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Ser dependiente de una sexshop - 2

La tienda está cerrada al mundo exterior, pero abierta a los secretos más íntimos. Cuando una joven tímida entra buscando respuestas, el dependiente decide que su trabajo incluye mucho más que simples recomendaciones. Esta vez, la prueba del producto será personal.

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Yo soy Álvaro, un hombre de 50 años que trabaja en un sex shop. La mayor parte de nuestras ventas las hacemos por internet, pero también tenemos una pequeña tienda física.

La tienda, aunque no muy grande, estaba meticulosamente organizada con estanterías llenas de artículos que iban desde lencería seductora hasta juguetes sexuales de última generación. La mayoría de sus ventas se realizaban a través de su sitio web, pero la tienda física seguía siendo un punto de encuentro para aquellos que preferían la experiencia de ver y tocar los productos antes de comprarlos.

Un día, mientras atendía la tienda, la puerta se abrió y entró una chica joven, de unos 20 años. Su apariencia era la de alguien que había decidido dar un paso audaz fuera de su zona de confort. Llevaba una mochila colgada al hombro y sus manos jugaban nerviosamente con el asa. Al entrar, sus ojos se abrieron de par en par, reflejando una mezcla de curiosidad y timidez. Se movía con pasos cautelosos, como si cada paso pudiera revelar algo nuevo y emocionante, pero también potencialmente incómodo.

Comenzó a deambular por la tienda, sus ojos recorriendo las estanterías con una mezcla de asombro y desconcierto. Se detuvo frente a una sección de lencería, pasando los dedos por las delicadas telas de encaje y satén. Su rostro se sonrojó ligeramente. He de admitir que disfruté un poco observándola desde el mostrador, noté cómo su respiración se aceleraba. La chica parecía estar en un estado de indecisión, como si no supiera por dónde empezar.

Luego, se dirigió a una estantería llena de juguetes sexuales, donde sus ojos se detuvieron en un vibrador de diseño ergonómico. Lo tomó con cuidado, como si fuera un objeto frágil y precioso, y lo examinó con una mezcla de fascinación y nerviosismo. Con experiencia en la reacción de los primeros visitantes, le dio su espacio, pero desde el mostrador le comenté:

-Necesitas ayuda, ¿buscas algo especial?

Escuché atentamente mientras la joven explicaba su búsqueda, su voz ganando confianza a medida que hablaba. "Es mi primera vez en un sex shop," admitió, con una mezcla de nerviosismo y determinación en su tono. "Busco un dildo doble, uno que tenga dos cabezas."

Asintí, en mi mente pensé con una pizca de humor, "No es necesario que lo jures." De mietras seguía con una expresión neutral y profesional, dejandola dos o tres baldosas de distancia, listo para ayudarla. Dejar espacio libre ayuda a tranquilizar a los clientes indecisos.

"Entiendo," respondí y me dirigí hacia una sección específica de la tienda. "Tenemos una variedad de dildos dobles que podrían ser lo que buscas. Ven, te mostraré algunas opciones."

La chica lo siguió, sus pasos más seguros ahora que tenía un guía. Álvaro se detuvo frente a una estantería que mostraba varios modelos de dildos dobles, cada uno con características únicas. "Estos son algunos de los más populares," explicó, señalando cada uno. "Tienen diferentes tamaños, formas y materiales. Algo que la gente suele tener en cuenta, es si el doble dildo es para penetración vaginal, o anal, o uno de cada. Puedes ver que el grosor y la forma cambian"

Algo que la gente suele tener en cuenta, le dije, es si el doble dildo es para penetración vaginal, o anal, o uno de cada. Puedes ver que el grosor y la forma cambian. También los hay con cinturón y sin cinturón. El modelo de penetración vaginal-anal es comprado por bastantes mujeres casadas, señalé uno de los modelos.

La chica me paró, sus mejillas se tiñeron de un suave rubor. "Es para jugar con mi novia," admitió, su voz apenas un susurro.

