Xtories

La pendiente resbaladiza 4

Vero no solo le cuenta a su marido lo que hizo con José, sino que lo vive con él. Cada beso, cada gemido y cada riesgo en la oficina se convierte en un nuevo capítulo de su segunda luna de miel. ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar para mantener la llama encendida?

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Al día siguiente, en la oficina, Vero no podía explicar porque, pero no le había afectado tanto como otras veces la experiencia del día anterior, podía tratar con casi total normalidad a José, lo único que le pasaba, era que seguían viniéndole imágenes a la cabeza, ese día la más recurrente era la de la polla de José escupiendo sobre sus pechos, al recordarla le entraban unas ganas terribles de metérsela en la boca y sentir sus descargas, también le venian flashes de como el día anterior, José la había penetrado doblándola sobre la misma mesa donde ahora se sentaba, ya se había imaginado alguna vez que eso sucedía y siempre la había excitado pensarlo, se podría decir que había cumplido una de sus fantasías, lo malo es que ahora notaba cierta intranquilidad simplemente con sentarse en su sitio. A pesar de las imágenes y de que se pasó casi todo el día excitada pudo mantener la compostura y tratar con normalidad a José. Eso sí, cuando llego a casa no veía el momento de irse a la cama con su marido y contarle la segunda parte de lo sucedido, hasta que por fin llegó el momento.

-¿Quieres que te cuente que más sucedió ayer en la oficina?

-Si por favor me muero de ganas por saberlo.

-Pues poco antes de la hora de salida José me pidió que me quedara para terminar unas cosas, yo intuía que podría tener otras intenciones pero aun así acepté. Cuando nos quedamos solos me dijo que antes no había podido ver bien mis bragas por delante y que como por detrás eran muy bonitas se había quedado con ganas de verlas completas, con esa excusa me pidió que se las enseñara. A mí no me pareció mal ya que eran de las que vais a producir y como tú dijiste, tiene derecho a verlas para saber lo que va a vender.

-¿Seguro que a ti no te hacía un poco de ilusión enseñárselas también?

-Bueno, un poco, son muy bonitas y quería ver la cara que pondría cuando se las enseñase, estaba segura de que le iban a gustar mucho. La cosa es que me subí la falda para mostrárselas, me dio bastante vergüenza hacerlo, pero lo hice, él se quedó mirándolas un buen rato como si hubiera visto pasar un ángel. Así estábamos cuando José alargó la mano y comenzó a tocármelas, yo protesté, pero no me hizo ningún caso, y no te creas que me las tocaba inocentemente, estaba frotando mi clítoris y mis labios.

En ese momento Vero comenzó a masturbar a su marido y él la correspondió metiendo la mano en su sexo.

-Ummm, estás mojada con solo recordarlo, me parece que a ti también te gustó lo que te hacía, seguro que cuando te tocó, pudo sentir tu humedad.

-Eso siempre me da muchísima vergüenza, que note como me pongo con las cosas que me hace lo llevo fatal, pero tengo que reconocer que me tocaba muy bien y no tardo en hacer que se me pasase. Tampoco se quedó contento con eso, me aparto las bragas y me empezó a lamer, volví a decirle que parara pero me ignoro de nuevo. No te imaginas como estaba José, hundía la cabeza en mi sexo y me succionaba el clítoris como si quisiera arrancarlo, como puedes entender a mí ya me estaba costando mantener la compostura pero cuando introdujo sus dedos en mi interior e inicio el mete saca mientras seguía devorando mi clítoris no pude evitar gemir. Me llevo hasta el borde del orgasmo.

La polla de Antonio ya tenía cierta consistencia, Vero llevaba todo el día queriendo sentir algo en su interior así que en cuanto notó que tenía la dureza suficiente se subió sobre su marido, se apartó las bragas y se la introdujo, no tuvo ningún problema en metérsela entera de un solo empujón, mientras continuaba con la historia comenzó a cabalgar lentamente a su marido porque no quería que se corriera enseguida, deseaba disfrutar un poco de la penetración.

-Yo pensaba que me iba a hacer llegar con su cara hundida en mi sexo pero se apartó y descubrió su polla apuntándola a mí entrada. Intenté que entrara en razón, en ese momento sentí que te estaba siendo infiel y se lo dije, incluso me ofrecí a chupársela para que no me follara pero volvió a ignorarme.

-Ya me imagino que al verla te entrarían ganas de comértela.

-La verdad es que si, te admito que por la mañana me había quedado con ganas de que terminara de descargar en mi boca y me apetecía mucho volver a comérmela, pero no me dejó, en vez de eso comenzó a penetrarme sobre mi escritorio.

