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Iris, la mujer que me cambió (4/6)

La humillación se vuelve tan intensa que el profesor decide romper las cadenas, pero la libertad que busca lo lleva directamente a los brazos de quien menos esperaba. ¿O quizás a los de quien más temía?

Jambo4K vistas8.7· 12 votos

El día de antes, mientras llevaba a Nicoleta a su casa

«Conozco esta zona. Cuando era chaval venía aquí con unos amigos a irnos de fiesta. Cuando tenía más tiempo libre.»

«Jajaja, no sé si yo aún llevaba pañales.»

Esa frase que dijo Nicoleta me cayó como un jarro de realidad. La estaba aburriendo con mis batallitas de señor que ya no está para esas cosas. Vale que no tenga mucha edad, pero para alguien de veintipocos uno de treinta es un vejestorio.

«Disculpe si le ofendí, no era mi intención. Quise decir que en aquella época seguramente no había salido de Moldavia.»

«¿No eras de Rumanía?»

«No, soy de Moldavia, de Cahul más concretamente. Lo que pasa es que a los españoles les digo que soy de Rumanía para abreviar. Si les digo que soy de Moldavia se piensan que soy de Rusia o algo así.»

«Aaah, vale. No te preocupes, estudié rumano hace años y sé algo sobre su cultura. Sé que hay un fuerte sentimiento de unión entre los dos países.»

«Sí, de hecho, tengo familia en Constanța, y todos los veranos me paso por allá de camino a Moldavia.»

A los dos minutos de esa conversación me hizo detenerme; ya habíamos llegado a su casa. Nos dimos dos besos y un abrazo y nos despedimos.

«Mañana estaré por la universidad, por si necesitas alguna tutoría.»

«Muchas gracias, ya te aviso si me paso. La revedere.»

21 de mayo de 2024, por la mañana

Lloré. Lloré como nunca lo había hecho. Al día siguiente de la conversación con Rober tuve tutoría presencial otra vez con Nicoleta. Tenía mucha mierda dentro y tenía que sacarla. Durante la noche, de camino al trabajo, por la calle no salió, pero sí delante de mi alumna. Lloré como nunca lo había hecho delante de una alumna. Lloré lágrimas de odio, desesperación, rabia, ira. Quería vengarme. ¿Por qué no dejé a Iris a la primera de engañarme? ¿Por qué fui tan idiota? Una cosa es que me atraiga el morbo por los cuernos y otra ser un mierda, un capullo consentidor. Había presenciado cómo Iris le tocaba la polla a Rober. Y no solo eso, le había pajeado y hasta se la había chupado, con corrida en boca tragada y todo. Nunca se lo había tragado Iris, al menos conmigo. Una vez le cayó dentro de la boca y casi me echa la pota en el rabo. Estuvo como un mes sin comérmela. Y ahora llega y se la come a Rober, este se corre en su boca y ella se lo traga. Menos mal que me dijo Iris que jamás se tiraría a un cerdo así, porque si no se lo folla el primer día que lo ve.

«Profesor Torres… ¿Le pasa algo?»

Noto la mano de Nicoleta sobre mi pierna. Su mirada es de preocupación, cuasi maternal. Y se lo dije todo. Vomité todo lo que tenía dentro (metafóricamente) y ella lloró conmigo. No fueron lágrimas de pena ni de ira sino de decepción por Iris.

«Su novia no sabe lo que se pierde con usted.»

Nicoleta, mi alumna, moldava, pelirroja, con culazo y tetazas y una cinturita finísima me estaba abrazando tanto que notaba sus tetas en mi pecho. «No te merece, no te merece.» Decía mientras con la otra mano me acariciaba la cabeza.

«No sé qué tienes, Nicoleta, que siempre que estoy contigo mi relación con Iris se va deteriorando.»

«¿Cómo?» Pregunto ella, extrañada y ojiplática.

«La primera vez que tuvimos esa tutoría, en la que necesitabas que te mostrase cómo se seguiría mi asignatura, descubrí que Iris se la sujetaba a Rober. La segunda, cuando me informaron que me habían asignado a ti para mentorizarte, descubrí cómo Iris masturbaba a Rober, la semana pasada, después de la presentación de mis mentorías, cuando te llevé a tu casa, me enteré de cómo Iris se la chupaba a Rober y del plan de Rober. Siempre estás tú ahí. Eres como una maldición.»

Nicoleta no pudo más que hacer una media sonrisa, discreta y tímida.