Asentí comprensivamente, manteniendo un tono profesional. "Entiendo. En ese caso, podrías considerar este modelo," dije, señalando un dildo doble con un diseño más equilibrado. "Es ideal para parejas que buscan explorar juntas. Tiene un grosor uniforme y una curva suave que puede ofrecer una experiencia placentera para ambas."

La joven tomó el dildo, examinando su diseño con curiosidad. "¿Y qué hay de los materiales?" preguntó, su voz ganando confianza. "¿Cuál es el mejor para principiantes?"

"Para principiantes, generalmente recomiendo silicona," respondí. "Son materiales suaves, fáciles de limpiar y menos propensos a causar irritación. Además, son bastante duraderos."

Entonces me soltó lo que supongo que tenía en mente desde que entró. "Estábamos cenando con unos amigos, y habíamos bebido un poco. Uno de las parejas dijo..." Paró para tomar aire y hacer acopio de voluntad. "Dijo que en este sex shop permitían probar unos juguetes y sólo tenías que asegurar una compra por una parte del material probado. Me pareció algo sucio, el compartir algo tan íntimo. Pero ellos insistieron que el dependiente era muy limpio, y estricto."

La cara de la chica ahora era roja como un tomate, y pude ver cómo luchaba por mantener la compostura. "¿Podría probar ese modelo?" preguntó finalmente, su voz apenas audible. El modelo que me indicó era un modelo especial, era un dildo triple. Quiero decir, por un lado había un dildo, y por el otro había dos... para vagina y ano a la vez.

Asentí, comprendiendo su situación. "Claro. Tenemos una selección de juguetes para probar, y después de cada uso los limpio y desinfecto, y los limpio de nuevo." respondí con calma. "Tenemos un área privada donde puedes hacerlo con comodidad. es como un probador de una tienda de ropa. Mira de los muestro. El problema es que el modulo de tres cabezas no lo tengo para probar, pero puedes probar estos otros dos. Este es vaginal y este es anal. La sensación será similar."

La chica asintió, aliviada por mi respuesta. "Gracias. La verdad es que no sabía qué esperar. Mis amigos me animaron a venir, pero no estaba segura de cómo sería."

Antes de que se lo pensase, cogí los dos dildos que le mostré, con su tela blanca e impoluta. "Acompáñame," le dije, y le abrí una pequeña sala con dos sillas y un colgador de ropa. "Como un probador de ropa," le confirmé. "Hasta está el espejo. Te dejo para que lo pruebes."

La chica, con las mejillas aún sonrojadas, asintió y entró en la sala. Cerré la puerta tras ella, dándole la privacidad que necesitaba para explorar a su propio ritmo. "Estaré aquí fuera si necesitas cualquier cosa," le dije antes de retirarme, asegurándome de que supiera que estaba disponible para ayudarla en lo que fuera necesario.

Mientras esperaba, no pude evitar reflexionar sobre la naturaleza de mi trabajo. Ayudar a las personas a explorar su sexualidad y a encontrar productos que les hagan sentir más cómodas y seguras es algo que siempre he encontrado gratificante. Cada cliente es único, y cada experiencia es una oportunidad para aprender y crecer.

Escuché un leve ruido desde la sala, y me pregunté qué estaría pensando. Probablemente se sentía una mezcla de emoción y nerviosismo, como muchas personas en su primera vez.

el qué? pensé. Me acerqué a la puerta. "¿Qué necesitas?" dije.

Fue ella quien abrió la puerta. Se había subido la falda, tapándose en parte. Pero, santa inocencia, el espejo de atrás revelaba su precioso culo. También mostraba que el dildo vaginal lo tenía dentro, casi no lo podía ver en el espejo.

Estaba colorada, y suspiraba. "Es grande," dijo, "este modelo no me entra." Si no tienes mucha, mucha experiencia lo mejores usar un lubricante. Tengo uno de muestra, un momento."

