cambiarlo todo.
Este relato consta de tres capítulos
EL GUÍA DEL TAPEO Parte 1
_Ay qué bonito, amor, estar contigo aquí en Europa_
Gabriela estaba feliz, yo era feliz también. El año próximo nos casaríamos luego de cinco años de noviazgo.
Yo tenía entonces 24 años y acababa de recibirme de abogado y ella tenía 23 y en cuanto acabare su tesis doctoral sería médica y luego nos casaríamos.
Este viaje era un regalo de mis padres por mi título, creo que estaban contentos conmigo y contentos con Gaby, era una mujer ideal para mí.
Ambos pertenecíamos a buenas familias bogotanas, en algunos pocos años tendríamos hijos y haríamos todo lo que se esperaba de nosotros de acuerdo a nuestra educación y posición social en la vida.
_De verdad que eres bella, déjame que te saque una fotito frente a la ventana_ dije
Gabriela era una típica belleza colombiana de los pies a la cabeza.
Alta, 172 y estilizada y flexible como un junco, su cintura era de una delgadez extrema, casi podía abarcar su cintura con una sola mano, pero allí donde comenzaba su culazo, sus caderas se ensanchaban y nacían dos protuberancias carnosas, redondas y compactas que eran sus nalgas y las piernas fibradas y torneadas y su carita era alargada y casi melancólica, los ojos marrones, las cejas delineadas, la boca demasiado grande y carnosa para esa carita delicada.
_Usted me ve bella porque me quiere…._ dijo ella
_Yo la amo, pero ciego tendría que ser para no admirar su belleza, mi reina_ dije
Y ella se giró hacía mí y entonces sus tetazas se movieron inquietas dentro de su pequeña blusa, abrochada con botones por delante y que dejaba sus hombros redondeados al desnudo y también el vientre plano y exiguo al desnudo.
Tragué saliva, las enormes y colosales tetas de mi novia siempre me dejaban sin aliento.
Es que al ser ella tan delgadita de torso, parecían incluso más exageradas y grandes de lo que eran y su tacto me volvía loco literalmente.
Y había aprendido a convivir con las miradas anhelantes de los otros hombres, donde fuera que estuviéramos.
Un amigo colombiano me había advertido
_Cuidado con Gabriela cuando estés en Italia y en España, los hombres te la van a comer con los ojos, compadre_
_Alejandro ¿usted va vestido así para ir de tapas, mi amorcito?_
_Me cambio la camisa y estoy, mi amor_
Ella volvió a moverse por la habitación como una pantera enjaulada.
Llevaba unos vaqueros que eran demasiado ajustados, se adherían a sus piernas y ceñían su culo de un modo que no sé cómo hacía ella para embutirse allí dentro.
Salir de tapas por la noche madrileña, esa iba a ser nuestra primera actividad turística en Madrid.
Mi padre y mi madre que habían viajado mucho me habían recomendado que lo hiciéramos, era un clásico, me nombraban platos y lugares y me remarcaban que hiciéramos un recorrido a pie por diversos lugares.
Gabriela llevaba además el pelo largo hasta la cintura, era un pelo denso y oscuro, negro como el ala de un cuervo.
Nos conocíamos desde los 18 años, yo había sido su segundo novio y debo decirlo no era virgen cuando la conocí, yo era su segundo.
_Usted es mi segundo, pero el primero en todo_ me decía ella cariñosamente.
Gabriela era un poco vanidosa y voluble, supongo que eso venía en el paquete, pero para ser semejante belleza era una chica muy sensible y cariñosa-
Dudaba en hacer su especialidad entre la nutrición y la estética.
Sus tacos resonaron junto a mí, llevaba unos zapatos de fino tacón de color negro, cerrados, con una tira que sujetaba el tobillo, tacones de unos diez centímetros.
Como buena mujer colombiana y elegante no salía a la calle sin sus tacones.