«Disculpa que te entretenga con mis majaderías… De verdad. No sé por qué te cuento estas cosas. Disculpa, de verdad.»

«No se preocupe, profesor. Es usted una buena persona.»

«Gracias, Nicoleta. Por cierto, ¿necesitas que te lleve a casa hoy también?»

«Pues no estaría mal. El abono del autobús lo tengo, pero con usted llego más rápido. Esperemos que no nos hagan fotos, jajajajajaja.»

«De acuerdo. Pues, dame un minuto que tengo que revisar unos correos y ya estoy contigo.»

Nicoleta salió un momento al pasillo. Mientras, revisando correos vi una oferta para una universidad de Madrid para la cual yo daba el perfil. Mandé una instancia para enviar mi currículum. ¿Quién sabe? Hay que cubrirse las espaldas.

Al mediodía

Después de dejar a Nicoleta, llegué a casa de Rober y estaba mi novia en el sofá, me senté a su lado. No quise ni darle un beso. Me daba asco. Era una sensación extraña compartir espacio con ella. Al rato me dio un beso, largo y con lengua, que yo correspondí. Y después entro Rober bien contento por la puerta del salón.

«Chicos, ya tengo las manos bien. Ya estoy curado, y del brazo también. Qué bien. Ya no os necesitaré más.» Dijo Rober sonriéndome. Hijo de puta.

«Qué bien, ¿no? Ahora ya podrás hacer vida normal.»

«Sí, la verdad es que lo echaba de menos. Ahora solo falta que vuestro piso esté disponible para que entréis y ya podréis hacer vida normal vosotros.» Al final de esa frase Rober me miró fijamente.

«Me ha dicho el casero que seguramente a primeros de junio esté todo en orden y podamos entrar, en junio. El 7 creo que me dijo.» Miré a Iris y a Rober a la vez, esperando si él estaba de acuerdo. Tampoco sabía hasta cuánto iba a durar esta humillación. Creo que no más de ese tiempo y no sé si me compensaría que me echasen de la facultad.

«Pues bien. Un día de buenas noticias.» Decía Rober, mientras se iba por la puerta.

Y al salir, Iris continuó con la sesión de besos. ¿Tal vez porque se sintiera culpable? Lo que sí que sé es que me empecé a excitar mucho. La sesión de esta mañana con Nicoleta me puso a cien y no sé si podré hacer la clase virtual de las 12 h, así que necesitaba descargar.

Mientras nos besábamos me condujo la mano a su coño, que lo tenía muy mojado, como un vaso de aceite. «Quiero que me lo comas, que me lo debes por lo de anoche.»

Y me amorré a su coño. Le olía muy fuerte. Seguramente la muy guarra ni se lo limpió de cuando el cerdo de Rober le estaba haciendo dedos, así que ni se cambiaría de ropa interior.

«Por cierto, para esta tar…» Rober entró en el salón y nos pilló en plena faena.

Aunque estuviera con la manta encima se sabía lo que le estaba haciendo a mi novia.

«Perdón, perdón…» y se fue.

Mi novia se reía. Intenté salirme, pero me lo impidió: «¿Te he dicho que pares? Continúa hasta que me corra.» Y obedecí.

Entonces mi novia se tumbó un poco en la cheslón para facilitarme la comida y también su corrida. Y continué. Además, muchas veces lo hacíamos así para comérselo porque es una buena postura para comerle el coño y también el ojete, que me gusta mucho. Y reanudó sus gemidos. «Creo que Rober está en su habitación, he oído la puerta, así que tendré que gemir con la boca tapada.»

«Hm hm.» Pude decir yo mientras se lo comía.

Y continuó gimiendo. Notaba cómo intentaba que no se le escapasen los gemidos muy fuertes mientras se lo comía con ganas. Hasta que vi algo en el suelo, en un pequeño hueco que dejó la manta. Un pie, sin zapatos, descalzo, que obviamente no era el de Iris y seguro que era el de Rober. No hacía falta ser un lince para saber que Iris se la estaría comiendo, por eso no quería que me asomase. Tendría que aceptar la situación, tal y como me dijo Rober. No por Iris sino por mí, por mi trabajo. Llevaba pocos años trabajando en la universidad, y no creo que sentase muy bien a mi expediente laboral que supieran que voy beneficiándome a alumnas.

«Ah, sí, sí, sigue chupando.» Pudo decir Iris. Seguramente se sacó la polla de Rober de la boca para decírmelo. «Siempre me has sabido comer el coño. Lo haces muy bien. Hmmmmmmm, mmhmhmhhh, hmmmmmmmm…» Se la estaría chupando de nuevo.

