Xtories

Mi tercera infidelidad con el jefe mi ex marido P1

Carlos le ha quitado el único obstáculo que se interponía entre ellos: su marido. Ahora, durante treinta días, ella es solo suya. La puerta del motel se cierra, pero el verdadero juego comienza cuando ella se arrodilla y él le recuerda quién manda.

Samanthalaputa15K vistas8.0· 8 votos

Unos días después de nuestro encuentro en la comandancia, recibí un WhatsApp de Carlos. Me puse nerviosa al ver su nombre en la pantalla, recordando la última vez que estuvimos juntos y cómo me había hecho sentir.

Carlos: Hola, sam. Quiero verte. Estoy deseando salir contigo unos días de estos. ¿Cuándo pusieras salir conmigo, te parece el viernes?

Leí el mensaje y sentí un cosquilleo rico. La idea de tener a Carlos para mí sola me hacía sentir eufórica y con muchas ganas de cogérmelo. Me encantaba leer sus mensajes ya que me decía cosas ricas.

Yo: Suena increíble, pero, ¿cómo le hiciéramos porque mi marido llega a veces a la casa?

Carlos: déjamelo a mí, yo tengo mis métodos. Confía en mí, todo está bajo control. Te esperaré a dos cuadras de tu casa para no levantar sospechas de tus vecinos. ¿Te parece, mi reina?

Sonreí, imaginando la noche que nos esperaba. La idea de que Carlos planeara la forma de vernos me hacía sentir especial y deseada. Además, me emocionaba la idea de que me viera con algo nuevo y sexy.

Yo: Ok, allí estaré. Sabes, no veo la hora de verte y de que me cojas como solo tú sabes hacerlo papi.

Resulta que el miércoles, mi ex marido llegó a la casa y, durante la plática de la comida, me comentó que lo habían mandado de partida a otro municipio.

Yo, sabía que detrás de esa partida había algo más o más bien Carlos estaba detrás, pero fingí sorpresa y acepté, ese mismo día arregle sus uniformes y su mochila.

El jueves, mi ex se fue desde muy temprano. Ese mismo día como a las 11 de la mañana, recibí otro mensaje de Carlos.

Carlos: Hola, mi amor. Te tengo una sorpresa. Mandé a tu marido de partida por un mes. Ahora tenemos 30 días solo para nosotros. ¿Qué te parece?

Sentí una mezcla de emoción y nerviosismo. Saber que Carlos había hecho tal cosa para tenerme para él solo me excitaba y me hacía sentir poderosa.

Yo: Ay Carlos. No puedo esperar. ¿Cuándo nos vemos?

Carlos: Pasaré por ti el viernes a las 10:30 pm. ¿Te parece bien la hora, mi reina hermosa?

Yo: Esta bien, allí estaré. No veo la hora de verte y estar contigo papi de que me cojas como solo tú sabes hacerlo, de sentir tu rica verga mi rey.

El viernes llegó, y con él, mi ansiedad y excitación ufff. Fui de compras y me compré un vestido negro ajustado, unas pantimedias y unas tangas de encaje. Ese día elegí ese vestido para la ocasión, me rasuré la panocha y me puse labial rojo para resaltar mis labios y ver si Carlos se ponía más caliente. Me maquillé con cuidado, resaltando mis mejores atributos, y me perfumé para que mi aroma lo volviera loco.

Cuando salí de casa, caminé rápidamente las dos cuadras que me separaban del punto de encuentro para que los vecinos no me vieran. Al doblar la esquina, vi el auto de Carlos y mi sonrisa se hizo visible en mi rostro. Abrió la puerta y me invitó a subir, sus ojos recorriendo mi cuerpo con deseo.

Carlos: Estás impresionante, mi amor. Ese vestido te queda perfecto y esas pantimedias me tienen loco mami.

Subí rápidamente al auto, ansiosa de estar con él. Nos dirigimos a un restaurante bonito las afueras de la ciudad. Durante la cena, la conversación fluyó con facilidad, llena de risas y miradas cargadas de deseo. Mientras platicábamos, no pude resistir la tentación de acariciar sus piernas con mis pies por debajo de la mesa, sintiendo cómo se tensaban bajo mi toque. Carlos me miraba con una sonrisa pícara, disfrutando de nuestro juego secreto.

Carlos: Eres una tentación, sam. Me encanta cómo me tocas.

Yo: Y a mí me encanta ver cómo te pones cuando lo hago —le respondí coqueteando con el.

Después de la cena, nos dirigimos a un motel cercano. Carlos pagó la habitación y nos dirigimos hacia la habitación 37. Al llegar, Carlos bajó la cortina de la cochera y comenzamos a subir las escaleras, yo subí primero mientras que Carlos iba detrás de mi, yo movía mis nalgas para que las viera.

Al entrar en la habitación, nos comenzamos a besar apasionadamente. Carlos me fue desvistiendo, dejándome nada más con mi bra y las medias. Sus ojos recorrieron mi cuerpo con deseo, y no pude evitar sentirme poderosa y sexy bajo su mirada.

Carlos: Ufff, estás para comerte, estas hecha toda una potra, mami. Ven, acércate a la cama.

Me acerqué a la cama y, siguiendo sus instrucciones, me puse en cuatro, levantando mi culo para que me viera bien. Sentí cómo sus ojos recorrían cada curva de mi cuerpo, y eso me encendió aún más.

