Soy juguetona. 2
Suena el móvil mientras ella está desnuda en la habitación del hotel. No es una interrupción, es parte del juego: su marido debe saber que está bien, aunque no sepa con quién. Juan no hace ruido, solo espera. Porque él no solo viene a follar, viene a aprender cómo hacerla gemir.
Estaba claro que Juan había ganado mi competición, aunque nunca me lo dijo, porque nuestro juego era que quien se corriera antes mientras nos comíamos, le invitaba a una copa, y claro, con la comida de helado que me había metido, yo ya había tenido algunos orgasmos, mientras que él no había tenido ninguna, pero yo ya no me acordaba de dicho juego, porque con la follada que me había metido, no estaba yo para pensar en mi juego preferido, es más, me daba igual el juego, solo quería que volviéramos a follar. Pero se estaba haciendo de noche.
Sábado. Anocheciendo.
Suena mi móvil.
Ni me acordaba de que mi marido a estas horas, antes de cenar, solemos hablar cuando no está en casa.
Yo estaba desnuda, y muy bien follada, en la habitación del hotel, con un hombre que me había dejado temblando mi cuerpo, pero estaba sonando mi móvil, y claro, hay que contestar, para no preocupar a quien te llama.
Así que, note que Juan se levantaba e iba a por mí bolso, y me lo dejo al lado mía.
Detalles. Que importantes son.
Saque mi teléfono, abrí la llamada y hable un ratito con mi marido, sin decirle nada, pero si indicando que había salido de casa, porque tenía una cena con las chicas.
Cuando a mi marido le digo una cena con las chicas, no es realmente esa cena con esas personas, sino que es nuestra clave para que sepa que estoy bien y que estoy en compañía de un hombre.
Tenemos otra frase cuando no me gusta la situación, y es que estoy paseando y mirando tiendas, que las tiendas al menos en mi población no abren a las 10 de la noche, jajaja. Así, mi marido sabe que pronto llegaré a casa, y necesitaré de sus mimos y caricias para que yo olvide dicha cita. Siempre lo hemos hecho y él sabe que yo no le voy a mentir, simplemente que se lo contaré todo después, porque este es nuestro juego.
Por eso, ahora como autora de esta historia, voy a hacer un inciso, para explicar que no sé exactamente donde poner las historias por categorías, porque realmente si no le cuento nada de lo que estoy haciendo, es una infidelidad. Si se la cuento después de que haya pasado, sigue siendo una infidelidad. Pero si alguien cree que mis historias que publique, tienen que ir en otra categoría que, por cierto, haría falta tener un post fijado en cada categoría para indicar que se puede o no publicar en cada una, porque para mí, publicar mis historias cuando follo con otras personas sin estar mi marido presente, es ser infiel, aunque puede que este equivocada. Dicho esto, sigo con la historia.
Mientras hablaba con mi marido, Juan no dijo nada, es más no hacia ningún ruido.
Detalles.
Veía como iba o venia del cuarto de baño.
Me daba algo de beber, como agua o algún zumo o bebida que había en la nevera de la habitación.
Detalles.
Pero todo en silencio.
Estaba claro que Juan no era la primera vez que estaba con una mujer casada. También estaba claro que este hombre sabía cómo comportarse cuando hay una llamada de teléfono y no quiere suscitar sospechas. Me iba gustando mucho este hombre, no solo por la follada que me había metido hacia escasos minutos.
Mientras hablaba con mi marido, Juan no estaba cerca, digamos que me daba mi espacio de intimidad.
Detalles.
Y claro, cuando acabe de hablar con mi marido, me invito a que nos ducháramos un poco, al menos para quitarnos los restos de helado, y así vestirnos para ir a cenar algo.
Esta vez, no fuimos muy lejos, cerca del hotel, había un bar y cenamos allí. El hotel no tenía servicio de restauración incluido, es de esos hoteles que son solo para pasar la noche y adiós. Típico para gente que va por trabajo o para lo que hicimos nosotros. Aún existen y son baratos, no como un hotel normal y corriente que si tiene servicio de desayuno o de comidas y cenas.
Cuando me iba a poner el tanga para vestirme, Juan me lo quito y me dijo seriamente:
— Aun no se ha secado, y no pienso dejarte que vayas con el coño húmedo, así que, lo vas a dejar aquí para que se seque más, porque espero que no tengas que irte tan pronto a casa, ya que es sábado, y la noche es larga.