Zapatos de vestir con pantalones de jean ajustados y esa blusa corta completaban un cuadro morboso que sabía iba a enloquecer a cualquiera y que la iban a preñar con la mirada, pero estaba acostumbrado y además en un país que no era el nuestro donde íbamos a pasar un mes entero de recorrer y disfrutar.
_ ¿Qué sostén lleva usted o no lleva?_
_Llevo uno sin tirantes, curioso_ dijo ella y se desabrochó unos botones de esa blusa-top y me enseño un sostén de color azul eléctrico de encaje.
Yo sabía que debajo del vaquero llevaba unos calzones cola lees, un tanga como le dicen en España, de encaje, la había visto cuando se cambiaba, en el baño, secando ese cuerpo voluptuoso con una toalla.
_Estás muy guapo, mi niño_ me dijo en el ascensor.
Yo sabía que era aceptablemente guapo, me cuidaba mucho en el gimnasio y todo eso.
Pero sabía también que ella estaba conmigo por todo lo que me rodeaba, la clase social, quienes eran mis padres, el haber tenido siempre un buen carro, todas esas cosas que también me constituían.
Ella era mi princesa asignada, desde la cuna y yo su príncipe, así eran las cosas, así todo seguía un orden establecido por generaciones.
_Primero iremos al barrio de la Latina, que lo recomendó mi padre y luego a Chueca que me lo ha dicho Andrés_ dije
Sus ojos marrones eran muy expresivos, tenían unos grandes párpados como telones que subían y bajaban lentamente y unas grandes pestañas que aleteaban como mariposas.
_También quiero ir a ese sitio de tapas gourmet_ dijo ella.
Desde la recepción nos habían pedido un taxi.
_A la Latina_ dije al chofer
El hombre miró por el espejo a la diosa que había ingresado en el coche y se mordió el labio inferior.
_ ¿Turistas?_ dijo
_SI, de Colombia_
Gabriela miraba hacia otro sitio, sabía que no abriría la boca.
_ ¿Vais de tapas?_ dijo el hombre
_Si, esa es la idea…_ dije
_Pues tenéis que evitar los sitios de turisteo….-
_ ¿Qué es eso….?_ pregunté
_Que son sitios pa’ quitarles el dinero a los turistas, si queréis probar verdaderas tapas madrileñas yo os puedo llevar a un sitio muy guapo_ dijo el hombre
_ ¿Queda lejos de La latina?_ dije
_Está pegado, pero ya veréis que sitio más auténtico, tenéis que pediros una ración de orejas a la plancha ¿os gusta la casquería?_
_ ¿La casquería?_ dijo Gabriela frunciendo la boquita carnosa
_Las vísceras….las vísceras del cerdo, una delicia…. guapa…. Debes probarlas……_dijo el taxista
_En realidad nos han hablado mucho de los mariscos y los pinchos_
_Unas birritas y un pincho moruno y hala con la patrona pa’ casita_ dijo el taxista.
_Esto es lo más cerca que puedo dejaros, caminad por esa calleja hasta el bar de Pedro y le decís que venís de parte del cojo_ dijo el hombre
_ ¿Qué barrio es este?_ dije
_Lavapiés……_ dijo el hombre, le pagué y nos bajamos del coche.
Estaba atestado de gente y aun así, Gabriela llamaba mucho la atención, ella parecía hacer equilibrio sobre esos tacones como una potrilla recién nacida, su andar un poco vacilante y ondulante y felino a la vez, se tomaba de mi brazo para avanzar.
_ ¿Será seguro este sitio?_ dijo y se colgó de mi brazo con fuerza, la calleja era muy estrecha
_Claro, mi amor, es una ciudad muy segura esta…_dije
El bar de Pedro, también estaba atestado de gente, no había mesas disponibles y como pudimos nos fuimos acercando a la barra, allí los pedidos se hacían a viva voz, a los gritos.
Gabriela estaba un poco incomoda, varios cuerpos sudorosos se pegaban a su cuerpazo exuberante.
