Decepciones, mentiras y traiciones (1)
Andrea lleva años siendo la sirvienta silenciosa de su propia casa, mientras su padre y hermano la tratan como un mueble más. Pero cuando su talento la lleva a la cima de su carrera, decide cortar la soga que la ata a ese pasado tóxico. Esta es la historia de cómo dejó de pedir permiso para existir.
Decepciones, mentiras y traiciones
Capítulo 1
Faltando un par de semanas para cumplir mis dieciséis años me quedé sin mi mamá, Gloria Iris Valente, la persona que más cariño me había brindado hasta ese momento en mi vida, ese maldito cáncer se la llevó luego de seis meses de sufrimiento.
En casa, además de mamá y yo, también vivían Alfonso Martínez, mi padre y Mariano, mi hermano tres años mayor que yo.
Puedo decir que tuve una infancia feliz, aunque no todo el tiempo, mi hermano, al ser más grande, estaba mucho menos tiempo en casa, por lo que en las tardes, estábamos solo mamá y yo, y esos eran los mejores momentos para mí, pero cuando llegaban mi padre y mi hermano, las cosas cambiaban, el ambiente se ponía tenso, incluso mamá cambiaba su trato hacia mí, seguramente para no fastidiar a mi padre.
Mi padre, desde que tengo uso de razón, trabaja en su empresa, la que él mismo creó y en la que estaba casi todo el día, incluso los sábados.
Es una especie de consultora de inversiones, que de adolescente, supe que una de sus principales inversiones estaban en la construcción de edificios, pero que también se ocupaba de otras inversiones.
Él conseguía los inversores y luego contrataba una empresa constructora que los hacía y su ganancia solía ser un departamento de ese edificio, o a veces dos, según el tamaño del edificio.
También como parte de su empresa, tenía la administración de los consorcios de esos edificios, de la que se hizo cargo mi hermano a los diecinueve años, luego de terminar a los tumbos la escuela secundaria.
Fue esa tarde a mis casi trece años, que ante la llegada de mi primer período, mamá me sentó en el sillón del estar, y hablamos por primera vez de “sexo”.
Hablamos de mi cuerpo, de lo que me pasaría de allí en adelante, de los cambios y sensaciones que experimentaría, pero hizo hincapié en el cuidado de mi cuerpo, del que yo sería la principal responsable. También me habló de la masturbación y de las relaciones sexuales que en algún momento llegarían, como cuidarme para evitar un embarazo no deseado y las enfermedades de transmisión sexual.
También me habló de lo que podía esperar de mi primera vez, contándome de la suya a los diecisiete años, aunque era consciente de que ahora los chicos y chicas lo hacían a más temprana edad que en su época.
Mi primer novio, fue a mis casi dieciséis años, y en casa, solo mamá lo supo, ya en esa época, el carácter seco, apático y dominante de mi padre, se iba apoderando de mi hermano también, eran tal para cual, y ni por casualidad se los contaría, hasta le pedí a mamá que no dijera nada, y fue nuestro secreto.
Ese noviecito no me duró mucho y no llegamos más que a los besos, mis primeros besos “con lengua”, como solíamos decir con mis amigas.
Cuando a mamá le descubrieron el cáncer, mi vida comenzó a cambiar, ni siquiera en esos momentos mi padre era cariñoso con ella, nunca había visto a mi padre, tratar cariñosamente a mamá, o darle un beso, o salir a pasear con ella, más que su esposa parecía su empleada, y para colmo con un patrón que tenía un carácter de mierda.
Pero fue luego de la muerte de mamá, que mi vida dejó de ser una vida agradable, días después del velatorio de mamá, donde por supuesto no vi que a mi padre se le cayera una puta lágrima, una noche mientras cenábamos, mi padre me dijo que al no estar mamá, alguien tenía que hacer las cosas de la casa, y por supuesto esa persona era yo.
No es que nunca las hubiera hecho, porque ayudaba a mamá todas las tardes, a lavar la ropa, hacer las compras a limpiar la casa o a cocinar.
Con diecisiete recién cumplidos, tuvo un nuevo novio, Gonzalo, con el que perdí mi virginidad, no fue un desastre, pero tampoco algo grandioso, yo estaba muy nerviosa, pero decidida, hacía unos meses que éramos novios y de los besos pasamos a las caricias, de las caricias a las masturbaciones mutuas, y una tarde en que sus padres no estaba en su casa, al salir de la escuela nos fuimos para allí.
Por primera vez estuvimos los dos desnudos en su cama y ante la excitación de ambos, lo terminamos haciendo.
