Xtories

La Llamada Traidora

Marcos cree que está sola en casa, llorándole la ausencia. Pero a medio metro de ella, su exnovio espera desnudo. Cada gemido que Laura intenta ahogar es una mentira más, y cada pregunta de Marcos la empuja más profundo hacia la traición. Esta noche, la distancia no importa: solo importa quién la tiene dentro.

Merovingiox15K vistas8.9· 7 votos

Laura estaba recostada en el sofá de tres plazas del salón de su piso, con el cuerpo relajado y las piernas ligeramente abiertas. Solo llevaba puesta una camiseta vieja y ancha de Marcos, su novio, que le llegaba justo por debajo de las nalgas, dejando al descubierto sus muslos suaves y el borde de sus braguitas blancas de encaje. El móvil lo sujetaba entre la oreja y el hombro derecho, mientras su mano izquierda jugaba distraídamente con el dobladillo de la camiseta.

—Marcos, mi vida… te echo tanto de menos que duele —dijo con voz suave, melosa, casi infantil—. Cada noche me meto en la cama y pienso en ti. Me cuesta dormirme sin tenerte al lado, sin sentir tus brazos rodeándome. ¿Cuándo vuelves? Tres semanas ya se me están haciendo eternas.

Al otro lado de la línea, la voz de Marcos sonaba cansada pero cargada de preocupación y celos:

—Lo sé, cariño. Yo también te extraño muchísimo. Pero es que no paro de darle vueltas a la cabeza. Viajo tanto por trabajo que me da miedo que te sientas sola y bueno, ya sabes. Me acuerdo de todos esos tíos con los que estuviste antes. Sobre todo de ese moro, Karim. Me pone enfermo solo de imaginar que podrías volver a verlo, aunque sea por casualidad. Dime la verdad, Laura, ¿has tenido algún contacto con él desde que estamos juntos?

Laura sonrió con una mezcla de ternura fingida y excitación maliciosa. A solo medio metro de ella, sentado completamente desnudo en el mismo sofá, estaba precisamente Karim. Su ex. Un moro de veintiocho años, piel morena oscura y brillante, cabello negro corto y bien peinado, barba recortada con precisión y un cuerpo fuerte, musculado por años de gimnasio y trabajo físico. Sus pectorales marcados, sus abdominales definidos y, entre sus piernas abiertas, descansaba su polla semierecta: una verga impresionante, gruesa como la muñeca de Laura, larga, venosa, con la piel de un tono marrón oscuro intenso y la cabeza grande, hinchada, de un morado profundo que ya empezaba a brillar con una gota de líquidopreseminal.

Karim la miraba fijamente, con una sonrisa arrogante y segura en los labios, sin decir ni una palabra todavía. Sabía perfectamente el juego que estaban jugando.

Laura extendió lentamente su mano libre y rodeó con los dedos la base de aquella polla moruna. La sintió caliente, pesada, palpitante. Empezó a masturbarla con movimientos lentos y suaves, de arriba abajo, sintiendo cómo la carne se endurecía rápidamente bajo su tacto, creciendo, hinchándose hasta alcanzar su tamaño completo: más de veinte centímetros de grosor y longitud, con venas marcadas que latían contra su palma.

—Ay, Marcos… —respondió ella con tono inocente y cariñoso, mientras su mano seguía acariciando la verga—. Te prometo que no tienes absolutamente nada de qué preocuparte. Ese capítulo de mi vida está más que cerrado. Karim es historia antigua. Tú eres el único hombre que quiero, el único con el que me imagino un futuro. No pienses tonterías, mi amor.

Mientras hablaba, Laura se inclinó poco a poco hacia Karim. Su cara quedó a pocos centímetros de la polla. Primero acercó los labios y depositó un beso suave, casi tierno, justo en la punta hinchada. Luego sacó la lengua rosada y empezó a lamer despacio, rodeando el glande con movimientos circulares lentos, saboreando el gusto salado y masculino de su piel caliente. Lamía con dedicación, recorriendo el borde sensible, bajando por el frenillo y subiendo otra vez, dejando un rastro brillante de saliva.

Karim soltó un gruñido muy bajo, casi inaudible, y separó un poco más las piernas para darle mejor acceso.

—¿Qué has dicho, cariño? —preguntó Marcos al teléfono, extrañado.

—Nada, nada… —contestó Laura rápidamente, con la voz aún calmada—. Es que estoy aquí en el sofá, cómoda. ¿Y tú? ¿Cómo va el trabajo hoy?

Mientras mantenía la conversación, abrió la boca y se metió la cabeza gruesa de la polla de Karim entre los labios. Empezó a chupar con mucha lentitud al principio, solo la punta, succionando suavemente como si realmente estuviera saboreando un dulce. Los primeros ruidos húmedos empezaron a sonar: slurp… slurp… suaves pero claros.