_Ponme dos birras más_ gritó un hombre a mi lado y se me quedó mirando, tenía unos ojillos porcinos y pequeños
_Vosotros no sois de aquí ¿verdad? ¿Qué bebéis?_ dijo
_Cerveza y queríamos probar unas tapas_
_Es mejor que vayamos a otro sitio_ me dijo Gabriela en el oído.
_Ponme dos birras más y un pincho de morcilla_ gritó el hombre al camarero detrás de la barra, este no parecía escucharle, pero depositó las cervezas sobre la barra sin decir palabra y unos platitos con unos boquerones.
_Paco es mi nombre_ dijo el hombre y me extendió la mano, no llegué a estrechársela.
Hubo un tumulto.
_Haced lugar cabrones, os doy una hostia por la cara a cada uno_ dijo el hombre y apartó unas personas con la mano, estas se quejaron pero hicieron lugar y nos acomodamos en la barra, Gabriela se pegó a mí y trató de proteger su culo contra el mueble.
_Joder con la chavala ¿te han metido mano, hija?_ dijo el hombre.
Pude verle mejor, era un viejo, gordo, con el rostro muy surcado de arrugas, la cara brillosa, una calva que pugnaba por despejar los pocos pelos que le quedaban en la cabeza y una nariz grande como una patata rugosa y deforme, llevaba una barba mal rasurada.
Trajeron el pincho de morcilla.
_Yo soy Alejandro y mi novia, Gabriela_ dije
_Encantado_ dijo él y ahora si me estrechó una mano pesada y callosa.
_ Vámonos de aquí_ me susurró ella en el oído
_ ¿De dónde sois?_ dijo Paco
_De Colombia….-
_Joder ¿y os habéis venido de tan lejos a comer un pincho de morcilla?_ dijo el hombre, riendo
_ Póngame una del gambas al ajillo_ le dije al camarero, quien pareció no escucharme
_No te las recomiendo, las de aquí no son buenas, pídete unas navajas_ dijo el hombre
_Una de navajas, para mis amigos_ gritó el hombre, el camarero le miro de reojo.
_ ¿Estasis casados?_ dijo Paco, quien también comía del pincho de morcilla que había pedido supuestamente para nosotros.
_Somos novios_ dije
_Anda que bien_ dijo él
_Creo que nosotros nos marchamos ya_ dijo Gabriela, quien había comido unas rodajas de mocilla con pan.
_Os voy a llevar a un sitio que está enfrente, allí podéis pedir las gambas…_dijo el hombre.
Pagué y nos cruzamos de calle y de repente el hombre venía con nosotros como si nos conociera de toda la vida.
A Gabriela comenzó a divertirla la situación y me miró risueña.
El hombre caminaba a nuestro lado bamboleando un culo gordo y unas piernas cortas y gruesas, llevaba un overol de trabajo a algo así, nos dijo que era albañil y que estaba trabajando por allí cerca.
El sitio siguiente era un poco más espacioso y pudimos sentarnos a una mesa.
_Este es un sitio un poco más costoso_ dijo el hombre.
Vino un camarero a nuestra mesa y ordené cerveza y las gambas.
_Yo soy viudo……..cuando acabo de currar me gusta andar por los bares, te gastas un pastón, pero mola, conoces gente guapa como vosotros_ dijo
Nos preguntó a qué nos dedicábamos y se admiró de los jóvenes que éramos.
_Joder, ya eres abogado, anda, yo tengo más de sesenta tacos, ya estoy pa’ jubilarme pero anda que se puede vivir con esa mierda de pasta que te dan_
_Están muy buenas las gambas estas…_ dijo Gabriela
_Os lo había dicho, ahora vengo_ dijo él y se levantó de la mesa.
_Que personaje extraño, como se nos ha pegado_ dijo ella
_Bueno, al menos algo para contar, de aquí nos iremos a La latina_ dije
_Es cómica la forma de hablar que tiene ¿No crees?_ dijo ella
_Es un viejo simpático-
_Ya te digo como me mira, es un viejo verde también…_ dijo Gabriela
_ ¿Si? no lo he notado_
_Espera siempre que tú miras para otro lado y me clava los ojos en las tetas, es un viejo gato_ dijo ella, pero no parecía molesta.