Recordando las palabras de mamá, le pedí que se pusiera un preservativo y aunque no fue el dolor que imaginaba, tampoco fue una locura de placer, Gonzalo no tardó mucho en llegar, y yo no logré llegar al orgasmo.
Lo hicimos un par de veces más, pero luego conoció a otra chica y me dejó por ella. No lo sufrí tanto, hoy podría decir que no me había enamorado de él, pero bueno, había sido mi primera experiencia.
Hubiera deseado que mamá estuviera para contárselo, pero tan solo quedó para mí y para mis dos mejores amigas Clara y Verónica, ni a mi padre ni a mi hermano se los contaría, jamás.
En el último año de la escuela secundaria, una noche le dije a mi padre que quería seguir estudiando en la universidad, quería hacer la carrera de arquitectura.
Mi querido padre puso el grito en el cielo, diciéndome que no tenía sentido que estudiara, que para hacer las cosas de la casa, no hacían falta estudios.
Y me dolió tanto su respuesta que por primera vez le contesté, diciéndole que yo quería estudiar, que quería ser algo en la vida, y fue entonces cuando mi padre, que con su situación económica no solamente podía solventar mis estudios, sino que además podía pagarle a alguien para que hiciera las cosas de la casa, no tuvo mejor respuesta, qué decirme que si quería estudiar, que trabajara para pagarme la carrera, que él no pondría un peso para que yo perdiera el tiempo fuera de casa.
Me levanté de la mesa, y aunque me gritó para que no lo hiciera, me fui igual a mi habitación, enfrentándome a él por primera vez, ante las risas y burlas de mi hermano.
Si mi situación en casa era complicada, lo fue más aún luego de ese día.
Sin decirle a mi padre me inscribí en la facultad de arquitectura, y cuando terminé las clases en la escuela secundaria, comencé a buscar un trabajo, pero aún no había cumplido los dieciocho años, y a todos los lugares a los que había ido, me habían dicho que tenía que ser mayor de edad, por lo que tuve que esperar hasta febrero del año siguiente, para poder conseguirlo.
Ese primer trabajo que conseguí, fue en una casa de ropa femenina, y trabajaba desde las dos de la tarde, hasta las ocho de la noche en qué cerraba.
Por supuesto a mi padre tampoco le cayó en gracia que trabajara, pero mientras no comenzarán las clases, haría todas las cosas de la casa por la mañana, incluso preparaba la cena.
En el mes de marzo comenzaron las clases en la facultad, y ahí las cosas se me fueron complicando cada vez más, porque tenía mucho menos tiempo para estar en casa, pero así y todo, contrario a lo que decía mi padre, estudiaba, trabajaba y hacía las cosas de la casa.
Los primeros meses me fue más o menos bien, pero cuando comenzaron las exigencias de la carrera, tenía cada vez menos tiempo, por lo que dormía menos horas cada día, ya que dejaba preparadas las cosas en casa para el día siguiente, y antes de acostarme hacía cosas de la facultad.
Nunca sentí que mi padre valorara mi esfuerzo, al contrario, creo que si por él hubiera sido, hubiera pretendido que fuera como mamá, una empleada a su servicio y al de mi hermano.
Con mucho esfuerzo llevé la carrera adelante, y con muy buenas notas, pero no me quedaba tiempo para nada, mucho menos para pensar en un novio, aunque pretendientes no me faltaban en ese momento, muchos chicos se me acercaban en la facultad, para trabajar conmigo por mis buenas notas, o buscando tener algo más.
Uno de ellos, fue Graciano, un compañero con el que hicimos algunos trabajos juntos, y en su casa, alguna noche, preparando algún proyecto, terminamos en su cama por primera vez.
Los dos teníamos en claro que no nos planteábamos ser una pareja, nos llevábamos bien, nos complementábamos en el trabajo y nos tomábamos unos descansos en su cama.
Fue con él con quien conocí el placer en las relaciones sexuales, con quien comencé a disfrutar realmente del sexo, aunque sin un sentimiento implicado, tan solo por el placer de mi cuerpo.
Esa primera vez que llegamos a la cama, al verlo desnudo, creí que no disfrutaría tanto, ya que Graciano no estaba muy dotado, normal digamos o quizás algo menos, pero eso no impidió que tuviera los mejores orgasmos hasta ese momento de mi vida.
Graciano era un maestro en los preliminares, antes de que llegara a cogerme, ya me había sacado un par de orgasmos, la forma en que me tocaba, besaba y lamía mi cuerpo, me daba un tremendo placer.
Fue con él con quien perfeccioné mis aptitudes para chupar un pija, al no ser tan grande, me deleitaba comiéndosela por un buen rato.
