Haciendo compañía a la novia del vecino (Parte 1)
César siempre supo que mirar era un pecado, pero nunca imaginó que la pecadora se acercaría a su puerta pidiendo ayuda. Lo que empezó como una fantasía solitaria detrás de la cortina se convierte en una realidad húmeda y urgente cuando ella decide que ya no puede esperar más.
Me llamo Cesar, tengo 32 años y llevo 5 años viviendo en un adosado, no tengo muchos vecinos, bastante cómodo, casi solo tengo que cruzarme con el chico que vive enfrente, nuestras puertas están solo separadas por la calle y hace un par de años también vive con su chica.
La verdad es que ha mejorado la zona, pelean constantemente y a veces tengo que cerrar las ventanas para no oírlos, pero está Buenísima. En mayúsculas. Lo que me entretiene bastante mientras trabajo, desde la ventana de mi estudio puedo ver parte de su casa y el patio, no es me quede esperando verla, pero si mientras trabajo, tengo ese cuerpo de modelo de lencería casi desnudo tumbado al sol delante… mejor.
O su trasero levantado mientras riega las plantas… su silueta desnuda en el cristal nublado del baño… sus “posturitas” de yoga en esa ropa ceñida por las mañanas… en fin. Mejora un poco mis días.
Una tarde volviendo de la compra me sorprendí al verla sentada en el escalón de su puerta con la cara entre las manos, saludé al pasar y respondió rápidamente, parecía haber estado llorando. Entré, pero no pude cerrar la puerta sin más:
- ¿estás bien? ¿Necesitas algo?
- Em… no, no lo creo. No puedo entrar, esperaré aquí.
- ¿Necesitas llamar?
- No -me enseñó su móvil, encendido- Gracias, es más complicado. ¿No tendrías… ropa de chica?
- ¿Cómo?
- Creía que había visto una chica por aquí, pensé que sería tu novia o tu hermana… Verás, necesito cambiarme y… ¡No tengo otra ropa!
- Pues… Creo que puedo tener algo de mi hermana, pero no sé en qué estado. Pasa, lo miraré.
- ¡Gracias! Y lo siento, vengo de trabajar y estoy… muy sudada. Necesito cambiarme porque tengo una reunión dentro de nada y no puedo ir así -llevaba un conjunto deportivo ajustado, como siempre y ya había notado lo mojado que estaba.
- ¿Necesitas ducharte?
- No, es demasiado, no importa.
- Para nada. Y ¿No puede venir tu novio a abrirte?
- No… me coge el teléfono. No me habla, supongo que ya nos habrás oído…
- Puede. Bueno, pues, ahí tienes la ducha, voy a buscarte algo a ver qué puedo hacer
- Muchas gracias. Me llamo Cristina.
- César.
Busqué unos pantalones de deporte y una camisa muy antiguos que probablemente ya no le quedaban a mi hermana y llevaban años ahí y se los llevé a la ducha, manteniendo la cabeza fría al verla desnuda tras la cortina y sus bragas y sujetador sobre mi repisa. Salí rápidamente y esperé fuera.
La oí cerrar la ducha y salir de la bañera y no pude evitar colocarme para poder ver algo por el hueco de la puerta entreabierta notando como me “despertaba”. Veía su espalda mojada, acabada en ese trasero redondo y duro, joder, sin ropa era mucho más impresionante, casi tanto como la erección que me estaba provocando. Y de repente se giró, mirando directamente hacia mí.
Me retiré rápidamente, esperando que no me hubiera visto ¿Me había visto? Esperé senado en uno de los sofás, con un cojín, esperando que no se notara el empalme que aun llevaba cuando salió. Puse la televisión para disimular.
- Muchísimas gracias, te debo una, ya te invitaré a algo, pero ahora tengo mucha prisa.
- N-no pasa nada, tranquila. ¿Te llevas así la ropa? -llevaba su anterior ropa en la mano sin más.
- No llevo bolso así que, da igual.
- Déjalo ahí, recógela cuando quieras, o te la llevaré yo.
- ¿En serio? Eres demasiado amable ¿Dónde?
Dejó la ropa y salió de mi casa apresurada… No tardé en cogerla, joder, hasta su olor me ponía, especialmente la entrepierna de sus leggins… Me abrí y bajé los pantalones antes de sentarme en el sofá a meneármela poco a poco, con su pantalón ante la nariz, recordando ese culo perfecto y mojado…
Cogí su top de deporte y me lo coloqué alrededor de la polla, para seguir masturbándome, pensando cómo sería su jugosa raja y en todas esas imágenes mentales que tengo de ella y ese cuerpo que me follaría hasta dejarla inconsciente. Hasta que me corrí, empapando su ropa, terminé de limpiarme y la observé unos minutos, casi orgulloso antes de echarla a la lavadora.
