El paraíso del cornudo (extracto 3)
Pablo sabe que su esposa se acostó con su propio hermano. Pero el verdadero tormento no es el acto en sí, sino la obligación de escuchar cada detalle mientras caminan de la mano, fingiendo normalidad ante el mundo. ¿Podrá soportar la verdad sin romper la fachada?
Comimos en un restaurante de hotel, aunque buscamos otro lo más alejado posible del Bahía. Durante la comida hablamos muy poco, casi nada, con Leire atacando su plato con un apetito feroz.
«¿Tanta hambre le ha entrado por acostarse con ese gilipuertas? —pensé incómodo—. ¿Tan fuerte se la ha follado?».
Fue a los postres, que tomamos en una heladería cercana, cuando llegó el momento de las confesiones.
—¿De verdad vas a tener esa cara toda la tarde? —abrió ella el fuego.
—¿Y qué quieres? —me ofendió la pregunta—. ¿Qué cara crees que pusiste tú cuando te confesé lo que había hecho con tu hermana? Y encima yo lo he presenciado en directo… Soy un gilipollas, si me vuelve a pasar, antes le rompo la crisma al tío que dejar que te ponga la mano encima.
Lo pensó un instante. Al cabo pareció hallar una solución, o al menos una propuesta:
—Si te lo cuento todo, ¿dejarás de mirarme con esa cara de asco?
—No sé, prueba a ver…
Bufó como un miura ante mi respuesta.
—Joder, Pablo, no tienes derecho a hablarme así…
—Así, ¿cómo?
—Como si fuera una puta.
Me sonreí por dentro, aunque no era momento para bromas. Pero es que había dado en el clavo. Había presenciado la actuación de una puta en directo. Aunque, si lo miraba bien, era yo el que la había emputecido. Así que llevaba razón, no tenía derecho a hacerle algo así.
—Lo siento, no volverá a ocurrir —le dije acariciando una de sus manos. El tacto de su piel era el mismo que unas horas antes. El sexo con el cerdo de mi cuñado no la había cambiado, al menos en ese aspecto.
—¿Te cuento o no te cuento? —ofreció—. Aunque si lo hago, es con la condición de que podrás soportarlo. Si no puedes aguantar, no te digo nada y así te ahorras el mal trago.
Salté de inmediato, me moría por saber.
—Venga, cuéntamelo, si veo que no puedo soportarlo, te lo diré.
Volvió a pensarlo, no parecía decidirse.
—No sé por dónde empezar, ¿por qué no me preguntas tú?
—Está bien, yo te pregunto —respondí agobiado, temiendo lo que estaba a punto de confesar.
Unos minutos después, caminábamos por el paseo y ella me respondía a las preguntas que le iba haciendo. Al menos, pensaba, no había vuelto a mencionar nuestra posible separación. Y eso endulzaba la repugnancia de las respuestas que me daba sobre lo que el cerdo de Manuel le había hecho.
A Leire, mi mujercita, mi niña… ¡Pedazo de cabrón!
*
Le acariciaba el pelo, mi mano por encima de su hombro. Cualquiera que nos viera pasar pensaría que éramos una pareja normal. Unos treintañeros más, con hijos o sin ellos, pero que no tenían nada de especial comparados con el resto de la gente.
Pero quien pensara esto se equivocaba, al menos en lo que concernía a la conversación que manteníamos. Una conversación que le habría puesto los pelos de punta a más de uno. Y a más de una.
—¿Cuántas veces te ha follado? —pregunté para empezar de algún modo.
—Hummm… no sé… —respondió dubitativa.
—¿Cómo? ¿Me quieres hacer creer que no sabes cuantas veces te la ha metido?
..........................
Extracto de mi nueva novela "EL PARAISO DEL CORNUDO", recién publicada en Amazon, y GRATUITA para los Kindle Unlimited. No te la pierdas!!!
.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Mi jefe emputece a mi mujer (Parte 1)
La apuesta era clara: si Pablo lograba acostarse con Alba, Juan tendría que verlo. Lo que Juan no esperaba era que la cámara captaría no solo el…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo consentidoCuckold
- Hetero: Infidelidad
El misterio de las bragas rotas
Fermín creía conocer a su esposa, pero una noche en la discoteca descubre que Pam es otra persona.
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo consentidoCuckold
- Hetero: Infidelidad
No puedo permitir que Elena se aburra
Elena le pide ayuda para llevar a su marido borracho a casa, pero su verdadero objetivo es otro.
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldVoyeurismo consentido
- Hetero: Infidelidad
Mi mujer me pone los cuernos con un vecino de 65.
Escondido entre sus propias camisas, él ve cómo otro hombre desviste a su esposa. Lo que comenzó como una trampa para confirmar sus sospechas se…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo consentidoCuckold
- Hetero: Infidelidad
Lo que no me atreví a contar hasta hoy
Se escondió detrás de la cabaña y escuchó los gemidos de su esposa con otro hombre. Podría haber gritado, podría haberse ido.
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo consentidoCuckold
- Hetero: Infidelidad
Beneplácito fugaz
Él sabía que ella lo deseaba, y él sabía que él lo quería. Pero la verdadera transgresión no fue el acto en sí, sino la mirada que permaneció oculta…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo consentidoCuckold