Xtories

Impulsos indecentes. Cap 2. Correrse en un atasco

Martín creía que su secreto estaba a salvo en la terraza. Pero Abril lo vio todo. Y ahora, atrapados en el tráfico, ella ha decidido que el castigo por ser un pervertido es disfrutarlo hasta el límite.

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Martín se había quedado embobado mientras miraba cómo se marchaba de espaldas. Ahora parecía que tenía aún más curvas que antes y que hacía más calor. Tenía su olor aún pegado, un perfume dulce. La historia del cuñado le había calentado más de lo que debería. Era un tipo serio y aburrido, y esa imagen era la que debía dar. Miró a su alrededor y vio que los más próximos estaban bastante lejos. No le verían… No debía hacerlo, pero si lo hacía, nadie le vería. Estaba seguro.

Deslizó una mano bajo la mesa y la apoyo sobre su pantalón. En el centro de la entrepierna. Apretó la mano.

Joder, que placer.

Había fantaseado muchas veces con tocarse en público. En el ave, en un parque, incluso en la tienda, pero era una ilusión, no pretendía llevarlo a cabo.

Pensaba en sus labios mientas rozaba la tela del vaquero. Se sentía un pervertido y se daba asco a sí mismo, pero no podía parar.

Un segundo y vio como Abril regresaba.

Mierda, tenía que parar. No podía verle hacer eso. Intentó decirle a su mano que ya basta, sin éxito.

Ella estaba a ocho pasos.

Joder. Estoy a punto. No. ¡Para!

La veía a solo unos metros, distinguía a esa distancia sus rasgos perfectamente.

Su mano obedeció y se apoyó encima de su pantalón, por fin. Estaba sudando. Se secó apurando la cara con una servilleta y la tiró al suelo justo en el momento en que ella se sentaba.

-¿Una servilleta en el suelo?. Al final voy a ser yo quien llame a la policía. -se reía a pleno pulmón.

-No, discúlpame. No suelo hacer eso. -se agachó a recogerla.

-Joder. ¡Que serio! Estaba de broma. Vamos, necesito que me acerques a casa, antes de que apaguen la música o me tocará recoger.

Se levantó riéndose aún.

Cuando Martín cerró la puerta del coche y el motor arrancó, el aire del cubículo estaba cargado de electricidad. Ella se acomodó en el asiento, relajada mientras él conducía, concentrado en la carretera, pero su mente sigue en la terraza y en lo que acaba de hacer allí. Siente un nudo en el estómago, el deseo insatisfecho que lo consume y una extraña mezcla de culpa y adrenalina. Hace que la tensión en su pantalón sea insoportable. Su cuerpo aún responde a la excitación, pero su mente está desbordada por la inseguridad. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo pudo dejarse llevar tanto? Él no es así. Es un hombre hecho a sí mismo, respetado y recto.

Sigue mirando la carretera, pero se da cuenta de que se ve lo lejos una luz amarilla que parpadea. Mantenimiento de carreteras, retenciones y obras. Joder. No puede aguantar un atasco con ella ni de coña. Se lo repite mientras aminora.

Un operario con un stop enorme les corta el paso. La mira, sonríe con timidez.

-Un atasco para rematar la noche. - dijo irónico.

- Los atascos pueden ser increíbles si se aprovechan bien. – sonrió y encendió la radio del coche. Una emisora de música clásica era la que tenía Martín configurada. Aburrido como él.

- ¿Qué quieres decir? – se ponía cada vez más tenso.

Abril guardó silencio, giró la cabeza y le miró cómplice. Durante todo el trayecto pensaba en cómo había visto de lejos a Martín juguetear con su mano en el pantalón. Joder. Así no hay quién se centre. Creía que ir al baño sería suficiente para aliviarme pero este tipo me provoca con tanta contención. Rompe el silencio con una voz baja, casi susurrante.

-Puedes contarme eso qué has hecho en la terraza mientras yo no estaba, por ejemplo.

-¿Co-cómo?- no pudo evitar tartamudear. Y ella cómo sabía lo que había hecho él en la terraza en su ausencia. Esta chica es peligrosa.

-Vale, finjamos que no ha pasado si es lo que quieres. O ¿quizá no es lo quieres? -lo dijo de forma casual, pero con malicia en el tono de voz.

-No lo sé….- le temblaba la voz.

-Yo sí lo sé, te vi tras la barra, como tu mano estaba muy entretenida con algo de tu pantalón. ¿Se atascó la cremallera, quizás? – sonrió mirando la cintura de Martín. Veía el bulto de debajo. Incómodo, encerrado y censurado, dentro de la tela.

-Yo…yo no he podido evitarlo. -confesó confuso. No podía haberle visto, había sido cuidadoso…

- Yo tampoco… - esa risa juguetona que tanto le tensa. – Salí corriendo al baño para darme un poco de tregua. Invertí ese tiempo como tú, un poco mejor, porque me corrí allí mismo, mientras tú estabas… tan caliente, esperándome en la terraza. – observaba su boca, que se abría y cerraba como un pez, buscando aire. Revisó de nuevo hacia abajo y el bulto había crecido.