Marcos insistió:

—Laura, ¿qué es ese ruido? Suena como si estuvieras comiendo algo. ¿Estás merendando?

Laura sacó solo un segundo la polla de su boca. Un hilo fino de saliva conectaba sus labios con la cabeza brillante. Respiró hondo y respondió con voz juguetona:

—Sí, amor… estoy picando un snack de chocolate. Uno de esos bien grandes y cremosos por dentro. Está riquísimo, se me derrite en la boca. Tengo que chuparlo despacio para disfrutarlo bien.

Y volvió a meterse la verga. Esta vez se la tragó más profundo, hasta la mitad aproximadamente. Empezó a mover la cabeza arriba y abajo con ritmo lento pero constante, chupando con más fuerza. Sus mejillas se hundían ligeramente con cada succión. La saliva empezaba a acumularse y a correr por el tronco moreno, haciendo que brillara bajo la luz del salón.

Slurp… glup… slurp… mmm…

Karim le puso una mano grande y morena en la nuca, sin presionar todavía, solo acompañando el movimiento. Laura sintió el calor de su palma y eso la excitó todavía más. Su coño ya empezaba a humedecerse bajo las braguitas.

—Laura, esos ruidos son muy raros —dijo Marcos, claramente desconfiado—. Suenan como si estuvieras chupando una polla ¿Seguro que solo es un snack?

Laura sacó la polla un momento más largo esta vez. Jadeaba suavemente. Tenía los labios ya hinchados y brillantes, la barbilla empezando a mojarse. Un hilo espeso de saliva colgaba de su labio inferior hasta la punta de la polla de Karim.

—Es que el chocolate está muy cremoso y denso, mi vida —explicó con voz entrecortada pero dulce—. Se me llena toda la boca. Tengo que chupar fuerte y profundo para tragármelo todo. No quiero que se me caiga ni una gota. Es tan rico… mmm, si estuviera comiéndome una polla creés que te contestaría al teléfono y hablaría contigo? Mira que eres bobo cariño...

Sin esperar más, se lanzó de nuevo. Ahora chupaba con más intensidad. Metía la polla más adentro, sintiendo cómo la cabeza gruesa le rozaba el paladar y empezaba a tocar el fondo de su garganta. Movía la cabeza con movimientos más amplios: arriba y abajo, girando un poco de lado para que la verga le frotara las mejillas por dentro. Los ruidos se volvieron más fuertes y obscenos:

Glup… glup… slurp… glurp… mmmph…

Sus ojos empezaban a humedecerse por el esfuerzo, pero no paraba. Al contrario, aceleró un poco el ritmo, chupando con verdadera devoción. La saliva le caía abundantemente por la barbilla, goteando sobre las pesadas bolas morenas de Karim y mojando el sofá.

Karim, incapaz de quedarse callado del todo, le susurró muy bajito, tapando el micrófono con la otra mano:

—Qué puta estás hecha… chúpamela más profundo, zorra. Trágatela toda.

Laura sintió un escalofrío de placer al oírlo. Su coño palpitó. Respondió a la orden metiéndose la polla hasta casi la garganta, aguantando unos segundos con la nariz cerca del pubis rasurado de Karim, sintiendo cómo la verga le invadía la boca por completo. Tuvo que hacer un pequeño esfuerzo para no atragantarse, pero lo consiguió. Cuando la sacó, un largo y espeso hilo de saliva se estiró desde sus labios hasta la base de la polla.

—Dios… está tan cremoso… —murmuró ella, fingiendo que hablaba del snack, pero claramente dirigiéndose también a Karim.

Marcos se disculpó por la grosería anterior y siguió hablando, contándole detalles de su día, de la reunión que tenía en media hora, de lo mucho que la quería y de lo inseguro que se sentía por estar tan lejos. Laura respondía con monosílabos cariñosos y gemidos disimulados, mientras continuaba chupando sin descanso.

Ahora alternaba técnicas: chupadas largas y profundas que hacían que la polla desapareciera casi por completo en su boca, lamidas lentas y lascivas por toda la longitud del tronco, recorriendo cada vena con la punta de la lengua, succiones rápidas y fuertes solo en la cabeza hinchada, y momentos en los que bajaba a las bolas, metiéndoselas una a una en la boca, succionándolas con cariño mientras su mano masturbaba el tronco empapado arriba y abajo a toda velocidad.

Slurp… slurp… glug… glurp… pop… slurp…

La saliva le corría ya por el cuello, mojando la camiseta de Marcos. Tenía la cara enrojecida, los ojos llorosos de placer y esfuerzo, los labios hinchados y rojos como nunca. Pero seguía. Seguía chupando como una auténtica adicta a aquella polla moruna que tanto había echado de menos.