Me sorprendió que me invitará de nuevo a seguir follando con él, por eso, cuando me lo comento, yo le respondí claramente mientras me ponía el sujetador:
— No pensaba dejarte tan fácilmente, quiero más de ti, y cierto es que el tanga sigue mojado, pero ponerme el pantalón vaquero, me va a rozar en mi coñito, así que, espero que luego, cuando volvamos, le des mimos, porque me encanta como me lo comes.
Con esa respuesta, Juan sabía perfectamente que no tenía que volver a casa. Las cosas claras y directas mejor. Seguía aumentando los puntos a su favor. El detalle de pensar en mi higiene y la salud de mi coño, no todos los hombres piensan en ello, por eso, simplemente ya me empezaba a gustar más estos pequeños detalles que tenía conmigo.
Note que le salían de natural, es decir, no eran forzados, por lo que me dio a entender que este hombre era así de detallista. Pero teníamos ambos hambre, ya que habíamos perdido mucha energía, y era hora de rellenar nuestras fuerzas, por eso, tras vestirnos, nos bajamos al bar.
Cenamos muy bien, y ambos sabíamos que el postre lo teníamos en la habitación, aún seguían las tarrinas de helado, con contenido en ellas, y estaban fresquitas en la nevera, por lo que estuvimos cenando muy relajados, comimos mucho y hablamos mucho.
Pagamos a la vez, es decir, esta vez no le deje que fuera él, sino la mitad cada uno de la cuenta. ¿Por qué? Porque me puse firme con este hombre. Es cierto que a todo el mundo nos gusta que nos inviten a comer o cenar, las cosas claras. Pero no quería parecer una mujer que no tiene dinero o que es egoísta o incluso que va por el interés. Mi interés con Juan era y es explícitamente sexual. No juzgo que otras personas lo hagan, pero a mí me gusta que me inviten lo justo y necesario, nada más.
Y claro, cuando salimos del bar, estaba siendo una noche buena, es decir, ni hacia mucho frio, ni hacia mal tiempo. Por eso, cuando Juan me dijo:
— Sonsoles, a ver, yo estoy lleno, la paliza de comer que me he metido, la verdad es que ha sido grande, y la conversación me está encantando, pero ¿qué te parece, que en vez de subir a la habitación y seguir comiéndote el coño, tus tetas, y toda tú, no damos un paseo, tranquilo y así hacemos mejor la digestión?
Por favor, un paseo con el hombre que acababa de follarme, pero que a la vez había cenado y habíamos tenido una atracción o química tan arrolladora, que me dijera eso fue incluso algo que hacía tiempo que no hacía con otras personas.
Por eso, le respondí:
— ¿Quieres que sea tu guía turística nocturna? Interesante. Pues vamos a ello.
Estuvimos paseando como una hora, muy tranquilos. Yo comentando la historia de los edificios o calles por donde íbamos, y él estaba muy atento a mis indicaciones, incluso me respondía con aire de querer saber más. Se agradece muchísimo que te escuchen, no te oigan, que además se interesen por esas historias antiguas, y si os soy sincera, ese paseo me hizo saber que este hombre era atento, inteligente y caballeroso. Perfecto no, porque no existe la perfección, como también me dijo. Pero somos humanos, y tenemos que tener defectos como virtudes, el ying y yang como dice mi marido, jajaja.
No íbamos agarrados de la mano como una pareja, no hacía falta.
No íbamos abrazados como una pareja.
Simplemente íbamos paseando y admirando la conversación.
Y llegamos de nuevo al hotel, casi en el cambio de turno de noche.
Subimos a la habitación. Ahora si había deseo de meternos mano, pero el hotel seguía teniendo clientes que entraban o salían de sus habitaciones.
Os recuerdo que era sábado.
Sábado noche.
Hacia buen tiempo, y la gente sale de marcha.
¿Podíamos habernos ido a tomar alguna copa? Si.
¿Podíamos haber seguido el paseo y alargar más esa travesía que estábamos teniendo? Si.
Pero yo tenía ganas de seguir follando.
Juan tenía ganas de follarme.
Para que evitar algo que queríamos los dos.
