La punky jugosa
Lau no esperaba encontrar a un 'mayordomo' con las manos y la mente llenas de deseo. Lo que empieza como una ayuda por un tobillo roto se transforma en una sesión de sexo crudo en la piscina, donde ella descubre que prefiere ser usada por un desconocido antes que esperar a su novio.
No sé si esta serie tendrá continuación, pero deseo narrar algunas de mis experiencias sexuales serranas, emulando al insigne Marqués de Santillana con sus serranillas.
Para presentarme, me llamo Marcos, y la circunstancia más relevante de mi vida es que, a mis 45 años, hace 2 que me convertí en escandalosamente rico, fruto de un azar del destino que puso en mis manos un billete de lotería premiado con una astronómica cifra.
Como ya estoy en una edad en la que mi cabeza está medianamente amueblada, me negué a una vida de excesos, simplemente me compré, mediante intermediarios, una magnífica finca en la sierra, a 1 hora de mi ciudad, en un entorno paradisíaco.
Por precaución y comodidad, para todo el vecindario de la sierra soy una mezcla de mero mayordomo y guardés del propietario de la finca, lo cual me evita molestos sablazos e interesadas y falsas "amistades"
El caso es que, durante las cada vez más largas temporadas que paso en mi finca alejado de la ciudad, me he autoimpuesto una larga caminata matinal por la red de senderos de la sierra, lo que me mantiene razonablemente sano y en forma.
Aquella mañana acababa de salir por la cancela de la finca, lo que suponía ya kilómetro y medio de caminata, cuando, tras salvar el arroyo formado por la fuente de la Teja, que atravesaba el sendero y lo enfangaba, me crucé con una pareja joven, veinteañera, él un vikingo en miniatura y algo regordete, de tez lechosa enrojecida por el sol y pelirrojo, pero fue ella la que me llamó la atención, morena de pelo negro y brillante como ala de cuervo, laterales rapados y flequillo "a la vasca", ojos verdes y cara pecosa, muy guapa, también pasadita de kilos, pero repartidos divinamente a mi juicio. Lucía dos tetas como cántaras, embutidas en una camiseta sujetador deportivo de color blanco que las atrapaba a duras penas. Completaba su atuendo con un pantalón cortísimo que embutía sus bellísimos y gordezuelos muslos.
Al cruzarme con ellos les saludé educadamente con un buenos días, a lo que el chaval me respondió con un gesto de cabeza y ella ni siquiera eso.
- Vaya con la punky esta, guapa pero un poco maleducada, pensé.
No di ni 30 pasos cuando escuché un grito, seguido de varias maldiciones. Sin duda la voz era femenina, así que regresé hacia las voces apresuradamente, encontrándome una escena un poco cómica, pues la chica estaba despatarrada sobre el fango y un charco formado por el rebose de la fuente en el sendero, toda embarrada y con una mueca de dolor mientras se sujetaba el tobillo izquierdo.
- Joder Ari, te dije que me ayudaras, ahora qué vamos a hacer tirados aquí enmedio?
El pequeño vikingo no respondía, sólo balbuceaba, tratando de disculparse por su falta de cuidado.
- Disculpen, puedo ayudarles.
- Hola, gracias, pero no creo que pueda hacerlo, a menos que tenga un teléfono para llamar a una ambulancia, creo que me he desgraciado el tobillo por culpa de este papanatas.
Vaya, la moza era de artillería, pero la imagen que me ofrecía, rebozada en barro, como esas luchadoras de discoteca americana, era de lo más sugerente. Ahora lo más perentorio era atenderla, porque aquel tobillo podía estar bastante fastidiado.
- Señorita, vivo aquí al lado, si le parece me acerco a por mi vehículo, les recojo y veremos qué podemos hacer para mejorar lo de su tobillo.
- Vaya, pues se lo agradecería, me duele bastante y mire cómo me he puesto de barro.
- Bueno, no se preocupe, si me dan 10 minutos veremos qué podemos hacer, lo principal es sacarla del lodo, así que apóyese en nosotros y vamos a acercarnos a esa piedra, ahí podrá estar algo más cómoda mientras regreso con mi vehículo.
