Xtories

El congreso

La cena en la terraza del hotel prometía intimidad, pero la presencia de un camarero con una polla descomunal cambia las reglas del juego. María no solo acepta el intercambio, sino que se entrega por completo a la experiencia, dejando que el placer la lleve más allá de lo que su matrimonio le había negado.

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EL CONGRESO.

Sales del agua. La luz del atardecer hace brillar tu cuerpo como una diosa. Tus grandes pechos brillan y tus pezones se muestran erectos por el frescor del agua. Te acercas muy lentamente y estrujando tu pelo, dejas caer el agua sobre mi cuerpo, mojándome entero. Te ríes.

¿quieres venir a cenar a mi hotel? Podemos pedir la cena a la habitación. Tengo una bonita terraza cara al mar en el último piso.

Estaría fantástico, estoy sola y me gusta estar acompañada.

No se hable más. Ahhh… se me olvidaba. En la terraza se está desnudo.

Perfecto, por mí no hay problema. Eso sí me tendrás que prestar tu ducha antes de cenar.

Eso está hecho mujer, hasta puedo frotarte la espalda.

Te disté la vuelta para recoger tu vestido y aproveché para darte un azote en el culito.

Seraaas bruto.

Ja, ja, ja, eso, es una caricia.

Recogimos las cosas de la playa y nos montamos en el coche. Ese vestido liviano que dejaba ver tus hermosas tetas, y saber que bajo las faldas tampoco había nada, hicieron que mi polla se pusiera dura, muy dura. Bajé mi pantalón, saqué mi polla te miré y te dije.

María, chupa este caramelo que te está esperando.

Lentamente bajaste tu cabeza. Con la punta de tu lengua recorriste todo el tallo, llegando a la punta, abriste tu boca y tragaste toda mi polla hasta la garganta. Esa sensación de calor y humedad, la opresión de tus labios sobre mi polla y ese roce de tus dientes, hicieron que mi polla se pusiera totalmente dura. Subiste y bajaste por ella mientras yo temblaba de gusto. Aguantaba a duras penas, sabiendo que el hotel estaba próximo. Conseguí aguantar sin correrme hasta llegar al hotel. Esa boca me había vuelto loco, el placer era superlativo. Alcé tu cara y te besé con pasión en la boca, metiendo mi lengua hasta casi tocar tu campanilla. Montamos en el ascensor para subir a la última planta. Por el camino metí mi mano bajo tu falda y un dedo en tu coñito. Estabas totalmente empapada. Me ti otro y con los dos te folle con fuerza mientras besaba tu boca. A punto estuviste de tener un orgasmo. Tus piernas te temblaban.

Cabrón, me tienes como una perra.

No hay mayor satisfacción para un hombre que saber a su hembra hambrienta y deseosa.

Pues así me tienes.

Entramos en la habitación, tu rápidamente fuiste hacia la ducha. Yo me dispuse a preparar unos combinados y a pedir la cena. Había oído que en el hotel había un morito que decían tenía una polla descomunal. Así que pedí que fuese el quién trajese la cena. Saliste de la ducha completamente desnuda. Te di tu combinado y salimos a la terraza.

¿Estás mejor ahora?

Si, necesitaba una ducha.

Nos sentamos en las hamacas, mi polla está tiesa y dura como tus pezones. Los acaricié y pellizqué. Bajé mi mano hasta tu culito y amasé tus nalgas.

Abre las piernas.

Me miraste y las abriste. Bajé mi mano a tu coñito y lo acaricié lentamente sentado a tu lado. Mi mano subía y bajaba acariciando tus labios, notando ya tu humedad. Un gemido salió de tu boca.

Me estás matando cabrón, fóllame.

Tranquila pequeña, tranquila.

Seguía acariciando el interior de tus muslos, los labios de tu coñito, deleitándome con la suavidad de tu piel. Tu gemías y tu respiración se aceleraba. Te miré a los ojos, semicerrados, los labios medio abiertos y abultados por el deseo. Me mirabas suplicante. Me levanté y me puse frente a ti. Pasé la punta de mi polla entre tus labios, introduciéndola cada vez un poco más, hasta que mi capullo quedó enterrado y aprisionado por tus labios. Metía y sacaba mi polla lentamente, sin meter más que el capullo. Gemías, te agarrabas con tus piernas de mi espalda. Me querías bien dentro. Yo seguía lento con el capullo entre tus labios.

Cabroooon, me vas a matar.

Un manantial se desbordó dentro de tu coño a la vez que me sujetabas con fuerza. Te estabas corriendo. Empujé mi polla hasta el fondo y gemiste.

Siiiiii, jodeeerjodeeeer.

Así te gusta, putita, así te gusta.