El viejo regresó del baño con otra ropa, ahora llevaba una camisa de color rojo y uno pantalones anchos, también llevaba una bolsa pequeña en la mano.
_Debía cambiarme de ropa al acabar el curro, pero a veces me da pereza hacerlo, ahora si podemos ir a otro sitio guapo que quiero que conozcáis_ dijo
_Paco, le agradecemos la molestia que se toma por nosotros, pero preferimos ir a La latina, nos habían recomendado mucho ese barrio_ dije
_Tonterías, La latina está pegado, yo los llevo, además, no puedes ir con semejante mujer de bandera por estos barrios, si no conoces_ dijo
_ ¿Qué es una mujer de bandera?_ me susurró Gabriela
_Una que está buenísima como usted_ le respondí
Parecía que no teníamos manera de sacárnos de encima a ese viejo y nos resignamos a llevarle con nosotros.
La cerveza que habíamos tomado produjo el efecto de relajarnos y él finalmente nos llevó a algunos de los sitios que estaban en nuestra lista.
Y en todos los sitios él daba su aprobación o no para lo que pedíamos, bebimos mucha cerveza y probamos diversas tapas, las que nos ponían gratis o las que encargábamos, pinchos de tortilla, de jamón, croquetas, callos, navajas, calamares.
_Tú que eres de Colombia ¿te gusta bailar?_ dijo el viejo mirando a Gabriela.
Desde que ella me lo había advertido había prestado atención y era verdad, en cuanto yo me distraía un poco con algo, el viejo la miraba de un modo descarado, directamente a los ojos y más bien a las tetazas que se insinuaban por entre esa blusa abotonada por delante, que ajustaba y comprimía los enormes senos.
_ ¿Cómo soy colombiana me debe gustar la rumba?_ dijo ella con una sonrisa
_La rumba, la bachata, la salsa_ dijo el viejo sonriendo y entrecerrando los ojillos porcinos, era bajo de estatura y al lado de ella parecía enano prácticamente.
_Si me gusta_ dijo ella inclinándose hacía él y acomodándose un mechón de pelo detrás de la oreja.
_Conozco un sitio muy guay, está cerca de aquí_
_A Ale no le gusta rumbear_ dijo ella.
Miré a Gabriela y al viejo e hice un gesto con la cara como diciendo no puedo evitarlo.
Y era verdad, le ponía voluntad cuando Gaby me lo pedía, pero no me gustaba bailar, se me daba mal y me sentía como pez fuera del agua.
A ella en cambio le encantaba y bailaba muy bien.
_ Hay que bailar para bajar la comida y luego vamos a otro sitio guapo_ dijo el viejo y otra vez nos arrastró como un extraño Hamelin al que seguíamos sin oponer resistencia.
Caminaba con pasos cortos y rápidos y si alguien se cruzaba y estaba un poco borracho él lo apartaba con un empellón de sus fornidos brazos.
Más de uno se quejaba y le insultaba, pero el viejo no hacía caso.
Llegamos a un sitio que tenía una escalera que descendía a un sótano, muy empinada y como Gabriela encabezaba la marcha, pillé al viejo varias veces mirándole el culo a mi novia, más que cualquier otra cosa me causaba gracia, no me daba celos, hubiese sido ridículo tenerlos de semejante viejo.
La música de bachata nos aturdió apenas íbamos por la mitad de la escalera.
_Vaya antro_ dije como para mismo
_Creo que ya tienes bastantes cosas que contar a tus amigotes_ dijo Gabriela murmurando en mi oído.
El viejo parecía ser conocido en el lugar pues saludó a uno y a otro y también al camarero.
Me pareció que había una nutrida variedad de la comunidad latina reunida en ese pequeño y humoso lugar, dominicanos sobre todo.