Por eso, en cuanto Juan cerró la puerta de la habitación, le baje la bragueta de su pantalón, y le saque su polla dormida. Me incline por mi espalda y me la trague entera, ahora si me cabía muy bien en mi boca, jajaja.
Y no pare de follar esa polla con mi boca, hasta poner dura ese trozo de carne.
Estábamos en la entrada de la habitación.
Estábamos vestidos.
Y yo estaba tocando la flauta de Juan.
No sonaba como flauta, pero si hacia ruido.
Note que la mano de este hombre se metía dentro de mi pantalón por mi culo y llegaban sus dedos a mi ano, que si ya me hizo correrme en el coche cuando fuimos a comer, ahora me hizo que casi me corriera solo jugando con mi esfínter. Este hombre tenía una agilidad con sus dedos, que nunca había tenido en mi vida, tenía que saber cómo ejercitaba esos dedos.
Por eso, antes de correrme, me saque la polla de mi boca. Me incorporé y le pregunté directamente:
— Juan, cariño, dime cómo has aprendido esa técnica para hacer que me corra con tus dedos y me den ganas ahora mismo de que me rompas el culo también con tus dedos. Esto se tiene que aprender de alguna manera, pero ¿cuál es?
Y Juan se rio, como yo con él.
Pero me lo explico, y esto es lo que este hombre me hizo pensar que la cosa más tonta puede ser el mejor deporte de dedos.
Las mujeres somos expertas en mover los dedos con nuestros pezones y clítoris, concretamente nuestro botón del placer. Eso los sabemos todas las mujeres.
Pero, ¿y ellos? ¿Los hombres? Sé que no hay una escuela ni videos en internet para aprender esa técnica.
Por eso Juan casi riéndose a carcajadas me dijo de manera que lo comprendí a la primera:
— Querida Sonsoles, te voy a relatar el mejor secreto que toda mujer quiere saber de un hombre que sabe mover los dedos hasta llegar al orgasmo. Este secreto es casi una leyenda viva y real, por tanto, espero que entiendas que no se puede decir a cualquier persona, porque no todo el mundo sabrá hacerlo. ¿Estás dispuesta a guardar el secreto como algo que nadie debe de saber jamás?
Me dejo muy intrigada.
Encima se puso todo serio.
Se puso con toda su polla dura, pero vestido aún, en mitad de la habitación, mientras me invitaba a que me sentará en la butaca de la habitación, esperando su relatado secreto.
Y entonces dijo como cual orador que cuenta una fábula:
— Todo el mundo que come y bebe, suele tener un fregadero en su cocina, en donde limpia los platos, tenedores, cuchillos, cucharas y vasos, a no ser que tengan un lavavajillas (pero eso no pasa en todas las casas). Bien. Y la gente que vive sola, pues o limpia dichos utensilios de comida o come con restos manchados, y eso no es nada saludable.
Me hizo sonreír en como empezaba la fábula suya, pero continuo:
— También sabemos que el agua mezclado con el jabón de limpiar los platos y vasos y cuchillos, tenedores y cucharas, son muy buenos hoy en día, hay unos anuncios de batallas de limpieza entre pueblos de arriba o abajo, originales que son en vez de decir el pueblo más sucio o el más limpio.
Aquí, ya me hizo reírme, porque es cierto que existen esos anuncios, pero yo ya quería que me dijera el secreto, no que me hiciera un prólogo, por eso, continúe escuchando su historia:
— Pues cuando no se tiene lavavajillas, hay que usar las manos. Hacerlo con los pies nunca lo he intentado, pero muy cómodo no será y no saldrá muy bien. Vale, quita la limpieza de cuchillos, tenedores, cucharas y platos, porque ya sabemos cómo se hacen.
Ya iba siendo más profundo en sus explicaciones, tenía ganas de saber realmente:
— Por tanto, nos quedan los vasos. Algunos no se manchan mucho, pero otros sí, sobre todo si en vez de agua o vino o cualquier bebida, le meten algo más contundente como un gazpacho o una crema. Si se lavan al momento de ser usados, no hay problema, el agua con el jabón líquido, los limpia rápidamente, pero.
