Las horas pasan dentro de la celda
Nunca imaginó que la celda más peligrosa no era la de reclusos, sino la que compartía con su propia sumisión. Cuando el uniforme se quita y la autoridad se invierte, la frontera entre la ley y el placer se desdibuja en cada orden susurrada tras la reja.
Se iban por el pasillo, tanto Isabel como Sonia, mientras se quedaba Beatriz, mirándola.
–Entonces, ¿Eres una sumisa? ¿O sea, eres una esclava sexual? –preguntó Sonia.
–Si, soy una esclava sexual. –respondió Isabel, poniéndose colorada y ruborizándose sus mejillas.
–¡Qué no te dé vergüenza decírmelo! –dijo Sonia.
–¿Y cómo no me lo has dicho antes? –preguntó Sonia.
–No, verás…quiero explicártelo mejor. –respondió Isabel.
–Me excité mucho con la conversación que tuve con Clara, y luego con lo que hizo Marta que es su esclava, –dijo Isabel.
–Me excitó mucho. –dijo Isabel.
–Lo que sucede es que cuando iban a duchar a las chicas, Marta olía muy mal por ese motivo, decidieron Sandra y Beatriz, darlas una ducha, además de darles una lección. –dijo Isabel.
–¡Ya entiendo! –respondió Sonia.
–El caso, es que, como Marta tenía puesto un collar al cuello, unas anillas en cada pezón de sus pechos y en sus labios menores de su vagina. –dijo Isabel.
–Además, tenía un brazalete, unas pulseras y unos anillos. –dijo Isabel.
–Pues, todas esas cosas, tienen una cerradura que se abre con una llave. –dijo Isabel.
–Marta se lo dijo a Sandra, así que, me mandó a mí, a buscar a Clara, y cuando ella dijo que tenía que ir al aseo para hacer pis, me ofrecí para acompañarla. –dijo Isabel.
–Vale, ¿Y qué es lo que sucede? –preguntó Sonia, intrigada.
–Pues, que le dije que venia a por la llave, y me dijo que si la quería que se la quitara con la boca. –dijo Isabel.
–Y adivina dónde estaba sujeta la llave. –dijo Isabel.
–No tengo la menor idea, la verdad. –respondió Sonia.
–En una cadenita que llevaba puesta en el tobillo, por lo que, al mirarle sus pies en esos zapatos de tacón altos descubiertos, me excitó la situación y me excitó lo que me dijo. –dijo Isabel.
–Me excité muchísimo y me puse cachonda perdida, y sé que hice una locura, pero…–dijo Isabel.
–¿Qué hiciste? –preguntó Sonia.
–Bajé la mirada, y me arrodillé ante ella para coger la llave con la boca, que tenía en una cadenita de su tobillo. –dijo Isabel.
–Pero, sentí mucho morbo y excitación e imité lo que hizo Marta. –dijo Isabel.
–Me puse a besar sus pies de manera repetida, sentí la necesidad de besar sus pies, humillándome y denigrándome ante ella y no lo pude evitarlo…–dijo Isabel.
–Me puse no sólo a besar sus zapatos, sino que comencé a lamérselos como si fuera su perra en celo y ella fuera mi Ama. –dijo Isabel.
Sonia, estaba alucinando por la historia que le estaba contando su amiga Isabel, pero se había excitado muchísimo y se había puesto muy cachonda perdida al escuchar su historia.
Ella, no lo había comentado, pero solía leer relatos eróticos en el móvil cuando iba en el autobús o en el metro, excitándose como una puta zorra, y en muchas de las veces, se había imaginado ser una de ellas.
–Entonces, me ordenó desnudarme y me dio latigazos con su correa, lamí sus zapatos lamiendo la suela y luego sus pies, y me estuvo humillando verbalmente, y denigrándome. –dijo Isabel.
–El caso, es que comencé a sentir placer con cada humillación y denigración que me hacía Clara en el aseo, y con cada latigazo, comencé a sentir placer hasta correrme de gusto y de placer. –dijo Isabel.
–Entonces, me llamaba todo el rato, esclava, puta zorra y me excitaba, por lo que, la llame Ama como me lo ordenó, y nada, debo de aceptarlo, soy una esclava sexual. –dijo Isabel.
–Pero, eso no explica cómo te ha pillado Beatriz en las duchas femeninas de detención. –preguntó Sonia.
–La verdad, es que, estuve lamiendo no sólo sus pies o sus zapatos, sino que lamí su vagina y se meo dentro de mi boca y por encima de todo mi cuerpo. –respondió Isabel.
–No podía vestirme de nuevo y mancharme el uniforme con la orina de Clara. –dijo Isabel.
–Así que, me fui a las duchas, y me colé para que me lavasen, ya que estaba más cerca que los vestuarios femeninos. –dijo Isabel.
–Me solté el pelo para que Sandra y Beatriz, me lavasen. y ya sabes el motivo de porque estuve dentro desnuda. –dijo Isabel.