Karim empezó a mover las caderas con suavidad, follándole la boca con embestidas cortas pero firmes. Cada vez que empujaba, Laura gemía alrededor de la verga: mmmmph… mmmph… glup…

"Tranquilo cariño ya queda menos para vernos y comernos a besitos"

Y volvió a lanzarse. Esta vez se la metió tan profundo que sintió cómo la cabeza le presionaba la garganta. Aguantó varios segundos, con lágrimas cayéndole por las mejillas, mientras Karim le sujetaba la cabeza con más fuerza. Cuando la sacó, tosió ligeramente, pero sonrió con lujuria. La polla estaba completamente empapada, brillante, cubierta de hilos espesos de saliva que colgaban de todas partes.

Laura miró a Karim a los ojos mientras seguía masturbándolo con la mano y le susurró casi sin voz:

—Tu polla es muchísimo mejor que la de él… más grande, más dura, más rica…

Karim sonrió satisfecho y le empujó la cabeza otra vez hacia abajo.

La mamada continuó durante muchos minutos más. Laura perdió la noción del tiempo. Chupaba, lamía, succionaba, tragaba, gemía, babeaba. La boca le dolía un poco, la mandíbula empezaba a cansarse, pero el placer y la morbosidad de la situación la mantenían excitada como nunca. Su coño estaba empapado, las braguitas completamente mojadas.

Marcos finalmente dijo que tenía que colgar porque entraba en la reunión:

—Te quiero mucho, Laura. Cuídate, ¿vale?

—Te quiero más, mi amor —respondió ella con voz ronca y entrecortada—. Hablamos luego.

En cuanto cortó la llamada, sacó la polla de su boca con un sonoro y obsceno “POP”. Un largo, grueso y brillante hilo de saliva quedó colgando de sus labios hinchados hasta la cabeza morada de la verga de Karim. Tenía la cara completamente roja, los ojos brillantes de lágrimas y lujuria, la barbilla, el cuello y parte de la camiseta empapados de saliva. Respiraba agitadamente.

Miró a Karim con una sonrisa de pura zorra satisfecha y le dijo con voz ronca, cargada de deseo:

—Ahora sí, Karim, mi novio ya no molesta. Me has tenido chupándotela durante toda la puta llamada. Estoy empapada. Vamos a follar como los animales que somos...

Laura aún respiraba con dificultad después de la larga y sucia mamada. Tenía la boca dolorida, la mandíbula cansada y los labios hinchados y rojos como si hubiera estado besando durante horas. Un reguero espeso de saliva le bajaba desde la comisura de la boca hasta la barbilla y el cuello, mojando la camiseta vieja de Marcos que todavía llevaba puesta. Sus ojos brillaban con una mezcla de vergüenza y excitación salvaje mientras miraba a Karim, que estaba sentado desnudo a su lado, con la polla moruna completamente erecta, brillante de saliva y palpitando con fuerza.

—Joder, Karim… —susurró con voz ronca y entrecortada—. Me has tenido más de media hora chupándotela mientras hablaba con mi novio. Cada vez que Marcos me preguntaba por los ruidos yo tenía tu polla gruesa metida hasta la garganta. Estoy empapada… mi coño está chorreando como nunca. Siento cómo me palpita solo de mirarte.

Karim sonrió con esa arrogancia típica suya, esa sonrisa de moro seguro de sí mismo que siempre la había vuelto loca. Se levantó lentamente del sofá, mostrando todo su cuerpo moreno y musculado: los hombros anchos, los pectorales marcados, los abdominales duros y esa polla enorme, venosa, de piel oscura que brillaba bajo la luz del salón. Agarró a Laura por las muñecas con firmeza pero sin hacerle daño y la levantó como si no pesara nada. La tiró de espaldas sobre el sofá grande, abriéndole las piernas con las rodillas.

—Ahora te voy a follar como te mereces, guarra —gruñó con su acento marcado y profundo—. Ese noviecito tuyo que viaja tanto no tiene ni puta idea de cómo se destroza un coño como el tuyo. Voy a hacer que te corras gritando mientras piensas en él.

Laura soltó un gemido largo solo de oír sus palabras. Abrió las piernas todo lo que pudo, flexionando las rodillas y dejando que sus pies quedaran en el aire. La camiseta se le subió hasta la cintura, dejando al descubierto sus braguitas blancas de encaje que estaban completamente empapadas. Una gran mancha oscura de humedad cubría el centro y los labios de su coño se marcaban claramente a través de la tela fina.