Carlos: Así me gusta, mami. Muéstrame ese culo tan rico que tienes mami.

Carlos me nalgueó y sentí el escozor en mi piel, pero también un placer intenso. Carlos bajó mis medias lentamente, dejando mis piernas desnudas, excepto por la tanga de encaje. Abrió mis nalgas para ver mi culo, y siguió acariciándome las nalgas con sus manos, sus dedos acercándose peligrosamente a mi entrada.

Yo: Me encanta cómo me tocas, papi.

Carlos: Así me gustas, mi puta.

Me puse de pie y comencé a besar a Carlos apasionadamente, mis manos recorriendo su cuerpo. Le quité la camisa, besando su pecho mientras mis manos bajaban a desabrochar su cinturón. Mis besos fueron bajando, siguiendo el rastro de su pecho hasta su abdomen, donde me detuve a jugar con su ombligo con mi lengua. Carlos gemía y me apretaba contra él, su verga dura presionando contra mí.

Desabroché su cinturón y luego sus pantalones, bajando el cierre lentamente, saboreando cada segundo. Le bajé los pantalones, dejándolo en boxer. Sus boxer negros y cortos dejaban mucho a la imaginación, y podía ver claramente cómo su verga se marcaba, lista para mí ufff que rico de verdad.

Hice a un lado el boxer y comencé a mamar su rico pito, mi lengua recorriendo toda su rica verga mientras mis manos acariciaban sus huevos. Carlos gemía y me agarraba del cabello, guiándome en un ritmo que lo volvía loco.

Yo: Te gusta, mi amor, te gusta, papi. ¿quieres que te mame los huevos papi? Mientras lo miraba a los ojos

Yo: Me encanta tu verga tan dura, mi amor. La tienes bien sabrosa.

Carlos: Así, mami. Chúpala toda. Eres una puta mamadora,.

Descubrí la cabeza rosadita de su sabroso trozo de carne y me la metí a la boca, haciendo tronar mi boca con cada movimiento. Lo masturbaba con una mano mientras chupaba y lamía su verga con dedicación. Carlos estaba al límite, sus gemidos cada vez más intensos.

Me puse de pie y lo besé apasionadamente, Carlos me acostó en la cama y comenzó a besar mis pechos, acariciando mis pezones con su lengua. Sentí cómo mis pezones se endurecían y mi panocha se humedecía aún más.

Carlos: Mmm, tus pezones están duros, mami. Me encanta cómo te pones.

Yo: Me encanta cómo me tocas, papi. Me vuelves loca.

Carlos: Tu panocha está muy mojada, mami. Tienes una panocha rica.

Mientras me decía eso, sus manos comenzaron a acariciar mi sapo todo mojado, deslizándose por mis labios mayores y menores, sintiendo mi humedad. Me quitó la tanga lentamente, besando mis caderas y mi vientre mientras lo hacía.

Carlos: Quiero saborearte toda, mami. Eres deliciosa.

Se posicionó entre mis piernas y comenzó a besar y lamer toda mi panocha abierta para el y también comenzó a lengüetear mi clítoris, moviendo su lengua en círculos que me volvían loca. Gemí y me retorcí de placer, mis manos agarrando las sábanas con fuerza.

Yo: Sí, papi, así. Me encanta cómo me comes la panocha mi amor.

Carlos: Sabes a paraíso, mami. Me vuelves loco.

Para darle más acceso, tomé mis dos piernas con mis manos y las abrí más, exponiéndome completamente a él. Carlos sonrió y se sumergió aún más en mi panocha, su lengua trabajando mágicamente en mi clítoris.

Carlos: Así me gusta, mami. Muéstrame esa panocha rica, te ves bien puta asi mami.

Tomé su cabeza y lo empujé más hacia mi panocha, gimiendo de placer mientras su lengua me llevaba al éxtasis.

Yo: Me encantas, mi amor. No pares, por favor. Papiii no pares, mmm papi, mmm papi.

Carlos: Me encanta escuchar esos gemidos, mami. Eres mi delicia de putita.

Su lengua comenzó a jugar con mi clítoris, moviéndose en círculos y haciendo presión justo en los puntos correctos. Gemí más fuerte, mis caderas moviéndose al ritmo de su lengua.

Yo: Sí, sí, justo ahí. No pares, papi. Me voy a venir.

Carlos: Si, mami. Déjalo salir. Quiero sentir cómo te vienes en mi boca.

Con un último gemido intenso, exploté en un orgasmo riquísimo, mi cuerpo temblando y mis músculos internos contraiéndose alrededor de su lengua. Carlos continuó lamiendo y besando mi sapo toda mojada, sacando cada gota de placer de mi cuerpo. Vi cómo tragaba mi jugo, disfrutando de mi sabor.

Yo: Así, así, tómalo todo, mi amor. Me encanta verte así.

Carlos: Eres deliciosa, mami. Me encanta cómo te sabes.

Carlos no me dejó recuperarme. Se subió encima de mí y comenzó a besarme apasionadamente. Podía saborear mi propio jugo en su boca, lo cual me excitó aún más.

Yo: Me encanta saborearme en ti, mi amor. Eres increíble.

Carlos: Y a mí me encanta darte placer, mami.pdt: trato de ser lo mas clara posible, de detallarle lo que vivi mientras estuve casada, a claro "carlos" fue el inicio;) y gracias por los correos jejeje besitos chicos, cuando pueda les publico la parte 2