Mi Novia la Bailarina. XXII-El plan de los 4
Andy quiere romance, pero él solo quiere desquitarse. Mientras ella susurra promesas de bailarina, él busca lubricante para invadir su cuerpo sin piedad. La noche promete más que sexo: promete una lección de poder.
RELATA JOSÉ LUIS (DÍA DOMINGO DE LA SEGUNDA SEMANA DE CONCIERTOS)
Después del café llegamos al hotel. Andy entró directamente a mi habitación y se recostó en la cama. Seductoramente comenzó a gatear sobre ella, dejándome una provocativa vista de ese culo apretado por los jeans. Durante todo el viaje no pude ponerle un dedo encima, sabiendo que las miradas de las demás chicas estarían encima, así que esta vez pensaba desquitarme.
Me acerqué a la cama, le di una nalgada y comencé a bajarle los jeans. Apenas la prenda cayó al piso, me dispuse a lamer su entrepierna, pero ella puso una mano sobre mi frente y me detuvo.
—Hoy quiero tenerte cerca mío —dijo.
Al principio no entendí a qué se refería, pero con suaves tirones a mi polera me invitó a subir hasta quedar rostro con rostro. Sujetó mi cuello y me atrajo hacia ella, hundiéndonos en un beso. Intenté que el beso fuera desesperado, lleno de saliva, pero al parecer ella tenía otros planes: el beso fue pausado, tranquilo, romántico. Sus manos acariciaban suavemente mi cuerpo, y, con movimientos medidos, se deshizo de mi polera.
No estaba en el mejor de mis ánimos. Si bien no me quejaba de un momento más romántico, yo tenía ganas de algo frenético. Recordé la primera vez que estuve con Andy, cuando aceptó inocentemente una cita y, sin darse cuenta, tomó aquella pastilla afrodisíaca. Fuimos al primer motel que encontramos, y el sexo fue salvaje, rudo.
Pero ahora, cada vez que intentaba aumentar la intensidad, ella me detenía con un:
—No... quiero que seas romántico —acompañado de esa risita suya que siempre me estresaba.
Sabía que si no hacía lo que ella quería, probablemente me quedaría sin sexo esa noche. Seguíamos entre besos y roces, cuando se me ocurrió traer dos vasos de agua con afrodisíaco para encender un poco la situación, pero ella susurró en mi oído:
—Me prometiste que si te dejaba entrar por la puerta de atrás, sería una de las bailarinas principales y bailaría contigo, ¿no?
—Sí, mami —dije, sin recordar si realmente lo había prometido, aunque no sería raro que lo hubiese hecho.
—Si tienes lubricante, esta noche podemos intentarlo —agregó.
Mis ojos se abrieron como platos. Me maldije por no tener lubricante a la mano.
—Espera un momento, ya vuelvo —le dije.
Me puse la polera y salí corriendo a la habitación de Mike. Seguramente él tendría algo. Toqué la puerta con desesperación, pero nadie respondió. Probablemente había salido con Julián a resolver lo de sus pasajes, ya que había mencionado un inconveniente.
Pasé al plan B: ir a la habitación de Marcelo. Me abrió casi de inmediato, despeinado y claramente agotado. Se notaba que acababa de tener sexo.
—¿Qué pasó? —preguntó Marcelo.
—¿Tienes lubricante? —le solté, ignorando el contexto que en otro momento me habría hecho preguntarle con quién estuvo y cómo le fue.
Entró a su cuarto con paso lento y, tras dos minutos, salió con un frasquito de aceite corporal.
—No tengo lubricante, pero tal vez esto te sirva —dijo, entregándomelo.
—Perfecto, sirve. ¡Gracias! —le respondí mientras retomaba el trote de regreso a mi habitación.
Apenas abrí la puerta, vi a Andy completamente desnuda, en cuatro, ofreciéndome esa vista de su arrugado e inexplorado hueco. Si existiera un récord Guinness por desvestirse rápido, estoy seguro de que lo rompí. En menos de cinco segundos estaba como Dios me trajo al mundo, y con esa imagen frente a mí, mi miembro se alzó firme. Cerré la puerta y me acerqué directamente a su culo. Como si se tratara de unos labios, empecé a besarlo, metiendo la lengua entre las mejillas mientras con ambas manos manoseaba la carnosidad de cada una.
Mi lengua rodeaba la aréola oscura que recubría su ano, dándole estocadas, lamidas, intentando incluso penetrarla con la lengua.
—Ayyy… ay… —eran pequeños gritos nerviosos que Andy soltaba de vez en cuando.
Después de un buen rato de juego, separé mi rostro y apoyé la cabeza de mi miembro en la entrada de su ano.
—¿Estás lista? —pregunté.
—Por favor, usa lubricante… si no, me va a doler —pidió.
Generosamente unté con el aceite todo el contorno de su trasero y mi falo.
—¡Ay, está frío! —chilló Andy al primer contacto del líquido.
Una vez que consideré suficiente, empecé a empujar mi miembro. En los dos primeros intentos, por lo apretado de la cavidad y lo resbaloso del aceite, se desvió, una vez hacia arriba y otra hacia abajo. Pero en el tercer intento, comenzó a abrirse paso, deslizándose dentro de ese lugar prohibido.