Karim se arrodilló entre sus piernas abiertas. Con dos dedos apartó las braguitas a un lado sin quitárselas, dejando su coño rosado, hinchado y chorreante completamente expuesto. La cabeza gruesa y morada de su polla presionó contra los labios mojados. Frotó lentamente arriba y abajo, untándose de sus jugos calientes, haciendo que Laura se retorciera de anticipación.

—Estás empapada como una puta en celo… —murmuró él, mirando cómo su polla se cubría de brillos transparentes—. ¿Tanto te ha puesto ser una zorra mientras tu novio te decía que te quería?

—Sí… —confesó Laura con la voz temblorosa—. Me pone cachonda traicionarlo así. Cada vez que me preguntaba por los ruidos yo tenía tu polla en la boca y solo podía pensar en cómo me ibas a follar después. Métemela ya, Karim. Quiero sentir cómo me abres entera.

Karim empujó las caderas hacia adelante con lentitud deliberada. La cabeza gruesa de su polla separó los labios hinchados y empezó a entrar. Centímetro a centímetro, la verga moruna fue abriéndose paso dentro del coño caliente y apretado de Laura. Ella sintió cada vena, cada relieve, cada pulsación. Cuando llevaba la mitad dentro ya estaba gimiendo alto, arqueando la espalda y clavándole las uñas en los hombros morenos.

—Dios mío… qué gruesa es… —jadeó ella, sintiendo cómo su coño se estiraba al límite—. Me estás abriendo como nunca… duele rico… sigue despacio, quiero sentirlo todo…

Karim siguió empujando sin prisa, disfrutando de la vista: el coño rosado tragando su polla oscura, los jugos que salían alrededor del tronco y mojaban sus bolas pesadas. Cuando por fin la metió hasta el fondo, sus huevos morenos tocaron el culo de Laura y la cabeza de la polla presionó contra el fondo de su útero. Laura soltó un grito largo y gutural de placer puro:

—¡Joder! ¡La tienes tocando fondo! ¡Me llenas toda, cabrón! ¡Es mucho más grande que la de Marcos!

Karim se quedó unos segundos quieto, disfrutando de cómo el coño de Laura palpitaba alrededor de su verga. Luego empezó a follarla en misionero con embestidas lentas y profundas. Sacaba casi toda la polla, dejando solo la cabeza gruesa dentro, y luego volvía a empujar hasta el fondo con un golpe seco y controlado. Cada embestida producía un sonido húmedo y obsceno: plap… plap… plap…

Los pechos de Laura rebotaban bajo la camiseta con cada golpe. Ella tenía las piernas abiertas al máximo, los talones clavados en el sofá, y sentía cada centímetro de aquella polla frotando sus paredes internas, rozando su punto G con precisión brutal. Sus jugos calientes le corrían por el culo, mojando el sofá y las bolas de Karim.

—Más fuerte… por favor… —suplicó ella entre gemidos continuos—. Fóllame más fuerte, Karim. Quiero que me destroces mientras mi novio está en su reunión pensando que soy una novia perfecta.

Karim aceleró el ritmo poco a poco. Sus caderas empezaron a chocar con más fuerza contra el culo redondo de Laura. Plap-plap-plap-plap-plap. El sonido de carne contra carne llenaba todo el salón. Le agarró las tetas por encima de la camiseta, apretándolas con fuerza, pellizcándole los pezones duros mientras la follaba cada vez más salvaje. Laura gemía sin control, la cabeza echada hacia atrás, la boca abierta, los ojos entrecerrados de placer.

—Tu coño está más apretado y más caliente que nunca… —gruñó Karim sin dejar de embestir—. ¿Tu novio no te folla así? ¿No te llega tan profundo? Dime la verdad, zorra.

—No… —confesó Laura entre jadeos entrecortados—. Su polla es más pequeña y fina… no me llena como tú. No me llega al fondo. ¡Sigue! ¡No pares! ¡Quiero que me revientes!

Karim se inclinó más sobre ella, casi aplastándola con su cuerpo moreno y sudoroso. Le mordió el cuello con fuerza, dejando una marca roja, le lamió la oreja y siguió follándola con embestidas brutales y profundas. Cada golpe hacía que el sofá crujiera y que el coño de Laura soltara más jugos con un sonido chapoteante. Ella le rodeó la cintura con las piernas, clavándole los talones en el culo duro para que entrara todavía más profundo.

Durante varios minutos la folló así, en misionero puro y salvaje. Laura sintió que se acercaba el primer orgasmo. Su coño empezó a contraerse alrededor de la polla gruesa, apretándola como un puño caliente. Cuando llegó, se corrió con fuerza: todo su cuerpo se tensó, sus piernas temblaron, y soltó un grito largo y agudo mientras olas de placer la recorrían. Su coño expulsó un chorro de jugos que empaparon el regazo de Karim.