–Lo que no sabía era que te humillaban y te denigraban no sólo verbalmente sino físicamente, y me corrí de placer, y creo que tanto Sandra como Beatriz, me vieron, aunque no me reconocieron en ese momento. –dijo Isabel.
–Me dejas de piedra completamente, y te he de confesar que me excité cuando vi a Marta, besándote los zapatos y al lamerlos, me corrí, soltando mis fluidos vaginales. –respondió Sonia.
–Y con lo que me has contado y cómo te he visto desnuda con las marcas de los latigazos, me he excitado. –dijo Sonia.
–No sé, si soy sumisa al igual que tú, pero es lo que siento. –dijo Sonia.
–Pero, he fantaseado muchas veces al leer relatos eróticos durante mi viaje de regreso a casa en el autobús o en el metro, y me ponía en el papel de esclava sexual. –dijo Sonia.
–Nunca me he atrevido a confesártelo, pero viendo como estás haciendo realidad mis sueños sexuales más ocultos, no puedo evitar excitarme y ponerme cachonda perdida. –dijo Sonia.
–No tenía la menor idea, pero es fácil, confiésaselo a mi Ama, y verás como experimentas ese mismo sentimiento de ser sometida, humillada y denigrada como su esclava sexual. –respondió Isabel.
–Entonces, ¿Tienes Ama? –preguntó Sonia.
–Si, es mi Ama y dueña Clara. –respondió Isabel.
–Aunque, suena un poco raro, ¿No? –preguntó Isabel.
–Si, es extraño y raro, porque desde la escuela nos han dicho con ejemplos en la historia que la esclavitud está mal. –respondió Sonia.
–Pero, piensa como si fueras lesbiana y tuvieses novia. –dijo Sonia.
–O al menos, así es como lo veo yo. –dijo Sonia.
–Me ha sometido y domado de manera tan intensa que lo he disfrutado y pensándolo me gusta. –respondió Isabel.
–Yo me he excitado por lo que he visto y por lo que me has contado, pero no lo he experimentado, por lo que, no te puedo dar mi opinión objetiva, aunque me muera de ganas por experimentarlo como tú. –dijo Sonia.
–Oye, ¿Piensas que se lo dirá Beatriz a Sandra? –preguntó Isabel.
–Ha dicho que no, pero, quién sabe. –respondió Sonia.
–¿Están en el calabozo? –preguntó Isabel.
–Sí, al parecer, al ver a esa chica llamada Marta desnuda conduciendo y con esas cosas tan raras puestas, se pensaban que era algo gordo. –respondió Sonia.
–Al ver, que no lo es, se han enfadado y por el mal olor de la celda, las han dejado hasta mañana por la mañana. –dijo Sonia.
–La verdad que no he metido dentro de mis fantasías está ser detenida y ser tratada como han tratado Sandra y Beatriz. –dijo Isabel.
–La verdad que poniendo imaginación debe de ser excitante. –respondió Sonia.
–De todas maneras, si se lo dijera o se le escapase, no mientas y dile que te sientes sumisa y que eres una esclava sexual, disfrutando de humillaciones, denigraciones y vejaciones. –dijo Sonia.
–¿Quién sabe? Quizás, le guste dominar al tener ese carácter tan dominante. –dijo Sonia.
–Si, tienes razón. –respondió Isabel.
–Lo mejor siempre es decir la verdad. –dijo Isabel.
Las chicas, se iban a quedar en el calabozo para darles una lección, y al no tener antecedentes, seguramente, por la mañana las soltaría, porque el juez de guardia les echó una multa y las dejó en el calabozo para que durmieran la mona.
El caso era que salían a las 7:00 horas de la mañana, y les tocaba ese día, permanecer de guardia en recepción con varios cambios para descansar. Los policías tenían los turnos de por la mañana de 7:00 a 15:00 h; de 15:00 a 23:00 h; y de 23:00 a 7:00 h.
Ellas estaban ese día en el turno de noche. Un turno que tocaba un día a la semana a todas las parejas de policías. Serían las 3:00 h cuando les relevaban para descansar.
–Oye, voy a coger un café a la máquina, ¿Quieres algo? –preguntó Isabel.
–Sí, voy contigo. –respondió Sonia.
–Voy a ver a las chicas al calabozo y ver si están bien. –dijo Isabel.
–Mentira, tu te mueres por ver a tu Ama Clara. –dijo Sonia.
–Si, vale. –respondió Isabel.
–Me has pillado. –dijo Isabel.
–¿Me dejas ir contigo y escucharte cuando hables con ella si ella lo desea? –preguntó Sonia.
–Claro, no hay problema, y además, me ayudas a llevar un café a mi Ama y a sus amigas. –dijo Isabel.
–Vale. –respondió Sonia.
–Ahora que nos toca estar en las celdas, podemos estar más cerca de ellas sin que nos vea nadie. –dijo Sonia.