Aquí fue cuando levanto las manos y brazos como haciendo un parón necesario para la explicación:
— ¿Qué pasa cuando hay costra en el fondo de un vaso? O mejor dicho ¿cómo quitar esa costra de un rato sin remojar (porque dicen las autoridades que hay que ahorrar agua y el remojo no es necesario). Pues aquí viene el arte de mover los dedos dentro de un habitáculo estrecho, largo y con costra. Largo, si es el caso de esos vasos de tubo en donde nos ponen copas cuando vamos de fiesta, y me refiero a los de cristal, porque los vasos de tubo de plástico, ya es casi una tortura para los dedos y, además, muy higiénicos no son, por eso se usan solo una vez.
Ahora me hizo pensar.
Es cierto que, en esos vasos de tubo, no es fácil quitar la costra sobre todo de bebidas con cafeína.
Por eso, espere a que ya me contará el secreto mejor guardado y que todo el mundo practica casi a diario, menos la gente que usa el lavavajillas, claro:
— Pues cuando tenemos que limpiar esos vasos, y no entra toda la mano como es en el caso de los vasos de beber de 25 o 30 centilitros, vamos los vasos de la comida de toda la vida, hay que meter muy bien los dedos, tanto índice como corazón, y a veces la falange, dependiendo del grosor y largura de los dedos. En mi caso son largos, puedes verlo, y eso hace que pueda llegar al fondo del vaso.
En este momento me fije que efectivamente sus dedos son largos. Ni me había fijado en todo el rato que había estado con este hombre.
Sabia atraer mi atención, y eso, hoy en día, para mí es un grado más de querer saber mucho de este hombre, por eso le seguí escuchando:
— Si queremos rascar el fondo y el borde de este tipo de vaso, o tienes unas uñas largas, como soléis tener las mujeres, no todas, pero casi todas, o bien, mueves los dedos de forma de rascar, es decir, como cuando escarbas en la arena de la playa o en la tierra del jardín.
Aquí hizo este hombre el movimiento de sus dedos, pero para explicar en el relato, he puesto lo que él me dijo, todo el mundo sabe a qué me refiero.
Y siguió explicando, mientras yo estaba sentada y con mi vaquero puesto:
— Te acuerdas del orgasmo que has tenido en el coche, pero no sabías como lo había hecho, pues ahora, no estas conduciendo, pero estas sentada en la butaca, casi la misma postura que al conducir, y como veras, tus piernas están cerradas, que no hace falta que la abras, pero notaras como te voy a estimular de la misma manera que si estuviera fregando un vaso.
Coño, que lo hizo de nuevo, pero ahora yo si abrí mis piernas, porque quería sentirlo mejor, mientras seguía explicando su secreto:
— Cuando conduce un hombre, es fácil estimular su pene, o polla o como quieras llamar, solo con sacarla de su cárcel y hacer una mamada o paja con la mano, pero en el caso de la mujer, no se puede sacar nada, es más, por mucho que se abra la bragueta del pantalón o se suba el vestido o falda, está la prenda que os tapa, ya sea tanga o braguita o body, porque la mujer que no tiene ropa interior, es más fácil de estimular. Pero también hay que saber que una mujer cuando está sentada en una silla, butaca o incluso asiento de un coche, mientras conduce, su vagina, su coño o como queráis llamarlo, está más pegado al asiento, es decir, apenas podemos llegar a vuestro clítoris, a no ser que vosotras hagáis un movimiento de cadera para alzar un poco esa zona. Claro, conduciendo no podéis estar haciendo malabares.
Que cabrón.
Este hombre ahora sí que me tenía totalmente obnubilada con su explicación, sobre todo, porque me estaba tocando mi coño por encima de mi pantalón vaquero, y aunque aún no me estaba masturbando, ya quería que lo hiciera, pero continuo con su explicación:
— En prendas como faldas, vestidos o incluso unos leggins, la tela es fina, por tanto, los dedos de una persona se notan más, pero en la tela vaquera no es así, y si encima hablamos de un pantalón vaquero en donde la costura de esa zona es donde hay menos sensibilidad, pues digamos que hay que tener un cierto arte para que lo sientas. Tú hoy has sentido mis dedos cuando estaba el coche aparcado, no he querido hacerlo mientras conducías para no distraerte. Pero ahora no estas conduciendo, y no estás en el coche, pero lo estás recordando, por eso, ahora mismo estoy rascando el fondo del vaso de tubo de tu coño. Estoy apretando mis dedos para rascar y no quitar la costra sino para que empieces de nuevo a gemir de placer. Como lo hiciste dentro de tu coche.