Y si algo era para resaltar en las habilidades amatorias de Graciano, era su aguante, supongo que lo manejaba muy bien, porque en ninguna de las veces en que tuvimos sexo, llegó antes de mi segundo o tercer orgasmo.
No me considero una chica con belleza de modelo, pero puedo decir que mi cuerpo entra en los cánones de belleza establecidos socialmente.
Mido un metro con sesenta y siete centímetros y tengo un cuerpo normal, nada exuberante por ningún lado, tetas normales, ni grandes ni chicas, diría que en la media, y un culo normal, ni grande ni chico, pero a juzgar por las miradas de los hombres, no pasa desapercibido, y por comentarios de Graciano, tengo un cuerpo armonioso, que dan ganas de comerse de punta a punta, y él lo hacía.
Ya en el segundo año, necesitaba sí o sí una computadora para poder trabajar y hacer las presentaciones de mis proyectos y la tuve gracias a María Eugenia, una compañera que al comprarse una notebook, me vendió en cuotas su computadora vieja de escritorio, que instalé en mi habitación.
Así fue toda mi carrera, un gran esfuerzo, llegó un momento en que ya nada comentaba en casa, y para no tener que escuchar los reclamos de mi padre, seguía haciendo todas las cosas de la casa, levantándome a las cinco y media o seis de la mañana para poner la lavadora, y mientras tanto preparaba la cena de ese día, planchaba la ropa y limpiaba la casa, dejaba el desayuno preparado y me iba a la facultad, luego al trabajo y cuando era necesario, al departamento de Graciano para hacer algún trabajo.
Cuando volvía a casa, mi padre y mi hermano ya habían cenado y ni siquiera juntaban los platos de la mesa, y en más de una ocasión, tuve que bancarme los reclamos de mi hermano porque no le había hecho su cama.
Terminé la carrera con muy buenas calificaciones y luego del último examen final, comencé a preparar el trabajo integrador final, algo así como la tesis en otras carreras.
Había visto un lote en venta, un gran lote de ciento veinte metros de frente por ochenta y nueve de fondo y mi proyecto sería un conjunto de viviendas con espacios comunes, parque y estacionamiento, y buscando hacer algo innovador, lo pensaría desde el concepto eco sustentable.
Al haber terminado las cursadas, tenía las mañanas libres para desarrollar mi proyecto, que aunque tenía muchas ideas tanto para las unidades como para los exteriores, tenía que plasmar todo eso en el programa de diseño que utilizaba.
Una vez al mes iba a la facultad para mostrarle los avances a mi tutora, una de las arquitectas del último año de la carrera.
Cada vez que mostraba mis avances, volvía más entusiasmada a seguir trabajando, Laura, así el nombre de esa arquitecta, me alentaba a seguir adelante, le encantaba mi proyecto.
Casi siete meses me llevó el desarrollo, finalmente fue un conjunto de unidades, cuarenta y ocho en total, de dos y tres dormitorios, escalonados, con terrazas individuales y de amplios espacios interiores.
Los lugares comunes comprendían una pileta de natación climatizada, cubierta en invierno y libre en verano, una cancha de futbol cinco que también podía ser de básquet o hándbol, una de tenis, una de pádel, un espacio de uso común en dos plantas, abajo haciendo las veces de un quincho divisible en tres partes equipados con cocina y baños, y en la planta alta, un salón que podría utilizarse para eventos, también totalmente equipado, y cerca de las zonas deportivas, un gimnasio, baños y vestuarios.
Respetando una zona arbolada existente, diseñé una zona de esparcimiento con bancos, canteros, y sendas que lo recorrían.
Casi un mes más estuve preparando las imágenes en 3D para presentarlo, y un video mostrando las zonas exteriores y el ingreso.
Con el trabajo terminado, pedí fecha en la facultad para presentarlo y me confirmaron una semana después, que a mediados de noviembre, defendería mi trabajo frente al tribunal de calificación de la facultad.
Ese viernes por la tarde noche, me presenté en la facultad, nerviosa pero segura de que mi trabajo estaría aprobado.
Le había avisado a mi padre y a mi hermano para que fueran a verme, pero como imaginaba, ninguno de los dos apareció por la facultad, no podía entender ese desprecio de mi familia, sobre todo el de mi padre, que poco le importaba mi vida.
Aprobé el trabajo con la máxima calificación, un diez y con honores, me felicitaron todos los arquitectos del tribunal y salí feliz, aunque solo me felicitaran mis amigos y compañeros.