Fue un verdadero placer agarrar a la chica por aquellos torneados brazos de piel blanca, aunque completamente embadurnados de barro. Ella se sujetó de nuestros hombros y yo no perdí la oportunidad de agarrarla por la opulenta cadera, dejando caer mi mano un poco más de lo necesario, aunque la chica sólo se preocupaba de no apoyarse en su maltrecho tobillo.
- Bien, espérenme aquí, regreso enseguida.
Por el camino decidí regresar a buscarles en el viejo todoterreno Nissan que utilizaba para los lugares de difícil acceso, era lo más adecuado para un empleado, nada de utilizar cualquiera de mis otros vehículos del garaje.
En menos de diez minutos la parejita ya estaba instalada dentro del todoterreno y entrando en mi finca. Lógicamente me dirigí a la casona que tenía habilitada para los invitados, era imprescindible mantener mi fachada de empleado del dueño de todo aquello. La chica seguía muy dolorida, mientras que el pequeño vikingo seguía abrumado por la lesión de su acompañante, guardando completo silencio.
- Bien, si les parece vamos a bajar con cuidado y entraremos en la casa, a ver qué podemos hacer por ese tobillo y por su persona. Por cierto, me llamó Marcos, y ustedes?
- Yo me llamo Lau, él es Ari.
- Pues encantando de conocerles. Lau, si le parece pase al cuarto de baño y dese una buena ducha para sacarse todo ese barro, también le recomendaría acabarla aplicando agua fría sobre el tobillo, mientras tanto yo iré preparando algo para aliviarla en lo posible.
Siento decirle que no tengo ropa de su talla (me alegré muchísimo de que mi albornoz estuviese en el baño de mi dormitorio, en la casa grande, pues podría permitirme intentar disfrutar de agradables vistas de su anatomía). Lo que sí podría ofrecerle es una gran toalla en la que envolverse mientras hago la colada con su ropa, a ver si podemos liberarla de todo el barro.
- Gracias, eres muy amable Marcos, te importa que te tutee?
- Para nada, avisa cuando pueda recoger tu ropa.
Mientras esperábamos le ofrecí algo de beber al chico, pero sólo aceptó un poco de agua y siguió recluido en su silencio. A los 15 minutos Lau llamó a Ari, el cual entró al baño y salió con un bulto de ropa, el cual me entregó. Lo introduje todo en la lavadora, zapatillas incluidas, y programé un buen lavado, a ver si conseguía arrancar todo aquel barro.
A los pocos minutos Lau salió del baño envuelta en vapor, cojeando y un poco cortada por su atuendo, pues la toalla (las tenía más grandes en el armario, pero ladinamente escogí esa de tamaño mediano) dejaba a la vista la canal de sus generosísimos pechos, tapándole a duras penas sólo la mitad de sus blanquísimos y rollizos muslos.
- Hace muy buena temperatura, os parece salir a la terraza y así te calientas al sol mientras preparo algo para tu tobillo?
- De acuerdo.
Rápidamente preparé un balde de agua fría a la que añadí 2 bolsas de hielo. Salí cargado con él y me dirigí hacia el sillón en el que Lau estaba acomodada, cruzada de piernas y dejando una magnífica panorámica de sus muslos casi hasta las nalgas. Me arrodillé ante ella y tomé delicadamente el pie izquierdo, introduciéndolo con mucho cuidado en el baño. El contraste térmico y el dolor de tobillo hicieron que la chica se revolviese en el sillón, dejándome atisbar un vellón de pelo ensortijado de similar negrura y brillo al de su melena, pero lástima, sus carnosos muslos mantenían su entrepierna al abrigo de miradas indiscretas como la mía.
- Aaaaaaaayyyyyyy duele, quemaaaa..
- Tranquila, Lau debes aguantar la temperatura, si no aplicamos frío no reduciremos el esguince, trata de pensar en otra cosa, charla con Ari, mira el paisaje.. lo que sea, pero mantén el pie dentro del balde. Ahora mismo vuelvo.
