El congreso
En Berlín, la distancia y el anonimato rompen las barreras de la etiqueta. Lola, una viuda de cuarenta años con secretos por desenterrar, busca en José Antonio lo que el tiempo le negó. No hay promesas, solo la promesa de lo prohibido.
Me había tocado ir a un congreso, aunque no me gustaban los congresos, no me podía quejar, de ellos solían salir alguna que otra amante, normalmente ocasionales, de las de aquí te pillo aquí te follo. Pero este era un coñazo era fuera de España, en Alemania mas concretamente en Berlín, la suerte que solo serian 5 días.El hotel donde estaría era en el mismo que se hacia el congreso, cada día había hasta cuatro ponentes. Llegue el domingo por la tarde-noche con el tiempo justo para cenar en el mismo hotel. Me senté en una mesa algo retirada. El camarero que me atendía hablaba español, mejor porque de alemán solo sabia un par de palabras, me tendería que entender en ingles. En la mesa que estaba justo a mi lado, había tres personas, un hombre de mi edad, y dos mujeres, una muy joven la otra mayor ambas estaban muy bien, tal vez también estaban por el congreso, pensé. El hombre se levanto, se acerco a mi mesa. - Eres español – dijo. - Si – dije – soy de Barcelona, aunque vivo en Madrid. - Nosotros somos de un pueblo cercano a Madrid – dijo el hombre – me llamo Roberto. - Encantado, yo soy José Antonio. - Es gratificante encontrar paisanos fuera de España. - Si que es gratificante – dije mirando a la mesa donde permanecían las dos mujeres. - ¡Ah! Perdona – dijo Roberto – son Inés, mi prometida y su madre Lola. Al fijarme bien, las dos mujeres se parecían, era lógico eran madre e hija. - Encantado – dije y las salude inclinando la cabeza - yo he venido por trabajo, a un congreso. - Ya he visto que en el hotel se hacen congresos que hay varios – dijo Roberto. - Mas que congresos son charlas, ponencias. - ¿Por que no te unes a nosotros, la mesa es de cuatro y tu estas solo? – dijo el Roberto. Me quede dudando. - Venga hombre, somos paisanos – dijo Roberto. - Vale... Me levante y me senté en la mesa de ellos. - Se llama José Antonio – dijo Roberto. - Usted debe ser Dolores – dije adelantando la mano decididamente hacia la mujer mayor. - Llámame mejor Lola – me dijo. Le estreche la mano, una mano suave pero firme. - Encantado de conocerla – dije. - Ella es mi hija Inés, mi hija y prometida de Roberto. También estreche la mano de Inés, una mano también suave, pero menos firme mas delicada. - Encantado. Me senté a la mesa. El camarero se acerco. - Va a cenar en esta mesa – dijo el camarero. - Si, cenare en esta mesa – le dije. - De bebida... - Un agua – conteste. - Y nosotros... – dijo Roberto - una cerveza para mi. - Un para de refrescos de cola para mi y para mi hija – dijo Lola. Se marcho el camarero. Tanto madre como hija tenían cuerpos espléndidos, aunque la hija por su juventud era algo mas delgada, lo que hacia que sus pechos parecieran mas grandes. - ¿Esta solo? – pregunto Lola – me refiero sino le acompaña su pareja. - Como le he dicho a Roberto vengo por trabajo, a un congreso – dije. - Su mujer se quedo en casa – dijo Lola. - Soy soltero – dije. Vino el camarero con las bebidas. - Pues mi hija y Roberto llevan prometidos 6 meses, esperando a que se decidan a poner fecha para la boda, este viaje es un regalo mío por su compromiso. Mire a Inés, pareció sonrojarse, me seguía pareciendo muy joven, no debía llegar a los 20 años y Roberto tendría unos 30 años, mientras que Lola no pasaría de los 40. Incluso pensé que Roberto y Lola hacían mejor pareja. Poco a poco llegaron los platos de comida. Durante la cena estuvo hablando tanto Lola como Roberto, permaneciendo callada Inés. Me entere que Lola era viuda. En lo poco que los había tratado me percate que Inés era bastante tímida a diferencia de su madre. Llegaron los postres. - Permítanme que les invite – dije. - De eso nada – dijo Lola – hemos sido nosotros quien le hemos invitado a nuestra mesa. - Tienes razón – dijo Roberto – pagare yo, nosotros somos tres. - Vale – me deje convencer – pero yo invito a unas copas en el bar del hotel. Ninguno se opuso, al terminar de cenar fuimos al bar del hotel, había pocos clientes. Nos sentamos en una mesa y pedí 4 combinados. Mientras los traían Roberto e Inés se levantaron para ir al lavabo. Yo me quede con Lola. - Verdad que hacen una buena pareja – dijo Lola viendo como