Esa noche al llegar a casa, mi padre miraba televisión y mi hermano estaba sentado en el sillón con su teléfono, ninguno de los dos me preguntó nada, y yo no conté nada tampoco, y con esa tristeza me fui a mi habitación sin siquiera juntar los platos de la cena, que aún estaban sobre la mesa.
Ya quería conseguir un buen trabajo que me permitiera dejar esa casa, donde no era más que la empleada doméstica, ese desinterés de mi familia me había llevado a ya no querer convivir con ellos y que se arreglaran.
Seguí trabajando en la casa de ropa, pero varias mañanas empecé a buscar un trabajo como arquitecta, aunque aún no tenía el título, pensé que al menos podía conseguir como estudiante avanzado, comenzando de abajo, pero no lograba que me dieran pelota en ningún estudio, que eran manejados en su mayoría por hombres, un rubro evidentemente dominado por el sexo masculino, dejando a la mujer solo para tareas de menor importancia.
Casi tres meses después, me llegó un mail del colegio de arquitectos, con un folleto de promoción de un concurso de anteproyectos con motivo del aniversario de la institución.
Eran varias categorías, espacios comerciales, grandes superficies, espacios públicos, dependencias de gobierno, viviendas, conjuntos habitacionales, y una categoría para arquitectos con menos de tres años de recibidos y sin obras construidas, algo así como una categoría para novatos.
Al momento pensé en presentar mi proyecto en esa categoría y fui al colegio de arquitectos para averiguar los requisitos para participar del concurso con mi proyecto.
Una semana después, lo presenté personalmente, entregando en papel todos los planos, perspectivas, e imágenes 3D impresas.
Una semana después, me llegó el mail, confirmando que mi trabajo había sido aceptado, y en la semana del aniversario del colegio, me avisaron que mi trabajo había resultado ganador y que en la fiesta de aniversario, se entregarían los premios, por lo que me invitaban a dicho evento.
Lo dije en mi casa una noche durante la cena, y fue como si les dijera que se había largado a llover.
No tenía ropa para un evento así, ni dinero para comprarla, pero fu mi amiga Clara quien me prestó un conjunto de pantalón y chaqueta a juego, que con una camisa blanca debajo, me haría ver presentable.
También avisé en casa de ese evento, sabiendo de antemano que ninguno de los dos se interesaba por mis cosas como para dignarse a ir.
En ese auditorio había mucha gente, algunos arquitectos que conocía por sus obras y otros de verlos en la facultad.
Estaba un poco nerviosa cuando anunciaron la entrega de los premios. Fueron llamando a los ganadores de cada una de las categorías, y les entregaba el diploma, alguno de los integrantes del jurados que habían evaluado la categoría.
Cuando llegó el turno de mi premio, me quise morir, quien me entregaría el premio y que había formado parte del jurado, no era otra que Victoria Fonseca, una reconocida arquitecta de la ciudad y cuyas obras conocía, y la admiraba mucho, ya que por ser mujer, se había ganado su lugar entre los hombres, con unos proyectos tremendos.
Subí al estrado cuando me llamaron, Fonseca me entregó el diploma, la foto de rigor con ella y el presidente del colegio, y los aplausos.
Cuando hubieron terminado de entregar todas las distinciones, pasamos a un salón donde el colegio ofrecía un servicio de lunch ara los presentes, poco más de cien personas.
Tomaba una gaseosa observando el ambiente, cuando se me acercó Fonseca con una sonrisa.
-Andrea…
-Sí…
Cómo que no me salían las palabras.
-¿Sabés quién soy?
-Claro que sí! He visitado todas tus obras en la ciudad, y he visto todos tus proyectos publicados, me apasionan tus trabajos! Te admiro desde hace tiempo!
-Bueno… Te quería felicitar personalmente por tu trabajo! Me encantó! Es un complejo tremendo, y el concepto y lo bien que resolviste todo me sorprendió!
-Muchas gracias arquitecta!
-Victoria nomás! Escuchame… ¿estás trabajando en algún estudio?
-Aún no! Tengo el título en trámite!
-Buenísimo! Me gustaría que trabajaras conmigo, no quiero que alguno se me adelante… ¿qué decís? ¿Te interesaría?
No lo podía creer, no solo me había felicitado por mi trabajo, sino que me estaba ofreciendo trabajar con ella, estaba como en una nube, y no tuve ni que pensarlo.
-Claro que sí! Me encantaría!
-Buenísimo! Te espero el lunes a la mañana! ¿Sabés donde tengo el estudio?
-Sí, claro!
-Ok! Te espero! Después de las nueve estoy, vení a la hora que puedas!
-Gracias Victoria! Mil gracias! No sabés lo que esto significa para mí!