_Aquí se baila mucho merengue también, podemos beber unas ginebras_ dijo el viejo
Pedimos unos gin tonic, que estaban demasiado cargados para mi gusto.
_Bueno ¿Vais a bailar o qué?_ dijo el viejo acodándose en la barra, tenía una panza prominente.
_Ya le dije que a Alejandro no le gusta bailar…._ dijo Gabriela
_Bueno entonces bailemos tú y yo ¿me la prestas?_ dijo el viejo en mi dirección, pero no esperó respuesta.
Cogió a mi novia por la cintura y empujándola levemente la llevó a la pista, ella era demasiada alta para él y estaba demasiado buena, el vaquero se ceñía a su culazo de un modo que parecía que iba a reventar las costuras en cada paso medido que daba, como si estuviese pisando cáscaras de huevo y luego su vientre que quedaba al desnudo y el largo pelo oscuro tapaba la parte de la cintura y quedaba justo por encima de las nalgas apretadas.
Y me sonreí para mis adentros porque la situación no podía ser más absurda.
Ese improvisado guía turístico que se nos había pegado como una lapa estaba ahora bailando con mi futura y exuberante esposa.
Y me preparé para ver el ridículo más espantoso.
Pero no fue así.
El viejo bailaba muy bien y luego comencé a notar otra cosa, se pegaba mucho a ella, demasiado.
Especialmente cuando la hacía girar y luego el viejo quedaba detrás de ella, su pelvis se pegaba al apretado culazo de mi esposa, era evidente, le estaba frotando el bulto sobre el culo, descaradamente.
Rápidamente unos celos rabiosos me comenzaron surgir de muy adentro, pero más que celos era indignación de que ese viejo que me había parecido patético desde un principio se aprovechara así de la situación.
Porque también veía su mano regordeta de albañil metiéndose por debajo del largo pelo y tocando la cintura desnuda justo por encima del culo y también metía su pierna fornida por entre las piernas de ella y pude notar que su muslo hacía contacto con la cuca de mi novia, con su coño como se dice en España, con esa arepa apretada por el pantalón vaquera.
Y a veces una mano del viejo se mostraba entrelazada con la delicada y estilizada mano de mi Gabriela con sus uñas pintadas de un color rojo sangre.
Y otra cosa que me indignaba es que ella parecía permitírselo, dejaba que el cuerpo obeso de ese viejo se pegara al de ella, entonces la música cesó y pensé que vendrían a la barra y entonces vi como el viejo hablaba en el oído de ella que inclinaba el largo cuello para escucharle y corría un abundante mechón de pelo y lo colocaba detrás de la orejita, miré el perfil de ella, lo grácil que era, la pequeña naricita, la carita fina y la boca demasiado grande y sensual.
Y ella lo escuchaba con atención y comenzó a sonar otra música y era una salsa romántica y yo sabía que ese estilo de música a ella le encantaba pues me había pedido varias veces que yo aprendiera a bailarlo y si bien con la cumbia y la guaracha me las arreglaba nunca había podido tomarle el punto a la salsa.
El viejo del diablo también bailaba bien ese género al parecer y entonces me quedé congelado en mi sitio y bebí un largo trago de mi gin tonic, porque el cuerpo estilizado y largo como un junco de mi novia se había pegado al cuerpo del viejo, frente a frente, ella echó sus brazos al cuello de ese hombre.
Era como si un junco se hubiese pegado a una gruesa roca.
Un junco con unas enormes y colosales tetazas claro está, que ahora estaban presionadas contra el pecho de ese animal.
Pensé en levantarme del taburete en el que estaba y separarlos, pero luego vi, que Gabriela tenía los ojos cerrados.
¿Habíamos bebido tanto? Yo me notaba un poco borracho pues nunca he tenido demasiado aguante con la bebida en cambio que ella tenía buena resistencia al alcohol y no estaba borracha ni remotamente.
