El vuelco que da mi vida (1)
Soraya sabe que Jaime la mira. Sabe que él guarda sus secretos más íntimos en su habitación. Y esta vez, ella decide no dejar que el silencio los separe, sino que los atrapa en una red de deseo donde él solo tiene una opción: obedecer.
Aquel día iba a suponerme, sin saberlo, un cambio radical en mi vida. Bueno, me presento, soy Jaime un chaval de veinte años, de uno setenta y noventa kilos de peso. Soy más bien tímido y me cuesta mucho mantener relaciones con los demás. Esto ha hecho que mi habitación haya sido el lugar de refugio y de alivio de mis necesidades.
Estoy preparando oposiciones y paso casi la totalidad del día en mi habitación estudiando y cuando me viene la necesidad pues la alivio con una buena masturbación e imaginando la situación.
Vivo con mi padre ya que mi madre falleció hace algunos años. El trabaja mañana y tard por lo que solo le veo cuando llega por la noche. En casa además de mí está una señora que se encarga de la limpieza, la compra y la comida. Se llama Soraya, una señora de unos cincuenta y cinco años y con un cuerpo rellenito y muy sensual (al menos bajo mi punto de vista) y tiene su habitación y su aseo privado ya que vive en casa con nosotros desde que falleció mi madre. Mi relación con ella es buena y su trato es muy cariñoso, como si fuera mi madre. Me quiere, se preocupa mucho por mí y está muy pendiente de lo que pueda necesitar.
- Buenos días Soraya - le digo abrazándola y dándole un beso.
Buenos días mi niño, ¿qué te apetece desayunar que te lo prepare?.
Pues….. sorpréndeme tú.
Al cabo de un rato tenía un suculento desayuno en la mesa.
Eres un sol, lo has preparado en un pis-pas. Gracias Soraya.
Gustaba de vestir unas mayas muy ajustadas y una camiseta que dejaba entrever su cuerpo pleno y apetitoso y sus grandes pechos. He de decir que muchos, por no decir todos, de mis alivios eran gracias a mi imaginación teniéndola a ella presente.
Esta todo riquísimo, Soraya.
Me alegro que te guste - me dijo acercándose y dándome un beso.
¿Quieres un cigarro, Soraya?
Estoy intentando dejarlo pero me cuesta. Así es que……. te lo acepto.
Le encendí un cigarro y se lo di (procure que estuviera empapado de mi saliva).
¡Que rico me sabe!
Verla frente a mí viendo como chupaba el cigarro mojado con mi saliva era algo que me excitaba sobremanera. Cuando terminó de fumárselo me lo pasó para que lo apagara mientras ella se dedicaba a limpiar la casa. Con cuidado de que no me viera, antes de apagarlo lo acerqué a mis labios dándole una fuerte calada y dejando en ellos el sabor de su carmín. Tras esto me fui a mi habitación a seguir estudiando.
Voy a seguir estudiando, Soraya.
Muy bien, ahora después pasaré por tu habitación para dejarla ordenada.
Nada más llegar a mi habitación tuve la necesidad de masturbarme pensando en ella y viendo como fumaba y exhalaba el humo por su boca. Estaba tan excitado que no tardé en correrme.
¿Puedo pasar, mi niño?
Si claro, como no vas a poder.
Estando ella en mi habitación mi concentración estaba solo en verla. Cada vez que se agachaba para recoger la ropa sucia del suelo me giraba para verle su hermoso culo apretado con las mallas, reprimiendo mi deseo de acariciarlo. Después se dedicó a limpiar el aseo y estando allí escuché un sonido que me dejó perplejo: un chorro de orina caía en el wc, estaba orinando en mi wc.
Uff, no podía aguantarme, mi niño. Lo siento.
No tienes que sentirlo, lo mío es tuyo y lo puedes usar siempre que lo desees o necesites.
Ante mis palabras se acercó tras de mí y abrazándome me beso en la cabeza.
Eres un encanto, mi niño.
Terminó y se marcho a seguir con la limpieza. Yo me di cuenta que no había tirado de la cisterna y tras cerrar la puerta de mi habitación fui hacia el wc. Cuál fue mi sorpresa que no solo había orinado sino que también había restos de haber hecho caca. No sabía qué hacer pero sí que esa oportunidad de tocar algo tan íntimo suyo, que provenía del interior de su cuerpo me atraía. Tomé un preservativo y lo llené con sus zuruyos que aún flotaban en el agua. Después de llenarlo de su caca lo anudé y lo guarde en uno de mis cajones. Su orina, al estar mezclada con el agua no me atraía mucho. Volví a sentarme para estudiar pero no me podía concentrar solo de pensar lo que había dejado en el cajón. Como suponía que no volvería a entrar en mi habitación saqué el preservativo del cajón y como si fuera un strapon lo comencé a chupar mientras me masturbaba.