No cabía en mí de tanta alegría, nunca lo hubiera pensado, trabajar con la arquitecta que tanto admiraba.
Ese fin de semana me pareció interminable, deseaba con ansias que llegara el lunes, aunque con la apatía de mi familia, ni siquiera se los comenté.
Salí de casa temprano, el estudio estaba a poco más de veinte cuadras de casa y me fui caminando.
A esa altura del año ya el calor del verano que se aproximaba me hizo llegar muy acalorada al estudio de Victoria.
Entré, saludé en general y cuando una chica me preguntó, le dije que Victoria me esperaba.
Un momento después, apareció desde su oficina, me saludó con un beso y me presentó a Ana, la chica que me había recibido y a Andrés, y faltaba María Marta, otra de las arquitectas que trabajaba con ella, pero que aún no había llegado.
Fuimos a su lugar de trabajo, una oficina separada del resto y con un buen desorden de papeles y planos.
Me habló de los trabajos que estaban desarrollando y de algunos más que tenían pendientes de comenzar, también del horario de trabajo, que aunque dependía mucho de lo que hiciera falta, en general era desde las nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde, salvo alguna visita de obra o encuentro con algún cliente, que podían ser fuera de ese horario.
Mis ingresos consistirían en un sueldo básico fijo mensual y luego los honorarios de las obras, ya sea por el proyecto o por la dirección de obra.
Hablamos casi hasta el mediodía, mostrándome los proyectos que tenían en marcha y los que tenían que encarar, entre ellos, una casa en un barrio privado para una familia, que Victoria me dijo que sería ese mi primer proyecto.
Los días siguientes también fui caminando, la liquidación del trabajo anterior, la había tenido que usar para comprarme algo más de ropa y hasta que no cobrara el primer sueldo, apenas me quedaban unos pocos pesos, y a mi padre no le pediría ni un centavo, hacía años ya que no lo hacía.
Un par de días después, cuando Victoria me vio llegar acalorada, me preguntó si había ido caminando, y con un poco de vergüenza, le comenté mi situación, y en ese momento me transfirió la mitad de mi sueldo, para que tuviera dinero para moverme.
El viernes de esa semana, fui con Victoria a una reunión con el matrimonio al que le tendría que diseñar la casa, y de camino me dijo:
-En esta primera reunión, vamos a estar las dos, pero las siguientes lo vas a hacer sola. Quiero que escuches todo lo que digan y preguntes lo que creas conveniente, lo necesario para entender lo que necesitan y de qué forma, yo les voy a explicar que serás la encargada de su proyecto, con mi supervisión, claro.
Aunque estaba bastante nerviosa al principio, la buena onda de esa gente me tranquilizó y pude escuchar y entender lo que deseaban para su casa.
Eran un matrimonio, ella artista plástica y el hombre, ingeniero en electrónica, con tres hijos adolescentes, seguramente en un futuro, estudiantes universitarios, por lo que debía pensar en habitaciones con lugar para sus estudios, incluso con algunos compañeros.
El matrimonio además, quería cierta independencia de sus hijos, como así también otra habitación para cuando la madre del ingeniero los visitaba.
Me explicaron de sus deseos para los espacios comunes, y los exteriores, con una pileta, un quincho para reuniones y un jardín.
Salí muy conforme de esa reunión, y un montón de ideas ya me rondaban la cabeza, habiendo entendido el estilo que querían para su casa, ya había empezado a pensar cada espacio.
No volví al estudio, Victoria me dejó en casa, con un auto de aplicación, que ella suele usar.
Con el entusiasmo, ese fin de semana solo salí de mi habitación, para hacer las cosas de la casa, y para el domingo a la noche, ya tenía los bocetos preliminares y unas perspectivas que dibujé a mano alzada para mostrarle a Victoria.
Reutilicé un proyecto que había hecho en la facultad y lo acomodé a lo que la familia necesitaba.
El lunes, usé por primera vez la aplicación y pedí un auto para ir al estudio.
Un hombre de unos cincuenta años era el conductor, y aunque Victoria me había dicho que viajaba habitualmente en el asiento del acompañante, ese hombre me pidió que lo hiciera en el de atrás, y casi no me dirigió la palabra durante el viaje.
Victoria tuvo una mañana agitada y no pudimos hablar del proyecto de la casa, pero seguí trabajando, ya se lo mostraría al día siguiente.
Al día siguiente por la mañana volví a pedir un auto a la aplicación para las nueve menos cuarto de la mañana.
Cuando salí de casa el auto ya me esperaba en la puerta, con la ventanilla abierta, el chico preguntó:
-¿Andrea?
-Sí, ¿Fernando?
-Así es!