se marchaban. - Si – que podía decir. - Así que estas por trabajo - dijo Lola. - Si, la empresa me ha inscrito en el congreso. - ¡Ah! – exclamo Lola - eres soltero, pero tendrás novia. Negué con la cabeza, aunque me acorde de Estela, la secretaria de personal y futura jefa, con la cual mantenía una relación mas o menos abierta. - Un joven como tu soltero sin compromiso, debes ser un rompecorazones. - No soy tan joven, tengo 30 años. Nunca me he considerado un rompe corazones, tengo mis amigas. - Los mismos que Roberto, aunque pareces mas joven. - Tu tampoco pareces... - ¡Vieja!, cuantos me echarías – dijo poniéndose de pie. La mire de arriba a abajo, casi la desnude mirándola. Ella se dio cuenta y rápidamente se volvió a sentar. - Tienes cuarenta... - y dos – termino de decir. - De que estáis hablando... – dijo Roberto, que había vuelto con Inés. - Adivinando edades... – dijo Lola - ¿Que edad dirías que tiene mi hija? - Veintitantos – dije. Por primera vez vi sonreír a Inés. - Tengo 18 y unos meses – dijo Inés, confirmándome su juventud. Aunque sabia que era joven me sorprendió su juventud. La conversación se generalizo. Terminamos las copas y como había prometido las pague. Fuimos al ascensor. - ¿Piso? - El primero, nuestras habitaciones son la 103 y 105. - Yo tengo la 203 – dije – justo encima. Llegamos al primer piso. - ¿Nos veremos mañana? – pregunto Lola. - No lo se, no se cuanto duraran las charlas. - Puede que en la cena nos volvamos a ver, nosotros estaremos todo el día visitando la ciudad – dijo Roberto. - ¡Puede! – dije yo. Nos separamos y yo me fui a mi habitación. Me duche y me puse el pantalón del pijama sin los slip y me puse a buscar un canal de televisión que fuera en castellano, por fin lo encontré, era de noticias. Realmente no estaba viendo la tele, pensaba en las personas conocidas en el restaurante, sobretodo en la joven Inés, Tenia un buen polvo, aunque su madre tampoco estaba mal. Pensando en ellas dos, con algún calentón de mas me quede dormido. Me desperté con la polla a reventar, así que me hice una buena paja pensando en las dos mujeres. Baje al restaurante a desayunar, cuando yo llegaba ellos se iban. - Buenos días, José Antonio – dijo Lola adelantándose. - Buenos días – dije - ¿Ya habéis desayunado? - Si –contesto Roberto – y ya nos vamos a recorrer la ciudad, comeremos en algún restaurante. - Oc. – dije - nos veremos por la noche. Los vi salir del hotel, me hizo gracia los tres vestían mas o menos igual, con chándal. Como era de esperar el día se me hizo demasiado largo, sobretodo pensando en aquellas dos mujeres. Por la noche al bajar a cenar, fue Lola la que poniéndose de pie me llamo. - José Antonio – dijo moviendo las manos - ¡Aquí estamos! Me acerque. - Con su permiso – dije señalando la silla. - Siéntate – dijo Lola – como ha sido el día. - Realmente cansado, un palazo – dije – han sido 4 ponencias, dos por la mañana y dos por la tarde. Me fije en como iban vestidos, Roberto e Inés, bien conjuntados ambos con traje pantalón, mientras que Lola iba algo mas descarada, con minifalda y blusa dejando entrever sus encantos “pechonales”. Fueron ellos los que hablaron de los sitios que habían visitado, así como alguna de las anécdotas de las sufridas. En esta ocasión no deje que pagaran, fui yo quien pago, aunque después fueron ellos los que pagaron las copas en el bar. Y como el día anterior terminamos despidiéndonos para ir a dormir. Aquella noche estando en la cama no pensé en Inés sino en su madre Lola, la imagine desnuda. Me quede dormido rápidamente. Por la mañana al igual que el día anterior me tuve que hacer una paja en esta ocasión en honor a Lola, aquella mujer solo imaginármela desnuda me ponía. Aquello hizo que me retrasara al bajar por lo que no los vi irse. Dio la casualidad que ese día, por la tarde uno de los ponentes era español. Estuvimos hablando y me invito a cenar, por lo que tuve el tiempo justo para cambiarme e ir a cenar con el. Volví tarde, por la mañana decidí bajar antes y me los encontré desayunando. - José Antonio – dijo Roberto. - Voy – dije, acercándome donde estaban ellos. - ¿Que te paso anoche? – dijo Lola - ¡No cenaste! - Un compromiso, uno de los ponentes, lo conocía me invito cenar y no pude eludirlo. - Creímos que te había pasado algo – dijo Lola - Esta noche es nuestra ultima noche. - Y la mía – dije - no faltare a la cena. - Bien