4 hombres para Blanca - completo (cap. 28)
Blanca te contó que fue un juego, un contrato firmado por dinero. Pero mientras ella desmonta la mentira de la televisión, tú descubres que tus propias traiciones no son tan inocentes como creías. Ahora, la pregunta no es quién engañó a quién, sino si queda algo perdonable entre ustedes.
—La verdad es que todo fue de una manera natural, sin esperarlo… Ya sabes que buscaba continuamente concursos en la tele y que les escribía para participar. Aunque casi nunca me llamaban o, si lo hacían, era para nada.
—Sí… —reí—. Me acuerdo que estuviste de suplente en uno de ellos durante una temporada entera por si faltaba alguien, y al final ni te dieron las gracias.
—Eso es… un fracaso total… —suspiró—. Pero unas semanas antes del comienzo del reality de EXTA-SIS, me llamaron para otro concurso. Era una productora que buscaba gente nueva, caras desconocidas… Total que me presenté en uno de sus estudios y me hicieron varias pruebas.
—No recuerdo eso… ¿Eran pruebas para el reality?
—No, no, que va… Era para un concurso de esteticistas… El Master chef de la peluquería, le llamaban a modo de broma. Hice las pruebas a escondidas. En realidad no te dije nada porque no esperaba que me seleccionaran. De hecho, creo que no han llegado a grabarlo, al menos yo no he sabido nada de un programa de esa clase…
»Pasé algunos castings a mediodía, durante la hora de la comida. Por eso no te enterabas. Cerraba la peluquería, me iba a los estudios en el centro de Madrid y, tras hacer algunas pruebas, me comía un bocata y volvía al trabajo por la tarde.
»Y ahí empezó todo. Al menos la cosa se inició allí, aunque luego pasó a otros estudios diferentes.
—No entiendo…
—Lo imagino… Pero, espera... La cosa fue así: el último día de casting, cuando pensaba que iba a ser seleccionada por fin en un concurso, me estaba comiendo un bocata con otra aspirante y comenzamos a hablar de nuestras vidas. Ya sabes, cosas de mujeres. Ella me habló de sus problemas en casa, con un marido drogata y vago de nacimiento y… bueno, una cosa llevó a la otra y yo le confesé el problema que más me afectaba: lo de que no podía tener orgasmos.
—Joder, Blanca… —suspiré.
—Ya ves… A veces le cuentas cosas a un desconocido que no le contarías ni a tu mejor amiga…
—Está bien, sigue…
—Vale… —carraspeó—. Resultó que una mujer de la productora debió de oír aquel comentario porque se acercó y me pidió que habláramos unos minutos a solas. Era una de las jefazas y el estómago se me dio la vuelta creyendo que me iba a informar de que estaba seleccionada.
—Y no era así, claro…
—Eso es… Lo que la mujer quería comentarme tenía que ver con mi problema de… anorgasmia. Me contó un rollo de una productora extranjera que querían hacer un reality con personas como yo y blablablá… Que si quería, podría recomendarme. No lo vi mal, aunque me sonaba raro. Y le dije que sí, que al menos hablaría con ellos. Por hablarlo no me comprometía a nada, pensé.
»El día que fui a verles me hicieron varias pruebas normales. Las típicas de los castings, nada especial. Lo que me extrañó era que solo había otras dos aspirantes, y las dos eran demasiado mayores para mi gusto. Y, lo que más me alucinó, es que solo tuve que ir a una segunda prueba. Fue una semana más tarde, y al final de ella me anunciaron que era la ganadora, que me habían seleccionado a mí por mi buen tal-y-tal y no-se-qué, y que era la mejor del mundo mundial, etcétera… Vamos, que me vendieron una moto.
»Aún no me habían hablado de qué iba el concurso, así que en la entrevista con la directora —la mujer de la voz en off— les entré a saco. Necesitaba saberlo todo o me largaría y pasaría del tema. Entonces la mujer me lo contó de pe a pa.
»La productora me lo puso todo maravilloso, con lucecitas de colores y toda la parafernalia. Iba a tener sexo, sí, pero los hombres que participarían pasarían por una selección física y sanitaria super cuidada, que si tal, que si también sicológica, que si esto y lo otro…. Ya ves, menuda selección de salidos hicieron los muy capullos.
—¿No te dejaron ver a los participantes, aunque no fuera en persona, solo en fotos o en vídeo?
—¡Qué va! Ya se cuidaron muy mucho de que no los conociera de antemano…
—¿Puedo confesarte algo? —la interrumpí.
—Dime…
—Cuando conseguí entrar en tu móvil, descubrí un correo donde te comunicaban que habías sido seleccionada para la escape room…
—¡No me jodas…! —me cortó.
—Sí… Aunque el iPhone estaba sin batería y se apagó sin llegar a leerlo entero. En eso no te mentí.
—Ufff… menos mal… Porque, ¿qué día fue eso…? Ya estaba muy adelantado el reality, ¿no?
—Sí, fue durante la «reconciliación» con la jauría…
—¿La «jauría»?
—Sí, así los llamo yo…
—Jajaja… —rió con risa triste—. La verdad es que les pega de maravilla…
—Pero cuéntame, ¿por qué dices que «menos mal» que no pude leerlo?
—Espera, eso es algo que te contaré a su tiempo… Mejor vamos en orden, ¿te parece?
—Vale, por mí puedes seguir.
—A ver… ¿por dónde iba?
—Por la selección para el programa…
—Ah, sí… Ya te he dicho que no querían entrar en ciertos detalles, como lo de los participantes. Lo que si hacían todo el tiempo era hablar de los premios. Ya has visto que fueron la leche… Y ellos se pasaban todo el rato dándome la tabarra… que si el dinero tal, que si el dinero cual… Que el objetivo no era tan complicado. Que si en una edición anterior la concursante lo había alcanzado al séptimo día…
—¿Eh?, ¿quieres decir que si el objetivo se conseguía antes, el reality se hubiera acabado sin llegar al día veinte?
—Sí, así era… Pero menudos cabrones… Iban a perder horas de grabación los muy cerdos, ¡y una mierda…! Durante todo el tiempo no hicieron más que ponernos palos en las ruedas para que no se consiguiera enseguida. Incluso para que se llegara el final sin poder alcanzarlo.