Me apresuré a regresar al mostrador, donde guardaba los lubricantes de muestra. Tomé uno y volví rápidamente a la sala. "Aquí tienes," le dije, ofreciéndole el lubricante. "Este debería hacer que la experiencia sea más cómoda. No dudes en usar la cantidad que necesites."

La chica tomó el lubricante, sus manos temblando ligeramente. Se le resbaló de las manos. "Es muy intenso",murmuró, con una mezcla de gratitud y vergüenza en su voz. "Es que... no sabía que sería tan... intenso. Por favor... puedes ponerme el lubricante"

Ella se giró, y me mostró su culito. Yo soy bi, así que un culito de mujer me encanta. Y esta chica tenía un culito joven, bien parado, no excesivamente grande y de seguro que moldeado por el gimnasio. Una belleza. De manera muy profesional, y con la polla dura, le eché un reguerito entre las nalgas y empecé a preparar su culito.

"Relájate," le dije suavemente, mi voz firme pero cálida. "Voy a asegurarme de que todo sea cómodo para ti."

Mis manos, aunque profesionales, no pudieron evitar apreciar la suavidad de su piel. Con movimientos suaves y precisos, masajeé el lubricante entre sus nalgas, asegurándome de que cada centímetro estuviera bien cubierto. La chica suspiró, una mezcla de alivio y placer que me indicó que estaba en el camino correcto.

"Así," murmuré, mi voz baja y tranquilizadora. "Deja que tu cuerpo se relaje. Estás haciendo un gran trabajo."

Continué preparando su culito, mis dedos trabajando con cuidado y precisión. Podía sentir cómo su cuerpo respondía, cómo se relajaba bajo mi toque. La tensión inicial se disipó, reemplazada por una sensación de anticipación y confianza.

"¿Cómo te sientes?" pregunté, mi voz llena de preocupación genuina.

"Mejor, mi señor" respondió, su voz apenas un susurro. "Gracias.". Así que además de timida es sumisa, pensé. "Por favor, siga," y yo obedientemente seguí, de un dedo a dos, ella se sostenía contra el espejo gimiendo suavemente. "Qué bueno, me gusta, más, no pares..." eran sus palabras.

Mis dedos se movían con una mezcla de habilidad y deseo, explorando y preparando su cuerpo con cuidado. Podía sentir cómo su respiración se aceleraba, cómo sus gemidos se volvían más intensos. La escena era erótica, cargada de una energía palpable que llenaba la pequeña sala.

"Así," susurré, mi voz baja y dominante. "Déjate llevar. Estás haciendo un excelente trabajo."

Mis dedos se movían con precisión, estirando y preparando, asegurándome de que cada movimiento fuera placentero y cómodo para ella. Sus gemidos se volvieron más fuertes, más desesperados, y pude ver cómo su cuerpo respondía, cómo se arqueaba contra el espejo en busca de más.

"Más," susurró, su voz llena de necesidad. "No pares, por favor."

Obedecí, aumentando la intensidad de mis movimientos, asegurándome de que cada caricia fuera perfecta. Podía sentir cómo su cuerpo se tensaba, cómo se acercaba al borde del éxtasis. La habitación estaba llena de sus gemidos, de la música de su placer.

"Así," murmuré de nuevo, mi voz llena de aprobación. "Déjate ir. Estás a punto de llegar.".

nal, más delgado que el otro. Y entró la cabeza casi sin resistencia. Comencé a moverlo poco a poco. También comencé a mover suavemente el dildo vaginal, que estaba literalmente goteante. Mi clienta se derretía por dentro.

Mis movimientos eran precisos y controlados, asegurándome de que cada sensación fuera placentera y cómoda para ella. Podía sentir cómo su cuerpo respondía, cómo se relajaba y se abría a las nuevas sensaciones. Sus gemidos se volvieron más profundos, más intensos, una sinfonía de placer que llenaba la habitación.