Pero Karim no paró. Siguió follándola a través del orgasmo, alargándolo, haciendo que ella gimiera como una loca, con lágrimas de placer cayéndole por las mejillas.

—Sigue joder, duro y hasta el fondo —balbuceaba ella.

Cuando Laura empezó a recuperarse del primer orgasmo, todavía temblando, Karim se incorporó de golpe. Se sentó en el centro del sofá y tiró de ella con fuerza por las caderas.

—Ahora te vas a subir encima —ordenó con voz autoritaria—. Quiero verte cabalgarme como la guarra adicta a mi polla que eres. Quiero ver cómo te destrozas tú sola.

Laura, con las piernas débiles y el coño palpitando, se colocó a horcajadas sobre él. Agarró la polla brillante de jugos y saliva con una mano temblorosa y la colocó en la entrada de su coño hinchado. Bajó lentamente, empalándose centímetro a centímetro. Cuando la polla gruesa desapareció completamente dentro de ella y sus huevos tocaron su culo, soltó un gemido largo y profundo:

—Dios… desde arriba se siente aún más grande… me llega al útero… me estás rompiendo por dentro…

Empezó a cabalgarlo despacio al principio, subiendo y bajando con movimientos controlados y circulares de caderas. Sus tetas rebotaban bajo la camiseta con cada bajada. Karim le subió la prenda hasta el cuello, dejando sus pechos al aire, y se metió un pezón duro en la boca, chupándolo con fuerza y mordiéndolo suavemente mientras ella cabalgaba.

Laura aceleró poco a poco. Ahora rebotaba con más energía, haciendo que su culo chocara contra los muslos morenos y musculados de Karim con sonidos fuertes y húmedos: plap-plap-plap-plap. Su coño tragaba la polla entera una y otra vez, dejando el tronco oscuro brillante de sus jugos espesos. Los jugos le corrían por los muslos internos y goteaban sobre las bolas pesadas de Karim.

—Dios… cómo me llena… —jadeaba ella sin parar, girando las caderas en círculos amplios mientras subía y bajaba—. Tu polla moruna es adictiva… me tiene loca… cada vez que mi novio me llama solo puedo pensar en esto… en cómo me follas tú.

Karim le agarró el culo con las dos manos grandes y morenas, abriéndole las nalgas y ayudándola a rebotar más fuerte y más rápido. De vez en cuando le daba un azote fuerte en cada nalga que resonaba en el salón y que hacía que Laura gritara de placer mezclado con dolor rico.

—Cabalga más rápido, puta —le exigió entre dientes—. Quiero ver cómo te destrozas el coño tú sola con mi verga. Quiero que te corras otra vez montándome como una perra en celo.

Laura obedeció sin pensarlo. Se apoyó con las manos en el pecho ancho y sudoroso de Karim y empezó a cabalgar como una posesa: subidas rápidas hasta casi sacar la polla y bajadas brutales que hacían que la verga entrara hasta el fondo con fuerza. Sus tetas saltaban descontroladas, el pelo revuelto le caía sobre la cara, y su cara estaba completamente desencajada de placer. El sudor le corría por la espalda, entre las tetas y por el vientre.

—Estoy a punto otra vez… —avisó entre jadeos entrecortados—. Me voy a correr otra vez montándote… ¡no pares!

Karim le apretó el clítoris hinchado con el pulgar mientras ella cabalgaba sin control y eso fue el detonante. Laura se corrió por segunda vez con mucha más intensidad: todo su cuerpo convulsionó encima de él, su coño se contrajo con fuerza alrededor de la polla gruesa, apretándola como si quisiera ordeñarla. Soltó un grito ronco y largo mientras olas de placer la recorrían. Sus jugos salieron a chorros, empapando completamente el regazo de Karim, el sofá y sus propios muslos.

Ella siguió cabalgando más lento durante el orgasmo, disfrutando cada contracción, cada pulsación, pero Karim no la dejó descansar mucho tiempo. La sujetó fuerte por las caderas y empezó a empujar hacia arriba con fuerza, follándola desde abajo mientras ella todavía temblaba encima de él. La cabalgada se volvió salvaje y caótica. Laura rebotaba sin control, gritando, gimiendo, nombrando el nombre de Karim entre jadeos.

Después de varios minutos más de follada intensa en cabalgada, Karim la levantó de golpe, aún con la polla enterrada profundamente dentro de su coño chorreante. La giró y la puso a cuatro patas sobre el sofá, con el culo bien levantado y el coño abierto e hinchado, preparado para la última posición.

—Ahora te voy a follar como una perrita —le dijo al oído con voz grave, dándole un fuerte azote en el culo que dejó la marca roja de su mano—. Prepárate, porque te voy a reventar.