Seguíamos en la misma postura. No sé el tiempo que llevábamos. Hacía mucho calor ahí y su coño ya no olía tan mal. Así que pasé a lamerle el ojete. Bien lamido, mientras le frotaba el clítoris, que se le empezó a hinchar. Siempre ha sido lo bueno de Iris, que se sabe si está a punto de correrse o no. «Quiero que te corras, puta. En mi boca, lo quiero todo. ¿Me lo vas a dar todo?» Le dije. Quería que acabase ya. Ya me sentía violento estando con Iris, después de lo de estos días me empezó a dar asco. Físicamente también, no sé si porque me empezaba a sentir atraído por Nicoleta. Porque las veces que he tenido algo con Iris desde que entró Rober a nuestras vidas ha estado Nicoleta ahí. En mi mente, acercándose a mí, queriendo que la poseyera.

«Dámelo todo, en la boca. Sí, dámelo todo. Lo quiero en la boca.» Susurraba Iris. Tan apenas se distinguía, pues mis lengüetazos disimulaban cómo seguramente no era a mí a quien se lo decía.

Y Rober se corrió. No se cortó ni un pelo en disimular mientras decía susurrando: «Ahí tienes. Tu lechita. Ahhhh, oohhhhhh.»

E Iris se reía, como antes, como asintiendo. Lo que antes me hacía a mí ahora se lo hacía a él. Ya la había perdido. No sé cuánto más tardaría Rober en cansarse de esta situación, pero ya me estaba planteando si me compensaba que dijese a la universidad lo que me ocurrió aquella mañana con Nicoleta. Tendría que buscar una coartada. Tendría que averiguar si tiene novio para así que se sepa que entre ella y yo no hay nada.

«Calla, que te va a oír.» Susurraba Iris, mientras se reía.

«Shhhh, es verdad. Me voy ya.»

Y el pie descalzo desapareció. E Iris se corrió en mi boca. Como la primera vez que le comí el coño, se le escapó algo de orina en mi boca. Casi vomito del asco que me daba. Antes habría aguantado una sesión de urofilia con ella como si nada, pero ahora me daba asco. Hasta se me había bajado la erección.

Mientras Iris convulsionaba y emitía sonidos ininteligibles me destapó la cara de la sábana. Sonreía. Tenía los labios húmedos, seguramente por la polla de Rober. Y cuando dejó de mover las caderas, me acerqué a ella y me besó. No sé a qué sabe el semen, pero seguramente me lo pasó por la boca y ni me di cuenta.

«¿Quieres acabar tú también?» Me preguntó.

«No. No hace falta. Quería que te corrieses.»

«Joder, cari. Estás de un soso últimamente...»

Aquella tarde

«¡Oh! Kill Bill. ¿La habías visto, Iris? Está muy chula» Dijo Rober mientras estaba pasando películas por la pantalla.

«No, ¿y tú, cariño?»

«Sí, yo la he visto muchas veces ya.»

«No se hable más, Iris no la ha visto y tiene que verla. Ya verás, hay mucha sangre.»

Y estuvimos viendo la película hasta que acabó.

«Joder, ¿ya? Pero ¿no va a matar a Bill?» Dijo Rober extrañado.

«Eso sucede en la segunda parte» Contesté a Rober.

«Pues vaya mierda.» Dijo Iris.

«Rober, yo suponía que tú ya sabías que había dos partes. Raras veces Tarantino hace una película sin dejar la trama bien cerrada. Es más, esta peli responde a su ciclo sobre cine japones setentero y normalmente suele…» Mientras hablaba Rober me miraba. La mirada de Iris se mantenía en la pantalla, ajena a lo que decía. Mientras que Rober me miraba con desdén. Como si me dijese: “Tu mucha cultura, pero tu novia me la ha chupado”.

«Cariño, hablas demasiado.» Espetó Iris, como un latigazo de realidad.

«Sí. Siempre ha sido muy listillo» Decía Rober.

«La segunda parte está disponible, por si queréis verla y así sabréis cómo acaba.»

«Mejor mañana, que ahora estoy muy cansado.» Normal, correrse hace que uno se canse.

«Sí, cari, yo también. Hagamos la cena ya, que mañana madrugas.» Hija de puta.

Por la noche

«Pues me sabría mal que al final volvamos a casa. Me gusta compartir piso con Rober. Es tan majo.» Qué hija de puta.

«Sí, aunque, bueno, también tiene sus mierdas.»