La dos se fueron de camino a los calabozos una vez que había cogido unos cafés con unas galletas. Había varias salas de celdas una para hombres y la otra para mujeres, las cuales estaban separadas. En una de las salas estaban las chicas. Tanto Isabel como Sonia, iban juntas, y la verdad que Sonia, desde que vio la escena de Marta, la supuesta esclava sexual de Clara, besar los zapatos y lamérselos de Isabel, se había excitado muchísimo.
Fantaseaba con probarlo, pero no se atrevía a decirlo, aunque Isabel, notó que se corría por placer con sólo hablarlo con ella. De manera, que fueron a la sala y a través de una ventanita, se las veía sentadas y otras tumbadas en el suelo y uno de los bancos.
Isabel, miró para verlas, y ver cómo Clara se levantaba y se acercaba a la puerta.
–¿Nos van a tener toda la noche en el calabozo, esclava? –preguntó Clara.
–Si, mi Ama Clara. –respondió Isabel, sin saber Clara que al lado tenía a Sonia, la cual, se excitó al escuchar su voz.
Pero, Sonia se puso detrás y entonces Clara la vio, y con sólo mirarla, Sonia sintió algo extraño, temor o miedo, vergüenza y bajó su mirada como lo hacia Isabel. Entonces, supo que tenía a otra puta zorra más delante de ella sin saberlo hasta ese momento.
–¿Vienes acompañada por otra puta zorra esclava blanca más como tú, esclava? –preguntó Clara.
–Si, mi Ama Clara, es mi amiga Sonia y al contarle lo que me ha sucedido y al ver por accidente como Marta, besaba y lamía mis zapatos, ha fantaseado con ello, y se ha excitado tanto que me ha pedido permiso si podía acompañarme para verla mi Ama. –respondió Isabel.
–Lo supe nada más verla contigo al lado cuando veníamos al registro para ficharnos. –dijo Clara.
–¿Y qué traéis ahí, esclavas? –preguntó Clara, imperativamente.
–Unos cafés con galletas o magdalenas para usted y sus amigas mi Ama Clara. –respondió Isabel.
–Estupendo, quiero escuchárselo responder a la puta zorra blanca de tu amiga, esclava. –dijo Clara.
–Unos cafés con galletas o magdalenas para usted y sus amigas mi Ama Clara. –respondió Sonia, excitada y poniéndose a cien.
–Seguramente, te estás corriendo de placer con sólo hablarte, esclava. –dijo Clara.
–¿Verdad, puta cerda asquerosa? –preguntó Clara.
–Si, mi Ama Clara, así es. –respondió Sonia.
–Acércate y abre la boca, puta cerda, y tú, también, inútil. –ordenó Clara, viendo como tanto Sonia como Isabel, abrían sus bocas pegándolas al agujero rectangular de la puerta.
–Venid chicas, que tenemos a dos putas zorras necesitadas. –dijo Clara, viendo como se levantaban y junto con Clara, le escupían en la boca y en sus caras repetidamente hasta tener las bocas llenas de su salida y toda la cara llena de escupitinajos.
–Ahora, tragaros la saliva, esclavas. –ordenó Clara, mientras ella y las demás lo veían a su lado.
–¡Qué rico verdad, esclavas! –dijo Clara.
–Si, mi Ama Clara. –respondieron las dos agentes.
–Ahora con los dedos de la mano, limpiaros las caras y lamerlos, mutuamente las dos, putas cerdas. –ordenó Clara, mientras se reía, y mientras sus amigas disfrutaban hablándolo y riéndose de ellas.
–¡Dadnos los cafés y las galletas y magdalenas, esclavas! –ordenó Clara, viendo como les daban a través del hueco una bandeja con los cafés y todo lo demás.
–Si, mi Ama Clara. –respondieron las dos, dándoselo tanto a su Ama como a sus amigas.
Ellas, tenían hambre y a esas horas de la noche después de venir de fiesta de alcohol hasta las cejas, pues había ganas. Todas comieron lo que les habían traído y bebieron los cafés.
Pero hicieron algo más que eso. Clara y sus amigas dejaron unas galletas y magdalenas pisoteadas por sus zapatos, junto con escupitinajos y parte de la bebida del café.
Lo dejaron en dos grandes bultos en la bandeja y llenaron dos cafés con su saliva, y un poco de pis de cada una.
–Mirad, como soy buena Ama para mis esclavas, os quiero ver de rodillas a la distancia suficiente, dejando la bandeja en el suelo, y poneros de rodillas las dos. –ordenó Clara.
–Y si no queréis que os manchéis los uniformes, desnudaos y coged una correa cada una, esclavas. –ordenó Clara.
–Venga rapidito que no quiero que os vean nadie, putas zorras de mierda. –dijo Clara, divirtiéndose como sus amigas, aunque había alguna que estaba excitada y cachonda por ver todo eso, obedeciendo sus órdenes.