Acercándome al auto le pregunté:
-Adelante o atrás?
Y con una sonrisa me contestó:
-Como quieras, yo prefiero adelante, para no tener problemas con los taxistas o los remiseros!
Me subí adelante, y le di la dirección del estudio. Fuimos conversando cosas normales para un viaje, del tiempo, del calor, de su trabajo y algo del mío, le dije tan solo que trabajaba en un estudio de arquitectura.
Llegamos al estudio le aboné el viaje, y nos despedimos amablemente.
Cuando llegó Victoria le mostré los bocetos preliminares de la casa, y luego de observar mis dibujos, levantó la vista y me dijo:
-¿Esto hiciste en tres días?
-Sí Victoria, aunque no desde cero, adapté a esta familia un proyecto que tenía hecho en el último año de la facultad.
-Es tremendo Andrea! Ya te digo que tenés un futuro brillante!
-Gracias Victoria! No sabés lo que significa para mí esto que me estás diciendo!
-No es otra cosa que lo que siento viendo esto, es más, estoy segura que a esta familia le va a encantar!
Hablamos por casi una hora, me hizo algunas observaciones, que recibí con agrado, me dijo que lo puliera y empezara a dibujar los planos y las vistas exteriores, y cuando lo tuviera listo, programaríamos una nueva reunión con el matrimonio.
La hora de irme volví a pedir un auto en la aplicación, y otro chico joven, de nombre Pablo fue quien vino a buscarme, pero que no me causó la misma impresión que Fernando.
Llegué a casa y trabajé un par de horas, mientras ponía ropa a lavar y preparaba la cena, y luego de juntar y ordenar todo, me fui a mi habitación y seguí trabajando hasta casi las doce de la noche.
Al día siguiente pedí un auto, y cuando salí de casa volvía a estar Fernando esperándome, nos saludamos y me subí a su auto.
De camino me preguntó si todas las mañanas hacía el mismo recorrido, le dije que sí y me dijo que podría ir a buscarme, sin necesidad de utilizar la aplicación, y el viaje me costaría un poco menos. Le dije que me parecía bien, y a partir de ese día Fernando me llevaba al estudio y a las cuatro de la tarde, me traía de vuelta a casa.
Durante esa semana me dediqué a ese proyecto, en las horas en que estaba en el estudio, y por las noches en casa, y para el viernes por la mañana, ya tenía los planos, y varias imágenes en 3D de los exteriores. Se los mostré a Victoria, y en ese mismo momento habló con su amiga para programar una nueva reunión. Sería el lunes por la tarde, nuevamente en su casa, pero esta vez, iría yo sola.
Ese fin de semana volví a trabajar en esa casa en cada momento que tuve libre, completando las imágenes exteriores, y algunas de los interiores. Victoria las vio en la mañana, y me felicitó diciéndome que estaba segura de que les iba a encantar.
La reunión era a las tres de la tarde, y a eso de las dos le pregunté a Fernando si me podía venir a buscar, esperarme lo que demoraba la reunión y luego llevarme a casa, me dijo que sí, y a las tres menos cuarto estaba en la puerta del estudio.
Al subir al auto le conté dónde iba y el motivo, y que estaba nerviosa porque era mi primer trabajo, y antes de bajar me deseo suerte.
La reunión fue más que satisfactoria para mí, como había dicho Victoria, al matrimonio le encantó la propuesta, tan solo hicieron unas pequeñas observaciones, respecto del color de la fachada, el tamaño de la pileta de natación, y del quincho, ambas cosas las querían un poco más grandes.
La resolución de los dormitorios, en dos alas diferentes, para darles independencia de sus hijos y los amplios espacios de estar, comedor y cocina, les encantaron.
Me despedí de ellos, que me acompañaron hasta la puerta, y quedamos para una reunión con Victoria en el estudio, para comenzar con la documentación a presentar para el comienzo de las obras, lo antes posible.
Al subir al auto no pude evitar las lágrimas de emoción, era mi primer trabajo, y estaba feliz, Fernando me miro con una sonrisa y me dijo:
-¿Cómo te fue?
-Excelente! Les encantó la casa y ya quieren empezar a construirla!
-Felicitaciones Andrea! Ahora a festejar!
Lo escuché y pensé, ¿con quién voy a festejar? Si al llegar a casa, a nadie le importará mi logro.
No sé qué cara habré puesto, pero cuando Fernando arrancó el auto y me preguntó:
-¿Hay alguien con quien festejar?