Y veía los pasos que ella daba con esos zapatos de tacón moviéndose con gracia y sincronizando con los pasos del viajo con sus zapatones marrones y cambiando el peso del cuerpo de una pierna a la otra pero siempre colgada de él, pegada a él y me di cuenta que esta vez el bulto del viejo estaba casi a la altura de la cuca de mi mujer, pero era mucho más bajo, así que apenas podía rozarla, pero todo eso me estaba matando ya y agradecí cuando la canción acabó y ella vino hasta mí, las parejas que bailaban se apartaban para darle paso con admiración.
El viejo se había ido hacia otro lado.
_No sabés, mi vida, lo que acaba de pasar_ dijo ella
_Vi lo que acaba de pasar, que viejo huevón…._dije
Gabriela bebió de su trago y miró para abajo.
_Me está esperando…_ dijo ella
_ ¿Cómo que te está esperando?_
_En el servicio, me dijo que me esperaba allí, en el servicio de hombres, que fuera a verle allí…_
_Pero me cago en su puta madre, lo voy a matar a este huevón_
_Déjelo mi amor, por favor, si es un viejo que no vale la pena….._ dijo ella
_Pero….como se ha atrevido….. vámonos de aquí, ya, le dejamos esperando….. que se jale la verga solito en el baño_
_Alejandro, hay una cosa, que me ha hecho mucha gracia_ dijo ella
_ ¿Qué cosa?_ dije
_ ¿Vos te acordás lo que me dijiste aquella vez que estabas tan borracho, allá en la boda de mi prima….?_ dijo ella
_Si…… ¿Otra vez con eso, mi amor?_
Era algo que me daba mucha vergüenza y al parecer a Gabriela le causaba mucha gracia, pues yo estaba ridículamente borracho.
_ ¿Cuál era la fantasía sexual que usted tenía conmigo?_ dijo ella y volvió a acomodarse el pelito detrás de la oreja, sus tetones se apoyaron sobre la barra y el camarero perdió su vista en ellos.
_Por favor mi cielo, no me torture con ello_ dije
_Que un tipo me cogiera delante de ti, un tipo horrendo y que tuviera una verga enorme, como esas de las películas porno ¿te acuerdas?_
_Gaby, estaba borracho, muchas veces te he pedido perdón por eso…_
_No se trata de pedir perdón, mi amor, los borrachos y los locos no mienten…._ dijo ella
_ ¿Qué hay con ello?_ dije por fin, vi la silueta regordeta del viejo avanzar entre los bailarines, se había cansado de esperar a Gabriela en los baños.
_Pues este viejo….te puedo asegurar que tiene una buena herramienta…._ dijo ella con una media sonrisa
_ ¿Qué?....._ dije
_Que tiene una verga enorme, estoy segura de ello_
_ ¿Co….como lo sabes?_
_Ay mi amor, usted ha visto como hemos bailado de pegados ¿Quiere que le haga un dibujito?_
_ ¿Qué pasa, chavalote?_ dijo el viejo dándome una palmada en el hombro y poniendo una mano en la cintura de Gabriela.
Nuestra sexualidad con Gabriela era muy libre, es decir nos gustaba fantasear, experimentar pero siempre desde la fantasía. A veces hablábamos sobre una pareja amiga y nos imaginábamos como serían en la cama y entonces yo le relataba como tal se follaría a fulanita y otras veces ella me contaba que tal conocido nuestro se le había quedado mirando las tetas y yo entonces armaba todo un relato de ella cogiendo con ese conocido nuestro.
Y a veces también le metía un dedo en el culo y la masturbaba.
Diciéndole barbaridades.
Pero nunca al extremo ese de aquella vez estando borracho.
Cuando le dije eso de que quería verla cogiendo con un tipo horrible de verga grande.
Claro que era consciente de esa fantasía, la tenía bien definida en mi mente, pero en ella, el tipo horrible, era una especie de gigante, un mulato alto y con una gran cicatriz cruzándole el rostro.