—Cómo lo de meter al viejo Mario…
—Eso es, como lo del viejo…
—¡Putos cabrones!
—Bueno, sigamos en orden… Total que, para quitármelos de encima, les dije que me lo pensaría y que les daría una respuesta cuanto antes.
Tragué saliva, todo lo que oía me parecía demasiado gore para ser verdad.
—¿Pensabas aceptar, aunque fuera solo en un porcentaje pequeño de probabilidades?
—Ni de coña… Te juro que les iba a decir que no… Y de hecho se lo dije dos veces. Cuando lo hacía, ellos subían la cuantía del premio para convencerme. Y entonces pasó lo que pasó…
Carraspeé nervioso.
—¿Qué… pasó?
—Pues pasó lo de la aventura en el restaurante con aquel cerdo que me perseguía y que se pajeó en los lavabos a nuestro lado. Supongo que no lo habrás olvidado.
—Pues… claro que no… —tartamudeé—. Menudo gilipollas… Pero, ¿qué tiene que ver eso?
Blanca se sonrojó y rehuyó mi mirada.
—Pues no tenía nada que ver… pero al mismo tiempo lo tuvo todo… Porque la experiencia fue tan asquerosa… pero al mismo tiempo tan morbosa… que me di cuenta de que tal vez podría hacerlo… Durante el rato que jugamos con aquel tipo me llegué a hacer a la idea de que estaba dentro del programa. Y no sé por qué, pero no me pareció tan grave. Descubrí no solo que no me disgustaba, sino que me excitaba como nunca me había ocurrido…
Mi cerebro derrapaba al oír sus palabras.
Blanca confesaba aquello como si fuera algo divertido, pero yo no podía por menos que sentir la angustia al saberme el iniciador de su transformación. La había convertido de una mujer tímida y apocada a una fiera salvaje, capaz de las mayores atrocidades sexuales. ¿Y todo en menos de media hora?
Pero ella prosiguió con la historia y no me dejó tiempo para pensar.
—Total que al día siguiente les llamé y les dije que lo haría. Aunque tendrían que explicarme mejor los detalles finos, los más sucios.
»Tuve una nueva reunión con ellos —esta vez con la mujer y otros dos— y comenzaron a explicarme esos detalles. El primero fue el menos agradable: era imperativo que tú participaras. De hecho, eras una pieza fundamental. Sin «cornudo» que generara situaciones de estrés, el programa sería plano y no levantaría grandes audiencias. Tuve que volver a pensarlo. Este requisito lo cambiaba todo. Pero al final me dejé convencer y decidí aceptar. Había trazado un plan para cubrir todos los flecos y me sentía capaz de todo.
—¿Era por eso que los días previos al comienzo del reality te encontrabas tan distante? Recuerdo que apenas me hacías caso, no teníamos sexo, estabas especialmente cabreada a todas horas. Supuse que era por lo de la escenita con el pajillero del pelo cano.
—Sí… no lo recuerdo bien… pero te aseguro que estaba de los nervios… Pasaba el día trabajando en los detalles para que todo encajara… Apenas dormía ni comía… Y encima me temía que al despedirme de la peluquería el asunto se destapara. Lo siento, Alex, si te ofendí en aquellos días te pido perdón.
No necesitaba pedirme perdón por unas cuantas discusiones, aunque fueran sin sentido. Había cosas mucho peores. Ella lo notó.
—¿En qué piensas? —dijo preocupada.
Y no pude evitar echárselo en cara.
—Joder, Blanca, ¿me estás diciendo que te vendiste, y a mí contigo, por una cantidad indecente de dinero…? —le reproché con tono lastimero.
Pero no se arrugó, sino que se esforzó en corregirme, en que entendiera la realidad tal y como ella la veía.
*
Blanca me tomó de una mano y suspiró antes de explicarme su punto de vista.
—No era vendernos por dinero, Alex, era realizar un sacrificio para la consecución de nuestros sueños.
—No sé, Blanca…
—Piénsalo… Llevábamos años soñando con tener una casa propia. En dejar este cuchitril que está lleno de humedades y por el que pagamos una cantidad exorbitada. Aquí nunca podríamos tener hijos. Pero, si conseguíamos una casa decente y nuestra, podríamos tener a nuestros niños. Tú soñabas con tres y yo te decía que con dos ya eran suficientes, ¿recuerdas?
—Sí, pero…
—Y las cosas no iban a mejor. Peor que eso, cada vez íbamos a menos. Vivíamos al día. No teníamos ni un euro ahorrado.
—Sí, eso es cierto…
—¿Y que decía yo de mi trabajo cada día?
—Decías que algún día sería el último…
—¡Eso es! Y por todo ello me decidí… Si conseguía el premio podríamos tener nuestra propia casa. Y yo podría dejar mi mísero trabajo para siempre y montar mi propio centro de estética…
No las tenía todas conmigo y quise puntualizar.
—Pero… ¿y si perdías?
—Oh, no… Mis sueños eran demasiado grandes… No pensaba en perder. Tenía que ganar… No había plan B… Al menos yo no lo concebía…
No había forma de llevarle la contraria, tenía respuesta para todo. Intenté que bajara de las nubes para que me siguiera explicando. Llevábamos mucho tiempo hablando y aún no habíamos llegado al meollo de la cuestión.
—Total… —la interrumpí—, que aceptaste y se lo contaste a Sara, porque está claro que ella tenía que saberlo para cubrir mi ausencia. Pero, ¿por qué no me lo contaste a mí?
—Sí… se lo tenía que contar a Sara porque necesitaba su ayuda —aceptó—. Pero a ti no te lo podía confesar por varias razones. La primera porque te negarías en rotundo. Y la segunda que por contrato no podía confesártelo. Si algún participante en el reality aparte de mí descubría el pastel, el contrato se rompía y nos volvíamos a casa con las manos vacías.
De pronto entendí lo que había insinuado antes.
—Vaya, ahora lo entiendo… Por eso leer en tu móvil hubiera sido una tragedia… La cosa se habría ido a la mierda después de haber soportado más de la mitad del encierro con mis humillaciones y lo que tú habías tenido que soportar.