Metí mi polla hasta el fondo y lentamente la volví a sacar. Tú, te relamías los labios, echabas tus manos sobre tu cabeza y te dejabas ir. Mi polla entraba y salía muy lento, rozando las paredes de tu coñito que la apretaba como si quisiera ordeñarla. Tras varios minutos con ese lento mete y saca, te di la vuelta te puse en cuatro, metí mi polla y te di un azote en el culo, después otro y otro más. Así sujeto a tus caderas, te di todo lo fuerte que pude hasta notar como bañabas mi polla con los jugos de tu coñito.

Casi me matas, cabrón

Tranquila la noche solo hizo que empezar.

Llamaron a la puerta casi aún con el resuello del polvo anterior.

María, ve a abrir por favor

Peroooooo

¿A que esperas???

Me miraste con ojos de asombro y fuiste hacia la puerta.

Al abrir te encontraste con un hombre con una mesa y varias viandas sobre ella. Lo acompañaste a la terraza mientras me mirabas sorprendida.

Saín, buenas noches. Perdona mi indiscreción, pero tengo entendido que tienes una buena polla.

Así es señor.

Vi cómo te relamías y sutilmente acariciabas tu coñito.

Mi compañera querría verla. A cambio podría follar contigo.

Abriste mucho los ojos y un leve quejido salió de tu boca.

Señor lo que me pide, no está bien.

¿quieres follarla, o no?

Saín desabrochó los botones de su pantalón, lo deslizó hasta sus rodillas, no llevaba ropa interior. Una enorme polla apareció ante nuestros ojos. Mas de veinticinco centímetros morcillona y como ocho de circunferencia.

Vi como abrías tu boca y como te relamías sin poder apartar la vista de ese precioso balano. Saín lo blandió como una espada, te miró a los ojos y te hizo una seña. Tu caíste de rodillas a sus pies cogiste tremendo miembro con tus dos manos y empezaste a pajearlo mientras le chupabas los huevos. Tu lengua fue recorriendo ese instrumento, lento, muy lento. Llegaste al capullo y con seria dificultad conseguiste engullirlo. Lo chupabas y babeabas, estabas totalmente excitada. Sentaste a saín en un sillón que había en la habitación. Subiste tus pies en el y sujetando la polla con tu mano, la apuntaste a tu agujero y te dejaste caer en ella muy lentamente. Mientras la polla entraba en ti y notabas dentro de tu cuerpo su grosor y su largura. Yo estaba en frente y vi como tu boca y tus ojos se abrían al sentir como ese rabo, partía en dos tu cuerpo. Un gemido salió de tu boca. Subiste un poco y volviste a bajar. Solo pudiste meter la mitad. Saín te dio dos fuertes azotes y empujó su pelvis, así te entró casi en su totalidad, aun faltarían seis o siete centímetros. Sujetó tu cadera y empezó un lento mete y saca, cada poco te daba un azote. Tú me mirabas, querías mi polla en tu boca. Me acerqué y la puse sobre tus labios. Saín empezó a subir el ritmo e intensificó los azotes. Mi polla se perdía en tu garganta y tus orgasmos iban uno detrás de otro.

Puedo correrme en tus tetas- dijo Saín.

Claro machote.

Saín se salió de tu coño, tú te pusiste de rodillas. él recogió su saliva con sus dedos y lo extendió por tu canalillo. Puso su polla entre tus tetas y las apretó sobre ella. Empezó a follarte con fuerza hasta que se corrió sobre tu cuello, tu boca, tu pelo. Mas de ocho chorros salieron de esa terrible polla.

Asi, sii, sii, putita, hummm, que buenas tetas, que buenas tetas, sii, siii

Saín se vistió y agradecido inclinó su cuerpo en un rápido saludo.

Joder que animal, me ha puesto perdida y me ha regalado cinco orgasmos cojonudos. Voy a ducharme.

En cuanto vuelvas cenamos que te quiero dar lo tuyo.

María se duchó rápidamente, solo tenía que quitar el semen de su cuerpo y darse un agua. Salió completamente desnuda y se sentó en la mesa de la terraza.

Joder, el tío me ha dejado el coño bien abierto.

Me acerqué a ti, coloqué mi mano en tu sexo y mientras comía, con la otra, acaricié tu sexo. Tus jugos, que recogía sobre tus labios, me hacían más fácil recorrer tu clítoris. Lo recorría en suaves caricias que lo iban excitando, poniéndole cada vez más duro. Tu gemías mientras sacabas descaradamente tu coñito fuera de la silla.

Si, joder, no pares, no pares.

Seguí con las caricias mientras ahora tú me mirabas directa a los ojos, tus ojos inyectados de deseo y tus dientes mordiendo tus labios. Tu mirada llena de excitación me pedía más, más rápido, más fuerte, más dentro. Mis ojos te miraban fijamente mientras mi mano inexorable y lenta bailaba sobre tu clítoris.