Las dos se desnudaron dejando su ropa doblaba en un rincón y se pusieron delante de la bandeja para comer como dos perras su comida y para lamer del vaso con la lengua su bebida deliciosa.
–Eso, con la lengua, nada de usar las manos, a menos que lo tiréis en la bandeja y la lamáis, esclavas. –ordenó Clara, viendo como lo hacían y lamían la saliva, el pis y el café.
Al principio, era difícil, pero según pasaban los minutos y mientras ellas, estaban hablando si las iban a pillar o no, riéndose, las esclavas terminaron lamiendo toda la bandeja.
–Ahora viene la mejor parte. –dijo Clara.
–Coged una correa cada una, y dobladla, esclavas. –ordenó Clara.
–Y daros azotes muy fuertes por turnos en vuestros culos, esclavas. –ordenó Clara, viendo como la obedecían.
–Si, mi Ama Clara. –respondían las dos, mientras se azotaban lo más fuerte que podían, escuchándose el sonido de los correazos que se asemejaban al sonido de los látigos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían las dos. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían las dos.
–¡Zas, Zas! –sonaban los correazos de Isabel y luego los de Sonia. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían las dos. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían las dos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían las dos. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían las dos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían las dos. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían las dos.
–Más fuerte zorras y contadlos, que quiero 25 cada una, esclavas. –ordenó Laura.
Las dos se daban sin parar hasta tener sus culos rojos, marcados con las correas.
–¡Zas, Zas! –¡Uno, dos mi Ama Clara! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
–¡Zas, Zas! –¡Tres, cuatro mi Ama Clara! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
–¡Zas, Zas! –¡Cinco, seis mi Ama Clara! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
–¡Zas, Zas! –¡Siete, ocho mi Ama Clara! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
–¡Zas, Zas! –¡Nueve, diez mi Ama Clara! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Estuvieron así, dándose latigazos, soltando sus fluidos vaginales como dos putas zorras y cerdas asquerosas que eran. Con cada latigazo de las correas, soltaban más y más fluidos vaginales hasta correrse al llegar el 25 latigazo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Las dos se quedaron tiradas en el suelo, jadeando, mientras Clara y sus amigas, excitadas las miraban, disfrutando la noche y riéndose entre ellas. La verdad que la cosa se iba a poner interesante.
–Ahora poneros invertidas en el que una esté lamiendo y chupando el coño sucio y cerdo de la otra, esclavas. –ordenó Clara, viendo como ambas se ponían una pegada a la otras, lamiéndose sus fluidos vaginales. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Ambas estaban muy excitadas y muy cachondas perdidas, por lo que, se lamían sus coños, la una a la otra, lamiendo y chupando sus fluidos vaginales para que en pocos minutos comenzarán a correrse como putas cerdas asquerosas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Mientras esos minutos, Clara y algunas de sus amigas a la misma vez que lo hablaban, las insultaban y las humillaban, subiendo el nivel de excitación las dos esclavas, pero ellas, también. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
–¡Limpiaros bien las vaginas y cuando terminéis, poneros de rodillas frente a nosotras, esclavas! –ordenó Clara.
Tanto Isabel como Sonia, se lamían sus vaginas hasta dejárselas limpias, así que cuando acabaron, se pusieron de rodillas frente a ellas con las miradas de ambas al suelo.
–Muy bien, esclavas. –dijo Clara.
–Ahora, levántate y pon tu vagina en la boca de Sonia, esclava. –ordenó Clara, viendo como Isabel, la obedecía, comenzando Sonia a lamer su coño, y excitándola de placer hasta que comenzó a mearse, mientras que, Sonia se iba tragándose la orina, excitada y cachonda perdida, Isabel, se alejo como hizo su Ama para mearse por su cara, por encima de sus pechos, sobre su cabeza y por encima de su cuerpo, soltando un gemido de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–¡Límpiala bien su coño de puta zorra, esclava! –ordenó Clara, mientras Sonia lamía y limpiaba su vagina, dejándola totalmente limpia.
–Ahora, besa y lame sus pies como buena perra que eres, esclava. –ordenó Clara viendo como Sonia besaba los pies de su amiga y se los lamía, lamiendo las plantas olorosas y sucias del suelo, chupando sus dedos para dejar al final sus pies limpios hasta cuando Clara dejó que ya bastaba.
–¡Ponte de rodillas, esclava! –ordenó Clara a Isabel, y fue cuando su amiga se puso de pie, e Isabel comenzó a lamer su coño, excitada y cachonda perdida. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Terminando por correrse como su amiga, y lamiéndole todos sus fluidos vaginales que soltaba por su sucio coño hasta dejárselo limpio, completamente. Fue cuando comenzó a mearse dentro de la boca, tragándosela Isabel, hasta que llegó a su límite, y se alejó para mearla por encima de su cara, sus pechos por encima de su cabeza y por encima de su espalda. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Isabel se arrodilló delante de Clara como Sonia, y esperó sus órdenes.