Casi estaba terminando cuando tocaron a la puerta.
¿Puedo pasar mi niño, creo que no he tirado de la cisterna. Tú sigue que no quiero molestarte. Al mirarme vio que algo muy extraño tenía en mi boca. No dijo nada pero al salir del aseo tras tirar de la cisterna se quedó mirándome.
¿Has tirado tu de la cisterna?
Yo, que había guardado el preservativo le contesté que no.
¡Que extraño, está limpio y no recuerdo haber tirado yo de la cisterna!
Mientras la escuchaba mi cara me delató tomando un color rojizo de nervios y vergüenza.
Se pasó un rato con su mirada fija en mi, en silencio. Su cara y su gesto lo decían todo (estaba seguro que se había percatado de lo que había pasado).
Bueno ya está limpio como te gusta a ti. Me marcho.
Bien, gracias Soraya.
Debía encontrar un lugar seguro para el preservativo. Decidí guardarlo tras los libros y apuntes que tenía en una de las estanterías.
Pasé la mañana estudiando pero sin mucha concentración al pensar que pudiera haberse percatado de mi acción.
Hola Soraya, ¿qué has preparado para almorzar?
Pues espero que te guste. Cuando quieras almorzamos.
Pues ya, que tengo bastante hambre.
Ah! Creía que hoy no tendrías mucha hambre pues cuando entre a tu habitación a limpiar el aseo me pareció ver que estabas comiendo algo.
Como podéis suponer un subidón de vergüenza y nervios hizo que me pusiera todo colorado al pensar que lo podría saber todo. Sin saber qué responder y muy nervioso le contesté.
No,…. No he comido nada esta mañana.
Pues me lo pareció, pero bueno ahora vamos a almorzar y espero que te guste, mi niño.
Mientras almorzábamos la miraba de reojo viendo como introducía la cuchara en su boca para después masticar la comida. Mi imaginación me llevó a sufrir una excitación solo de pensar que eso que estaba comiendo yo ya lo tenía guardado para disfrutar de ello.
¿Qué te ocurre, mi niño?, te veo como preocupado.
Nada,….. no me pasa nada.
¿Quieres tomarte esto?, es que no me apetece comer más.
Sin dudarlo dije que sí y cogí su plato asegurándome de que la cuchara venía en él. Yo no tenía mucha más hambre pero al llevar su cuchara a mi boca la chupe para saborear el gusto de su boca.
Tenías hambre, ¿verdad?
Si, un poco.
Se levantó para retirar los platos y mi vista la siguió mientras andaba. Cuando trajo el segundo plato……
Ten cuidado que puede que queme bastante.
Yo no le hice caso y al ir a comérmelo, lógicamente me quemé dejando caer la comida a mi plato.
Ella se levantó y tomando mi cara con sus manos….
Espera que te sople, mi niño. Te dije que quemaría. Espera dame eso que yo me lo tome.
Cogió la comida que había echado de mi boca y la puso en su plato.
No te vayas a comer eso, lo he masticado ya.
Crees que me va dar asco tomar algo que has masticado, mi niño. A ti, ¿te daría reparo tomarte algo mío?
Me quedé perplejo ante su pregunta. No sabía qué contestar. Quedé bloqueado hasta que pasado un rato le respondí.
Claro que no Soraya, como me va a importar.
A ver, qué voy a soplar la comida para que no te vuelvas a quemar.
Soraya se levantó y juntando su silla a la mía me rodeó con uno de sus brazos y con el otro cogió su tenedor acercando mi comida a sus labios para soplarle y dármela.
Así no volverás a quemarte, para eso me tienes a mi.
Esta vez la comida me supo diferente, es como si la tomara de su boca. Me excitaba el sentir que supiera a ella.
Ves, mi niño, tu Soraya cuida siempre de ti.
¿Quieres que te de yo tu comida?
Ja, ja, ja, eres increíble, mi niño. Ja, ja, ja, no te imagino dándome de comer.
Probemos por esta vez. ¿Quieres?
Bueno, a ver qué tal lo haces.
Esta vez la abracé yo y con mi tenedor fui dándole la comida. Antes procuraba siempre ponerla entre mis labios y mojarla con un poco de mi saliva. Así fue tomándolo todo.