Antonio notaba que se acercaba su orgasmo y quería que su mujer también disfrutara así que llevo la mano hasta su clítoris y empezó a masturbarla mientras ella seguía cabalgándole al trote.

-Ummm, yo ya estaba muy excitada y notar como iba abriéndose paso en mi interior hizo que volviera a gemir muy fuerte, además me desabrochó los botones de la camisa, saco mis tetas del sujetador y se puso a tocármelas mientras continuaba clavándomela cada vez más profundo.

Vero vio en la cara de su marido que estaba a punto de eyacular y redujo al mínimo los movimientos de su cadera, por el contrario Antonio aumento el ritmo de la masturbación que le estaba dando a su esposa.

-Yo empecé a correrme y el siguió empujando cada vez más, hasta que consiguió meterla entera, eso hizo que la intensidad de mi orgasmo fuera aumentando, no paraba de correrme, además cuando consiguió que su cuerpo chocase contra mi clítoris, aumento todavía más la fuerza de sus embestidas y provocó que chillara de placer. No sé cuánto tiempo estuve corriéndome, fue súper intenso, pero sin dejarme tiempo para recuperarme me dio la vuelta, me dejó doblada sobre mi escritorio con el culo totalmente expuesto, note como agarraba con ansia mis nalgas y volvió a penetrarme, quise quejarme para que parase pero me la metió prácticamente hasta el fondo en la primera estocada y no pude pronunciar palabra.

Vero sentía que la polla de su marido había cogido algo más de dureza en su interior, eso significaba que debía estar muy excitado, ella estaba muy cerca del orgasmo, pero aunque sentía unas ganas irrefrenables de aumentar el ritmo, consiguió contenerse porque sabía que si se movía, Antonio eyacularía y se le acabaría la diversión.

-Cuando ya le sentía rebotar contra mi culo metió su mano en mis bragas para masturbarme, le notaba totalmente fuera de si, le oía respirar muy fuerte detrás mío, me estaba dando con muchas ganas y tardo muy poco en hacer que volviera a correrme, sacó su mano de mis bragas y me separó las nalgas haciendo que las penetraciones fueran todavía más profundas.

En ese momento Vero sintió que llegaba al orgasmo y se puso a cabalgar a su marido con todas sus fuerzas, Antonio en cuanto su mujer aumento el ritmo, empezó a eyacular en su interior, le agarro las tetas con fuerza mientras lo hacía, cuando termino de correrse vio como su mujer todavía estaba teniendo los últimos espasmos, Vero se dejó caer sobre él y se dieron un profundo beso. Hacia muchos años que Antonio no conseguía darle un orgasmo a su esposa penetrándola y además habían terminado a la vez. A Antonio se le saltaron algunas lágrimas de la emoción y Vero se las beso. Se quedaron quietos fundidos en un abrazo un buen rato, hasta que Antonio se decidió a hablar.

-Cariño, ha sido maravilloso, me encantaría repetirlo tantas veces como podamos.

-Ha sido increíble, estaba convencida de que no volveríamos a sentir esto juntos, no te puedes imaginar cuánto me alegro.

Volvieron a fundirse en un abrazo.

-Vero, aunque ya hayamos acabado, me gustaría saber cómo terminó.

-Ya está todo amor, sacó su polla de mi interior y se corrió dentro de mis bragas, sobre mi culo.

-Ahora entiendo como llegaste ayer tan cansada.

-Me dejo exhausta, me estuvieron temblando las piernas incluso después de llegar a casa.

-Quiero que aproveches cada oportunidad que tengas de follártelo y que luego me lo cuentes.

-Ya veremos Antonio, ya debe de pensar que soy una auténtica guarra, con la que puede hacer lo que quiera y no me apetece que empeore su opinión, además no sé cuándo se cansará de mi, y para colmo, sigue dándome mucha vergüenza que alguien que no seas tú, me haga esas cosas, lo que puedes tener por seguro es que si ocurre algo te lo voy a contar siempre, estoy muy feliz de volver a compartir esto contigo.

Volvieron a besarse y se acurrucaron para dormir.

Al día siguiente Vero se levantó pletórica y se fue a la oficina con una sonrisa de oreja a oreja. Cuando se sentó en su sitio volvió a acordarse de cómo José la había empotrado en esa misma mesa y sintió como se humedecía, pero no le importo, gracias a eso, estaba viviendo una segunda luna de miel en su matrimonio. Pasaban las horas y no veía a José por ningún lado, hasta que se acercó a su mesa y le comentó que necesitaba que Antonio le firmase unos papeles y que estaría bien poder entregarlos el lunes, ella pensó en como podían hacerlo porque ese fin de semana se tenían que ir a una boda e iba a estar complicado devolvérselos, José se ofreció a ir esa tarde a casa de Vero a recogerlos firmados, Vero pensó que igual se estaba metiendo de nuevo en un lío y le volvieron a asaltar las imágenes de la polla de José metiéndose en su boca, también recordó lo felices que estaban siendo con estos jueguecitos y decidió decirle que de acuerdo, que se pasase cuando pudiera, él le respondió que perfecto y que tenía que dejarla, que había un lío tremendo con un proyecto e iba a pasarse todo el día de reuniones. Le entrego los papeles para que los firmara Antonio y no volvió a verlo en todo el día.

