Una turista muy agradecida
La noche cae sobre la terraza y su mirada se posa en ella: menuda, bonita y con una sonrisa que promete más de lo que dice. Cuando el caos de su pareja borracha los lleva a su puerta, la gratitud se transforma en algo mucho más carnal. No hay nombres, solo el calor de un cuerpo ajeno y el silencio de un tercero que duerme a pocos metros.
Una noche estaba tomando una copa en una de esas terrazas de la costa. Bastante aburrido por cierto. En la mesa de al lado había un grupo de turistas parloteando y armado follón. Mire hacia ellos y vi una mujer menuda, con una cara bonita y sonrisa agradable. Junto a ella había un “armario” con síntomas de estar “contento” en exceso.
Menudo bombón pensé, tetas medianas y levantadas adornaban unos hombros redondeados y ligeramente bronceados.
Una de las veces que el hombretón se levantó, tropezó con mi silla y a punto estuvo de tirarme la bebida por encima. Con el pulgar levantado me hizo señal de todo OK.
No le hice mucho caso y mire hacia la mujer. Me sonrió y puso una expresión de “que se le va hacer”. Luego me fui a dar una vuelta a ver si pescaba algo por la zona.
Dos horas más tarde vi entre los coches, en una zona oscura una pareja que parecía tener problemas. Me acerque, y resulto ser la pareja de antes. Él, borracho y ella un tanto desesperada pues no podía con él.
Con mi corto ingles me ofrecí para ayudar. En principio no sabían dónde estaban ni como volver al apartamento. Como yo conocía la zona los ayude a llegar al apartamento.
Mientras tanto, iba pensando que si yo tuviese un bombón así a mi lado no perdería ni un minuto bebiendo y me la follaria tantas veces como pudiera.
A duras penas, conseguimos llevarlo hasta el apartamento y ponerlo en la cama. Ella, nada más llegar se quitó la falda que se había ensuciado. Que culito tan lindo tenia, destacaba con sus bragas pequeñas, blancas y con puntillas.
Aunque había hecho un notable esfuerzo, yo tenía la polla dura como un palo, y cada vez que podía procuraba mirar lo que fuese (culo, tetas, cara, piernas) de aquella mujer.
Cuando ya tuvimos el hombretón en la cama roncando, ella empezó a darme las gracias un tanto emocionada y agradecida y me acompaño hasta la puerta. Por agradecimiento, supongo, me dio un beso en los labios. Yo quise aprovechar la situación y la bese con pasión, cogiéndola por la cintura, la apreté a mi cuerpo y así notó lo dura que la tenía.
La acaricie la espalda y lentamente baje mis manos deslizándolas por su cintura hasta llegar a las nalgas. Las acaricie a apreté de nuevo para poner mi polla lo más cerca posible de ella.
Tras unos instantes nos separamos y me miro. En un principio algo sorprendida, pero de repente se le ilumino la cara, apago la luz de la habitación y empezó a acariciarme el pecho.
Poco a poco se fue agachando hasta ponerse de rodillas delante de mí. Me acaricio por encima del pantalón el bulto que tenía y con cuidado me desabrocho el cinturón y me lo bajo el pantalón. Por encima del calzoncillo desplazaba su mano siguiendo el bulto que anunciaba la polla dura que había debajo.
Yo deseaba sacarla cuanto antes, pero no me atrevía. Finalmente de un tirón me los quito y apareció apuntando hacia el cielo mi polla a punto de reventar.
Empezó a acariciarla poco a poco y pasarle la lengua por la punta. Luego se la metió toda en la boca y la chupaba con ganas de tragársela. Me la comía de todas formas y de vez en cuando me cogía de los huevos y me los apretaba.
Momentáneamente, me dolía pero retrasaba mi inminente eyaculación.
Oímos un ruido que venía de la cama. A oscuras como estábamos no sabíamos que
pasaba. Unos nuevos ronquidos nos devolvieron la tranquilidad.
Entonces, me hizo tumbar en el suelo junto a la puerta de salida del apartamento y
ligeramente ocultos de la cama.
Ella se desnudó del todo, y se sentó encima. Cogió la polla y con cuidado se la introdujo en su coño que lo tenía ardiendo y húmedo. Comenzó a hacer movimientos hacia delante, hacia atrás, arriba y abajo. De vez en cuando se le escapaban gemidos que salían entrecortados y amortiguados de su boca.
Yo estaba en el cielo, tocándole las tetas, la cintura y las nalgas. Según los movimientos que ella hacía, le veía su cara con el resplandor de las farolas de la calle. Me gustaba por lo bonita que era y por la cara de gusto que ponía.
De pronto, empezó subir y bajar de forma frenética, mas parecía botar y la polla parecía salirse, aunque a continuación se hundía hasta lo más profundo.
Finalmente, no pudo evitar emitir un pequeño grito y dejo caer su cuerpo recostado sobre mi pecho. Yo pensé haber llegado al cielo y explote de forma callada. Me beso con ternura en los labios, se levantó y me ayudo a incorporarme.
Me subí los pantalones y nos despedimos con un nuevo beso.
Al día siguiente, mientras estaba tomando el sol en la piscina, apareció de nuevo la pareja,
Él delante, ella detrás. Al verme el me hizo la misma señal con el pulgar “OK”, (supongo que ella le ha contado que les ayudé).
Al pasar ella por delante me dirigió la sonrisa más bonita que me han dedicado nunca.
Deverano.
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