—Eso es… —confirmó—. La mínima filtración habría hecho que todo se fuera al garete. Después de degradarme ante aquellos cerdos, todo habría sido para nada. Pero puedes tener a orgullo que al menos ellos tampoco sabían lo que ocurría. Estaban tan a ciegas como tú.
Carraspeé nervioso de nuevo.
—¿Me vas a hablar de ellos?
—Sí, pero enseguida, en cuanto te explique cómo convencí a Sara.
—Vale… Y quiero que sepas que ella no me ha comentado nada, aunque sí admitió que te había insistido para que no lo hicieras, pero que tú te empeñaste y te saliste con la tuya.
—Sí, eso es… Sara se portó como una amiga y me aconsejó lo que yo le hubiera aconsejado a ella: no te metas en esa mierda, puedes acabar mal.
Hice una parada para ir al lavabo y le pregunté si quería otro café. Eran de capsulas —yo mismo le había regalado la cafetera— y sabía manejarla con los ojos cerrados.
—Vale, pero que sea descafeinado…
*
Estuve de acuerdo en que lo tomara sin cafeína, sus ánimos estaban lo suficientemente excitados para encima añadir más leña al fuego. También preparé unos chupitos de alcohol dulce para relajarnos.
Luego seguí con el interrogatorio.
—Y te inventaste lo de las entradas y todo el rollo que me contó Sara. Eso no fue cosa suya, sino tuya, ¿me equivoco?
—No, no te equivocas… La verdad es que conseguir entradas era una locura. Había demasiada expectación con aquella fiesta. Y encima las nuestras eran VIP. Ni de coña las hubiéramos conseguido de no habérmelas dado la productora.
—Pero eso no cuadra… —la interrumpí—. Has dicho que no habías aceptado hasta después de lo que ocurrió en el restaurante… ¿Cómo puede ser que tuvieras ya las entradas sin haber aceptado?
—Ah, sí… —Se colocó el pelo tras la oreja—. Las tenía porque me las habían enviado antes de firmar. No era más que otro de los trucos de la productora para convencerme. Me las enviaron como otros regalos. «Sin compromiso», decían, pero lo hacían para presionarme. Tenías que ver los ramos de flores que me llegaban a la peluquería y que regalaba a mi jefa para que tú no los vieras.
—Joder, sí que eran insistentes, ¿no?
—Ni te lo imaginas…
Sorbí de mi café y seguí indagando en los secretos de Blanca.
—¿Tú inventaste todo lo que Sara me hizo creer que era idea suya?
—Sí, todo… No podía dejar que improvisara. Cualquier error lo echaría todo a perder.
Tomé aire y luego continué.
—Vale… Sara me cubrió en el trabajo, eso ya me lo contaste… Pero ¿Y mi familia? ¿No te dio miedo que mi hermana preguntara por mí y al no tener noticias fuera a la policía?
—Por dios, Alex, tú no hablas con tu hermana más que dos veces al año. Aunque es verdad que me inventé un cuento. Le dije que íbamos de viaje unos días a un país de esos infra desarrollados donde no hay ni telefonía móvil ni Internet. Que nos habíamos apuntado para colaborar con una ONG.
—¿Y se lo tragó así sin más, por las buenas?
—¿Te ha preguntado ella por el viaje desde que se supone que volvimos?
—Eeehhh… no…
—Pues ahí tienes la respuesta.
Sonreí sin poderlo evitar. La verdad era que mi hermana y yo no manteníamos una relación muy cercana. Nos llevábamos bien, pero cada uno en su casa, y nos veíamos menos que nada.
—Vale, sigamos… —dije—. ¿Y qué pasó con los componentes de la jauría? Ellos no fueron reclutados «formalmente», ¿no? Porque de haber sido así hubieran estado al corriente de todo.
—No, ellos fueron seleccionados de forma concienzuda, pero no directamente. Los consiguieron a través de castings en otros programas. Necesitaban gente especial. Tíos sin familia, sin amigos, personas a las que nadie echaría de menos durante tres semanas.
—Y que a la vez fueran sementales de primera.
—En fin, de primera… no sé yo… Ahí tienes al impotente de Hugo, al viejo Mario… y al pajillero Rubén, que es más feliz trabajándose a sí mismo que acostándose con una mujer. El único, Juan, que parecía como un regalo para que no todo fueran dificultades.
—Un salido de primera… Pensado para perseguirte durante los veinte días y no dejarte en paz… —dije con tono acusador.
—Sí, eso es verdad, pero al mismo tiempo un tipo tierno y mejor gente de lo que te piensas. Luego te hablaré de él.
—Sí, tienes que contarme mucho sobre tu estancia en su cama durante varias noches.
—Te prometo que lo haré a su tiempo…
Decidí esperar el momento adecuado, Juan no era un tema como para tratarlo de pasada.
—¿Qué ocurrió con el viejo? —dije para seguir con la historia—. ¿Crees que nos lo colaron para poner más difícil el objetivo?
—Ni lo dudes… ¿Recuerdas el cabreo que me cogí el día que apareció?
—Sí, fue la única vez que te vi fuera de tus casillas.
—No era para menos. El viejo no estaba previsto. Al menos en el contrato no aparecía. Y me quejé, no solo en la reunión con la voz en off, sino a través del wasap interno. Lo que pasa es que el contrato tenía puntos muy difusos donde podía caber cualquier cosa. Y yo tampoco soy una experta abogada. Así que me lo colaron… y no fue lo único.
—Perdona —la interrumpí—. Solo un inciso. Que sepas que también descubrí que tenías un chat directo con EXTA-SIS, el que llamabas ORG. Lo que pasa es que estaba vacío cuando lo vi.
Suspiró aliviada.
—Menos mal… si no, lo hubieras jodido todo. Pero me temía algo así, tu afición a las maquinitas me daba pavor, de modo que tomé la costumbre de borrar los mensajes por si acaso. No pensé en el correo, pero al menos el wasap interno lo limpiaba con frecuencia.
Di un sorbo a mi chupito y rellené ambos vasos de nuevo. Luego la animé a proseguir.
—¿Qué otras cosas dices que te colaron los de EXTA-SIS?
—Pues no fue que me colaran más requisitos de golpe, pero poco a poco me fueron pidiendo cosas que cada vez me hacían más difícil aguantar.