Al llegar a casa le dijo a Antonio que José se pasaría luego a recoger los papeles firmados, a Antonio se le iluminó la cara.

-¿Que estás pensando Antonio?

-Creo que deberías cambiarte de ropa -Le dijo sonriendo.

-¿No quieres desaprovechar ninguna oportunidad verdad?

-¿Me harás caso?

-No te prometo nada ya lo sabes.

Un rato después Vero apareció con su vestido de estar por casa de siempre. Antonio se decepcionó un poco al verla, es verdad que le quedaba muy bien pero esperaba más.

-Al final no me has hecho caso.

-No voy a recibir a José medio desnuda.

-¿Ni siquiera te has puesto ropa interior bonita?

Antonio levantó la falda del vestido para comprobarlo, su mujer se había puesto otro conjunto de su amiga, tenía unas bragas blancas de talle muy alto con encajes que dejaban ver la sombra de su vello.

-Para Antonio -Le respondió mientras le golpeaba la mano para que soltase la falda y sonreía pícaramente.

Hasta media tarde no llego José, Antonio le invito a pasar y se quedaron un rato charlando los tres en los sofás, al poco de empezar a hablar Antonio dijo:

-¿Sabes José? Hoy mi mujer lleva puesto otro conjunto de su amiga, me gustaría que lo vieras, es muy distinto a los otros, pero también es precioso.

En cuanto oyó eso sintió como despertaba su picha.

-Antonio no puedes pretender que me desnude cuando tú quieras.

-No es desnudarte, es solo subirte un poco la falda.

Mientras decía esto, Antonio subía la falda de su mujer. Por lo rápido que se le puso dura, todos pudieron ver que a José le encanto lo que vio.

-Muéstraselas bien Vero -Le abrió un poco las piernas a su mujer.

-Ya es suficiente Antonio, yo creo que ya se hace una idea.

-Estaría bien que le enseñes la parte de arriba también.

-No puedo, sabes que por casa no uso sujetador.

-No pasa nada, yo voy a por él y te lo pones.

Vero iba a protestar pero Antonio se levantó y

se fue dejándolos a ellos dos solos, Vero se moría de vergüenza ahí sentada, con la falda subida y las piernas entreabiertas, sola, con José mirándola mientras se le marcaba todo en el pantalón, no aguanto mucho y, roja de vergüenza, se coloco correctamente la falda justo antes de que volviera su marido con el sujetador.

-Vero ¿Por que te has bajado la falda? la gracia es que vea el conjunto.

-No estoy cómoda enseñando las bragas Antonio.

-Bueno por lo menos ponte el sujetador para que lo veamos.

-¿Aquí en medio? Con los dos mirándome, ni hablar.

-Vamos, ya está bien de vergüenzas -le dijo mientras le quitaba los tirantes del vestido.

-Por favor, Antonio.

José sabía que no había que hacer mucho caso a lo que dijera Vero, pero ver como se colocaba la falda antes le había hecho pensar, aunque no las tenía todas consigo, que está vez lo estaba pasando mal de verdad, además en cuanto su marido descubrió sus pechos, Vero se levanto haciendo ademán de marcharse pero se quedo quieta y bajo la cabeza, no se atrevía a mirarle.

-Antonio déjala, si está incómoda, puedo ver el sujetador sin que se lo ponga.

-No te preocupes, es muy vergonzosa pero no lo pasa tan mal como parece, tócala ahí abajo, seguro que ya está mojada.

-Antonio ¿Cómo se te ocurre decirle eso?

-¿Me vas a decir que no tengo razón?

Antonio le subió la falda a su mujer y la sostuvo así. Vero volvió a agachar la cabeza, avergonzada, sin decir nada.

-Vamos José tócala, vas a ver como tengo razón.

Vero seguía con la cabeza agachada, José entendió que si Vero no se había marchado era porque lo estaba disfrutando, alargó la mano para tocarla y comenzó inmediatamente a frotarla, Vero soltó un pequeño suspiro.

-¿Tengo razón o no tengo razón?

-Creo que si, pero para estar seguro tengo que tocarla directamente.

José metió la mano dentro de sus bragas y empezó a masturbarla.