-¿Qué has dicho que has hecho en el baño? – no podía apartar los ojos del carril, era estrecho y lleno de indicaciones y resaltos. Joder, tengo que serenarme. Me aprieta el cinturón y tengo demasiado calor. -Encendió el aire acondicionado.

-Lo sabes. Lo notas. Lo hueles. Y reaccionas bien a ello. – sonrió pícara mirando su entrepierna y alargó la mano, apoyándola ahí. Estaba muy duro. Me moría por tocarlo.

Llegan a un semáforo y un operario le indica que pare un momento mientras cruzan otros vehículos.

-No puedes hacer eso ahora…No puedes, es demasiado, pueden vernos y la carretera es peligrosa. – soltó las excusas atropelladas que pudo. Agarraba el volante con unas manos que no paraban de sudar

-¿Aún notas presión por aquí, cierto?. – acariciaba su pene por encima despacio, apretando cada dedo a su paso. -Parece que tienes algo atrapado que te pone tenso. ¿Duele? -apretando con la mano su verga.

-Si…si…duele…..- gime ronco y se concentra en conducir. -No deberíamos hacer esto, Abril.

-Es verdad. No deberíamos. Es peligroso e inmoral. Además no te conozco de nada. – bajó despacio la cremallera, apartó el cinturón de seguridad para maniobrar mejor con la otra mano, y bajó el vaquero un par de centímetros para sacar su verga entera. Allí estaba dura y sudada. Abril la había liberado. Se mordió el labio, excitada.

-No….no puedo creerlo. -Notaba cómo la mano de Abril le llenaba de tensión, de calor y de deseo. Respiraba más fuerte. Apartó la mirada un segundo de la carretera y vio que ella se tocaba con la otra mano. Su vestido subido hasta su vientre dejaba ver un tanga negro sencillo. Los dedos de ella se movían bajo su ropa interior. Escuchaba como gemía. Y gimió él. -Joder, Abril. No hagas esto. No lo hagas.

-Ay perdona. No me di cuenta. -su mano iba más deprisa, arriba y abajo, deslizando la piel de su polla llenándole de placer y a sí misma de lujuria. Le encantaba esa verga tan difícil de conseguir y de satisfacer. Lo hacía cada vez más deprisa.

-Joder sí…. – el placer le invadía y no podía pensar. Todas sus neuronas estaban al volante. Ahora conducía más despacio, en caravana. Había operarios a ambos lados de la carretera que estaba muy iluminada para evitar accidentes esa noche.

-¿Paro? – estaba a punto. Lo estaban los dos. Se relamía sin parar de masturbarle a él y a sí misma. Sus manos no perdían fuerza ni ritmo.

-No. No pares ahora. – ahogó un gemido mayor pero su voz era muy ronca. -No puedes parar ahora. – mierda. Alguien podría ver lo que hacían tras las ventanillas si prestaban un poco de atención. Su polla se sacudió indicándole que esa idea le excitaba aún más. Miraba a Abril gozar y tocarse. Una escena muy porno.

-Menos mal, porque estoy a punto y no quería privarte de otro orgasmo que te pertenece. – se centró en sí misma, se tocaba más rápido aún. Tres dedos dentro entrando y saliendo con fiereza, el pulgar en el clítoris para darse el máximo gozo. La canción terminó justo cuando lo hacía ella. -Ahhhh!!!! Bufff!! Qué ganas!! Puff…..estoy empapada. Se corrió agitando su cuerpo un par de veces, en secas sacudidas. Le veía cómo la observaba a intervalos, a parpadeos. -No te distraigas, conduce con cuidado.

-¿Te acabas de correr aquí delante de mi? – su polla avisaba mediante pulsiones que estaba a punto.

-No. Me acabo de correr aquí contigo y para disfrute de ambos. Ahora tengo que atenderte, estás tan duro que tienes que soltarlo. – apretaba más la mano, la agarraba con fuerza, más deprisa. Arriba y abajo. Acariciaba el glande con el pulgar. -Vamos, no te contengas más. Debe ser agotador comportarse con tanta rectitud…

-Si sigues así, me voy a correr. No podemos hacer eso en el coche. Es peligroso.-su polla le decía lo contrario.

-Lo es. Mucho. No gozar lo que deseas también lo es. Libérate, Martín. – agachó la cabeza y le lamió la punta despacio. -Umm sabe a la leche que aún no he probado. Se la metió un par de veces en la boca, succionándole la polla con ansia.

-Abril, para que me corro. -no podía más. Se dejó llevar por el deseo, concentrado en conducir sintió cómo explotaba. Sintió como su polla liberaba una bomba, que le apretaba los huevos desde hacía un tanto que se le había hecho interminable. El clímax, sin embargo, duró solo un segundo. Notó humedad en las piernas, bajó la vista y todo aquella rabia líquida estaba pegado en sus pantalones, manchándolo todo.

Ella se separa lentamente de él, con una expresión satisfecha. Se baja el vestido y se coloca bien la ropa. Le hace una señal, para que tome la siguiente salida. Un minuto después están frente a un edificio de apartamentos nuevos en ladrillo rojo.

-Es aquí. Gracias por traerme y por no llamar a la policía. Espero que la próxima vez que te excites no te frenes tanto. – sonrió con una mueca y se bajó del coche sin decir nada más.

CONTINUARÁ.....