Laura, exhausta, sudada y aún temblando de placer, arqueó la espalda todo lo que pudo y levantó el culo ofreciéndoselo como una zorra desesperada.

—Hazlo… —suplicó con voz rota—. Fóllame como quieras. Soy tu puta esta tarde. Úsame.

Laura estaba completamente destrozada de placer después del intenso orgasmo que acababa de tener mientras cabalgaba la polla gruesa y venosa de Karim. Su cuerpo temblaba sin control, las piernas le flaqueaban y su coño estaba hinchado, rojo oscuro, completamente abierto y chorreando un río constante de jugos transparentes y espesos que le bajaban por los muslos internos hasta mojar los cojines del sofá. La camiseta vieja y holgada de Marcos, su novio, estaba empapada de sudor, saliva y jugos, subida hasta el cuello, dejando sus tetas pesadas y redondas balanceándose libres, con los pezones duros, enrojecidos y sensibles por los mordiscos y pellizcos anteriores. Su pelo castaño claro estaba revuelto, pegado a la cara y al cuello por el sudor, los ojos vidriosos y llenos de lágrimas de placer extremo, la boca entreabierta jadeando con dificultad.

Karim, con el cuerpo moreno y musculado brillando de sudor, respiraba con fuerza pero sonreía con esa arrogancia dominante que siempre la volvía loca. Su polla enorme, gruesa como la muñeca de Laura, venosa, de piel oscura y cabeza morada hinchada, seguía palpitando con fuerza, completamente empapada de los jugos de ella.

Las rodillas de Laura se hundieron profundamente en los cojines blandos, el culo bien levantado y redondo, la espalda arqueada de forma obscena, ofreciéndose como una perra en celo desesperada. Su coño quedó totalmente expuesto a la vista de Karim: los labios mayores hinchados y separados, el interior rosado y brillante visible, el clítoris hinchado palpitando, y un hilo grueso y brillante de jugos colgando desde la entrada abierta hasta el sofá, formando ya un pequeño charco debajo.

Karim se arrodilló detrás de ella, admirando el espectáculo con una sonrisa satisfecha. Levantó la mano derecha y le dio un azote brutal en la nalga derecha. El sonido seco, fuerte y resonante llenó todo el salón: ¡PLASSSSS!

Laura soltó un grito agudo y largo de placer mezclado con dolor cuando el ardor intenso le recorrió la nalga. La piel blanca se enrojeció al instante y la marca perfecta de la mano de Karim quedó impresa claramente.

—Así es exactamente como te voy a follar ahora, zorra traidora —gruñó Karim con su acento moruno grave, profundo y autoritario, mientras le acariciaba la nalga marcada—. Con el culo bien en pompa, ofreciéndome ese coño mojado que tu novio de mierda no sabe ni cómo usar. Mira cómo estás… chorreando como una puta barata en celo. Todo esto solo porque te pasaste media hora chupándome la polla mientras le decías a Marcos que le querías.

Laura empujó el culo hacia atrás instintivamente, frotando su coño abierto contra la cabeza caliente de la polla de Karim, desesperada por sentirla dentro otra vez.

—Hazlo… te lo suplico… —gimió con voz rota, ronca y temblorosa de excitación—. Fóllame fuerte, Karim. Quiero que me revientes el coño. Quiero sentir cada centímetro de tu polla moruna destrozándome por detrás mientras recuerdo la voz de mi novio al teléfono.

Karim agarró su verga gruesa y venosa con una mano y empezó a frotar lentamente la cabeza hinchada y morada contra la entrada chorreante del coño de Laura. La movió arriba y abajo con deliberada lentitud, untándose bien de sus jugos calientes y viscosos, rozando el clítoris hinchado de vez en cuando solo para torturarla y hacerla gemir más alto y desesperada. Laura se estremecía entera con cada roce, moviendo el culo en pequeños círculos ansiosos, empujando hacia atrás para intentar que la penetrara.

—Estás hecha un puto desastre total… —se burló él con voz baja y cruel—. Todo tu coño goteando, las tetas colgando, la cara roja… y todo por haberte tragado mi polla mientras tu novio te preguntaba qué ruidos eran esos. ¿Qué pensaría Marcos si te viera ahora mismo? ¿Si viera a su novia perfecta, la que le dice “te echo de menos, amor”, convertida en una perra a cuatro patas ofreciéndole el coño abierto a su ex moro?

Laura jadeó más fuerte y empujó el culo aún más hacia atrás, frotándose con desesperación contra la cabeza de la polla.