Vero seguía muerta de vergüenza, pensaba que debía haber una forma de hacer esto sin tener estar con las tetas al aire, mientras su marido le levantaba la falda para que otro hombre meta la mano en su sexo, pero tenía que admitir que lo estaba disfrutando muchísimo. José se puso a chuparle las tetas, pero al poco rato paro y le dijo al oído:

-Por favor sacamelá, me la has puesto tan dura que me está doliendo.

José siguió jugando con su lengua en sus pezones, Vero deseaba sentir esa polla y la sacó de su prisión para empezar a masturbarle. Antonio sentía que a su mujer le estaban flojeando las piernas y dijo:

-Creo que todos estaríamos mejor en la alfombra.

En cuanto José sacó la mano de sus bragas, Vero se arrodillo en el suelo y cuando levantó la cabeza vio la polla de José a la altura de su cara, le pareció tremendamente apetitosa, no pudo resistirse a metérsela en la boca y comenzar una mamada. José la agarró y la tumbo en la alfombra mientras ella seguía comiéndosela, se coloco en posición de 69, le aparto las bragas y hundió su cara en su sexo. Vero gemía con la polla enterrada en su boca, movía las caderas y agarraba la cabeza de José empujándola contra ella. El orgasmo de Vero era inminente y José lo noto, se separó de ella y se dispuso a metérsela, quería que se corriera con su polla clavada en el coño. A Vero se le escapó una cara de decepción cuando José se movió para quitarle ese maravilloso caramelo de la boca, pero cuando vio que se la iba a follar, suspiro, y se relajo abriendo más las piernas, José le quitó las bragas y se entretuvo admirando su entrepierna, puso su polla en la entrada, le agarro una teta y comenzó a jugar con la otra mano en su clítoris, al tiempo que la iba penetrando poco a poco. Vero veía la cara de lujuria de José mientras su cuerpo temblaba de placer y comenzó a correrse, José siguió igual, metiéndosela lentamente a la vez que la masturbaba y jugaba con sus pezones, ni siquiera quiso profundizar más en sus penetraciones, Vero se retorcía de placer en un orgasmo eterno. Al terminar la dejo descansar un poco, la puso a cuatro patas, se coloco detrás de ella y la volvió a penetrar lentamente mientras agarraba sus nalgas, cada vez le gustaba más ese culo y estaba dispuesto a follárselo, ahora si que iba metiéndosela cada vez un poco más, antes de haberla enterrado entera comenzó a jugar con su dedo en el culo de Vero, le hacia círculos sobre su esfínter y lo apretaba, a ella le sorprendió, nunca le habían hecho nada por ahí, al principio se tenso, pero rápidamente empezó a disfrutar las caricias en su ano. José espero hasta habérsela metido entera para empezar a introducir un dedo en su culo. Vero gemía y resoplaba, se sentía llena y ese dedo estaba multiplicándole las sensaciones. José siguió follándola lenta pero profundamente, mientras, avanzaba con sus dedos, ya le había metido dos cuando sintió que Vero se iba a correr, sacó su polla y la apuntó al culo de su compañera que tantas veces había deseado, comenzó a hacer presión sobre su esfínter.

-Por favor por ahí no, la tienes muy grande.

-Dejame solo un poquito, tú culo me vuelve loco.

Vero estaba a las puertas del orgasmo y necesitaba que se la metiera ya, no estaba en posición de negociar, así que no dijo nada más.

José miro a Antonio y este le hizo un gesto para que continuase. Hizo un poco más de presión y entró la punta, con una mano le agarró una nalga, la otra la llevo a su sexo para masturbarla y comenzó un lento mete saca, Vero no emitía ningún ruido, dejo de gemir y jadear, ahora solo se la oía respirar bufando. José apenas había conseguido metérsela un poco cuando Antonio se sacó su polla erecta y la acerco a la boca de su mujer, ella se la introdujo con ansia en la boca, José empezó a penetrarla todavía más lentamente, en parte para permitir a Vero concentrarse en la polla de su marido, en parte para que ese culo fuera adaptándose a él y en parte porque quería disfrutar ese momento, no sabía cuantas veces había deseado hacer eso en la oficina, miles de veces se había imaginado que apoyaba a Vero en una mesa, le subía la falda y apartándole las bragas se la metía por el culo.