—¿Por ejemplo?
—Por ejemplo lo de las pastillas que tenía que darte para que te calmaras.
—¡No me jodas! —me asusté—. ¿Pero eso no era cosa del médico?
—No, qué va… —reconoció compungida—. Era cosa de la productora. Ellos me las dieron para suministrártelas a ti cuando te pusieras agresivo o simplemente si me lo ordenaban porque les apetecía dar espectáculo.
No entendía muy bien el asunto.
—Pero parecía que era Hugo quien te las daba, ¿estaba él al tanto del embrollo?
—Oh, no… él era solo un tonto útil… A Hugo se las di yo… Y le pedí que cargara con el mochuelo… Era mejor que no supieras que eran cosa mía… Aunque en realidad no lo fueran, «ellos» me obligaban a hacértelas tomar. Lo malo es que…
La voz se le quebró. La tomé de una mano y se la apreté.
—Tranquila… No lo digas si no puedes…
—Sí… —gimió—. Tengo que decírtelo…
—Vale, pero tómate tu tiempo.
—Es que… —se limpió una lágrima con el dorso de la mano libre—. Es que me asusté cuando me enteré de que en realidad no eran Lexatín. Me habían mentido los muy…
—¿No eran Lexatín? —dije asustado—. ¿Entonces qué eran?
—No sé… un compuesto de MDMA y alguna otra cosa… quizá esa mierda de burundanga…
Sabía lo que era la burundanga, el médico había supuesto que nos habían drogado con ella el día de la fiesta, pero no tenía ni idea de qué era lo otro.
—¿Qué es MDMA?
—Éxtasis… —gimió Blanca y volvió a sollozar—. Tenía mucho miedo, la droga podía hacerte daño…
—Tranquila, ya pasó… —le acariciaba el pelo para que dejara de llorar.
Pensé en ello mientras se desahogaba. Ahora entendía muchas cosas. Había presenciado la sesión de sexo en la pista central como si lo viera a través de un filtro que lo hacía irreal. Aquellos cabrones me habían sometido químicamente. Si no fuera porque había firmado aquel mandito consentimiento para la entrega del talón, no hubiera dudado en acudir a la policía.
Aunque, a decir verdad, ya todo daba igual. Preferí dejarlo pasar y seguir conociendo los detalles.
—¿Cómo supiste que no eran Lexatín?
—No lo descubrí yo… Fue el subnormal de Hugo el que lo hizo.
—¿Y eso?
—Resulta que un día me robó una cápsula para tomarla antes de dormir, llevaba varias noches desvelado… y enseguida se dio cuenta. Tanto es así, que el muy bobo se aficionó a ellas y me las pedía continuamente para tomarlas de noche. Menudo drogadicto de mierda…
Reímos a coro. Me imaginaba a Hugo viendo pajaritos y florecillas en el techo de su habitación, como si hubiera fumado hierba.
Luego torné a la seriedad.
—¿Qué más te pidieron que hicieras? —pregunté cuando la vi más calmada.
—Pues me exigieron cosas como que discutiera contigo…
—¿Que discutiéramos…?
—Sí, había necesidad de espectáculo… Tenía que enfadarme o hacer que te enfadaras, así podía justificar irme de nuestra habitación para dormir en el cuarto de algún otro… y todas esas cosas.
—Por eso lo de Rubén del principio, y luego lo de Juan…
—Sí, por eso fue… —sollozó—. Yo no quería estar a malas contigo, te lo prometo…
Lo pensé un instante. Ahora comprendía muchas cosas.
—¿Así que todos los bandazos que dabas eran parte del guion?
—Sí, eso es… Todos los días me pasaban un plan. «Hoy te enfadas con éste, hoy te acercas a este otro, ahora discutes, ahora te reconcilias…». En realidad, me decían, es algo normal en los realities. Si todo el mundo actuara motu propio, sin conflictos, no habría espectáculo. Y, sin espectáculo, no habría espectadores ni ingresos por cuotas o publicidad.
—Joder… —silbé—. Y todos esos bandazos podían tocarle a cualquiera, ¿no? Escuché a Hugo decir algo así con respecto a él. Que tan pronto le decías «arre», como «so»…
—Sí, claro… el guion del día os afectaba a todos.
Miraba a Blanca y ahora la veía diferente. Como la víctima que era.
—¿La fiesta de depravación en la pista central fue ordenada también? —pregunté.
—Por dios, Alex, ¿por quién me tomas? —pareció enojarse—. Poco menos que me escribieron cada cosa que tenía que hacer y cada palabra que tenía que decir. ¿De verdad pensabas que me había convertido en una ninfómana?
Me sentí culpable por haber sospechado exactamente eso. Que era una zorra que había estado en el armario a la espera de la ocasión propicia. Pero no podía culparme por ello.
—¿Qué querías que pensase? —me defendí—. Al fin y al cabo era lo que el espectáculo pedía, ¿no?, que yo me lo tragara todo. Y es lo que parecías: una golfa desvergonzada.
Blanca me miró y cabeceó para darme la razón.
—Lo siento… Sé que hubo momentos en los que se me fue la olla…
*
Esperé a que se calmara y la insté a que tomara un nuevo chupito, que Blanca aceptó encantada. Luego volví a la carga.
—¿Me vas a hablar de Juan ahora? —le dije tras el paréntesis.
Se limpió una última lágrima y aceptó.
—Vale…
—Pues dime, ¿qué hubo entre vosotros dos?
Blanca me miró con fijeza.
—Una amistad sincera, de verdad, solo eso… te lo prometo.
—Si hubiera habido algo más, ¿la productora se habría mosqueado?
—En absoluto… Cuanto más sexo mejor para ellos. Al contrario, lo habrían aplaudido.
Pensé en ello y me sentí irritado, pero la dejé proseguir.
—Cuando te dejé casi al final por exigencia de la productora, pensé en qué habitación meterme. Ellos no me habían indicado ninguna en concreto. Una opción era la del viejo Mario, pero el hombre estaba tan necesitado que hubiera tenido que dormir con una escopeta bajo la almohada.
No pude evitar sonreír al imaginarme la escena, a pesar de lo serio de la situación.