Pasaron un par de días y no venía a por su ropa, ya limpia, me acerqué una tarde, pero pude oír los gritos de su novio y no tenía ganas de dar explicaciones de por qué tenía su ropa a ese tipo. Esperé un par de días más y me acerqué a media tarde, llamé al timbre y me abrió ella, de nuevo con esa ajustada ropa deportiva y un top usado que le caía de un hombro y a penas cubría la parte de los pechos.
- ¡Hola, César! ¿Mi ropa? ¿La has lavado?
- Si, hacía unos días y pensé que sería mejor dártela limpia.
- Eres un sol, ¡Muchas gracias! ¿Quieres pasar? Te invitó a un café, ¡qué menos!
- No sé si… ¿Tu novio?
- No pasa nada, no está, no le molestará, pasa -me hizo entrar cerrando y me señaló una silla en el patio- déjame terminar con esto y preparo algo para los dos -se subió a una escalera, moviendo algo sobre el toldo de la entrada y se tambaleó.
- Cuidado -me levanté y sostuve la escalera.
- Perdón, estaba limpiando esto y es… una pesadilla -siguió haciendo sus tareas mientras esperaba con su trasero ante mi cara, en pocos segundos noté que empezaba a empalmarme de nuevo e intenté distraerme.
- ¿Dónde está tu chico?
- Fuera. Esta semana trabaja en Italia así que… estoy sola.
- No deberías subirte a escaleras sola.
- Bueno… suerte que has llegado tú. Ya está -empezó a bajar la escalera cuando estaba distraído y chocamos, no precisamente de la forma más normal. Conseguí apartarme, pero ya me había empalmado lo suficiente para que al bajar restregara el trasero contra mi polla.
- Perdón -me aparté y ella se giró a mirarme, callada.
- No pasa nada, gracias por ayudarme. ¿Necesitas ayuda tú?
- Emmm… no, esto bien. El café está bien -me sonrió antes de hablar.
- Lo prometido es deuda, pasa -entramos y nos dirigimos a la cocina, comenzó a preparar un par de tazas.
- Y ¿en qué trabajas? No te pregunté.
- Entrenadora personal. Trabajo en un gimnasio aquí cerca, ¿A cuál vas tú?
- No voy.
- ¿En serio? -me miró de arriba a abajo tratando de evidenciar algo- Ese cuerpo no es natural, lo sabemos los dos.
- Tengo máquinas en casa, hago mi entrenamiento allí.
- Vaya, pues luego te doy mi tarjeta, por si quieres socializar un día. Tenemos muy buenos planes.
- Gracias.
- ¿Y tú? ¿Cómo va esa erección, mejor? No te pregunté… -me quedé boquiabierto sin saber qué decir por unos segundos mientras me miraba, divertida.
- ¿Q-qué?
- ¿No estabas empalmadísimo hace un segundo?
- ¿Qué? ¡No! -No tenía claro si quería o… íbamos a acabar en comisaría.
- ¿Seguro? Juraría que lo que me ha presionado el culo al bajar era tu polla, pero pudo ser otra cosa, si – se bajó los leggins dejándome ver un tanga debajo, y los dejó caer le suelo, girándose para mostrarme el culo- Ahí está de nuevo -me señaló al pantalón, abultándose por segundos.
- Joder Cristi… tu novio.
- En otro país -tiró la camiseta al suelo y se presionó los grandes pechos entre sí, apretados bajo ese top- Y ya has oído cómo nos llevamos.
- Pero…
- ¿Pero? Él no se empalma de esa forma cuando me ve. Y hace dos meses que no follamos. Joder, si me estoy restregando hasta en el sofá.
- Ufff… Cris… -sin más, se quitó el top y lo dejó caer también, dejando fuera esas tetas que había imaginado tantas veces, tan redondas, grandes, levantadas y unos pezones pequeños y ya duros mirándome. Casi me revienta le pantalón en un segundo.
- No te resistas más César. Se que estás deseándolo ¿Crees que no te vi el otro día espiarme en la ducha? -se acercó y me abrió la bragueta.
- No te espiaba exactamente…
- Como quieras, pero miraste. ¿Te gustó? -se arrodilló bajándome un poco los pantalones. Asentí, mirándola ansioso y mirando sus hipnóticas tetas- Te masturbaste con lo que viste, ¿verdad?