–¡Limpiad el suelo que no quiero que nadie sepa que sois unas putas zorras de mierda blancas, esclavas! –ordenó Clara, viendo como lamían el suelo como autómatas.
Incluso en ese estado, seguían excitadas, soltando sus fluidos por sus vaginas como perras en celo., necesitadas de ser folladas como putas zorras que son. Pero, al cabo de un rato, dejaron limpio el suelo para quedarse de rodillas ante ellas.
–Ya podéis iros, cerdas asquerosas. –ordenó Clara, viendo como se levantaban y cogían su ropa para desaparecer del pasillo.
–¿Qué hacemos? –preguntó Isabel.
–Tenemos que ir a las duchas para lavarnos. –respondió Sonia, y yéndose por las escaleras, escondiéndose en los rincones consiguieron llegar a las duchas, y una vez dentro, pusieron las duchas y se lavaron para secarse y ponerse el uniforme.
No podían evitarlo, pero seguían excitadas y cachondas perdidas, pensando en lo que habían hecho, una y otra vez hasta que el sonido de las órdenes de su superior, las sacó del trance de sus pensamientos.
–¿No estabais vigilando la zona de las celdas? –preguntó Jorge, que era un compañero.
–Sí, pero teníamos mucho calor y decidimos darnos una ducha rápida. –respondió Isabel.
–¡Qué listas! –respondió Jorge.
–Pero, id y no tardéis que si os pilla el sargento os riñe. –dijo Jorge, mientras las dos volvía a la zona de las celdas, cogiendo la bandeja y llevándose para dejarla en una especie de cocina pequeña.
Las dos estaban vigilando por las cámaras los pasillos y se acordaron de la cámara de ese pasillo, por lo que revisaron el vídeo y viéndose en ellos, borraron ese trozo y lo pegaron al siguiente, haciendo desaparecer lo que había sucedido.
–Los pasillos y puntos clase hay cámaras. –dijo Sonia.
–Menos mal que nos tocaba el turno en la vigilancia, si llega a estar alguna de nuestras amigas, nos pillan. –dijo Isabel.
–¿Qué te ha parecido mi Ama Clara? –preguntó Isabel.
–Me gusta y ahora es mi Ama, también, si ella me acepta. –respondió Sonia, aunque no estaba segura.
Se acercó a la puerta y Clara, al verla se aproximó para ver que quería.
–¿Qué quieres esclava? –preguntó Clara.
–No has tenido bastante, puta zorra. –dijo Clara.
–Si, mi Ama Clara, me ha gustado todo lo que me ha ordenado hacer, y sentir, pero quería preguntarle algo. –dijo Sonia.
–Si me da permiso para preguntárselo mi Ama Clara. –dijo Sonia.
–Dime que pregunta es esclava. –respondió Clara.
–¿Me acepta como su esclava al igual que su esclava Isabel? –preguntó Sonia.
–¿O es ha sido un hecho puntual? –preguntó Sonia.
–¿Vosotras queréis ser mis esclavas? –preguntó Clara.
–Porque, creo que no sabéis lo que significa ser una esclava y pertenecer a alguien en propiedad. –respondió Clara.
–De momento, sois mis esclavas cuando yo lo desee y quiera, puta zorra. –dijo Clara.
–¿Lo has entendido, esclava? –preguntó Clara.
–Si, mi Ama Clara. –respondió Sonia, excitada y cachonda perdida.
–Lo he entendido, mi Ama Clara. –respondió Sonia.
–Pues, ahora largo de aquí puta zorra y hasta que no te llame, puta cerda asquerosa, no vengas. –ordenó Clara, viendo como se iba Sonia, alejándose por el pasillo.
–Está estúpida seguro que se va corriéndose de placer con sólo hablarla. –dijo Clara.
–Ya ves, seguramente sí. –dijo Laura.
Mónica y Susana estaban sentadas escuchando, pero la verdad, es que, ambas se habían excitado, mojándose sus bragas. Mientras que, Clara, Laura y Begoña estaban de pie interviniendo en la conversación.
–Menudas putas zorras hay dentro de la comisaria. –dijo Begoña.
–Ya te digo, ha sido mostrar una pizca de dosis de dominación y caen a tus pies como perras en celo. –dijo Clara.
–A Laura y a Begoña os veo más animadas, no sé si os gusta el BDSM y las demás, también. –dijo Clara.
–Pero, os lo estáis pasando bien, o al menos, vuestras vaginas, soltando fluidos vaginales de placer. –dijo Clara.
–¡Ja, ja, ja! –reía de risa, mientras que algunas reían entendiéndolo.
–O sea que hasta la mañana no nos van a soltar. –dijo Begoña.