No este viejo panzón con cara de cerdo feliz.
_ ¿Que? ¿Te ha gustado como hemos bailado tu chica y yo?_ dijo el viejo
_Si, han bailado muy bien_ dije con cierta acritud
_Bailamos otra ¿no crees?_ dijo él
_Ya estamos muy cansados, del viaje, hemos llegado hoy, don Paco_ dijo ella
_Pues bebamos una última copa en un bar que está cerca de aquí, la despedida, ya que será difícil que volvamos a vernos_ dijo el viejo
Yo estaba un poco resentido con todo lo que Gabriela me había contado, eso de que el viejo había sido tan abusado de citarla en el servicio y luego lo de esa supuesta verga enorme del viejo, y si ella me había dicho aquello, es que entonces la había sentido cuando se frotaba en su culo o cuando bailaban de frente.
Mi mente comenzaba a hacerse un lío con todo aquello y creo que también la bebida empezaba a jugar un papel importante, salimos a la calle y comenzamos a andar Gaby y yo tomados de la mano y por delante el viejo, parloteando algo que se me hacía difícil de entender.
Entramos luego a un bar de mala muerte y pedimos otra ronda de gin tonic para nosotros y el viejo bebió un cognac, Brugal con hielo en un vaso alto.
_Os voy a confesar algo, yo vivo justo encima de este bar_ dijo el viejo
_ ¿Justo encima?_ dijo Gabriela
_ En el segundo, por escalera_
_ ¿No tiene ascensor?_ dijo ella, la veía como a través de una nube de humo.
_Creo que Ale, tu novio, no se siente muy bien_ dijo el viejo
_Ale, mi amor ¿estás bien?_ dijo ella
_ Sí, estoy bien, lo que no sé…..es porque estamos con este viejo cretino y huevón todavía….._dije
_Anda que se la ha pillado buena….._ dijo el viejo
_Creo que debemos conseguir un coche y nos vamos para el hotel_
_Escucha Gabriela, por qué no subimos a mi casa y que Alejandro se reponga un poco, es mejor que vomite en un baño y no en el asiento de un taxi_
_Ale ¿Tienes ganas de vomitar, mi amor?_ me dijo ella, muy cerca de mi cara, no sé si por la borrachera o qué sus tetones me parecían monstruosos de tan grandes que eran.
De pronto estaba subiendo por una escalera con un brazo pasado por el hombro de Gabriela, quien a pesar de su delgadez era muy fuerte, entrenaba y corría todos los días.
Y escuchaba la voz del viejo a nuestras espaldas y dentro de mi borrachera me daba cuenta de que el viejo le estaba mirando el culo a mi novia, con total seguridad.
_Con cuidado, si os venís para atrás yo os atajo_ decía el viejo
Avanzamos a los trompicones y luego entramos al piso y luego sin transición de continuidad tenía mi cabeza en el inodoro y estaba vomitando como la niña de El exorcista.
Gabriela a mi lado, de rodillas, me sostenía la cabeza.
_Allí van las gambas al ajillo_ dijo el viejo y deduje que también estaba a nuestro lado.
_Ha bebido demasiado……..se nos ha ido la mano…._ dijo ella
_Y el estómago también_ dijo el viejo
Y luego sentí que me depositaban en una cama.
_Voy a quitarle los zapatos_ decía Gabriela
_Puedes taparle con esa manta_ decía la voz del viejo
No sé cuanto tiempo estuve durmiendo, las pesadillas me despertaron.
No sabía dónde me hallaba, la borrachera había remitido un poco.
Unas voces me llegaban desde lejos, como desde otro mundo.
_Le he dicho que no quería beber más ¿Quiere emborracharme?_ decía una voz de mujer
_ ¿Emborracharte? si tienes más aguante que un cosaco, tú _ dijo el viejo y luego una risa cantarina, demasiado cantarina ¿La risa de Gabriela?
Y el viejo la secundaba con una risa áspera y seca, como ladrido de perro.
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