En ese momento Vero había perdido completamente el control, estaba totalmente salida, incluso echaba de menos no tener una tercera polla para su coño, mientras se la chupaba a Antonio comenzó a moverse para clavarse más la polla de José. Con las ganas que le estaba poniendo Vero a la mamada, su marido no tardo nada en agarrarla por la cabeza y correrse en su boca, sentir el esperma derramándose era algo que Vero disfrutaba muchísimo, le daba esa sensación de sentirse deseada que tanto el gustaba. José, al ver que Antonio se separaba, aprovecho para dejar salir las ganas que tenía de darle más duro al culo de Vero, fue aumentando el ritmo y la fuerza, tardo un rato en conseguir metérsela entera y Vero seguía sin emitir ningún ruido, solo estaba roja, apretando los dientes y bufando al respirar. José sintió que le llegaba el orgasmo, aparto su mano del sexo de Vero, la agarró con fuerza de las caderas y empezó a darle con todo, Vero se llevó la mano a su sexo para seguir ella misma con la masturbación y enseguida estalló en un orgasmo, arqueo toda la espalda y emitió un gran grito, instantes después notó como José eyaculaba en su culo, sentir la lefa de José expandirse por su interior la excito aun más haciéndola gritar de nuevo. Los dos terminaron de correrse casi al unísono, José expulsaba sus últimas gotas de semen mientras Vero todavía tenía algún espasmo. Vero se derrumbó en la alfombra y José vio como salía un hilillo de semen del interior de su culo. Se quedó un rato contemplando el espectáculo, hasta que decidió coger los papeles e irse.

Antonio abrazo a Vero y esta le dijo:

-Seguro que ahora si que piensa que soy una puta.

-Has estado magnífica mujer, estoy seguro de que cuando José vuelva a verte solo va a poder pensar en metértela por el culo.

-No me puedo creer lo que he hecho.

-¿Lo has disfrutado?

-Muchisimo, ha sido un orgasmo increíble.

-¿Y no tienes ganas de repetirlo?

-Buff, ahora me da mucho morbo que José me folle el culo en la oficina.

-Cada vez te quiero más Vero.

- Y yo a ti Antonio.

Se abrazaron, se besaron y se quedaron un buen rato tirados en la alfombra.

Después de pasar de boda el fin de semana, Vero tuvo que ir a trabajar el lunes, no sabía como se sentiría cuando viese a José, pero había estado sopesando la situación y creía que los beneficios que les estaba provocando todo aquello en el matrimonio, compensaban de sobra las situaciones incómodas que había tenido que vivir, si tenía que pasar un poco de vergüenza delante de José lo haría. También tenía que admitir que estaba redescubriendo el sexo, ella no se podía imaginar que se pudiera llegar a sentir así y le daba bastante curiosidad saber que más le faltaba por conocer. Al ver a José le volvieron a venir imágenes a la cabeza, según iba acumulando experiencias las imágenes que le venían eran más fuertes, eso hacía que le afectarán más, está vez incluso llegó a sentir ciertas cosquillas en su entrepierna, pero consiguió mantener la compostura. José estaba muy contento de que está vez Vero no estuviese esquivándole, pensó que con un poco de suerte, Vero ya se lo estaría tomando con un poco más de normalidad.

No hablaron mucho durante la mañana sobre todo porque Marta, la de contabilidad, tuvo un problema y le pidió ayuda a José, que necesito un buen rato para solucionarlo. Vero desde su sitio veía de nuevo a José lanzar miradas al escote de su compañera, empezaba a pensar que era mucha casualidad que coincidiesen los días en que Marta llevaba los escotes más generosos, con los días en que necesitaba a José para algo, seguro que ella también le habría visto empalmado alguna vez. No podía juzgarla por insinuarse un poco para volver a ver la polla de José marcarse en sus pantalones. Está vez se lo tomó de otra forma, si que le cabreaba un poco, pero lo que se le pasaba por la cabeza era que, con un poco de suerte, Marta se la pondría dura y luego ella podría disfrutarla en su boca, deseaba volverla a sentir presionando su garganta. Le parecía que tardaban mucho y decidió ir a ver como iba la cosa con alguna excusa, fue para allá, se colocó al lado de ellos, se disculpo por molestar y le empezó a preguntar a José algunas cosas, desde su posición podía ver que él ya estaba empalmado, no del todo, pero ya era considerable, también podía ver el escote de Marta y comprendió que José estuviera así, no solo es que el escote fuera bastante holgado permitiendo una buena vista de su interior, es que ella llevaba un sujetador que era demasiado pequeño para esas tetas y no conseguía tapar enteras sus aureolas, esa mujer sabía jugar sus cartas y jugaba fuerte. Considerando el espectáculo que le estaba dando, lo bien puestas y lo grandes que eran las tetas de su compañera, a Vero lo que le pareció raro es que no la tuviese dura del todo. Termino de preguntar y se fue a su sitio. Al rato tuvo que ir al cuarto de la impresora porque necesitaba unos datos en papel, Marta y José seguían juntos resolviendo lo que fuera que le pasaba a Marta. Como siempre que la necesitaba, la impresora le dió problemas a Vero. José terminó de solucionar el problema de Marta y decidió ir a esconderse un rato en el cuarto de la impresora para que nadie viera su erección, al entrar se encontró a Vero a cuatro patas mirando las tripas de la impresora, se quedó paralizado mirando su culo en pompa, le trajo muchos recuerdos y no le ayudo nada a relajarse. Cuando Vero consiguió sacar el papel que se había atascado y se levantó, se encontró con José que estaba quieto mirándola completamente erecto.