- Si, más de una vez en estos días -me bajó los calzoncillos dejando mi polla, durísima y levantada ante su cara.
- ¡Bingo! ¡Gracias, joder! Esto es lo que yo necesito, mmm… César, no sabes las ganas que tenía de tener una polla como la tuya solo para mi… -empezó a moverla suavemente, relamiéndose.
- Si que estás pasando hambre, me alegro porque como sigas así…
- No sabes cuanta. 2 meses sin follar y más de 3 años con esa polla floja… Pero esto es… -empezó a lamer y cubrírmela de saliva para empezar a metérsela casi hasta el fondo, una u otra vez. Me había puesto cachondísimo y no quería explotarle en la cara tan pronto así que la separé.
- Ven aquí…
La llevé a la encimera y le bajé el tanga hasta los tobillos antes de sentarla en la encimera y agacharme para tener ese jugoso coño rosado delante, le separé bien las piernas, observándolo, brillante y esperando que me lo comiera con las ganas con que lo hice durando varios minutos, llegando a hacerla temblar, me avisó de que iba a correrse, así que le me levanté y la bajé de la encimera.
La giré para que se inclinara sobre ella y cogí sus caderas, colocándome en su raja caliente y entré en ella. Joder… tan caliente, tan apretada, mojada… sentía que podía haberme corrido solo al entrar en ella. Y su gemido de sorpresa y excitación al notar cómo golpeaba el fondo de su vagina.
- Fóllame, fóllame bien.
No tenía que decírmelo, tras unos segundos de disfrute empecé a bombearla, casi como un loco, sentía que tenía que entrar más adentro, notaba mis huevos golpear su entrepierna con fuerza y Cris empezó a gritar y retorcerse en un violento orgasmo, apoyando la cara contra la encimera sin poder contenerse.
- Oh, joder, si… como lo echaba de menos -seguí un poco más en esa posición, pero necesitaba hacer algo, por si no tenía otra ocasión. Se la saqué y la puse de pie, volviendo a sentarla en la encimera y agarré sus tetas.
- Cuánto me he imaginado estas tetas… -las acaricié, apretándolas, viendo sus pezones endurecerse.
- ¿Te imaginabas mis tetas a solas en tu cama, César?
- Sobre todo, mientras trabajo, desde el estudio se ve tu patio -empecé a lamerle los pezones que ya lo pedían a gritos.
- Pervertido… jaja. Sabía que podías verme -mordí un par de veces cada uno de ellos haciéndola gemir.
- No parece que te asusté -la noté cogérmela con la mano derecha, moviéndola y haciéndome morder más fuerte.
- Nada. Yo también te he imaginado en mi cama.
- ¿Qué imaginabas?
- Mm… muchas cosas. Últimamente, nos encontrábamos fuera, al abrir me empujabas dentro y cerrabas la puerta, me quitabas la ropa a tirones y me follabas ahí mismo, contra la puerta de la entrada.
- Joder Cris
- Me gusta el sexo, joder, hace mucho que no me follan bien y estás así de bueno… me apetece que me den bien fuerte ¿Sabes? Duro, hasta que no pueda más
- Cuenta conmigo, haré todo lo que pueda.
Pellizqué un poco más sus tetas y me coloqué entre sus piernas volviendo a entrar de golpe y haciéndola gritar y pedir más. Sin duda estaba desesperada por correrse. Follamos contra la encimera unos minutos cuando volvió a correrse entre gritos.
- No puedo más, voy a correrme
- ¿Dónde quieres correrte?
La bajé de la encimera haciéndola arrodillarse delante de mí, me la meneé unos segundos más, terminando por correrme sobre sus tetas y cubrirlas casi por completo. Sonrió y salió de la cocina.
- Voy a la ducha, prepara los cafés, me has prometido hacer todo lo que pudieras.
- Por supuesto.
Volví a vestirme de cintura para abajo y preparé los cafés, listos cuando ella volvió a bajar con un vestido de verano corto de color blanco. Nos sentamos fuera y hablamos un poco, no pasó demasiado hasta que apoyó el pie en mi silla y la noté rozándome el paquete con el pie mientras me sonreía.
- ¿Y qué hace tu novio tan lejos?
- Trabajar. Y estresarse… y trabajar. Pero a mi me da unos días sin quebraderos de cabeza, la verdad. Aunque normalmente estoy sola -empezó a acariciarse las tetas, como si no pretendiera hacerlo, pero sabía lo que hacía, comprobé que no había ningún vecino que pudiera vernos y abrí mejor las piernas para dejarla hacer.