Me dirigí a la cocina, y visto que ya habíamos pasado el mediodía, les preparé a los chicos un refrigerio a base de algo de riquísimas chacinas de la sierra y una botella de vino (de crianza y de supermercado, había que seguir aparentando ser un "tieso").
Lo dispuse todo sobre la mesa, junto al sillón de Lau, les serví dos generosísimas copas de rioja y parece que el picoteo calmó los ánimos de ambos. Lau se afanaba con las chacinas y el vino como si no los hubiese probado nunca, seguro que ese buen apetito contribuía a que luciera esas carnes tan hermosas y bien dispuestas, pero que en unos años se vendrían abajo si no comenzaba a cuidarse. El chico sólo se humedecía los labios y mordisqueaba el queso y el lomito ibérico como un ratoncillo tímido.
- Joder Marcos, qué riquísimo está todo.. nosotros pensábamos comer de los bocatas de chopped que traemos en el coche y mira cómo estamos triunfando, vives a cuerpo de rey en esta mansión, eh?
- Bueno, la verdad es que yo sólo soy una especie de "mayordomo del rey", que es el dueño de todo esto, yo sólo vivo aquí, vigilo que todo esté en orden y dispuesto para cuando él viene a pasar temporadas.
- Debe ser muy rico, quién es?
- Pues si te soy sincero no le conozco, me contrató una empresa, y cuando él o ella vienen, por contrato tengo estipulado que no puedo acercarme a la casa, ellos traen su propio servicio y no quieren ser molestados por mí ni por nadie.
- Vaya, qué clasistas, no?
- Si quieres que te diga la verdad a mí me viene de lujo: puedo leer, escribir, pasear, meditar.. y si ellos no quieren verme tampoco pueden molestarme en exceso, creo que es un trato ventajoso para ambas partes.
La chica me miró reflexiva:
- Joder Marcos, qué bien te lo has montado, más que como Marcos vives como un marqués.
Era descarada y lista, porque se había percatado de lo bien que vivía (y no sabía de la misa la mitad) y también de mis cada vez menos furtivas miradas a sus piernas, pechos y brazos, que me tenían cada vez más embelesado.
- Sí.. no cabe duda de que te gustan las cositas buenas de la vida, marqués
Vaya caradura que era la moza, porque me estaba zorreando delante del pequeño vikingo, que seguía callado, pero atento a nuestra conversación y al coqueteo recíproco. No tenía claro si eran pareja, pero me parecía que ella era muy liberal.
- Claro que sí, Lau, hay que aprovechar todo lo bueno que nos ofrezca la vida, aunque para ello tengamos que disfrutar de bienes ajenos..
- Bienes ajenos como este casoplón, marqués?
- U otros, Lau, no olvides aquella frase de Marx, que preconizaba que la mayoría de problemas del hombre nacían con el sentimiento de propiedad.
- Ya.. y tú prefieres disfrutar de prestado..?
Dios, estaba guapísima, con esos ojos verdes, la cara pecosa, y esa lengüita roja asomando la punta y relamiendo sus bien perfilados labios. Aquella punky me estaba zorreando delante de su chico con el mayor descaro, así que decidí retomar las riendas, me arrodillé frente a ella, tomé su pie de dentro del balde y lo manipulé un poco, haciéndolo rotar con cuidado.
- Aaaaaauuuuu.. cuidado Marcos, que me duele un poco.
- Bueno, parece que ha sido menos grave de lo que parecía, con un poco de reposo en unos días estarás haciendo senderismo de nuevo.
- Por cierto, hablando de reposo, tú podrías acercarnos hasta nuestro coche? No creo que pueda andar ni hasta la puerta de la finca, y cuando nos ayudaste ya llevábamos caminando bastante tiempo, calculo que debe estar a unos 4 kilómetros de aquí.