«Ya, como todos, pero no sé. Es majo. Me lo tendrías que haber presentado antes.»

«Bueno, pero ahora lo conoces, y os compenetráis bien.»

Ella sonrió pícara después de decir “compenetráis bien”. Si no estaba claro que la había perdido ya, con esto está clarísimo.

Una vez nos acostamos, intenté acercarme a ella para tocarle el coño. No sé por qué, pero estaba cachondo de nuevo. Me había venido un pensamiento recurrente con Nicoleta y necesitaba descargar.

«Cari, ahora no me apetece, que ya me he corrido esta mañana. Si quieres te la chupo, pero no tengo ganas de follar.»

Había mejorado con las mamadas. Ya no era tan torpe como antes. Se ve que el máster que se había sacado con la polla de Rober había dado sus frutos.

Sus besos en la punta del capullo y su lengua recorriendo y abrazando mi glande me estaban produciendo una sensación de calidez indescriptible. No la chupaba, conversaba con mi polla como si estuviese en un interrogatorio descubriendo qué le gustaba. Los lengüetazos que me daba en la parte inferior del glande me estaban provocando los espasmos de antes de correrme. Le avisé.

«Me corro.»

Y la muy puta se sacó la polla de la boca y apuntó a mi pecho.

«Perdón, cari, es que no me gusta que te corras en mi boca.»

«No pasa nada, amor.» Qué hija de puta...

De madrugada

Desconozco qué hora era. Sería mucho antes de las 6 de la madrugada, puesto que aún no había luz tras las persianas. Todo me daba vueltas. La habitación estaba muy caliente, parecía una sauna. Hacía que mi cabeza me doliese mucho, así que me salí hacia el baño para echarme agua.

Y oí unas risas en el comedor. ¿No serían capaces? Pensé.

Así que me dirigí de nuevo a nuestro dormitorio y comprobé que Iris no estaba allí, así que seguramente esas risas eran de novia y Rober. Y me acerqué, en silencio, bajo el abrigo de la noche. Sin duda estaba Iris allí, junto con Rober, en el sofá y con todo apagado, así que me acerqué sin hacer ruido.

«Me he depilado esta tarde, antes de ver la peli, como me dijiste que te gusta.»

«Ya lo veo ya. No sé por qué siempre lo tienes peludo, si lo tienes muy suave así, y muy bonito.»

«Sí. A Jorge le gusta con pelo, no sé. A mí no. No sé qué manía tiene con el pelo ahí. Él tampoco se depila, como mucho se recorta.»

«Y a ti, ¿cómo te gustan?»

«Pues desde que te vi la polla… ¿para qué te voy a engañar? Me gustan depiladas, como la tuya. No la tienes tan grande ni tan gorda como la de Jorge, así que no me dolerá tanto. Además, la tuya es mucho más bonita. Circuncidada me gusta. Nunca había visto una polla así tan de cerca.»

«Ya. Fue decisión del médico, a lo poco de cumplir los 16 tenía un prepucio que eso parecía la trompa de un elefante. En su momento mis padres no hicieron nada así que más mayor se lo pedí. No te preocupes, no soy ni judío ni musulmán, jajajajajaja.»

«Bien, bien.»

Escuchaba y no daba crédito a lo que oía. Vale que los últimos meses sabía que lo mío con Iris no iba a durar, que había escalado mucho la situación. Desconocía por completo esa faceta suya. De Rober, lo podía imaginar porque siempre se la ha sudado todo, pero de Iris… Antes de que Rober entrase en nuestras vidas ya cosa ligeramente comenzaba a menguar, pero lo achaqué a otros factores: estrés, trabajo, estudios…

No obstante, después de la sesión de tutoría con Nicoleta, había enviado un par de solicitudes de trabajo más a otras universidades. Intuía que el chantaje no se quedaría en unas fotos y me asusté un poco. Pensé incluso en limitar mis tutorías con Nicoleta.

«Rober, he pensado en una cosa. Mira, lo mío con Jorge… como sabrás… creo que me gustas tú más. Cuando me viste las tetas por primera vez, cuando te masturbé por primera vez, sentí deseo. No fue un simple calentón fortuito. Hasta pensé en compensar a Jorge con un trío con alguna amiga o pagarle una trabajadora sexual, porque me sentía como una puta. Además, últimamente me gustas mucho, y me gustaría conocerte más interiormente. No sé nada de ti más allá de que te dedicas a poner instalaciones eléctricas.»

