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Mi esposa 1

María parece la chica perfecta, inocente y dulce, hasta que un desconocido descubre su secreto más oscuro. Entre la lealtad a su novio y la sumisión a un hombre que la trata como una puta, ella debe elegir entre la seguridad y el placer prohibido.

Kustos24K vistas7.9· 22 votos

Juan conoció a María el día que cumplía 18 años, de buena e importante familia de la ciudad, de padres divorciados. Pelo castaño claro, ojos verdes, 1,69 de altura, unos 50 kg, unos pechos talla 90 y un bonito trasero, labios rosados y carnosos

Su aspecto era el de una niña inocente que nunca había roto un plato.

A los tres días de conocerla estaban Juan y María en un bar con un grupo de amigos, ella se sentó a su lado. Vestía una falda plisada corta, una blusa ajustada y unos zapatos con algo de tacón. Era principios de Junio.

Mientras bebían y charlában Juan le puso la mano sobre su pierna, al no inmutarse ella, siguió subiendo su mano hasta llegar a su coño. Este estaba completamente empapado.

Mientras todos charlaban, Juan le introdujo sus dedos disimuladamente en su chorreante coño jugando con él. Cuando decidieron irse, al pasar frente a ella se besaron profundamente. Pocas veces le había besado una mujer con tal experiencia

Ya en el coche le dijo

- ¿Vamos a mi casa?

- Sii – se limitó a balbucear ella al tiempo que ponía su mano encima de su polla. Era toda una invitación a follar

Aparco el coche y subieron al ascensor. Comenzaron a besarse como si se les acabara el tiempo, como si no hubiera un mañana. Sus lenguas se entrecruzaban. Juan intentaba sacarle la ropa con una desesperación como si fuera la primera vez. Deseaba follarse a María, poseer ese joven cuerpo

Nada más entrar en casa, ella le desabrocho los pantalones y sacando su polla, que estaba a punto de reventar, se arrodillo poniéndose a chuparla

- Oh dios…como chupas – exclamo Juan

- Te gusta – pregunto ella

- Siiii

Al poco no pudo más y descargo en su boca, ella se lo trago todo, no dejo ni una gota.

- ¿Te ha gustado?

- Siiii – le respondió Juan al tiempo que se preguntaba de donde había salido esa chica tan caliente

Sin mediar palabra la tomo de la mano y la llevo a su habitación. Juan vivía en casa de sus padres, aunque ellos solo estaban 2 días a la semana puesto que la casa era para que pudieran estudiar en la gran ciudad sus hermanos y él.

Ya en su habitación, desnudos los dos, pudo contemplar su extraordinario cuerpo, sus tersos pechos, sus curvas y su culito, un culito que hacía que cualquiera perdiera los papeles.

Los 2 se echaron en la cama ella volvió a chuparle la polla que no tardo en estar dura de nuevo, a continuación, María se montó encima de su verga. Sus lentos movimientos, como una experta amazona, hicieron que no tardara en volver a correrse, ella ya se había corrido más de 2 veces.

Juan pronto supo que María era multiorgásmica, podía correrse 2 y 3 veces en un mismo polvo.

Sus cuerpos estaban cubiertos de sudor, Juan le chupaba esos magníficos pechos sudados.

Cansados, se echaron uno al lado del otro. Le conto que trabajaba como azafata desde los dieciséis. Que se pasaba la mayor parte del tiempo sola pues sus padres al estar divorciados se desentendían bastante de ella.

Con el tiempo, Juan descubrió que no estaba tan “sola”, pues siempre había alguien que la “consolara”. Le conto que antes que él ya había tenido 3 novios con los que había tenido sexo, y fue con el segundo que descubrió su gusto, su apetito por el sexo.

Unos meses después de su cumpleaños salió de fiesta con un grupo de amigos, Juan estaba fuera de la ciudad. Cuando ya era hora de retirarse uno de ellos, José, unos 3 o 4 años mayor que ella, alto y no muy agraciado fisicamente, se ofreció a acompañarla a su casa puesto que ella todavía no tenía permiso de conducir.

María se dio cuenta que José no llevaba el camino de su casa

- ¿A dónde vamos? – pregunto

- Aquí – respondió él deteniendo el coche en un descampado

- Venga, llévame a casa

- Antes déjame darte un beso, me gustas – le dijo el al tiempo que le ponía la mano en su rodilla

- Quita la mano

- Venga, no te hagas la mojigata, sé que te gusta y también sé que toda la pandilla te ha follado

- Y tú que sabes?

- Vamos no te hagas la estrecha y chúpame la polla

- No – dijo tajante ella

- Sabe tu novio lo puta que eres

Ella no dijo nada, se limitó a dejarse besar por José, luego comenzó a chuparle la verga. Esta era gruesa, muy gruesa y de buen tamaño que casi no le cabía en la boca

- Te gusta, seguro que no has probado una como esta

José comenzó a desnudar a María, deslizo el asiento del coche hacia atrás y ella se montó encima de su dura verga.

Comenzó a cabalgar, primero lentamente, luego aumentando el ritmo

- Oh dios como me gusta, dame fuerte, siiii clávame esa polla tuya, más fuerte cabrón – jadeaba ella

- Seguro que tu novio no te folla así

- Noooo, sigue no pares

Después de un buen rato ambos se corrieron al tiempo, estuvieron un tiempo abrazados, besándose, se vistieron y José la llevo hasta su casa

- Mañana te paso a recoger a esta hora – le ordeno José.

- Ah, y quiero que lleves falda, nada de pantalones y por cierto depílate esa selva que tienes

- ¿Qué dices?

- El coño, que te depiles el coño

Al día siguiente, puntualmente la recogió en su casa, nada más subir al coche José le ordeno

- Quítate las bragas

- No

- Quítate las bragas, por última vez – le ordeno de nuevo

Ella obedeció

- Siempre que te recoja has de ir sin bragas, ahora serás mi putita

- ¿Y mi novio? – pregunto ella

- Haz lo que quieras con ese capullo, no se como estas con el, pero cuando estés conmigo te olvidas del novio pardillo que tienes

María estuvo saliendo y follando con José durante 3 meses y casi a diario, durante el día salía con su novio y cuando este la dejaba en casa, al poco la recogía José y pasaba casi toda la noche con él.

La llevaba a cenar, o al cine y luego a follar. A casa de ella si estaba sola, a casa de él o a un hotel.

José se divertía cuando coincidían todos, solía sentarse lo más cerca de María

- Hoy está más guapa, que suerte tienes Juan – dijo José con sorna

- Si, aunque últimamente va cansada. ¿Verdad María?

- Si – se limitó a responder ella evitando mirar a Juan

- Lo que haría yo con una novia como ella

Siempre que salían todos juntos José no desperdiciaba la oportunidad de humillarla un poco.

Al llegar el verano perdieron el contacto. La enorme verga de José la impacto. Además, a ella, cada vez más, le excitaba que la trataran como una puta sobretodo delante de desconocidos.

Continuara