Yo ya estaba preparado para esa cuestión, y astutamente estaba listo para jugar a mi favor. Rellené generosamente sus copas, sobre todo la de ella, y respondí:
- En cualquier otra circunstancia estaría encantado de seguir ayudándoos Lau, pero justo al salir he recibido llamada de un proveedor en ruta de reparto y me ha advertido de que un pedido realizado por mi jefe llegará en breve, por lo que no puedo ausentarme de la finca en lo que queda de día.
- Y te importaría que yo esperase aquí mientras Ari va a buscar su coche y vuelve a recogerme.
- En absoluto Lau, me parece la mejor opción.
- Ari, guapo, te importa ir a por el coche y recogerme?
- Cla.. claro que no, ahora mismo voy.
El chico se levantó como un resorte, apuró su copa de vino y se encaminó hacia el carril de acceso a la finca. Nuevamente rellené la copa de vino de Lau y, deteniendo a Ari le comenté
- Espera, Ari, que te acerco hasta la verja de la salida en el coche y te abro, así te ahorras un poco de caminata. Lau, si te apetece puedes darte un baño en la piscina mientras acerco a tu chico, haré ruido al regresar, así no perturbaré tu intimidad.
- Ves? Es que tienes hasta modales de marqués, Ari seguro que está deseando de verme en pelotas bañándome en la piscina, al contrario que tú, verdad Ari, a que te encantaría verme desnuda en este casoplón?
El chico se puso rojo como un tomate y bajó la mirada, pero la erección bajo su pantalón corto indicaba que la chica lo había puesto burro, igual que a mí, así que decidí cortar aquella morbosísima situación.
- Bueno Ari, nos vamos antes de que haga más calor? Te espera una buena caminata.
- Sí.. sí.. va a ser lo mejor
El chico y yo nos metimos en el coche, pero por el retrovisor pude ver cómo Lau se levantaba, brindaba con la copa de vino mirando hacia el coche, la apuraba de un trago y, tras dejar caer lentamente la toalla, ofreciendo una visión completa de sus espectaculares tetas, redonda barriguita, peluda entrepierna y bellísimos muslos, se giró, ofreció una fugaz visión de un culazo felliniano y se lanzó al interior de la piscina.
Arranqué y me dirigï a la entrada de la finca.
- Qué guapa es tu novia, Ari.
- Bueno, no es exactamente mi novia, es mi "girlfriend", estamos conociéndonos apenas..
- Ya, comprendo, pero eres muy afortunado.
- No estoy seguro.. me gusta mucho, pero.. tiene mucho carácter.. es.. demasiado mujer, como decís en España.
Y tú muy poco pan para tanta carne, pensé mientras se apeaba del vehículo y le abría la verja.
- Bueno Ari, aquí te esperamos, tú tranquilo y a tu ritmo.
Calculé mentalmente que, al ritmo que caminaba el vikingo regordete emplearía no menos de 2 horas en llegar a su coche y conducir de nuevo hasta aquí, eso sí no se extraviaba, lo que me daba suficiente margen para disfrutar de su descarada y punky novieta.
Deshice el camino hacia la casona de invitados y toqué el claxon dos veces, tras lo que me entretuve un par de minutos maniobrando el vehículo para dejarlo a la sombra de una frondosa encina, tras lo que me encaminé hacia la terraza.
Allí me encontré a la chica,aún metida en la piscina, completamente desnuda y nadando a crowl y de espaldas sin ningún tipo de tapujos, ofreciéndome una completa visión de su cuerpo rollizo y bien formado, turgente y opulento. Se dirigió hacia el borde de la piscina en el que me encontraba, apoyó los brazos en el rebosadero, se aupó un poco hasta sacar sus preciosas cántaras blancas como la leche y con los pezones como deditos de mono y me escupió un buche de agua contra la bragueta de mi pantalón, tras lo que se zambulló de nuevo y nadó de espaldas hacia el otro extremo, ofreciéndome una visión de su peludo coño.
- Qué, marqués, te gusta lo que ves..? Por qué no te das un bañito conmigo? Me está sentando muy bien para el tobillo y para el resto del cuerpo. A mí el sol y el agua es que me ponen.. no sé cómo decirte..
- Pletórica?
- No..
- Entonces?