«Bueno, es que no hay nada más. Tú a mí también me gustas, de hecho, desde que te vi la primera vez, jejejeje.» Se besaron en la boca. «De todas formas, yo soy de otra pasta. Me gusta el sexo más que a un tonto un lápiz y no sé si te convengo. Seguramente la cagaría contigo, porque me cuesta mantenerme fiel. El primer día que te vi, con ese vestidito, te hubiera roto el coño a pollazos. Soy muy animal, como ves, jejejejeje.»

«Halaaaaa! Qué bestia. No sé. Es que, con Jorge, es un sol de chico. Tierno, trabajador, inteligente y me complace mucho en la cama. Pero creo que el hecho de ir tan deprisa con él al principio hizo que nos precipitásemos y creo que tendríamos que habernos conocido más. No es que no me guste, es que… creo que no estaba preparada para una relación. Desde los 19 he estado de pareja en pareja. Tan apenas he estado tres meses soltera, y con él a veces sentía que me ahogaba. Al principio de la relación, como cada uno vivíamos separados, iba todo fantástico. Follábamos cada día que nos veíamos y hacíamos planes. Fue empezar a vivir juntos y, entre la mudanza, nuestros trabajos… No tengo las mismas ganas de estar con él que al principio, y hacer esto que hacemos tú y yo me sabe fatal por él. He pensado en dejarle, y la verdad es que no sé por qué no me ha dejado ya. Seguro que sabe lo que hacemos, habría que estar tonto. Algo le pasa. Creo que está locamente enamorado de mí.»

Y se besaron de nuevo, más profundo y con mayor sensualidad. Ella se sacó la lengua y él se la chupaba. Necesitaba oírlo de sus labios, necesitaba saber que ella no me quería. Necesitaba eso. En ese momento supe que había perdido a Iris para siempre. Y lo que más me jode es que fuera con un capullo como Rober, sin importarle el daño que me hacía.

Iba a entrar allá, montarles un pollo monumental. Me la sudaba que se viese comprometido mi trabajo en la universidad. Después de años trabajando allí tendría buen currículum para trabajar en otra universidad. Y los oí besándose, y escuchando los chasquidos típicos de dos personas besándose, compartiendo fluidos, hasta que decidieron pasar a la acción.

Se desvistieron en un santiamén mostrando la desnudez de dos cuerpos esbeltos. Ella, con los pechos tiesos y un abdomen plano; él, con el pene erecto y abdominales perfectamente marcados. Nunca había visto a Rober sin camiseta. Ella, al verlo así, pasó sus manos por su pecho desnudo mientras se mordía el labio. Para que luego digan que no se fijan ellas en el físico, pues a mí nunca me había mirado así. Sobre todo, porque no es que tenga un buen físico.

«Hoy me apetece follarte.» Dijo Rober, mientras la tumbó en el sofá. y sin mediación alguna la penetró de una embestida seca y fuerte. Sin preservativo. Sin preguntarle nada. Sin asegurarse de si estaba o no lubricada. Sin saber siquiera si ella esperaba ser penetrada. Yo tardé meses en penetrarla sin preservativo.

Ella no se lo esperó y tan apenas dijo nada. Al rato se quejaba, gimoteaba, le dolía sin duda. Conocía esos gestos. Sin verle la cara nítidamente entendía que Jorge le hacía daño. Hasta pude oír cómo ella le pedía que parase. Hasta que los gemidos de dolor se tornaron en gemidos de placer.

«Uf, cómo me pone follarte. Lo tienes bien caliente y húmedo. Estás toda mojada. Me vas a manchar el sofá.»

E Iris empezó a asentir y reírse, aquello que me hacía a mí ahora se lo hacía a mi amigo.

«Y tú ya era hora de que me follaras bien. Me estaba cansando de chupártela.»

«Nos podía oír Jorge, y no quería que eso pasase. ¿No te daba morbo?»

«Eres un cabrón, hahahahaha.»

«Y tú una puta.»

«Sí. Tu puta. Quiero que me hagas las cosas que le hacías a tus novias, que Jorge me decías que eras un cabrón.»

Y continuaron follando durante un tiempo, hasta que ella empezó a hacer sus espasmos característicos de estar corriéndose. «Así, córrete. Me lo estás dando todo y encima me manchas el sofá, puta.»

Ella no decía nada, se mantenía con los ojos cerrados y la boca abierta mientras convulsionaba. Al menos la cosa pararía ya.

Rober se la sacó y le dijo: «Ponte a cuatro patas, que te voy a dejar bien follada de nuevo.»