—Ufff… ufff… ayyyy… espera… despacito… —decía Andy casi desesperada.
—Espera… ya te vas a acostumbrar —le respondí, ignorando sus súplicas mientras seguía empujando.
Finalmente, me detuve por un momento.
—Ya está casi todo —mentí, cuando apenas había entrado la cabeza.
—Ufff… ufff… —resoplaba pesadamente.
Retomé el avance de mi miembro, invadiendo su cavidad anal. Vi cómo sus piernitas se estiraban al máximo, sus manos se clavaban en la cama y su respiración se hacía cada vez más agitada, entrecortada con nuevos pedidos para que me detuviera.
—¡Auuu… espera… me duele! —suplicaba.
Pero ya estaba dentro casi por completo. Ya no respondí, solo la embestí con un último empujón que terminó de introducir todo mi falo. Ella hundió su rostro contra la cama, como si quisiera ocultar sus expresiones, lo cual me resultó gracioso.
Sabiendo que ya había cumplido mi objetivo, comencé a sacar lentamente mi miembro para luego volver a enterrarlo con fuerza, arrancándole un grito.
—¡Ayyyyyy, mi culo! —gritó.
Me movía con ritmo, y aunque parecía que Andy no se había acostumbrado, solo estrellaba su rostro contra la cama y no decía nada más. Yo me dedicaba a disfrutar del apretado espacio, mientras en la habitación retumbaban mis gemidos y el golpeteo de mi cuerpo contra sus nalgas. Si uno prestaba atención, podía oír algún gimoteo que ella disimulaba entre las sábanas.
Cuando sentí que mis huevos iban a estallar, me dejé venir dentro de su ano. La imagen era para fotografiar: esas preciosas nalgas chorreando mi líquido blanquecino. Una verdadera obra de arte, hecha por mí.
Caí rendido a un costado de la cama. Apenas sintió que me apartaba, Andy sacó el rostro de entre las almohadas, con los ojos rojos, al parecer por las lágrimas, y las mejillas completamente ruborizadas. Se acostó a mi lado y me abrazó. Después de unos minutos, empezó esa típica charla banal postsexo, donde yo fingía escuchar con interés.
Lo único relevante que dijo fue:
—¿Me prometes que ahora sí seré tu bailarina?
—Te prometo que mañana hablaré con Julián y Mike para que seas mi bailarina —le respondí, acariciándole el rostro mientras apartaba un mechón de pelo.
Finalmente se fue, y yo caí en la cama rendido para dormir una siesta. Hasta que escuché golpes repetidos en la puerta. Era Marcelo.
—Mike acaba de llegar con unas cervezas. Vamos a su cuarto —dijo.
Bostecé, me estiré y acepté. Al llegar, vi que no solo eran cervezas. Había al menos tres botellas de ron y varias cervezas más. Entre los cuatro (Marcelo, Mike, Julián y yo) empezamos a tomar mientras conversábamos de todo. Al terminar la primera botella, comenzaron a surgir los temas picantes sobre nuestras conquistas.
— ya lo conseguiste cabrón, ya te estrenaste la que tiene novio- le dijo Mike a Marcelo
— sí, finalmente cayó- dijo El victorioso
— y ya le probaste el culito- preguntó Julian
—aún no, Pero pronto- dijo Marcelo
—ojo que tú dijiste que luego de que caiga dejarías que yo la use, cuidado sea yo el que use primero su culo- dijo Mike entre risas
—Ya te dije eres libre de intentarlo, ¿Y tú ya le estrenaste el culito a Andy?- desvió la conversación Marcelo ahora enfocándola en mí
—claro, Yo ya la probé enterita, no ves que yo siempre fui más efectivo que- tú le respondí a la par que lo molestaba
Estalló una risa en todo el cuarto
—bueno ustedes ya me dan permiso de que yo haga mis jugadas- dijo Julián
—qué jugadas quieres hacer- le pregunté sabiendo que Julián Aprovechaba constantemente su posición de poder
—no sé recién pensaré, pero les puedo asegurar que antes del siguiente concierto recibo algo de cariño de las cuatro- dijo el seguro de sí mismo
Todos nos pusimos a reír Sabiendo de lo difícil que sería eso y de las pocas posibilidades que tendría el tipo.
—Bueno Marcelo, aprovecha esta semana con tu niña, que la siguiente que yo venga iré a por ella- dijo Mike
—puta madre, par de envidiosos, ¿Ahora resulta que Julián se conquistará a todas las bailarinas Incluyendo a la que yo estoy Charlando, y tú también lo harás al volver?- dijo riéndose Marcelo acusando en forma burlesca a ambos
—y ojito con vos José, que ni bien me coma a la niña de Marcelo, iré por la tuya- dijo Mike
— yo no soy egoísta, Cuando quieras te presto Andy- respondí riéndome
—no me refiero a ella, sino con la que bailas, esa Alejandra que ya vi cómo la ves y que se te cae la baba por ella- dijo Mike
Seguimos la charla Hasta que terminamos las botellas y cada uno fue ebrio a su cuarto. realmente esta gira era muy interesante, me intrigaba bastante dos cosas. Será que Mike efectivamente le quita la chica a Marcelo y a qué carajo se refería Julián con que conseguiría un poco de amor de todas las bailarinas esta semana.
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Att. Nonsense-X
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