- Pues por decirlo sin rodeos, como una burra en celo. Anda, báñate conmigo
- Discúlpame unos minutos, que entre a por un bañador.
- Bañador? Anda, marqués, entra desnudo, que no me voy a asustar, y así estamos empatados los dos. Además, creo que te has alegrado de verme desnuda en tu piscina, o eso parece por el bulto de tu pantalón.
Parecía una zorra, hablaba como una zorra y proponía cosas de zorra, así que probablemente era una completa zorra, pensé mientras me quitaba el polo y los pantalones, dejando al descubierto mi polla a media asta y bien depilada.
- Vaya, marqués, susto no me da el vértela, pero es una agradable sorpresa, qué bien calzado andas. Espera, no te metas aún en el agua, siéntate en el borde, allí junto a los escalones, donde no cubre.
La obedecí y me alegré por ello, pues vino hacia mí, el agua sólo le llegaba al ombligo, sus pechos llenos se balanceaban, mientras me miraba con los ojos encendidos. Cuando estuvo junto a mí no siquiera me besó, se situó entre mis piernas, rozándolas con sus tetas divinas y aproximó su cara a mi entrepierna, metió su nariz entre mis huevos, un poco sudados por el ajetreo de aquella mañana y aspiró fuertemente,con una cara mezcla de satisfacción y líbido, a continuación me cogió el rabo, acabó de retraer la piel hacia atrás y lo juntó a su nariz, aspirando nuevamente, refregándoselo por toda su cara, con cara de estar oliendo el mejor de los manjares.
- Marqués, pensarás que soy muy guarra, pero es que me encanta el olor a macho de una entrepierna un poco sudada y orinada, es uno de mis fetiches, perdona si te molesta.
- Para nada, estamos en plena sierra y creo que he tenido la suerte de encontrarme una cerdita de manual, verdad?
Mientras le decía esto la cogí por su bellísima melena, me incorporé un poco hacia atrás y le metí boca y nariz en la raja de mi culo, refregándosela bien.
- Y los culos sudados, también te gustan?
- Buuuuufffff claro que sí, el tuyo huele maravillosamente, a verraco salido. Y los huevos los tienes inflados y soltando fluidos al aire para atraer a las cerdas como yo, me di cuenta desde que nos vimos esta mañana en el fango.
Me aspiró un poco más el culo, le soltó varios lametones al esfínter y se retiró un poco de mí.
- Anda, marqués, métete en el agua, que ya me has dado mi ración de rabo y culo sudados, ahora te vas a dar un agüita y luego te los voy a comer oliendo a limpito.
Me zambullí en el agua y fui al encuentro de Lau, que se dejó abrazar, me echó los brazos al cuello y se puso a besarme como si no hubiera un mañana, metiéndome la lengua como si estuviéramos en una discoteca de adolescentes. Yo me agarré a su culo y disfruté de su lengua con aroma a tinto y a queso y de la carnosidad de sus nalgas, que se dejaban amasar como gelatina de la mejor textura. La agarré por la zona de sus muslos más próximos a las nalgas y la subí a mi cintura, punteándole las nalgas con mi prepucio.
- Oye Lau, a tu novio no le importa que le comas el culo a desconocidos?
- Mira, marqués, Ari no es mi novio, ni siquiera me sirve como follaamigo, porque tiene menos polla que una mosca, y yo necesito machos que le huelan los huevos y el culo como a ti, y con rabos como el tuyo. Sí encima no es capaz de evitar que me caiga en el fango como una cerda pues imagina para qué me sirve..
- Pero es que tú eres una gran cerda, tu sitio debería ser el fango, en un charco como en el que te he encontrado.
Se notaba que se ponía muy caliente siendo tratada como una guarra. Sin más dilación la arrinconé contra la pared de la piscina, la sujeté bien por el culo y le dejé ir la mitad de mi rabo dentro del coño, ella se deshizo de mi boca, abrió la suya, al igual que los ojos, que me miraban sin terminar de creerse el pollazo que acababa de recibir. Sin dejarla ni respirar volví a hundirle los dedos en las nalgas y empujé de nuevo contra su coño, el cual dejaba paso a mi rabo a duras penas, pues aunque estaba muy caliente el agua no la había dejado lubricarse bien.