Marta estaba de rodillas mirando los pies de todas ellas, sin hablar ya que su Ama Clara, no le daba permiso para ello. Se sentaron, mientras que Marta. Besaba los pies de su Ama Clara. Mientras, se divertía de placer, restregando la planta de sus pies por su cara.
Las otras miraban como Marta, disfrutaba siendo humillada y denigrada a los pies de su Ama.
–Entonces, ¿Al final la compraste en una subasta a Marta? –preguntó Begoña.
–Sí, le gustaba mucho la sumisión y estaban tan salida como esas policías, que se ofreció a ser subastada en una pagina web del Club Secreto de FEMDOM, por lo que, cuando vi el anuncio de sus imágenes humillándose y denigrándose, no lo dudé, y la compré, aunque tuve que vender mi coche.
–Tengo este, pero es de segunda mano, porque ya sabéis que el sueldo que nos dan no da para más. –dijo Clara.
–Si, eso es verdad. –respondió Laura.
–¿Y cómo encajas a esas dos esclavas? –preguntó Mónica.
–Es verdad, no se han ofrecido a subastarse, sino que directamente las aceptas como esclavas si lo deseas. –dijo Laura.
–¿No deberías seguir esas normas del Club? –preguntó Susana.
–No tiene, porque, porque no las conocía, y es diferente a si la conozco. –respondió Clara.
–¿En que se diferencia? –preguntó Mónica.
–Pues que, en el sentido que por ejemplo alguna de vosotras os convertís en esclavas sexuales. –dijo Clara.
–No podría ser vuestra Ama, porque os conozco, y no sería tan cruel con vosotras en la disciplina de someteros y domaros. –dijo Clara.
–Claro, tiene sentido. –dijo Laura.
–En cambio, con Isabel o con Sonia, no las conozco, así que, puede ser totalmente cruel y sádicas con ellas para domarlas, someterlas y denigrarlas al 100%. –dijo Clara.
Clara, movía sus pies, mientras dejaba que su esclava le lamiese y chupase sus pies, mientras disfrutaba. Sin embargo, Susana y Mónica, miraban mucho a sus pies y cómo su esclava lamía sus pies.
–De momento, no le daba importancia y Clara, disfrutaba mirando como su esclava lamía sus pies, chupada sus dedos e incluso lamía sus zapatos y los limpiaba con la lengua.
Era algo excitante y morboso, que atraía la mirada curiosa de las personas que no lo entendían o que no sabía nada sobre ese placer sexual. Clara era muy sádica y cruel, y de eso, lo sabía Marta de sobra.
La había sometido, domado y denigrado al límite hasta dejarla como su esclava sexual sin voluntad, convirtiéndola en un simple objeto de su propiedad. Tenía otros planes para ir evolucionado, porque lleva un año como Ama y dueña de Marta.
Todavía, era joven, pero tenía los planes de que se fuera a vivir con ella. Entonces, tenía una mayor libertad para poder seguir profundizando en su dominación.
Su amiga era la que le había salido todo redondo cuando le envió el perfil de Marta, ofreciéndose como esclava para ser vendida en la página web. En cambio, ella, no había podido irse a vivir con ella.
De esa manera, estaba limitada en juegos y en muchas cosas, por eso, sus encuentros eran muy intensos, pero con un tiempo limite corto. No tenía tiempo para más esclavas, pero a estas dos, las iba a prostituir y a explotar, no sólo sexualmente sino económicamente, o al menos, esa era su idea.
Entre conversaciones entre ellas, les entraron a muchas ganas de hacer pis, por lo que Clara, se levantó para hablar por el hueco de la puerta.
–¿Hay alguien ahí? –preguntó Clara.
Enseguida, apareció Isabel junto con Sonia, acercándose a la puerta, pero manteniendo la mirada al suelo delante de Clara.
–Tenemos ganas de hacer pis, esclava. Clara.
–Si, mi Ama Clara, les dejan ir al aseo de una en una. –respondió Isabel.
–He pensado en una humillación y denigración más para ti, puta zorra. –dijo Clara.
–Por lo que me hicieron tus compañeras policías sádicas con la manguera, esclava. –dijo Clara.
–Porque, humillarme así de esa manera, siendo Ama, me fastidia muchísimo. –dijo Clara.
–Le pido perdón, y lo siento mucho, mi Ama Clara. –dijeron las dos.
–Claro, que lo vais a sentir las dos, putas zorras de mierda. –dijo Clara.
–Sois mis esclavas, así que, cuando vayáis al aseo con cada una de ellas, las obedecéis, esclavas. –ordenó Clara.
–Si, mi Ama Clara, somos sus esclavas y perras sexuales, y usted es nuestra Ama y dueña. –respondió Isabel, como Sonia, excitadas y cachondas pérdidas.
Algo que excitó a Sonia, que estando al lado, se mojó las bragas más aún con sólo llamarla Ama y ser llamaba esclava.