—Con la de Rubén ni siquiera conté. Ya había estado con él en la primera «huida» y el tipo olía bastante mal. Demasiadas proteínas, supongo. Imposible dormir a su lado.
—¿Y con Hugo? ¿Era él una opción?
—Hugo ni de coña… El tío era un peligro. Un tipo manipulador y bipolar…
—¿Bipolar?
—Sí, no sé si te diste cuenta… Tan pronto parecía un «señor», doctor amable e intelectual, hablando de ciencia y de cosas de las que parecía ser un entendido… y todo el tiempo entre libros... Como de pronto se transformaba en un monstruo despreciable, como una araña venenosa… Hugo me daba un miedo que te cagas. Dormir con él era como meterse en la cama con el Doctor Jekyll… Pero, ¿por qué te ríes?
Era verdad que me había sonreído al escuchar su mención al célebre doctor de la novela de terror.
—Me río porque yo también pensé en esa comparación. El Doctor Jekyll y Mr. Hyde… jajaja.
—Pues eso… que ni de coña me iba a acostar con él. Así que solo quedaba Juan. Un semental de primera, pero con sus «pequeñas» limitaciones.
—¿Limitaciones?
—Sí, limitaciones… Pero espera, ahora soy yo la que tiene que hacer pipí, dame un minuto, por favor…
*
Mientras Blanca volvía, reflexioné sobre lo que llevaba oído. Visto con la perspectiva del tiempo, todo parecía más liviano, menos personal. Aunque no me permitía olvidar que se había entregado a aquellos tipos de la manera más aberrante posible. Eso no tenía perdón alguno.
¿O quizá sí?, me preguntaba. ¿Sería capaz de llegar a perdonar a mi exnovia, la mujer a la que más había querido en la vida?
Al volver, me preguntó por dónde se había quedado.
—Hablabas de las «limitaciones» de Juan.
—Sí, eso es… —cabeceó pensativa—. Desde el principio comprendí que Juan no era lo que parecía. En realidad era un pobre hombre con un montón de complejos y se mostraba como un salido de palabra y de obra para taparlos.
»Pero en realidad era un alma de cántaro y muy tierno, y trabé con él cierta amistad. Tan blando era en realidad que los de la productora, viendo que no daría espectáculo si se mostraba como un niño bueno, me pasaron otras pastillas contrapuestas a las que te daba a ti. Se las echaba a la bebida y le hacían subir la testosterona, la bravuconería y las ganas de… bueno… de sexo… ya sabes…
Sí, ya sabía, y no me hacía ni puñetera gracia.
—¿Y mientras dormiste con él… qué ocurrió…?
—Nada, Alex, te lo prometo. Pasamos muchas horas hablando en la cama. Pero te juro que nunca intentó nada fuera del juego… Y tampoco yo se lo hubiera permitido. Fue por eso que lo elegí a él para dormir lejos de ti. También te digo que durante esos días no le suministré las pastillas, tampoco estoy loca...
Respiré aliviado. Confiaba en ella, sabía que decía la verdad, yo mismo lo había comprobado una de las noches que les espié mientras dormían juntos.
—¿Entonces, forzaste la discusión por el móvil para tener una excusa y abandonarme, antes de irte con Juan?
—Bueno… reconozco que esa excusa era buena, pero el enfado sí que me lo pillé. Llevaba muchos días de aguantar las cosas más degradantes que he soportado en mi vida… Y por un desliz como ése todo se habría ido a la mierda… Habría sido una auténtica catástrofe. Sobre todo porque me habrías despreciado y tratado como a una fulana, sin tener al menos el colchón económico con el que poder rehacer nuestra vida.
Las lágrimas volvieron y esperé a que se calmara, al tiempo que pensaba en que la sensación de que se había convertido en una «fulana» aún la tenía, a pesar de lo que iba descubriendo de la realidad de aquellos días.
—No lo entiendo… —reflexioné en voz alta—. No te habías enfadado tanto cuando utilicé tu móvil para citar a Hugo en la pista tres… ¿Qué cambió para que te disgustaras tanto cuando me encontraste con el iPhone la segunda vez?
Lo pensó antes de responder.
—Hay dos razones importantes —explicó a continuación—. Cuando cogiste mi móvil para chatear con Hugo fue porque se había quedado desbloqueado, no porque conocieras el pin. Era un hecho puntual, no parecía peligroso.
—¿Y la segunda?
—La segunda fue que, aunque yo me enfadé bastante, los de EXTA-SIS estuvieron encantados por la bronca que se armó entre tú y Hugo y luego con el grupo. Un suceso ideal para elevar la audiencia. No solo no se mosquearon, sino que se mostraron satisfechos y me pidieron que no te lo reprochara. Por supuesto sabían que no habías hurgado más de la cuenta. Su secreto seguía a salvo.
Parecía que la explicación tenía su lógica. Y decidí seguir adelante.
—Y luego… —intenté que mi acusación no sonara muy fuerte—. Te quedaste con Juan y no volviste. Pasabas a mi lado y no me hacías ni caso. Ni siquiera me mirabas…
Ahora eran mis ojos los que se habían enrojecido. Ella me echó las manos a la cara y unió nuestras frentes.
—Tienes que comprenderlo… No podía dejar que estuvieras conmigo porque habías llegado a tu límite… Eso le gustaba a la productora, que armaras líos para subir la audiencia… Pero después me hubieran obligado a darte la droga… No podía permitirlo… Sufrí mucho lejos de ti… Tenía mucho miedo, te lo prometo… Pero tenía que mantenerme alejada por tu bien…
Creí que estaba llegando a entenderla. Tan cerca y a la vez tan lejos. ¿No era eso mismo lo que yo había sentido?
—Dime una cosa —le pedí—. Háblame de Hugo, ¿por qué desde el principio te uniste a él de forma tan estrecha? Parecía que él era tu dueño, él decía lo que había que hacer y tu obedecías como un corderito… ¿Qué diablos te pasaba con ese cerdo?
—Bueno… creo que ahí jugué un buen papel, al menos tú te lo creíste.