- Que tío joder… cada vez que os oigo pienso: qué desperdicio -me miró para que me explicara sin dejar de rozarme, ya casi no me cabía en el pantalón y estaba concentrado en poder hablar- Si yo estuviera con alguien como tú, no tendría tiempo de pelar tanto, querría metértela cada p* hora.
- ¡Gracias! Pero… esa chica no es… ¿Tu chica, entonces? Ya sabes la chica delgadita, rubia, pelo rizado…
- Bueno, llevamos viéndonos un par de meses, nos acostamos… pero no tengo pareja.
- Solo te gustan las rubias.
- Exacto. Vamos a entrar antes de que reviente el pantalón o nos vea alguien.
- Claro, sígueme.
Entramos y subimos a la habitación principal, nada más entrar me desabrochó y me quitó la ropa que me quedaba, llevándome a la cama, me tumbé y se arrodilló a mi lado, metiéndosela en la boca sin más espera. Lamió, babeó un poco, mojándomela bien antes de seguir.
Era increíble, hace tiempo no encontraba a nadie que supiera chuparla así y sin parar. Tenía su trasero alzado cerca y empecé a acariciárselo mientras continuaba. Me acercó para que continuara, poco a poco encontré su rajita, ya empezando a mojarse de nuevo, pasé los dedos por sus labios cerrados, se movía, acercándose, sin parar.
Empujé, entrando un par de dedos, estaba muy caliente. Entré despacio hasta meterlos por completo y empecé a sacarlos de nuevo, repitiendo algunas veces, cada vez más rápido. Gemía amortiguada por tu trabajo, parecía que quisiera comerme de verdad.
Coloqué la otra mano sobre su cabeza, guiándola un poco más, ya notando mi mano empapada de sus fluidos. Tuve que separarla antes de explotar ahí mismo, se quitó el vestido tirándolo al suelo y se subió sobre mi metiéndosela despacio, la dejé hacer, oyéndola gemir.
Podía ver como la desapareciendo dentro de ella, con un par de dedos busqué su clítoris, frotando con fuerza, se estremeció con fuerza, apretándome aun más dentro de ella y haciendo que gritara un par de palabrotas y se la metiera completamente empezando a montar sin descanso hasta correrse en poco tiempo entre gritos.
La tumbé debajo de mi y levanté sus piernas hasta casi tocar sus rodillas con sus hombros y me empujé adentro notando resistencia, pero estaba más que lubricada y pude seguir sin problemas.
- Más, dame más duro César.
- Solo tienes que pedirlo.
Se la saqué de golpe y la volví tumbada de espaldas a mí, completamente tumbada, cerré sus piernas y busqué de nuevo la entrada de su coño, empujando con bastante dificultad. La oía pedir más con la cara contra el colchón y jadeando.
Le agarré los brazos, llevando las manos a su espalda y agarrándolas. Tiré para hacerla elevarse y estar aun más apretada mientras seguía metiéndola una y otra vez.
La agarré del pelo por la coleta, haciéndola subir un poco más, no podía más y la notaba cerca de correrse, pero sin remedio, me corrí dentro de ella, noté como la rellenaba y salía por sus muslos, rebosando.
La saqué y me senté en la cama, sentándola entre mis piernas, aún con sus manos agarradas a la espalda y con la mano libre le abrí las piernas, frotándola con rapidez. No tardó en empezar a gemir y retorcerse mientras se corría con fuerza, pero ella quiso más…
Continué frotando mientras se retorcía pidiendo que parase, per sabía que se alegraría, agarré sus brazos atrás con más fuerzas, impidiéndole enderezarse. En poco dejó de poder hablar, solo gemía y jadeaba de tal forma que casi me la estaba poniendo dura de nuevo.
Los jadeos se convirtieron en gritos cada vez mayores, le solté los brazos tapándole la boca antes de que viniera algún vecino a curiosear, con la cabeza sobre mi hombro, ya no se retiraba, se contorsionaba hasta empezar a mojar la cama, disparando sobre el colchón y quedando rendida sobre mí.
- ¿Qué hora es? -dijo nada más recuperar la respiración, busqué un reloj en la mesilla.
- Las 6.
- Tengo que arreglarme, tengo un cliente en el gimnasio a las 7 -empezó a levantarse- ¿Tienes planes hoy?
- Si, he quedado para cenar.
- ¿Te apetece pasarte después de cenar, a por el postre?
- Por supuesto. Me pasaré cuando acabemos de cenar.
Me vestí y salí a ducharme y darme una merecida siesta para recuperar fuerzas para la noche.
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