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Amigos en la fortuna. Vigésima parte

Jorge los invitó a su chalet con la promesa de una velada tranquila, pero las cinco chicas que llegaron no tenían intenciones de quedarse solo en la conversación. Mientras sus amigos caen uno a uno en la trampa del deseo, Félix intenta mantenerse firme, pero Jana ya ha decidido que él será su próxima víctima.

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El más torpe en darse cuenta de lo que eran aquellas amiguitas fue Gabriel, que inmediatamente las vio con el mismo rostro juvenil de muchas de sus alumnas en la universidad. Julián llevaba demasiados años en la carretera como comercial de piezas de automóvil como para no darse cuenta, a través de su experiencia personal, del rollo de aquellas chicas.

Lo de Jorge y Jandro era otro estar, el primero porque fue el encargado de contratarlas, recibirlas y presentarlas, y el segundo porque permaneció con total naturalidad e impasibilidad ante la irrupción de las invitadas. Solo Félix se inquietó al pensar en Aurora y en su compromiso. Pensó que quizá no fue muy buena idea acudir a la reunión.

–Estas preciosidades son –empezó a decir Jorge–: Mina, Jenny, Alexia, Candy y Jana. Mis amigos –dirigiéndose a ellas–, Félix, Jandro, Gabriel y Julián. Yo soy Jorge.

– Vaya –observó la tal Mina–, tus amigos son unos maduritos a tu lado, Jorge.

–A mí me parecen encantadores –intervino Alexia.

Estas dos parecían las más habladoras. Las cinco eran jóvenes y vestían informalmente. Tatuajes, pearcings y mucho maquillaje.

–¿Queréis tomar algo chicas? –ofreció Julián–.

Entonces las cinco mujeres se dirigieron al minibar a servirse un refresco, en tanto Félix miró a Jandro interrogándole y éste se encogió de hombros haciéndose el inocente. Gabriel estaba paralizado, sin embargo sí había prestado atención a una de las chicas, a Candy concretamente, y no le quitaba la mirada embobada de encima. Como Jandro se diese cuenta de ello, llamó a la chica y animó a Gabriel a que le enseñase el chalet y el entorno. Así que el profesor universitario tragó saliva y se fue junto a Candy hacia el jardín. Julián fue más decidido y se aproximó a Alexia tomándola de la cintura para llevársela a la planta de arriba.

–Sabes que esto se queda entre caballeros, ¿verdad? –dijo Jandro a Félix.

Félix asintió serio y preocupado y Jandro soltó un ¡así me gusta! para después ir junto a Héctor y el resto de chicas junto al minibar. Una de ellas, Jana, giró la cabeza hacia Félix y al verlo solo se dirigió hacia él con su vaso de refresco de limón.

–¿Tú no bebes nada? –preguntó Jana a Félix.

–No, gracias. Creo que ya he bebido bastante hoy.

–Creo que haces bien; hay que saber decir basta con la bebida. Yo de hecho nunca bebo alcohol.

La chica tenía un cara risueña, de piel fina y blanca; unos bonitos ojos marrones almendrados y una nariz acabada en una punta aplastada, muy graciosa. Su pelo rubio oscuro iba recogido en dos trenzas que le daban aspecto de colegiala traviesa.

–¿Cómo te llamas? –preguntó ella, intuyendo que él iba a ser poco conversador.

–Félix.

–¡Ah, claro, Félix! No recordaba. Yo soy Jana.

Jana se sentó junto a él en el mismo sofá y recogió las piernas para acurrucarse de costado al lado del hombre. Félix no quería incomodarla, pero justamente era él el que no se sentía cómodo.

–Verás Jana –dijo casi susurrando para que no le oyesen sus amigos–, estoy a punto de casarme. No me sentiría bien si…

–Sí, te entiendo. Se nota que eres un buen hombre. Podemos dar un paseo y hablar si te apetece, como han hecho Candy y tu otro amigo.