—Explícate…
—Verás… Antes de que el reality comenzara, estuve leyendo todo lo que pude sobre los programas de ese tipo y viendo vídeos en Youtube. Ya sabes, el Gran Hermano y todo eso. Me tragué horas y horas de confesiones de participantes intentando conocer trucos y consejos. Uno de ellos fue el que utilicé con Hugo: unirme al más fuerte para controlar al resto a través de él.
»Lo primero que hice el DÍA cero, cuando iban apareciendo, fue estudiarlos a los tres. Me costó menos de diez minutos darme cuenta de que el hombre mentalmente más fuerte era el médico. Tú mismo lo viste, no hacía más que sentar cátedra sobre todo lo que pasaba allí. Parecía que lo sabía todo de todo y a los demás se les caía la baba al mirarle. Por eso me quedé a solas con él. Si conseguía controlar a Hugo, podría controlar al resto. Y en gran parte lo conseguí. Aunque al final tuviera que atarlo corto para que no se pasara de la raya. Su cara oculta no la tenía prevista y las pasé canutas por ello.
Acepté esta descripción de su relación con el ginecólogo sin dudarlo. Recordaba las frases de Hugo haciendo referencia a que era Blanca la que mandaba y ambas versiones encajaban a la perfección.
*
No quedaban ya muchos temas por aclarar. Pero una nueva duda me asaltó y preferí no guardármela.
—¿Cómo se fraguó la sesión de BDSM? ¿De verdad no fue idea tuya? No me creo lo que dijiste, que la había sacado a colación Hugo y todo eso.
Sonrió triste.
—Pues… en efecto no fue Hugo quien la propuso, sino yo. La idea no era mía, por supuesto… La productora lo preparó todo. Tuve una gran discusión con ellos a cuenta de la puñetera sesión. De nuevo revisamos los documentos. Y otra vez ganaron ellos. O había escena BDSM o se rompía el contrato… después de lo pasado hasta entonces… Así que tuve que claudicar… Al principio iba bien, sin mucha violencia, pero después se desmadró y tuve que arriesgarme a ir a tu lado para resguardarme. Tenía tanto miedo que todo me dio igual…
—Y me dejaste la nota y la llave del escenario.
—Sí, la nota era para darte esperanza, que aguantaras un poco más… Y la llave para que si hacía falta me protegieses… Y ya ves, fuiste tú quien metió el BDSM en el escenario.
—Sí, lo siento…
—En fin, no lo sientas… Si no hubiera sido por ti, la prueba habría sido un fiasco… Tanto esfuerzo y tanta humillación para nada…
De pronto lancé una carcajada que la descolocó.
—¿De qué te ríes?
—No, de nada… —repliqué—. Me estaba acordando del momento en que descubrí que el médico, tan estirado el muy gilipollas, en realidad era un picha floja.
Blanca sonrió sin muchas ganas.
—Sí, menudo soplapollas…
—Menos mal que llevaba viagra en el bolsillo, que si no…
Torció el gesto Blanca y me recriminó.
—Sí, qué alegría, ¿no? —dijo, acusadora—. No tienes ni idea del daño que me hizo cuando me la… eso… por detrás…
—No te quejes, querida… Que al final conseguiste un buen… orgasmo… Por cierto, ¿conseguiste más de uno?
Blanca no pudo disimular la sonrisa.
—¡Responde…! —la apremié burlón.
—Bueno, en realidad fueron dos…
—¡Qué cabrón el puto médico! Yo respetándote durante siete años sin saber que era tu punto clave… Si lo hubiera sabido…
Blanca me miró fijamente, moviendo las pestañas con aleteos de mariposa.
—Pues ahora ya lo sabes… —dijo entre pícara y retadora, y dejó la frase flotando en el aire.
No quise seguirle el juego, sin embargo. No era el momento. Al menos todavía no.
—A veces me pregunto —dije cambiando de tema— qué hubiera pasado si no hubiéramos conseguido el objetivo.
—Para ellos nada… —repuso—. Bueno, sí… que se hubieran ahorrado un dineral. Las imágenes las tenían, sexo a porrillo que es lo que buscaban. Y solo tendrían que pagaros a los hombres. Yo no habría visto un céntimo.
—¿Lo habrían emitido en ese caso?
—¿Por qué no? Ni lo dudes…
Me quedé mirándola un instante. Mi expresión de ironía no le pasó desapercibida.
—¿En qué piensas…? —preguntó.
—Pienso… en que dijimos miles de veces que estábamos acojonados por lo que nos pudieran hacer si no conseguíamos el objetivo. Todos pensábamos que acabaríamos muertos. Y tú siempre supiste que lo único que pasaría era que perderías el premio gordo… y nada más.
—Sí… —sonrió con pesadumbre—. Lo sabía… pero tenía que callarlo.
—Menuda puñetera… —dije, y callé antes de expresar algo de lo que pudiera arrepentirme.
*
Se hizo un silencio en la conversación. Bebimos un par de chupitos mientras pensábamos cada uno en lo suyo. Al final fue Blanca la que habló de nuevo:
—¿Lo de la chica del tiktok… cómo fue realmente? Algo me explicaste, pero no lo recuerdo bien.
—¿De verdad no sabías que iba a ocurrir eso exactamente? ¿No te lo habían comentado los de EXTA-SIS? Porque estaba claro que lo hicieron para quitarme de en medio durante la sesión BDSM.
—No, tan solo me habían dicho que tenían un plan para distraerte durante la sesión y que no molestaras. Pero no me dieron detalles.
—Ya…
—¿Me lo vas a contar más despacio? ¿De verdad te lo pasaste bien con la chica?
Le repetí la historia y mis reticencias acerca de cómo una chica «normal» se podría prestar a semejante barbaridad.
—Bah, no te creas todo lo que te cuentan…
—¿Qué quieres decir?
—Pues que no me creo que a la chica la reclutaran en Tiktok. Si le hubieras hecho una foto la podríamos buscar en Internet y ya te aseguro yo que la «niña» resultaría ser una actriz porno de primera línea.
—¿Tan joven? —me extrañé.
—Ufff… en la productora de EXTA-SIS vi y oí cosas que no creerías. Chicas de uniforme colegial andaban por los pasillos a la espera de casting para rodar escenas fuertes. Cada vez las buscan más jóvenes.
—No es tu caso —bromeé, aunque enseguida me arrepentí. Ella, sin embargo, no pareció tomárselo a mal.