«No, que cuando me corro se me seca la vagina y me irritarías.»

«No te lo estaba preguntando. ¿Quieres que te follen bien? Yo no me he quedado del todo satisfecho.»

«Pero es que me dolería. Te la puedo chupar. O si quieres te como los huevos.»

«Eso se lo haces a tu novio. Yo quiero follar. Si no, no me sirves como puta. ¿No querías ser como una de mis chicas?»

Iris se resignó a obedecerle y se puso a cuatro patas. «Vale, pero te la entro yo. Házmelo despacio.»

Y Rober empezó a penetrarla lentamente mientras Iris se concentraba en no gritar de dolor. No sé por qué no reaccioné. Al principio lo veía muy fácil pero una cosa es comentar la jugada y otra muy distinta salir al terreno de juego.

«Uffff, ay… Perdón, Rober, pero me…»

«Shhh, calla. Verás como no te duele.»

«Es que esta postura nunca la había hecho con Jorge. Él la tiene más grande y al ser más alto que tú me duele más por el ángulo de cómo me penetra. Nunca lo hacíamos así.»

Y Rober se puso serio. Apretó los labios, cogió a Iris por las caderas y la atrajo hacia sí. Fuertemente, contundente, rápido.

Sonó un fuerte ¡CHOF! Un ruido húmedo y viscoso, parejo a los gimoteos de Iris.

«Para, me duele mucho. No me gusta. Para, por favor.»

«Venga, cariño. Esto es como antes. Ya verás cómo después me vas a pedir más polla. Te has corrido muy rápido y yo aún no acabo ni de empezar.»

«Porque estaba muy excitada, pero ahora no lo estoy. Por favor. Me duele.»

«La próxima vez gestiona mejor tus orgasmos y no te corras a la primera de cambios. ¿No me habías dicho que querías ser como una de mis amigas?»

«No sé, eso te lo dije porque te daba morbo. Por favor, para.»

Mientras hablaban, Rober seguía con la penetración. Ella, poco a poco, iba bajando las caderas. Hasta que Rober le soltó un azote muy sonoro en el culo.

«Puta. Te he dicho que a cuatro patas. Ahora verás.» Soltó las manos de las caderas de Iris y empezó a estirarle del pelo. «Cada vez que bajes las caderas te estiro como a las putas. Si te portas bien, este fin de semana tendrás un regalito.»

Continuaron un tiempo con la misma postura, y creo que Iris ya se estaba acostumbrando, porque comenzó a gemir. «Me gusta, no pares.»

«Puta niñata. Pues aclárate.» Y Rober se la sacó del coño. «No logro concentrarme con tanto lloriqueo. Esto no creo que funcione. Pensaba que follabas igual que chupabas.»

«No la saques, no.» Suplicó Iris. «La quiero dentro.» Y acercó su coño a la polla de Rober hasta que entró de nuevo. Ella era la que bombeaba para que entrase el pene de Rober. «Así, quiero correrme así. Me gusta así.»

«Sabía que no te dolería. Tienes que confiar más en mí. Haré de ti una buena puta. Verás este fin de semana lo que te tengo preparado.»

«Sí, sí. Ufffff, qué gusto. ¿Puedes continuar tú? Me estoy cansando.»

«Vale, pero que sepas que yo tengo un ritmo.» Y retomó las embestidas mientras la sujetaba por las caderas. Las penetraciones eran rápidas, fuertes y constantes. La escasa luz de la estancia mostraba el torso sudado de Rober.

«Me voy a correr ya, cariño.» Dijo Iris entre gemidos. «No creo que dure mucho así. Necesito correrme.»

«Pues no tardes mucho porque yo también estoy a punto. No quiero embarazarte.»

«No te preocupes, puedes correrte dentro si quieres; uso el anillo anticonceptivo.»

Tardaron poco para correrse al unísono. Cada uno con su ritmo y diferencias. Ella, cerrando los ojos y abriendo la boca, él, con cara de satisfacción y sonriendo. Ella, convulsionando y moviendo las caderas verticalmente, él, metiéndola cada vez más hondo y con fuerza. Se le marcaban cada una de las venas y tendones de su cuerpo.

Y salí en escena.

«Hijo de puta.» Con el rodillo de cocina que había en la cocina improvisé una maza que le estampé en todo el pecho. Del golpe Rober cayó de espaldas sobre el sofá. Iris, asustada, se quedó quieta. «No merece la pena ni intercambiar palabras contigo, puta barata. Que te aproveche.»