El caso era que primero salió Clara, la cual iba ir acompañada de Isabel, mientras que, Laura iba a ir con Sonia. Rápidamente, les ordenaron desnudarse y ponerse a cuatro patas delante de ellas, mirando sus pies, y besándoselos.
Clara, cogió la correa de su falda, y se la puso al cuello de Isabel, y tirando de ella, se dirigió al aseo que estaba al lado, entrando las dos. Mientras que, Sonia seguía a cuatro patas, tirada por la correa de Laura, muy excitada y cachonda pérdida.
Dentro del aseo femenino, las cosas iban a ser diferentes. Clara, se bajó la falda junto con las bragas, quitándoselas, porque no quería mancharse y puso su vagina en la boca de Isabel.
Isabel que vio las intenciones de su Ama, abrió la boca, para que ésta, comenzara a restregarse su coño con su boca, haciendo que la esclava, lamiese su coño, sudado y soltando sus fluidos vaginales, soltando varios gemidos de placer y de gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–Eso, así, sigue mete más la lengua, esclava. –decía Clara.
–Es una pasada que te coman en coño cuando más lo necesitas. –dijo Clara, soltando gemidos placenteros. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–Mueve más la lengua, en círculos y con cuidado, puta zorra. –decía Clara, gimiendo de placer y suspirando. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Laura, imitaba a Clara, restregando su coño con la boca t la cara de Sonia, la cual, estaba chorreando fluidos vaginales como una perra en celo, sintiendo mucha excitación y placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Las dos se corrieron, mientras jadeaban con gemidos de placer, gozando de cunnilingus por parte de dos putas zorras. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Tanto Isabel como Sonia, lamía sus fluidos y limpiaban con su lengua sus vaginas, lamiendo sus piernas hasta sus pies para besárselos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–Así, muy bien, esclavas. –dijo Laura.
–Me encanta que beséis nuestros pies, esclavas. –dijo Laura.
Detrás de eso, las dos volvía a lamer las piernas de sus Amas, limpiándoselas hasta llegar a su coño, lamiéndoselos y limpiando las últimas gotas de fluidos vaginales. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Para Laura, era la primera vez que le comía su coño una mujer, por lo que, estaba disfrutando de la situación, gozando y sintiendo mucho placer. En cambio, Clara, era una vez, y disfrutaba muchísimo de que su esclava le comiese su coño.
No hay mayor humillación para una mujer que desnudarse ante otra, y mucho más, si se arrodilla ante ella, y besa, lamer y chupa no sólo su coño, sino sus pies. Pero, la mayor humillación para el sometimiento era la lluvia dorada.
De esa manera, las dos comenzaron a mearse dentro de sus bocas, mientras que, Isabel como Sonia, se tragaban toda la orina que salía por sus vaginas hasta que se alejaron un poco, y se mearon por encima de su cara, cayendo la orina por encima de sus pechos, para el final, mearse por encima de su cabeza, cayendo por sus espaldas.
Al terminar, soltando un gemido de placer y de alivio. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Tanto Clara como Laura, les comenzaron a darles latigazos con sus correas finas de sus faldas, así de esa manera, salían gemidos de dolor, mezclado con placer de las dos esclavas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–Esto es para que lo tengáis más claro, zorras. –dijo Laura, tirando de su correa para salir del aseo, junto con Clara, que tiraba de la correa de su perra hasta que llegaron a la sala de detención de la su celda, y se fueron las siguientes.
Clara y Laura, se sentaron en los bancos y se fue Begoña con la correa de Isabel, y Susana, se fue con Sonia, y Mónica se fue con Isabel. Repitiendo lo mismo que sus compañeras. Begoña nada más entrar en el aseo, hizo mismo, mientras que Susana, mirando a Begoña, la imitaba, pero se notaba que no era Ama, más bien, era Sonia la que lamía su coño hasta correrse y limpiarle su vagina para detrás lamer sus piernas hasta besar sus pies.
Sin embargo, Susana, no paraba de soltar fluidos vaginales, se corría sin parar y eso, hacía que Sonia, tuviese más que lamer y que chupar, para al final beberse su pis, mientras ponía su boca debajo de su vagina. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Y lo mismo le sucedía a Mónica, que no paraba de correrse de placer, y eso hacía que Isabel, tuviese más que lamer y que chupar para finalizar en mearse en su boca como las demás. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Las dos regresaron, quedando solamente Marta, de rodillas sin decir nada, pero con unas ganas tremendas de hacer pis. Su Ama Clara, le tenía acostumbrada a mantenerla sin mear, durante horas para castigarla.
–Ya podéis iros, putas zorras de mierda. –ordenó Clara, mientras que, Isabel y Sonia, se iban, cerrándose la puerta.
Las dos se fueron a los aseos femeninos en donde dejaron sus uniformes, y del armario de la limpieza, sacaron una manguera, poniéndola en un grifo para llenar los cubos de la limpieza, y se enchufaron la una a la otra con un bote de jabón que había en el armario dentro del aseo femeninos.