-Me vuelve loco ese culo que tienes Vero.

-Ya, y las tetas de Marta también.

-No es lo mismo.

-Mira lo empalmado que estás, no creo que ese pantalón aguante mucho más y eso es por sus tetas.

-Te admito que Marta me la ha puesto dura, pero no estaba así hasta que no te he visto agachada.

-Me vas a decir que no quieres follartela.

-Yo te quiero follar a ti Vero.

Vero no estaba enfadada, desde que había visto que José tenía la polla totalmente endurecida solo pretendía poder chuparla y la frase de José se lo ponía más fácil.

A José haber podido ver los pezones de Marta saliendo de su sujetador le había excitado mucho, pero era completamente cierto que el culo de Vero había sido el que desatase en él la lujuria. Solo recordar lo que había hecho con ese culo le había tenido caliente todo el fin de semana y volver a verla en esa postura, le había dado unas ganas irresistibles de follársela.

-Estamos en la oficina, aquí no podemos hacerlo de ninguna manera, pero tampoco puedes ir así por la oficina y no parece que se vaya a bajar rápido.

-Necesito metértela Vero, verte con el culo así me ha puesto muchísimo.

-No José, nos pillarian seguro, como mucho te la chupo un poco en el archivo.

-Vale, vamos ya, que voy a reventar.

En cuanto llegaron al archivo José se sacó la polla y Vero, mirándole, se arrodillo para chupársela. Al agarrarla comprobó que no mentía cuando le decía que la tenia a reventar, le encantó metérsela en la boca y sentir su dureza, cada vez aguantaba mejor esa tremenda polla en su garganta, llego a desear que José la agarrase por la cabeza y le obligase a comérsela entera como hacia su marido, claro que no era lo mismo. Se acordaba de su compañera Marta, seguro que no podía imaginarse lo mucho que estaba disfrutando ella gracias a su escote. A José le estaba gustando mucho la mamada pero quería más.

-Por favor déjame verte las tetas.

Vero siguió chupándosela mientras se desabrochaba la camisa hasta descubrir su sujetador, se entretuvo un poco en ver la cara que ponía José mientras se lo miraba y en disfrutar de las palpitaciones de su polla en la boca, después se sacó las tetas por encima del sujetador, sentía cuanto le gustaba verlas por los pequeños brincos que notaba en su boca. Vero tenía unas cosquillas inaguantables en la entrepierna y pensaba que con lo excitado que estaba José no tardaría en eyacular en su boca, está vez le daba igual lo que la dijera, quería sentir una corrida completa de José en su garganta. Decidió subirse la falda y meter la mano en el interior de sus bragas para calmar la intranquilidad de su sexo. Ver cómo Vero se masturbaba provocó que José necesitase follarla todavía más, no pudo aguantar mucho antes de levantarla y colocarse detrás de ella haciendo que sintiese como su erección presionaba contra su sexo.

-No José, no puedes metérmela aquí, por favor, nos va a escuchar toda la oficina.

José sabía que ella estaba muy excitada y él estaba perdiendo todo el auto control, aparto las bragas de Vero y se la introdujo unos centímetros.

-Por favor déjame metértela solo un poco, no tienen porqué oírnos.

-Ahhh, así solo, no me metas más.

Aunque apenas le estuviese entrando el capullo Vero lo sentía muchísimo y no pudo evitar gemir, al principio muy bajito pero poco a poco iban aumentando de volumen. José entendió que si seguía, se enteraría toda la oficina y se la sacó, estaba totalmente salido, se acordó de que cuando se la metió por el culo no gemía y presionó ligeramente su polla contra el esfínter de Vero.

-No por favor, por ahí no.

Mientras decía esto, era ella misma la que movía y presionaba su culo contra la polla de José.

-Para, por favor, nos van a pillar, que van a pensar de mi. Te dejo que me hagas lo que quieras, te la chupo, te dejo que te corras en mis tetas, o en mis bragas. Me lo trago si quieres, pero por el culo no, por favor.

Vero siguió presionando hasta conseguir que empezase a entrar, José permanecía prácticamente quieto asombrado.

-No me la metas más José, ummmm, es muy grande, solo la puntita, por favor, ahhh.

