Xtories
Dominaciónjul 2025

Cuernos telefónicos

El teléfono suena en medio del placer prohibido. Mientras su novio pregunta si está bien, otro hombre la folla sin piedad. Ella debe elegir entre gritar de placer o mantener la calma, sabiendo que cada gemido traiciona su secreto.

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Suena la primera llamada. Lo coge a la segunda.

—Hola cariño —me dice.

Yo no contesto y me muerdo el labio inferior intentando contenerme.

—¿Cariño? —pregunta al no obtener respuesta.

—Sí… —digo casi sin aire.

—¿Estás bien? —me pregunta a través del móvil—. ¿Quieres que vaya a recogerte ya?

Veo al cabrón que sonríe a través del espejo mirándome con cara de demonio. Sin previo aviso me mete la polla hasta el fondo haciendo que ahogue un grito al vacío.

—No, no… —consigo responder.

Aunque jamás lo hayamos pactado, yo sé que él sabe que es un cornudo. A él le pone aunque se haga el idiota, y a mí me pone su servidumbre. Nunca lo hemos hablado pero él lo sabe de sobra.

—Todavía no, cielo.

—¿Qué tal esa película en el cine? —pregunta el imbécil.

Vuelvo a morderme el labio y miro al cabrón que me sigue follando mientras me sonríe. Comienza a follarme más fuerte y no puedo evitar soltar un gemido que intento disimular.

—Aaah, pues bien. Muy bien…

—¿Te… ha gustado? —pregunta dudoso.

Yo me reprimo y el cabrón me empieza a follar más duro cuando, sin esperarlo, me coge del pelo y tira. Mi boca se abre automáticamente mientras mi cara mira al cielo y mi mirada de zorra queda sin rodeos expuesta a través del espejo.

—Sí… Sí… —chillo.

Se queda en silencio. Tengo ganas de gritarle lo cornudo que es para terminar de correrme.

—Quieres… —dice tembloroso sin terminar la frase—, ¿quieres que siga al teléfono?

Él sabe lo que hay, aunque nunca lo hayamos hablado abiertamente.

—Sí, joder, sí…

Dejo el teléfono a la altura del coño en la cama mientras el cabrón comienza a follarme más y más duro, más y más fuerte, más y más rápido. Se escuchan las palmadas que dan sus huevos en mi culo.

—Mmfff —escucho un quejido del cabrón que me folla y sé sin decir nada más que está a punto de correrse.

Me la saca y me doy la vuelta para tragármela y entera y con solo pasarle la lengua siento toda su corrida bajar por mi garganta.

—Mmmm… —saboreo con la boca llena.

—¿Cariño? —se escucha al cornudo a través del teléfono.

—Mmmm —respondo con la boca llena de polla y lefa.

—¿Estás bien?

El cabrón suelta un quejido en forma de orgasmo cuando estoy absorbiendo sus últimas gotas mientras siento como le tiemblan las piernas. La habitación huele a sexo y, a mí, la boca a polla. Me lo trago todo y me relamo para ya, con la calma, coger el teléfono y poner el manos libres.

—Vale, cariño —suspiro—. Puedes venir a por mí.

—¿Sí? —pregunta ilusionado.

—¿Sabes lo que vas a hacer hoy? —le pregunto mirando al cabrón recomponerse y reírse en silencio.

—¿El qué, mi vida?

—Comerme el coñazo.