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Mi esposa 6

José no olvidó lo que fue de ella. Ahora, con su dinero y su poder, ha diseñado una trampa perfecta: un empleo, una casa, y la pérdida de todo control. María creía haber dejado atrás su pasado, pero el pasado tiene llaves y no pide permiso para entrar.

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Habían pasado 15 años, ahora María era toda una mujer de 35 con una hija adolescente.

Estaba un sábado comiendo en un restaurante junto a su familia cuando se acercó un hombre bien vestido

- ¿Juan? – dijo el hombre

Juan lo observo y de repente se acordó

- José!!!, cuanto tiempo, ¿qué es de tú vida?

- Muy bien ¿y tú?

- Bien. No me puedo quejar

- Veo que al final te casaste con María y la chica debe ser vuestra hija

- Si, se llama Ana

María noto como José devoraba a las dos con los ojos, ella recordaba el pollón y los meses en que fue su puta

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Lo que Juan y María ignoraban que su encuentro casual con José no fue tal.

Ahora era un hombre importante en la ciudad, con empresas varias y, sobre todo con dinero y múltiples contactos en las altas esferas, tanto de la ciudad como de la provincia.

Él les había estado investigando desde hacía tiempo, lo sabía todo de ellos, donde vivían, sus dificultades económicas, los amantes y clientes de ella incluido sus relaciones sexuales con su padrastro que la ayudaban económicamente, vamos todo.

José tenía un plan para ella, deseaba que esta vez si, volviera a ser suya en cuerpo y alma.

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Hecho el inciso, Juan le invito a sentarse con ellos, algo que a María incomodo. Ana viendo que allí no hacía nada dijo que se iba a casa de unos amigos. Se notaba que la hija había heredado la belleza de su madre

- Tu hija es tan guapa como tu – le dijo José a María al tiempo que se pregunto si sería tan zorra como ella.

Durante un buen rato estuvieron recordando tiempos pasados, de cómo les iba la vida, etc.

En un momento dado José le dijo a Juan

- Oye, creo que podría tener un puesto para ti en una de mis empresas y además con un buen sueldo

- Hombre… no estaría mal – dijo Juan dudando puesto que sabía que su novia había salido con él entre otros

- Incluso podría mirar si tu mujer podría trabajar como auxiliar de secretaria, y por supuesto con un buen sueldo, además estarías juntos

- Nosotros ya estamos bien – dijo María mintiendo

- Venga Juan, no seas tonto, pásate pasado mañana por la empresa y vemos donde encaja tu perfil

José se despidió de los dos recordándole a Juan la cita, había puesto en marcha su plan, ahora a esperar el resultado.

El día de la cita José le llamo para cancelar la misma. Juan pensó plan B

El plan B consistía en tratar de que Juan se quedara sin trabajo y haría cualquier cosa, cualquier cosa, con tal de que María fuera suya

José fue despedido gracias a las artimañas de Juan, al pasar tiempo y no encontrar trabajo María le propuso, a desgana, que llamara a Juan.

- José, hola soy Juan

- Dime

- Mira he estado pensando la oferta que me hiciste hace tiempo y estoy interesado

- Bueno…… ahora no es un buen momento, pero pásate el lunes a ver puedo hacer

- Gracias, hasta el lunes

El lunes llego a la oficina principal, la secretaria, que se llamaba Olga, al menos es lo que ponía la gargantilla que llevaba al cuello con su nombre y un pequeño aro.

- Espere aquí a don José le atienda – le dijo Olga

Juan se sentó en el sillón que había frente a la secretaria, tras media hora larga de espera una voz sonó en el interfono

- Olga, que pase el señor que espera

- Pase, por favor

Juan entro en el despacho, este era enorme, con una gran mesa frente a un amplio ventanal, al fondo un gran sofá con 2 sillones a cada lado, detrás de ellos una gran biblioteca.