A pesar de lo que decía era ella misma la que se movía metiéndosela un poco más cada vez.

-Es muy peligroso, para, imagínate que nos ven con tu polla dentro de mi culo, ahhhh, por favor, ahhhh, no me la metas más.

Vero seguía moviendo las caderas e introduciéndosela cada vez más, José estaba más o menos acostumbrado a que hubiera mucha diferencia entre lo que decía el cuerpo y la boca de Vero, pero está vez le sorprendía muchísimo como se la metía ella misma mientras le pedía que dejase de hacerlo.

-José, por favor, por el culo no, me vas a reventar, ummmmm.

Y Vero seguía clavándosela más y más.

-No te corras en mi culo, por favor, ahhhh, no lo hagas. Ummm, para.

Ya tenía más de la mitad dentro.

-Para, me va a estar saliendo leche del culo todo el día, ahhhhh, por favor, déjame.

Vero se agarró las nalgas para separárselas.

-José, por favor, para, me vas a reventar, ahhhhh, es enorme, ummmm, no me cabe más.

Vero seguía moviéndose y abriéndose las nalgas para clavársela.

-Nos van a ver, nos van a pillar y van a ver como te corres en mi culo, ahhhhh, por favor, para.

José ya no podía más, esa resistencia fingida le estaba poniendo muchísimo, la agarró por las caderas y empezó a moverse él, clavándosela más y más. Vero se puso roja, apretó los dientes y empezó a bufar por la nariz, José veía que casi no hacía ruido y siguió con sus embestidas, a pesar de que Vero ya se había metido un buen trozo ella misma, tardo un poco en conseguir metérsela entera y poder notar como rebotaba contra su culo, metió la mano en sus bragas y agarró fuerte su sexo para poder darle con más fuerza, él sentía que se acercaba su orgasmo, comenzó a masturbarla y a presionar su pezones, para que ella llegara antes, no lo consiguió, empezó a eyacular antes de oír el grito que emitió Vero al comenzar a correrse, José ya no podía parar y siguió bombeando hasta terminar de llenarla el culo de lefa. Aunque él terminó de correrse, continuo dandole a Vero hasta que vio como se relajaba. Según terminaron José le dijo a Vero que se colocase rápido la ropa, porque seguro que les habían oído. Efectivamente justo cuando terminaron de recomponerse oyeron unos pasos en las escaleras, apareció Marta.

-¿Estáis bien? He oído un grito.

-Si, no te preocupes, es Vero, que la ha parecido ver una rata.

-Uy, si que te has tenido que asustar, se te ve muy alterada.

-Ya estoy mejor, es que ha sido tan de repente y me ha parecido tan grande...

-A mi este sitio, como siempre esta vacío, me da un poco de mal rollo. Pobrecita, estás agitadisima, me pasa a mí eso y me muero, anda vamos arriba a que se te pase un poco el susto.

-Si por favor acompáñala que todavía tengo que encontrar un par de documentos, enseguida subo.

Vero se fue con Marta notando cómo el semen salía de su culo e impregnaba sus bragas. Los dos estaban pensando que menos mal que habían conseguido salvar la situación, pero que se les había fastidiado la baza del archivo.

Cuando llego a casa Vero, se moría por contarle a Antonio lo que había pasado, pero se limitó a decirle que había ido bien el día y se espero a que estuvieran en la cama para contárselo.

-No te imaginas lo que ha pasado hoy en la oficina. ¿Recuerdas a Marta, la de contabilidad?

-Si claro ¿La rubia jovencita? La he visto alguna vez y me has hablado de ella.

-Pues hoy le ha pedido ayuda a José y he visto que él le miraba otra vez las tetas.

-¿Es la misma a la que miró la otra vez?

-Si la misma, la cosa es que llevaban un buen rato juntos y he decidido ir a investigar un poco. Me he encontrado con que José estaba empalmado.

-No te preocupes mujer, es normal, tiene muy buenas tetas esa chica.

-Si no me preocupo, déjame que te cuente. Te habría parecido más normal todavía, si hubieras visto su escote, se le podía ver todo el canalillo y un buen trozo de sujetador, cosa que era bastante difícil, porque era tan pequeño que no llegaba a taparle enteros los pezones y se le veían partes de las aureolas.

-¿No te has picado como la otra vez?

-No, he seguido a mis cosas. Un rato después ellos seguían juntos y yo me he ido al cuarto de la impresora. Ese maldito aparato me ha dado muchísima guerra como siempre, hasta he tenido que ponerme a cuatro patas para conseguir desatascar un papel del interior, y cuando me he levantado, he visto a José, detrás mio, me debía estar mirando el culo, con la polla totalmente erecta. Le he comentado que sí estaba así por culpa de Marta y ha intentado engañarme diciéndome que era por mi culpa, no le he creído. Se ha puesto un poco pesado diciéndome que necesitaba follarme, no he cedido pero me he apiadado de él y he aceptado hacerle una mamada en el archivo. Es que tenías que ver cómo estaba de empalmado.