Los dejé allí. Rober, respirando mientras se concentraba en no morirse. No sé si del golpe o del susto seguía en shock. Iris lloraba a su lado. Ni se atrevió a decirme nada, pues estaba concentrada en que Rober no muriese.

«La de hostias y navajazos que te has dado y no aguantas que un fofisano te dé con un rodillo de cocina. Con lo que tú has sido. ¿Te recuerda? Cuando te repongas, haz lo que quieras con esta puta. Y por lo que hace a la universidad, me la suda. Prefiero vivir bajo un puente que oíros a los dos respirar, así que ya sabes qué hacer.»

Y me fui. Ni me molesté en recoger mis cosas. Tampoco es que tuviera mucho. Ropa, cepillo de dientes y comida. Cogí lo que pude y me largué a un hotel.

3 de junio de 2024

«Venga, Nicoleta, que sé que lo sabes. Además, hicimos una práctica sobre el desnivel informativo. ¿Recuerdas Shakespeare? En Romeo y Julieta, cuando Romeo piensa que Julieta ha muerto.»

«Sí. Me suena. Es un recurso para ralentizar la trama, intensificar la acción y que la catarsis sea más satisfactoria.»

«Sí, la definición la tienes muy clara, pero te falta aplicarla. Mira, en esa escena, Priscila actúa sin saber que su hijo ha fallecido. La acción se desarrolla porque este tipo de narrativa evita el sujeto omnisciente. Así el lector sabe lo mismo que el personaje. Y eso concuerda con el desnivel informativo, porque el lector sabe cómo se desarrolla la trama.»

Ese viernes sería el examen sobre Teoría de la Narrativa y Nicoleta me pidió una tutoría presencial para aclarar dudas.

«No sé, me lo repasaré mejor y ya te preguntaré. Uf, me sabe fatal que siempre estés pendiente de mí. Seguro que soy la alumna más pesada del mundo.»

Si digo que no se me iban los ojos cada vez que veía a Nicoleta entrar por la puerta mentiría. La primavera, desde luego, es la mejor época del año. Hacía más de una semana que estaba viviendo en el piso de Iris y mío. Ya habían fumigado y se podía entrar. Se me hacía raro no verme a Iris por allí. Supe de ella a la semana del golpe que le di a Rober. Me dijo que se puso bien, pero que ha estado un tiempo jodido. No iba a denunciarme porque sabía que se lo merecía –no si al final va de digno y todo–, así que estábamos en paz. Iris no me dijo nada del chantaje ni lo de las setas. Pero me daba igual. Habíamos llegado a un acuerdo. Ella se quedaba el piso y yo tendría el usufructo hasta que estuviese disponible el piso que tenía alquilado. Por suerte, sería dentro de poco, porque el contrato de alquiler acababa en dos semanas.

«A ver, tienes muchas cosas en la cabeza, lo memorizas todo, pero no lo interiorizas, y eso es muy problemático porque te sacan de los casos típicos y no sabes por dónde empezar.»

«Lo sé.» Y Nicoleta lloró. No sé por qué, pero, por inercia, me acerqué a ella a abrazarla, como hizo conmigo hace unas semanas. Acariciándole la espalda. No sé si por costumbre, o por falta de costumbre, pues hacía meses que no abrazaba así a una mujer, le di un beso en la cabeza.

Nicoleta se apartó poco a poco. Me miró con los ojos vidriosos y me besó en los labios.

Así como cuando besé a Iris por primera vez fue algo sucio, bruto, animal, que me activaron los bajos instintos y me vi cuasi expelido a forzarla en aquel instante, con Nicoleta no fue así. Fue un beso inocente, de los que tardas tiempo en lograr. De los que tardas muchos paseos, sesiones de cine y restaurantes en incubar. Era evidente que hacía tiempo me sentía atraído por Nicoleta, pero no sabía que ella también. Seguramente sabía mi edad, seguramente sabía nuestra diferencia de edad y que yo estaba en una posición superior. Era su profesor y ella mi alumna. ¿Quería asegurarse el aprobado? Pero si ya lo tenía. Aprobaría sin problemas.

No supe calcular lo que duró ese beso, pero al separar nuestros labios me pidió perdón.

«No fue mi intención. ¡Qué vergüenza! Discúlpeme, es que soy tonta.»

Y se quiso ir, hasta que le cogí de la muñeca.

«Quien tendría que avergonzarse soy yo por no haber visto que te atraía.»

La cara de Nicoleta se transformó. Su sonrisa iluminaría la noche más oscura de la sima más abisal de la fosa más profunda del océano.