Se esperaron un poco secándose y se pusieron los uniformes, para volver a su trabajo, revisando la sala de control, y borrando las escenas de los pasillos, y lo de la celda.
Nadie, se daría cuenta, porque las cintas se borraban a las 24 horas, si no se informaba de nada. De esa manera, las dos caminaron a la sala, para volver a su puesto, y relevar a sus compañeras.
–¿Te has duchado Isabel? –preguntó Yolanda.
–Eh… sí. –respondió Isabel, reaccionando como mejor podía.
–Hacía mucho calor, y me di una ducha. –respondió Isabel.
–¡Qué raro! –dijo Yolanda.
–¿Por qué lo dices? –preguntó Vanesa.
–Porque estuve en las duchas hace un rato y no la vi. –respondió Yolanda.
–Se habrá duchado en las duchas de detención. –dijo Sandra, sonriendo.
–¿En serio? –preguntó Yolanda.
–Nada, que estás de coña. –respondió Vanesa.
En cambio, Isabel y Sonia, estaban nerviosas con esa conversación, pero se fueron para descansar a las salas de descanso, a tomar un café o comer algún bocadillo de las máquinas.
–¿En serio dónde se ha duchado Isabel? –preguntó Yolanda.
–¿No te has dado cuenta del olor que lleva? –preguntó Sandra.
–No, ahora no caigo, pero me suena ese olor. –respondió Yolanda.
–Es el olor de las pastillas de detención de las chicas cuando las duchamos al detenerlas si están muy sucias. –dijo Beatriz.
–¡Anda qué extraño! –dijo Yolanda.
–Supongo que porque le pillaría cerca o algo. –dijo Vanesa.
–No creo, pienso que tiene un fetiche o una fantasía de ser detenida y esposada como una delincuente, y le ha pedido a Sonia, que la duche con la manguera. –dijo Sandra.
–No jodas… ¿Nos pueden echar por eso? –preguntó Yolanda.
–No, la verdad si lo haces con disimilo y no molestas, no creo que pase nada. –dijo Beatriz.
–Por cierto, prometí que no lo diría, pero te acuerdas antes cuando has duchado a las chicas del calabozo, porque una olía muy mal y las otras olían a alcohol. –dijo Beatriz.
–Sí, me acuerdo. –dijo Sandra.
–Fíjate en la cara de Isabel con el pelo suelto, ¿No la has visto en las duchas? –preguntó Beatriz.
–La virgen, será zorra. –dijo Sandra.
–Pero, yo no te lo he dicho, así que, no sabes nada. –dijo Beatriz.
–O sea, que la otra que llevaba marcas de latigazos era Isabel. –dijo Sandra.
–¿Le gusta el sadomasoquismo o qué? –preguntó Sandra.
–Le gusta el BDSM, y es una puta sumisa, le gusta, le excita obedecer y ser humillada y denigrada como un objeto sexual o como una mascota. –dijo Beatriz.
Sandra, no se lo esperaba que fuese la instructora de Isabel, una agente novata que le gustaba ser una esclava sexual.
–La verdad que me has dejado de piedra. –dijo Sandra.
–¿Crees que por qué humillé y denigré a las detenidas con la manguera se ha excitado conmigo tanto que se ha desnudado y se ha hecho pasar por una de ellas? –preguntó Sandra, intrigada.
–No lo sé, pero le habrá gustado bastante…–dijo Beatriz.
Tanto Vanesa como Yolanda, escuchaban la conversación, pero no decían nada, quedándose en silencio, porque no iba nada con ellas.
–¿Debería de decirla algo? –preguntó Sandra.
–No, es necesario. –dijo Vanesa.
–Son gustos sexuales, no puedes decir nada al respecto. –respondió Vanesa.
–Es como si fuera lesbiana, es libre de serlo y es intimo y personal. –dijo Vanesa.
–Lo único que en el trabajo que se comporte si la pillas o decides decirla algo, pero se supone que no lo sabes. –dijo Beatriz.
–¡No me lo esperaba! –dijo Sandra.
–Sé que es tímida y introvertida, pero no pensé que le gustase el BDSM. –dijo Sandra.
–¡Vaya sorpresas que se lleva una! –dijo Sandra.
–Yo pensaba que tú precisamente, podrías ser Ama dominante, por como vejas a las chicas que se detienen. –dijo Yolanda.
–No sé, pero creo que son unas putas zorras de mierda. –dijo Sandra.
–Sigamos con nuestro trabajo, y ya veremos lo que sucede mañana. –dijo Yolanda.
La noche iba pasando hasta que llegó el final del turno que era a las 7:00 h de la mañana, por lo que, se iban a ir para ser relevadas las agentes por otras del turno de día. Ellas, serían las que sacarían a las detenidas y si pagaban la multa, las soltarían.
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