- Aaaaaauuuuu marqués, eres un bestia, qué me haces?
- Tenía ganas de meterte un buen pollazo antes de sacarte de la piscina y pegarte la mejor comida de coño que te hayan dado en tu cerda vida.
- Joooooder me arde el coño hasta metida en el agua, me lo vas a dejar en carne viva.
Le di varios pollazos más hasta donde pude, tras lo que se la saqué y la deposité en el fondo de la piscina. La cogí del pezón derecho y la conduje hasta la escalinata.
- Siéntate con cuidado en el último escalón y deja los pies dentro del agua, que el frío siga actuando con tu tobillo.
Me arrodillé entre sus muslos y no la dejé besarme, me amorré en sus pechos y comencé a chuparle aquellos espectaculares pezones que coronaban unas areolas como galletones campurrianos. Qué maravilla de pechos tenía esa mujer.
Lamí, chupé, besé, sorbí, acaricié.. y Lau no cesaba en sus gemidos de puro placer, al tiempo que sus pezones no dejaban de alargarse, era un espectáculo de pecho el de aquella mujer, pero mi paladar ya necesitaba bucear en la entrepierna de mi ocasional amante. Le indiqué que se apartara hasta el borde de la piscina y le abrí las piernas. Lo que allí contenplé me dejó sin palabras:
Esas pantorrillas y muslos rollizos y redondeados, de blancura nívea, surcados de venas azules, igual que sus pechos y brazos, estaban coronados por el más monumental coño que he tenido el gusto de saborear. Esa chica ostentaba una peluca rizada de vellos negros y brillantes, tan sólo interrumpidos por una raja de coño roja carmesí, bellísima y muy larga. Por encima de su peludo coño un Monte de Venus similar a la almohadilla que un emperador demandaría para su trono, redondeado, blanco, mullido, separado por un pliegue de una barriguita igualmente delicada y apetitosísima. Dirigí mi vista hacia abajo y lo que vi aún me satisfizo más. Mientras acariciaba la pelambrera de su coño le dije:
- Madre mía Lau, cómo luces melena, es que hasta la raja del culo la tienes peluda, tienes un tirabuzón de pelo ensortijado alrededor del ojete.. si lo llego a saber te como el coño y el culo sin lavarlos, deben ser un festín de fragancias con tanto pelo.
- Sí, ooooohhhh sí, no dejes de acariciarme ahí.. soy muy peluda, el resto del cuerpo me lo depilo todo, pero el coño nunca me ha gustado tocarlo, sé que habéis muchos cerditos como tú a los que le gustan los coños peludos. Además, con lo gordita que estoy me daba muchos problemas depilarme esa zona, y a los punkies les va este rollo.
- Tú no estás gordita, estás buenísima, y coños como éste creo que le gustan hasta a un gay. Yo al menos me lo voy a comer como una delicatessen.
Me zambullí en aquella medusa carmesí con sabor a cloro de piscina y aspiré su efluvio de hembra en celo,aparté como bien pude la mata de vello ensortijado y pasé mi lengua de norte a sur infinitas veces, demorándome en cada pasada en el clítoris, cada vez más parecido en forma y tamaño a sus pezones, en la hendidura que daba acceso a su vagina y, finalmente, en el maravilloso asterisco de color parduzco que daba acceso a su recto, en cuanto llevé unos minutos practicándole sexo oral el festival se desató, porque Lau empezó a destilar jugos como si alguien en el interior de su vagina hubiese descorchado una botella de licor de dulce sabor y olor almizclado, al tiempo que comenzaba a encadenar orgasmos, fuerte el primero y más suaves los que le siguieron, pero aquella mujer tenía un bollo de miel recalentado en un horno entre los muslos, no dejaba de mojarse y de correrse una vez tras otra, al tiempo que yo bebía todos sus flujos como si me estuviera regalando maná líquido.