—No me importa ya… solo quiero que me folles. Métemela ya, por favor… la necesito dentro, profunda, fuerte…

Karim colocó la cabeza gruesa justo en la entrada dilatada y empujó de un solo golpe brutal, largo y profundo. La polla entera desapareció dentro del coño de Laura con un sonido húmedo y obsceno hasta que sus huevos morenos y pesados chocaron contra su clítoris hinchado. Ella soltó un grito largo, gutural y lleno de placer salvaje que llenó el salón:

—¡Aaaahhh! ¡Joder! ¡Qué profundo cabrón! ¡Me estás rompiendo entera! ¡Es tan gruesa… me llega al fondo del todo!

La sensación fue abrumadora e intensa. Desde la posición a cuatro patas, la polla de Karim se sentía aún más grande, más gruesa, más invasiva que nunca. Laura sentía cada vena marcada palpitando contra sus paredes internas, estirándola al límite, la cabeza gruesa presionando fuerte contra el fondo de su útero con cada milímetro. Karim se quedó quieto unos largos segundos dentro de ella, disfrutando del calor apretado y mojado que lo envolvía como un guante vivo, pulsando a su alrededor.

Luego empezó a follarla de verdad. Al principio con embestidas lentas, largas y deliberadas: sacaba casi toda la polla gruesa, dejando solo la cabeza hinchada dentro, y luego volvía a empujar hasta el fondo con fuerza controlada y profunda. Cada golpe producía un sonido húmedo, chapoteante y fuerte: plap… plap… plap…

Los jugos espesos de Laura salían expulsados con cada embestida, salpicando los muslos morenos y musculados de Karim, cayendo al sofá en gotas grandes y formando hilos brillantes. El olor a sexo era pesado y denso en el aire: coño mojado y excitado, sudor masculino, el aroma almizclado de la polla moruna y el leve olor a semen residual de la mamada anterior.

—Más fuerte… por favor… —suplicó ella, agarrando los cojines con las manos hasta que los nudillos se le pusieron blancos—. Fóllame como un animal salvaje. Quiero que me duela rico, que me destroces.

Karim aceleró el ritmo progresivamente. Sus caderas empezaron a chocar contra el culo redondo y suave de Laura con potencia constante y creciente. Plap-plap-plap-plap-plap-plap. El sonido era ensordecedor, obsceno y rítmico, mezclándose con los gemidos cada vez más altos de ella. Le agarró las caderas con las dos manos grandes y morenas, clavándole los dedos con fuerza en la carne blanda, dejando marcas rojas mientras la embestía sin ninguna piedad.

En ese preciso momento, mientras la follaba con embestidas cada vez más brutales, Karim se inclinó sobre la espalda sudada de Laura, le tiró del pelo hacia atrás con una mano para arquearle más la espalda y le susurró al oído con voz oscura y dominante:

—Coge el móvil ahora mismo, zorra.

Laura, completamente aturdida por el placer y las embestidas, tardó unos segundos en procesar la orden.

—¿Qué…?

—Que cojas el puto móvil —repitió él con tono autoritario, dándole otro azote fuerte en la nalga izquierda mientras seguía follándola sin reducir el ritmo—. Vas a llamar a tu novio Marcos ahora mismo. Vas a decirle lo mucho que le echas de menos, lo mucho que le quieres, lo sola que te sientes… todo eso mientras yo te follo como una perra. Y vas a hacerlo bien, sin cortar la llamada. Si se te escapa un gemido demasiado fuerte o cuelgas, te follo el doble de duro. ¿Entendido?

Laura sintió un escalofrío de morbo puro y humillación excitante recorriéndole todo el cuerpo. Su coño se contrajo violentamente alrededor de la polla gruesa de Karim solo de pensarlo. Con la mano temblorosa y casi sin fuerzas, alcanzó el móvil que estaba sobre la mesa auxiliar, lo desbloqueó y marcó el número de Marcos con dedos torpes y sudorosos.

El teléfono empezó a sonar mientras Karim no dejaba de embestirla con fuerza.

Marcos contestó al tercer tono, con voz sorprendida pero cariñosa:

—¿Laura? Cariño, ¿va todo bien? Acabo de salir de la reunión y no esperaba que me llamaras tan pronto.

Laura intentó controlar su voz lo máximo posible, pero Karim empujó especialmente fuerte en ese momento, metiéndole la polla hasta el fondo y haciendo que su cuerpo se sacudiera.

—S-sí… amor… todo bien… —consiguió decir, mordiéndose el labio inferior con fuerza—. Solo… solo quería llamarte porque te echo mucho de menos… muchísimo…

Karim sonrió con maldad y aumentó el ritmo de las embestidas. Sus caderas chocaban contra el culo de Laura con más potencia. Plap-plap-plap-plap-plap. Ella tuvo que tapar el micrófono un segundo con la mano para soltar un gemido ahogado y largo.