Pensé un momento en que decirle, más que nada por vergüenza, tan solo hubiera querido que mamá estuviera, pero le contesté:
-Vivo con mi padre y con mi hermano mayor, pero desde hace tiempo no les interesa nada de mi vida, con decirte que ni fueron a la facultad cuando entregué mi trabajo final, ni fueron al colegio de arquitectos cuando premiaron un trabajo mío... así que... no hay con quién festejar...
-Perdón si es indiscreta mi pregunta, ¿un novio con quien festejar tampoco?
-Tampoco...
Hicimos un par de cuadras en silencio, y en un semáforo en rojo me miró y me dijo:
-Si no me tomás como un desubicado, te invito a tomar un café, para festejar…
No me esperaba eso, pero me resultaba un chico agradable y respetuoso, y le acepté el café.
-Dale! Y te agradezco el gesto! Pero yo invito!
Se desvió del camino a casa, y paramos en un café. Fue un momento agradable, pedimos café y un tostado para cada uno, y cuando el mozo nos sirvió, Fernando levantó su taza de café, y me propuso un brindis por mi éxito.
Me causó gracia y no pude evitar la risa, tan solo para darme cuenta que hacía mucho tiempo que no me reía de esa manera.
Durante la charla me contó un poco de su familia, que sus padres habían fallecido, que tiene un hermano mayor que vive en España, qué hacía cerca de cinco años que no lo veía, y que no conocía personalmente a su pequeña sobrina de casi dos años.
También me contó que había trabajado en una empresa de distribución de alimentos, que había quebrado, dejándolo sin trabajo, y que con la liquidación de esa empresa, y unos pesos que tenía ahorrado, cambió su auto y se puso a trabajar para la aplicación, al menos hasta que consiguiera un trabajo mejor.
Yo le conté de la muerte de mi madre y lo que había significado en mi vida, y también la relación que tenía con mi padre y con mi hermano, bueno la no relación.
Fue tan amena la charla, que cuando quise acordar eran las siete de la tarde, yo tenía que volver a casa, y él supongo que a seguir trabajando. Me llevó hasta casa, y aunque le insistí, no me cobró esos viajes ni la espera, como un regalo por mi éxito.
Entré a casa y llamé por teléfono a Victoria, contándole todo lo que había ocurrido en la reunión, y que lo antes posible, esa gente quería comenzar con la obra.
No podía sentirme más feliz, pero el solo hecho de entrar a casa, y de saber que nadie se alegraría por lo que me estaba pasando, me bajoneó.
Finalmente esa obra comenzó, y aprendí junto a Victoria, toda la tramitación necesaria en las dependencias municipales para la habilitación y la construcción.
Como aún no tenía mi título, fue Victoria quien firmó el expediente, pero fui yo quien cobró los honorarios por el proyecto, y también cobraría los de dirección de obra, conjuntamente con Victoria.
Había cobrado mi primer trabajo, y ya Victoria me había dado el siguiente, con todo ese dinero en mi cuenta bancaria, en lo primero en que pensé, fue en alquilar un departamento y poder mudarme por fin.
Fue por Victoria que un par de semanas después, conseguí un departamento, pequeño pero a un buen precio, y que para mí era más que suficiente.
Imaginaba lo que podría suceder en casa con mi padre, cuando le dijera que me iba a mudar, y ya había pensado en que no me llevaría nada de mi casa, solo mi ropa y mi computadora, no quería deberle nada, ni que me reclamara nada.
La decisión ya estaba tomada, no me importaría cuál fuera la reacción de mi padre o de mi hermano, saldría de esa casa, porque necesitaba pensar en mi vida, en mi futuro, ese que yo misma y con mi esfuerzo, me había propuesto.
Hice el contrato de alquiler y cuando me entregaron la llave, comencé a comprar lo que me haría falta, una pequeña heladera, una cama, una mesa con cuatro sillas, algunos utensilios de cocina, sábanas, toallas y demás cosas básicas, ya luego me iría comprando el resto.
Durante dos semanas estuve acomodando mi departamento, recién cuando ya estaba todo listo como para instalarme, lo dije en casa.
Fue durante una cena, mi padre hablaba con mi hermano cosas del trabajo, y como en casi todas las cenas, no hablaban conmigo, estábamos terminando de cenar cuando se los dije:
-Les quería comentar qué alquilé un departamento y me voy a mudar...
Mi hermano hizo una sonrisa que no supe entender, y mi padre levantando la vista y viéndome dijo:
-¿Conseguiste otro boludo que te mantenga?
Sabía que no podía esperar ningún comentario positivo de mi padre, pero escuchar eso fue como una patada en el culo.
-No! No necesito que nadie me mantenga, yo me banco sola, con mi trabajo.