«¿De verdad le gusto?»

«Mucho. Y, por favor, no me trates de usted. Heheheheh.»

«Sí, hehehe. Esto… yo, ¿no le parezco tonta?»

«¿Por qué iba a pensar eso?»

«Porque en nuestras tutorías le pregunto muchas progulladas. Y, no sé, tal vez piense que soy idiota o que no controlo el idioma.»

«Para nada. Tus preguntas son pertinentes y eres muy inteligente. Por cierto, se dice “perogrulladas”, hehehe.»

«Gracias por la corrección. Pero, no sé, que ust…, que tú me me quieras… no sé si está bien. A mí me gustas pero, no sé si está bien. ¿Puede llevarme…? ¿Puedes llevarme a mi casa? Se me ha olvidado coger el abono del bus.»

«Sí, sin ningún problema.»

No podía entender qué acababa de pasar. ¿Me había besado, pero ahora quería que la llevase a su casa? ¿Cómo lo tenía que procesar?

«Espera a que cierre el despacho y vamos ya.»

Tenía miedo de volverla a llevar a su casa. Vete a saber qué pasaría si me volviesen a hacer una foto, ¿qué me pediría Rober? Aunque, si ahora estoy con Nicoleta, ya no tendría nada que ocultar a la universidad. Podría enviar a Iris a paseo.

En el coche, de camino a casa de Nicoleta, ella no paraba de mirar el móvil. ¿Así iba a ser nuestro primer beso? Con Iris la cosa empezó rara. A lo poco de mostrarnos interesados el uno de la otra follamos aquella misma noche. Nunca se folla en la primera cita. Y ahora me pasa esto, que una alumna me besa y después pasa de mí.

«¿Por dónde vamos?» Preguntó ella extrañada.

Me desvié a un lugar cerca del parque de la Rosaleda. Quería aclararlo todo.

«Mira, acabo de salir de una relación de mierda y se me acaban de hinchar los huevos. Vale que estés muy buena, que me atraigas y parece que es correspondido, que me parezcas una chica formidable en todos los sentidos, pero eso no te da derecho de tratarme así. Estoy hasta los huevos ya de ti y de todas vosotras.»

Nicoleta lloró de nuevo, y procedí a ignorarla. Retomé el camino y la dejé en la puerta de su portal.

Ni se despidió. Cogió su mochila y se fue.

«¿Qué hostias!» Pensaba en voz alta. «Que no, hombre, que a mí una cría no me deja con la palabra en la boca.» Estaba cabreado por todo. Por Iris, por Rober, por Nicoleta… Por todos. ¿Por qué la gente trata así a otras personas? ¿Por qué no hay sinceridad desde el principio?

Paré el coche en el primer sitio que vi, y me dispuse a ir hasta su portal. Tenía pensado tocar timbre por timbre, hacerme pasar por el chico de correos o por el butanero, me daba igual. Iba a peinar planta por planta a ver dónde estaba Nicoleta y a preguntarle que de qué coño iba.

El portal estaba abierto, por fin algo que me sale bien. Y entré. Tres puertas por planta, cuatro plantas… será largo. Y fui tocando puerta por puerta.

Entre ancianos sorprendidos, familias desconcertadas y extranjeros, no lograba acertar dónde estaba Nicoleta. Había un par de puertas que no me habían abierto, tal vez porque no estaba ahí o porque estaba ahí y no quería abrirme. Hasta que toqué un timbre y me encontré con un amigo de la infancia llamado Oscar.

«Coño, el Boto.» Oscar fue un colega más de la pandilla, el primo de Enrique y bastante colega de Rober.

«Ostras, ¿qué casualidad?». Dije yo.

«Dijo la sartén al cazo. ¿Qué te trae por aquí? ¿A qué debo el placer?»

«Pues buscab…» Y me la vi ahí, a Nicoleta. Me vio, me miró fijamente.

Como en una pesadilla febril, donde intentas correr y no avanzas. Buscas una escapatoria, algún método para poder resolver la ecuación. Así me sentí cuando Oscar me dio un puñetazo en la boca del estómago.

«Entra para aquí de una vez, mamón.»

No me dio ni tiempo a ver más allá del suelo. Solo veía suelo. Oscar me tenía cogido por el pescuezo. Era mucho más alto que yo y más fuerte. No sabía dónde estaba Nicoleta ni qué tenía que ver con Oscar. Y me metió a una habitación, y se puso todo negro, como fundido.