—Te echo tanto de menos, Marcos… —continuó Laura con voz entrecortada y temblorosa—. Cada día sin ti se me hace eterno… pienso en ti todo el rato… en tus abrazos… en cómo me besas…

Karim le tiró más fuerte del pelo, arqueándole la espalda aún más, y aceleró las embestidas, follándola con golpes rápidos y profundos. El sofá crujía bajo ellos. Laura sintió cómo su coño se llenaba y se vaciaba una y otra vez con la polla gruesa.

—Díselo mejor —le susurró Karim al oído sin dejar de follarla—. Suena más convincente, puta.

Laura tragó saliva, jadeando, y siguió hablando mientras las lágrimas de placer le caían por las mejillas:

—Te quiero tanto, mi amor… no sabes cuánto deseo que estés aquí conmigo… abrazándome fuerte… besándome… tocándome… te necesito a mi lado… me siento tan sola sin ti…

Marcos sonaba contento y un poco preocupado:

—Qué bonito oírte decir eso, cariño. Yo también te echo muchísimo de menos. ¿Estás bien? Te noto la voz rara, como agitada o sin aliento.

Karim soltó una risa baja y folló aún más salvajemente. Ahora las embestidas eran brutales, rápidas y cortas, haciendo que el culo de Laura rebotara con fuerza contra sus caderas. PLAP-PLAP-PLAP-PLAP-PLAP. Los jugos salpicaban por todas partes. Laura tuvo que morder el cojín con fuerza para no gritar.

—S-sí… estoy… haciendo un poco de ejercicio en casa… —mintió ella con la voz quebrada y entrecortada—. Por eso… estoy un poco agitada… pero solo pienso en ti… en lo mucho que te quiero… en lo mucho que deseo que vuelvas pronto para estar juntos…

La follada continuó durante varios minutos largos e intensos. Karim no daba tregua: embestía sin parar, cambiaba el ritmo (lento y profundo, luego rápido y brutal), le daba azotes intercalados en ambas nalgas, le tiraba del pelo, le metía un dedo en el culo para estimularla doblemente. Laura se corrió por tercera vez mientras seguía hablando con su novio. Su coño se contrajo violentamente alrededor de la polla de Karim, apretándola como un puño caliente y mojado, mientras olas intensas de placer la recorrían. Tuvo que tapar el micrófono con toda la mano y morder el cojín hasta casi romperlo para ahogar el grito.

—Laura, de verdad… ¿seguro que estás bien? Pareces… no sé, rara —insistió Marcos preocupado.

—S-sí… amor… solo… me he emocionado un poco hablando contigo… te quiero tanto… eres lo mejor que tengo… —consiguió responder Laura entre jadeos y gemidos disimulados.

Karim siguió follándola sin misericordia durante toda la llamada. Laura tuvo que seguir diciéndole a su novio lo mucho que le echaba de menos, lo sola que se sentía, lo mucho que le quería, mientras su ex la destrozaba por detrás como una puta.

Finalmente, después de varios minutos más de follada salvaje, Karim sintió que estaba a punto de correrse. Sacó la polla del coño de Laura con un sonido húmedo y fuerte pop, la giró bruscamente poniéndola de rodillas frente a él en el sofá. La miró a los ojos con lujuria.

—Boca abierta, zorra. Saca la lengua.

Laura, exhausta, sudada y con la cara roja, obedeció al instante. Abrió la boca todo lo que pudo y sacó la lengua, mirando hacia arriba con ojos suplicantes y llenos de placer.

Karim se masturbó la polla gruesa y brillante de jugos solo unos segundos más y explotó con un gruñido animal.

La corrida fue abundante, potente y larga. Chorros espesos, blancos y calientes de semen salieron disparados directamente contra la cara de Laura. El primero le impactó en la frente y le bajó por la nariz en un reguero grueso. El segundo y el tercero le llenaron las mejillas y los párpados. Un chorro fuerte y directo le entró en la boca abierta, inundándole la lengua con sabor salado y espeso. Más semen le salpicó las pestañas, la barbilla, las tetas y hasta el pelo. Su cara quedó completamente pintada, cubierta de una capa espesa y brillante de semen que chorreaba por todas partes: desde la frente hasta la barbilla, goteando en hilos largos.

Laura se quedó allí de rodillas, con la cara destruida de semen, respirando agitadamente, mientras Karim vaciaba hasta la última gota sobre su rostro.

Cuando terminó, ella miró el móvil que todavía tenía en la mano y dijo con voz ronca, satisfecha y llena de lujuria, justo antes de colgar:

—Te echo tanto de menos, mi amor… no sabes cuánto, ahora me voy a duchar,nos vemos pronto mi amor.

Cortó la llamada y sonrió a Karim con la cara completamente cubierta de su semen, lamiéndose los labios lentamente para saborearlo y le dijo...

"Duchate conmigo y te dejo que me folles el culo"...