Calor en el metro
El metro está a reventar y el calor es insoportable, pero el fuego que sientes en la espalda es mucho más intenso. Él no pide permiso, solo presión y descaro. ¿Te atreves a bajar la barrera y dejar que un extraño te llene mientras el mundo pasa de largo?
Hola, mi nombre es Tiare, tengo 28 años. Estaré aquí para contarles algunas de mis pequeñas aventuras.
Empecemos con una de mis favoritas.
Iba en el metro de vuelta a casa. Era una tarde-noche especialmente calurosa, yo llevaba puesto algo sencillo, un short de tela ligera y holgado y una camiseta negra. El metro estaba a reventar como siempre, todos queriendo volver a casa a descansar después de un día ajetreado, así que no fue raro que medio mundo de avalanzara tratando de entrar al vagón en cuanto las puertas se abrieron. Yo no llevaba prisa pues bien sé que mi destino es casi en la última estación. Me dejé llevar por el mar de gente y me acomodé al extremo del vagón.
El tren y la gente se movían como siempre, excepto que esta vez pude sentir un calor extra atrás de mi. Alguien estaba rozando su cuerpo contra el mío. Al principio no hice el intento por moverme, pues todo mundo va apretado ahí y no pensé más allá. Pero cuando empecé a notar una presión persistente en mi culito me asusté un poco.
No sabía que hacer y ese momento de duda le dio valor a mi "vecino" quién comenzó a mover su pelvis contra mi culo con total descaro. Debo admitir que ese momento de parálisis y su reacción fueron suficientes para que mi conchita empezara a calentarse. Empecé a sentirme sucia, guarra cuando mi concha empezó a humedecerse. La calentura puede sacar lo mejor de mi, y esta vez, eso pasó.
Levanté un poco mi culo permitiendo que aquella verga se frotara más cerca de mi concha mojada. El tipo sujetó mi cintura con sus enormes manos, y me atrajo hacia él. Estoy segura que más de uno debió darse cuenta de lo que hacíamos pues si bien, la gente se mueve buscando un lugar un poco menos incómodo nosotros estuvimos moviéndonos sin descanso.
Se anunció la primer parada y eso lo hizo detenerse un momento. Aprovechamos que la gente bajó y nos fuimos al fondo del vagón, él pegado a la pared y yo frente a él, mi culo y su verga pegados todo el tiempo. Una vez que se llenó el vagón de nuevo, sujeté sus manos y las coloqué en mis tetas. El cabrón ni corto ni perezoso comenzó a jugar con ellas, apretandolas como si su vida dependiera de ello.
Mientras tanto, yo bajé mi short para descubrir mi culo, acomodé frente a mi regazo la mochila que llevaba y moví con total descaro mi culo contra su verga dura aún debajo del pantalón.
Necesitaba esa verga llenándome ya. Así que como pude metí mis manos entre nosotros y tiré de su pantalón animandolo a que lo abriera y sacará ese pedazo de carne que tanto quería.
Felizmente, el cabrón lo entendió y rápido ya tenía esa verga restregandose contra mi culo.
Oh, que delicia sentir ese calor queriendo partir mis agujeros. Me moví contra él, ansiando recibirlo dentro.
Él entendió el mensaje y tanteando con su verga, se acomodó contra mi concha ya más que mojada. Solo escuché un gruñido cuando pasó la punta por ahí antes de que finalmente se hundiera lentamente en mi.
Qué rico, definitivamente, no era la primera vez que me cogía un completo extraño pero aquella situación me calentaba demasiado. Mientras todo el mundo iba en su mundo, ahí a unos cuantos pasos estaban un par de cerdos calenturiendos follando.
Me mordí el labio inferior con fuerza, no podía hacer mucho ruido. Pero el cabrón comenzó a moverse lento y con fuerza. Se hundió por completo en mi hasta que sus bolas chocaron contra mi culo, la sacó hasta dejar solo la punta y se volvió a enterrar en mi tan profundo que casi me corro ahí mismo.
El cabrón volvió a apretar mis tetas mientras seguía enterrando su verga en mi concha. Yo quería que siguiera dándome rico por horas, pero a la vez quería que me llenara por dentro con su semilla.
Mis caderas se movían por su cuenta también al igual que las paredes de mi concha que se apretaban contra aquel pedazo de carne duro y caliente, como pidiéndole que entrara aún mas.
Seguimos así, llegamos a otra estación, nos controlamos un poco fingimos que su verga no estaba estirando mi concha de tan enterrado que estaba en mi y cuando volvio a avanzar nosotros continuamos moviéndonos.
Cogimos por 3 estaciones más, ya no había tanta gente como al principio. Otro tipo algo lejos de nosotros que estaba sentado notó qué estaba pasando. Pude ver su mirada atenta a nuestros movimientos a pesar de que mi mochila lo impedia. Eso me calentó aún más y como si mi amante pensara lo mismo, se enterró con más fuerza sacándome un gemido y me llenó con su semen calientito.
No pude más y también me corrí. Me estremecí de pies a cabeza y me apreté tanto como pude a él. Oh. Que delicia.
Algunas personas voltearon disimuladamente a vernos. Pero pronto volvieron a sus asuntos.
Aquella deliciosa verga abandonó mi interior y apreté como pude tratando de mantener esa semilla en mi al menos en lo que acomodé de nuevo mi ropa. Un poco resbaló entre mis piernas pero definitivamente ese regalito lo llevaría un rato dentro de mi y si no, en mis bragas.
Llegué a mi casa y tomé un baño. Me sentía tan caliente aún que aproveché la oportunidad y me enterré un juguete en el culo y otro en la concha. Salí de bañarme y me dispuse a dormir. Descansé como hacía mucho que no lo hacía, saciada de semen y con la concha y el culo bien l
lenos.
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