¿quieres que te folle, lo deseas?

Si, joder, si, fóllame.

¿No prefieres correrte en mi mano?

- jodeer si, si, si, no pares, no pares

Seguí lento sobre tu coño, bajando hasta tu culito, metiendo mi dedo entre tus labios y volviendo a subir a acariciar tu clítoris. No tenía prisa, me gustaba verte excitada, como tu pecho crecía y como gemías cada vez más fuerte.

Me miraste a los ojos, sujetaste mi mano y te apretaste contra ella mientras la regabas y me besabas, haciéndome participe de tu orgasmo.

Tus abultados ojos no se separaban de los míos. Te fuiste deslizando por la silla, hasta tocar con tus rodillas el suelo. Sujetaste con fuerza mi polla, me miraste y abriendo tu boca, hiciste desaparecer mi polla entre tus labios. La calidez y humedad de tu boca me hicieron sujetarme al reposabrazos de la silla. Levanté mi pelvis para entrar más en ti, pero tu retrocediste. Lamías el capullo de mi polla, lentamente, muy lentamente. De igual forma ibas ganando terreno, chupando y rodeando mi polla con tu lengua. Fuiste ganando terreno hasta tenerla entera dentro. Entonces empezaste un fuerte mete y saca que llevaba a mi polla a traspasar tu garganta. Tu mano me pajeaba con fuerza y yo ya estaba a punto.

Noté como mi semen se agolpaba en mis huevos, sujeté tu cabeza, levanté mi pelvis y me dejé ir en el mismo momento que traspasé tu garganta.

Si, si, si, joder, joder, joder.

Levantaste tu cabeza, me miraste, me guiñaste un ojo y sujetándote al lado de la silla te pusiste de pie. Me acercaste tu boca y nos fundimos en un largo beso blanco.

¿podemos cenar ahora?

Podemos ja, ja, ja,

La cena fue tranquila, distendida, hablando de todo un poco. De este congreso que nos había juntado en esta ciudad. Tu estabas con tu empresa y yo con mis negocios. De tu marido que había perdido las ganas y la libido y de ti, de tu necesidad de sexo. De cómo nos habíamos conocido en la barra de la cafetería y de la fuerte atracción que había surgido entre nosotros.

A los postres sujetaste mi polla como quien no quiere la cosa y empezaste a pajearme. Llevé mi mano a tu coño.

No, no, ahora me toca a mí. Dijiste

Te dejé hacer. Sobre la mesa había una tarta de chocolate. Acercando tu mano a la tarta, recogiste un buen puñado de esta y la esparciste sobre mi polla. Esta poco a poco iba adquiriendo consistencia nuevamente. Tus ojos brillaban, esta vez entre el deseo y la malicia. Volviste a la tarta y volviste a embadurnar mi polla. Me miraste a los ojos.

Saca tu culito más al borde

Obedecí sacando mi culito fuera de la silla y apoyando mi espalda en ella. Sujeta a mi polla pasaste una de tus piernas sobre mi cuerpo y con gran lentitud te dejaste caer sobre mi polla.

Jo der, me llenas entera. Dame fuerte, dame muy fuerte.

Meneé mi pelvis hacia abajo, te sujeté por las caderas y te empecé a dar con todas mis fuerzas. Aun después de haberme corrido, sabía que así no duraría mucho. En poco más de cinco minutos te volví a llenar el coñito de mi leche.

Si, si, si, gritabas desaforada, joder, si jodeer

Me has dejado seco.

Unas grandes gotas de sudor bañaban mi pecho y caían por mi frente.

Te has portado muy bien. Ahora cómeme el coño.

María se sentó en la silla donde yo estaba y abrió sus piernas, poniéndolas sobre los reposabrazos de la silla. Lamí con parsimonia los labios de su coño, recogiendo el chocolate, la nata y mi propia nata. Me alcé, la besé y volví a bajar por su cuello, sus pechos, su vientre y por fin su coño. Lo recorrí con mi lengua y busqué su clítoris.

Mientras, la punta de mi dedo índice acariciaba la entrada de su culito. Aproveché la nata como lubricante. En el mismo momento que sorbí su clítoris, mi dedo entro hasta el fondo de su culito.

¡¡¡¡Joder!!!! Cabrón. Si paras ahora te mato.

Lamí su coñito, sorbí su clítoris y me follé su culito, durante unos largos minutos. María no paraba de regalarme sus jugos hasta que empezó a botar sobre mi boca.

Para, para por favor, no puedo más, para.

Le miré a los ojos y metiendo mis brazos bajo sus piernas, la atraje hacia mí y lentamente la llevé hasta dejarla sobre la cama. Nos besamos con pasión y María cayo rendida en los brazos de Morfeo.

Me sujeté a su tetita y esperé que el sueño me embargase.