—No, en mi caso buscaban una MILF… eso estaba claro…
—Sí, creo que estaba claro…
—Por cierto, ¿cuánto te comentó la chica que la iban a pagar por la… actuación de rodillas?
—No recuerdo, dos mil quinientos, creo…
—Bah… menuda gilipollez… Multiplica eso por cinco y aún te quedarás corto… La producción era de las caras y seguro que consiguen ingresos del mil por cien sobre los costes.
—Es posible, ahora que lo dices… Y no creas que no me alegro. Mejor una profesional, por muy joven que sea, a una niña cualquiera de la calle que se venda por unos billetes…
En el aire quedó que eso era exactamente lo que Blanca había hecho, pero ninguno quiso abrir aquel melón que podría habernos llevado a más discusiones. Y, quizá, a una separación definitiva.
*
Se produjo un paréntesis prolongado en el que cada uno dedicó un tiempo a sí mismo. Yo salí a la terraza a respirar aire fresco y relajarme. Blanca se dedicó, ¿cómo no?, a organizar los armarios de la habitación de invitados. En ambos casos meras excusas para darnos un tiempo.
Pasados unos minutos volvimos al salón. La conversación aún no había terminado.
—¿Qué va a pasar ahora? —dijo mirándome consternada.
—No lo sé…
—¿Vas a volver? —preguntó y se mordió el labio a la espera de mi respuesta.
No quería decirle que no… Pero tampoco que sí. Había mucho que digerir antes de tomar una decisión. Y así se lo dije.
—No lo creo… Al menos de momento… Me has hecho mucho daño, Blanca. Tengo que digerir todo lo que ha pasado. ¿Reconocerás, al menos, que me has engañado como a un imbécil? ¿Te extrañas si te digo que me siento como un perfecto cornudo?
Blanca me miró desafiante. No entendí aquel cambio en su expresión y una culebrilla me recorrió el estómago.
—¿Qué pasa? —la interrogué mosqueado.
—Pasa que todos tenemos mucho de qué callar. Eso pasa…
—No sé de qué me hablas… —en verdad no la entendía. Pero no tardé en hacerlo.
Se puso en pie y se cruzó de brazos. Luego comenzó a pasear a mi alrededor, como solía hacer cuando quería hablar de un tema incómodo.
—Ah, ¿no? —me retó—. ¿Y qué me dices de Sara?
La respiración se me detuvo.
—¿Con Sara? —tragué saliva—. No pasa nada que yo sepa… ¿Le ha ocurrido algo?
Blanca se acercó a mí y me cogió la cabeza con sus dos manos, una en cada lado de la cara.
—Pasa que te la follaste en los lavabos del colegio. ¡A mi mejor amiga!
Joder… ¿quién se lo había dicho? Solo Sara y yo sabíamos aquello. Y habíamos hecho la firme promesa de que no se supiera, aparte de no repetirlo.
—Por dios, Blanca, ¿quién te ha contado semejante barbaridad?
—A ver, Alex, no te hagas el bobo, ¿tú quién crees que me lo ha contado?
—¿Sara…? —titubeé.
—¡Pues claro, atontao! —le dio un trago a su chupito y se escanció otra ración. Luego pareció tranquilizarse—. Sara se sintió culpable y me lo soltó todo, como haría una buena amiga.
—¿Todo…?
—¿Tú qué crees…?
No quería creer nada. El asunto era más que escabroso. No podía imaginar que Sara hubiera entrado en detalles. Y era muy probable que no lo hubiera hecho, y por eso Blanca me presionaba para que se los contara.
—Fue solo un error… —me justifiqué.
—Pues empieza a cantar por tu boquita, porque quiero conocer hasta la última coma…
—¿Qué última coma? —había comenzado a sudar copiosamente—. ¿No has dicho que ya te lo ha contado todo Sara?
—Sí… claro que lo ha hecho, pero quiero estar segura de que vuestras versiones coinciden.
No sabía qué hacer. Pero preferí no cabrearla más. Si ya lo sabía, ¿para qué hacerlo?
Así que le relaté la historia desde el principio.
*
—Fue durante un recreo. Sara se sintió indispuesta y me pidió que la acompañara hasta el baño. Tenía ganas de vomitar y me pidió que le sujetara de la frente, una costumbre de su abuela para evitar que con las arcadas se mueva el cerebro y no sé qué más bobadas de viejas.
»El caso es que Sara se arrodilló frente a un retrete del baño de las chicas y yo me puse tras ella. Echó lo que había comido desde el día anterior mientras la sujetaba de la frente como me pidió.
»No pude evitarlo, te lo juro, mientras la sujetaba mi entrepierna se rozaba con su culo. Y con los espasmos, parecía que estuviéramos follando. Me empalmé, Blanca, te juro que yo no quería, pero se me puso dura como una piedra.
»Ella lo notó y sentí tanta vergüenza que intenté escapar. Imaginaba que me iba a echar la bronca del siglo, por lo que ya comenzaba a pensar en las excusas que le daría.
»Pero ni mucho menos se había enfadado. Muy al contrario, comenzó a mover la cadera y a pegar su culo contra mi polla. Yo no podía creerlo, tenía que tratarse de una confusión.
»Pero supe que no había confusión cuando me pidió que cerrara la puerta del cubículo donde estábamos. Y, sin más preliminares, se bajó las bragas hasta las rodillas y me miró desesperada. Te aseguro que no he visto esa mirada en Sara en toda mi vida. Estaba como poseída.
—¿Poseída? —me interrumpió Blanca—. Si serás idiota… Lo que estaba era cachonda como una perra…
—Bueno, eso también. Estaba claro que algo había. Pero te prometo que no fue culpa mía.
—Calla y sigue…
—Sara se levantaba la falda por detrás y me mostraba el culo desnudo. Su coño estaba húmedo y se lo acaricié con las manos. Gimió bajito y eso me puso frenético. Por fin, como nerviosa, me soltó algo que me dejó helado.
»—Fóllame, Alex… Por tu padre, fóllame…
—¿Y qué más? —me urgió Blanca, a todas luces llevada por el morbo.
—Pues poco más. Me bajé los pantalones lo justo. Seguíamos de rodillas. Cuando se la metí ella gimió más alto y soltó un bufido de placer. De pronto me di cuenta de un detalle.