¿Nos fumamos un cigarrillo, Soraya?
Me vas a pervertir, con lo viciosa que soy vas a hacerme que lo sea mucho más.
Encendí un cigarrillo y se lo puse entre sus labios. Mientras fumábamos la miraba fijamente. Una de las veces al exhalar el humo de su boca lo hizo frente a mi. Yo la estaba mirando fijamente y disimulando ante ella procuré atraparlo y tragarlo con mi boca.
Ese momento era tan sublime para mí que cuando volviera a mi habitación tomaría el preservativo que había guardado y me masturbaría pensando en ella. Nos fumamos el cigarrillo y me marché de nuevo a mi habitación. Antes me acerqué a ella por detrás y abrazándola…..
Me ha encantado lo que has preparado para almorzar.
Le di un beso en la mejilla y ella se volvió para darme otro. En ese momento y al girarse nuestras caras quedaron una frente a otra. Fue un instante en el que pude sentir su aliento en mi boca. Su beso fue muy cerca de mi boca.
Uffff, lo siento mi niño.
¿Por qué?
Casi te doy el beso en tu boca.
No te preocupes por eso. No me hubiera importado. Te considero como si fueras mi madre.
Ante mis palabras rodeó mi cara con sus manos y me dio un beso en mis labios.
Gracias, mi niño. Siempre te he considerado como mi hijo, aunque no lo sea.
Me marché a mi habitación y mi excitación aún era evidente. Tome el preservativo, lo chupé dentro de mi boca y mi masturbación dio lugar a una nueva corrida. Sin embargo, esta vez mis necesidades no se quedaron cubiertas. Algo distinto, al menos para mí y en mi imaginación, había sucedido. Volví a esconder el,preservativo y me eché sobre la cama para descansar antes de volver a mis estudios. Antes tuve que salir a beber agua, tenía mucha sequedad en mis estudios boca.
¡Soraya….! Estás fumando, ¿y eso?
Ay mi niño me has enviciado y me apetecía.
¿Que te apetecía, Soraya?
¡Qué pícaro eres, mi niño! ¿Que me va a apetecer?
No sé, dímelo tú.
Me senté junto a ella mientras fumaba su cigarrillo. Nuestras miradas no dejaban de estar fijadas la una en la otra. Echó una bocanada de humo que rodeó mi cara, aspirando con mi boca toda la bocanada para tragármelo todo. Mientras la miraba mi polla reaccionó aunque al estar sentado podía disimularlo.
Que bien me sabe el cigarrillo, mi niño. ¿Quieres?
Extendió su mano con el cigarrillo colocándolo entre mis labios. El carmín de sus labios sobre el cigarrillo me supo a ella. Lo chupé con fuerza y aspiré dejando escapar el humo muy despacio de mi boca. Mi pensamiento hacia ella se disparó aunque no me atrevía a dar el paso que tanto deseaba. Posó una mano sobre mi muslo para seguir fumando cada vez más cerca uno del otro.
¿Qué te pasa mi niño?, te noto nervioso.
Su mano, mientras hablaba se iba deslizando por mi muslo a la vez que sus bocanadas de humo no cesaban de rodearme.
¿Te gusta fumar, verdad? Ya sabes que a mí me encanta. Toma, dale una calada.
Mientras daba una nueva calada a su cigarro me preguntó…
Ahora vas a decirme que tomabas cuando entré a tu habitación. Puedes decírmelo, no diré nada ni me asustaré. Llevó mucho andado a mis años, mi niño.
Yo ya no sabía ni qué decir, ni dónde mirar, ni si debía levantarme y marcharme. Su mano se detuvo muy cerca de mi polla y aumentó la presión.
Acércate que te voy a dar algo muy rico que sé que te va a gustar.
Su cara se acercó a la mía, nuestras bocas sin llegar a unirse estaban muy cerca. Se llevó el cigarrillo a la boca, le dio una fuerte calada y llevando una de sus manos a mi cara hizo que la abriera para entonces dirigir el humo del cigarrillo hacia mi boca llenándomela por completo.
¿Te gusta, mi niño?
Ya no pude contenerme y asentí con mi cabeza. Las palabras no podían salir de mi boca
No tienes porqué ocultarme nada, mi niño. Sabes que te quiero mucho y haría de todo por ti.
Apago el cigarrillo y ahora sus dos manos acariciaban mi cara. De buenas ganas le hubiera abrazado y la besaría, pero aún no me atrevía a hacer nada.