- Pasa Juan, pasa – le dijo José con una gran sonrisa.

- Dime, que te trae

- Bueno…veras…he pensado en tú oferta de empleo y estaría interesado…. Si todavía sigue en pie

- Bueno, si…y no. Ahora no es un buen momento, pero en cambio sí me hace falta una auxiliar de secretaria pues a Olga le faltan manos.

- Ya – replico Juan.

- Pero mira yo había pensado en tu mujer María y si ella aceptara el puesto… facilitaría mucho las cosas

- No sé si María aceptara

- Bueno, pensadlo y ya me dirás

Juan, al llegar a su casa le conto lo sucedido a su esposa, después de que su hija se acostase estuvieron hablando sobre lo sucedido.

Días después María le dijo a su marido

- Mira José lo he estado pensando y voy a aceptar el trabajo si también te contrata a ti. Llámale.

Juan llamo a José y este les pidió que fueran los dos el viernes a su oficina.

Llego el día y fueron puntuales a su oficina. Al llegar les atendió Olga

- Si son tan amables esperen aquí que en breve les atenderá don José

María se percató como Olga le miraba con un poco de desdén, quizás recelos por considerarla una intrusa.

Olga era una mujer morena, de unos 40 años, pechos firmes y de altura 1,65. No era guapa, pero tampoco fea, pero si llamaba la atención

Cuando pasaron al despacho de José, este señalo el sillón para Juan y a María la invito a sentarse en el sofá a su lado.

Mientras les explicaba que trabajos iban a realizar cada uno, sus sueldos y otros detalles, José, como quien no quiere la cosa puso su mano en la rodilla de María, al ver que el marido de ella no decía nada subió un poco más la mano, hasta que María se la aparto discretamente.

Una vez concluidas las condiciones del contrato laboral concretaron que comenzaría su jornada el lunes.

Llego el lunes, María se incorporó como ayudante de Olga, esta le recibió con cara de pocos amigos.

Durante 15 días María no tuvo contacto directo con José, este siempre trataba con Olga. Si se percató que nunca llevaba pantalones y siempre lucía un brazalete en el brazo izquierdo y una gargantilla con un aro y su nombre.

Otra cosa que le llamo la atención era que siempre a la misma hora José llamaba a Olga y esta permanecía en el despacho por espacio de 1 hora larga.

Un mes después, su economía había mejorado sustancialmente. Justo entonces José llamo a María a su despacho

- Mira, me he fijado que casi nunca llevas faldas o vestidos y habrás comprobado que Olga si lo lleva siempre, nunca pantalones.

- Si, ya me fijé

- Hasta ahora no te he dicho nada, pero es norma que mis secretarias no lleven pantalones, así que, a partir de mañana, por favor, nada de pantalones.

- Si José

- Aquí debes llamarme don José, como todo el mundo

- Si, don José

Al día siguiente María fue al trabajo como le había sugerido José. Al cabo de una hora llego José

- Buenos días don José – dijeron Olga y María al unísono

- María, venga a mi despacho

- Usted dirá

- Veo que vas vestida correctamente

- Gracias

- No, gracias don José, las formas son importantes

- Ven, siéntate junto a mi

Juan puso su mano sobre su rodilla, ella, con suavidad pero con firmeza la aparto

El volvió a insistir, así varias veces

- ¿Por quién me tomas? – le dijo ella

- Venga, no te hagas la estrecha.

- Venga que no es la primera vez entre tú y yo.

- Pero eso fue antes

- Si

- También se toda tu vida, tus amantes, tu padrastro, tu vida en la capital como puta. Lo sé todo Anais, así te hacías llamar, verdad

Su mano subió hasta la entrepierna, sus bragas estaban mojadas

- Sabes que no me gusta que lleves bragas, quítatelas

Ella obedeció, en su mente se agolpaban los recuerdos de cuando fue su puta, del placer que le dio su enorme verga.

Continuara

Continúa en