Uffffff, pero ¿por qué este hombre me ponía y me sigue poniendo cada vez que explica algo? No sabía el motivo, pero yo ya estaba con ganas de tragarme de nuevo su polla, que, por cierto, seguía dura mientras me explicaba el secreto, y a la vez quería que siguiera haciendo la paja que me estaba dando en mi coño, mientras estaba sentada y con las piernas cerradas.
Así que, le deje que continuara:
— Pero ahora, hace nada, cuando hemos entrado en la habitación, tú no te has aguantado o lo has hecho porque lo deseabas, y me te has tragado mi rabo. Y yo me podría haber quedado quieto, pero tu culo lo quería también estimular. ¿Qué es lo que he hecho? Rascar tu esfínter como si fuera tu clítoris, por la presión del pantalón, mientras mis dedos índice y falange separaban un poco tus glúteos, apenas nada, para que mi dedo corazón no rascara tu ano, sino para dar círculos pequeños a tu anillo anal, porque en el culo, tanto del hombre como de la mujer, tenemos dos músculos circulares, no es uno, son dos, y para estimular tu ano esos círculos te han puesto como una cerda. ¿Te follaré el culo hoy? Lo dudo.
Ahora sí que quería que me follara mis tres agujeros, ya me daba igual, solo con su explicación, me había puesto muy cerca, y sin poder comerme su trabuco gordo, porque gorda es la tranca de este maduro.
Pero dijo que no me iba a follar mi culo, ¿por qué?:
— No te pienso follar tu culo por un motivo muy simple Sonsoles. No sé cuándo fue la última vez que te lo follaron, pero con mi caricia o mi estimulación en tu ano, he comprobado que estaba muy cerrado, y no por la presión del pantalón vaquero puesto, sino porque no estaban dilatados lo suficiente. Y ya has comprobado tanto por tu boca como por tu coño, que esto que te quieres comer de nuevo, es bastante gordo, y hay una cosa que nunca hago con una mujer o cuando voy a follar y es dar dolor o practicar dolor. No me gusta el dolor en el sexo. Respeto a la gente que le guste, pero a mí no me produce ningún placer, por tanto, si noto que te puede doler, no la meto, para eso tenemos tu coño que, por cierto, ahora ya tengo ganas de comérmelo, recuerda que me dijiste que tenía que mimarlo, y aunque le estoy haciendo una paja ahora mismo, tu coño necesita de mis labios y lengua. Pero no te pienso follar el culo, hasta que yo note que no te va a doler, es decir, cuando yo te lo haya abierto en condiciones con juguetes sexuales para ello, porque los hay.
¿Qué hago con este hombre?
Acaba de explicarme como me ha hecho la paja mientras volvía a hacerme dicha estimulación, pero con su explicación, me ha puesto muchísimo más salida de lo que ya estaba.
Además, me ha explicado cómo ha sabido que yo llevaba mucho tiempo sin follar por mi culo. Pocos hombres tienen ese detallazo de comprobar con solo una caricia o con una estimulación manual.
Luego, no quiere hacerme daño, un puntazo a favor de él.
Si es cierto que me hubiera gustado volver a follar analmente, pero su explicación y el grosor de su rabo, hicieron que desistiera.
Pues le deje que siguiera masturbando mi coño con el pantalón puesto.
Pero a Juan no le gusta que sienta dolor, y esa masturbación empezaba a molestarme por la costura del pantalón vaquero, así que, le deje que me quitara toda la ropa, me dejara completamente desnuda delante de él, con el consabido doblaje de mi ropa en la butaca.
Detalles. Que importantes son.
Pero él seguía vestido todavía, y con su polla dura al aire.
Tenía ganas de cabalgarlo vestido, pero tampoco íbamos a manchar su ropa, que la lavandería de un hotel, no es precisamente barata.
Así que, lo desnudé completamente e hice el mismo gesto que Juan hizo con mi ropa, la doble encima de la mía, en la butaca.
Le señale la cama.
Le hice el gesto de que se tumbara.
Ahora tenía a este maduro tumbado boca arriba, con su polla aún dura, y yo con ganas de hacer una de mis cabalgadas más cañeras que nunca he tenido.
Pero antes de que yo me montará encima de este hombre, Juan se colocó de nuevo otro condón.
Detalles.
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