-¿Seguro que ha sido solo por que te ha dado pena? ¿A ti no te apetecía ni un poquito?

-Tengo que reconocer que un poco de ganas si que tenía. Bueno, a lo que íbamos, hemos ido al archivo y he comenzado a comérsela.

Ese fue el momento elegido por Vero para comenzar a tocar a su marido, él la correspondió metiendo la mano en sus bragas e iniciando la masturbación.

-Las tetas de Marta le habían dejado excitadísimo, te admito que sentir como estaba de duro me estaba calentando. Él me pidió que le enseñase las mias, otra vez me apiade de él y se las enseñé, podía sentir como daba brincos su polla cuando me las vio, sabes como me pone eso, cada vez me estaba excitando más y creía que José iba a terminar rápido, así que comencé a masturbarme, José se puso como loco cuando lo vio, me hizo levantarme y puso su polla presionando mi vagina desde atrás, intenté detenerle pero movió mis bragas y me la metió, solo un poco, la verdad. En cuanto empezó a moverse no pude evitar gemir y cuanto más me la metía, más alto gemía yo. Debí hacer tanto ruido que a José le debió dar miedo que nos pillaran y me la sacó. Pero en vez de darse por vencido, la apunto hacia mi culo.

Vero notaba que su marido ya tenía una dureza aceptable y ella tenía muchas ganas de sentirla, así que se dispuso a cabalgarle, pero cuando se la iba a meter, su marido le dijo:

-Déjame metértela por el culo, nunca lo hemos hecho así.

-Claro que te dejó, es que nunca me lo habías pedido, no sabía que te gustaba.

Vero no estaba segura de que con la dureza que tenía pudiese meterla por ahí pero tal y como se lo había dejado de dilatado José merecía la pena intentarlo, le pareció que el mero hecho de apuntarla y presionarla contra el otro agujero excito más a su marido, lo que le hizo ganar un poco más de consistencia y consiguió introducirla, apenas pudo meterla un poco, pero confío en que iría mejorando la cosa y comenzó a cabalgarle lentamente mientras continuaba con su historia.

-Yo le supliqué que no lo hiciera pero no se inmutó y consiguió metérmela, poco a poco iba introduciéndola más, yo seguía pidiéndole que parara pero cada vez la iba notando más adentro.

La polla de su marido se estaba endureciendo más y ya podía meterla entera sin problema, le gustó mucho como se sentía, pero tenía que tener cuidado de moverse lo justo para que su marido no se corriera demasiado pronto.

-Me agarró por las caderas y comenzó a darme sin piedad, yo ya no podía ni quejarme, me estaba partiendo en dos y todavía no la había enterrado del todo.

Antonio estaba disfrutando mucho el culo de su mujer y sentía que pronto se correría.

-¿Y no te agarró las tetas?-le dijo mientras el mismo se las estrujaba.

-Si me agarró las tetas cuando consiguió meterla entera y no solo eso, también me agarró por mi sexo para clavármela aún más fuerte.

Antonio llevo la mano hasta la entrada de su mujer y comenzó a introducirle sus dedos, al tiempo que rozaba su clítoris.

-No paraba de embestirme como un loco.

Vero sintió que le llegaba el orgasmo, se separó sus nalgas para notar más la polla de su marido y se puso a botar sobre ella con todas sus ganas.

-No paro ni siquiera cuando noté como eyaculaba dentro de mi culo.

Por segunda vez en ese día Vero sintió el semen esparcirse por sus intestinos, la volvía loca esa sensación y se empezó a correr ella también, siguió cabalgando a su marido hasta que se le salió la polla. Ambos se abrazaron y un rato después su marido le preguntó:

-¿Y tú no te corriste?

-Si, eso fue lo peor, he descubierto que me da muchísimo morbo que eyaculen en mi culo y, en cuanto lo noté, me corrí yo también, como contigo, pero con él no pude evitar pegar un grito tremendo y nos oyeron.

-No me jodas ¿Os han pillado?

-No, bajo Marta a ver que pasaba, pero conseguimos adecentarnos antes y José le dijo que él grito era porque yo había visto una rata.

-¿Se lo creyó?

-Por suerte si, pero me parece que no vamos a poder volver a usar el archivo.

-Menos mal, de todas formas sabes que siempre podéis venir a casa.

-Pero me gusta hacer cosas en la oficina, así luego puedo contártelas.

-Eres la mejor amor.

Se volvieron a fundir en un abrazo.

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