- Marcos.. Marcos.. oooooooogggghhhhhh.. para un poco por favor, no puedo más, me tienes deshecha, me va a dar un ataque de nervios si sigues comiéndome el coño y el culo así, basta, no puedo más..
- Pues ahora te voy a follar aquí mismo,así que prepárate
- Déjame descansar un poco, si quieres te la chupo ahora y luego follamoooooooggghhhhh.. cabrón!!
Le acababa de meter mi largo, venoso y caliente rabo hasta hacer tope con mis huevos en su culo, no le iba a dar tregua a esta bellísima punky gorrina. Además, su noviete no tardaría demasiado en regresar,así que no quería desaprovechar ese coñazo y que se escapara sin ser bien follado.
Lau estaba despatarrada al máximo, lloraba, hacía tiernos mohínes fruto de su estado de nervios, se relamía los labios, se mordía el dorso de la mano, pero se dejaba follar con cara de muerta de gusto. Yo apenas le sacaba el rabo, sólo retrocedía un par de centímetros para volver a mandárselo hasta el útero, mientras mis gordos y cargados huevos se estrellaban contra el ojete de su culazo. También aprovechaba para hacer palpitar mi polla, haciéndola engrosar, lo que multiplicaba el placer de Lau, que empezó a encadenar nuevos orgasmos.
- Aaaaaaaayyyyyyy marqués, tú si que sabes follarme, hacía mucho tiempo que nadie me daba tantísimo gusto, me vas a secar la fuente de tanto correrme.
- Nada me pone tan duro el rabo como una cerdita bella como tú, me lo estás exprimiendo como un limón.
Al tiempo que le decía esto empecé a bombearla fuerte, sacándole casi todo mi rabo y dejándolo ir duro hasta el fondo, mientras Lau se dejaba follar totalmente desmadejada, dejando botar sus tetas al compás de mis pollazos, al igual que temblando su barriguita y su mollete de grasa del monte de venus, este último parcialmente oculto por su pelambrera espesa. El olor a sexo era notable y embriagador, pues aquel coño tenía rota la espita de sus jugos vaginales y Lau se estaba vaciando sobre su raja del culo y en mis huevos, que pareciera que estaban dentro de la piscina por su humedad.
- Me voy a correr ya mismo, dónde quieres mi leche?
- Dentro, échamela dentro!!
- Pero tomas pastillas?
- Nooooooo.. la pastilla me la voy a tener que tomar mañana, cuando me hayas echado toda tu leche en el coño, pero necesito que me lo rellenes, estoy salida y quiero leche, échamela toda bien dentro, marqués, préñame como a una cerda, así, así, fuerteeeeeeee.. oooooooogggghhhhhh me corro otra vez, qué gustoooooooo!!
- Ahí la llevas, putita, notas mi leche caliente bañándote el útero? Toma, toma más.. me estoy vaciando enterito en tu coño, lo tienes hirviendo, mira que eres zorra, aquí follada mientras tu novio busca el coche, seguro que le manchas el asiento con mi corrida, mala putaaaaaaaa!!
Lau cruzó sus piernas tras mi espalda, atrayéndome hacia ella y no permitiendo que mis pelotas se separasen de su culo, sintiendo las últimas descargas de leche de mi hinchado prepucio, que seguía llorando junto a su útero. Era una locura, posiblemente la estuviera preñando, pero ese sería otro problema posterior, ahora lo importante era no deshacer el nudo que nos tenía pegados como perro y perra el uno a la otra.
Lau me echó los brazos al cuello y empezó a darme húmedos besos.
- Marqués, qué dulzura de polla tienes, no me habían follado así en la vida, me has puesto caliente hasta perder el norte, no te muevas, por favor, no me la saques, sigue soltando leche en mi coño, que la necesito.. ahora mismo eres mi verraco y yo tu cerda, quiero que me folles todo el día y la noche, hasta que me caiga al suelo y me sangre el coño, soy tuya, marqués, úsame..
En ese momento el teléfono de Lau comenzó a sonar.
Continuará.
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