¿Me lo vas a decir?, no debe haber secretos entre nosotros. Si me lo cuentas puede que descubras cuántas cosas tenemos en común. Hoy hemos coincidido en nuestro gusto por fumar, incluso hemos compartido el cigarrillo y hasta has fumado de mi boca. No me puedes negar que te ha encantado.
Diciendo esto posó su mano sobre el pantalón presionando mi polla que estaba bastante dura.
Se que te ha encantado a juzgar por lo que estoy notando con mi mano.
Soraya, estamos llegando demasiado lejos, ¿no crees tú?
Solo llegaremos donde queramos los dos. No tienes por qué preocuparte. Déjate llevar y te aseguro que disfrutarás mucho más y ya no tendrás que esconderte en tu habitación. ¿Crees que no lo sé?
Su mano ahora se deslizaba por mi muslo arriba y abajo manteniendo su presión. Estaba seguro que notaba mi erección.
Cuéntale a tu Soraya tus deseos, tus gustos y yo te contaré los míos. Estoy vergüenza segura que nos complementaremos más de lo que nunca te hayas imaginado en tus sueños y en tus fantasías.
Pues…..pues…..yo……me da mucha vergüenza confesarlos.
¿Te ayudo yo, mi niño? Lo que estoy notando en mi mano no está tan nerviosa como tú. Tranquilízate, déjate llevar que yo estaré siempre a tu lado. Ahora quiero que me confiese que hiciste con los restos que dejé en tu wc.
Es……que…..yo, me da mucha vergüenza decírtelo……. Pues tú ya sabes lo tímido que soy y lo que me cuesta mantener relaciones con los demás. Yo en mi habitación tengo todo lo que quiero y me hace desahogarme bastante.
¿Qué quieres decir con desahogarte?
Soraya, tú ya me entiendes. Tengo veinte años y no he mantenido aún una relación con una chica y eso me hace tener que aliviarme yo solo imaginando situaciones concretas.
Mi niño, ¿cómo te alivias tú?
Pu…es… yo…. me……. más…..tur……bo.
Bien, así quiero que hablemos. De forma clara y sincera. Ahora dime que hiciste. ¿Tiraste tu de la cisterna?
No, Soraya. No tire de la cisterna. Cuando vi lo que habías dejado en el wc tome un preservativo y lo llene con lo que dejaste allí.
Vamos a ver, mi niño. Quiero que te deshinibas de una vez. Dímelo con todas las palabras y con todo detalle.
Ahora su mano dejo de deslizarse por mi muslo y apretó su mano contra mi polla. Ella me miraba, lanzándome besos y recorriendo sus labios con su lengua.
Soraya, siempre me has atraído y tú has sido la mujer de todas mis fantasías. Al ver los restos en el wc y saber que eran tuyos decidí cogerlos y rellenar el preservativo con ellos. Por el simple hecho de saber que provenía de tu cuerpo ya me bastaba para aliviarme.
¿Y después?
Me masturbe chupando el preservativo imaginando que tú estabas delante mío y me ordenabas que lo hiciera.
Mi niño, me encanta que te guste que te mande hacer algo y que tú me obedezcas sin más. Mira, mis pies están muy cansados, ¿te gustaría darme un masaje y aliviarme el dolor?
Soraya me miró y levantando uno de sus pies me bastó para levantarme y postrarme ante ella en el suelo arrodillado.
Empieza por este pie, mi niño.
Muy despacio la descalcé y quité su calcetín de media. Tener su pie entre mis manos me hizo mirarla con una sonrisa de agradecimiento. Acerqué su pie a mi cara y le fui dando besos por todo el. Su pie denotaba que era de una mujer trabajadora, con sus durezas y áspero. Nada de eso me importó, me consideraba muy afortunado de ser el encargado de su cuidado.
Me gusta como lo haces, mi niño.
Tras cubrir su pie de besos pase mi lengua por él deteniéndome en sus dedos y en sus uniones. Su pie emanaba un fuerte olor fruto de todo el día encerrado. No me importó, por el contrario mientras lo lamía me encantó llenarme de su olor. Después lo estuve masajeándoselo sin dejar de mirarle. Para terminar la calcé y me dediqué a su otro pie.
Mi niño, me has dejado muy relajada, vas a tener que hacerlo todos los días. A penas me molestan ahora. ¡Levanta! Deja que te de un beso, mi niño.
Esta vez y tras besarme en la mejilla sus labios se unieron a los míos para darme un beso más intenso y provocativo.
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