entonces nos veremos en la cena. Pase el día del jueves despistado, muy despistado, y sobretodo por la tarde, como deseando que llegase la cena. Y por fin llego, los tres iban muy elegantes, Lola iba exuberante. Cenamos y nos fuimos a tomar la copa final al bar, aunque por ser la ultima noche tomamos dos. Como los otros días nos despedimos. Como las otras noches tras ducharme me puse el pantalón del pijama, me deje caer sobre la cama, tan excitado estaba que no dejaba de tocarme la polla, cuando llamaron a la puerta. Me acerque a la puerta. - José Antonio – escuche tras la puerta – soy Lola. Decidí abrir. - ¿Que haces aquí? – dije dejándola entrar. - He pensado que siendo la ultima noche... estarías solo... creo que ha sido una mala idea – dijo dando media vuelta dirigiéndose hacia la puerta. Me acerque a ella por detrás, agarrándola por la cintura, y atrayéndola hacia mi, haciendo que mi paquete entrase en contacto con ella, que sintiese mi polla. - ¿Que haces? – dijo dándose la vuelta. Seguía abrazándola, su boca quedo cerca de la mía. - Lo que deseas – dije besándola. Ella respondió a mi beso, fue un morreo de varios segundos. - No puede ser – dijo al separarse. - ¿Por que? - Mi marido... - No eres viuda. - Mi marido murió hace 10 años, tras 3 de una enfermedad, y desde entonces... La volví a coger por la cintura y atraerla hacia mi. Volví a besarla, esta vez mi mano busco la cremallera del vestido que estaba en su espalda y tire hacia abajo hasta casi el culo. El vestido cayo al suelo, seguí abrazándola y desabroche el sujetador también dejándolo caer al suelo. - Tienes unos bonitos pechos – dije separándome y mirarlos. Realmente los tenia, aun estaban erguidos, y tal vez por la excitación tenia los pezones duros. Le agarre las tetas, y comencé a chuparle y mordisquearle los pezones, sus gemidos cada vez mas fuertes, metí mi mano por debajo de sus bragas, buscando su entrepierna, acariciando su bello púbico. Al principio ella estaba paralizada dejándome hacer a mi, aunque su excitación era palpable. Suavemente la empuje hasta la cama, hice que se tumbara, sus bragas yacían a un lado, me quite el pantalón del pijama, ella miro mi polla como hipnotizada, me tumbe a su lado, mi mano en su entrepierna acariciaba su clítoris y los labios vaginales, sus gemidos iban en aumento, se mordía el labio inferior, mi polla rozaba sus muslos. De pronto su cuerpo se estremeció, estaba alcanzando un orgasmo, era el momento, me situé entre sus piernas, avanzando con mi polla hasta su entrepierna. Acaricie con mi polla su clítoris y sus labios vaginales, antes de meterla, fue una penetración lenta, haciendo que sintiera cada centímetro de polla que entraba, sus gemidos eran gritos de placer, ahogados por la almohada que se había puesto sobre la cara. Una vez mas alcanzo otro orgasmo. - Sigue no pares – dijo con cierta dificultad. Y seguí recorriendo su vagina con mi polla, no tarde en sentir queme iba a correr, lo estuve a largando hasta que al final me corrí, ella al sentir mi leche en su interior se dejo llevar y alcanzo un tercer orgasmo. Quede tumbado encima de ella exhausto. - Ha sido increíble – dijo aun jadeante. Me deje caer a su lado, ella se giro abrazándome, así permanecimos hasta que el sueño nos venció. Me desperté al sentir como algo se movía a mis pies, encendí la luz, era Lola aun desnuda, se había levantado estaba de rodillas. - Perdona, no quería despertarte – dijo – allí están. - ¿Que buscas? – dije. - ¡Mis bragas! – dijo levantándose y acercándose a ellas. Como yo estaba mas cerca las cogí. - ¿Te vas? – pregunte. - Si, no quiero que mi hija me vea llegar por la mañana – contesto sonriendo – y piense... - ¿Que hora es? – volví a preguntar. - Solo son las cuatro – dijo. - Es temprano – dije - podemos... Levante la sabana. - ¿Aun tienes ganas? – dijo. - Ella decide – dije mirando a mi polla, que comenzaba a crecer. Ella se acerco y se sentó en el borde de la cama, me acaricio la polla que pronto comenzaba a tener tamaño. - Lo he pasado increíblemente bien - dijo. - Y yo – dije cogiéndola de los hombros atrayéndola hacia mi y besándola. Ella se acurruco junto a mi. - Desde que murió mi marido no lo había vuelto a hacer. - Llevas sin hacerlo... - Tenia Inés 5 ó 6 años cuando mi marido enfermo. Se murió 3 años después, cuando Inés tenia 8 años. Recordé que el primer día dijo que llevaba viuda 10 años - ¡Has estado 13 años sin hacerlo! Mi mano se dirigió directamente a su entrepierna, mis dedos índice y corazón los introduje en su vagina, mientras que con el pulgar acariciaba una y otra vez su clítoris, su cuerpo se estremecía de placer. - Quiero sentirla dentro – decía mientras me acariciaba la polla. De pronto su cuerpo tembló. - ¡Yaaaaa! - acababa de alcanzar un orgasmo – La quiero dentro. Me puse entre sus piernas, lentamente introducir mi polla en su vagina, los gritos aumentaron quedando ahogados en mi boca, hice que pusiera sus piernas en mis hombros para que las penetraciones fueran mas profundas, no tardo en alcanzar otro orgasmo. Tras un pequeño descanso, volví a la carga, sentí como su cuerpo se estremecía cada vez que empujaba, estaba a punto de correrme, ella había perdido el control de su cuerpo hasta el punto que cuando me corrí casi se desmaya. Quedamos durante un rato abrazados sin movernos. - Solo lo había hecho con mi marido. - ¿Y antes de casarte? - Llegue virgen a la noche de bodas, tenia 19 años. - ¿No ha habido ningún otro hombre? - No mi marido fue el único. Aunque hubo una vez. Fue en el viaje de novios. - ¡En el viaje de novios! – exclame. - Fue al tercer día de estar casada, en la luna de miel, estábamos en un hotel aquella noche mi marido había bebido, yo quería hacerlo. La noche era cálida, y yo estaba muy caliente, me puse una bata y salí al pasillo para que me diera el fresco, en una habitación cercana escuche unos ruidos, la puerta estaba medio abierta. No se si fue curiosidad o la calentura que tenia, quise saber que sucedía en la habitación así que muy sigilosamente entre, desde el lavabo se veía perfectamente como dos hombres se estaban follando a una muchacha, la reconocí como una clienta del hotel. Tan caliente estaba que me subí el camisón y me acaricie la entrepierna que la tenia chorreando alcance un orgasmo, aquella noche no me habría importado que alguno de aquellos hombre me hubiese follado. Mi mano se deslizo por su cuerpo, acariciándola, llegando a su entrepiernas, metiendo mis dedos en su vagina. - ¿Que haces? – dijo. - Quiero volver a hacerlo, esta es la ultima noche – dije. - Será la tercera vez... – dijo – no tenemos tiempo. No dijo nada mas, mi polla bien dirigida por mis dedos entro en su vagina. -¡Ahhhhh! – exclamo al sentirse nuevamente penetrada. Alcanzo dos orgasmos antes de que me volviera a correr. Me quede dormido. Cuando desperté ella ya no estaba, había recogido sus cosas y se había marchado. Aunque se había dejado las bragas que estaban bajo mi cuerpo. Aunque no fue lo único también encontré una nota. “Ha sido increíble no recordaba lo que era sentirse mujer. Pero todo tiene que tener un principio y tener un final. Ha sido maravilloso. Lo que sucede en Berlín, en Berlín debe de quedar. Lola.” Por mucho que corrí y baje al vestíbulo ellos ya habían desayunado y se habían marchado. Aunque sabia que al medio día volverían para recoger e irse en avión. Por suerte aquel viernes solo hubo una conferencia por la mañana, así que decidí ir a despedirme. En el hall del hotel estaban Roberto y Lola. - Has venido – dijo Roberto al verme. - Si hemos terminado pronto como no sabia cuando os ibais – dije - he pensado en despedirme. Lola con la cabeza baja no decía nada, incluso se aparto. - Gracias, nosotros ya estamos listos, falta Inés que ha querido comprar unos recuerdos – dijo Roberto – voy a buscarla. Se marcho Roberto. - No has debido venir – dijo Lola. - Piensas que con una nota era suficiente – dije. - Debía serlo – dijo – lo sucedido ha sido... un accidente cada uno debe seguir su camino. - Si tu lo dices. En eso llegaron Roberto e Inés. - ¡Estas aquí! – dijo Inés. - He venido a despedirme. - Con lo de anoche fue suficiente – dijo recalcando - ¡No crees que fue suficiente, Mama! - Nos vamos... – dijo Roberto. Tanto Roberto como Inés cogieron las maletas. Y emprendieron la marcha. Lola cogió la suya. - ¿Que ha querido decir tu hija? – pregunte al pasar por mi lado. - Me ha visto llegar esta mañana – dijo Lola. - Entonces, lo sabe – dije. - No lo se – dijo Lola. Entonces su hija, Inés lo llamo. - ¡Mamaaaaaa! - Voy – dijo Lola. - Tengo tus bragas – dije sonriendo. - Quédatelas, imagínate que es un trofeo – dijo marchándose. Los vi salir dirección al aeropuerto. Mi avión salía por la noche.
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