-Qué pendeja desagradecida! No te importa nada! Claro, ya tuviste techo y comida, pudiste estudiar, y ahora te mandas a mudar!
No pude evitar enojarme.
-Sí pude estudiar, fue porque yo misma me banqué la carrera, nunca te pedí un puto peso, y fui la sirvienta de ustedes dos, ahora quiero vivir mi vida.
-Andate! Desagradecida de mierda! Pero desde ya te digo, que en el momento en que salgas por esa puerta, no volvés a vivir aquí!
-Quédense tranquilos los dos, no tengo intenciones de volver a vivir aquí, me cansé de ser la sirvienta sin recibir ni un puto “gracias”!
-Era tu deber! Desde que murió tu madre era lo que tenías que hacer!
-Claro, muerta la sirvienta madre, quedó la hija sirvienta! Pero bueno, a partir de ahora, se la tendrán que arreglar solos, supongo que con las ganancias de tu empresa, podrás pagarle a alguien para que haga lo que hacía la boluda…
-Pendeja de mierda!
Me levanté de la mesa sin decir más nada, y sin juntar un solo plato y me fui a mi habitación.
La situación no daba para más, y al día siguiente juntaría todas mis cosas y me iría a mi departamento.
Me levanté un par de horas más temprano al día siguiente, en bolsas guardé toda mi ropa, desconecté mi computadora, y dejé todo listo para llevarme todo en la tarde. Como un último favor, les dejé preparado el desayuno y volví a mi habitación, a esperar hasta que se fueran.
Cuando Fernando me vino a buscar, le pregunté si por la tarde, al volver del estudio, podíamos llevar todas mis cosas en su auto a mi nuevo departamento, y me dijo que sí.
Le comenté a Victoria lo ocurrido en casa al llegar al estudio, y me dijo que había hecho bien, que seguir viviendo en esa casa, me iba a terminar amargando la vida.
Cuando salí del estudio fuimos con Fernando a buscar mis cosas, no era mucho lo que tenía que llevar, y entró todo en el auto, por lo que tan solo tuvimos que hacer un viaje.
Cuando salí de casa, cerré con llave la puerta de entrada, y luego de cerrar con llave la reja, tiré mis llaves hacia adentro, y lo sentí como un acto de liberación, cómo que a partir de ese momento, comenzaba mi nueva vida.
Fernando me ayudó a subir todas mis cosas, el departamento estaba en un quinto piso, y como agradecimiento, lo invité a tomar unos mates con galletitas, en ese momento era lo único que podía ofrecerle.
Cuando se iba lo acompañé hasta la puerta, y le dije que a partir del día siguiente me viniera a buscar a mi nueva casa.
Acomodé mis cosas, compré algo para cenar y ya acostada en la cama, con una sensación de paz qué hacía tiempo no sentía, pensé en mamá, en cuán diferente hubiera sido mi vida, si ella no se hubiera ido.
Y me dormí pensando, que esa era la primera noche de mi nueva vida.
Continuará…
Relatos similares
- Hetero: General
Frambu y su cóctel de vida II
Nunca había besado a nadie, pero esa noche la regla cambió. En la oscuridad de un auto y luego en la intimidad de su habitación, él prometió ser el…
Comparte:Infidelidad ocultaInocencia perdidaIn medias res
- Hetero: General
Las lecciones de la señorita Larsson
La señorita Larsson le prometió que el domingo sería diferente, pero nada la preparó para la lección de Conrado.
Comparte:Infidelidad ocultaRelacion profesor alumnaInocencia perdida
- Hetero: General
Mi primera vez… fue con una mujer madura
José siempre supo que Carmen era diferente, pero nunca imaginó que la amiga de su madre se convertiría en su maestra.
Comparte:Infidelidad ocultaRelacion profesor alumnaInocencia perdida
- Hetero: Infidelidad
Cornudo oficial- Parte (1)
Dos años de amor puro y valores estrictos se desmoronan en una sola noche. Con el peso de la virginidad y la promesa de un futuro juntos, Esteban y…
Comparte:Infidelidad ocultaInocencia perdidaIn medias res
- Hetero: Infidelidad
El Regreso de un Amor Olvidado - Parte 11
Emma le niega el sexo, pero le ofrece algo más prohibido: sus senos y su control absoluto. ¿Podrás resistirte a ser su 'pequeño' mientras ella decide…
Comparte:Infidelidad ocultaRelacion profesor alumnaInocencia perdida
- Hetero: General
Carolita (3)
El laboratorio se vacía, pero la lección apenas comienza. Carolita sabe que este viernes no será como los demás: hay una webcam encendida, una…
Comparte:Relacion profesor alumnaInocencia perdidaIn medias res