"Así," susurré, mi voz baja y dominante. "Déjate llevar. Estás haciendo un excelente trabajo."

Mis manos trabajaban en sincronía, moviendo ambos dildos con una cadencia perfecta, asegurándome de que cada caricia fuera perfecta. Podía ver cómo su cuerpo se tensaba, cómo se arqueaba contra el espejo en busca de más.

"Más," susurró, su voz llena de necesidad. "No pares, por favor."

Obedecí, aumentando la intensidad de mis movimientos, asegurándome de que cada caricia fuera perfecta. Podía sentir cómo su cuerpo se tensaba, cómo se acercaba al borde del éxtasis. La habitación estaba llena de sus gemidos, de la música de su placer.

"Así," murmuré de nuevo, mi voz llena de aprobación. "Déjate ir. Estás a punto de llegar."

Y lo hizo. Su cuerpo se tensó, y un gemido largo y profundo escapó de sus labios mientras alcanzaba el clímax. La observé, admirando la belleza de su liberación, la forma en que su cuerpo se estremecía con cada oleada de placer.

Cuando finalmente se relajó, se giró hacia mí, sus ojos brillantes y su rostro sonrojado. "Gracias, mi señor," susurró, su voz llena de gratitud y satisfacción.

Sonreí, satisfecho de haber podido llevarla a ese lugar de éxtasis. "De nada. Ha sido un placer."

La ayudé a recomponerse, asegurándome de que estuviera cómoda y satisfecha antes de dejarla continuar con su exploración. "Si necesitas algo más, no dudes en llamarme," le dije, mi voz llena de preocupación y cuidado.

Ella asintió, una pequeña sonrisa jugando en sus labios. "Lo haré. Gracias por todo."

Con su cuerpo bien satisfecho, la dejé para que continuara su aventura, sabiendo que había sido parte de un momento especial en su vida.

Esperaba que saliese, comprase el dildo de tres cabezas, que era algo más caro que el resto, y fin. Pero tardó en salir. Cuando me extrañaba, bajé la radio entre dos canciones, y pude escuchar que estaba en una llamada de teléfono. Casi sale estando yo cerca de la puerta. Al salir, le pude escuchar decir, "Cariño, sí, he comprado el dildo de tres cabezas como dije." Me miró sonrojándose. "Esta noche lo probamos."

Y para mi sorpresa continuó, "sobre tu idea de tener un trío con un hombre, lo he estado pensando. Ya sabes, me dan asco los hombres," dijo mirándome a la cara, "pero creo que me atrevería con un hombre mayor, experimentado y que no fuerce la situación. Lo hablamos esta noche, mi amor."

Sus palabras me dejaron intrigado y ligeramente halagado. Era evidente que su curiosidad y deseo de explorar habían aumentado, y la idea de un trío con alguien como yo, alguien que ella consideraba experimentado y respetuoso, no le parecía tan descabellada.

Sonreí para mis adentros, imaginando las posibilidades. La idea de ser parte de su próxima aventura, de guiarla y explorar juntos, era tentadora. Sin embargo, mantuve mi profesionalismo, asegurándome de que mi expresión no revelara demasiado.

"Gracias por tu compra," le dije, mi voz calmada y amable. "Espero que disfrutes de tu nueva adquisición. Si en el futuro necesitas más recomendaciones o simplemente quieres hablar, aquí estaré.". Ella respondió con un "Gracias", que en mi mente pareció tener más valor del habitual, "por ayudarme"

Ella asintió, una mezcla de timidez y anticipación en su rostro. "Gracias. Lo haré. Adiós.". Antes de irse, cogió una tarjeta de la tienda. "¿Siempre estás tú al teléfono?", me preguntó. Casi siempre, los autonomos a veces también cogemos la gripe o algo similar, me reí. Entonces se guardó la tarjeta.