»—Sara… —le dije—. No tengo ningún condón… Esto no está bien…
»—Déjate de chorradas y sigue, por dios…—me respondió—. No pares… Estoy tomando la píldora, no hay problema… Folla… así… así… así... aaahhh…
»El «plas-plas» de mis huevos contra su coño me preocupaba. Si alguien entraba en ese momento en el baño, se iba a liar.
—Pero nadie entró.
—No, nadie entró, por suerte… Así que seguí entrando y saliendo de ella hasta que la sentí correrse.
—¿Y tú, qué, te corriste también?
—Ehhh…
—¿¡Alex!?
—Vale, lo reconozco —acepté a regañadientes—. Sí, Blanca… me corrí dentro de ella porque Sara me lo pidió. Dijo que quería sentir el calor de mi leche y no sé qué más. Estaba tan obnubilado que no me enteré de casi nada. Cuando terminé de llenarla el coño, me levanté, me coloqué la ropa y salí de allí a toda pastilla. Eso es todo.
—¿Estás seguro de que es todo?
*
Había terminado mi historia. Pero Blanca no se conformaba. ¿Qué más quería? ¿Qué le contase los disparos de semen que le había endilgado en el útero a su amiga? ¿Tan morbosa era ahora mi exnovia?
—Sí, eso es todo…
Su ceño se frunció aún más si cabía. Seguía cruzada de brazos.
—No estoy yo muy convencida... —dijo enchulada—. ¿Estás seguro de que no hay nada más?
¡Ay mi madre!, suspiré aterrorizado. Que ya sabía por dónde iban los tiros. Que la muy sosa de Sara le había contado también lo otro…
—Joder, Blanca, sí, estoy seguro… —decidí atacar—. ¿Qué más te ha contado Sara?
—Tú sabrás… —replicó utilizando un estilo de lo más femenino.
Me dio igual, si había que contarle todo, se lo contaría y que me llevasen los demonios.
—Vale, está bien… —me rendí—. También me la follé en el despacho de Lucio, el director.
—Si serás cabrón… —me enseñó los dientes—. Y decías que nada más…
—Vale, lo siento, fue otro calentón. Solo sexo, te lo juro, nada de cariñitos ni esas cosas…
Blanca se plantó ante mí y acercó su cara a la mía.
—¡Cuéntamelo todo! —espetó—. Hasta el último detalle. ¿Dónde te la follaste? ¿Sobre la mesa?
Comenzaba a sospechar que Sara le había contado menos de lo que Blanca me hacía creer. Que era tan pardillo que me lo estaba sonsacando. Con sacacorchos, cierto, pero hasta la última gota.
De nuevo me rendí, de perdidos al río, me dije.
—Sí, fue sobre la mesa…
—Cabronazo… —suspiró torciendo el gesto.
—Vale, Blanca lo siento —me excusé—. Era tarde y teníamos que entregarle un trabajo a Lucio. Coincidimos en su despacho para dejar cada uno su parte y que el director lo viera a la mañana siguiente y no sé qué locura nos ocurrió.
»De pronto comenzamos a morrearnos y en unos segundos ella estaba sentada en la mesa con la falda levantada. No hizo falta ni que se quitara las bragas. Se las echó a un lado mientras yo me desabrochaba los pantalones. Luego se la metí con furia, te juro que estaba como enajenado. Llevaba una temporada sin sexo desde que salimos… de la discoteca… Y Sara no sé, supongo que lo mismo…
»El caso es que nos empezamos a mover como enloquecidos y no paramos hasta que dejamos perdida la mesa de jugos, tanto míos como suyos. Al terminar limpiamos aquello como pudimos y luego nos fuimos cada uno para su casa.
—Vale —dijo Blanca tras suspirar no menos de tres veces—. Pues eso es lo que hay. ¿Ves lo que te he dicho? Todos tenemos mucho de que arrepentirnos y que perdonar.
Me alegré de que no siguiera con el interrogatorio. En caso contrario me habría sonsacado el polvo que le había echado a Sara sobre el sofá de su casa durante los días que conviví con ella y sus compañeras de piso. ¡Y menudo polvo!
Aun así, lo pensé un instante, no estaba de acuerdo con la afirmación de mi exnovia.
—No creo que sea comparable lo mío con lo tuyo —argumenté—. Lo que ha pasado con Sara ocurrió mientras tú y yo estábamos separados…
Pero Blanca estaba preparada, como solía hacerlo cuando planificaba de antemano una discusión.
—Sí que lo es… —replicó—. Recuerda que es mi mejor amiga… ¡Un tío decente no se folla a la mejor amiga de su exnovia! Además…
—Además, ¿qué? —pregunté expectante.
—Sara ya estaba saliendo con Ramón. Le has puesto los cuernos a su novio, que lo sepas…
—¿Qué…? —respondí extrañado—. Joder, Sara me dijo que no estaba con nadie…
Blanca sonrió levemente.
—Ya… menuda zorrita…
No entendí esa afirmación.
—¿Qué pasa con ella?
—¿Que qué pasa…? —se mordió una uña—. Pues que Sara siempre te ha tenido ganas… Y que se ha aprovechado de ti, so pánfilo… que no te enteras de nada. Menos mal que la quiero con locura, sino se iba a enterar la muy guarra…
La expresión de pasmo que se me había puesto me duraría varios días. No tenía claro que pudiera mirar a Sara nunca más a la cara después de aquello.
AIRES DE RECONCILIACION
Terminamos la charla bastante tarde y aquella noche podría haberme quedado a dormir con ella, a pesar de las acusaciones cruzadas. Sus ojos no disimulaban el deseo de que me quedara en su casa y por mi parte hubiera matado por hacerle el amor. Pero no conseguí convencer a mi cerebro para hacer lo que me pedía el corazón.
Continuará...... (habrá consecuencias de todo lo vivido?)
Esta novela será publicada al completo en todorelatos.com, a razón de 1 capítulo semanal. También podréis leerlo de un tirón en Amazon, donde se ha publicado con el título CUATRO HOMBRES PARA BLANCA (GRATIS para los abonados a Kindle Unlimited). Feliz lectura!!!
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